Tema: Muse- Uprising

"El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad." (William Shakespeare)

Capítulo Noveno-Presentes y conflictos

El destino trabaja de maneras extrañas, esa es una conclusión irrefutable. De lo contrario no existe una explicación lógica para el hecho de que una pequeña vampiro neófita esté parada frente a la humilde casa del Jefe de Policía del pueblo, humano indefenso e ingenuo, al menos a mis ojos. Para agregar un poco más de paradoja o comicidad a la situación, le he traído una gran cantidad de comida casera hecha por Esme, la matriarca de mi clan. Mujer que no toca una olla hace siglos. Charlie había pasado la prueba, había sobrevivido a mí, gracias al apestoso café que enmascaraba su verdadero aroma y lo hacía muy poco apetecible.

Déjalo en paz, lárgate de aquí y permite que la pobre criatura tenga una vida simple y sencilla como la que ha llevado hasta ahora.

Mi inconsciente gritada desde alguna aparte de mi complejo y fragmentado cerebro. No quería, era un ser esencialmente egoísta y había algo en Charlie que me llamaba. Haciendo caso omiso a cualquier nueva advertencia, caminé hacia el pequeño porche.

Toqué tres veces, toques suaves y rápidos, midiendo mi fuerza para no romper la podrida y húmeda madera, pintada de color blanco.

Unos pasos brutos y fuertes se escuchaban del otro lado, cada vez más cerca, hasta que finalmente Charlie dio con la cerradura, para recibirme con una pequeña sonrisa y vestido con ropa casual. Jeans, camisa y botas.

—Hola Bella.

—Buenos días Charlie, te he traído algo de comida preparada por Esme. —Respondí mientras le entregaba la pesada canasta.

—Esa mujer es increíble. Pasa por favor…

Entré lentamente en el pequeño y acogedor espacio. Una pequeña casa, con muebles simples y desvaídos me recibió. Pocas cosas, algunas fotos colgaban de las débiles paredes. Me acerqué, no era necesario, podía verlas perfectamente desde donde me encontraba, pero aún así lo hice.

Un Charlie joven y sin bigote sonreía hacia la cámara mientras abrazaba a una pequeña chica rubia, de ojos grandes y azules.

Renée… ahí estaba. Quise odiarla, por dejar a Charlie solo. Pero no pude, ella parecía tan joven, tan pequeña e indefensa, quería conocerla tomarla de la manos y preguntarle qué había ocurrido. ¿Cómo se fue así, olvidando una vida y un esposo?

El sonido de la puerta del frigorífico al cerrase hizo que saliera de mis pensamientos. Charlie había acabado de guardar la comida y caminaba hacia el hall con una pequeña sonrisa. Sin dudas Esme había enviado cosas deliciosas para él.

Tomó unas llaves con un sujetador de cuero negro que colgaban detrás de la puerta y me guió hacia el garaje.

¡Vamos!

En el sucio y polvoriento lugar había muchas cosas, herramientas, revistas, periódicos, bicicletas, y por último algo grande cubierto por una manta blanca. Charlie se acercó y lo descubrió.

Una vieja camioneta se presentó ante mí, gran tamaño. Rojo, óxido y opaco lo caracterizaban, sin dudas la veterana máquina había conocido tiempos mejores. Se alzaba en todo su tamaño por sobre los demás objetos minúsculos, proclamándose reina en esa tierra de polvo y chatarra.

—Esta es Bethsy… — habló un satisfecho Charlie, posicionando sus brazos en jarras y saludando con nostalgia en la mirada, la maciza entidad frente a él.

¿Bethsy? ¿Ella tiene nombre?

—Es ridículo, lo sé... Pertenecía a Renée, a ella le gustaba ponerle nombre a algunas cosas. Cuando se marchó la dejó aquí. — dijo mientras acariciaba con cariño el toldo de Bethsy.

—…y no fuiste capaz de venderla. — No necesitaba preguntar, su actitud me lo decía.

—No. ¿Cómo hacerlo? Fue un regalo. Ahorré durante meses para poder comprarle esta camioneta. En ese entonces era nueva, Renée pasaba horas, parada en la vereda de la tienda observándola. Fue amor a primera vista. En fin… —dio otra gran y ruidosa palmada a Bethsy para dar el tema por terminado. — vamos a los que nos compete. Hoy saldrás de aquí manejando niña.

Sonreí ante su entusiasmo y su capacidad para sobreponerse. Eso me gustaba de Charlie. Él era fuerte.

Se metió en la camioneta y la condujo hasta en un gran espacio verde detrás de la casa. Lugar amplio e ideal para las lecciones.

Reconozco que me asustó un poco el sonido del motor de la pobre Bethsy, era bastante ruidosa, definitivamente ningún auto Cullen hacía ese sonido. Sonreí ante la imagen del volvo de Edward haciendo tanto lio. No, definitivamente eso nunca ocurriría.

Charlie se pasó al asiento del acompañante y me indicó que me sentara. Entré en la aparatosa camioneta, era bastante amplia, olía a menta, tabaco y vainilla. Todos aromas contrapuestos, la vainilla probablemente se debía al perfume de Renée, por otro lado le gustaba enmascarar su olor a cigarro con menta. Ella fumaba, me pregunté si Charlie lo sabía. Diecisiete años y el aroma aún no se dispersaba, probablemente a él le gustaba de esa manera.

—Bien Bella. Presta mucha atención —Charlie adoptó voz de mando, fuerte y clara. Intentando de esa forma obtener toda mi atención. Confiaba en que esto no sería para nada complicado. Había puesto mucha atención en los movimientos de pies y manos que realizaban cuando conducían Carlisle, Edward, Esme y hasta el mismo Charlie.

Definitivamente sería algo simple y muy divertido.

—Tienes toda mi disposición para aprender Charlie y soy una muy buena alumna.

—Bueno, esta es la palanca de cambios, este es el freno, este el acelerador y por último el embrague. — me indicó con una mano mientras señalaba cada uno de los elementos nombrados.

Como había previsto, fue muy fácil. Dos horas después Charlie y yo dábamos una pequeña vuelta por Forks. Había captando al instante como hacerlo, la coordinación no era un problema, pero tuve que fingir algunas dificultades para que Charlie no sospechara. La realidad era que estaba acostumbrada a andar rápido, como el resto de la familia. Así que pronto intenté llevar a Bethsy a lugares que ella no podía. La pobre no sobrepasaba los sesenta kilómetros por hora.

—Ten cuidado nena, o el Jefe de Policía Swan querrá arrestarte por exceso de velocidad. —me advirtió de manera juguetona, pero sin dejar de ser una advertencia.

Finalmente volvimos y estacioné exitosamente frente a la pequeña casa. Bajamos y Charlie me invitó a tomar un café.

—Vamos a tomar algo para calentarte.

—Eh, Gracias Charlie. Pero ya se ha hecho un poco tarde, debería llamar a Esme para que viniera por mí. — quizás, si lograba que él entrara a la casa podría irme corriendo. Saqué el Iphone e intenté simular una llamada, pero me interrumpió.

—Nada de eso. Aprendiste a manejar muy bien y no hay necesidad de molestar a Esme. Puedes llevarte a Bethsy…

Este hombre siempre me sorprendía.

—Pero aún no tengo el registro Charlie.

— ¡Bah! Eso es sólo papeleo y tu conduces mejor que muchos idiotas de por aquí. Además la autoridad soy yo —dijo agitando una mano y guiñándome un ojo de manera cómplice.

Y así fue como salí a las calles del húmedo Forks con Bethsy, autorizada por el mismo Jefe de Policía. Intenté declinar la oferta, la camioneta era importante para él y no quería dañarla, pero no me permitió refutar. Solo dijo que me la llevara, que era bueno que volviera a ser usada y que no escucharía ni una sola palabras más. Al final su testarudez fue la que ganó.

Aquí estaba, tratando a Bethsy con amor y marchando lento. Cuarenta kilómetros por hora, me había acostumbrado ya al gran ruido que hacía, pero el paso de tortuga estaba matando mi temple. Dios, yo corría más rápido que esta cosa. Tardé el triple en llegar a casa. Nunca había apreciado la velocidad de los autos hasta ahora.

Mi desesperación aumentó al ver el Volvo plata y el BMW rojo de Rose estacionados frente a la casa. Mis hermanos habían llegado. Sin darme cuenta apreté mis dientes y pisé el acelerador, Betsy intentó sobrepasar los sesenta kilómetros pero solo logré que vibrara de manera violenta y su ruido se acrecentara, el motor crujía. Con el gran estruendo logré que mi familia saliera de la casa cuando llegué hasta ellos.

Emmet y Jasper estaban tirados en el suelo riendo como posesos. Corrí y me abrace a Alice.

—¡Que felicidad tenerlos de regreso! Creí que llegarían el lunes temprano.

Alice correspondió a mi abrazo.

—Nos aburrimos y decidimos volver antes. —explicó encogiéndose de hombros. Alice aburrida de comprar en Italia y Francia. Eso me sonaba extraño, aquí había algo mal. De todas formas no dije nada.

Edward parado sobre las escaleras del porche miraba estático y con los ojos como platos al viejo monovolumen.

—¿De dónde diablos sacaste eso Bella? — Al oír el tono enfático, efusivo y atónito de Edward. Los dos vampiros en el suelo volvieron a perder la compostura y estallaron en risas.

Alice, me observaba con ojos apenados.

—Ella es Bethsy, es la camioneta de la ex-esposa de Charlie y me la prestó. — expliqué señalando al macizo móvil. Miré a Rose, ella se esforzaba por esconder su diversión sin éxito.

¿Qué demonios ocurría?

Edward dedicaba una afilada y aguda mirada hacia sus risueños hermanos. Lo miré tratando de descubrir que ocurría pero él solo negó y entró en la casa. Alice corrió detrás de él.

Rose se acercó lentamente a mi.

—Él te trajo algo. Estaba ansioso por dártelo por eso volvimos.

Miré a Rose con un gran interrogante en mi rostro. Ella solo se encogió de hombros.

—Será mejor que lo veas tu misma. Está en el garaje.

No tardé en llegar al amplio estacionamiento, que más que un garaje parecía un museo de autos. Hoy había algo diferente, un artículo más. Entre los lujosos y caros coches de la familia había un pequeño bulto negro. Pequeño comparado con Bethsy, pero midiéndolo con el elegante y anatómico Audi-TT que descansaba a su lado era prácticamente del mismo tamaño. Me acerqué y con mucho cuidado retiré la fina tela oscura que lo cubría.

Un precioso auto descapotable, color rojo puro se lució ante mí. Me invitaba a tocarlo, y lo hice. Lo recorrí suavemente acariciándolo apenas con las yemas de los dedos, recorriéndolo en toda su longitud, repasando sus afilados ángulos. Era absolutamente hermoso, lo simbolizaba un furioso toro.

—Es un Lamborghini Aventador. Creí que te gustaría… —Edward habló a mis espaldas. Lo encontré parado bajo el marco de la puerta, con las manos dentro de los bolsillos su pantalón.

—¿Es para mí? —hablé completamente estupefacta.

—Aun te debo un regalo. —se encogió de hombros. — De todas formas ya no importa, el de Emmet fue mejor y Charlie te dio un auto antes.

Sin pensarlo caminé hacia él y le di un gran abrazo. Abrazo que dejó petrificado a Edward pero que luego de un momento respondió.

—¡Me encanta! ¡Es hermoso!

—No es necesario que mientas Bella. — Edward podía ser realmente obstinado.

—No estoy mintiendo. Debería decirte que no, que es mucho, pero me gusta demasiado. — luego de transitar sobre Bethsy, sabía cuál era el valor de un buen auto.

Corrí hacia el vehículo y salté dentro de él. El aroma a cuero nuevo y pulcro me invadió. Era magnifico. Una gran y emocionada sonrisa se dibujó en mi rostro delatando mi estado. Las llaves estaban puestas.

— ¡Vamos Cullen! Siéntate. Vamos a probar este bebé.

En menos de un minuto Edward estuvo sentado junto a mí. Puse en marcha el Lamborghini. Ronroneó suavemente como un gatito dócil, fue tan natural, como si el vehículo fuera una extensión de mi cuerpo.

Puse primera, apreté el acelerador y antes de que soltara el embrague Edward habló.

—Ten cuidado. No es como ese adefesio que venías conduciendo hace un rato, esto es mucho más rápido. — Gracias al cielo lo era. Escuchadas todas las indicaciones solté el pedal.

Volábamos a toda velocidad por la carretera, la felicidad y la alegría me envolvía, el auto era una maldita maravilla y era mio.

—Realmente te gusta. — Edward concluyó ante mi sonrisa maniática.

—Te lo dije. Pero no quisiste creerme.

—Ahora lo creo.

Volvimos a la casa. Emmet nos esperaba fuera, sus musculosos brazos cruzados sobre el pecho y una pequeña risita wasónica.

—¿…y bien? Aunque obviamente no supera mi regalo ¿qué te pareció? ¿Sabes?, Edward tuvo que pelear con un viejo para obtener tu auto. Fue muy divertido verlo maldecir en ruso.

Miré a Edward.

—Es una edición limitada, solo hicieron veinte de estos. Era el último en rojo y ambos lo queríamos.

—¿Cómo lo conseguiste?

—Dupliqué la oferta y Emmet estaba preparado para darle un susto al anciano.

—Claro que si, queríamos ese auto para nuestra Bellita y lo íbamos a obtener. — agregó Emmet con suficiencia.

—No era necesario. Podías haber optado por otro.

—¿Estás loca Bella? Claramente no conoces a Edward, vio el vehículo en exhibición e inmediatamente pensó que era para ti. No iba a dejar que nadie se lo quitara. Puede ser muy obsesivo cuando quiere algo.

—Lárgate Emmet. — gruño Edward por lo bajo.

—Sólo quería saber si Bella iba a quedarse con él o prefería ese viejo monovolumen. ¿Sabes?, Tengo una jugosa oferta si no quieres el auto.

Edward volvió a gruñir pero esta vez mucho más alto.

—Está bien, ya entendí. Me voy.

Divertida por las tonterías de Emmet me giré hacia Edward y me acerqué un poco.

—No tenías que hacer eso, de verdad.

—Sí, tenía. Lo que dice Emmet es verdad. El auto debía ser para ti, es perfecto.

Lo tomé tímidamente de la mano y miré sus preciosos ojos dorados. Se veía tan hermoso como siempre, cada vez que la luna iluminaba su rostro lo hacia ver mágico y etéreo.

—Gracias… —susurré de forma baja e íntima. Sólo para nosotros. —Te extrañé. —agregué sin pensar, intentando transmitirle toda la nostalgia y la tristeza que me provocó su ausencia.

—Y yo a ti. — no estaba mintiendo. Sus ojos reflejaban mis mismas sensaciones.

En ese momento entendí que algo estaba naciendo entre nosotros, era profundo, y pequeño, pero su curso era de carácter crónico, sólo necesitaba tiempo para crecer.

La única interrogante que quedaba era, si sería ¿para bien o para mal?, porque tristemente ya no había elección. Recordé la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta donde los amantes caminan inevitablemente hacia la desgracia. ¿Nos pasaría a nosotros lo mismo? No podía evitar que esos pensamientos tristes y dolorosos llenaran mi mente.


Los personajes utilizados en esta historia son propiedad de la Sra. Meyer, parte de la trama utilizada nace del "Twilight" original también de su pertenencia. El resto sale de mi.

Capitulo beteado por mi querida Vhica, gracias.

Capitulo dedicado a mi adorada Pix, hermana del alma.

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Gracias por leer, es mi primer historia y se que me falta mucho...sus lindos comentarios y sus visitan alimentan mi ánimo.

Besos, y hasta el próximo...