Hola hola mis corazonas! n.n de antemano una disculpa por la tardanza, pero es q he tenido problemas con mi compu, ademas de unos problemillas familiares :P

pero pues que se le va a hacer jajajaja

Bueno intente actualizar ayer pero no se pudo jejeje

espero (para compenzarlas) tener mañana el prox capitulo vaaa?

Felicidades a todas las que vieron que Albert es Anthony o que Anthony es Albert jajaja

Ahora, solo hay que ver:

¿Cómo lo tomara la pecosa cuando lo sepa?

¿Qué hará Albert, se lo dira o no se lo dira?

Como, ya saben la historia y personajes no me pertencen :)

Disfruten la historia


Capítulo 8

Diario de Candy, 28 de mayo

¡Un desastre!

En lugar de dar un giro en la buena dirección, mi mundo acaba de colapsar. En este momento desearía no haber oído hablar de Londres jamás.

Tengo el corazón hecho añicos. Estoy destrozada. Me siento estúpida, triste y engañada. Mis sueños se han evaporado. La chica que creyó que podía volar se ha estrellado.

Si Shakespeare estuviera vivo, escribiría una obra de teatro sobre mí: Candice White, una tragicomedia en tres actos.

Tengo que escribir esto aunque cada palabra represente una tortura. Debo anotar cada doloroso detalle, porque quizá llegue el día en que pueda leerlo con la mente despejada y el espíritu menos alterado.

En primer lugar debo decir que no estoy en Cornwall, sino en Chelsea. Y sola. La bolsa de viaje, sin deshacer, está a mi lado, en el suelo. Puede que nunca la deshaga, para que me sirva de recordatorio de lo tonta que puedo llegar a ser.

¿Qué ha sucedido?

Esta mañana, después de escribir en el diario, he preparado la bolsa y me he puesto mis vaqueros nuevos, una camiseta blanca y un elegante pañuelo verde por si hacía frío durante el viaje en el descapotable. Hasta me imaginaba los extremos flotando al viento como la estela de un barco…

Por una vez en la vida no me importaba tener el cabello rizado, pues el viento no podía estropear mi peinado.

Cuando ha sonado el timbre de la puerta, un poco antes de las nueve, he corrido a abrir.

Anthony estaba al otro lado, tan guapo como siempre, con vaqueros y una camiseta negra. Una sombra en su barbilla indicaba que no se había afeitado, y llevaba el cabello alborotado, lo que en lugar de afearlo le hacía estar más sexy que nunca. Detrás de él se veía un lujoso deportivo verde oscuro.

Le saludé con una sonrisa de oreja a oreja, nos dimos un abrazo y un rápido beso. Pero entonces me di cuenta de que Anthony no sonreía. De hecho, parecía nervioso.

—¿Está todo bien? —pregunté, dándome cuenta de que pasaba algo.

Intentó sonreír, pero solo le salió un rictus.

—Candy, antes de que nos vayamos, debo decirte algo.

Se me formó un nudo en el estómago y lo miré expectante.

—¿Puedo pasar? —preguntó.

—Claro.

Le acompañé al salón con piernas temblorosas, me senté y él se quedó de pie. ¿Qué estaba pasando? Mi cabeza daba vueltas. ¿Qué tenía que decirme con tanta urgencia, cuando estábamos a punto de pasar un romántico fin de semana juntos? ¿Por qué parecía tan incómodo?

Me puse a rezar, rogando que no tuviera una esposa en Argentina, o una prometida. No podía soportar la idea de que Anthony no fuera el hombre perfecto que había mostrado ser hasta entonces.

Incluso lamenté que Albert se hubiera ido a La Gran Barrera, y me dije que, de haber podido hablar de Anthony con él, quizá me habría puesto sobre aviso, o me habría preparado para una desilusión.

—Antes de que salgamos… —empezó.

Me dije que me estaba preocupando sin motivo, que Anthony no iba a cancelar el plan de ir a Cornwall.

—Necesito explicarte quién soy —continuó, dedicándome una tímida pero arrebatadora sonrisa.

¿Qué quería decir con eso?

En aquel instante, algo en su mirada y en su manera de sonreír me recordó a alguien que había conocido recientemente en Londres. No conseguía ponerle nombre… Hasta que de pronto lo supe: Rose Andley.

Pero cómo era posible que Anthony…

El cabello se me erizó y la carne se me puso de gallina en el preciso momento en el que adiviné la respuesta. Aunque sentí un nudo en la garganta, fui capaz de susurrar:

—No te llamas Anthony, sino Albert—temblorosa, conseguí contener las lágrimas—. Eres Albert haciéndote pasar por Anthony. Nada de lo que ha sucedido es verdad.