Mimi no volvió a casa de Tai y Kari hasta varios días después, pues se había tomado su entrenamiento mucho más en serio desde que sufrió el atentado en el parque.
Había pasado los días corriendo alrededor de la ciudad para fortalecer sus piernas, y también levantando distintas clases de rocas. Había logrado además una técnica de combate muy buena. Sin embargo, a pesar de los entrenamientos, Mimi aún conservaba gran parte de su encanto femenino, o eso le parecía a Tai.
Éste además continuaba confuso. Aunque aún sentía atracción hacia ella, se ponía nervioso cuando aparecía T.K., pero nervioso en el buen sentido, ya que no le desagradaba su compañía, y cada vez estaba más convencido de que Kari tenía razón, y era bisexual. Sin embargo, no sabía cómo confirmarlo, y no estaba muy seguro de cómo podía comprobarlo.
Llegó el día en que Davis regresaba. Kari había aceptado acompañar a T.K. a la estación de autobuses, ya que no le apetecía ir sólo después de la discusión. Sin embargo, al llegar allí, se encontraron con que Sora, Izzy, Michael y Willis también había ido. Tai había decidido quedarse en casa.
En la parada estaban también los familiares de los niños. Ninguno habló hasta que el vehículo llegó. Los niños se bajaron, y fueron con sus familias. El último en bajar fue Davis, que había decidido que esperaría hasta que sólo quedasen sus amigos.
Al bajarse, miró a T.K. Durante unos segundos, la tensión podía cortarse con un cuchillo mal afilado. Luego, ambos se acercaron corriendo y se dieron un apasionado beso.
- Lo siento… - fue lo que ambos dijeron, antes de…
¡RATATATATATATATATA! Ching había aparecido de pronto, sin hacer ruido, a pocos metros.
- ¡ME HE CANSADO DE ESPERAR! ¡AHORA MISMO ME VAIS A DECIR DONDE ESTÁ MIMI TACHIKAWA!
- ¡No lo sabemos! – gritó Sora -. ¿Es que no te llega la inteligencia para entender que no lo sabemos?
Ching corrió, y agarró a Sora por el cuello.
- ¡NO VOY A REPETIRLO MÁS! ¡¿DÓNDE COÑO ESTÁ?
- Detrás de ti, maldita zorra.
Todos se giraron. Mimi estaba allí. Llevaba una camiseta de manga corta, un pantalón largo, y unas deportivas, todo de color negro.
Ching sonrió.
- ¿De forma que te has decidido a pelear? – preguntó Ching.
- Sí, pero aquí no. Es una zona urbana, y llamaríamos mucho la atención.
- ¿Qué sugieres entonces?
- Dentro de tres días, en el puerto, a las cinco de la mañana.
Ching parecía satisfecha.
- De acuerdo. ¿Algo que añadir?
- Si fuera necesario, sólo armas blancas, no de fuego.
- Aún te debo un disparo – le recordó Ching.
- Si me vences, podrás terminar conmigo de un disparo, eso tenlo por seguro.
- Muy bien. Allí nos vemos entonces.
Ching dio un salto, pasó por encima al grupo de los Elegidos, y se fue corriendo.
Mimi hizo lo mismo, antes de que sus amigos reaccionasen y pudieran interceptarla.
Tardó poco más de diez minutos en llegar a casa de Tai, que ya la esperaba.
- ¿Ha aparecido? – le preguntó cuando se la joven se sentó en el sofá para recuperar el aliento.
- Sí. Como me temía. Ya no aguanta.
- ¿Y qué ha pasado?
- Nos hemos retado. En tres días, pelearemos… y todo acabará.
Tai la miró muy serio.
- Muy bien. Cuenta conmigo para entrenarte.
- No sé porqué te empeñas…
- Yo tampoco… estoy muy confuso…
- Pues yo lo veo clarísimo: te va la carne y el pescado – dijo Mimi.
En ese momento, Kari volvió a casa.
- Hola.
- Hola – respondieron los otros.
- Tai, quizá te convendría ir a casa de T.K. – dijo Kari.
- No tengo nada que hablar con él – respondió su hermano.
- Puede que no… pero T.K. no tiene la conciencia tranquila, y quiere confesarle lo que ocurrió a Davis.
No pudo decir nada más. Tai saltó del sofá, recorrió la casa en dos zancadas, y se largó corriendo.
Mimi se levantó. No había vuelto a quedarse a solas con Kari desde la noche que habían pasado juntas.
- Bueno…
- Bueno…
Ninguna de las dos tenía claro que debía decir. Fue Kari quien intentó romper el hielo.
- Así que al final vas a pelearte con Ching.
- Sí… es lo que las dos queremos, para poder terminar ya.
- ¿A muerte? – el tono de Kari denotaba miedo.
- Sin duda alguna…
Kari la miró a los ojos.
- Mimi… ten cuidado… no me gustaría perderte…
Mimi sonrió y le dio un beso en la mejilla, algo que incomodó un poco a Kari.
- No te preocupes… si algo saliera mal, puedes probar con Yolei… - dijo Mimi finalmente.
Kari prefirió no responder.
- Bueno, me voy a casa… espero no encontrarme a nadie, o tendré que rodear media ciudad para llegar.
Kari asintió con la cabeza. Cuando Mimi salió de la casa, Kari no pudo contener unas lágrimas… se había dado cuenta de que, a pesar de que intentaba negárselo a sí misma, la amaba.
Aunque ya hacía tiempo que había tenido su "primera vez" con Ken Ichijouji, no había sido tan satisfactorio cómo había supuesto… muy al contrario que lo poco que recordaba con su noche con Mimi.
Además, Mimi también la había ayudado mucho en ocasiones anteriores, y se sentía muy cómoda cuando estaba cerca.
Decidió alejar estos pensamientos de su mente, antes de meterse a la bañera.
Tai llegó a casa de T.K. Entró al portal, subió las escaleras… y se topó con ambos, que aún no habían. Al parecer, Davis no se había enterado aún de lo ocurrido, pues le saludó de buenas formas.
- ¡Hola, Tai! ¿Qué tal?
- Bien, bien… no me quejo… ¿qué tal el campamento? – dijo Tai, intentando disimilar su nerviosismo.
Los tres entraron al piso. T.K. cerró la puerta, pero decidió no poner la llave. Sabía que Tai podría necesitar salir corriendo. En efecto, Tai se sentó lo más cerca que pudo de la puerta.
- Bueno, ¿y qué tal han ido las cosas por aquí? – dijo Davis.
- Pues… - empezó Tai, pero T.K. le cortó.
- Tai y yo nos hemos acostado.
El tiempo se congeló en ese momento. Davis miró a T.K. y Tai varias veces.
- ¿Cómo que…?
- Cuando te fuiste… yo estaba mal… me tomé varias copas… apareció Tai… me trajo aquí… y estaba yo tan necesitado que le obligué a entrar y…
Davis se levantó y señaló a Tai.
- ¡Yo te mato!
Se lanzó contra él, aunque T.K. logró detenerle agarrándole los brazos. Sin embargo, Davis se resistía.
- ¡No puedes sujetarme toda la vida! ¡Y cuando lo hagas…!
- Tai, será mejor que te vayas – dijo T.K.
Tai obedeció sin dudarlo.
Cuando Davis se relajó, T.K. lo soltó.
- Fue culpa mía, Davis… estaba muy enfadado porque te hubieras ido…
- No vuelvas a dirigirme la palabra – respondió Davis, quien se levantó despacio antes de salir de allí.
T.K. no lloró, pero sí necesitó voltear la mesa de una patada para desahogarse. Se sentía fatal por lo que había hecho… había herido tanto a Tai como a Davis, y no podía perdonárselo.
Tai decidió llamar a Mimi.
- ¿Dónde estás? – le preguntó.
- En el descampado que hay detrás de los barrios comerciales, ¿qué pasa?
- Nada… ahora hablamos.
Tai empezó a caminar hacia allí. Durante todo el camino, tuvo la impresión de que le seguían. Sin embargo, si realmente Ching iba a pelear con Mimi, sería difícil que entrase en acción en ese momento.
Cuando llegó al descampado, llamó a Mimi, que estaba entrenando una serie de patadas al aire.
- Hola.
- Hola. ¿Ocurre algo? – preguntó Mimi.
- A todos nos gustaría saberlo – dijo una voz que Mimi y Tai conocían muy bien.
Izzy, Sora, Michael y Willis habían aparecido detrás de Tai.
- ¿Erais vosotros los que me seguíais?
- ¿Eras tú quien había ocultado al resto de nosotros donde estaba Mimi? – le soltó Izzy como respuesta.
- Porque yo se lo pedí.
Mimi dio un paso al frente, y miró a sus amigos de tal forma que podría haberlos paralizado.
- Hace mucho tiempo que empezasteis a meteros en las vidas de los demás sin que nadie os llamase. Intentasteis que T.K. y Davis hicieran las paces cuando sabéis que no hay que meterse en las relaciones ajenas. Por eso mismo no quería que supierais nada. Sinceramente, pensaba que teníais más sentido común.
Esas palabras fueron detonantes en el grupo. Ninguno se atrevió a devolverle la mirada a Mimi. Los cuatro miraron hacia abajo, y se alejaron.
Mimi se relajó después de que se hubieran ido. En realidad, no quería haber sido tan desagradable, pero no quería dar explicaciones, por lo menos hasta saldar su deuda.
- En fin… ¿qué te pasaba? – le dijo a Tai.
- Que es cierto, estoy hecho un lío… sé que aún siento algo por ti, pese a cómo te traté cuando regresaste… pero ahora con T.K. se complica todo…
- En tal caso, deberías hablar tanto con él como con Davis. Con delicadeza.
Tai sonrió levemente.
- Creo que tienes razón… sin embargo, hoy la situación entre esos dos es insostenible. Será mejor que lo haga mañana.
- De acuerdo. ¿Te apetece que vayamos a tomar una copa? – dijo Mimi.
- ¿Sólos?
- No. Dile a Kari que venga, y si eso, que Yolei y Ken vengan también. Tienen más sentido común que los otros.
- De acuerdo. Quedamos a las 9 en el Disco Rdia, entonces.
Ambos se fueron, y se separaron en su regreso.
A las 9 de la noche, ya estaban todos en la Disco. Como Mimi había supuesto, los dos fueron más calmados al ver que Mimi había vuelto. Les pusieron al corriente de lo ocurrido las últimas semanas.
Después de un par de copas, Kari, Yolei y Mimi salieron a bailar al centro de la pista. Mientras las observaba desde la barra, Tai no pudo evitar pensar: "Mimi, aún no te lo he dicho, pero te perdono por lo que pasó".
