Hola, ¿qué tal el fic? No sé, pero tengo la sensación de que no está gustando, no sé, no recibo tantos RW. En cambio en otra página donde también lo subo, las lectoras están entusiasmadas. Bueno, de todas maneras cuando empiezo un fic lo acabo, lo lean dos o trescientas personas. No me gusta dejar nada a medias.

Alguien me preguntó por Maléfica y Lilith. Sí, a lo largo del fic se aclarará lo que ha pasado con Lilith, y lo siento mucho, pero Maléfica será un personaje fijo en el fic, pero su relación con Regina evolucionará, don't worry.

Capítulo 8

Maléfica se despertó de un sobresalto con el ruido de la puerta cerrándose de golpe. Se levantó y se sentó en la cama, intentando enfocar la figura de Regina. Desorbitó los ojos al verla llorar. Se quedó por un momento paralizada, después, se lanzó hacia ella.

«¡Regina! ¿Qué ha sucedido?»

La morena no le respondió de inmediato. Solo dejó que las lágrimas se deslizasen por su rostro, sin poder pararlas.

«No ha pasado nada» logró finalmente decir, intentando recomponerse.

La rubia le enjugó las lágrimas con una mano.

«Nunca te he visto llorar…»

«De hecho, no debías» susurró la soberana «Estoy bien» dijo un instante antes de besarla, aferrándola con fogosidad.

Maléfica la dejó hacer, pero apenas se separaron, la miró a los ojos.

«Puedes hablar conmigo, lo sabes…»

«No quiero hablar» replicó la otra. La empujó hacia la cama y se puso sobre ella «Solo quiero que acabes lo que habías empezado»

Maléfica fue a besarle el cuello, pero se detuvo en el último instante susurrándole al oído

«A juzgar por el olor que tienes encima, parece que alguna otra me ha precedido…»

Regina le agarró los cabellos y tiró de ellos.

«Si tú no te hubiera quedado dormida, no habría pasado» gruñó con rabia «¿Te has vuelto celosa ahora?»

El dragón la miró, haciendo que sus ojos relampagueasen.

«¿Y si así fuera?» preguntó en tono de desafío

Regina la miró sorprendida

«¿Desde cuándo lo eres?» le preguntó

Maléfica se encogió de hombros

«¡No he tenido necesidad de serlo hasta ahora!»

«¿Por qué ahora? No ha cambiado nada» intentó tranquilizarla Regina, acariciándole el rostro

Maléfica estalló en una risa amarga.

«¿De verdad?»

«Somos siempre nosotras…» la besó la morena «Estoy aquí contigo»

«Sí, con el cuerpo»

«Mal, estoy aquí contigo» repitió la mujer recostándose sobre ella «No tienes motivo para estar celosa»

La bruja apretó los labios

«Vale, está bien…» dijo con poca convicción

Regina la besó, mordiéndole los labios. Le arrancó el vestido para comenzar a acariciar su cuerpo.

Maléfica no pudo dejar de reaccionar ante sus caricias, pero sin embargo no respondió con el mismo entusiasmo acostumbrado. Algo la perturbaba.

Regina, no obstante, la distrajo, acariciando su cuerpo, arañándolo. Le mordió el cuello mientras la mano descendía hacia su entrepierna. Maléfica gimió, y la besó. Hizo desaparecer su vestido, intentando olvidar todo por medio del contacto con su piel.

La morena le mordió el cuello para, a continuación, pasar la lengua sobre la zona donde la había lastimado. Los dedos acariciaron su clítoris, provocando un gemido de la mujer que tenía debajo. La rubia, por su parte, acercó la mano a la intimidad de la morena, que como respuesta abrió más las piernas para facilitarle la tarea. Los dedos de la reina comenzaron a moverse velozmente entrando en la otra mujer, que no pudo contener un grito. Detuvo por un segundo sus movimientos, mientras su cuerpo se acostumbraba a aquel ritmo incesante, sin embargo, tras algunos segundos entró también ella violentamente en la morena, que la aplastaba con su cuerpo.

Regina ni siquiera intentó contender el grito que le salió con fuerza de la garganta, tal era la violencia con que la rubia la había penetrado. Por un momento, sus pensamientos se escaparon hacia la princesa, observando la diferencia con la que las dos mujeres le daban placer. Emma era tan delicada y dulce con ella…Sacudió la cabeza para hacer desaparecer esos pensamientos y comenzó a moverse dentro de ella.

Maléfica gritó a su vez, por el placer y el dolor, pero no dejó de moverse. Veloz y bruscamente entraba y salía de la morena.

Regina le mordió el hombro, logrando apenas contener los gemidos de dolor, pero eso no le impidió continuar tomándola con fuerza y rabia. La mujer abrió los dedos en su interior para después hundirlos más profundamente.

«Ahora sí que te reconozco…» le susurró la soberana entre gemidos

Maléfica no consiguió responderle a causa del orgasmo que sacudió todo su cuerpo. A pesar de eso, no cesó de mover los dedos dentro de la morena, que a su vez continuó empujando su pelvis contra ella, para a continuación gozar con un grito. Sin fuerzas, la reina se extendió sobre ella, jadeando.

Maléfica la abrazó, intentando recobrar el aliento.

«¿No estás satisfecha, querida?» preguntó Regina, elevando el rostro para mirarla.

El dragón sonrió, forzadamente

«Claro que lo estoy» respondió «Pero te noto distante» añadió tras unos instantes.

Regina apoyó la frente en la de ella

«Tampoco tú estabas aquí con la cabeza…»

«Porque te sentía extraña…» replicó Maléfica

«Quizás lo estábamos ambas…» dijo suspirando la morena

«Quizás…» repitió la rubia, jugueteando con sus cabellos «¿Qué está sucediendo, Regina?» preguntó finalmente

La soberana se relajó con su caricia, delicada.

«No lo sé…» admitió «…quizás solo estoy cansada»

La rubia frunció la frente para después sugerirle

«Cógete unas vacaciones»

Regina no logró contener la risa

«¿De matar a Snow y a toda su familia?»

«¿Por qué no? Podrías venir conmigo un tiempo…no te aburrirás, te lo aseguro…» replicó sonriendo maliciosamente.

«Podría ser una idea…» respondió extrañamente la reina, para después sonreír «Estoy segura de que no, no me aburriría» añadió mordiéndole el labio

Maléfica cerró los ojos, notando la mordida y gimiendo de placer.

«Entonces, ¿a qué esperas?»

«¿Ahora? ¿Quieres que nos marchemos ahora?» su voz no escondió su sorpresa.

La rubia inclinó la cabeza hacia un lado, y se encogió de hombros

«¿Por qué no?»

«Tienes razón…vámonos» decidió finalmente la morena, levantándose de la cama

Maléfica no contuvo una sonrisa de felicidad. Se levantó a su vez y comenzó a vestirse.

«¿Quieres echarte un vuelo encima de mí, querida?»

«¡Sí!» respondió sonriendo Regina, con los ojos que le brillaban «Amo cabalgar dragones»

«Perfecto. Vamos abajo, esta habitación es demasiado estrecha para poder transformarme, no quisiera romper los muebles…» dijo el dragón sonriéndole.

«Ve tú, tengo que organizar algunas cosas y después podremos marcharnos» dijo la reina dándole un beso

«De acuerdo, pero no me hagas esperar mucho…» respondió Maléfica guiñándole un ojo para después abandonar la estancia.

Regina esperó a que saliera; esperó algunos segundos, y bajó a las mazmorras.

«¿Todavía estás aquí?» preguntó al ver a la rubia tras los barrotes.

Emma giró vagarosamente la cabeza hacia ella

«Sí, Majestad» respondió con un velo de tristeza en la voz

«Creo que dentro de poco te marcharás, estoy a punto de dejar el castillo» le informó apoyando las manos en los barrotes de metal.

«¿A dónde iréis?» preguntó Emma, quieta

«Al castillo de Maléfica» respondió Regina, evitando su mirada

Emma se quedó callada, mirándola, después giró la cabeza y volvió a mirar al techo.

«Dejareis el castillo desprotegido, de esa manera…» comentó en tono llano «…el ejército de mis padres podrán avanzar»

«No me interesa, que lo cojan» suspiró la morena «Estoy cansada de este castillo y de sus recuerdos»

La princesa continuó mirando el techo, mientras una lágrima resbaló de su rostro al suelo.

«Entonces debéis marcharos. Espero que logréis encontrar allí un poco de paz»

«Emma, vuelve a casa» susurró con un hilo de voz la reina «Encuentra también tú un poco de paz» dijo dándole la espalda, conteniendo ella también una lágrima

Emma la miró de golpe, con los ojos llenos de lágrimas. Su nombre. Lo había pronunciado.

«Estoy en casa…» dijo, finalmente, dejando que las lágrimas resbalaran libremente.

«Efectivamente, tienes razón…» rio la morena «el castillo pertenece a tu familia, puedes quedártelo»

La princesa sonrió amargamente.

«Se lo quedarán ellos» dijo, volviendo a mirar el techo «Yo no estaré aquí para verlo…» susurró

En el rostro de la reina apareció una mirada de sorpresa.

«¿Primero querías quedarte y ahora te marcharás?» se giró de nuevo para mirarla «De verdad eres extraña, muchachita»

La rubia rio con amargura, mientras las lágrimas continuaban resbalando hacia el suelo. Sacudió la cabeza.

«No, no me marcho» dijo cerrando los ojos

«No entiendo…» respondió la reina cada vez más confusa

Emma solo giró la cabeza para mirarla, una sonrisa triste en sus labios.

«Mi cuerpo, al menos, no se marchará. A menos que alguien lo mueva. Pero temo que, una vez que vos os hayáis ido, vuestros guardias escaparán como alma que lleva el diablo…»

«¿Quieres…» las palabras murieron en su boca «…quieres quitarte la vida?» logró finalmente preguntar

La rubia no respondió, la miró sin decir nada y después cerró los ojos.

«¿Me amas?» preguntó de sopetón Regina entrando en la celda

Emma sonrió, aún con los ojos cerrados.

«Temo que eso ya no cuenta a estas alturas» respondió

«Podría hacerlo…» dijo Regina, con un hilo de voz

Emma abrió los ojos para mirarla. La observó por un largo instante, como buscando algo en su rostro.

«Sí» respondió con el corazón en la garganta

«Bien, entonces, deja de compadecerte. Levántate y toma el control de este castillo y del reino. Demuéstrame cuánto vales» la mujer lo dijo todo de un tirón con una sonrisa

«¿Con qué fin?» le preguntó la muchacha, confusa

«Tú hazlo» dijo sencillamente Regina, acercando sus labios a los de ella, rozándolos apenas.

Emma se quedó quieta, inmóvil, incapaz de ningún movimiento.

«¿Por qué?» le preguntó de nuevo «¿Para saberos lejos con otra mujer?» añadió

«Nadie ha dicho que vaya a estar lejos para siempre…» le respondió acariciándole el rostro con manos temblorosas

La rubia cerró los ojos ante aquel contacto, los ojos aún húmedos.

«¿Me estáis pidiendo que os espere?» preguntó con vacilación

«Quizás…» respondió la soberana alejándose ligeramente de ella

Emma no pudo hacer otra cosa sino asentir, perdiéndose en sus ojos.

«Haré lo que me pedís, Majestad» susurró.

Regina le dirigió una última sonrisa, para después alejarse, dejándola sola.

La princesa se levantó queriendo correr detrás de ella, pero se detuvo. Se apoyó en los barrotes, intentando dar sentido a lo que acababa de suceder.

La morena se reunió con Maléfica.

«Estoy lista» exclamó

«Estaba comenzando a preocuparme…Será mejor que te cambies, ese vestido no será muy cómodo en el vuelo…la falda se te subirá a la cara…y ni siquiera podría admirarte…» dijo sonriendo.

Entonces la figura se envolvió en un denso humo oscuro. El dragón emergió de ahí.

Regina cambió su ropa y observó al enorme dragón que tenía delante de ella, dio un paso en su dirección y lo acarició. El dragón se agachó para facilitarle la subida, observándola con el rabillo del verde ojo.

La morena se izo sobre ella.

«Vuela, llévame lejos de aquí»

Maléfica tomó impulso y salió a través del enorme portón. Batió las poderosas alas un par de veces para lograr tomar vuelo. Ascendió, pero no demasiado para no congelar a Regina, y se dirigió veloz hacia sus tierras.

Regina se mantuvo aferrada a ella para evitar caer, el aire fresco llenaba sus pulmones. Aires de libertad.

Emma, aún en las mazmorras, sintió el inconfundible paso del dragón y su potente batir de alas alejándose del castillo. Solo entonces, con el corazón hecho pedazos, pero colmado de esperanzas, salió de las mazmorras.