Mierda.
[Nota de la autora: Les compensaré el tiempo perdido. XD]
Mierda, mierda, mierda, mierda. ¡Y más mierda!
¿Cómo es posible, ya lo arruiné?, pensó, ¿ya metí la pata, el primer día de clases?
No puede ser.
El estado del rubio era lamentable, el arrepentimiento se desbordaba de sus ojos fuera de sus órbitas, tanto que no le daban el ánimo necesario para comer su cereal con trozos de plátano seco, su desayuno favorito desde que tenía memoria.
La culpa le consumía, pero, ¿por qué?
Se acomodó torpemente en la silla frente a la mesa de la cocina y trató de relajar un poco su mente.
Y no funcionó.
Paseó la cuchara con la punta del dedo índice por el hondo plato lleno de leche y cereal exageradamente remojado ya por el tiempo que llevaba ahí empapado en la lactosa, la preocupación que tenía era demasiada y no le dejaba nisiquiera consumir alimento alguno.
La Kagamine daba vueltas en la cocina, al rededor de la mesa central y Len, tratando de dejar todo lo más limpio posible, ya que no volvería temprano como para ordenarlo todo después.
Al mismo tiempo, la rubia fundía sus neuronas con aburrimiento, miró a su hermano de reojo e intentó colar una conversación, más bien discusión, con él. Para no aburrirse, claro.
-Len, ya debemos irnos, ¿quieres comerte eso ya y dejar de apestarme la mañana? -refunfuñó Rin-. No es nisiquiera medio día y ya estás jodiéndome. ¿Qué clase de hermano eres tú?
Len no le hizo caso siquiera, enarcó una ceja y se quedó callado.
Rin suspiró, no hubo éxito, tomó asiento en frente a su hermano, tratando de mirarle a la cara pero le fue imposible, estaba muy metido mirando estúpidamente el tazón de cereal sin expresión alguna.
-Y dime... ¿Qué piensas acerca de la chica nueva, Hatsune? ¡Es muy linda!, espero poder hacerme su amiga.
La cara de Len se tornó roja, y torpemente dejó caer el brazo con el cual sostenía su cara, cayó en el plato de cereal y con un golpe seco, ensució todo el rostro de su gemela.
-¡PERO QUÉ DIABLOS! -la pobre chica no pudo siquiera reaccionar, secó su ropa como pudo y miró con una mirada asesina a su hermano.
El cambiante humor de la Kagamine era simplemente sorprendente.
Len no dijo nada, simplemente se quedó ahí, quieto, sin decir absolutamente nada.
-¿Acaso no me vas a responder? ¡Qué pasa contigo! -la rubia ya había enfurecido.
Nuevamente reinó el silencio del Kagamine.
Rin negó con la cabeza, con desaprovación y un deje de decepción por parte de Len, tomó una toalla, la que estaba más cerca, y caminó fuera de la casa.
-¡Yo soy la mayor, yo conduzco! -gritó Rin en cuanto estubo fuera, y agregó-: Hoy te vas solo.
Len sólo dejó escapar un leve suspiro, empujándo el tazón de cereal con desgano.
¿Cómo es posible que la Hatsune le hiciera sentirse así?
Por otro lado, la rubia trataba de calmar su ira y su preocupación por su hermano menor. Abrió la puerta delante del auto, un Corolla año 2000, y se giró para darle un último vistazo al rubio, que seguía en la cocina, restregándose las manos por la cara.
-No hay caso -suspiró la Kagamine.
-¡A la ver... Voy a llegar tarde otra vez!
Con la expresión horrorizada pegada al rostro, Len se levanto tambaleándose de un lado a otro, embobado aún por el sueño.
Se había quedado dormido sobre la mesa de la cocina como no había podido dormir la noche anterior, se había quedado pensando en cierta aguamarina y su resistencia no aguantó a la mañana siguiente. No le quedó más remedio que tomar un paño húmedo y limpiar los restos de saliva que había regado en la mesa.
-Si sigues así, Len -se autoregañó-, vas a perder todo lo que haz logrado.
Se encaminó a la salida, se mordió la lengua y se volvió hacia a la silla, agarrando con torpeza su mochila. Se la pasó por sobre los hombros, traspazó la puerta, sin olvidarse de cerrarla y corrió a toda velocidad.
¿Es que acaso esto no iba a parar nunca? El pobre rubio movió los pies por sobre la acera rápidamente hacia el instituto, sólo le quedaban dos minutos para llegar, ¡o si no...!
El recuerdo de la horripilante señorita Itoko advirtiendo que si llegaba tarde una vez más atormentaba su mente. Sacudió la cabeza y siguió corriendo.
Recorrida ya toda una cuadra, realizando una manoebra para esquivar
-Uff... ¡Uf! Ah... Solo un poco más y... ¿Eh? -sus ojos divisaron algo que le perturbó, más bien, consumió su color y lo remplazó por la sangre que le subió a chorros por las mejillas- ¡E-Egh! ¡M-Mi-Miku!
La figura aguamarina que caminaba apaciblemente por la acera, se volvió sobre sus talones, se giró y vaciló sus ojos hasta encontrarse con los del Kagamine, ambos sorprendidos, y las miradas perdidas entre sí, no pudiendo reaccionar de forma instantánea, se produjo el impacto.
El cuerpo de Len, consumido por la adrenalina de aquel impulso, trató de frenar sus piernas como pudo, alzó una mano para proteger a la peliturquesa y le rodeo su cintura mientras sentía que sus pies perdían el contacto con el suelo. Con la otra tomo su cabeza y la atrajo hacia él, para voltearse en el aire, quedándo él debajo de ella. Todo parecía como en cámara lenta, hasta que llegó el momento de caer al asfalto, apretó el cuerpo de Miku, e, inconsciéntemente, los unió en un beso.
Al caer sobre el pasto, Miku encima y protegida por Len, no tardaron en darse cuenta que sus labios seguían rozándose, el rubio fue el primero en reaccionar, sonrojado cual tomate, movió sus labios y saboréo el sabor dulce de los labios vírgenes de la peliturquesa. Ella, mareada por la sacudida, aún tenía la cabeza dando vueltas, pero no tardó en darse cuenta del contacto y abrió los ojos como platos.
¡Su primer beso! ¡Con Len Kagamine! ¡LEN KAGAMINE! No pudo evitar el sonrojarse a todo dar.
Sus ojos desorbitados pronto se enternecieron, correspondiendo al tierno beso del chico, abriendo un poco sus labios, dándole permiso al Kagamine para introducir su lengua. Y así fue, como el beso fue tornándose apasionado hasta que un engranaje encajó en la cabeza de la aguamarina. No podía hacer eso, osea, ¡era su primer beso! ¡No podía besar a un chico! No ahora... Es que... No estaba bien... Y, ¡diablos, la escuela! Mierda. Iban a llegar tarde.
-D-Debo irme... -murmuró Miku y se alejó rápidamente del rubio- N-No puedo hacer esto, Len.
Se levantó y corrió como pudo al instituto, sin volverse a mirar al rubio, se esfumó sin más.
-¡E-Espera! -Len extendió su mano hacia la chica que desaparecía en lo lejano, se dignó y se levantó lentamente, decepcionado porque había huído.
Esperen un momento. Él... Había besado a Miku. La chica nueva que se había vuelto la más deseada del salón, ¡del salón y qué diablos! Del instituto entero. Sus brillantes ojos aguamarina , su profundidad infinita, su semblante callado y reservado, su piel delicada y tan pálida, que parecía ser suave y tersa, todo eso enloquecería a cualquiera. Y, esa chica había sido la dueña de su primer beso.
A la... ¡Semejante felicidad! No pudo evitar dar un salto involuntario, y celebró con un bailecito de euforia un tanto estúpido. Volvió en sí y corrió por la acera hacia el instituto. ¡Ups!
Ahí habría de encarar a la aguamarina... Y tragó saliva al pensar en cómo hacerlo, no sabía qué decirle ni cómo reaccionar... Ah, que más da, ya se le ocurriría algo pronto... Si es que llegaba a tiempo a la primera clase...
