CAPÍTULO 9
- ¿Cuando te resignaste a vivir aquí para siempre?
Elena se sentó sobre el césped del jardín al lado de una pensativa Caroline. Esta se giró para mirar a su amiga y le sonrió con cierta tristeza. Llevaba unos días tan o más rara que Elena y la morena no podía evitar pensar que hacían un equipo terrible. Caroline se encogió de hombros.
- Desde el principio, supongo. Ya te lo dije, es inútil luchar contra la ley, así que por mi salud, preferí asumirlo y llevarlo lo mejor posible. Por suerte no tuve que hacer muchos esfuerzos; no se está tan mal en este lugar.
- No... pero ahora que la situación ha cambiado ¿Qué pasaría si nos rescataran? - siguió Elena observando atentamente las reacciones de su amiga.
- No lo se, pero yo no lo llamaría rescate. Si tu padre llega a la mansión Salvatore es posible que no salgamos con vida de ella.
- Yo nunca dejaría que te hiciera nada, Car.
Caroline sonrió y la agarró de la mano.
- Ya lo se, lo que temo es que te haga daño a ti también.
Elena se puso rígida, pero luego se dio cuenta de que su amiga tenía razón y soltó el aire que había estado conteniendo.
- Mi familia también me dejó de lado – continuó la rubia – así que entiendo cuanto duele. Supongo que por eso me adapté tan bien. La gente que vive aquí es ahora mi familia, y se que suena extraño, porque en cierta forma no somos más que simples sirvientes, pero me siento protegida, siento que a pesar de mi posición formo parte de algo, que soy importante para que este lugar funcione bien. Eso es nuevo para mí.
Elena asintió. Al principio le había horrorizado escuchar lo que Caroline contaba sobre su situación, pero tras conocerla y vivir en la mansión Salvatore se arrepentía de haberla juzgado mal. Después de todo lo que había vivido, podía llegar a comprenderla.
- Antes de que mi madre y mi hermano murieran las cosas eran distintas. Mi padre siempre fue muy egoísta e independiente, pero mi madre nos adoraba. Ella me hizo como soy. - suspiró - si ella hubiera estado viva seguramente nada de esto habría pasado...
- Pero no lo está – la interrumpió Caroline apretándole una mano - y lo único que te queda ahí fuera es un hombre que renunció a ti sin pelear siquiera. No entiendo porqué quieres seguir marchándote ¿A donde irás?
- No lo se, lejos, donde pueda ser libre.
- Y estés sola.
- Conoceré gente, Caroline. No quiero depender de nadie.
- No es cuestión de depender, es que aquí hay gente que te aprecia, ¿porqué quieres dejar esto? Me tienes a mi, y a Damon...
Elena soltó una carcajada al escuchar el nombre del vampiro.
- No te rías. Yo jamás había visto a Damon sentir tanta debilidad por alguien. Se volvió loco cuando estabas a punto de morir ¿Sabes? Yo creo que siente algo por ti, y créeme que me sorprende a mi misma estar diciendo esto conociéndole como le conozco.
- Sí, siente que quiere llevarme a la cama.- ironizó Elena.
- Posiblemente eso también. Ya te advertí sobre él, pero tu no eres Rose. Contigo él es... distinto. Y tu con él también. De hecho, todavía se te nota esa mordedura – añadió guiñándole un ojo mientras señalaba el cuello de la chica con la cabeza.
Elena no supo donde meterse.
- Eso fue un error … y... - se pasó las manos por el cabello - Caroline, no me estás ayudando.
- Solo te estoy diciendo la verdad. Y no es que quiera lanzarte a sus brazos, porque eso no te llevará más qué problemas, pero deberías afrontar de una vez lo que te está pasando y dejar de intentar huir. ¿O es que crees que no sé que a pesar de todo te sigues mandando mensajitos con alguien de fuera?
Elena se puso pálida.
- No te preocupes, no se lo diré a nadie. No quiero que te vayas porque somos buenas amigas, pero no me interpondré si es eso lo que deseas de verdad. El problema es que creo que no lo sabes, no sabes de que lado estás, Elena, y deberías aclararte antes de meter la pata. Si lo que quieres es irte de aquí, lucha por ello, si no, abre la mente de una vez y vive lo que te apetece vivir.
Y sin más, Caroline se levantó y la dejó ahí sola, mirando al horizonte.
Damon gruñó y tensó una vez más los grilletes que lo mantenían atado a la pared del sótano, agotándose después por culpa del esfuerzo. Estaba muy débil, llevaba varios días allí encerrado, no muchos, pero a él se le había hecho eterno. Le daban sangre a cuentagotas para mantenerlo atontado y sus ganas de matar a su propio hermano aumentaban a medida que pasaban las horas. ¿Cómo se atrevía a sacarlo de en medio de aquella forma? ¿A castigarle como si fuera un niño travieso? Cuando John se repusiera querría venganza y Damon no confiaba en el poder de liderazgo de Stefan. No tenía la frialdad necesaria para actuar sin pensar.
- ¿No te cansas de hacerme de niñera? - Preguntó levantando la vista hacia Kol. El vampiro solía bajar a alimentarlo varias veces al día y luego se quedaba ahí parado, disfrutando de su humillación.
- No me canso de verte así – respondió Kol esbozando media sonrisa – hecho una mierda.
- Oye, ya te dije que no quería romperte el cuello, pero era necesario.
- Sí, muy necesario para suicidarte.
- No me di cuenta de lo del veneno, por lo demás mi plan marchaba estupendamente.
Kol resopló pero prefirió no contestarle.
- Tengo sed – susurró Damon al cabo de un rato. - necesito sangre. ¿Cuantos días más me vais a tener aquí encerrado?
- Los que hagan falta hasta que me prometas que no vas a cometer más estupideces – Stefan se unió a la conversación, apareciendo en el campo de visión de Damon.
- Tú no me provoques, porque cuando salga de aquí te juro...
- Bueno, yo os dejo – interrumpió Kol dándole una palmada en la espalda a Stefan – suerte. - se burló antes de desaparecer.
- Tenía que encerrarte Damon, después de lo que te hizo John habrías vuelto a por él.
- Pues claro.
- ¡Pero no ves que es una estupidez! Estuvo a punto de matarte.
- Pero yo disfruté torturándolo y volvería a hacerlo. Le arrancaré el corazón con mis propias manos la próxima vez que lo vea. – susurró con una media sonrisa sádica.
- Sabes que no puedes, que no nos conviene, así que haz el favor de comportarte.
- ¿Cuantos días llevo aquí?
- Cuatro. Y no ha habido movimiento, si es lo que te preocupa. Pero sabemos donde John almacena el veneno de hombre lobo.
Damon se inclinó hacia adelante e hizo una mueca de dolor al clavarse los grilletes.
- En el sótano de su casa, se le escapó a Elena.
- ¿A Elena? - Damon levantó la mirada. Había tenido mucho tiempo para pensar aquellos días y bueno, sus pensamientos parecían tener predilección por aquella morena testaruda e insoportable cuya sangre sabía tan bien. - Vino a verme...
- Si, por lo visto es igual de insensata que tú. Lo soltó sin pensar al saber que estabas enfermo, pero todavía no me fío de ella. Y tu tampoco deberías. - le advirtió.
- No empieces Stefan, no es el mejor momento.
Stefan tuvo que admitir que tenía razón, así que se calló. Luego se aproximó a la puerta de la celda y la abrió, sorprendiendo a Damon. Se acercó hasta su hermano y se agachó hasta quedar a su altura.
- O me prometes que no vas a volver a actuar sin consultarnos a los demás o te dejo aquí.
Damon gruñó.
- Damon...
- No soy un niño pequeño.
- Pues júrame que no vas a volver a comportarte como si lo fueras.
Volvió a gruñir.
- Está bien, no volveré a actuar por mi cuenta, pero esta me la pagarás.
Stefan puso los ojos en blanco y se apresuró a sacarle los grilletes.
- ¿Ves como no era tan difícil?
Damon no respondió, pero cuando estuvo libre, se puso en pie y con las pocas fuerzas que le quedaban, le dio a Stefan un puñetazo que lo tiró al suelo.
- Ahora me siento mucho mejor – dijo mientras se acariciaba el puño dolorido.
- Eh tú, tráeme algo de desayunar.
Caroline apretó los puños y respiró hondo. No la soportaba, no podía sufrir a esa estúpida rubia pedante por muy hermana de Klaus que fuera. Rebekah llevaba cuatro días en la mansión Salvatore y se había ganado el odio de todos los humanos que vivían allí, que en su mayoría, eran mujeres. Era prepotente, déspota y una consentida y Caroline se había tenido que morder la lengua demasiadas veces para no decírselo a la cara. De hecho, estuvo a punto de hacerlo una vez más ante su última orden, pero Elena intervino a tiempo.
- Ahora mismo, Rebekah. - Dijo la morena con una sonrisa a la vez que agarraba a Caroline de los hombros. La vampira la miró de arriba abajo y se atuso el cabello, girándose para ignorarlas completamente después.
- ¡No la soporto! - gritó Caroline una vez llegaron a la cocina – Es... ¡es insufrible! Se cree la dueña de todo esto y no es más que una pija malcriada...
- Shhh, ¡Caroline! Te escuchará.
- ¿Y qué? ¡Qué me oiga! Estoy harta de esa niñata...
Elena respiró hondo y volvió a ponerle las manos sobre los hombros.
- Escúchame, se irá pronto, así que respira hondo y relájate, solo serán un par de días. Bastante revolucionado está el gallinero como para añadir un nuevo conflicto. Vamos Caroline, ¿Cómo se lo tomaría Klaus? - lo intentó con su punto débil.
Eso pareció hacerla reaccionar y su respiración se calmó un poco.
- Venga, ahora vamos a respirar hondo – lo hicieron ambas un par de veces – vas a coger esta bandeja y se la vamos a llevar sin rechistar ¿Vale?
Caroline hizo una mueca de fastidio, pero cogió la bandeja y se resignó a volver hacia el comedor.
Elena seguía a su amiga de cerca, negando divertida con la cabeza, cuando se dio cuenta de que el ambiente de la habitación cambiaba. A su alrededor, todo el que se encontraba allí en ese momento se detuvo a mirar hacia la escalera y ella no fue menos. Entonces se encontró con los ojos de Damon. Su corazón dio un brinco y se maldijo a si misma por ello. Esos cuatro días en los que no se habían visto no había parado de darle vueltas a lo que había sucedido entre ellos, mordedura incluida, ni a la diferencia con la que su cuerpo había reaccionado a él y a Matt. Seguía sin tener claro qué hacer al respecto, pero al menos había decidido que no era un crimen sentir curiosidad.
Tuvo la sensación de que Damon iba directo hacia ella a pesar de los mil ojos clavados en él, e impulsivamente ella también dio un paso al frente, pero entonces, Rebekah le cortó el paso y se interpuso, agarrando a Damon del cuello para darle un beso cerca de la comisura de los labios.
- Hola bombón, ¿Me echabas de menos?
Él le sonrió de medio lado y ella adoptó una posición coqueta. A Elena le hirvió la sangre de un modo muy distinto al que le había hervido la última vez que había estado con él.
- Solo serán un par de días – le susurró Caroline al oído antes de soltar una risita.
Elena se apresuró a disimular y a aparentar que no le había afectado lo más mínimo ver esa interacción, ni tampoco notar las claras intenciones que Rebekah tenía con Damon. Él la había secuestrado, había querido matarla... esas cosas tenía que repetírselas día y noche como un mantra para no caer en la tentación de acordarse de la suavidad de sus labios o de la excitación que le había producido el roce de sus colmillos en la piel. Sacudió la cabeza y se advirtió a si misma que no debía seguir por ahí, así que dio media vuelta y volvió a encerrarse en la cocina.
Damon llevaba todo el día soportando a Rebekah y empezaba a estar harto. Su primer día en libertad no tendría que haber sido así, no tendría porque haber tenido que hacer de niñera de una vampira caprichosa. Pero era una Mikaelson y tal y como Stefan le había recordado un millón de veces en la última hora, tenían que mantenerlos de su parte, lo que incluía tratar bien a la princesa.
- Vamos, ¿que te pasa? – Rebekah hizo un mohín, agarrándose de su brazo – te aburres ¿Verdad? Yo también. - se le iluminaron los ojos – ¿porqué no terminamos de cenar en tu habitación? Seguro que nos lo pasamos mejor.
Damon la miró fijamente y valoró la posibilidad. Ya se habían acostado en ocasiones anteriores, por eso Rebekah lo estaba buscando tan descaradamente. Damon Salvatore solía ser sexo asegurado para cualquier mujer joven y atractiva y Rebekah sabía perfectamente lo que quería. Eso Damon tenía que reconocérselo; le gustaba que tuviera la suficiente confianza en si misma como para perseguirlo en vez de esperar a ser perseguida, pero en aquella ocasión lo estaba agobiando un poco.
Iba a contestar cuando una figura conocida apareció en su campo de visión: Elena atravesó el comedor a toda prisa para ir a decirle algo a Caroline. No la había visto en todo el dia, solo cuando había bajado al salón y había desaparecido tan rápido que no había podido decirle nada. Quería hablar con ella, lo último que recordaba era como había reconocido que le había gustado besarle y no tenía ninguna intención de dejar eso pasar. Deseaba a Elena y quería volver a probarla. Y quería que ella también lo quisiera.
Esa fue toda la respuesta que necesitó en relación al asunto de Rebekah. No iba a conformarse con un entrante cuando delante suyo tenía un plato principal que llevaba días queriendo degustar por completo. Sus ojos volvieron a encontrarse y notó la chispa que surgió de las órbitas color chocolate, pero para variar, Rebekah volvió a meterse en medio.
- Anda vamos...Tú, recoge esto. Damon y yo vamos a continuar la cena arriba. - La orden se la dio a Elena y esta se puso pálida.
- Rebekah... esas no son formas – se escuchó a Elijah reprenderla desde el otro extremo de la mesa. - Y prefiero que terminéis la cena con nosotros.
- Tu hermano tiene razón – afirmó Damon sentándose de nuevo y arrastrándola por el brazo para que ella lo hiciera también. Rebekah le lanzó una mirada de odio, pero no tuvo más remedio que obedecer al ver que no iba a respaldarla.
Cuando Damon volvió a levantar la mirada, Elena ya no estaba en el comedor. Aquella condenada humana era de lo más escurridiza e iba a ser complicado estar a solas con ella cuando tenía una garrapata como Rebekah colgada del brazo en todo momento.
- Entonces, ¿Creeis que alguien está actuando a espaldas de John? - Preguntó de repente Elijah reconduciendo la conversación hacia el principal tema de la noche. Los sirvientes humanos se habían retirado así que era un momento seguro para volver a retomar el tema por el que los Mickaelson seguían en mystic falls.
- Eso parece – respondió Damon llevándose un trozo de carne a la boca – John no puso el explosivo en mi coche.
- ¿Y no crees que puede estar mintiendo? Es un cobarde, quizá solo intentaba que no lo mataras.
Damon negó con la cabeza.
- Lo presioné y parecía no saber realmente de lo que le estaba hablando. Además, tenía razón, él no es tan tonto como para desperdiciar munición sabiendo que jamás me mataría con un explosivo tan flojo. Era dinamita casera, no me habría ni despeinado.
- ¿Y si quisieron atacar a su hija? ¿Es la que resultó herida después de todo, no? - intervino Klaus.
- Es una posibilidad – al decirlo, Damon apretó los dedos al rededor del tenedor. - Pero no entiendo porqué querrían matarla. Tenemos nosotros más razones para hacerlo.
- Porqué los ha traicionado – concluyó Klaus encogiéndose de hombros – ahora es una de vosotros. Podría ser por eso.
Damon volvió a negar con la cabeza.
- Sigue resistiéndose, es la más testaruda de toda la última partida de humanos. No tendría sentido...
- Ellos no lo saben – siguió Klaus tratando de defender su postura.
- Yo creo que fue simple casualidad – esta vez fue Stefan el que alzó la voz – el explosivo iba destinado a Damon, y no quería matarle, simplemente advertirle. Lo de la chica fue un daño colateral, pero no creo que alguien que hace algo tan rudimentario planee el momento exacto en el que Elena pasaría por delante.
Klaus pareció aceptar que lo que decían era razonable y volvió a concentrarse en su plato.
- Tenemos que averiguar quien fue – Siguió Damon.
- Sí, pero no vas a hacerlo tu por tu cuenta – intervino Stefan y Damon puso los ojos en blanco – No, te lo estoy diciendo enserio, otra tontería como la del otro día podría costarnos más que una explosión casera.
- Que si, que ya te lo dije.
- No se porqué no me fio.
- Piensa lo que quieras.
- ¿Podemos hablar de otro tema? - interrumpió Rebekah – aquí parece que no pueda hablarse de otra cosa.
- Te recuerdo que has venido para ayudarnos – le soltó Damon apartándose por enésima vez – si te parece pesado ya sabes donde está la puerta.
- ¡Damon!
- Mierda Stefan, déjame en paz de una vez.
Furioso, lanzó la servilleta contra su plato y se levantó de la silla.
- Me ha entrado sueño de repente. Si se os ocurre algún plan interesante para destripar a John, llamadme, estaré arriba.
Lanzó la silla contra la mesa rompiendo varios platos y se largó de allí con paso firme.
- Creo que ha llegado el momento de que pases a la acción – susurró Caroline aprovechando que ella y Elena estaban una al lado de la otra limpiando los platos – o Rebekah y Damon van a acostarse esta noche.
A Elena se le resbaló el vaso que estaba enjabonando.
- Puede hacer lo que le de la gana, ya te lo dije.
- Si claro, por eso te palpita esa vena de la frente, de lo igual que te da.
Nerviosa, Elena se cubrió la frente impulsivamente y se llenó de jabón.
- ¡Ai Caroline!
Caroline soltó una risita.
- Estás muy pesada últimamente con este tema – se quejó la morena mientras se limpiaba con un trapo - mira, a mi me parece muy bien que te acuestes con Klaus, pero no quieras que yo haga lo mismo. Tú fuiste la que me advirtió sobre Damon, ¿A qué viene tanta insistencia ahora?
- No mezcles lo mío con Klaus – respondió ofendida – son cosas totalmente distintas. Te advertí y te sigo advirtiendo, pero ya te dije que contigo veo a Damon distinto y creo que por una vez le iría bien encariñarse de alguien que sea de fiar. - Al darse cuenta de que había hablado más de lo que debía, se llevó las manos a los labios – ups.
- ¿Qué has querido decir?
- Nada, nada – continuó fregando con más énfasis del necesario – que no voy a decirte nada más, pero piénsalo antes de que sea demasiado tarde.
Caroline siguió concentrada en su tarea y la conversación terminó allí. Sin embargo, Elena no podía concentrarse en absoluto.
Tras romper tres vasos y un plato y molestar más que ayudar con la recogida de la cocina, decidió retirarse a su habitación. Caroline le había dicho que no la esperara despierta, así que suponía que iría a encontrarse con Klaus. Elena seguía pensando que Caroline estaba cometiendo un gran error, pero no era nadie para juzgarla, ella ya era bastante mayorcita como para darse cuenta sola.
De mal humor, se puso un pantalón de algodón y una camiseta holgada de caroline y se tumbó sobre la cama. Mala idea: el ruido y la música que provenían del piso de abajo la irritaban especialmente aquella noche, sobretodo porque no podían dejar de aparecer por su mente imagenes de Rebekah lanzándose al cuello de Damon. Y él respondiéndole encantado.
Soltó un grito ahogado contra la almohada y golpeó el colchón con los pies, como una niña víctima de una pataleta ¿Qué le importaba a ella con quien se acostara? ¿Porqué le daba tanto coraje? Elena Gilbert nunca había sido tan irracional, jamás se había dejado llevar por una simple atracción... ¡nunca había deseado a un hombre al que apenas conocía!
Porque ese era otro asunto... ¿Quién era Katherine? Damon había pronunciado su nombre... y Caroline había hecho esa afirmación tan críptica sobre enamorarse de alguien que mereciera la pena por una vez... Elena sospechaba que había algo que nadie quería contarle y lo peor era que sentía muchísima curiosidad por descubrir qué era. Harta de si misma, se incorporó ¿Qué más daba? No es que tuviera ni un mínimo de confianza con él como para preguntárselo. Estaba siendo víctima de un claro caso de síndrome de Stockolmo que le estaba nublando la razón. Sí, eso tenía que ser.
Pero ser consciente de ello no la ayudó a conciliar el sueño. Escuchó pasos en el pasillo y se puso todavía más alerta. ¿Estaría con ella? Después de lo que le había hecho... de cómo había insistido hasta morderla... de cómo la había incitado para besarla... ¿Sería capaz de acostarse después de todo con Rebekah? El muy cerdo... seguro que sí...
Se levantó de la cama con la excusa de ir a por un vaso de agua, se puso una bata de Caroline y se dirigió hacia las escaleras. Sin embargo, en vez de bajar, tomó la dirección contraria. Siguiendo uno de esos impulsos que tantos problemas le habían ocasionado desde que la habían traído a la mansión, subió hasta el piso de arriba y se adentró en las habitaciones de los vampiros. Llegó a la de Damon sin ninguna dificultad y se quedó parada frente a la puerta como una idiota. Muy bien Elena, ¿y ahora qué?. Estuvo a punto de golpearse contra la madera por estúpida cuando se le ocurrió una idea mejor: acercó la oreja, esperando encontrar algún ruido que la sacara de dudas sobre si Rebekah estaba allí o no, pero no escuchó nada. Aguantó allí un par de segundos más: nada. Entonces, la puerta se abrió y ella se cayó hacia adelante y perdió el equilibrio. Por suerte, unos brazos la sujetaron e impidieron que se diera de boca contra el suelo. Al toparse con la sonrisa de Damon, se apartó rápidamente e intentó mantener la poca dignidad que le quedaba.
- Hola – sonrió él apoyando un brazo en el marco de la puerta. - Escuché el latido de tu corazón.
- Puedes ahorrarte esa sonrisa, solo... iba a por un vaso de agua.
Damon alzó una ceja.
- ¿En mi habitación?
- Es que... Estaba buscando a Caroline – improvisó Elena – ¿La has visto?
- Claro que si, y tu también sabes donde está. - Elena levantó disimuladamente la vista por encima del hombro de Damon y él se dio cuenta – Estoy solo, si es eso lo que has venido a comprobar.
Elena se ruborizó. Damon amplió la sonrisa y ella se puso realmente nerviosa. Se pasó las manos por el cabello y se dio media vuelta.
- Esto... yo... ya me iba...no...
Pero antes de que pudiera dar un paso, Damon la sujetó por el antebrazo.
- Elena, espera. Tenemos que hablar.
Ella se tranquilizó un poco y volvió a darse la vuelta. Entonces él aprovechó y fue acercándose a ella, provocando que Elena retrocediera hasta, una vez más, toparse con la pared.
- No tengo ninguna intención de acostarme con nadie más que contigo. - le susurró Damon frotando la punta de su nariz con la de la chica.
Elena, harta de verse siempre en la misma posición, lo empujó.
- ¡Ese es el problema! Que yo no soy así... yo...
- ¿No eres cómo? ¿Humana?
- Hace dos días me tratabas como una basura Damon, y ahora estoy aquí, controlando que no te estés acostando con otra.
- Lo reconoces – sonrió de nuevo.
- ¿Qué más da? Es todo igual de absurdo...
- No hay nada absurdo, Elena, entre nosotros hay algo y a los dos nos encantaría vivirlo. No entiendo porqué te pones así.
- Porque crecí odiándote – chilló – porque me han enseñado a odiar a tu raza, porque tu me arrancaste de mi casa y me hiciste tu prisionera, y porque ni siquiera hemos mantenido una conversación civilizada. ¡Yo no soy así!
- Y yo tampoco persigo jamás a una mujer – contraatacó Damon acercándose de nuevo a ella – ni tengo que insistir tanto para llevarme a nadie a la cama y contigo estoy haciendo una excepción. Así que estamos en paz.
- ¿Porqué yo, Damon? - lloriqueó Elena, derrotada – puedes tener a la que quieras ¿Porqué yo?
- No lo se... porque sí – se encogió él de hombros - ¿Porqué viniste tu a verme cuando me estaba muriendo? ¿Porqué estás aquí ahora? Dale respuesta a eso y la tendrás también a tu pregunta.
Elena se quedó confundida y tragó saliva para intentar sacarse el nudo que se le había formado en la garganta.
- Esto... no me gusta.
- Claro que te gusta, igual que te gustó lo que pasó en tu habitación, lo que pasa es que no quieres reconocértelo a ti misma porque estás muerta de miedo. Y lo entiendo, pero nunca he sido un hombre paciente y no voy a estar esperando eternamente a que te des cuenta de lo que realmente quieres.
- No me fio de tí.
- Ni yo de ti, volvemos a estar en paz.
- Y estamos peleándonos todo el rato...
- Eso le da emoción al asunto, ¿No crees? Conseguí que reconocieras que te gustó el beso, ahora reconoce que te encantó que te mordiera.
- Eres despreciable.
- Ya lo se.
Sin que ella fuera consciente, Damon fue aproximándose cada vez más, tanto que terminaron de nuevo uno enfrente del otro, tan cerca que sus respiraciones se entremezclaban. Él bajó la mirada hacia la apetecible boca de la chica y luego, se mordió el labio inferior en un gesto que provocó un cosquilleo en el vientre de Elena.
- Lo del otro día es un juego de niños en comparación a las cosas que me gustaría hacerte.
Elena boqueó intentando contestarle algo ingenioso, pero la sangre se le había concentrado en una parte que obviamente no era el cerebro y no fue capaz. Damon aprovechó el momento para posar una mano en la cintura de la chica, pero antes de que pudiera inclinarse para probar sus labios, una voz conocida volvió a interrumpirles.
- Vaya, vaya, ¿Así que por eso me echaste de la habitación? - Rebekah se acercó hasta ellos con las manos sobre la cadera y una actitud más divertida que molesta – interesante... ¿esta no es la chica Gilbert?
Damon y Elena se separaron inmediatamente y Rebekah se acercó hasta la morena para analizarla bien de cerca. Elena se sintió como una presa a la que el depredador olisquea antes de clavarle un mortal mordisco, pero se mantuvo todo lo rígida que pudo para no darle la satisfacción de ver que le tenía miedo. Rebekah rió divertida al ver su actitud y le apartó suavemente el cabello del cuello.
- O quizá... - siguió inclinándose hacia Elena – Esto es por los viejos tiempos... Si no recuerdo mal, Damon, tu eras más del lado izquierdo...
Entonces Elena sintió miedo de verdad y se acercó instintivamente a Damon.
- ¡Oh que tierno! - Rebekah soltó una carcajada - ¿Piensas que él te protegerá? ¿Qué es esto Damon? ¿Es que te has olvidado de que es tu enemiga? No me digas que para variar, tu entrepierna ha podido más que tu cerebro.
- Rebekah, cállate y lárgate de aquí de una puta vez. - espetó Damon apretando los puños con fuerza – ya me he cansado de tus tonterías.
- ¿De verdad prefieres una humana insípida que a mi?
- No prefiero nada, lo único que quiero es que me dejes en paz de una puta vez. Deja de comportarte como una buscona y vuelve con tus hermanos.
- Eres un cretino – le respondió ella muy cabreada – te arrepentirás de esto.
- Y tu te arrepentirás si abres la boca – la advirtió Damon levantando el índice a modo de amenaza – recuerda que tus hermanos no te conocen, pero yo si, y sería una lástima que supieran lo zorra que es su hermanita pequeña.
Rebekah le dio un bofetón que resonó en toda la casa con tanta fuerza que lhasta e hizo un corte en la mejilla. Luego se alejó de allí usando su velocidad vampírica y al fin, volvió a dejarlos.
Cuando Elena fue capaz de reaccionar, se apresuró a huir también, pero Damon volvió a interceptarla.
- Esto no está bien, Damon – le dijo desesperada una última vez – ni siquiera apruebo tu manera de vivir...
- Eso no es verdad, te duele reconocerlo, pero estás empezando a hacerlo.
Elena negó con la cabeza.
- Claro que si, no es tan horrible como te esperabas, ni vivir en este lugar ni ser un vampiro. Te hemos roto los esquemas y te asusta reconocer que estás a gusto entre nosotros. Que quieres estar conmigo.
Ella siguió negando hasta que Damon la sostuvo por la barbilla e hizo que parara.
- No voy a perseguirte más, Elena. Cuando te des cuenta de lo que quieres realmente, ya sabes donde encontrarme.
Él parecía molesto, la soltó bruscamente y se giró para dirigirse a su habitación. Y a pesar de que eso era lo que Elena quería, no se sintió liberada, sino todo lo contrario. Pero antes de que pudiera reaccionar, una fuerte explosión resonó en sus tímpanos y las paredes temblaron tanto, que se cayó al suelo. En esos segundos, Damon rectificó su camino y la cubrió con su cuerpo.
- ¿Estás bien? - susurró cuando todo pareció haber pasado. Elena seguía temblando y Damon la sujetó por los brazos – Elena, contéstame ¿Estás bien?
Elena asintió, pero todavía escuchaba un fuerte pitido en los oídos y la voz de Damon sonaba lejana y amortiguada.
- ¿Qué ha pasado? - dijo sintiendo seca la garganta
- No lo se, voy a ver. Vete a tu habitación y no salgas de ahí ¿Me estás escuchando?
Ella asintió y Damon se fue corriendo de allí. Cuando se recobró del susto, caminó hasta su habitación. Pero cuando se encontró de nuevo entre aquellas cuatro paredes sintió que no podía quedarse de brazos cruzados. Algo había pasado y tenía que averiguar que todo el mundo estuviera bien. Su subconsciente volvió a traicionarla, y sintió que las palabras de Caroline sobre que aquel lugar se había convertido en su hogar tenían más significado para ella de lo que había imaginado al escucharlas. Corrió hacia la ventana y vio un gran revuelo de gente amontonada en una de las partes del jardín, justo en la que ella y Caroline habían estado plantando rosas hacía unas semanas. Sin pensárselo dos veces, bajó las escaleras de dos en dos y salió por la puerta trasera.
- Elena, ¿Qué estás haciendo aquí? - la interceptó stefan – vete, es lo mejor.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó ella levantando la cabeza para ver algo - ¿Que son todos estos gritos?
Dejándose llevar por su curiosidad, aprovechó el aturdimiento de Stefan para correr hacia el lugar del que provenía el barullo y pronto se dio cuenta de que algo estaba en llamas. El cobertizo que estaba pegado al ala de la mansión que tenía más habitaciones ocupadas estaba en llamas y por consiguiente, prácticamente toda la pared de la casa estaba teñida de color negro, señal de que habían apagado el fuego que debía haberse extendido a través de la vegetación y las cortinas de la fachada. Elena se llevó las manos a la boca al ver semejante desastre y las lágrimas brotaron sin control de sus ojos al observar lo que Stefan había intentado evitarle: varios cadáveres de vampiros y humanos con los que llevaba conviviendo semanas esparcidos por el suelo, calcinados, en posturas horribles. Se tapó la nariz porque el hedor era insoportable y las lágrimas le nublaron los ojos. Entonces vio a Damon clavándole una estaca a uno de los cuerpos quemados que se retorcían en el suelo. Era Rose. Los sollozos descontrolados de Elena alertaron a Damon, haciendo que se girara en su dirección y su mirada se suavizara por unos instantes. Pero no hizo nada por acercarse a ella esta vez porque tenía cosas más importantes que hacer. Cuando Stefan se acercó a su hermano y le puso una mano en el hombro, Elena pudo escuchar perfectamente las palabras que salieron de los labios del mayor de los Salvatore.
- Esta vez si que ha sido John. Supongo que quería demostrarnos cual es su estilo. - Derrotado, se dejó caer al lado del cadáver gris de Rose y se pasó las manos por el cabello despeinado.
Entonces, Elena vio el horror en el que se había convertido el hermoso jardín de Caroline y se dio cuenta de que había sido una estúpida. De que su padre, o su raza en general, no eran mejores que la gente que tenía delante. De que los humanos eran unos monstruos tan o más despiadados que aquellos que les habían enseñado a odiar. Se dio cuenta de que su lugar había dejado de estar entre aquella gente y de que lo que acababa de pasar le había dolido más incluso que el rechazo de John o el fracaso de Matt. Se dio cuenta en ese momento de que lado estaba y decidió iba a dejar de luchar por alguien que no solo no la quería, sino que estaba dispuesto a cometer semejante matanza, aun a sabiendas de que ella podría encontrarse ahora en medio de los muertos.
- Vamos Elena, por favor. - La mano amable de Stefan se posó en uno de sus hombros. Elena miró a Damon por última vez, pero este tenía la vista clavada en el horizonte y parecía haber dejado de reparar en su presencia.
- Lo siento – susurró Elena entre sollozos – lo si..siento...
- No ha sido culpa tuya, venga, es mejor que vuelvas a la mansión.
Elena asintió y se dejó arrastrar de vuelta al interior de la casa. De su casa.
Mil gracias por vuestra infinita paciencia ;)
