Por siempre y para siempre

Capítulo 9: Mejores amigos, solo eso... ¿estás seguro?

Bella POV

Ya habían pasado unas cuantas semanas desde la presentación de la canción que escribimos para la clase de música, y desde ese mismo instante todo había cambiado para mí. Todavía puedo recordar la cara de todos los chicos y la cantidad de sensaciones que sentí por mi cuerpo en ese momento. Jasper había cantado muy bien, lo admito, tenía una voz sincera y dulce, sin embargo nada se comparaba con Edward, o era que mi atención se había centrado sólo en él, y mi mente había creado una burbuja personal que solamente nos envolvía a los dos. Sus miradas, sus palabras, su sonrisa, su voz, todo absolutamente todo me llamaba a el, más que antes, porque no voy a negar que desde hace mucho tiempo yo, Isabella Swan, deje de ver a mi mejor amiga solo como eso, mi mejor amigo, era mucho más, para mi era muchísimo más.

Me revuelvo incomoda en la cama, dando vueltas, tomo el reloj de mi mesa de noche, veo la hora, las tres de la mañana y sigo sin poder dormir. Mañana es mi cumpleaños y seguramente mi adorada y maléfica amiga Alice se encargará de que nadie en todo Washington lo olvide. Vuelvo a dar una vuelta.

- Vamos, Bella, duérmete ya – me reclamo interiormente y cierro fuertemente los ojos.

Mi mente comienza a volar de nuevo por todos los últimos acontecimientos. La fiesta de quince años de Rosalie, como me sentí celosa de que el bailara con esa insoportable chica, a cuyos brazos yo, en son de broma, había lanzado; después cuando me "rescató" de Mike y me pidió que bailara con él, lo bien que me sentí entre sus brazos; el momento en que por primera vez escuche de sus labios las palabras que yo había escrito en la canción, palabras que eran por el y para el. Me puse la almohada sobre la cabeza, esto no me podía estar pasando a mí, no podía ser, me había enamorado perdidamente de mi mejor amigo. Con ese último pensamiento me fui quedando dormida, y como cosa rara, esa noche también soñé con el.

Era de noche, estaba lloviendo y yo me encontraba mirando hacia el mar, en un hermoso lugar, con las gotas cayendo directamente sobre mi cara, titilando de frío, no tenía idea del por qué estaba allí. De pronto sentí unos brazos rodearme la cintura, di un respingo, pero al instante su mandíbula descansaba sobre mi hombro, haciendo que su respiración chocara directamente sobre mi cuello enviándome miles de descargas eléctricas por todo mi ser.

- Edward – murmuré y el me apretó un poco más – Gracias – dije dejando descansar mi cabeza sobre su pecho

- ¿Por qué? – pregunto suavemente con su voz aterciopelada

- Por estar conmigo, por siempre haberlo hecho – delicadamente me dio la vuelta y subió su mano y con cuidado me acaricio la mejilla

- Por siempre y para siempre, Bells – dijo y se acercó lentamente a mí, nuestros labios a pocos milímetros de distancia

- Bella, hija, levántate, cumpleañera – escuché que mi padre decía mientras se sentaba en mi cama y me acariciaba el cabello. Suspiré, yo adoraba a Charlie, pero en estos momentos me provocaba sacarlo a patadas de mi cuarto por haber interrumpido mi fantástico sueño.

Abrí los ojos hasta adaptarme a la luz del día, el cual estaba nublado y frío, como siempre. Le di una sonrisa a Charlie, quien me dio un abrazo.

- Levántate y baja a comer, el desayuno está listo – me dijo mientras caminaba hacia la puerta y la volvía a cerrar.

Me deje caer nuevamente en la cama y puse mis manos en la cara. Suspiré un par de veces y me levanté, tomé mi ropa y me fui a bañar.

Yo soy de las que siempre he dicho que nada mejor que un buen baño para comenzar el día, sin embargo tenía el presentimiento de que éste no iba a ser uno de mis mejores días. Después de unos cuantos minutos debajo del agua cerré con todo el dolor de mi alma la llave y salí de la bañera. Me puse unos jeans gastados, un sweater fino blanco, mis chaqueta de piel marrón y mis converses azul, me agarré una cola alta en el cabello, tomé mi bolso y bajé a desayunar con un sonriente Charlie, el cual, para mi sorpresa, había preparado panqueques sin incendiar la casa.

Cuando llegué a la cocina, Charlie me recibió con una hermosa sonrisa, a la cual respondí con toda la sinceridad del mundo.

- Vaya papá! - dije aun sonriendo - estamos hoy de milagros? - pregunté señalando con un gesto de la cabeza a la comida.

- Oh, Bells, me ofendes - contestó haciéndose el ofendido - Sólo siéntate a comer y no desprecies a este pobre viejo -

El desayuno no era la gran cosa, pero el simple gesto de Charlie lo hacía especial. Comimos en silencio y antes de marcharse a su trabajo mi padre me dio un tierno beso en la frente al tiempo que me deseaba un hermoso día. Luego de lavar los platos, subí rápidamente a lavarme los dientes, justo cuando estaba acabando escuché la corneta del Jeep de Emmett, bajé lo más rápido que me dieron las piernas, sin tropezar, milagrosamente, tomé mi bolso y salí, cerrando la puerta para encontrarme con una sonriente y exageradamente emocionada Alice, quien daba saltitos mientras yo iba caminando hacia el auto.

- BELLAAAAAAAA!!!! - gritó mi mejor amiga al tiempo que corría a abrazarme - FELIZ CUMPLEAÑOS BELLA! - decía mientras continuaba abrazada a mi - Oh Bells, Bells, que emoción!!!! y nada más espera que sea de noche, todo va a ser fantástico - dijo sonriendo mientras yo hacía una mueca, sabiendo muy bien lo que me esperaba de mis adorados amigos.

Alice me haló hacia el auto, en el cual se encontraban Emmett y Rosalie en la parte delantera y Jasper en el asiento de atrás. Todos me saludaron efusivamente, deseándome feliz cumpleaños y dándome un beso y un abrazo. Justo en ese instante noté que faltaba alguien, alguien demasiado importante para mi, alguien que me dolía que no estuviera allí y que no me felicitara y que no compartiera conmigo en ese día tan especial.

- ¿Y Edward? - pregunté una vez el auto se puso en marcha. Emmett me vio y me sonrió por el retrovisor

- La verdad, no se - dijo Alice, extrañada - El salió muy temprano esta mañana, ni siquiera desayunó con nosotros - yo la miré con el ceño fruncido

- Que extraño - dije más para mi misma, sin embargo Alice al parecer me escuchó y asintió, antes de sumergirse con Rosalie en una conversación a la que no presté atención alguna, simplemente me dediqué a mirar por la ventana, como si fuera lo más interesante de hacer en el mundo.

Al llegar al instituto mi vista voló rápidamente hacia la entrada, con la esperanza de que Edward estuviera allí, pero nada, no estaba. Suspiré fuertemente y tomé mi bolso para comenzar a caminar hacia mi primera clase, algo cabizbaja.

- Ey! pequeña saltamontes - me gritó Emmett haciéndome voltear a verlo - ¿Estás bien? - a veces el se comportaba con el hermano mayor preocupado por su pequeña hermana, y por su tono, ésta era una de esas veces.

- Si, hermano oso - le dije sacándole la lengua, a lo cual sonrió y abrazó a Rosalie para irse a su clase.

Alice y Jasper se fueron a Historia, mientras yo caminaba hasta el laboratorio de Biología, sola por primera vez desde que comencé la preparatoria.

Cuando llegué al salón el profesor aun no llegaba, con pocos ánimos caminé hacia la mesa que compartía con Edward, el tampoco estaba ahí. Suspiré y lancé mi bolso sobe la mesa, sentándome sin muchas ganas. Cuando posé mi vista sobre la mesa vi un pedazo de papel doblado. Con curiosidad lo tomé y lo abrí, dando paso a la elegante letra de mi mejor amigo. Sonreí.

"Bells, no creas que me he olvidado de ti, nunca podría hacerlo. Besos. Edward"

Era simple la nota, pero me hizo sonreír como tonta y, créanlo o no, me levantó el día.

Extrañamente Edward no llegó a clases, la cual sin el pasó lenta y fastidiosa, no prestaba mucha atención. Después de la primera hora fui a la clase de Literatura la cual compartía con Jasper, quien como siempre me esperaba con una sincera sonrisa en la mesa que compartíamos, le respondí con una media sonrisa mientras me sentaba.

- ¿Que hay? - me preguntó

- Nada nuevo ¿y tú? -

- Nada nuevo - dijo riendo.

La clase comenzó y Jasper se concentró en ella, mientras yo todavía divagaba en donde estaría Edward, que sería más importante para él que estar conmigo en mi cumpleaños. "Tonta Bella, cualquier cosa seguramente es más importante para el que eso" me dijo una vocecita en mi cabeza. Suspiré de nuevo y Jasper me vio con curiosidad a lo que negué con la cabeza. Examiné una vez más la nota y volví a sonreír. ¿Cuándo la habría dejado?

- Seguramente fue antes que nosotros llegáramos - contestó Jasper, como si leyera mis pensamientos - a lo mejor vino antes para acá - dijo encogiéndose de hombros.

- Seguramente - coincidí, guardando de nuevo el papel en el bolsillo de mi chaqueta.

Cuando acabó la clase caminamos juntos hasta la cafetería, donde nos reuniríamos con nuestros amigos.

- Jazz - dije, ganándome su atención - ¿Qué pasa con Alice? - desde hace unos días yo veía que su actitud hacia mi amiga había cambiado, y me intrigaba, ya que ella se ponía algo triste por eso.

- Con Alice - dijo en un suspiro - nada, eso pasa con ella, nada - dijo mirando el suelo

- ¿Por qué no le dices? - el sabía a lo que me refería

- ¿Por qué no le dices tu a Edward? - dijo mirándome. Touché. Lo fulminé con la mirada, y el me sonrió, dejando claro que el tema había terminado si no quería que toda esa conversación se volcara en mi contra.

Cuando llegamos a la mesa donde se encontraban nuestros amigos ya estaban todos allí. Alice y Jasper se miraron un segundo y luego cada uno desvió la mirada hacia un lugar diferente. Eran tan tercos. Vi que tenía mi bandeja con mi comida favorita: Un sandwich de pechuga de pavo, con ensalada y limonada. Sonreí mirando a mis amigos.

- Gracias - les dije, sabiendo que ellos me habían comprado la comida.

- ¿Por qué? - preguntó Rosalie con el ceño fruncido

- Por haberme comprado mi comida favorita - dije como si fuera lo más obvio. Todos se miraron extrañados.

- Bells - dijo Emmett - eso no lo compramos nosotros, simplemente estaba ahí cuando llegamos con la nota.

Hasta ese momento no me había percatado del trozo de papel doblado que estaba junto al plato, igual al que encontré en el escritorio de Biología. Lo abrí rápidamente

"Buen provecho, Bells. Te veo pronto".

Guardé la nota junto a la otra y empecé a comer, estaba todo simplemente delicioso. Las conversaciones eran diversas, iban desde moda hasta coches, escuchaba cada una sin prestarle mucha atención, hasta que algo hizo que casi me atorara.

- Bella - dijo Alice - espero que de verdad te guste la fiesta que te preparamos - tenía un brillo en los ojos. Me atoré con la limonada

- ¿Fiesta? - pregunté despacio, mis amigas asintieron energéticamente - Un momento... - dejé de lado la comida y las encaré - Mary Alice Cullen y Rosalie Lillian Hale... ¿QUE PARTE DE NO-FIESTA NO ENTENDIERON? - dije alzando un poco la voz, bueno, alzando bastante la voz.

- Pero Bella - dijo Rosalie algo temerosa

- Es tu cumpleaños - completo Alice como si todo fuera muy obvio - no pretendes que lo pasemos por alto así no más -

- Alice, sabes que odio llamar la atención y las fiestas y todo eso que a ustedes dos- las señalé con el dedo - les encanta - dije cruzándome de brazos. Jasper y Emmett no habían dicho nada, sabían que era mejor no meterse en esas discusiones.

- Bella, no seas necia, ya todo está listo, no puedes echarlo para atrás - dijo Alice con un puchero - no podemos ahora decir que no va, que dirían los invitados -

- ¿Invitados? - pregunté alzando una ceja, ellas asintieron - ¿Cuantos? - pregunté y ellas se miraron - Alice... Rosalie... - mi amiga suspiró

- Alrededor de... - comenzó Rose

- Casitodoelcolegio - dijo rápidamente Alice antes de correr a esconderse detrás de Emmett.

- Casi todo el colegio - repetí lentamente y dejé caer mi cabeza sobre la mesa, golpeándome - Auch - sollocé sobándome la parte afectada

- Vamos, pequeño saltamontes - me dijo Emmett - no puede ser tan malo - dijo pasándome la mano por la cabeza

- No - dije - no puede ser tan malo, puede ser realmente malo - dijo rendida.

Mis ánimos habían bajado durante el transcurso del día, y ciertamente tenía mis razones: Edward, mi mejor amigo, no había aparecido en todo el día, ni había dado señales de vida, salvo por sus notas; el profesor de Cálculo hizo un examen sorpresa, y ni que decir que salí pésimo; y por último, pero no menos importante, mis "adoradas amigas" tenían planeada una fiesta, de la cual no me había enterado, en mi honor, es decir, tortura para Isabella Marie Swan.

Las clases transcurrieron como normalmente lo hacían, pero a medida que se acercaba la tarde mis ansias aumentaban, estaba renuente a una fiesta por mi cumpleaños, pero no había fuerza humana que pudiera hacer desistir a mis amigas de la idea. Suspiré profundamente al salir de clases, pensando todo lo que me esperaba. Al llegar al coche ya todos estaban ahí, entiéndase todos a los que llegamos esta mañana. Me monté y entre charla y risas llegamos a la casa de los Cullen, en ese mismo momento, sin darme oportunidad de pensar siquiera, Alice y Rosalie me arrastraron a la segunda planta, al cuarto del duendecillo demoníaco en el que estaba a punto de convertirse mi mejor amiga. Al cabo de una eternidad, para mi lo fue, estaba enfundada en un lindo vestido color turquesa, pegado hasta la cintura y después suelto hasta un poco más arriba de las rodillas, era lindo, tenía que reconocerlo, y la cinta en un turquesa mas oscuro que rodeaba la cintura le daba un toque elegante e informal a la vez. Por lo menos en eso me habían escuchado, nada de vestidos largos ni fiestas ostentosas, pero en el vocabulario de los Cullen esa palabra no existía.

Al bajar la sala, convertida en una gran pista de baile, estaba abarrotada de gente. Gemí internamente ante eso, pues como había dicho Alice, aquí se encontraba todo el instituto, como mínimo. Recibí varios abrazos y varias felicitaciones, de parte de todos y cada uno de los que se encontraban allí, muchos de los cuales ni siquiera conocía. Me sentía abrumada, así que decidí ir al pequeño jardín de la parte trasera de la casa y me dejé caer sobre uno de los bancos que estaban ahí, apoyando los codos sobre las rodillas y tapándome la cara con las manos.

- Disfrutando Bells - dijo una voz muy conocida para mí, sonreí aun sin levantar la cara.

Levanté la cara lentamente para observar a Edward, y en ese momento la respiración se me quedó atorada en la garganta. Estaba simplemente hermoso, si es que podía estarlo más. Estaba vistiendo unos jeans oscuros y una camisa negra mangas larga negra, con los primeros botones desabrochados, lo cual dejaba ver parte de su piel de porcelana, tenía una hermosa sonrisa adornando su cara y sus inigualables ojos verdes tenían un brillo especial. No se si era que estaba diferente o simplemente era el hecho de no haberlo visto en todo el día, pero de algo estaba más que segura, mi corazón parecía un caballo desbocado en estos momentos, un poco más y presiento que se puede salir de mi pecho.

- Edward - fue lo único que pudo salir de mi boca en ese momento

- Feliz Cumpleaños - me dijo sonriendo y con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

- Gracias - le conteste con una sonrisa, al tiempo que el se sentaba a mi lado

- La fiesta está muy amena - comentó después de un momento de silencio, mientras escuchábamos el alboroto y la música que sonaba en el interior de la casa

- Eso parece - dije sin mucha emoción en mi voz

- Me encanta los ánimos que tienes, cumpleañera - me dijo mientras chocaba suavemente su hombro con el mío, haciéndome soltar una risita.

- Sabes bien que las fiestas y todas esas loqueras de tu hermana no son mi fuerte - le dije mirándolo a los ojos, y en ese momento se le formo la más hermosa de las sonrisas que le había visto, con un toque de picardía, lo que lo hacía lucir irresistible.

- Lo se - dijo volviéndose a recostar del espaldar de la silla - Por eso he venido a... secuestrarte - dijo muy cerca de mi oído, haciéndome estremecer.

Lo miré detenidamente mientras se ponía de pie y me tendía la mano para ayudarme a levantar. Tomé su mano y me sonrió.

- Ahora eres mi prisionera - me dijo suavemente, haciendo que un escalofrío recorriera mi columna vertebral - Ven, vamos antes que nos descubra mi hermana y arruine nuestro plan de huida - dijo mientras caminaba hacia el estacionamiento de la casa

- Edward Cullen ¿qué crees que haces? - le pregunté en un susurro cuando vi que tomó las llaves del Audi de Esme y dirigirse hacia el auto

- Te voy a ayudar a huir de tu pesadilla - dijo como si fuera lo más obvio, mientras me abría la puerta del copiloto - ¿No te vas a montar? - preguntó alzando sus perfectas cejas

- ¿Acaso te volviste loco, Edward? - le pregunté renuente a subirme - No estas pensando irnos en el coche de tu mamá ¿no? - le pregunté viéndolo fijamente, el asintió - Estás loco!! No sabes manejar, no tienes licencia, por Dios Edward!! Tienes 15 años!!!! - le dije exasperada.

- Vamos, Bella - dijo suspirando frustrado - Ni que fuera la primera vez que lo hago - dijo rodando los ojos al tiempo que yo abría los míos a más no poder - ¿Entras? - preguntó sosteniendo la puerta abierta para mi

- Estas loco - murmuré entrando al coche - nos puedes meter en un buen problema ¿sabias? - el sonrió con suficiencia y cerró la puerta suavemente.

Rodeó el carro por la parte delantera hasta sentarse en el puesto del piloto, dándome una ligera sonrisa antes de que con un suave ronroneo el auto comenzara su marcha. No tardamos más de media hora cuando el olor a mar empezó a invadir el interior del carro, mientras Edward serpenteaba algunos árboles por un camino de tierra. En un momento apagó el carro y me sonrió, al tiempo que yo lo veía con el ceño fruncido, la verdad no entendía que se estaba proponiendo

- Edward... ¿que se supones que hacemos y donde se supone que estamos? - le pregunté con toda la duda marcada en la cara, lo que hizo que soltara una risita.

- Se supone que lo que estamos haciendo es huyendo de tu pesadilla - dijo cuando me abrió la puerta y yo salía, con la brisa golpeándome la cara - y estamos cerca de La Push - se encogió de hombros, cerró y empezó a caminar, mientras yo lo veía y negaba con la cabeza - ¿vienes? - pregunto al ver que no lo estaba siguiendo, y me miró alzando una ceja.

Me rodeé los brazos con mis brazos, ya que empezaba a pegar una brisa un poco fría y comencé a caminar. Llegamos a una zona despejada, los árboles quedaron atrás y frente a nosotros se abrió paso al horizonte, el cual estaba con tonalidades rojizas debido a que estábamos en pleno crepúsculo. Seguimos caminando hasta llegar a un alto acantilado, desde el cual se podía observa First Beach. El olor a mar llegaba a ser abrumante y se podía escuchar el golpear de las olas contra las piedras que se encontraban bajo nosotros. Me quedé embelesada mirando hacia el paisaje, con mis manos cubriéndome los hombros, ya que, a pesar que estábamos relativamente a orillas de la playa, el clima seguía siendo húmedo y frío. No pasaron más de cinco minutos cuando siento que ponen algo sobre mis hombros, una chaqueta, volteo la cara y está un sonriente Edward cubriéndome con su chaqueta marrón

- ¿De dónde la sacaste? No recuerdo haberte visto con chaqueta hoy - le pregunté al tiempo que metía mis brazos por las mangas

- La tenía en el auto - dijo encogiéndose de hombros

- Gracias - le susurré y me sonrió.

Nos quedamos un tiempo más sin decir nada. Edward se sentó en una piedra sobresaliente que había a un lado y yo me quedé parada, mirando a la nada, pensado lo perfecto que sería que sus brazos me rodearan, no necesitaría esta chaqueta, de eso estaba segura. Respiré hondo, captando una vez más la dulce fragancia que emanaba de ella. Sonreí de imaginarme a mi pequeña amiga fúrica cuando se haya dado cuenta de que me he escapado de mi propia fiesta de cumpleaños.

- ¿De qué te ríes? - me preguntó con una sonrisa también asomándose en sus labios

- Alice - dije y me di la vuelta para verlo, tenía una tenue arruga en la frente, que me obligó a explicarle - Me imagino la cara de tu hermana cuando se de cuenta de que huí de mi propia fiesta de cumpleaños que ella tan... esmeradamente planeo - me encogí de hombros

Edward se quedó callado por un momento, pensativo, hasta que soltó una carcajada, contagiándome del humor. Su risa sonaba como una hermosa melodía por el lugar donde estábamos. Me le quedé mirando por un tiempo inmensurable, sonriendo también, hasta que dejó de reírse y me miró fijamente.

- Creo que te espera una buena reprimenda, Swan - dijo serio, pero con una mirada burlona.

- No me des tantas esperanzas, Cullen - le dije y le saqué la lengua, robándole otra sonrisa.

Una ráfaga de viento que venía desde las orillas del acantilado me hizo voltear. Respiré fuertemente. Amaba el olor a mar. De pronto sentí a Edward carraspear, me volteé y lo miré confundida e interrogante. Se aclaró de nuevo la garganta.

- Bells - susurró - quería pedirte disculpas - hizo una pausa y me estudio detenidamente el rostro y luego continuó - una disculpa por no haber aparecido durante todo el día, por no haber compartido contigo este día tan especial desde que amaneció, lo cual hubiera sido de mi completo agrado...-

- No te preocupes, no es para tanto, es un día cualquiera, no es tan especial - le dije

- Para mi lo es - contestó firmemente, tan seguro en sus palabras que me hizo sonrojar furiosamente. ¿En verdad era tan importante para el? - Bueno, el motivo es que bueno... - carraspeó un poco y suspiró - estaba ocupado haciendo algo -

La forma en que dijo ese "haciendo algo" me hizo sentir un poco molesta, e insegura, aunque estaba clara que Edward tenía en su vida cosas más interesantes que hacer que pasar todo un día conmigo. Le sonreí tenuemente - No te preocupes, esta bien - dije y volteé de nuevo hacia el horizonte, el cual ya estaba completamente oscuro, la brisa me hizo estremecerme de nuevo.

Sentí que Edward se levantó y caminó hacia mí, quedándose justo detrás, sin decir ni una sola palabra.

- Bells - dijo cerca de mi y su aliento chocó contra mi cuello - se que tal vez te vas a molestar, y también se que no te gusta que nadie gaste nada en ti, pero te aseguro, te juro, que no lo he hecho, no he gastado ni medio y si lo hubiese hecho no estaría nada arrepentido - dijo en forma lenta y en tono bajo - espero que no me rechaces mi regalo de cumpleaños - dijo soltando una risita.

En ese momento sentí que sus manos rodearon mi cuello y depositaron una cadena. Bajé mis ojos y había en mi cuello una delicada cadena con un dije de corazón plateado, con pequeños brillantes por el borde. Jadeé.

- Edward – dije asombrada, mientras sus manos abrochaban la cadena

- Feliz Cumpleaños, Bells - me susurró y me di un delicado beso en la mejilla.

Acaricié el corazón distraídamente, con una amplia sonrisa en mis labios, y noté que tenía una escritura en la parte de atrás. Fruncí el ceño. Y le di vuelta, para leer. El mensaje me dejó sin aire, nunca imaginé eso. Con una letra cursiva muy hermosa y delicada estaba escrito

"Contigo, por siempre y para siempre. Edward. 13/09/09".

Mis ojos se aguaron e instintivamente me di la vuelta y envolví a Edward en un abrazo. Sus manos se cerraron en torno a mi cintura y los míos en su cuello. Edward enterró su cara en mi cabello y suspiró. Estaba casi segura que estaba sonriendo.

- Gracias - le dije separándome - No debiste - estaba sonrojada. Sus manos apenas habían dejado mi cintura y las mías se encontraban apoyadas sobre su pecho.

- No - dijo sonriendo de lado - No debí... pero quise - me dijo por lo bajo. Le sonreí y por un momento me perdí en el esmeralda de sus ojos, al tiempo que sentía que me traspasaba con su mirada. El tiempo se paralizó en ese instante, o por lo menos eso sentí.

- Gracias - fue lo único que pude decirle, nuevamente. El negó suavemente con la cabeza

- Por siempre y para siempre, Bells, pase lo que pase, yo, Edward Cullen, voy a estar contigo - susurró en una forma tan dulce, con su aliento chocando contra mi cara, haciéndome querer acortar la distancia que nos separaba. Su mano abandonó mi cintura y me acarició lentamente la mejilla, yo cerré los ojos, y de pronto sentí sus labios posarse en mi frente y darme un cálido beso. Sonreí

- Creo que ya deberíamos irnos - yo asentí. No sabía cuanto tiempo en realidad había pasado desde que llegamos, pero ya estaba completamente oscuro - ¿La dejo en su casa, Señorita? - dijo tomándome de la mano para ayudarme a caminar en la oscuridad

- Creo que sería lo más correcto, Caballero - le contesté siguiéndole el juego. El sonrió

Caminamos hasta el auto y con un suave ronroneo éste arrancó. En un poco más de media hora estuvimos frente a mi casa. Edward sonrió y yo le sonreí de vuelta.

- Bueno, te llamo, si es que aun sigo vivo cuando llegue a la casa y mamá se de cuenta de que tomé su auto... de nuevo - suspiró y frunció el ceño.

- Llámame de igual modo - le dije, el asintió y me bajé del auto - y gracias de nuevo - le dije antes de cerrar la puerta y caminar hasta la casa.

Al entrar escuché unas voces que venían desde el saloncito. Charlie seguramente estaba viendo televisión. Cerré la puerta y me recosté de ella, cerré los ojos y suspiré. Definitivamente, esté había sido el mejor cumpleaños de toda mi vida. Pensé mientras acariciaba el dije que colgaba de mi cuello, lugar que nunca iba a abandonar.

Bueno chics aquí les traigo un nuevo capítulo de esta historia. De verdad, discúlpenme la demora, pero mi nuevo trabajo me está consumiendo a grandes cantidades el tiempo, y he tenido un que otros problemitas de concentración e inspiración.

Espero que les guste. Poco a poco esta historia creo que ira tomandoo camino. El próximo capítulo creo que escribiré un pequeño POV de Alice y Jasper (y espero poder hacerlo). De nuevo mis mas grandes disculpa.

Saludos

Isabella-Swan-Cullen