Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Blaise tenía cosas que hacer al día siguiente, por lo que Hermione se tomó su tiempo para explorar por su cuenta los pueblos cercanos. Pansy había convencido a todos que las compras en Milán eran muy superiores y fue necesaria una excursión. Hermione, sintiendo que necesitaba un respiro de los Slytherins, hizo otros planes.
Pasó el día caminando por las calles medievales de los pequeños pueblos, tan alejados de las zonas turísticas que rara vez veían a alguien extraño. Y nadie hablaba nada de inglés, pero las señas y apuntar con el dedo parecían funcionar bastante bien.
Regresó a la casa antes que los demás y pasó una hora leyendo en un camastro. Era realmente agradable cuando no había nadie ahí. Sin el incesante ruido y la plática, se podía oír el océano y el viento, las aves y los insectos.
Pero no pasó mucho tiempo antes de que la exigente voz de Pansy interrumpiera el relajante silencio. Se desperdigaron todos en el patio cargando paquetes de compras.
–Este es el regalo de cumpleaños perfecto –dijo Pansy–. Ahora tengo un vestido digno de la ocasión. Es simplemente maravilloso. Gracias, Draco.
–Por nada –dijo él, se sentó en uno de los camastros y cerró los ojos.
Justine no se veía complacida, pero llevaba su propio paquete. Hermione sospechó que hubiera habido enojo en cantidades industriales si Draco le hubiera comprado algo a Pansy y a Justine no.
El nivel de madurez de la situación la tenía perpleja. Pansy tenía su propio dinero, así que esto se trataba de algo más. Más de la política Slytherin, adivinó. Decidió que no quería lidiar más con ellos y se retiró a la alberca, donde lo frío del agua la sorprendió al principio.
Nadó hasta el otro extremo de la piscina, lejos de las chicas Slytherins y sus políticas. Extrañaba a sus propios amigos, quienes no incluían para nada las compras en los eventos. Solamente una pinta en el bar mientras pasaban el rato, felices de estar juntos.
Marcus Flint se le unió en la piscina.
–¿A dónde fuiste?
–Sólo a un pueblo cercano –dijo ella–. No me agrada mucho ir de compras. No es algo que yo considere social.
–Me podrías haber dicho, te pude haber acompañado. Mira que irte sola, eres rara –dijo él.
Hermione sonrió un poco porque voltear los ojos sería maleducado, especialmente si él le había ofrecido sus servicios como acompañante. Aunque agradable, era algo estrafalario.
De repente, decidió que usar el bikini blanco no había sido una buena idea, ahora se sentía un poco cohibida.
–Así que trabajas con leyes –continuó él. Ella en realidad no tenía ganas de hablar, pero la necesidad siempre presente de no ser descortés la retenía ahí.
–Ajá –dijo ella–, ¿sabes dónde está Blaise?
–Tenía que ir a algún lado –dijo Marcus.
–Mejor voy a ver si ya regresó –dijo y salió de la alberca. Aún peor fue que tuvo que pasar cerca de Malfoy para tomar su toalla y su libro. Podría haber dejado la toalla y subir mojada, pero hubiera sido extraño. Su actitud era ridícula. No tenía nada de qué avergonzarse.
Caminó y tomó sus cosas, luego se retiró a su habitación. Por suerte, nadie hizo ningún comentario. Estaba completamente segura que Malfoy diría algo para hacerla sentir todavía más incómoda. No estaba segura del porqué estaba incómoda, había usado un bikini cientos de veces sin causar mayor reacción.
Ya no importaba, estaba de vuelta en su habitación. Blaise no había regresado, pero ella disfrutaba el silencio y la soledad.
Él volvió un poco antes de la cena. Esta vez sería una cena informal, ya que al día siguiente era la gran noche de Pansy, con vestidos de coctel y todo. Así que decidió bajar en los cómodos pantalones playeros que le servían para casi todo. Eran ajustables y se veían como algo que uno podía usar sobre el bikini. El cual se negó a quitarse por principios.
Y ¿quién sabe?, tal vez nadar con Blaise después de la cena no sería una mala idea. Casi no lo había visto.
Las chicas estaban completamente vestidas. Parecía que llevaban un vestido de coctel para cada ocasión.
–Bueno, te ves fantástica sin siquiera hacer un esfuerzo –dijo Pansy.
–Pensé que tal vez podríamos ir a nadar de noche, él me lo ha prometido –dijo mientras se sentaba junto a Blaise. Como deseaba que sólo estuvieran ellos dos. Decidió ignorarlos y concentrarse en él por un momento. Le preguntó cómo había estado su día, en un volumen apenas audible para que la conversación fuera entre ellos dos solamente.
–Podría ayudarte con tu cabello –interrumpió Pansy–. Alaciarlo un poco, domarlo un poco.
–No estoy segura si podría reconocerme –dijo Hermione, no muy segura si era una oferta genuina o sólo un insulto encubierto. No era como que quisiera a Pansy cerca de su cabello–. Con el paso de los años ya me he acostumbrado a que haga lo suyo.
–Me encanta tu cabello –Blaise se inclinó hacia ella–. No te atrevas.
Ella se rio.
–Ella es de las que creen que lo natural es mejor –dijo burlonamente Malfoy.
"Oh Dios, aquí vamos", se dijo a sí misma.
–Erróneamente, estoy segura –replicó ella.
Él ya no dijo más.
–A los hombres les gusta el cabello suave –dijo Pansy–. Un poco de poción y quedaría lacio y brillante. Tienes que dejarme.
–Está bien Pansy, ya que mañana es tu día, te dejaré hacer lo que quieras con mi cabello –dijo Hermione–. Siempre y cuando no sea permanente.
–Yo no le daría luz verde si fuera tú –dijo Malfoy.
–Tonterías –dijo Pansy con una sonrisa–. No te arrepentirás.
Hermione de verdad esperaba que así fuera. Mañana podría quedar calva. Tal vez había caído en una trampa.
–Tan inocente –dijo Malfoy–, crees todo lo que la gente te dice. No sé cómo sobreviven en el mundo los que son como tú.
–No voy a destrozarle el cabello –dijo Pansy, ligeramente ofendida, pero Malfoy no le prestaba atención.
–Tal vez sobrevivo porque confío en la gente a mi alrededor –lo desafió ella–. Quizá, tenga que ver con la gente de la que uno se rodea.
Él levantó una ceja a lo que sonó como un insulto a la gente que la rodeaba en ese momento. Ok, eso había sonado mal. Tenía que arreglarlo antes de que el silencio en la mesa se tornara incómodo.
–Tal vez si le dieras a tus amigos el beneficio de la duda, te encontrarías con que puedes confiar en ellos –eso no era exactamente lo que hubiera querido decir, pero no se le ocurría nada más que no pudiera ser tomado como un insulto.
–¿Cómo sobrevives el día siendo tan ingenua? –preguntó él sin humor–. Has creído toda esa basura de Gryffindor santurrona y dejas que la gente se aproveche de ti. Haces el trabajo de tres personas por la mitad de la paga de una persona. En algún punto te vas a tener que avivar, por Merlín. Lo mismo pasa con Potter. La gente les da responsabilidades y ustedes las aceptan. Para todo lo buena que eres con los libros, eres la persona más boba que he conocido. Hasta Goyle tiene más herramientas para arreglárselas en la vida.
–¿Qué? –Goyle volteó al oír su nombre.
–Hey, déjala en paz –exigió Blaise. Él tomó su mano y ella le dirigió su atención. Esta era una discusión que no quería sostener con Malfoy, no era como que quisiera discutir nada con él. ¿Por qué no se largaba?
La comida llegó y todos le dedicaron su atención. Excepto Malfoy, que sólo miraba y bebía lo que fuera la porquería en turno.
–No le hagas caso –dijo Blaise–. Está un poco pendejo. Creo que le dio insolación, además se pone particularmente enojón cuando las chicas lo llevan de tiendas.
–Entonces ¿por qué va? –preguntó Hermione.
–Es parte del show –dijo Blaise–. Tienes que ir, es algo Slytherin. Algo de los sangre limpia.
–¿Qué? ¿Tienes que ir de compras y comprarles cosas a las chicas?
–Sí.
–Nunca entenderé sus costumbres –dijo ella.
–Y eso no es malo –dijo Blaise–. No te andas con juegos y te adoro por eso.
Esa noche todos bebieron bastante. Al final no fueron a nadar, para desilusión de Hermione. Cuando fue evidente que ya no iban a ir, decidió ir por un suéter ya que la noche había enfriado un poco. Blaise estaba un poco borracho y ella algo mareada, pero se estaba moderando.
Tomó el suéter de su habitación y se apresuró a regresar al patio.
–Aquí estás –dijo Marcus Flint. Era obvio que él también había bebido–. Ese es un atuendo fantástico, por cierto. Te ves muy bien.
–Gracias –dijo Hermione.
–¿Sabes? –dijo él y la tomó con cuidado del brazo–, Blaise es un tipo afortunado. No creo que lo valore.
Hermione no dijo nada. No estaba segura hacia donde iba esto y no estaba segura de querer saberlo. Entonces él se movió y estaba sobre ella, besándola.
Fue algo completamente inesperado y ella no tuvo oportunidad de oponerse. Y era un beso extraño, un beso de alguien que no se reprimía, notó ella mientras lo empujaba. No era una cualidad que esperaba de Marcus Flint. Estaba a punto de decir algo cuando un grito ahogado distrajo su atención.
Daphne Greengrass estaba parada no lejos de ahí, con cara de alegría, y desapareció.
–¡Daphne! –llamó Hermione, deseando explicar que lo que había visto no era nada, pero la chica se había ido. Marcus todavía la sujetaba del brazo y Hermione lo jaló para soltarse.
–Tú podrías tener a alguien mucho mejor –dijo él.
–No, Marcus –dijo ella duramente–. No puedo y no quiero.
Ella se alejó y bajó las escaleras hacia el patio. Todo estaba en silencio. Blaise estaba de pie, quieto y mirando hacia otro lado, se negaba a verla. Daphne y Pansy estaban sentadas juntas, listas para presenciar un espectáculo.
–Blaise –comenzó Hermione, pero él no la volteó a ver–. No es lo que piensas. Él me sorprendió, no me di cuenta de lo que iba a hacer y tú sabes que no soy así.
–Parece que no sé nada –dijo él secamente–. Creo que es mejor que te vayas.
Hermione alzó las cejas sorprendida. Esta no era la reacción que ella esperaba. Era comprensible que él quisiera preguntarle qué estaba pasando, tal vez en privado; pero hacerlo en público, sin darle oportunidad de explicar; eso, ella no lo había esperado. O siquiera el hecho que él pensara que ella podría hacerle eso, ¿qué decía eso de su relación? Supuso que la había malinterpretado.
Daphne aún tenía la cara de alegría. Pansy se mostraba más cautelosa, pero el reto estaba ahí. La persona a la que más temía, sorprendentemente, era quien menos había reaccionado. Estaba sentado con los codos en las rodillas, sosteniendo una bebida. La miraba, pero no era la mirada de triunfo que ella hubiera esperado, era más bien de desinterés.
"Como sea", pensó Hermione y giró sobre sus talones. Bien, se iría. Si él no estaba listo para escuchar lo que ella tenía que decir al respecto, entonces ¿qué más había que decir?
Ella subió las escaleras en forma tensa y empacó sus cosas. Esperaba que él subiera y entonces hablarían al respecto, pero no lo hizo. Su decepción iba en aumento.
Terminó su maleta y salió de la habitación sin cerrar la puerta tras ella. Una pequeña protesta por la forma en que la estaban tratando. De nuevo se hizo silencio cuando volvió a salir al patio. El silencio duró un minuto entero. Él aún no quería hablar con ella, ni siquiera se molestó en averiguar que no era su culpa, o le dio la oportunidad de hablarle en privado.
–Bien, ya me voy –dijo ella con toda la dignidad de la que fue capaz. Ciertamente no iba a dar la impresión de estar escabulléndose. Esto era culpa de él y ella no iba a cargar con la responsabilidad–. Nos vemos.
Caminó hacia el muelle desde donde podía aparecerse al pueblo cercano. De ahí buscaría la forma de llegar a algún aeropuerto. No conocía una ruta segura para llegar a Londres apareciéndose y sería muy engorroso organizar un traslador, no era como que Blaise le hubiera ofrecido ayuda con eso, por lo que tendría que volar a la antigua. Por suerte, llevaba su tarjeta de crédito; había resultado que los Slytherins no eran compañeros de viaje fiables.
Gracias por leer, agregar a favoritos y dejar reviews.
