LA RECONSTRUCCIÓN

El OMNIPRESENTE Disclaimer: El presente trabajo se basa en caracteres creados originalmente por J. K. Rowling, quien ha cedido algunos derechos a ciertas personas/empresas entre las que afortunada o desafortunadamente no me encuentro. No recibo ningún beneficio económico por trabajar en esto. Pero puedes recompensarme con un comentario (review).

NOTA IMPORTANTE: Sergei Tolshenko, Jasón Milos, Yishí Pemo y Jill Matthews así como los términos y las circunstancias de esta trama que no aparezcan en los libros de J.K Rowling son de mi creación.

Acerca de la puntuación: Por favor avísenme si notan alguna cosa extraña.

¡Están permitidos los reviews anónimos! ¡Sé que están ahí, las estadísticas de tráfico no mienten!

Lo que sucede en sueños aparece en negritas.

9 Fiesta de bienvenida.

Nunca podría olvidar la cara de Potter y los Weasley al escuchar su inesperado saludo, pero lo que no acababa de entender era porque Hermione Granger le había sonreído así al darle las buenas noches. Le dio algunas vueltas sin lograr sacar una conclusión en limpio. ¿Sería que su plan estaba funcionando mejor de lo que se hubiera atrevido a esperar? No, no era tan optimista como para creer algo así. Había algún otro factor que no estaba tomando en cuenta. Pero mientras el susodicho factor desconocido siguiera jugando a su favor, no tenía de que preocuparse. Así que terminó de ponerse el pijama y se acostó.

Estaba en un extraño paraje lleno de una neblina fantasmal. No le daba buena espina. Entonces observó una sombra que se iba acercando entre la bruma. Buscó su varita, pero no la encontró por ningún lado. La convocó varias veces sin éxito. La sombra iba haciéndose más definida y sólida por instantes. Estuvo a punto de echar a correr, pero una voz lo detuvo.

- ¡Malfoy! ¡MALFOY! ¿Estás aquí? – No pudo evitar sorprenderse al reconocer de quien era la voz. ¿Qué rayos hacía ella buscándolo? ¿Dónde estaban? Y entonces cayó en la cuenta de que se trataba en un sueño. Uno bastante atípico. Sintió mucha curiosidad e inmediatamente se relajó. Un segundo más tarde, se hallaba frente a Hermione Granger.

- ¡Al fin te encuentro! – dijo ella molesta.

- ¿Qué se te ofrece? – replicó él en tono de cortés interés.

- Me mandaron por ti. Tengo que llevarte a la fiesta de bienvenida.- contestó Hermione, dejando claro que no lo buscaba por su propia voluntad.

- ¡Vaya! – "Rayos, hoy si estoy inspirado" pensó Draco.

- Toma mi mano y cierra los ojos. Sólo será un momento.-

Draco tomó la mano que le tendía y cerró los ojos. Sintió un extraño cosquilleo al notar la tibieza de la piel de Hermione. Pero no quiso detenerse demasiado en esa sensación. Luego, la extraña impresión de que flotaba y la voz de la chica diciendo:

- ¡Bienvenido al Palacio de Ópalo! – al tiempo que soltaba su mano.

"Si lo único que se te ocurre decir es 'Vaya', mejor no digas nada, ¿te parece?" Draco le hizo caso a la voz de su consciencia y prefirió admirar en silencio la imponente construcción.

- ¿Vas a quedarte ahí parado toda la noche? Créeme, es más impresionante por dentro.- dijo Hermione, al tiempo que comenzaba a subir la escalinata sin voltear a verlo. "Este sueño se pone cada vez más interesante" se dijo Draco, mientras subía apenas unos pasos detrás de ella.

Al entrar, escucharon un coro de voces aclamándolos. Tuvo que reconocer que Hermione tenía toda la razón... como casi siempre. El Palacio de Ópalo era más sorprendente por dentro. Observó con interés las estatuas que decoraban ambos lados del gran recibidor. Pero no tuvo tiempo de mirarlas más de cerca porque en ese momento hacían su aparición los demás miembros del club. Todos se veían diferentes, más elegantes y atractivos de lo que le parecían en la vida real. "Un momento, ¿esa chica de amarillo es… ¡Luna Lovegood!? Definitivamente había algo raro en la cena" pensó Draco. Entonces vio a Jill y el corazón le dio un vuelco. "Si esto es por algo que merendaste, pide a los elfos domésticos que lo pongan en todas tus comidas" insinuó su conciencia. En ese momento decidió que iba a sacar el máximo partido de ese extraño sueño.

- ¡Hermione, Draco! – exclamó Yishí al tiempo que bajaba las escaleras y los abrazaba con efusión. Hermione sonreía y Draco no sabía muy bien qué hacer. Por suerte el abrazo fue corto.

- Antes de comenzar la fiesta, tienen que vestirse apropiadamente.-dijo Luna sin perder su característica sonrisa soñadora.

Hermione y Draco se miraron confundidos.

- Creo que por esta ocasión podemos ayudarles.- intervino Jill haciendo un leve ademan en dirección a los nuevos miembros.

Bastó un instante para que las ropas de ambos cambiaran drásticamente. Ahora Hermione vestía una hermosa túnica carmesí, con finos bordados en dorado. Y Draco una túnica negra con detalles en plateado.

- Una vez resuelto ese punto, podemos continuar con el orden día, ¿verdad Jasón?- al decir esto, Yishí parecía a punto de saltar de la emoción.

-¿Quién va a posar primero?- preguntó Jasón.

-¿Posar? ¿Para qué? – se extrañó Draco.

-¡Tendremos nuestra propia estatua!- exclamó Hermione.

La sonrisa de Jasón confirmó las sospechas de Hermione.

-Las damas primero.- dijo Draco, al tiempo que hacía un caballeroso ademán señalando a Hermione.

Así podría acercarse a Jill y platicar en lo que el chico griego comenzaba su obra de arte. Si por él fuera, podía tardarse en esculpir a Hermione lo que un elfo doméstico tardaría en limpiar toda la Mansión Malfoy… usando únicamente un cepillo de dientes de cerdas suaves. Pero antes de que lograra siquiera saludar a Jill, sus expectativas se derrumbaron al ver que Jasón, después de observar detenidamente a Hermione durante un momento, hacía surgir de la nada una hermosa estatua que la representaba con una sonrisa y sosteniendo un libro abierto al que miraba con atención.

-Tu turno, Draco.- le indicó Jasón, pidiéndole con un gesto que ocupara el lugar de Hermione.

Y luego de un momento la estatua de Draco estaba lista. Tenía una expresión reflexiva y miraba por encima del hombro hacia un espejo hecho añicos y una máscara rota que yacían a sus pies. Al verla, Draco no pudo decir nada. Pero no hizo falta, porque ambas estatuas habían comenzado a levitar hasta colocarse suavemente en los nichos vacíos que había a cada lado de la gran escalera.

- Ahora que son oficialmente miembros de nuestro club… ¡Qué comience la fiesta! – gritó Jill, al tiempo que salía disparada hacia los jardines. Todos la imitaron.

Era la fiesta más divertida de todas a las que había asistido en su vida. Aunque comparar una fiesta en sueños con las aburridas veladas donde sus padres se alzaban el cuello frente a sus "amistades" no tenía mucho sentido. Jugaron a miles de cosas, desde carreras en pegasos hasta "Encuentra el original", que consistía en que uno de ellos se multiplicaba y quien encontrara al original ganaba, pasando por juegos de transformación y levitación, además de "Te reto a…" donde ganaba quien impusiera a sus contrincantes los retos más originales y difíciles de llevar a cabo. Aunque Jill ganaba casi siempre, Draco y Hermione se divirtieron como locos, a pesar de su falta de experiencia en el reino de los sueños.

Luego de un lapso de tiempo indeterminado, podrían haber sido horas o días, se escuchó la voz de Yishí gritando:

-¡Hora del baile!-

Regresaron al interior del Palacio. Jill se había adelantado para instalar su orquesta en la gran escalera y en cuanto entraron los demás, se escuchó una animada melodía. Sergei tomó a Yishí de la mano y comenzaron a bailar, seguidos por Luna y Jasón. Draco y Hermione se miraron un poco cohibidos. Entonces Draco se acercó a ella y sin decir nada, comenzaron a bailar. Nuevamente se sintió un poco confundido por el leve contacto de la mano de Hermione. Nunca hubiera pensado que una devoralibros fuera capaz de bailar y mucho menos de hacerlo tan bien como ella.

Intentaba concentrarse en la danza, pero la voz en su cabeza no lo dejaba. Bailar con Hermione Granger despertaba demasiados recuerdos, pensamientos y emociones. El problema es que no eran precisamente alegres o siquiera positivos. Cada burla, cada insulto, cada amenaza, cada mirada de desdén. Todos sus desplantes de niño egocéntrico. Las torturas…y a pesar de todo eso ella estaba ahí, girando al compás de la música, sonriéndole. Intentó refugiarse detrás de esa muralla que tanto tiempo lo había protegido de esas debilidades conocidas como "sentimientos". Pero fue en vano. Sus defensas cuidadosamente levantadas con soberbia y orgullo se habían desmoronado. Quizá la tormenta que asolaba su mente se calmara cuando Jill se decidiera a dejar que esos instrumentos se las arreglaran solos y bajara a bailar con él. Pero eso no ocurrió. Siguieron bailando, hasta que Jasón le pidió cortésmente a Hermione que le concediera la siguiente pieza. Entonces bailó un poco más aliviado con Luna Lovegood. Pero sólo un poco. Porque también ella había sido prisionera en su…en la Mansión. La voz soñadora de Luna lo distrajo de sus poco halagüeños pensamientos.

- Tienes talento, Draco. – dijo Luna.

- Tomé algunas clases de baile…-

- Oh, no me refería al baile. Aunque también lo haces muy bien.-

- ¿Entonces? – preguntó Draco un tanto confundido.

- A tu habilidad para soñar.- replicó Luna, como si se tratara de algo obvio. Draco no supo que contestar o siquiera si Luna esperaba que contestara. Luego de una pausa, Luna siguió hablando.

- Es extraño que no nos hayamos encontrado en sueños antes… a lo mejor tiene que ver con que no queríamos encontrarnos. –

- Probablemente.- contestó Draco, únicamente para no quedarse callado.

- Aunque quizá lo hicimos y no lo recordamos. Eso sería más lógico. Hay tantos sueños que no recuerdo…-

- Yo recuerdo más de los que quisiera…- murmuró Draco, pensando en todas sus terribles pesadillas.

- Sí, al principio es más fácil recordar las pesadillas. Pero con la práctica no te darán tantos problemas.- dijo Luna sonriendo. Luego se puso seria.– A no ser que tengas la mala suerte de encontrarte con un ivyrstay.-

- ¿Un qué? –

- Un ivyrstay. Criaturas que se alimentan de tu miedo a las pesadillas. Son muy escasos, de hecho los hemos atrapado a casi todos, así que no tienes de que preocuparte.- contestó Luna sonriendole como quien trata de tranquilizar un niño pequeño.

En ese momento terminó la pieza y Sergei se acercó para llevarse a Luna, de forma que ahora bailaba con Yishí.

Ella sólo le sonrió y de alguna forma Draco supo que no era necesario decir nada. Se sintió aliviado y moderadamente alegre. Entonces recordó que se trataba de un sueño. "Cambia Yishí por Jill, cambia a Yishí por Jill" repitió sin cesar, confiando en que un poco de concentración seguro tendría efectos sobre ese simpático sueño. Pero no funcionó. Un momento después, la música acabó.

Antes de dar por terminada esta fiesta, les mostraremos sus respectivas habitaciones.- dijo Jill, al tiempo que desaparecían todos los instrumentos.

Subieron por las escaleras y después de recorrer un trecho de pasillo, se hallaron frente a dos puertas.

Hermione, la entrada a tus habitaciones es la de la izquierda. Draco, a ti te corresponde la de la derecha. ¡Vamos, ábranlas!- Yishí parecía a punto de explotar de la emoción.

Draco y Hermione se miraron y giraron los picaportes al unísono. Se asomaron con emoción.

- ¡Este cuarto está vacío! – exclamó Draco un tanto contrariado.

- Sí, igual este.- afirmó Hermione, un poco decepcionada.

- Eso es porque ustedes tienen que decorarlos.- repuso Luna con una sonrisa.

- ¿Cómo?- preguntaron Draco y Hermione al mismo tiempo.

- Con imaginación.- respondió Jill, que parecía divertirse de lo lindo.

- Inténtenlo. Sólo concéntrense un poco en lo que quisieran que apareciera en el cuarto. Es algo parecido a la Sala de los Menesteres, con la ventaja de que nadie más puede entrar, a no ser que ustedes lo inviten.- explicó Luna.

Hermione y Draco estaban concentrándose en lo que les gustaría tener en sus respectivas habitaciones, cuando Jill los interrumpió diciendo:

- No se preocupen. Tendrán tiempo para decorar después. Ahora, como broche de oro, queremos darles un pequeño regalo. Se trata de un sueño especial con hasta dos personas a quienes ustedes quieran. Básicamente es una reunión en sueños. Cuando despierten, recordaran todos los detalles, tal como si se hubieran encontrado en la vida real. La única condición es que esas dos personas también estén dormidas. ¿Qué les parece? –

- Sería maravilloso poder ver a mis padres y decirles que todo está bien.- dijo Hermione. Al oír esto, a Draco se le hizo un nudo en la garganta. Sus padres. No estaba muy seguro de que su madre o su padre estuvieran dormidos. Si todo seguía como la última vez que había visto a su madre, lo más seguro es que prefiriera estar despierta, leyendo un libro, tocando el piano o jugando a las cartas con los elfos domésticos. En cuanto a su padre… Además, ¿de qué le serviría verlos en sueños? Trato de pensar en alguien más a quien quisiera ver… claro: Pansy. No, la diferencia de horario con Australia era grande. Lo más seguro era que allá fuera de día. Se esforzó por encontrar a otra persona con quien quisiera hablar, que estuviera del mismo lado del mundo. Nada.

- ¿Y tú Draco? – Cuando la voz de Yishí lo sacó de sus cavilaciones, notó que Hermione había desaparecido. Seguro ya la habían mandado a ver a sus padres. Suertuda hija de muggles.

- ¿Draco?- Esta vez era Jill la que preguntaba.

- Yo…- Estaba a punto de decir "no tengo con quien reunirme", cuando un deseo resurgió en su mente. Quizá funcionara, quizá no, pero tenía que probarlo. Después de una pequeña pausa, continuó.- Yo quiero estar contigo, Jill.-

La reacción de los demás a sus palabras lo sorprendió. Jasón apretó los puños, Luna perdió su sonrisa, Yishí respingó y Sergei frunció el entrecejo. Parecía que acababa de decir que quería reunirse con su mejor amigo, un opaleye de las Antípodas. En cambio Jill lo miró a los ojos y esbozando una sonrisa enigmática, dijo:

- ¿Estás seguro?- A Draco le pareció que usaba un tono muy parecido al de quien preguntara "¿Estás seguro de querer entrar a la jaula de este hipogrifo?"

- ¿Tiene algo de malo querer conocerte mejor? – Tuvo la impresión de que esta discusión ya la habían tenido antes. Miró a los demás en busca de algo de apoyo. Pero no parecían muy dispuestos a dárselo.

- Tomaré eso como un sí.- respondió Jill. Luego, se dirigió a los demás.- Nos vemos en un rato, amigos.-

Los demás trataron de componer sus semblantes preocupados, pero sólo lograron sonreír a medias mientras se despedían agitando las manos. Luego, sencillamente, se esfumaron.

- Me gustaría bailar contigo – dijo Draco.

- Acompañame.- respondió Jill sonriendo, al tiempo que lo tomaba del brazo y lo conducía por el pasillo hasta una gran puerta doble. Giró el pomo, y lo invitó a pasar.- Este salón es suficiente para una sola pareja, ¿no crees?-

Era una amplia habitación con un gran ventanal, desde el cual se divisaban los jardines donde habían estado jugando. Una hermosa araña de cristal cortado colgaba del techo. A un lado había un diván. En el extremo opuesto estaban los instrumentos de una orquesta de cámara. Jill señaló hacia los instrumentos, y las notas un vals nostálgico resonaron en el salón. Entonces, comenzaron a bailar. Draco estaba seguro de que tenía miles de preguntas que hacerle. Pero cuando empezaron a girar, no podía recordar ninguna. Entonces Jill rompió el silencio.

- ¿De verdad no pudiste pensar en nadie más con quién quisieras reunirte?-

- Tenía algunas opciones en mente… pero llegué a la conclusión de que no iba a funcionar porque están despiertos. – contestó Draco.

- ¿Y por qué elegiste estar conmigo?-

- Porque quería bailar contigo… y conversar.-

- Quieres conocerme. Como dijiste en el lago.- afirmó Jill

- Sí.-

- ¿Y a cambio estás dispuesto a dejar que yo te conozca?-

- Sí.-

- Sería un intercambio justo si estuviéramos en igualdad de condiciones. Pero resulta que yo te conozco más de lo que piensas.-

- ¿Qué es lo que sabes de mí? – preguntó Draco ansioso. "Lo que sea menos eso, lo que sea menos eso" pensó.

- Sé qué papel jugaste en la Guerra.- respondió Jill. "¡MALDICIÓN!" pensó Draco.

- ¿Quién te lo dijo? ¿Cómo? ¿Desde cuándo lo sabes? – Al decir esto, Draco se separó bruscamente y la música cesó. Sin dar tiempo a que Jill respondiera, le dio la espalda y continuó.- Debes pensar que soy un monstruo. Lo supiste después del ataque de Creevey ¿verdad?...- Jill no lo dejó terminar.

- Escuchame, Draco. Yo lo sabía desde mucho antes de lo que pasó frente al Bosque.- Estas palabras hicieron que él volteara y la mirara a los ojos. Jill rehuyó su mirada y se sentó en el diván. Draco se sentó también y le preguntó:

- Entonces… ¿por qué me ayudaste? –

- Porque lo necesitabas.-

- ¿Así, sin más? ¿Sabiendo que me lo merecía?-

- Según sé, ya fuiste juzgado por tu participación en la guerra. Y la sentencia no incluía ser golpeado sin piedad por los familiares de las víctimas ¿o sí? Ni Dennis, ni yo, ni nadie más tiene derecho a juzgarte de nuevo y mucho menos de imponerte un castigo más.-

Draco no supo que responder. Entonces Jill continuó:

- Además, tú ya no eres ese Draco Malfoy. Ese niño egocéntrico desapareció por completo la noche de la Batalla de Hogwarts.-

- ¿Cómo lo sabes?-

- ¿Sabes lo que significan el espejo y la máscara en tu estatua? El espejo representa las ideas deformadas a través de las cuales veías el mundo y que hacían que te pareciera natural despreciar a los muggles y a los magos hijos de muggles, por ser inferiores. Esta hecho añicos porque te diste cuenta de que esa no era la realidad. ¿Quieres saber cuando apareció la primera cuarteadura en ese espejo? Cuando notaste que la mejor bruja de tu generación era Hermione Granger, una hija muggles. Intentaste resanar la cuarteadura despreciándola por otras cosas. Pero al final el espejo se rompió. La máscara es la identidad que intentaste sostener durante años, ignorando tus emociones, haciéndote el fuerte, encerrándote en un caparazón de altanería y desdén. La máscara tardó un poco más en mostrar debilidad. La primera grieta apareció cuando lloraste de frustración, de miedo, de impotencia ante la posibilidad de que el plan fallara y toda tu familia muriera por ello.

- ¿Quién te ha dicho todo esto? –

- No me lo ha dicho nadie. Yo lo vi. Además, lo importante es que es verdad ¿no?- contestó Jill evasivamente.

Draco se dio por vencido. Si ella no quería decirlo, él no la iba a hacer cambiar de opinión.

- Tenías razón al decir que estoy en desventaja. Tú me conoces muy bien. Y yo no sé nada de ti.

- Yo diría que sabes algunas cosas importantes.-

- Creo que sólo estoy seguro de saber tu nombre.-

- Mi nombre, tal como el tuyo, significa cosas diferentes para personas diferentes. Para las personas familiarizadas con el mundo no mágico, Jill Matthews es una virtuosa de la música con una vida privilegiada. Para los magos como tú, soy una completa desconocida. Para mis amigos es un refugio, para mis enemigos es señal de peligro. –

- ¿Y para mí? – preguntó Draco.

- Eso sólo lo sabes tú.- repuso Jill.

- Para mí significa una oportunidad que al parecer no merezco.- replicó Draco un tanto cabizbajo.

- Cuando me conozcas mejor, ese significado cambiara. Créeme.- dijo Jill con un tono melancólico.

- ¿Significa que… me dejaras conocerte mejor? –

- Sí. Pero primero dime lo que ya sabes de mí.-

- Sé que no te gusta perder, que te encanta volar, que la música es tu vida, que eres tan buena bruja como Hermione Granger...- una sonrisa de medio lado apareció por un instante en el rostro de Jill al escuchar la última comparación. Draco no supo cómo interpretarla y siguió enumerando-… que juegas muy bien al quidditch, que Blaise y Theodore te traen frita, que no te importa mucho lo que los demás piensen de ti y que la rivalidad entre las casas te vale medio knut porque igual vas a seguir siendo amiga de quien te dé la gana.- finalizó Draco, al tiempo que pensaba que en realidad la conocía mejor de lo que pensaba.

- ¿Ves? Te dije que ya sabías muchas cosas importantes. ¿Qué más quieres saber? – preguntó Jill en tono condescendiente.

- Pues, tu color favorito, el día de tu cumpleaños, cosas como esas.- respondió Draco.

- Esos son detalles. Pero si eso es lo que quieres saber, mi color favorito es el azul turquesa y mi cumpleaños es el 15 de diciembre. Listo. Ya me conoces mejor. – dijo Jill con una sonrisa traviesa en el rostro y haciendo ademán de levantarse.

- ¿Cómo que "listo"? - exclamó Draco.- Faltan más cosas, como tu postre favorito, tu flor favorita, tu día de la semana favorito, donde naciste, quienes son tus padres, si tienes hermanos, de qué es el núcleo de tu varita…-

- Eres muy curioso Draco. Pero como no se me ocurre una excusa para no contestarte, te diré que mi postre favorito es el tiramisú, mi flor favorita es la amapola, no tengo día favorito de la semana, nací en Connecticut, Estados Unidos, soy huérfana y mi varita…bueno, en realidad mi varita no tiene núcleo mágico.- contestó Jill con rapidez.

- ¿Cómo que no tiene núcleo mágico?- se extraño Draco, sintiéndose un poco mal al saber que ella no tenía familia, pero al no encontrar cómo abordar el tema, prefirió pasarlo por alto.

- Es una clase diferente de varita. Supongo que tiene que ver con que es hecha en Estados Unidos.- dijo Jill, como restándole importancia al asunto.

- Nunca se me había ocurrido, pero creo que es natural que cada país tenga su técnica para elaborar varitas. ¿También las varitas de Jasón, Sergei y Yishí son diferentes? –

- Las de Sergei y Jasón son como la tuya y la de Yishí es más parecida a la mía.- contestó Jill sencillamente.

Durante unos momentos permanecieron en silencio. Draco se acercó un poco más a Jill.

- No debí acribillarte a preguntas. Vas a terminar pensando que soy igual de fastidioso que Zabini y Nott.- dijo

él de repente.

Jill sonrió. Y luego dijo:

- Creo que en parte es mi culpa. Al ser tan reservada solo aumentaba tu curiosidad.- Draco tuvo que reconocer que tenía razón. La miró a los ojos, pero después de un breve momento, Jill bajo la mirada y continuó:

- Ya que estamos aquí, quiero decirte que no me sorprendió tu reacción cuando notaste el Sello en tu piel. Sé que te recordó un tatuaje que tenías…-

- Todavía lo tengo: la repugnante marca de mi desgracia. -murmuró Draco, al tiempo que inconscientemente se tocaba el antebrazo y se alejaba hacia la esquina del diván. Entonces Jill se acercó a él y retirando la mano de Draco, subió la manga de su túnica. Draco la miró desconcertado, pero ella sonreía. Estuvo a punto de gritarle que no lo tocara, que lo dejara en paz. Pero justo en ese instante sintió sus dedos tibios sobre su piel, recorriendo el ignominioso lugar donde ocultaba la marca tenebrosa, provocando una placentera sensación que no quería que terminara. Un momento después, el tierno contacto de Jill cesó. Su manga volvió a su sitio. Y luego escuchó un susurro:

- ¿Hace cuanto que no te ves en un espejo?- Un espejo apareció frente a ellos. – Fíjate bien, la marca ya no está ahí.-

Con reticencia, Draco se alzó la manga de la túnica, buscando con el tacto algún rastro del tatuaje, pero no se animó a observar el espejo. Hacía meses que ignoraba esa parte de su anatomía. Tratando de no recordar que "eso" era parte de él. Los infelices momentos que había vivido por su causa se agolparon en su mente. Recuerdos que trataba de reprimir.

- Eres libre, Draco. Si ya desapareció de tu piel, no dejes que permanezca en tu mente. Sólo tienes que mirarte en el espejo…- dijo Jill. Pero su voz se oía lejana. Todo se puso borroso y luego, despertó.

Mientras se vestía, repasó aquel extraño sueño. Hermione Granger y Luna Lovegood estaban ahí. También Sergei, Jasón, Yishí… y Jill. Habían jugado, bailado y conversado. Y entonces recordó lo que Jill había hecho. Se paró frente al espejo con los ojos cerrados, no muy seguro de poder superar la decepción cuando viera la horrible marca deformando su piel. Pero no hubo tal. Porque cuando abrió los ojos, la marca no estaba ahí. ¡NO ESTABA AHÍ! Entonces estuvo seguro de que no había sido un sueño cualquiera. Jill lo había tocado. Lo había acariciado. Y esta certeza logró algo increíble: que se sintiera no sólo alegre o aliviado, sino feliz. Una radiante sonrisa se dibujó en su rostro. De pronto sus ojeras parecían menos pronunciadas y su piel más lozana. Jill había dejado ver las brechas en su fortaleza. Y él iba a aprovecharlas todas.


Bueno, hasta aquí el capítulo súper-ultra-extra atrasado. Sé que las excusas no sirven de mucho, pero quiero que sepan porque los tuve en suspenso todo este tiempo. Primero, un terrible bloqueo creativo, luego llegaron las correcciones de la tesis (¡Merlín fue misericordioso, pudo haber sido peor!) después problemas con la conexión de internet y para colmo no había un ciber-café abierto en leguas a la redonda. Así que no hubo opción. Ojalá puedan perdonarme. Espero que este capí les deje más dudas de las que despeja (sí, soy mala). Por otro lado, ya tengo adelantado el siguiente capí, así que espero de verdad que los dioses me sean un poco más propicios esta semana y publicar más pronto. Por supuesto, pueden animarme a escribir más rápido con unos cuantos reviews. Un beso y un abrazo a todos mis lectors, aún aquellos que no se animan a dejar comentarios.