Hola hola gente linda de mi corazón!

Al fin estoy de vuelta actualizando mi locura! Lamento haber demorado de nuevo una semana…

Bueno, no quiero adelantarles mucho sobre este cap que les traigo hoy, si bien quedó bastante extenso, lo que narro en esta ocasión tiene más que ver con la situación actual de nuestros queridos protagonistas que en el cap anterior. Esta vez no habrá viajes en el tiempo, recién en el próximo retomaré los 'seudo' flashbacks (digo seudo porque jamás me avispé antes de presentarlos así… je!)

Así que sin más para aclarar por ahora, lxs invito a leer el NUEVE en paz y por supuesto espero que lo disfruten y me cuenten qué les pareció!

Aclaración importante: La canción que escucha Darien en la radio y traduce un fragmento de la letra es "High and dry" de Radiohead. Hecha la salvedad, lxs dejo leer!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Besitos miles!

Bell.-


:: Capítulo Nueve ::

Algunos días pasaron y todo parecía continuar transcurriendo con total normalidad para Serena. Seguía ocupándose de su trabajo como siempre, por fortuna su relación con Seiya no se vio más afectada después de la última discusión que tuvieron y además luego de la cena en la casa de su papá no había vuelto a saber más de Darien.

Para su sorpresa él no había intentado ponerse en contacto con ella de nuevo, lo cual consideraba que era lo mejor, lo más adecuado, lo más correcto. Pero al mismo tiempo, aunque le costara admitirlo, se sentía algo inquieta por su silencio. Quizás sería que él no querría importunarla tras enterarse de su compromiso, aunque ella le haya dicho abiertamente que se alegraba de volver a verlo y que creía que a pesar de todo lo que había sucedido entre ellos y después de todo el tiempo que pasó tal vez no sería tan malo que volvieran a acercarse.

Pero no quiso preocuparse demasiado al respecto, tenía asuntos más importantes de los cuales ocuparse, sobre todo después de haber fijado la fecha definitiva para su boda, esa era su prioridad ahora, después de sus responsabilidades con el hotel por supuesto.

Cuando el fin de semana llegó, durante el transcurso de la mañana del sábado se dedicó a descansar durmiendo hasta tarde como hacía mucho que no lo hacía y después de un desayuno ligero y una rápida ducha salió a hacer algunas compras. Rei y Nicolas la habían invitado a almorzar al templo, y aunque ya casi no era habitual en ella, había aceptado gustosa la invitación, ya que se reuniría con sus amigos como hacía mucho no lo hacía y además también iría Darien.

Le entusiasmaba la idea de compartir un encuentro informal con todos, como en los viejos tiempos, y esperaba que la ocasión sirviera para distender un poco las cosas con él e intentar recuperar algo de la amistad que alguna vez habían compartido. Al menos en su mente, después de mucho meditarlo y reflexionarlo, lograba considerar a este reencuentro como algo bueno. Antes que todo, ellos habían sido muy buenos amigos en el pasado, y quizás podrían volver a entenderse en esos términos. Además su novio había accedido a que volvieran a acercarse y eso le daba tranquilidad. Sentía que todo estaba completamente bajo control.

Se dirigió hacia lo de Rei en su auto y cuando llegó reconoció la motocicleta de Darien aparcada cerca de las escaleras. E inevitablemente se sintió ansiosa al saber que él ya estaba ahí, todo su autocontrol parecía comenzar a tambalear al saber que estaba a escasos minutos de volver a verlo y eso no estaba nada bien. Si tan solo no hubiera tenido que ir sola, quizás se habría sentido menos insegura.

Pero no quería permitir que sus emociones la desbordaran ni le jugaran una mala pasada sacándola de su tan valorada y estructurada personalidad centrada y estable. Así que inspiró profundo para soltar un largo suspiro y una vez que estacionó su auto subió las escaleras.

Al llegar, se encaminó directamente hasta la casa y golpeó a la puerta. Como nadie aparecía, decidió pasar y una vez dentro comenzó a recorrer el lugar con la mirada intentando encontrar a alguien .—¿Rei? —llamó a su amiga pero nadie respondió. Escuchó voces a lo lejos y pensó que quizás sus amigos se encontrarían en el patio, así que se dirigió hacia allá.

Cuando llegó se detuvo enseguida al encontrarse con una escena totalmente inesperada para ella: en el medio del patio estaba Darien sentado en el suelo acompañado de las hijas de Rei. Por lo que alcanzaba a oír parecía que les estaba relatando un cuento de un modo muy gracioso y las niñas lo escuchaban con atención y soltaban carcajadas cada vez que él hacía algunas muecas. Y mientras Serena lentamente se acercaba a ellos, sonreía enternecida al verlos tan divertidos.

—¿Y ustedes saben cómo se hace para lograr que los monos se bajen de un árbol? —continuó Darien en tono misterioso. Las niñas impacientes negaron con la cabeza—. ¡Haciéndoles cosquillas bajo los brazos! —dijo él mientras las 'atacaba' con cosquillas y ellas se las devolvían muertas de risa haciéndolo caer de espaldas al suelo—. ¡No! —exclamó también risueño—. ¡Auxilio, por favor! ¡Que alguien me ayude! —y los tres reían a carcajadas.

—Hola, amiga —dijo Rei al acercarse a Serena que no se había dado cuenta de que había llegado a su lado.

—Hola, Rei —la saludó Serena—. ¿Cómo estás?

—Qué lindo tenerte de nuevo en casa, Serena —Rei la abrazó efusiva haciéndola reír—. Hacía tanto que no nos visitabas —dijo al soltar el abrazo.

—Toma —dijo Serena al entregarle el paquete que había llevado—, traje algo para el postre.

—¿Será que lo preparaste tú? —bromeó Rei al recibirlo y ambas rieron—. Qué lástima que no pudieron venir las chicas —dijo con cierto pesar—, así estábamos todos juntos de nuevo —se refería a Mina y Ami, que habían acompañado a sus novios Yaten y Taiki en su viaje de negocios como siempre lo hacían.

—En realidad tenían que viajar el lunes —explicó Serena—, pero tuvieron que adelantarlo porque surgieron algunos contratiempos de último momento en la organización del festival —Seiya también había viajado con sus hermanos y las chicas, pero Serena nunca lo acompañaba porque jamás se permitía ausentarse ni un solo día a su trabajo en el hotel, ni siquiera se tomaba vacaciones.

—Ya veo. Bueno, seguro habrá otra oportunidad —agregó Rei—. ¿Y sabes quién más vino? —dijo en voz muy baja acercándose más a Serena—. El nuevo amor de Lita —soltó una risita pícara—. Es Andrew, el amigo de Darien que vino con él desde EEUU.

—¿En serio? —exclamó Serena sorprendida—. ¡No sabía nada!

—Pues prepárate para verlos juntos —continuó Rei —No lo vas a poder creer, ¡son unos tortolitos!

—Oh, por dios —dijo Serena con entusiasmo—. ¡Me muero de la curiosidad! —hacía mucho que no veían a Lita enamorada, desde que un desalmado al que jamás conocieron le había roto el corazón.

—Pues parece que muy buenas 'cosas' vienen de aquel país —dijo Rei guiñándole un ojo mientras miraba a Darien. Serena rió por su comentario y también lo miró—. ¿No es adorable? —volvió a hablar Rei—. Las niñas están locas por él, ya hasta lo llaman 'tío' —y volvieron a reír—. ¡Mili! ¡Alex! —llamó a sus hijas—. ¡Miren quién llegó!

Las mellizas enseguida voltearon al escucharla. —¡Tía Serena! —gritaron al reconocerla y corrieron hacia ella. Serena se agachó antes de que la alcancen y cuando llegaron las dos saltaron sobre ella para abrazarla con entusiasmo—. ¡Tía Serena! ¡Llegaste, tía! —repetían contentas mientras le daban ruidosos besos en las mejillas.

—Hola, pequeñas —dijo Serena emocionada mientras abrazaba a las niñas con fuerza—. Cuánto las extrañé…

Darien se puso de pie y también se acercó a ellas. —Hola, princesa —le dijo a Serena con una tímida sonrisa cuando llegó a su lado.

Ella soltó a las niñas y se incorporó al verlo llegar. —Hola, Darien —lo saludó también tímida. No dijeron más nada, sólo permanecieron viéndose fijamente a los ojos sin dejar de sonreír, ambos se sentían inmensamente felices por volver a verse, aunque ninguno de los dos se atreviera a decirlo.

Rei decidió dejarlos solos. —Bueno, niñas —las tomó de las manos—, vengan conmigo, necesito que me ayuden a terminar de poner la mesa —y se fueron.

—¿Cómo estás? —le preguntó Darien.

Serena agrandó su sonrisa. —Bien, ¿y tú?

—Bien —respondió él mientras la examinaba con la mirada—. Estás… Estás muy linda —Serena vestía jeans oscuros, una delicada blusa roja sin mangas y zapatitos bajos. La encontraba tan bonita, tan diferente a cuando la vio en el hotel y en la cena en lo de Kenji. Le recordaba tanto a la Serena que había conocido años atrás, de quien se había enamorado…

Y supo que aunque durante los últimos días había estado evitando volver a verla creyendo que era lo mejor para los dos, no podía negar lo que realmente sentía: que la extrañaba, que la necesitaba, y que deseaba con desesperación poder recuperarla.

Ella se sonrojó levemente ante su cumplido y su intensa mirada. —Gracias —dijo con timidez y juntos comenzaron a caminar lentamente hacia la casa.

—¿Viniste sola? —le preguntó él, Serena asintió—. ¿Y Seiya?

—Está de viaje —respondió ella—. Ayer partió hacia Osaka por asuntos de trabajo.

—Claro —Darien no se atrevió a preguntar más, ya que Serena se mostraba renuente a hablar al respecto.

—¿Así que viniste con Andrew? —le preguntó ella.

—Sí, lo invité porque parece que está más que interesado en Lita —respondió él riendo.

Serena también rió. —Eso me contó Rei, ¡estoy muy intrigada!

Siguieron conversando sobre temas ligeros durante el corto trayecto hasta la casa y cuando entraron se dirigieron hacia el comedor. Allí se encontraron con Nicolas que abrazó a Serena apenas la vio. —¡Hola, Serena! —exclamó efusivo—. ¡Siglos sin verte! ¡Qué gusto que hayas podido venir!

—Hola, Nic —dijo Serena al soltar el abrazo—. A mí también me da gusto volver a verte, ¿cómo estás?

—Mejor imposible —respondió Nicolas contento—. Feliz de tener a mis dos queridos amigos en casa después de tanto tiempo —los abrazó a los dos—. ¡Bienvenidos!

Darien reía por la reacción de su amigo. —Gracias, Nic, gracias.

Enseguida se acercaron a ellos Lita y Andrew. —¡Amiga! —ella la abrazó a Serena—. ¡Tanto tiempo sin verte! —la soltó y la miró de arriba abajo—. Qué linda estás, Serena, ¡te ves como la verdadera Serena! —bromeó y ambas rieron.

—Andrew, ven —le dijo Darien a su amigo que estaba de pie detrás de Lita—. Ella es…

—Serena Tsukino —se adelantó Andrew—. Gusto en conocerte, Darien me ha hablado mucho de ti.

—Hola, Andrew —Serena lo saludó cordial—. El gusto es mío.

Darien carraspeó algo nervioso. —Serena, él es Andrew Furuhata —los presentó—, el verdadero responsable de mi regreso a Tokio.

—Tuve que traerlo de los pelos —bromeó Andrew—, pero lo conseguí.

—Qué bueno que lo hiciste —dijo Serena mirándolo a Darien con una dulce sonrisa y él le respondió el gesto con otra.

—Ha sido muy bueno, sí —siguió Andrew—. Sobre todo porque me presentó al amor de mi vida —dijo al abrazar a Lita por la cintura y darle un caluroso beso en los labios.

—¡Oigan tortolitos! —se acercó Rei—. Paren ya con las escenitas melosas que aquí hay niños —los regañó y todos rieron.

—Bueno —siguió Nicolas—, ya estamos todos, ¿verdad?

—¿Y tu abuelo, amiga? —preguntó Serena.

—Viajó a las montañas para hacer un retiro de meditación —explicó Rei.

—Entonces, ¡vamos a comer! —exclamó de nuevo Nicolas y todos se ubicaron en la mesa.

.

.

.

Durante el almuerzo pudieron compartir un momento relajado y distendido entre amigos, y todos disfrutaron del encuentro. No era frecuente poder coincidir todos en una misma ocasión, ésta era la primera vez en mucho tiempo que se reunían aunque el grupo no estuviera completo, pero no dejaba de ser algo especial porque contaban además con la presencia de Darien y Andrew.

Platicaron largo y tendido, poniéndose al corriente de todo lo acontecido en sus vidas, recordando tanto los buenos momentos como los no tan buenos. Comieron, bebieron, brindaron y conversaron durante horas en lo que se había convertido en una reunión sumamente agradable.

Por su parte Serena y Darien no dejaron de intercambiar miradas y sonrisas en todo el tiempo que duró el almuerzo. Pero ella no estaba dispuesta a admitir que se trataba de algo más, sostenía que eran actitudes propias de dos amigos que se habían extrañado y al fin se reencontraban.

Y él casi no era consciente de que estuvo tan pendiente de ella que por momentos no podía disimularlo. Observaba todo lo que hacía, escuchaba atento todo lo que decía, era evidente que estaba cautivado con ella, sólo que aún le costaba reconocerlo, por miedo, por pensar que no era correcto ni conveniente dada su 'situación', pero no podía evitarlo, estaba tanto o más fascinado con ella de lo que creía. Sobre todo al verla tan carismática y dulce como la recordaba.

Después de una larga sobremesa las chicas fueron a la cocina a preparar té y café para todos. Y aprovecharon que se encontraban a solas para cuchichear entre ellas sobre los invitados especiales del día. —Ay, chicas —dijo Lita entusiasmada—, ¡estoy tan enamorada! Andrew es el chico perfecto para mí, es profesional, guapo, simpático, y sobre todo es taaaaan dulce —agregó con un emotivo suspiro y sus amigas rieron por su expresión.

—¿Y tiene algo en común con el tonto que te rompió el corazón? —preguntó Rei.

—¡No! —respondió Lita con seguridad—. ¡Eso es lo mejor! No se parece en nada. Me siento tan tranquila, comprendida, querida, es el chico de mis sueños —volvió a suspirar.

—Estoy muy feliz por ti, Lita —comentó Serena—. Me alegra tanto verte así, enamorada, contenta. Parece ser un gran chico, estoy segura de que todo marchará excelente entre ustedes.

—Gracias, amiga —Lita la abrazó efusiva y las tres volvieron a reír.

—¿Y por casa cómo andamos? —le preguntó Rei con picardía.

—Es verdad, Serena —se acopló Lita—, ¿qué sucede entre Darien y tú? ¿Vas a contarnos? —preguntó impaciente. Y ella y Rei la miraron expectantes.

—¿Qué les pasa? —se defendió Serena—. ¿Qué se están imaginando en esas cabecitas locas? —intentó evadir la pregunta y siguió compenetrada ordenando las tazas en una bandeja.

—Vamos, amiga, no te hagas la inocente —dijo Rei.

—No molesten —refutó Serena—. Simplemente somos dos buenos amigos que se han reencontrado, eso es todo.

—Vamos —siguió Rei—, durante toda la comida estuvieron cruzando risitas y miraditas que no son de 'buenos amigos' —enfatizó—. Todos nos dimos cuenta de eso, ¿o no, Lita?

—Rei tiene razón —dijo Lita—. Yo vi cómo en un par de ocasiones se te quedaba viendo con una singular expresión —y las dos asintieron volviendo a clavar la mirada impaciente sobre Serena.

—¡Basta, chicas! —las cortó Serena frunciendo el ceño para parecer enojada—. Dejen de imaginarse cosas raras. Sólo somos amigos y estamos contentos de encontrarnos de nuevo después de tanto tiempo. Nada más y nada menos que eso —y salió de la cocina para dirigirse al comedor con la bandeja. Las chicas rieron y la siguieron llevando más cosas.

Cuando regresaron al comedor, Serena notó que Darien no estaba ahí y fijándose con disimulo por la ventana lo divisó a lo lejos sentado en una hamaca de madera en el patio bajo la sombra de un frondoso árbol. Decidió que sería una buena oportunidad para acercarse a él y poder conversar un poco, como para distender los ánimos entre ellos e intentar recuperar algo de lo bueno que había existido entre ambos, como amigos, claro. Tomó dos porciones de los dulces que había llevado y se dirigió a su encuentro.

Mientras se acercaba a él, lo observó con detenimiento recorriéndolo entero con la mirada, tenía un aspecto muy informal y bastante juvenil que no entendía por qué la cautivaba sobremanera. Vestía unos pantalones grises con bolsillos laterales, una camiseta blanca y estaba descalzo con las zapatillas y los calcetines a un lado y los pies rozando el espeso césped mientras se mecía en la hamaca con la mirada baja.

—Hola —dijo ella en voz muy baja al llegar a su lado. Darien alzó la vista al escucharla y sonrió—. ¿Puedo? —le preguntó también sonriente al señalar el espacio vacío de la hamaca. Él asintió y Serena se sentó—. Toma —le dijo al acercarle una porción de brownies.

Darien agrandó su sonrisa al recibirla. —¿Brownies? —preguntó sorprendido.

Serena echó a reír por su expresión. —Sí, siguen siendo tus favoritos, ¿verdad? —él asintió contento—. Pruébalos.

Él obedeció y tras degustar el dulce volvió a sonreír. —Por dios, ¡esto sabe muy bien!

Serena comía de su porción. —¿Sabes dónde los compré? —él negó con la cabeza mientras seguía comiendo—. En aquella pastelería cerca de mi casa donde siempre los comprábamos, ¿te acuerdas?

—¿En serio? —preguntó él más sorprendido—. ¿Todavía existe esa tienda?

Serena asintió. —¿Puedes creerlo? Esta mañana pasé cerca de allí y cuando la encontré no dudé en comprarlos.

—Es increíble —dijo Darien—, siguen haciéndolos tan deliciosos como entonces —y terminó su porción disfrutando de cada bocado como un niño con juguete nuevo.

—¿Viste? Son riquísimos —Serena no dejaba de reír al verlo.

—¿Y te acuerdas de aquella heladería a la que siempre íbamos? —recordó él.

Serena asintió de nuevo. —Sí, la recuerdo, de hecho también pasé por ahí para confirmar si seguía funcionando.

—¿De verdad? ¿Aún existe esa heladería?

—Sí, todavía existe.

Darien se recostó en el respaldo de la hamaca. —No lo puedo creer, eran los mejores helados artesanales de todo Tokio —recordó nostálgico.

—Sí, eran demasiado deliciosos —siguió ella—. El de chocolate era toda una tentación.

—Y el de fresas, tu sabor preferido —continuó él.

—¿Aún lo recuerdas?

—¿Cómo olvidarlo? Me volvías loco, no podíamos probar otro sabor que no fuera ése —comentó Darien y ambos rieron.

—Y el de chocolate —agregó Serena.

—Y el de chocolate, claro, ese jamás tenía que faltar —él soltó un melancólico suspiro—. Qué increíble, después de tantos años…

Ambos permanecieron en silencio por unos instantes. Serena, después de terminar su porción de brownies, también se quitó los zapatos y con las puntas de los dedos rozaba el césped del suelo al tiempo que Darien mecía lentamente la hamaca. Ella tenía la mirada fija en sus pies y él la observaba de reojo.

Y cuando ella volteó a verlo, no pudo evitar recordar el día en que la conoció. Y pudo reconocer las mismas sensaciones que tuvo al verla a los ojos por primera vez, esa repentina e inexplicable tibieza que inundaba su pecho al encontrarse con su mirada, tenía la misma expresión tímida y dulce que recordaba, que lo deslumbraba completamente.

Y ella de nuevo lo observaba con la misma ternura y calidez de antes, y se sintió tan tranquilo, tan aliviado, como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si nada malo hubiera sucedido entre ellos.

—¿Sabes? —habló Darien de nuevo atreviéndose a romper el silencio—. Hace unos días pasé por aquella plaza donde nos conocimos —ella sonrió—. Está exactamente igual que en aquella época —comentó nostálgico—, y la librería también sigue estando.

—¿También la librería? —preguntó ella sorprendida—. Vaya, es increíble que tiendas tan sencillas y poco comerciales sobrevivan en esta inmensa ciudad —hizo una pausa y volvió a mirarlo—. ¿Aún conservas el libro que te di? —se refería al cuento que le había regalado antes de que partiera a EEUU.

Darien asintió con una nueva sonrisa. —Por supuesto, y también tengo el mandala que me obsequiaste en mi cumpleaños —Serena agrandó su sonrisa y él echó a reír—. En serio, lo tengo colgado en la pared de mi habitación.

—Vaya —dijo ella bajando la mirada—, qué lindo que aún guardes esas cosas —y un suave rubor se encendió en su rostro.

—¿Sabes qué más tengo? —preguntó Darien y ella volvió a mirarlo—. Todas y cada una de las fotografías que me regalaste.

—Ay, no —dijo Serena algo avergonzada—. ¿De verdad tienes esas fotografías?

Darien rió otra vez. —Claro que sí, jamás me desharía de ellas, son los mejores recuerdos que tengo de Tokio antes de irme.

—Ay, dios, ¡no me quiero ni acordar cómo nos veíamos entonces! —bromeó ella y ambos rieron—. Yo con mis chonguitos —él asintió—, tú con esa horrible chaqueta verde.

—¡Oye! —exclamó Darien molesto—. ¿Por qué horrible?

Serena no dejaba de reír. —Era muy fea, Darien, y tú tenías una extraña fijación con ella, la usabas todo el tiempo.

—No era fea —él intentó defenderse—. Era muy elegante.

—Era aburrida —agregó Serena.

Él bajó la mirada algo avergonzado. —Es cierto —admitió—, es que yo era tan aburrido…

—Yo también debo tener esas fotos —continuó ella—. Tendría que fijarme en la casa de mis padres, seguro deben estar guardadas en mi habitación.

Darien suspiró otra vez nostálgico. —Cuántos recuerdos…

—Sí, muy lindos recuerdos… —dijo Serena también suspirando.

Volvieron a quedar en silencio. Aunque estaban hablando de temas en apariencia triviales, ambos sabían que todos esos detalles que estaban recordando eran parte de su historia, de su pasado juntos, y evocar todas estas cosas les servía para sentir que estaban logrando reencontrarse, reconocerse de nuevo, y querían confiar en que podrían recuperar o al menos tratar de reparar algo de su relación, de su amistad. Quizás no estaría todo perdido, tal vez no era demasiado tarde, al menos para intentarlo.

Darien inspiró hondo para volver a hablar. —Serena… —dijo él.

—Darien… —dijo ella. Los dos se habían nombrado al mismo tiempo y rieron por la coincidencia—. Lo siento —se disculpó ella—. Dime.

—No, no —se disculpó Darien—. Dime tú, te escucho.

Serena soltó un largo suspiro. —Bueno, sólo quería decirte que… Me parece importante aclararte que… —sabía muy bien lo que quería decirle, pero no pudo evitar comenzar a sentirse un poco nerviosa e inquieta. Necesitaba ser sincera con él pero al mismo tiempo quería medir las palabras, no decir nada fuera de lugar para no dar pie a ningún tipo de confusión—. Mira, yo… —evitaba su mirada al hablar y él la escuchaba con atención—. No voy a mentirte, cuando supe que habías regresado me sentí… Fue algo realmente inesperado para mí, yo creí que nunca volverías, que tenías tu vida hecha allá en EEUU, que ese era tu lugar y que no tenías intenciones de regresar, mucho menos de buscarme de nuevo. Pero aunque fue una verdadera sorpresa para mí, después de que te vi y ahora que hemos vuelto a reunirnos aquí, con los chicos, como en los viejos tiempos, creo que después de todo me alegra que estés de vuelta —y lo miró con una leve sonrisa.

Él no podía creer lo que oía. —¿En verdad lo dices?

Ella asintió sin dejar de sonreír. —Sí, Darien —él también sonreía—. Y quiero que volvamos a ser amigos.

—¿Amigos? —preguntó Darien y su rostro se transfiguró al escuchar esas últimas palabras. ¿Serena quería que fueran 'amigos'? Y se sintió un completo tonto al esperar que le dijera otra cosa. ¿Cómo iba Serena a pedirle que fueran algo más que 'amigos'? Si ella ya tenía a alguien más, estaba comprometida, se iba a casar. ¿Podía ser capaz de llegar a tal extremo de ingenuidad? Entre ellos no había más nada, hacía años que todo se había acabado, demasiada buena predisposición mostraba ella al volver a aceptarlo, aunque sea como amigo. ¿Pero él estaba dispuesto a ello? ¿Se sentía capaz de volver a jugar el papel del amigo fiel e incondicional de antes?

Quizás no sería tan mala idea después de todo, tal vez de esa forma lograría estar cerca de ella e intentar reconquistarla, aunque el panorama no pintaba para nada fácil ni prometedor. Pero no tenía nada que perder, ya lo había perdido todo, en realidad tenía muchas cosas por las que luchar para recuperar lo perdido, para reparar lo dañado, para remendar sus errores y sanar viejas heridas.

Serena lo miraba impaciente. —¿Darien?

—¿Eh? —reaccionó él como si acabara de despertar.

Ella echó a reír. —¿Estás bien?

—Sí, sí —respondió él riendo nervioso mientras se rascaba la cabeza—. Es que me quedé pensando en lo que dijiste y…

—¿Y? —preguntó ella más impaciente.

—Estoy… —suspiró Darien resignado—. Estoy de acuerdo contigo —ella sonrió contenta al escucharlo—. Yo también quiero que volvamos a ser amigos.

Serena le tendió una mano. —¿Amigos? —dijo sin dejar de sonreír.

Él demoró un poco en responder. —Amigos —dijo al fin y tomó su mano mirándola fijamente a los ojos.

Y por esos breves instantes en que sus ojos volvieron a encontrarse mientras se tomaban de las manos ambos sintieron que por más que se esforzaran en mostrarse conformes con elegir volver a relacionarse en términos amistosos, entre ellos seguía existiendo una conexión mucho más profunda y especial que una simple amistad.

Sin poder evitarlo se generó una inexplicable tensión en el aire, como si una corriente eléctrica se generara en el contacto de sus manos y comenzara a invadirlos. Darien se puso serio y no era consciente de que muy lentamente se estaba acercando cada vez más al rostro de Serena. Ella también se puso seria y le costaba sostener la respiración regular al notar cómo él miraba su boca con un brillo muy diferente en sus ojos, como si deseara… ¿besarla?

Estaba paralizada, confundida, con la mente nublada, toda la seguridad y determinación con la que acababa de hablar se desvanecieron de repente, y también detuvo su mirada en los labios de Darien, que estaba tan cerca que casi podía percibir la tibieza de su aliento sobre su piel. —Serena… —susurró él casi sin voz y ella miró de nuevo sus ojos que volvían a encontrarse con los suyos, y una inesperada e inquietante sensación invadió su cuerpo al darse cuenta de lo que estaba a punto de suceder.

Pero el sonido de un celular los hizo regresar a la realidad. —¿Es tu teléfono? —dijo ella con voz entrecortada al alejarse de él y soltar su mano.

Darien tuvo que parpadear varias veces para intentar recuperar la lucidez. —¿Qué? —preguntó confundido.

—Ese teléfono que está sonando —continuó ella con un repentino cambio de actitud—, ¿es tuyo? —volvió a preguntar con frialdad.

Él pudo reaccionar al fin. —Ah, sí —respondió nervioso mientras buscaba el celular en su bolsillo. Y al ver quién lo llamaba decidió no atender.

—¿Quién era? —preguntó Serena al notar su repentina incomodidad—. ¿Por qué no atendiste?

Darien se sintió peor al escuchar el modo tan cortante de dirigirse a él, como si la magia que acababa de generarse entre ellos se esfumara de golpe. —Ann —respondió sin rodeos.

—Vaya —dijo ella sin la más mínima expresión de sorpresa o malestar—, conque no pierdes el tiempo —sonrió de lado y él la miró más confundido todavía—. ¿Estás saliendo con ella de nuevo? —le preguntó con una fingida sonrisa.

—Bueno —Darien no podía creer cómo ella podía cambiar de actitud tan rápidamente, hacía unos segundos se mostraba tan cálida y dispuesta a no rechazarlo si él intentaba hacer algo como besarla, y ahora parecía verlo con una mirada acusadora y hasta soberbia. ¿Podría ser que se tratara de celos o algo por el estilo? No podía descifrar ningún tipo de emoción en su rostro, era como si de un momento a otro se tratara una persona totalmente diferente—, en realidad… —estaba tan incómodo que no sabía qué responder—. Sólo nos vimos una vez —bajó la mirada—. Después de que nos encontráramos en el hotel, una noche nos reunimos a beber algo.

—Rei me comentó sobre su reencuentro en el hotel —dijo ella en el mismo tono centrado e indiferente—. Parece que es una buena chica —volvió a sonreír—. No la conozco mucho, pero al menos en su trabajo es muy responsable y comprometida. Qué increíble que haya resultado ser la misma Ann con la que saliste hace tantos años, ¿verdad? —Darien no sabía si hablaba en serio o estaría siendo sarcástica—. Tú lo dijiste, las vueltas de la vida son tan inesperadas… —sí, definitivamente estaba siendo sarcástica. Darien estaba completamente perplejo, no podía emitir sonido. Ella no dejaba de sonreír y él se sentía cada vez más incómodo.

Y de nuevo el sonido de un celular volvía a interrumpirlos, pero esta vez era el de Serena. Lo buscó en el bolsillo de su pantalón y antes de atender sonrió de nuevo. —Disculpa —y se puso de pie para alejarse unos pasos y hablar con reserva.

Darien no dejaba de mirarla y mientras ella hablaba recibió un mensaje de texto en su teléfono. Lo leyó. Era de Ann, le decía que tenía ganas de verlo y que lo esperaba en su departamento. Decidió no responderle, no aún, y volvió a guardar el celular.

Serena no demoró en regresar. —Bueno, tengo que irme —dijo mientras se ponía los zapatos—. Me avisó Luna que mi papá está un poco indispuesto, parece que algo que comió le cayó mal. Así prolijito y serio como lo ves, es tan adicto a los dulces como yo —comentó riendo.

Darien se puso de pie para despedirla. —Ya veo. Bueno, que estés bien…

—Tú también —dijo ella con una nueva sonrisa—. Me dio gusto verte, ojalá volvamos a reunirnos pronto.

Él asintió. —Sí, ojalá —y esbozó una tímida sonrisa—. Dale saludos de mi parte a Kenji.

—Lo haré —respondió ella—. Adiós, Darien —y enseguida se alejó de él.

—Adiós, Serena —y la siguió con la mirada hasta que volvió a entrar a la casa.

.

.

.

Darien se quedó un rato más en el templo, conversando y tomando algún que otro café con los chicos. Y cuando ya comenzaba a anochecer, se despidió de todos y regresó a su departamento en su motocicleta.

Mientras se duchaba y se arreglaba para volver a salir, recordaba el encuentro con Serena y todo sobre lo que habían hablado. Y decidió que aunque todo parecía seguir siendo bastante incierto entre ellos, quería intentar aprovechar la oportunidad para volver a acercarse a ella y demostrarle que estaba dispuesto a recuperarla.

Por más miedo que sintiera a ser rechazado, sabía que estar con ella era lo que más deseaba en el mundo, Serena era el verdadero motivo de su regreso, de su intención de rearmar su vida en Tokio y de conseguir recuperar la estabilidad y el norte que hacía tantos años había perdido.

Pero antes que nada, debía aclarar su situación con Ann. Si bien él estaba completamente consciente de que la había buscado por despecho, para distraerse un poco e intentar relajarse como estaba acostumbrado a hacerlo, sabía que lo mejor era ser sincero con ella y decirle lo que realmente le pasaba. Así que aceptó la invitación a su casa y hacia allá fue.

Ella lo recibió con total naturalidad y soltura, evidentemente también estaba acostumbrada a sostener relaciones ocasionales y para nada comprometidas, era más como si se reuniera con una vieja amiga que con una ex novia.

Estaban sentados en unas banquetas junto al desayunador bebiendo algo de vino y conversando distendidamente sobre temas ligeros. Ella hablaba sobre su trabajo y él le contaba sobre sus novedades laborales. —Así que parece que voy a comenzar a trabajar ahí, por lo menos un par de veces por semana para empezar, y más adelante agregar algunos días más —Darien le explicaba sobre la entrevista que hacía unos días había tenido con el director del centro de rehabilitación donde trabajaba Rei.

—No te noto muy entusiasmado —comentó Ann.

Él se encogió de hombros. —Es trabajo —explicó con desgano—. Cualquier cosa que signifique ganar algo de dinero honradamente me es más que suficiente —y bebió de su copa.

Ann lo miró extrañada. —¿Qué te pasa? —preguntó curiosa—. ¿Estás molesto o enojado?

—Estoy… —respondió él dejando la copa sobre la barra—. Estoy… ¿Cómo decirlo? —no encontraba las palabras adecuadas—. Abrumado —dijo al fin.

—¿Abrumado? —preguntó ella confundida—. ¿Por qué?

—No sé —respondió Darien—. Es como que antes de regresar creía que estaba cien por ciento convencido y decidido a retomar mi vocación, buscar un trabajo relacionado a mi especialidad, algo en un hospital. Pero por momentos puedo ver todo con claridad, sentirme seguro de lo que quiero, de lo que elijo. Sin embargo de un minuto a otro todo cambia tan rotundamente y me confundo y… —ella echó a reír al escuchar su enredado relato—. Soy un idiota, ¿verdad? Hablo como un fastidioso adolescente —y también rió.

Ann dejó su copa sobre la mesa. —No seas tan dramático, Darien —se puso de pie y se acercó a él—. Acabas de llegar, necesitas tiempo para adaptarte —le dio un corto beso en los labios y acarició sus hombros—. Estás muy tenso, déjame ayudarte con eso —le guiñó un ojo con picardía y caminó unos pasos para que él quedara a espaldas de ella—. Te haré unos lindos masajes —agregó mientras le quitaba el suéter—, así te relajas un poco —y comenzó a masajearlo por encima de la camiseta.

Darien no se resistió, estaba tan tenso que aceptó gustoso los masajes. —Sí, ya lo sé —siguió hablando—. Estoy siendo demasiado impaciente.

—Totalmente —Ann volvió a reír—. Tú no eras así, ¿qué te pasó, Darien? —él no respondió—. ¿No quieres contarme? —le susurró al oído—. Entonces déjame adivinar, ¿Serena Tsukino? —retomó los masajes y él asintió con un suspiro—. Por supuesto que es por Serena que estás así —dijo ella algo molesta—. Ay, Darien, Darien… Déjala ir de una buena vez, ella está rehaciendo su vida con otra persona, acéptalo. Y tú deberías hacer lo mismo.

Siguieron en silencio por unos instantes, Ann compenetrada con los masajes y Darien concentrado en la canción que sonaba en la radio. —"Lo mejor que jamás hayas tenido —dijo él traduciendo un fragmento de la letra—, ya no está" —y suspiró con pesar.

Ann suspiró con fastidio. —¡Por dios, Darien! ¿Aún eres aficionado a esa música deprimente?

—No es deprimente —se defendió él—, es melancólica.

—¿Sabes algo? —siguió ella tomándolo del rostro para que la mire—. No existe persona más egocéntrica que un depresivo —y retomó los masajes.

Darien echó a reír. —Si intentas levantarme el ánimo, no lo estás consiguiendo —al escucharlo Ann separó inmediatamente sus manos de su espalda y él giró para verla de frente—. ¿Qué sucede? —preguntó confundido.

Ella tomó su rostro de nuevo. —¿Quieres que te levante el ánimo? —le preguntó con una mirada acechante mientras se acercaba cada vez más a su boca—. Pues creo que sé muy bien cómo hacerlo —y sin darle tiempo a reaccionar lo besó apasionadamente.

Darien intentaba resistirse. —Ann, espera…

Pero ella no dejaba de besarlo con intensidad y empezaba a acariciarlo bajo la ropa. —Relájate, Darien —susurraba entre besos—. Sólo vamos a divertirnos un poco —comenzó a descender por su cuello con besos desenfrenados—. La otra noche lo pasamos muy bien, ¿por qué no repetirlo?

Y cuando Ann intentó quitarle la camiseta, Darien pudo reaccionar a tiempo y la tomó de los hombros para alejarla de él. —Detente, Ann —dijo molesto—. No vine para esto.

Ann lo fulminó con la mirada ante su drástico rechazo. —¿Y a qué demonios viniste entonces? —buscó de nuevo su copa de vino y se dirigió hasta el sofá—. ¿A hablarme de tus penas de amor? —preguntó con sarcasmo mientras se sentaba y se cruzaba de piernas—. Pues te recuerdo que soy fisioterapeuta, no psicóloga —y bebió apurada.

Darien buscó su suéter. —Pues lamento que me hayas malinterpretado —explicó mientras se vestía—. Admito que la otra noche lo pasamos muy bien —se acercó a ella—, pero lo que vine hoy a decirte es que no quiero que volvamos a hacerlo.

—¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo el sexo sin compromiso? —preguntó ella en tono despectivo—. No me digas que… —y bufó más molesta todavía—. ¿Es por Serena entonces? ¿Vas a seguir insistiendo con eso, Darien? —él no respondía—. Por dios, ya somos grandes, deja esas cursilerías para los jovencitos —lo miró de arriba abajo con altivez—. No puedo creerlo, sigues siendo el mismo iluso de siempre, no has cambiado nada —y lo miró desafiante—. ¿Pero sabes algo, mi querido Darien? Ya no eres un adolescente, ahora eres un adulto, y si crees que lo que sientes es amor, pues lamento informarte que no es así.

—¿Ah, no? —Darien también comenzaba a enojarse—. ¿Entonces qué es?

—Es una locura, una enfermiza obsesión —respondió con determinación.

Darien soltó una carcajada tras oír su 'brillante' conclusión. —¿Una 'enfermiza obsesión'? —repitió sin dejar de reír.

—Sí, Darien —continuó Ann—, estás loco. ¿Hace cuánto que has estado enamorado de Serena? ¿8 años? ¿10? Pues creo que no existe mejor palabra que lo defina: Lo que tú tienes es lisa y llanamente una obsesión.

Darien la miró furioso. —¿Sabes, Ann? En realidad sí hay una palabra para definir esto que siento, y no es la que tú dices —ella lo miró con escepticismo—. Yo no tengo una obsesión, lo que yo siento es amor —Ann puso los ojos en blanco y volvió a beber—. Sí, amor —siguió Darien—, estoy perdidamente enamorado de Serena. Porque si existe alguna palabra que defina lo que es preocuparse por alguien más allá de lo lógico y lo racional y desear que tenga todo lo que quiera y necesita sin importar cuánto daño te haga, eso es amor, Ann —sentenció con seguridad—. Y cuando amas verdaderamente a alguien no te detienes nunca, aunque los demás te juzguen y te traten de loco por no darte por vencido —inspiró profundo para contener las ganas de gritar—. Porque si pudiera darme por vencido, aunque lo haya hecho en el pasado, si tomara en serio tu consejo y siguiera adelante con mi vida para encontrar a alguien más, eso no sería amor. Eso sería cualquier otra… basura —se contuvo para no maldecir—, por la que no vale la pena luchar. Pero esto no lo es, así que, por favor —volvió a la barra para buscar sus llaves y el casco de su moto—, espero que aceptes esto que te digo y entiendas que no volveré a acostarme contigo.

—Tú te lo pierdes.

Darien sonrió de lado y negó con la cabeza. —Tenías razón, Ann, nunca fuiste suficiente para mí —y sin decir más salió del departamento lo más rápido que pudo.

.

.

.

Entrada la noche, después de visitar a su papá, que por suerte no había tenido más que un simple dolor de estómago por una leve indigestión, Serena se dirigió de regreso a su departamento. Una vez que guardó el auto en la cochera, se encaminó hacia el hall de entrada de la torre revisando su bolso en busca de sus llaves. Mientras entraba pensaba en cuánto deseaba llegar de una buena vez a su casa para darse un relajante baño, buscar alguna película cursi para ver en la tele y comer algunos dulces.

Pero recordaba que su cocina estaba completamente desabastecida, ya que tanto ella como su novio prácticamente sólo usaban ese departamento para dormir y casi seguro que no habría más que algo de café o té, quizás ni siquiera azúcar. Y se lamentaba por no haberse dado cuenta antes de detenerse a comprar algo en el camino. Pero es que estaba tan cansada y agotada mental y emocionalmente después de tan intenso día que lo único que quería era llegar a su casa lo antes posible.

A medida que se adentraba al hall, escuchó a Artemis platicando y riendo con alguien más, pero hasta que no estuvo cerca de ellos no se percató de quién se trataba. —¡Señora Tsukino! —dijo Artemis al verla llegar—. Buenas noches —la saludó con una gran sonrisa y una leve reverencia.

—Hola, Artemis —dijo ella mientras miraba al chico que estaba de espaldas creyendo adivinar quién era—. ¿Con quién estás…

Y él enseguida volteó al escucharla. —Hola, princesa.


Ay qué pasará? qué pasará?! qué les espera a estos dos ahora que van a encontrarse a solas? Pues lo sabremos en el próximo capítulo…

Bueno, aquí va mi respuesta a Kaguya: querida mía, Darien está hecho un pobrecito 'patético de telenovela' jeje! como le digo a mis otras lectorcitas: será la crisis de los 30? jaja! pues pareciera que sí… como sea, lo bueno es que parece estar recapacitando… veremos cómo se dan las cosas entre ellos a partir de ahora… por lo menos lo de Ann no prosperó, eso ya es un punto a su favor! y sí, aún faltan más violines tristes… preparate!

Ahora sí me despido hasta la próxima!

Besos y abrazos per tutti!

Bell.-