Disclamier: Todos los contenidos aquí expuestos son pertenencia de la señora J.K. Rowling y la WB, excepto por personajes originales insertados en la trama, que son producto de mi imaginación y para disfrute de cualquier lector, sin fines de lucro.
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Resumen: Hermione comienza a tener sueños extraños a principios de su sexto año, y se va distanciando de sus amigos poco a poco. Cuando se quiera dar cuenta, estará entre Draco Malfoy y su grupo, siendo una Slytherin de primera, y recordando aquello que le escondieron para protegerla.
Identity Stolen
Capítulo nº8: Charlotte
-¿Y bien?
El sol ardía en el medio del cielo y las muchachas se refugiaban bajo un árbol. El silencio fue roto por una castaña, algo incómoda.
-No te creas que es fácil de explicar, Granger.- comenzó la otra. –Te he estado observando estos últimos días. En realidad –explicó, distraídamente, mirando el césped. –Nosotros siempre tenemos al Trío de Oro en la mira. He notado un cambio en ti. Estás acorralada por algo y tus amigos no te están ayudando. Te estás obligando a soportarlo, pero está afectando tu…- se interrumpió de repente, como dándose cuenta de un detalle muy relevante. La miró fijamente. –Granger, ¿estás enferma?- inquirió.
La expresión en rostro de Hermione pareció responderle su pregunta y Pansy se sorprendió. Recordó el estado en el que la Gryffindor estaba en el baño. La palidez, sus ojos ausentes o fuertemente cerrados, además de que parecía perder el aliento.
-No tengo nada grave.- aseguró la castaña, interrumpiendo sus pensamientos.
-No te creo.- replicó, entrecerrando los ojos con suspicacia. La leona se levantó de su lugar, repentinamente perseguida.
-¿Qué te importo yo, de todos modos? Yo sólo soy una sangre sucia, Parkinson.- soltó de sopetón y al escucharla, la aludida se asustó de la dureza detrás de sus palabras.
-No te entiendo.- confesó. Intentó hablar, pero entonces lo notó. El rostro de Hermione parecía de mármol, rígido y pálido. Observó como las manos temblorosas de la chica tomaban su cabeza, presionándola. Sus párpados cayeron y se arrugaron con fuerza. Mientras sus susurros se mezclaban con el viento y le llegaban los oídos…
-Yo creo que los traidores de sangre son aún peores que esos sangre sucias. No son magos dignos. Se rebajan al nivel de los muggles, tratándolos como iguales y viviendo entre ellos. Estoy orgullosa de… de saber lo que tú no sabes. De tener lo que tú no tienes. De ser lo que yo soy y tú no eres ni serás nunca: Una bruja de verdad.
Pansy se quedó paralizada. ¿Por qué había dicho eso? Sonaba escalofriante saliendo de la boca de Granger. La vio caer al suelo y abrir los ojos, casi tan estupefacta como ella, pero se quedó en su lugar, observándola. La seguridad y el desprecio estaban impregnados en su discurso.
Hermione se levantó lentamente, algo mareada. Sintió miedo, porque sabía que lo había dicho en voz alta –algo inusual- y enfrente –justamente- de esa persona. La miró y la Slytherin le devolvió la mirada. Sintió unas arrebatadoras ganas de salir corriendo de allí, pero sus piernas no se movieron. Sus propias palabras le resonaban en la cabeza, mezclándose con otra voz diferente pero… igual.
-Yo…- intentó excusarse, pero sintió que no había nada que pudiera justificar sus palabras. Evitó mirar los ojos de su interlocutora. Maldita sea, pensó.
Comprendió que no había nada para decir. Pansy había preferido el silencio y Hermione lo aprovechó, dando media vuelta y alejándose con nerviosismo.
…
Tenía la cabeza enterrada en el libro, pero había algo que faltaba. Levantó su rostro moreno y observó su rededor. La Sala Común de Slytherin estaba particularmente silenciosa para ser sábado por la tarde. Muchos volvían a las habitaciones, seguramente llovía. Generalmente, la chicas de su casa aprovechaban esos momentos para cotillear, pero no podían hacerlo si alguien no les traía información que pudieran modificar para expandir un chisme.
Pansy estaba sentada en un sillón individual, bastante acercado al suyo, con las piernas y los brazos elegantemente cruzados. Su cabeza estaba ligeramente inclinada hacia adelante, haciendo que sus cabellos oscuros se ensombrecieran el rostro. Lucía pensativa. ¿Qué pasaba por su cabeza en aquellos momentos?
Escuchó un bufido disconforme a su lado y su mejor amigo captó su atención. Sonrió al verlo enfurruñado como un niño pequeño.
-¿Qué le está pasando a esa mujer?- soltó de sopetón, mascullando. No lo miró, pero sabía que debía responder.
-No lo sé.
Luego de unos segundos, Parkinson alzó la vista y los observó, sin ninguna expresión en su rostro. Se levantó y se sentó a un lado de Blaise Zabini, que dejó su libro y esperó, al igual que Draco, que pareció interesarse. Comenzó a hablar en susurros.
-Es más de lo que imaginaba.- dijo. –Está enferma y es algo grave. Granger está enferma- repitió, aclarando.-, y piensa como nosotros.
-¿Como nosotros?- inquirió el rubio. Pansy cerró los ojos y comenzó a decirlo con apuro.
-Creo que los traidores de sangre son aún peores que esos sangre sucias. No son magos dignos. Se rebajan al nivel de los muggles, tratándolos como iguales y viviendo entre ellos. Estoy orgullosa de saber lo que tú no sabes, de tener lo que tú no tienes. De ser lo que yo soy y tú no eres ni serás nunca: Una bruja de verdad.
Blaise intentó decir algo pero la chica lo interrumpió nuevamente.
-A pesar de estar de acuerdo, no lo dije yo. Lo dijo ella.- confesó. –Ella, Hermione Granger.
…
Historia de la Magia siempre había sido una de sus asignaturas más apreciadas. La ayudaba a agilizar la mente y a plasmar mejor los resúmenes en los pergaminos. Pero, por una extraña razón, ese lunes sólo miraba al profesor fijamente, con aburrimiento. No pudo evitar que lentamente sus parpados empezaran a ceder y sus ojos se cerraran luego de unos largos minutos. Apoyó la cabeza en el banco y suspiró suavemente, cayendo dormida.
Eran imágenes borrosas que de vez en cuando se enfocaban y podía ver los detalles con precisión. Los colores se mezclaban y se iluminaban y parecían ser de una película de mala calidad.
La voz somnífera del profesor Binns se hizo lejana y el recuerdo comenzó, sin dolor alguno.
Sus ojos se clavaron en un tablero de ajedrez mágico. Su voz –decidida, pero con un timbre infantil- hizo avanzar un peón, que fue destrozado por un alfil del adversario. El juego siguió y no levantó la mirada en ningún momento. Finalmente, observó con frustración como su rey se rompía en mil pedazos después de que una voz anunciara, triunfante:
-Jaque Mate.- se dignó a levantar la mirada y enfrentar a su rival. Este la miraba sonriente, mientras unos encantadores hoyuelos se formaban debajo de sus mejillas.
-Eres un desgraciado.- soltó ácidamente. El niño rió con soltura, para luego observar como las piezas se recomponían rápidamente.
–Deberías aprender a perder, Charlotte.- comentó. Ella lo miró con desdén.
Abrió los ojos al sentir como la campana le retumbaba en los oídos. Alzó la cabeza y miró a su alrededor. Los alumnos se desperezaban y salían del salón lentamente, con los ojos entrecerrados. Decidió ser más discreta y guardar las cosas rápidamente. Necesitaba ir al baño, urgente.
Empujó a algunos Hufflepuff y corrió velozmente por los pasillos. Subió las escaleras y bajó el ritmo, agitada. Cuando llegó al final del pasillo, abrió la última puerta.
-¿Myrtle?
Miró su alrededor.Intentó ubicar a la fantasma, pero no estaba allí. Seguramente paseaba por las cañerías a esas horas. Miró de reojo el grifo con un "detalle decorativo" en forma de serpiente, pero retiró la mirada rápidamente y alejándose. Dado que por el otro no salía agua, usó el siguiente. Lavó su rostro con agua y se lo secó con una toalla pequeña que sacó de su bolso.
Se miró al espejo detenidamente y sintió unas abrumadoras ganas de llorar. Retrocedió y chocó contra una pared. Deslizó su espalda lentamente hasta llegar al suelo y las lágrimas inundaron sus ojos y cayeron por sus mejillas.
-Maldición…-masculló. Todo aquello le resultaba demasiado pesado y confuso. Se había alejado de sus amigos y aquellas imágenes no paraban de aparecerle en la cabeza. Recordó lo que pasó el fin de semana enfrente de Pansy Parkinson y sintió angustia al recordar sus propias palabras. Mientras lo decía, el sentimiento de estar segura de lo que decía la invadía y eso era lo que la horrorizaba. Ella había creído en eso. Analizó lo que vio en Historia de la Magia. Recordó el rostro del niño, que parecía tener unos diez años. Él le sonreía y reía, como acostumbrado a aquel comportamiento que tenía. Y…
Charlotte, la había llamado. Secó sus lágrimas, confundida. ¿Qué diablos había querido decir con eso?
–Deberías aprender a perder, Charlotte.
-Pareces un tonto Gryffindor y no permitiré que intentes pegarme esa actitud, idiota.- acusó, ofendida. Se levantó del sillón y le dio la espalda. Escuchó un suspiro pero no se dio por aludida. Miró la chimenea y observó el fuego. Algo la sobresaltó y metió una mano en sus bolsillos, sacando una fotografía. Dos adolescentes, una chica y un chico. Los dos sonreían felizmente, abrazados como dos viejos amigos. Reconoció a la mujer y curvó sus labios, risueña. Aquella muchacha era muy parecida a ella, pero no era ella. Y el joven era alguien del que sólo había oído hablar. En la imagen –con movimiento, por supuesto- le guiñó el ojo con picardía y ensanchó su sonrisa. Hizo girar la fotografía entre sus dedos y observó el dorso.
"Celine Sewlyn y Sirius Black
22 de junio de 1977"
"Estoy seguro de que volveremos a vernos alguna vez. Nadie olvida a Sirius Black, nena"
Divisó nuevamente el suelo de piedra del Baño de Myrtle. Pestañeó.
-Vaya.- soltó. Se levantó, tomando su mochila a duras penas y corriendo nuevamente. Salió de allí con el corazón latiéndole a toda velocidad…
Relación entre Charlotte, Celine Sewlyn y Sirius Black.
…y un solo objetivo en la cabeza: averiguar ya mismo, lo que estaba pasando.
…
Sólo sabía que estaba corriendo a toda velocidad cuando sucedió. Impactó su cuerpo, desestabilizando al otro pero haciéndola caer de bruces al suelo. Soltó un quejido, pero fulminó con la mirada al chico rubio que la observaba con odio. Se levantó rápidamente y tomó sus cosas nuevamente, dispuesta a ignorar cualquier insulto e irse.
Le dio la espalda, empezando a caminar nuevamente, cuando se le ocurrió la idea.
-Malfoy…- llamó, con cuidado y un tanto dudosa, mientras se volteaba en su dirección.
-¿Ahora qué quieres?- escupió. Hermione bufó al notar su expresión de desprecio. Fijó sus ojos en los orbes grises del Slytherin y habló.
-Necesito tu ayuda.
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(Realmente, estoy esperando que este final de capítulo los haya dejado con ganas de golpearme. Adieu.)
Próximo capítulo, "Ilumíname, Malfoy"
-Estás totalmente desquiciada, Granger.
-Debes decirme todo lo que sabes acerca de los Sewlyn.
-Coquetea conmigo, sin ninguna censura, mañana en la mañana, durante el desayuno.
-Ella murió.
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Lena.
