Capítulo 9

La verdad

Él estaba ahí de pie a un lado de la máquina, echando humo y chispas, y extraños sonidos que poco a poco se apagaban, y solo el hilo de humo permanecía, elevándose y desapareciendo. Tenía la nota en su mano, la nota con las últimas palabras de Kuai Liang, o más bien, de la mujer que se hizo llamar Kuai Liang. Todo fue muy confuso en ese momento, pero solo estaba seguro de una cosa… debía ir tras ella.

Se escuchó la puerta del templo abrirse de golpe, varias pisadas hicieron eco en el lugar, voces murmuraban entre sí, haciendo preguntas, "¿Qué ha pasado? ¿Qué es este escándalo?" Pero Hanzo solo estaba ahí, de pie, con el pergamino arrugado en sus manos.

-¿Qué significa esto, ninja?- la voz de Liu Kang demandaba, se le escuchaba disgustado

-¡Mi máquina!- los pasos ligeros de una mujer se acercaron al artefacto descompuesto al lado del Shirai Ryu. -¿Qué carajo pasó aquí?- Sonya se puso frente a él, sin duda estaba furiosa, pero él no respondió. -¿Te das cuenta cuánto tardaremos en repararla? ¡Y ni hablar de cuánto nos costará!- volvió a decir, señalando la máquina descompuesta.

-Yo no hice esto…- por fin respondió el ninja –No sé si te has dado cuenta, pero yo no creo hielo-

-¿Sub-Zero hizo esto?- dijo sorprendida después de fijarse mejor en su máquina -¿Por qué haría algo así?-

Sin decir palabra, le dio la nota que Kuai dejó en su habitación. Sonya la leyó atentamente mientras se alejaba de él. Hanzo se dio la vuelta y se dio cuenta que varios monjes y los otros guerreros también estaban ahí, la máquina había hecho mucho ruido al descomponerse que llegó a despertar a la mayor parte de la Academia. La expresión de la agente había cambiado radicalmente de iracunda a extrañada, mientras leía en voz alta lo que venía escrito.

-"…Kuai Liang regresará sano y salvo con ustedes…"- citó –Entonces ella…- Sonya miró a sus compañeros, analizó el rostro de todos, e igualmente nadie creía lo que estaba pasando.

-Es una impostora- finalizó Liu Kang, tomando la nota de las manos de su compañera y la observó detenidamente. –Seguramente Quan Chi la envió a matarnos- Todos se miraron, algunos estuvieron de acuerdo con el guerrero, pero otros aún tenían sus dudas, o eso se reflejaba en sus rostros.

-Debo decir que fue un plan astuto- Cage comentó –Y, claro, hubiera funcionado de no haberse enamora… nada… no dije nada.- terminó cruzándose de brazos y apartando la vista de los demás, en especial del espectro.

-¿Quiere decir…- Kitana se apresuró a hablar después – que Quan Chi tomó a una mujer y la obligó a hacerse pasar por Kuai Liang?-

-Nadie puede aprenderse la vida de una persona tan rápido, le llevaría años aprenderse al menos una parte- Jax respondió

-Tal vez lo tenía planeado desde hace tiempo- Kung Lao interfirió –Lo suficiente para aprenderse lo más importante de su vida-

-No.- Hanzo habló por fin, acercándose lentamente al grupo que trataba de encontrar la respuesta a todo esto –Ella conocía muy bien la vida de Sub-Zero, detalles muy personales casi imposibles de recordar…- Después señaló la máquina que aún echaba humo de algunas partes -¿Y cómo explican el hielo?-

-Tal vez él le dio esos poderes…- Stryker respondió, encogiéndose de hombros.

De nuevo todos especulaban sobre la verdadera identidad de aquella chica, algunos se encontraban molestos y sugerían dejarla ahí en el Netherrealm, otros exigían traerla de vuelta y obligarla a decir la verdad, y si era sirviente de Quan Chi, la usarían para guiarlos hacia él. Era una guerra de voces, todos hablaban al mismo tiempo, "déjenla" "tráiganla de vuelta" "es una impostora" entre otras cosas.

-¡YA BASTA!- Hanzo gritó, haciendo que todos guardaran silencio en el acto. –Ese Nirgromante ya ha tenido suficiente, sea cual sea su plan, debemos detenerlo.- Vio que el monje, Liu Kang, aún tenía en su mano la nota en el pergamino, y se la arrebató, alzándola para que todos la vieran –En este mensaje me indica a mí que no siguiera a esta mujer al Netherrealm…- Apretó el papel con su puño, y lo apartó de la vista de todos

-…Pero yo no soy quién para seguir órdenes. Quan Chi me quiere ver muerto, pero primero quiero verlo intentarlo una vez más… Iré tras esa mujer y se las traeré de vuelta, junto con su verdadero compañero y la cabeza de Quan Chi clavada en mi arpón.-

-Espera, compadre, pero ¿tú solo contra Quan Chi?- Cage intervino –Es probable que esa chica esté muerta ahora, ¿qué te hace pensar que podrás hacerlo solo?-

-Me duele admitirlo, pero Cage tiene razón- Sonya dijo, con una mano en la cintura

-¿Arriesgarían sus vidas estando allá?- Hanzo dijo severamente

-Tal vez, pero no arriesgaríamos nuestras vidas por ti.- respondió Stryker –Si no por nuestro amigo.- Hanzo solo asintió, eso último no le había incomodado, pues sabía que nunc ales había agradado a ellos, y nunca les agradaría. No tenía de qué molestarse. -Si así lo desean, vengan conmigo, entonces.-

Pero antes de que alguno de ellos pudiera decir o hacer algo, un estruendo se escuchó por toda la habitación, relámpagos centelleaban e iluminaban el lugar con una luz blanca y cegadora. De entre aquellas luces, rodeado de electricidad, el Dios del Trueno se hizo presente. Todos lo miraban respetuosos y en silencio, algunos monjes se inclinaron ante él, pero los guerreros no, ellos solo alzaban la vista. –Bueno, ¡Ya llegó Ray a ayudar!- exclamó Johnny con una gran sonrisa.

-¿Qué es todo esto?- dijo Raiden con severidad -¿Planean partir ahora al Netherrealm?-

-Nos han engañado a todos, Raiden…- dijo Kung Lao, bajando la cabeza –En especial a ti-

-¿A qué te refieres, Lao?- preguntó el dios, extrañado.

-Esa mujer, la que se hacía llamar Kuai Liang, fingió todo esto con el fin de entregarnos a Quan Chi y destruirnos…- Liu Kang se adelantó ante él -¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta?- Raiden se puso pensativo.

-¿Tienen pruebas de lo que han dicho?- volvió a hablar

-Me dejó una nota antes de irse- dijo Hanzo, mostrándole el pergamino arrugado

-Dijo que Kuai regresaría sano y salvo con nosotros…- ahora habló Sonya, de brazos cruzados. –Por eso supusimos que todo era una trampa… una trampa que trató de evitar que cayéramos-. Raiden había terminado de leer aquello que Scorpion le había mostrado, y miró a cada uno de los que estaban en la habitación. –Los guerreros y yo tendremos una audiencia, les pido a los demás que se retiren.- Después de la petición del dios del trueno, los monjes hicieron una reverencia y cada uno de ellos se retiraron a sus habitaciones.

La enorme puerta de madera roja se cerró detrás del último monje, haciendo eco en toda la habitación. –Es muy claro que esto fue una trampa bien planeada...- Raiden continuó hablándoles -¿Pero aun así arriesgarán sus vidas por ambos?-

-Ya se lo dije a él antes y lo volveré a decir- dijo Stryker señalando a Scorpion –No haremos esto por la chica, sino por nuestro compañero. No podemos dejar a Sub-Zero al cuidado de esa persona… o cosa, lo que sea. Si es que ella planea cuidarlo-

-El punto es que no nos quedaremos aquí sin hacer nada por nuestro amigo…- Sonya complementó el discurso del oficial.

Raiden examinó sus rostros en silencio, dejando en último a Hanzo, que parecía que era la primera vez que parecía dirigirle la mirada. –En el Netherrealm, mis poderes son bastantes limitados- se dirigió a Hanzo, poniéndose frente a él –Así que, acompañarlos sería algo arriesgado-

-¿A qué quieres llegar?- dijo Hanzo con frialdad

-En tus manos dependerán las vidas de los guerreros que lleves al Netherrealm… Te aconsejo que hagas tu elección con sabiduría.-

-¿O sea que no irás?- Sonya habló

-Así es

-¿Y cuántos de nosotros iremos con él?- Preguntó Kung Lao, aproximándose al Dios del Trueno

-Esa será decisión de Scorpion, por eso le aconsejo que lo piense bien.-

Parecía algo fácil. Escoger a los mejores guerreros para que lo acompañaran. Aunque si lo hacía, corrían un gran riesgo de que sus almas pudieran quedar atrapadas por siempre en el infierno si fallaban, y sobre sus hombros cargaría una responsabilidad aún mayor. Pero tampoco no podía limitarse a escoger a lo más débiles. Raiden tenía razón, su elección debía ser sabia. Pero además…

-Solo aquellos que su corazón haya sido manchado con maldad podrán entrar a este mundo- Hanzo dijo en un tono audible para los demás. –Muy pocos de ustedes podrán venir conmigo-

-Si no logras hacer tu elección, espectro, yo me ofrezco a ayudarte en esta misión.- Nightwolf habló, poniéndose a un lado del Shirai Ryu.

-Yo también iré con ustedes

-¡Jade!- Kitana, preocupada, la tomó gentilmente del hombro

-Es mi deber cuidarla, princesa. ¿Qué mejor que protegiéndola de esta amenaza?- Jade vio en los ojos de su amiga una gran tristeza, y con ese mismo sentimiento, la hizo apartar su mano de su brazo. –Estaré bien- dijo, finalmente, para después volver a dirigir su camino hacia el espectro.

-¿Tú?- preguntó Hanzo, algo sorprendido

-Se ocultan varias cosas en mi pasado, ninja. No dejes que te sorprenda-

-¿Sólo ustedes 3 irán?- Kung Lao señaló –No tendrán ventaja contra Quan Chi…-

-Tienes razón, Kung Lao- Raiden habló -Pero solo puedo otorgarle a uno mi protección en contra del mal que habita en el Netherrealm, y no sea corrompido por él.-

-Entonces permítame acompañarlos, Lord Raiden- volvió a decir el monje

-Kung Lao, eres tan valioso para la protección de la Tierra tanto como lo es Liu, ¿estás seguro que deseas hacer esto?- El monje sólo Shaolin asintió.

–Muy bien.- diciendo esto, tomó su amuleto con el emblema del dragón, y se lo entregó al monje en sus manos. –Esto protegerá tu corazón de las fuerzas del Netherrealm. No lo extravíes.-

Kung Lao se limitó a sonreírle y se encaminó a lado del ninja dorado.

-Si algo sucede, usen el amuleto para pedir ayuda.- El dios del trueno añadió –Pero antes de que partas, Hanzo Hasashi, lleva esto contigo- El dios se aproximó a Scorpion y puso en su mano una botella con un líquido azul verdoso en él

–Si encuentras a Sub-Zero con vida, haz que tome esto. Posiblemente se encuentre débil después de todo este tiempo; esto le ayudará mucho.-

-¿Toda la botella?- Hanzo preguntó, guardándola en un lugar de su cinturón.

-Así es. Ahora partan rápido, y que los Dioses Antiguos los protejan…-

Una luz blanca centelleó detrás de los 4 guerreros, abriéndose en un gran portal de energía blanca y azul. Kung Lao, Jade y Nightwolf entraron en él, no sin antes dar una última mirada a sus compañeros, que esperaban verlos retornar pronto. Hanzo se quedó hasta el último y miró al dios del trueno de pie junto a él. –Intenta traerlo con vida- Raiden dijo, y nada más.

Hanzo volvió la mirada al portal sin decir nada, y lentamente se adentró al portal que lo guió al mundo que lo vio nacer como el espectro vengativo que era ahora. El Netherrealm.

El ambiente de aquel lugar le hacía sentir sofocada, no tanto por el intenso calor de los alrededores, si no por tanta energía maligna que emanaba de todas partes. De alguna forma lo resistía todo. La chica cryomancer había llegado al Netherrealm al fin, sin ningún acompañante que la auxiliara, sin aquel ninja que había prometido hacerlo. Lo hizo por su bien.

"Por su bien y el de todos" repetía lo mismo en su cabeza, así como se repetía que ella no era Kuai Liang… No sabía qué era ni cuál era exactamente su propósito en estos mundos, pero mientras menos supiera de aquello, era mejor para ella. Su prioridad estaba en sacar a Kuai Liang de ahí, donde sea que estuviese, y llevarlo de vuelta a su mundo, donde pertenece. "¿Y qué pasará conmigo?" logró preguntarse en una ocasión. Dos seres iguales no pueden existir en un mismo universo, deshacerse de ella sería lo más apropiado, o eso era lo que pensaba.

Pronto, todo en su mente desapareció cuando sintió que una presencia extraña la envolvía, era algo débil, pero aun así logró sentir algo. –Kuai…- murmuró –Está vivo- se sintió aliviada. Dio unos cuantos pasos cuando, lo que creyó que era la presencia de Sub-Zero, empezaba a desvanecerse; se alarmó. No sabía por qué ocurría aquello, pero si no volvía a sentir su presencia, le sería más difícil encontrar su paradero.

Siguió su camino por un largo tiempo, evitando tener contacto con otros seres del Netherrealm, no debía ser vista por nada y nadie, pues posiblemente serían parte de las fuerzas de Quan Chi. Debía andar con cuidado. La señal de aquella presencia iba y venía de vez en cuando, y seguía sin entender bien qué sucedía. "Si puedes oírme, Kuai, dime dónde estás…" pensaba.

-¡Es ella!- una voz la hizo salir de sus pensamientos una vez más; levantó la vista, frente a ella estaban 3 mujeres vestidas con prendas negras, muy ajustadas sus cuerpos; ninguna reconocible, pero ellas parecían conocerla muy bien. –Ya era hora de que llegaras…- una de ellas, de piel oscura y cabellos blancos se le acercó –Nuestro amo ya esperaba tu retorno desde hace tiempo-

-Debes confundirme con alguien más- la chica de azul respondió con seriedad –Yo no sirvo a ningún "amo"-

La mujer de cabello completamente oscuro se le acercó a la otra mujer por un lado –Nuestro amo te otorgó una misión… ¿Dónde está él?- dijo, amenazante.

"¿Él? ¿Se refieren a…?"

-No sé de quién hablan…- dio unos pasos hacia atrás, alejándose un poco de ellas, pero su cuerpo había topado contra una pared de piedra roja; no tenía salida, no tenía opción. Si le daban lucha, no se rendiría. Si la tomaban cautiva, no cedería tan fácil.

-Kia, Jataaka, basta ya las dos…- dijo la última de ellas, de cabello corto y oscuro, con un mechón blanco que caía sobre su rostro. –No intimiden a la recién llegada-

-El amo nos dio órdenes, Sareena- dijo la que se hacía llamar Kia –Está muy claro ésta pequeña creación suya no ha cumplido su mandato-

"¿Creación?" Sentía que todo empezaba a tener sentido… pero al mismo tiempo se sentía más confundida. -Dinos, ahora, ¿dónde está el desertor?- Jataaka habló, sacando de su espalda una cuchilla en forma de luna, haciéndole alzar el rostro con la orilla del acero. Pero la cryomancer, fuertemente tomó la muñeca de la mujer y el hielo la cubrió rápidamente.

-¿¡Pero qué…!?- reaccionó con sorpresa, recibiendo de la chica un fuerte golpe en el pecho, haciéndola salir proyectada varios metros lejos de todas, raspando su cuerpo contra el suelo rojo del infierno. Tornó su cuerpo hacia Sareena y, tomándola por el brazo, la hizo estampar su cuerpo contra la pared; congelando sus brazos contra éste.

-¡TRAIDORA!- el grito de Kia la hizo sobresaltarse; giró el rostro y la vio con sus armas en mano, dos mazos circulares envueltos de espinas de metal, yendo directamente hacia ella, pero logró esquivar su golpe, haciendo que una de sus armas se clavara en la pared donde la tenían acorralada. Pero ahí no se rindió, Kia siguió tirando golpes varias veces, los cuales ella esquivaba con rapidez; hasta que entonces, un golpe de aquel mazo logró darle a la chica de azul en uno de sus brazos. Las espinas desgarraron ferozmente su ropa y la piel; la sangre brotó instantáneamente. La chica lanzó un grito de dolor, pero siguió luchando contra su atacante. Intentó recuperarse rápido, pero Kia la tomó desprevenida con una patada en el rostro que la hizo caer. Sintió el sabor a sangre en su boca, y la cabeza le daba vueltas, no podía ni siquiera ponerse en pie. Volteó y la vio venir de nuevo hacia ella. Con gran esfuerzo, la chica comenzó a crear una bola de hielo en sus manos, y la lanzó justo antes de que Kia lograra atacarla de nuevo.

Con su rival congelada, tomó la fuerza suficiente para continuar luchando, o al menos, defenderse. De nuevo escuchó un alarido de guerra viniendo hacia ella, y esquivó un tajo de una cuchilla en forma de luna. Jataaka se había puesto de pie nuevamente, y no dudó en atacar. La atacaban con armas, y ella no poseía ninguna; no se le ocurrió mejor idea que hacer que hielo envolviera sus propios brazos, creando una capa dura que podía protegerla de los impactos de los aceros afilados.

Golpe tras golpe, la pelea continuó. Su plan de usar el hielo como escudo en sus brazos parecía funcionar, pero solo fue un momento, pues el con el calor del Netherrealm le era algo imposible mantener el hielo en sus brazos, además que la debilitaba más. Fue entonces que una de las cuchillas atravesó el hielo, llegando el impacto directo hacia su brazo, penetrando casi hasta el hueso. Se apartó al sentir aquel impacto, apreciando la herida hecha por el acero, vio como la sangre brotaba incesante de aquel corte; al distraerse con eso, Jataaka tomó ventaja para intentar herirla de muerte en pecho, pero logró reaccionar casi a tiempo al hacerse a un lado con torpeza, ella recibió un corte más profundo a un lado del estómago, por debajo de las costillas.

Soltó un grito desgarrador. No quiso detenerse ahí, incluso sintiendo tanto dolor; corrió con todas sus fuerzas, y tomándola del cuello, lanzó a la hermana de las sombras contra el cuerpo aún congelado de Kia, haciendo que ésta, con el impacto, estallara en sangrientos fragmentos de hielo, huesos y carne. Solo sus piernas quedaron intactas; su cabeza congelada, había rodado hasta los pies de la chica de azul, y mirándola con desprecio, la aplastó con fuerza contra el suelo. Y finalmente solo sonrió.

Se dirigió a Jataaka, quien aún se recuperaba del impacto. No quiso perder tiempo esperando a que se pusiera de pie. La tomó por el cuello una vez más, obligándola a levantarse; sentía una enorme fuerza dentro de ella, sentía el placer de matar, de sentir la sangre caer sobre ella. Sentirse superior. –El amo te hará pagar por eso…- dijo Jataaka, con dificultad. –Él te dio órdenes…-

La chica de azul hizo una mueca, sintió que el hielo fluyó con rapidez en sus brazos. Con una mano sostenía la garganta de su enemiga, y lentamente alzó la otra; puso su mano bajo la quijada de la mujer de cabello blanco, y su mano comenzó a cubrirse de hielo lentamente –Quiero ver que lo intente…- dijo en un gruñido. Su mano que estaba bajo el rostro de Jataaka la hizo transformarse en un afilado pico de hielo, que salió proyectado, clavándose rápidamente en su garganta, sobresaliendo el otro extremo por encima de la cabeza. Dejó que la sangre de su enemiga le bañara el rostro, y dejó caer su cuerpo cual muñeca de trapo al suelo.

-Dos menos…-

Dirigió su vista a la última de las asesinas de Quan Chi que quedaba en pie, Sareena, quien se había liberado de sus ataduras de hielo. La asesina solo estaba de pie, lejos de ella, con sus dagas desenfundadas; pero no pasó mucho tiempo cuando ésta las lanzó al suelo, haciendo que cayeran a los pies de la cryomancer.

-Tan fácil te rindes…- le dijo la de azul –Deseas morir dignamente frente a mí

-No deseo morir- le respondió –Ni tampoco es mi deseo luchar contra ti

-¿Qué deseas, entonces?

-Libertad. Éste lugar nunca ha sido de mi agrado, al igual que nunca lo ha sido servirle al Hechicero de las Sombras…-

-¿Lo traicionarás aquí, en su propio mundo?

-Si ha de ser necesario para salvar a Sub-Zero, entonces estoy dispuesta.- La chica de azul se abalanzó hacia Sareena, derribándola sin ni siquiera darle la oportunidad de reaccionar – ¡MIENTES!- dijo en un rugido -¡TU NUNCA DEJARÁS DE SER UN SERVIL DE LAS SOMBRAS!- Se encontraba de pie junto a la guerrera del Netherrealm, pisando su pecho, mirándola con unos ojos blancos que emanaban un brillo blanco y azul. Pero la guerrera derribada insistía:

-Yo soy… la única que te puede guiar hacia él… la única que te dirá quién eres en realidad… Baixue…- El pie de la chica azul dejó de presionar con fuerza el pecho de la otra en el suelo.

-¿Qué has dicho?- dijo en un susurro

-Es tu nombre mortal… el que tuviste antes de morir… hace muchos años- Ambas se miraban con detenimiento a los ojos, asegurando que decía la verdad.

Se apartó de ella, sintiendo que el cuerpo se le hacía cada vez más pesado.

Baixue…

Así que ese era su nombre.

El brillo de sus ojos desapareció. Sintió sus piernas desvanecerse justo ahí, junto con el dolor de sus heridas expuestas llegando de golpe hacia ella. Ahogó un grito al chocar su cuerpo con el suelo, apoyando sus manos en el mismo. Sareena se aproximó a ella con rapidez, sacando de su cinturón una botella con un líquido morado en ella –Bebe esto, te curará las heridas…- le dijo, abriéndola y se la entregó para que tomara lo que había en su interior

-Kuai… ¿está herido?- le preguntó Baixue, con ahogo

-Es posible…- Le respondió. La cryomancer apartó la botella de ella y se la regresó. –Entonces yo no debo tomarlo… guárdalo para él…

-No puedes estar así en este lugar, debes recuperarte-

-¡No!- alzó la voz –Él es mi prioridad ahora… llévame hacia él, con tu ayuda yo resistiré el camino…-

La guerrera de las sombras no lo volvió a pensar una vez más –Muy bien, pero avanzaremos rápido o nos encontrarán… ya se habrán dado cuenta de lo que has hecho- le ayudó a ponerse de pie, poniendo uno de sus brazos sobre sus hombros, ayudándole a caminar.

-¿Ves las montañas negras de allá?- le preguntó, indicándole con la cabeza aquel lugar a una no muy larga distancia entre ellas.

-S…sí…

-Sub-Zero está prisionero dentro de las montañas… no lo vigilan, así que será fácil entrar sin ser detectadas…-

-Hmmm…- fue lo único que salió de sus labios, se sentía débil como para responder más

-Resiste, llegaremos rápido.

Sareena comenzó a caminar con pasos lentos, intensificando la marcha cada vez que creía conveniente. Deteniéndose de vez en cuando para no ser detectadas, hasta llegar a las montañas negras. Baixue sentía un inmenso dolor y debilidad en su cuerpo, por cada paso que daba sentía que el cuerpo se hacía cada vez más pesado, pero sabía que lo que hacía era por Kuai… todo por regresarlo a su hogar…

-Es aquí…- le dijo, habían llegado al fin frente a la colosal montaña de piedra negra. La guerrera alzó su mano y la hizo resplandecer al decir en voz alta un conjuro en una lengua extraña. La tierra tembló debajo de ellas y la montaña se abrió, dando paso a un enorme y oscuro túnel. –Entremos rápido- volvió a decir, volviendo a sus andadas.

Caminaron por el profundo túnel, entre pasillos iluminados levemente por antorchas, pasando celdas vacías con distintas máquinas horribles que usaban para torturar. Había pequeños ríos de lava corriendo por algunas de las habitaciones y el calor era casi insoportable, al menos para la cryomancer.

Pronto Sareena se detuvo frente a una celda más. –Ahí está él…- de nuevo su mano se iluminó y la cerradura de la reja se abrió fácilmente. Lo habían encontrado. –K…Kuai…- dijo Baixue con la voz cortada; tambaleante, se dirigió hacia él, dejándose caer de rodillas a un lado suyo, viendo su rostro hinchado y ensangrentado, su cuerpo lleno de heridas y sus ropas bañadas en su propia sangre

-Cuánto te han hecho sufrir…-

Vio como el pecho de aquel hombre herido se expandía levemente, su respiración era lenta y débil. Baixue extendió su mano temblorosa hacia Sareena –Dame la botella…- le ordenó, sin apartar la vista de él. –Dámela, por favor- parecía suplicar, con un nudo en la garganta. Sareena obedeció sin reclamos, y le entregó aquella pócima, ya destapada. La chica de azul tomó a Kuai por el rostro, apretándolo para hacerlo abrir la boca –Tómatelo, bébelo todo…- vació todo el líquido dentro de su boca, no dejando que ninguna gota se escapara. Cuando se terminó, dejó de apretarle el rostro y dejar que tragara por su cuenta.

Kuai gimió un poco. Pero al pasar unos minutos, su respiración se hacía más profunda y continua. -¿Funciona?- preguntó Baixue, preocupada por el cryomancer.

-El efecto tarda en reaccionar en alguien inconsciente como él… pero cuando despierte, ya se sentirá mucho mejor… te lo aseguro- le mencionó su acompañante, mientras se colocaba a un lado de ella, y volvió a hablarle -Había suficiente poción para los dos, pudiste haber tomado la mitad de la botella para recuperar fuerzas…

-Prometí que llegaría a salvo a la Tierra… yo no pretendo volver jamás allá…

[FIN DEL CAPÍTULO 9]

NA: ¿Creyeron que era yaoi? Pues muy mal, nunca lo fue :v