Sailor Moon © Naoko Takeuchi.

Adaptacion de la novela de Kinley MacGregor "Master of Desire"



"Dueño del Deseo"

Capítulo VII

Serena miró fijamente a Michiru, asombrada por su declaración.

— "¿Qué ha provocado que cambies de opinión?"

— "Oh, Serena, ¡él es maravilloso!" —dijo efusivamente—. "Lo que hizo por Garayan… no puedes ni imaginarte lo preocupado que ha estado Garayan todo este tiempo pensando en lo que le ocurriría cuando Lord Seiya viniese. Y luego está eso de llevarte a la feria…" —hizo una pausa, como si de repente se le hubiese ocurrido otra idea—. "¿Lo has pasado bien con él?"

— "Sí, pero…"

— "Pero nada" —dijo Michiru, interrumpiéndola—. "He contratado a algunos de los músicos de la feria para que toquen esta noche. Habrá un baile, y tú podrás seducirle."

— "¿Cómo? Apenas parece reparar en mi presencia. Aunque…" —Serena se detuvo al recordar lo que había acertado a escuchar.

— "¿Aunque?"

Se encogió de hombros.

— "Le escuché decir algo antes de que saliéramos."

— "¿Algo sobre qué?"

— "Sobre mí" —confesó ella—. "Dijo que me deseaba, aunque yo no he visto ninguna prueba de ello. Me temo que no sé cómo debo tratarle. No se parece a ningún hombre de los que he conocido" —Serena la miró—. "¿Cómo lo hiciste tú? ¿Cómo captaste la atención de Lord Garayan?"

— "Respiré" —dijo ella melancólicamente—. Él sabía que mi madre y mis hermanas mayores habían sobrevivido a multitud de partos, y que yo tenía una buena dote. Eso fue todo lo que necesité.

Eso no serviría en su caso.

— "A Lord Seiya no parecen interesarle esos asuntos."

— "No" —concordó Michiru—. "Habrá que pensarlo bien" —se mordió los labios y examinó el salón. De repente, abrió los ojos de par en par y sonrió—. "¡Creo que ya sé quién puede ayudarnos a pensar!"

Agarró el brazo de Serena y, literalmente, la arrastró hasta llegar junto a Yaten.

— "Milord" —dijo Michiru—. "¿Podríamos solicitar su ayuda un instante?"

— "No, Michiru" —susurró Serena—. "¡No puedes estar hablando en serio! Se lo dirá a Lord Seiya."

— "No si hacemos que jure guardar el secreto. Eres un hombre de palabra, ¿no es cierto, Lord Yaten?"

— "Depende de la palabra" —dijo Yaten evasivamente, mirando a una y otra mujer—. "Me doy cuenta de que están preparando algo, y no hay nada que me guste más que este tipo de complots" —se frotó las manos con satisfacción—. "¿Qué están tramando las damas?"

— "Primero, tendrás que jurar que guardaras secreto eterno" —dijo Michiru.

— "Muy bien, mis labios están sellados" —Yaten mantuvo sus labios cerrados con el pulgar y el índice de una mano.

Michiru asintió con beneplácito.

— "Serena quiere casarse con tu hermano."

— "¡Michiru!" —Serena se quedó con la boca abierta, horrorizada por el hecho de que lo hubiese soltado con tan poca delicadeza—. "¿Cómo has podido…?"

—"Oh, calla" —dijo Michiru—. "No hay ninguna necesidad de darle vueltas al asunto. El tiempo es esencial. Necesitas un marido, y Lord Seiya necesita un heredero. ¿No es eso cierto, milord?"

Yaten las miró de reojo mientras parecía meditar la pregunta. Se acarició el mentón, cubierto por la barba.

— "¿Cómo debería responder a eso?" — preguntó cubriéndose los labios con los dedos—. "Mi parte ambiciosa, que heredaría las tierras de Seiya, dice que no. Él no necesita un heredero. Me agradaría enormemente poseer semejantes riquezas, sin embargo, el hermano respetuoso que hay en mí está de acuerdo con las damas."

Su aire de broma se disipó cuando enfrentó la mirada de Serena.

— "¿Y qué hay de ti, milady? Me gustaría conocer lo que sientes por mi hermano antes de comprometerme."

Sus sentimientos. Ésa era una pregunta muy difícil de contestar.

— "Me parece lo suficientemente aceptable como marido."

Yaten resopló.

— "¿Y eso es todo lo que necesitas?"

— "Necesita que alguien cuide de él" —dijo Serena, intentándolo de nuevo.

Yaten se rió.

— "Eso es lo último que necesita. Te aseguro que puede apañárselas bastante bien solo. Intentalo otra vez."

Michiru le dio un codazo.

— "Dile lo que me has dicho a mí, Serena."

Ella negó con la cabeza.

— "La deja sin aliento, y está bastante encaprichada con él."

Serena abrió la boca para reprender a su amiga, pero Michiru no le habría hecho ningún caso.

— "Ella percibe la bondad en su interior. ¿Tiene razón en eso, milord?"

Yaten asintió.

— "Muy bien, te ayudaré" —echó un vistazo a lo lejos y palideció—. "Aquí viene. Simulen que estamos hablando de cosas sin importancia."

Seiya frunció el ceño cuando cruzó el salón y vio a Yaten, a Michiru y a Serena reunidos en un círculo, como si estuviesen confabulándose para algún tipo de acción criminal.

Cuando se acercó, Yaten empezó a silbar, y su mirada recorrió rápidamente a las mujeres, que parecían concentradas en una conversación sobre velos.

Serena se retorcía los dedos mientras hablaba con Michiru.

— "El verde es el mejor color para... para... para... las cosas."

— "Oh, sí. Queda muy bien en cosas como… bueno, en muchas cosas."

— "¿Qué está pasando aquí?" —preguntó Seiya suspicazmente.

En ese momento, tres rostros se volvieron hacia él con tal mirada de inocencia que habría hecho reír a cualquier otro hombre.

Seiya inclinó la cabeza y, de pronto, se sintió como un gato acorralado por tres ratones.

— "¿Qué clase de conspiración es ésta?"

— "¿Conspiración?" —preguntaron ellos casi al unísono.

Yaten le dio unas palmaditas en la espalda.

— "Llevas sirviendo al rey durante tanto tiempo que ya ves cosas raras donde no las hay."

¿Lo creían tan necio como para no darse cuenta de que allí estaba pasando algo?

Evidentemente sí.

— "Ven" —dijo Michiru tomando el brazo de Yaten—. "Permitime conducirte a la mesa y haceros partícipe de la maestría culinaria de nuestros cocineros. Te gustará el faisán asado" —le dijo a Seiya—. "La salsa de bayas de saúco es la más sabrosa de toda la Cristiandad."

Con renuencia, Seiya les siguió, sin poder sacudirse aún la incómoda sensación de que él era el único ganso que iba a ser cocinado a fondo en el salón esa noche.

Michiru lo sentó a la mesa entre Serena y Yaten. Se sentía atrapado, incapaz de escapar. Con un nudo en la garganta, guardó silencio mientras los criados servían la comida.

Yaten se inclinó hacia él.

— "¿Te encuentras bien?"

Seiya respiró hondo y asintió, aunque podía sentir que estaba comenzando a sudar.

— "¿Milord?" —le dijo Serena, atrayendo su atención.

Cuando la miró a los ojos, observó una gentileza en sus rasgos que alivió el nudo de su estómago.

— "Perdona mi atrevimiento" —dijo ella— "pero Michiru me ha dicho que habrá un baile después de la comida. ¿Querrías uniros a mí?"

Una imagen de ella danzando alrededor del poste de mayo le vino a la mente. No se le ocurría nada que pudiese proporcionarle mayor placer que bailar con ella.

— "No, milady, no lo haré."

La desilusión oscureció sus ojos.

— "A mí me encantaría bailar contigo" —dijo Yaten, inclinándose por delante de Seiya para hablar con ella.

Una puñalada de celos atravesó su corazón, pero no dijo nada. En cambio, concentró sus pensamientos en servir la comida a Serena. Observó la gracia de sus movimientos mientras comía. Y cuando ella tomó el cáliz y colocó los labios en el mismo lugar por el que él había bebido, sintió un escalofrío deslizándose por su espalda. Había algo muy íntimo en ese gesto. Era casi como si hubiesen compartido un beso.

— "¿La comida no es de vuestro agrado?" —le preguntó ella en voz baja cuando notó que apenas había comido nada.

Seiya sacudió la cabeza.

— "La comida está bien."

— "¿Entonces por qué no la comes?"

— "No tengo hambre."

— "¿Sabes, milord? No te he visto comer lo suficiente como para satisfacer a una abeja. ¿Cómo has crecido tanto alimentándote tan sólo del aire?"

— "Se lo dejo a Yaten" —dijo Seiya secamente—. "Él come suficiente para ambos."

Serena se rió cuando observó el plato de Yaten, en el que éste había apilado una cantidad de pollo, faisán, manzanas asadas y puerros digna de un rey.

— "¿Qué?" —preguntó Yaten cuando notó que le miraba.

—" Se limita a admirar tu glotonería."

Yaten tragó lo que tenía en la boca y alzó su copa.

— "Buena comida, buena música y buenas mujeres son todo lo que necesito en la vida para ser feliz. Espero que algún día, hermano, pruebes esa combinación."

Seiya se apoyó sobre el respaldo de la silla, negándose a picar en el cebo por una vez. A decir verdad, no se sentía con ganas. Todo lo que quería era salir de allí.

La presencia de Serena a su lado era el único consuelo que tenía.

Observó cómo ella mordía delicadamente un tierno pedazo de pollo, lamiéndose después esos labios rojos para quitarse la salsa. El consuelo se convirtió en un lecho de espinas que se le clavaron en todo el cuerpo.

Sería una grosería abandonar el salón. Lo sabía.

Pero aún así…

Lo has pasado peor.

¿De verdad? No podía recordar que ni siquiera las heridas más graves que había sufrido en la batalla le hubiesen dolido tanto como las ingles en ese preciso momento.

Parecía que había pasado una eternidad cuando, al fin, convocaron a los músicos y la gente empezó a levantarse de las mesas. Yaten se apresuró a tomar la mano de Serena para sacarla a bailar.

Seiya lo observó con envidia. No había cojera alguna en los andares de Yaten, ni muestras de dolor en sus zancadas. Y, por un momento, deseó no haber corrido ante el caballo de su padre aquel día.

La vergüenza lo embargó ante semejante pensamiento. La vida de Yaten bien había merecido la pena. Mejor haber perdido la pierna que Yaten hubiese perdido la vida.

Pero deseó que, por una vez en la vida, fuese él quien bailara.

Suspirando, se levantó de la mesa y fue en busca del solaz que pudieran proporcionarle las almenas.

SyS

Serena interrumpió su baile en cuanto se percató de que Seiya se iba. La tristeza parecía aferrarse a él, como si la alegría de la noche lo deprimiera.

— "¿Dónde va?" —inquirió, preguntándose si había algo de verdad en sus sospechas.

Yaten se volvió para mirarle.

— "A las almenas, sin duda."

— "¿A las almenas?" —frunció el ceño—. "¿Por qué?"

Yaten se encogió de hombros.

— "Lleva haciéndolo desde que puedo recordar. Se pasa la mayor parte de la noche paseando por ellas."

— "¿Por qué?" —repitió ella.

Yaten le hizo un gesto indicando que le siguiese hasta una esquina apartada del salón.

Una vez que estuvieron lejos de los demás, Yaten dijo:

— "Debes jurar que no repetiras lo que estoy a punto de decirte."

— "Lo juro."

Yaten guardó silencio durante un minuto, como si estuviese reordenando sus pensamientos. Una profunda tristeza oscureció sus rasgos.

— "No te puedes imaginar la niñez a la que Seiya sobrevivió, milady. Su padre jamás deseó un hijo. Lo único que deseaba era un legado. Quería que Seiya se entrenase para convertirse en un guerrero, y no en un hombre, e hizo todo lo que se le ocurrió para matar a la parte humana que había en él."

Serena le miró fijamente, intentando asimilar lo que le estaba diciendo.

— "No lo entiendo."

La tristeza de sus ojos se hizo aún mayor.

— "Seiya no duerme mucho porque su padre pensaba que el sueño era una debilidad. Dormir es ser vulnerable. Siempre que pillaba a Seiya dormitando, lo golpeaba para despertarlo."

Ella recordó la rabia que había visto en los ojos de Seiya cuando lo despertó en el huerto. Por un momento, había temido realmente que la golpeara.

— "¿Cómo es posible que Fujitaka hiciese una cosa así?" —preguntó.

— "Su padre no tenía corazón" —susurró Yaten—. "Los condes de Ravenswood son tan grandes guerreros porque se les enseña a no sentir nada salvo ira y odio. Es fácil permanecer fuerte durante la batalla cuando no tienes nada que perder en la vida. De hecho, siempre han dado la bienvenida a la muerte y al alivio que les proporciona abandonar sus miserables y solitarias vidas."

El corazón de Serena se detuvo.

— "¿Y Seiya?"

— "En la mayoría de las cosas, es diferente. Hay mucho de nuestra madre en él, aunque lo niega. Ella vivió lo bastante como para enseñarle lo que era la bondad, lo que se sentía al ser amado y protegido. Sabe lo que es proteger y amar pero, por alguna razón, se niega a ver ese lado de su personalidad. En cambio, sólo percibe la parte de él que es como su padre. Si consegues que se dé cuenta de que no es como Fujitaka, conseguiras un marido que jamás se apartará de tu lado."

Un estremecimiento de duda la atravesó. ¿Podría mostrarle lo que era el amor a un hombre al que habían hecho tanto daño?

— "Te lo prometo, él merece la pena."

— "¿Pero cómo, Yaten? No sé cómo lograrlo."

Él suspiró.

— "Yo tampoco. Seiya se encerró en sí mismo hace tanto tiempo que ni siquiera yo puedo alcanzarle. Nunca hubiese pensado que un hombre pudiera ser demasiado fuerte, pero, en el caso de mi hermano, debo admitir que así es."

La mente de Serena dio vueltas a sus pensamientos hasta que un verso de su canción favorita pareció destacar entre lo demás.

— "¡Claro!" —le dijo nerviosa a Yaten—. "Accusain y Laurette."

Yaten frunció el entrecejo.

— "No comprendo."

— "Es una historia que escuchamos esta tarde en la feria. Trata de un soldado sarraceno y una princesa normanda. Pertenecían a dos mundos completamente diferentes, pero el amor permitió que llegaran el uno hasta el otro. Sanó su corazón herido y le permitió amarla."

— "Pero eso no es más que un cuento, y esto es la realidad."

— "Quizás, pero no soy otra cosa que una soñadora, y como tal, estaría muy mal por mi parte no hacer lo que Laurette haría si estuviese en mi lugar."

Yaten arqueó una ceja.

— "¿Y eso es…?"

— "Buscar a mi príncipe allí donde mora" —le dio unas palmaditas en el brazo a Yaten—. "Deséame suerte."

Yaten esperó hasta que ella se hubo ido antes de susurrar:

— "Deseo mucho más que eso, Serena. Deseo que tengas éxito."

SyS

Seiya miraba fijamente la oscuridad de la noche que le rodeaba. Las antorchas habían sido encendidas para iluminar las puertas y el rastrillo, pero más allá de eso no se veía nada. Tan sólo el negro vacío de la oscuridad.

Siempre había encontrado consuelo en la noche. Como los brazos de una madre, ella le hacía sentir que era único. Le recordaba a la muerte, y si cerraba los ojos, podía simular que el mundo había terminado. No había nada. Ni dolor, ni soledad, ni pasado. Ni futuro.

Nada.

Pero cuando abría los ojos, la realidad volvía de nuevo.

¿Cuándo acabaría de una vez?

— "¿Milord?"

Se volvió hacia la suave voz que sonó a sus espaldas.

— "¿Milady?" —dijo con aspereza—. "¿Qué estás haciendo aquí?"

Ella se colocó mejor la capa sobre los hombros.

— "Vine a buscarte."

— "¿Por qué?"

— "¿Por qué no?"

— "¿Eres siempre tan impertinente?" —preguntó él.

— "Sí."

¿Qué había en ella que la hacía enfrentarse a él como ningún otro se había atrevido antes?

— "No estoy de humor para juegos, milady. Deberías volver dentro antes de que te congeles."

— "¿Vendras dentro conmigo?"

Él negó con la cabeza.

Las risas llegaron desde el salón.

— "El bufón" —dijo Serena con suavidad—. "Deberíass haberte quedado a escucharle."

— "¿Por qué"? —y a continuación, antes de que ella pudiese hacerlo, agregó:— "¿Por qué no?"

Ella sonrió.

— "En realidad, iba a decir que no te vendría mal reír de vez en cuando. La risa es el néctar de Dios."

Dio un paso hacia él y, para su asombro, extendió los brazos y colocó las manos sobre sus mejillas. Estaban sorprendentemente calientes, dado el frío que hacía.

Con los pulgares, tiró de sus mejillas hacia atrás, tratando de formar una sonrisa.

— "¿Ves?" —dijo ella—. "No se te ha roto la cara."

Seiya se apartó de su contacto y volvió a apoyarse sobre las almenas para contemplar la oscuridad del bosque. Serena se acercó para colocarse a su lado, imitando su posición.

Pasaron varios minutos allí de pie. Aunque no se tocaban, Seiya podía percibir el cuerpo de ella con tanta claridad como si estuviesen hombro con hombro, cadera con cadera, pie con pie. De hecho, podía sentirla con cada fibra de su cuerpo.

Seiya intentó ignorarla, pero el viento atrapó su dulce y femenina esencia y la llevó hasta él.

Las risas del salón disminuyeron a medida que la música empezaba de nuevo.

— "Ya es suficiente" —dijo Serena, rompiendo el silencio. Tomó la mano de él y le hizo girarse hacia ella—. "Bailaré contigo.

— "No sé bailar" —confesó él.

— "Sí, claro que sabes. Olvídate que te he visto entrenando, y todo hombre capaz de girar y maniobrar como tú lo haces, podrá bailar sin ningún tipo de problemas."

— "Te aplastaré los dedos de los pies."

— "Se curarán."

No supo qué responder a eso, así que le permitió tomar sus manos y enseñarle unos cuantos pasos. Para su enorme asombro, no le pisó los pies, y, más asombroso todavía fue el hecho de que se divirtiese haciendo algo tan inofensivo.

Estaba en armonía con todo lo que se refería a Serena mientras ésta se deslizaba a su alrededor. Con la luz de la luna iluminando los claros mechones de su pelo. Con la risa en sus ojos. Sintiendo el cuerpo de la mujer tan próximo al suyo propio.

Ella había logrado convertir su hambre en un apetito frenético que bramaba y rugía demandando que la tomara. Las oleadas de anhelo lo golpeaban con energía, y permanecer inmóvil fue todo lo que pudo hacer para permanecer impasible ante la fuerza del temporal.

Ella dio una vuelta y tropezó. Seiya la tomó justo antes de que se cayera.

La sostuvo entre sus brazos, inclinada. Sus labios estaban tan cerca que apenas les separaban unos centímetros y sus pechos presionaban el uno contra el otro.

Él estudió atentamente el color rosado de sus labios, deseando con todas sus fuerzas atreverse a enfrentar la ira del rey para probarlos.

Sería tan fácil...

Serena se aferró a él con los ojos abiertos de par en par, mirándole con gratitud.

— "Mi héroe" —susurró.

Seiya la miró fijamente. El título de héroe le había sido concedido hace años por necios que no sabían absolutamente nada de él, y por hechos que ni siquiera podía recordar. Pero, por primera vez en su vida, se sintió realmente heroico al verse reflejado en las oscuras pupilas de los ojos de ella. Y aún más sorprendente fue descubrir la alegría que le brindaron sus palabras.

De repente, cobró suma importancia para él que ella lo viese de esa manera. Que nunca se sintiese desilusionada.

Una necesidad oscureció los ojos de Serena mientras le contemplaba a la luz de las antorchas.

— "¿Qué es lo que quieres de mí?" —preguntó mientras se enderezaba para ponerla en pie delante de él.

Ella se mordió los labios.

— "Supongo que debería mostrarme tímida con estas cosas, pero nunca lo he sido. Me he dado cuenta que la franqueza es, a menudo, la mejor manera de enfrentarse a los problemas, y para mostrarme acorde con mi naturaleza, te diré exactamente lo que quiero" —alzó la barbilla para mirarlo con una expresión de absoluta sinceridad—. "Te quiero a ti, milord."

La observó fijamente con rasgos impasibles, sin comprender del todo lo que pretendía decirle.

— "¿Me quieres para qué?"

— "Para marido."

Se quedó boquiabierto. ¿En qué demonios estaba pensando aquella mujer? ¿Es que había perdido la cabeza?

— "¿Te haces una idea de lo que estás diciendo?" —le preguntó.

— "Pues sí, claro" —contestó Serena, indignada.

Seiya se apartó ligeramente de ella. No sabía qué diablos la había poseído, pero aquello era una estupidez de primer orden.

— "No tienes ni idea de lo que pides, milady. A lo que te estarías condenando."

— "No estoy de acuerdo" —dijo dando un paso hacia él y extendió la mano para agarrar su brazo.

Una vez más, él se apartó.

— "No me conoces en absoluto."

— "Y mi madre no conocía en absoluto a mi padre. De hecho, no lo vio hasta el día de la boda, y aun así, se amaron el uno al otro. Muchísimo."

— "Hablas de ello como si fuese una cuestión simple."

— "El matrimonio a menudo lo es."

— "Se está comportando como una estúpida, señora. Larguese de aquí" —le dio la espalda y empezó a caminar hacia el torreón.

Ella corrió tras él y le bloqueó el camino.

— "No podrás escapar de mí. No pienso permitirlo."

Sintió cómo la furia le invadía ante el hecho de que ella se atreviese a bloquearle el paso. Especialmente cuando todo lo que deseaba hacer era huir de ella y de los confusos sentimientos que le provocaba.

— "¿Es ésta tu manera de conseguir que te envíe a casa con tu padre?"

Ella lo miró como si el mero pensamiento la ofendiese.

— "Lo último que quiero es que me envíes a casa. Quiero un marido."

— "Entonces regresa al salón y buscad otro."

Y antes de que supiera lo que pensaba hacer, Serena tomó su rostro entre las manos, se puso de puntillas y apoyó sus labios contra los de él.

El deseo inundó todas las fibras de su cuerpo.

Reaccionando de forma totalmente instintiva, Seiya la apretó entre sus brazos y amoldó su cuerpo contra el de él. Serena se rindió totalmente a sus caricias mientras él le abría la boca para probar su dulzura. Enredó los brazos alrededor del cuello del hombre y suspiró de alegría.

La cabeza de Seiya rugía como si hubiese bebido demasiada cerveza, y todo pensamiento racional desapareció de su mente.

No existía nada salvo ella; nada salvo su cuerpo cálido y flexible contra el de él; nada excepto el sabor de su boca, el olor a madreselva de su pelo, y el sonido de su respiración entrecortada sobre sus oídos.

Su beso era una mezcla de inocencia y timidez, aunque curioso e intrépido. Él jamás había sentido algo así, y tampoco había deseado nada como deseaba tener un lecho para ellos dos en esos mismos momentos.

En su excitación, ella apretaba los pechos contra su torso, inflamándole aún más cuando se frotaba contra él, rozando con la cadera su miembro duro e hinchado.

Seiya se apartó de sus labios con un gemido y se atrevió a hacer lo que llevaba tanto tiempo deseando. Enterró los labios en el hueco de su garganta y mordisqueó su tierna carne con los dientes. Serena jadeó de placer y, sepultando las manos en su cabello, lo apretó con fuerza contra ella.

El dulce sabor de su piel se grabó a fuego en los labios y en la lengua de Seiya mientras ella se estremecía en sus brazos. La deseaba. En ese lugar, en ese momento.

Su cuerpo ardía por ella y no podía pensar en otra cosa que en poseerla.

Serena gimió ligeramente al percibir la cruda sensación de poder que emanaba del hombre a medida que la lengua y los labios obraban esa magia sobre su cuerpo. Cientos de espirales de placer atravesaron todo su cuerpo, dejándola con una insólita y pulsante necesidad.

Sin vergüenza alguna, ella apretó los labios contra sus mejillas, sombreadas por la barba incipiente, encantada con el sabor y el contacto de aquella piel masculina. Lo sintió temblar mientras deslizaba una mano sobre su pecho derecho, dándole un ligero apretón. Ella se sobresaltó ante la extraña sensación que la atravesó, y su deliciosa agonía no hizo más que aumentar cuando él cubrió su pecho y hundió la cabeza bajo la línea de su escote para besar la carne que estaba justo al lado de la firme cúspide.

Oh, era maravilloso. Sentirle tan fuerte y exigente entre sus brazos mientras le proporcionaba un placer que Serena jamás había conocido. Nunca se había sentido así, y, en ese momento, supo que no descansaría hasta que Seiya fuese de su propiedad.

Y cuando él metió la mano dentro de su escote y acarició el pecho desnudo con sus dedos, ella pensó que lo más seguro era que se desmayara de placer.

Seiya gimió al sentir el pesado pecho en su mano y su pezón tenso contra su palma mientras movía la boca hacia su oreja. Produjo miles de escalofríos sobre la piel de ella con la lengua, maldiciendo a la vez el condenado tejido que le impedía acariciar todo su cuerpo.

Con la cabeza dándole vueltas, Seiya regresó hacia sus labios y la empujó contra la pared.

Serena tomó el rostro de Seiya entre las manos mientras se deleitaba en la sensación del firme cuerpo de él apretándola con fuerza contra las frías rocas. Lo besó con fiereza cuando él asaltó su boca. Nunca había saboreado nada como ese hombre. Era totalmente increíble. Absolutamente maravilloso.

Se dio cuenta vagamente de que le estaba subiendo el dobladillo de la túnica. Recorrió con las manos sus nalgas desnudas, dejando un rastro de calor y placer sobre su piel. Y antes de que se diera cuenta de lo que iba a hacer, Seiya bajó la mano entre ellas y separó cuidadosamente los pliegues inferiores de su cuerpo para tocarla donde nadie la había tocado jamás.

—" Oh, Seiya" —gimió mientras sus dedos aliviaban el dolor palpitante que sentía en el mismo centro de su ser, y ella se frotaba instintivamente contra su mano.

Seiya se quedó paralizado al escucharla pronunciar su nombre, y la realidad le cayó encima de repente.

Un minuto más y habría…

Soltando una maldición, se obligó a apartarse de ella antes de que fuese demasiado tarde.

Ella volvió a acercarse, pero él agarró sus brazos para evitarlo. Tenía los labios hinchados por sus besos. Y al ver sus ojos cargados de pasión, Seiya pudo comprobar que Serena lo deseaba tanto como él a ella.

Pero tomarla significaría su muerte.

— "¿Tanto me odias que sacrificarías tu virginidad para verme muerto?" —preguntó con furia.

Ella parpadeó confundida.

— "Yo no te odio, Seiya. ¿Cómo podría?"

El hechizo en el que ella lo había envuelto desapareció ante esas palabras, y, una vez más, la claridad reinó en su mente.

— "Me parece que la pregunta sería: ¿Cómo podríais no hacerlo?"

SyS

Confundida por su pregunta, y con el cuerpo aún inflamado por sus caricias, Serena no podía pensar en nada salvo en que Seiya se había alejado de ella. ¿Por qué no veía las cosas como ella?

No me conoces en absoluto.

Esas palabras encerraban una gran verdad y sin embargo...

Había presenciado su amabilidad las veces suficientes como para saber que era un buen hombre. Y aunque Seiya parecía no darse cuenta de lo que él mismo necesitaba, ella sí lo hacía.

Enderezando la espalda con determinación, fijó la mirada en el lugar por el que él había desaparecido.

— "No hallaras escondite, milord, que yo no pueda encontrar. Vas a comprender que soy tan terca como una mula, y cuando se me mete algo entre ceja y ceja… Bueno, puede que tengas una voluntad de hierro, pero no es rival para la mía. Ya lo veras."

Se rozó los labios con el dorso de sus dedos. Él había respondido con deseo y pasión. Incluso una virgen podía darse cuenta de eso. Y si la deseaba, es que sentía algo por ella.

La lujuria no era el único sentimiento que quería despertar en él, pero era un comienzo. Un comienzo que necesitaba y que, definitivamente, podría utilizar.

SyS

Seiya apretó los dientes, sintiéndose acorralado por las emociones que lo atravesaban. Furia, agonía, lujuria. Había roto la palabra que le había dado a Artemis, pero lo peor de todo era el punzante deseo que inundaba su cuerpo. Podía recordar con toda facilidad la forma en que ella se había deshecho en sus brazos. La manera en que se había derretido ante sus caricias.

¡Por el amor de Dios, le habría permitido tomarla!

Para marido.

Esas palabras resonaron en su cabeza mientras sentía cómo le ardían los labios, marcados a fuego por su inocente beso.

¿Pero en qué demonios estaba pensando Serena?

Su padre se moriría del susto si conociese sus planes. De hecho, casi merecía la pena decírselo a Kenji para mantener al conde fuera de su camino.

Bien, ella podría creer todas las estupideces que quisiera. Desear algo no lo convertía en realidad. Él, mejor que nadie, sabía que eso era verdad. Y ahora que conocía su juego, podría protegerse incluso mejor.

¡Por todo lo que era sagrado, no volvería a tocarla! Ni siquiera una mano, ni siquiera el dobladillo de su túnica. Sí, a partir de ese momento, se mantendría alejado de cualquier parte de ella.

SyS

A la mañana siguiente, cuando Seiya bajaba las escaleras, Serena tropezó en uno de los escalones superiores. Cayó de lleno contra él, tocando cada parte de su cuerpo, desde la mejilla hasta los dedos de los pies.

El peso de su cuerpo lo apretó contra la pared lo suficiente como para mofarse de su intento de mantenerse alejado, mientras el recuerdo de la noche anterior volvía de lleno a su cabeza.

Con demasiada nitidez, recordó lo que sintió al recorrerla con las manos, el sabor de sus labios, el sonido de los suspiros de placer en los oídos.

— "¿Te encuentras bien, milord?" —preguntó ella, y su dulce y cálido aliento le hizo cosquillas en la garganta—. "No me di cuenta de que estabas ahí."

Había un brillo en su mirada que le hacía cuestionarse su sinceridad. Especialmente teniendo en cuenta el hecho de que no sólo no se había apartado de él, sino que, además, los labios de ella estaban peligrosamente cerca de los suyos.

— "Aunque me alegro muchísimo de que estuvieses ahí" —añadió apresuradamente— "de otra forma hubiese caído por las escaleras y me habría roto el cuello."

Seiya aún no podía hablar. No mientras tuviese el brazo sobre aquellos grandes pechos y las piernas entrelazadas con las de ella. Podía sentir el corazón de Serena latiendo con fuerza bajo su antebrazo, y cuando ella se echó hacia atrás, su cadera rozó la parte de él que más sufría por poseerla.

Se estremeció.

Y por el bochorno que apareció en la cara de la joven, dedujo que ella había percibido su erección en toda su longitud.

Un atractivo rubor oscureció sus mejillas, haciendo que sus ojos de gata resplandecieran.

— "Gracias por tu caballerosidad, milord. Creo que, de aquí en adelante, te nombraré el héroe de mi corazón."

Por fin él fue capaz de decir algo.

— "Me das demasiado crédito" —dijo rápidamente. Después de todo, lo último que necesitaba es que ella malinterpretase sus acciones—. "Ni siquiera me percaté de que estabas detrás hasta que caíste sobre mí."

—"Oh" —dijo ella, colocándose bien las faldas.

Seiya la miró con suspicacia mientras ella alisaba el tejido sobre su cuerpo, resaltando las curvas de sus caderas. Y como si eso no fuese lo suficientemente malo, ella se inclinó, exponiendo las cimas de sus pechos a su hambrienta mirada.

Su ingle se tensó aún más cuando recordó la sensación de esas maduras puntas sobre la palma de su mano. ¡Por San Pedro, realmente se le estaba haciendo la boca agua!

— "Espero que sepas perdonar mi torpeza" —dijo ella cuando se enderezó—. "Intentaba darme prisa para que no tuvieses que esperar tanto esta vez."

— "Qué amable" —dijo él con aspereza.

Hubiese sido mejor que le hubiese hecho esperar toda una quincena antes que volver a incendiar su sangre con aquel infierno.

Se apartó de ella.

— "Milord" —dijo con tono de reproche—. "Actuas como si me tuvieses miedo."

Seiya se detuvo inmediatamente y se giró para mirarla.

— "Yo no temo a ningún hombre."

— "Pero yo no soy un hombre."

— "¿Me crees tan necio como para no darme cuenta?" —preguntó, mirándola con el ceño fruncido.

Ella arqueó una ceja al notar la furia de su voz.

— "Bueno, tu manera de tratarme me hace pensar otra cosa."

Dándose cuenta de su inminente derrota, Seiya trató de retirarse a un lugar seguro.

— "Si me disculpas…"

— "¿Ves?" —dijo ella triunfalmente—. "Ahí lo tienes."

Él hizo una pausa, confundido.

— "¿Ahí tengo el qué?"

— "Estás tratándome como si no fuese una mujer."

Le dolía la cabeza por los intentos de comprender la lógica de aquella mujer.

— "Si no te estoy tratando como a una mujer, entonces dime, por favor, ¿cómo te estoy tratando?"

Una extraña expresión apareció en los ojos de ella.

— "No lo sé."

— "¿No lo sabes?" —preguntó con incredulidad.

Ella parpadeó inocentemente.

— "No lo sé."

— "Entonces, ¿por qué estamos manteniendo esta discusión?"

— "¿Por qué no?" —dijo ella sarcásticamente.

Seiya la miró de soslayo. Tenía un aire juguetón, una nota de travesura.

— "Estás jugando conmigo, ¿no es así?"

Una luz diabólica brilló en sus ojos.

— "¿Y si así fuera?"

— "Entonces te diría que dejaras de hacerlo."

— "¿Por qué?"

— "Porque me molesta." —Empezó a bajar los escalones de nuevo.

— "Yo prefiero que me molesten a que me ignoren" —añadió ella, elevando la voz mientras bajaba tras él—. "Eso es lo que has estado haciendo toda la mañana, ¿no? ¿No has estado ignorándome?"

— "¿Y si así fuera?" —preguntó él sin detenerse.

Ella alzó la barbilla.

— "Entonces te diría que dejaras de hacerlo."

Seiya se apretó las manos contra las sienes con frustración, al descubrir que ella estaba utilizando sus propias palabras contra él.

Se detuvo al pie de las escaleras y la miró.

— "¿Por qué me estás haciendo esto?"

— "¿Hacerte qué?" —preguntó con tal mirada de inocencia que casi le hace soltar una carcajada.

— "Marearme con tu cháchara. Te juro que estoy empezando a sentir vértigo."

La mirada de ella bajó hasta sus labios, y Seiya pudo contemplar su deseo.

— "¿No es posible que sientas vértigo por otra cosa?" —preguntó con voz baja y seductora.

— "¿Y qué podría ser?"

Ella se encogió de hombros, sonrió, y descendió los escalones.

— "¿Cómo iba yo a saberlo?" —dijo por encima del hombro—. "No soy un ogro melancólico. Soy una mujer, simple y llanamente."

Seiya emitió un grave gruñido. «Simple y llanamente» la describía tan bien como «guijarro» describía a Gibraltar.

— "Yo no soy un ogro melancólico" —añadió él, siguiéndola.

Ella se detuvo en la puerta y lo miró con expresión traviesa.

— "No, tienes razón. ¿Pero sabes lo que eres?"

¿Se atrevería a preguntárselo?

Se atrevió.

— "¿Qué?"

Ella se pasó la lengua por los labios, y la mirada que le dedicó le hizo arder de deseo.

— "Eres un hombre muy apuesto, con unos ojos preciosos."

Confundido, Seiya no se movió hasta que ella hubo salido por la puerta.

Jamás en su vida le habían dicho una cosa así. Ogro, demonio, hijo del diablo, entre otras cosas. Le habían dedicado multitud de insultos. Pero nadie le había hecho nunca un cumplido sobre nada excepto sobre sus proezas en la batalla.

— "Unos ojos preciosos" —repitió, incómodo aunque extrañamente halagado.

¿De verdad tenía unos…?

— "Oh, ¡a la mierda con eso!" —espetó en un siseo. A quién le importaba cómo eran sus ojos mientras pudiese ver con ellos. No era ninguna bonita sirvienta que perdiera la cabeza por un cumplido. Era un caballero que había jurado mantener las manos aparatadas de Lady Serena.

Y mantener las manos apartadas de ella era lo que pensaba hacer.

SyS

— "¿Podrías echarme una mano, milord?"

Seiya se encogió ante la pregunta de Serena, mientras ella esperaba junto al caballo a que la ayudase a montar.

¿Qué había dicho en el castillo hacía apenas una hora sobre mantener las manos apartadas de ella?

Buscó a Yaten, pero parecía haber desaparecido. El resto de sus hombres ya estaban sobre sus monturas.

Resignado, asintió.

Limítate a pensar que es una monja gorda y horrorosa.

Sí, una que olía a madreselva y a rayos de sol. Su cuerpo se sobresaltó ante la esencia de ella, y pudo sentir cómo se contraían los músculos de sus brazos.

Tan rápidamente como le fue posible, la alzó hasta la montura. Pero ella no se agarró a la silla.

— "¿Hay algún problema?" —dijo con un gruñido.

Ella agitó las pestañas con aire inocente.

— "Parece que no soy capaz de sentarme."

Él reprimió el impulso de echarla sobre el caballo como si fuese un saco de grano.

— "Estás haciendo esto a propósito" —murmuró él.

Su mirada traviesa confirmó sus sospechas.

— "Ya te dije lo que quería, milord, y no dudaré en usar todos los medios a mi alcance para ganar."

Él la descargó sobre la silla de montar.

— "Puede que deba hacerte una advertencia, milady. Nadie me ha vencido jamás."

— "Entonces diría que ya es hora de que alguien lo haga."

Seiya había abierto la boca para responder, cuando se dio cuenta de que Yaten acababa de unirse a ellos.

—"Ah" —dijo Yaten pasando de largo—." Veo que ya te has ocupado de la dama. Eso ha estado muy bien."

— "¿Por qué? ¿No te habrás torcido el brazo también?" —preguntó Seiya sarcásticamente mientras Yaten tomaba las riendas.

—"De hecho, sí. Creo que tendré molestias durante algún tiempo. No podré hacer nada caballeroso."

Una conspiración.

Debería haberlo sabido. Bueno, pues él no era ningún peón al que pudiesen mover de un lado a otro. ¡Al diablo con ellos!

Subiéndose a su caballo, Seiya esperó a que Serena se despidiese de Michiru, quien sostenía un gran libro con cubiertas de cuero en las manos.

— "¿Me escribirás en cuanto nazca el bebé?" —preguntó Serena.

— "Claro, y tendrás que venir a verme de nuevo."

Serena lanzó una mirada a Seiya.

— "Veré lo que puedo hacer."

Asintiendo, Michiru le entregó el libro a Serena.

— "Esto es para ti."

— "¿Para mí?" —Serena empezó a abrirlo, pero Michiru cerró de golpe el libro y sacudió la cabeza.

— "Es para que lo veas a solas, en la intimidad de tu habitación."

— "Pero…"

— "Serena" —la interrumpió Michiru con tono tenso—. "Tienes que verlo a solas. Trata sobre el tema que estuvimos hablando esta mañana."

La boca de Serena formó una «O» perfecta cuando entendió lo que Michiru quería decir.

Seiya intercambió una mirada con Yaten, que se encogió de hombros como si no tuviese la más mínima idea de lo que hablaban las mujeres.

Pero Seiya sí lo sabía. La conspiración se había puesto en marcha. Y estaba impaciente por echar mano al dichoso libro y descubrir qué era exactamente lo que estaban tramando, porque no le cabía ninguna duda de contra quién estaban tramándolo.

Michiru ayudó a Serena a asegurar el libro en sus alforjas.

— "Buen viaje a todos."

Serena entrelazó las manos con Michiru, y después se despidió de Garayan.

— "Estoy lista, milord" —le dijo a Seiya—. "Te agradezco mucho tu paciencia."

Seiya hizo una breve inclinación de cabeza a Garayan y le dio un ligero toque a su caballo para que se pusiera en marcha, guiando la comitiva a través de las murallas. Al menos, durante los días siguientes no tendría que preocuparse por tener cerca a la dama. Pasaría la jornada en su caballo y él en el suyo.

Por fin tendría paz.

SyS

— ¿Qué quieres decir con eso de que su caballo se ha quedado cojo? —gruñó Seiya mirando a Ryo, uno de sus caballeros.

— "Puede comprobarlo usted mismo, milord" —dijo él echándose a un lado.

Seiya alzó el casco izquierdo trasero y lo vio. ¿Un caballo herido?

¿Es que el destino también estaba conspirando contra él?

Si no estuviese seguro de lo contrario, juraría que Serena o Yaten tenían algo que ver con aquello. Pero no había apartado la mirada de la dama en todo el camino, y sabía que no había hecho nada para dañar al animal.

Era, simplemente, una de esas cosas miserables, terribles y espantosas que ocurrían de vez en cuando.

— "Está bien" —dijo Seiya bajando el casco del caballo—. "Quítale la montura y encárgate de llevarlo a Ravenswood a paso lento para evitar que se haga más daño."

— "Sí, milord."

— "Yaten" —dijo Seiya mirando a su hermano, que los observaba desde su silla—. "La dama cabalgará contigo."

Serena atravesó la corta distancia que los separaba y le dijo en voz baja.

— "No montaré con él, milord."

— "Harás lo que te digan."

Ella alzó las cejas, mirándolo con expresión de reproche.

— "No uses ese tono conmigo."

— "Mujer" —gruñó con una voz grave que habría logrado que hombres adultos se postraran de rodillas, temblando de miedo—. "Esto no es un juego."

El rostro de ella perdió la alegría, pero no demostró ni rastro del miedo que él estaba acostumbrado a provocar. Más bien, su gruñido parecía haberla puesto desafiante.

— "Tienes razón, milord. No lo es. Montaré contigo o iré caminando."

Seiya la miró echando fuego por los ojos.

— "¿Es que no tienes sentido común alguno? ¿Cómo se te ocurre presionarme así?"

— "Tengo sentido común de sobra."

— "Entonces monta con Yaten."

— "No."

Por el gesto terco de su mandíbula, Seiya pudo deducir que no tenía intención de ceder en aquel asunto.

— "Si tu eres la más gentil de las hijas de Kenji, entonces agradezco el privilegio de no haber tenido que conocer a tus hermanas.

Dándose cuenta de que discutir con ella sólo serviría para desperdiciar el tiempo, Seiya cedió.

— "Monta en el maldito caballo."

Serena notó que, tal vez, en esta ocasión lo había presionado demasiado. Puede que, después de todo, no debiese mostrarse tan atrevida. Pero su padre pensaba que su atrevimiento era una de sus cualidades más atractivas.

Mientras se colocaba en la silla, pensó que, posiblemente, Lord Seiya no estuviese muy de acuerdo con él. De hecho, a juzgar por la rigidez de su cuerpo, no creía que pensara muy bien de ella en esos momentos.

Abrió la boca para disculparse.

— "No hables" —siseó Seiya—. "Ni una sola palabra."

Serena cerró la boca y juró no abrirla de nuevo hasta que él se disculpase por el tono que había empleado con ella.

Seiya notó que se ponía tensa sobre su regazo y supo que la había ofendido. Que así fuera. No creía que pudiese soportar tener que sentirla apretada contra su cuerpo mientras aquella sedosa voz se dirigía a él. De hecho, le dolía todo el cuerpo por el deseo, hasta el punto que no sabía si podría resistirlo.

Si pasaban junto a cualquier pueblo, ciudad o mansión durante su viaje, pararía y compraría un caballo para ella, costara lo que costase. De hecho, cambiaría gustosamente todo lo que poseía a cambio de un obstinado jamelgo.

SyS

El día transcurrió en silencio mientras Seiya hacía lo posible por distanciar su mente del cuerpo. Pero era imposible. Cada apestoso paso del caballo la empujaba contra él a un ritmo sensual que estaba haciendo pedazos su autocontrol y su tolerancia. Y a medida que pasaban las horas, aumentaba su furia y su miembro se endurecía hasta un punto cercano al dolor.

El viento agitaba los mechones del pelo de Serena, llevándolos contra su cara, acariciando sus mejillas y transportando su olor a madreselva hasta él.

¡Por Dios! Sería sumamente fácil espolear a su caballo, encontrar un sitio apartado entre los árboles y tumbarla debajo de él. Introducirse en ella una y otra vez hasta encontrar finalmente la paz que su cuerpo reclamaba.

El recuerdo de su beso y de la sensación de su piel lo torturaban aún más.

— "¿Milord?"

Hizo una mueca de dolor al escuchar su voz.

— "Te dije que no hablaras."

— "No pensaba hacerlo" —dijo ella de mal humor— "pero no tengo más remedio."

— "Sí, lo tienes."

— "No, no lo tengo" —replicó firmemente.

Él miró hacia abajo y vio el rubor que coloreaba sus mejillas.

— "¿Qué es lo que…?"

— "Tenemos que parar un momento."

— "Quiero llegar…"

— "Milord" —dijo ella, interrumpiéndolo—. "Me estás entendiendo mal. Tenemos" —enfatizó la palabra— "que parar un momento." —Señaló significativamente con la mirada los árboles que dejaban atrás.

Fue entonces cuando Seiya lo comprendió.

—"Oh" —dijo él mientras hacía un gesto con la mano para indicarles a los demás que debían aminorar la marcha.

Seiya condujo a su caballo hasta un pequeño bosquecillo de árboles. Tirando de las riendas para detenerse, ayudó a Serena a descender por el lado izquierdo de la montura.

— "Gracias" —dijo ella con frialdad, y después se dio la vuelta para dirigirse hacia los árboles.

Seiya aprovechó ese tiempo para inspeccionar su caballo, asegurándose de que el peso de ambos no estaba cansando demasiado al animal.

Yaten se acercó hasta allí.

— "¿Estás bien?" —le preguntó.

Seiya le dedicó una mirada furiosa.

Por una vez, Yaten tuvo el suficiente sentido común para no presionarle. Levantó las manos y dio un paso hacia atrás.

— "Ya veo que la respuesta es, definitivamente, no."

Seiya dejó de observar a su caballo y apretó la palma de la mano contra su muslo en un intento por separar pantalones de su hinchado miembro. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar aquello sin volverse loco.

¿A cuánta lujuria insatisfecha podría ser sometido un hombre antes de fallecer por su causa?

¿Y por qué, en el nombre de Lucifer, tenía que ser él quien comprobase cuánto puede soportar un hombre?

Todo lo que Seiya deseaba era estar en paz. Jamás habría acudido a Londres por mandato de Artemis si hubiese sabido cuál iba a ser el resultado, pero justo entonces, le pareció bastante atractiva la idea de regresar ante el rey para su ejecución.

Echó un vistazo a Yaten, que estaba mirando hacia los árboles entre los que habían desaparecido Serena y su sirvienta.

— "Quiere casarse conmigo" —murmuró Seiya a su hermano.

Yaten lo miró fijamente a los ojos.

— "Eso me dijo a mí también."

— "¿Te dijo por qué?"

Él se encogió de hombros.

— "Por alguna misteriosa razón, le gustas."

— "No seas ridículo" —la sonrisa de Seiya estaba cargada de burla—. "No le gusto a nadie. Lo que quiere es verme muerto; eso es lo que quiere."

— "Si hubiese creído eso por un minuto, nunca…" —Yaten dejó de hablar.

— "¿Nunca qué?" —le preguntó Seiya con suspicacia.

Yaten hizo una pausa, como si estuviese considerando sus palabras, y después terminó apresuradamente:

— "Nunca lo toleraría."

Seiya sacó la daga de su cinturón y le ofreció la empuñadura a Yaten.

— "Toma, ten esto."

Yaten frunció el entrecejo.

— "¿Para qué?"

— "Sostenla y clávamela directamente en el corazón antes de que salga ardiendo en llamas."

Yaten se rió y lo envainó de nuevo en el cinturón de Seiya.

— "Ya sabes lo que se dice. La lujuria no se puede contener. Tienes que hacer algo para librarte ella."

— "¿Tan desesperado estar por obtener mis tierras qué harías que Artemis me matara por su causa?"

— "Te aseguro que no —dijo él ofendido—. Cásate con la muchacha y tómala cuantas veces quieras."

Seiya suspiró.

— "¿Crees de verdad que su padre me querría como yerno?"

— "No tendría otro remedio si se lo pidieses a Artemis."

Por primera vez en su vida, Seiya permitió que la idea del matrimonio le tentara.

— "¿La condenarías a una vida conmigo?"

— "Seguramente sería mejor que la vida que llevó con su padre. Apostaría a que tú al menos dejarías que tuviese un momento o dos de diversión."

— "Quizás, pero por lo menos con su padre viviría toda su vida. Conmigo no tendría otra cosa que una tumba temprana."

— "Seiya, tú no eres…"

— "No lo digas, Yaten, porque yo sé la verdad. Tú ves en mí sólo lo que deseas ver, pero yo sé lo que yace en mi interior. Es una compañía constante."

Yaten le dio unas palmaditas en la espalda.

— "Te preocupas demasiado, hermano. Tienes que aprender a relajarte y disfrutar de la vida. Tómate un respiro y vive" —Yaten hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia los árboles.

Seiya se volvió para ver a Serena, que se acercaba a ellos.

— "Podrías aprender mucho de la dama" —le dijo Yaten en voz baja—. "Ella sabe cómo sacar el máximo partido a lo que Dios nos ha dado."

Seiya consideró sus palabras.

Yaten hacía que todo pareciese muy fácil, pero las consecuencias eran demasiado graves. Si escuchaba a su hermano y se casaba, habría mucho más que un pequeño riesgo de que un día la matase.

Hasta ahora, había mantenido su temperamento bajo control cuando estaba con ella, pero Serena parecía no tenerle ningún miedo y temblaba al pensar que un día le empujara más allá de sus límites.

Habría una sola forma…

No, era una opción que nunca tomaría. Una que se negaba a tomar.

Serena no dijo una palabra cuando se acercó a los hombres. Seiya apartó la mirada.

Ella intercambió una mirada de frustración con Yaten antes de decirle a Seiya:

— "¿Podremos disfrutar ahora de la comida o planeas cabalgar durante el resto del día?"

Seiya se pasó una mano a través del pelo, pero siguió sin mirarla.

— "Mi caballo necesita descansar más. Tomate el tiempo que necesites."

Ella levantó las manos mirando a Yaten y luego, impulsivamente, las colocó como si se dispusiera a estrangular a Seiya.

Cuando ya casi había llegado a su cuello, Seiya se volvió para observar lo que estaba haciendo.

Serena echó los brazos hacia atrás y sonrió.

— "¿Qué estabas haciendo?" —preguntó Seiya con recelo.

Ella sonrió dulcemente.

— "Nada."

Él miró a Yaten.

— "¿Qué estaba haciendo?"

— "Nada" —contestó él, guiñándole un ojo a la mujer.

Seiya exhaló un profundo suspiro.

— "No tengo tiempo para esto" —murmuró, y comenzó a caminar hacia sus hombres.

— "Es un hombre terco" —dijo Serena a Yaten una vez que estuvieron solos.

— "Hasta lo más profundo de su alma."

— ¿Qué puedo hacer?

— "Insistir. Antes o después tendrá que rendirse y admitir sus sentimientos."

Serena observó a Seiya mientras éste hablaba con sus caballeros. Parecía ignorar por completo su presencia.

— "¿Y qué pasa si no siente nada por mí?"

Yaten se rió.

— "Te lo aseguro, milady, si eso fuese cierto, no te evitaría de esta manera."

— "¿Estás seguro?"

— "Bastante."

Serena meditó sus palabras durante un momento, y también lo que ella tendría que hacer a continuación.

— "¿Crees que me estoy mostrando demasiado atrevida buscándole tan a menudo?"

— "¿El atrevimiento forma parte de tu naturaleza?"

— "Desgraciadamente, sí."

— "Entonces te aconsejo que sigas tus inclinaciones. Si milady está actuando como es en realidad, no hay nada que temer."

Ella encontró eso muy difícil de creer.

— "Nada que temer de un hombre que es temido por más de la mitad de la Cristiandad. Yaten, ¿estás seguro?"

Él asintió.

— "Confía en mí, milady, te darás cuenta de cuándo lo has presionado demasiado."

— "Muy bien, entonces" —dijo ella con un suspiro poco entusiasta—. "Por favor, excúsame mientras voy a molestarle un poco más."


¡Hola!

Me estoy portando re bien esta semana, ya actualice "Desde que te vi" XD.

La situación ya fue más comprometedora en este capítulo, Serena no está dispuesta darle ni una sola ventaja a Seiya. Como vengo diciendo últimamente… pobre Seiya.

Esta fue una actualización con dos capítulos juntos, últimamente los estoy haciendo más largos. Creo que de esa manera lo disfrutan un poco más ¿no?

En fin, eso es todo, creo. Siempre que acabo de subir el capitulo me digo que se me olvido algo, pero ya qué?

Gracias a:

maring • serenalucy • Indo K.veronickchikita22bkou • Luni • Ashamed Kawaii •Usagi bombondrixxHotaru KoullenLove-Sesshy-kunodango tsukinoLOYDA ASTRIDKinsei. xKatabrecteri

De verdad, gracias a todas!

Si no leyeron Desde que te vi ¿pueden darse una vuelta? Los dos primeros capítulos quiero reescribirlos, pero decidi seguir el consejo de Sol y dejarlo tal y como esta porque me llevaría tiempo… quizás cuando la termine del todo la reedite, se me hace que podría hacerlo mejor, bah que se yo. Sol dice que son mañas mias jajaja.

Ok, ahora si ya me voy!

BzO!

Akari 87