Capítulo 9: "Mirada De Pánico."

Salió del cuarto de baño blanca como el papel, con los ojos tan desmesuradamente abiertos que pensó le daría un ataque. Se apresuro a llegar a su lado un poco inquieto ante su reacción. Tenía las manos sobre el pecho y su respiración era agitada.

—¡¿Qué pasa?! ¿Por qué estas así? —indagó, ansioso con el tono de voz al borde de la prepotencia.

Kagome lo observo llena de pánico sin poder exclamar ninguna palabra.

—¡Kagome! ¡Dime que sucede! —la tomó por los brazos ya asustándose al verla de esa manera, sin entender bien porque se sentía así al verla tan estupefacta.

«¿Me… me llamo por mi nombre?»

—I-Inu-yasha… —jadeó despegando sus manos de su pecho mostrándole lo que había en ellas.

Una pluma.

—¿Qué?

—Apareció de la nada —comenzó— yo estaba cambiando mi camiseta, y… y…

—¿Apareció?

Asintió.

—¿Por eso estas así? —frunció, comenzando a sentir ira por lo tonto de su reacción— ¡no seas, tonta!, Kami Sama, dijo que aparecerían cuando yo… —abrió sus ojos desmesuradamente observándola ahora él sorprendido—… cuando yo… descubriera los sentimientos humanos.

—Tú… ¿Qué fue lo que sentiste cuando me fui?

Paulatinamente la soltó posando su mano en la frente, recordando lo que había sentido cuando se fue al cuarto de baño. El sentimiento de regocijo al recordar el rose de sus labios. Abrió con más intensidad sus ojos. Jamás podría decirle eso, tampoco podía creer lo que le estaba sucediendo al estar cerca de esa chiquilla que lentamente iba colándose en el interior de lo que sea que tenga dentro del pecho. Desvió, casi sin darse cuenta, su mirada a ella que aún seguía expectante a él. ¿Podría ser que una mujer que tanto se parecía a la persona que mas odiaba estuviera curando su magullado corazón? Retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás turbado ante su descubrimiento. No quería sentir nada por nadie, el odio había sido su único aliado a la hora de protegerse de personas que podrían lastimarlo y ya estaba muy magullado para recibir otra paliza de la nueva vida que ese jodido de Kami Sama le concedió.

—No… —trato de calmarse tomando aire y exhalándolo— no sé qué sucedió, estuve aquí sin hacer nada. No entiendo porqué apareció esa pluma ante ti.

No creyó su estúpida respuesta. Vio cada uno de sus actos y estaba segura qué algo había sucedido en su mente cuando ella partió a cambiarse de camiseta. Lo miro ya un poco más calmada del susto que la embargo, esta vez llena de recelo.

—Por algo apareció esta pluma y creo que es porque estas comenzando sentir sentimientos humanos —sonrió, deslumbrantemente logrando que Inuyasha se tensara y desviara la mirada ante lo turbadora que podía llegar a ser una sonrisa de esa manera por parte de ella—. ¡Esto es genial! —lo miró ilusionada igual que una niña pequeña lo aria— ¡al fin podrás conseguir todas tus alas y volver a los cielos convertido en un ángel para…!

Se detuvo al ver la mirada seria que él le propinaba.

—¿Qué sucede? —murmuró ya sin esa emoción que la embargo minutos atrás— ¿Por qué me ves así?

—¿Tantos deseos tienes de que me vaya?

—¿Qué? ¡No, espera! No quise decir eso, no me entendiste —farfulló dando un paso a él, pero retrocedió cuando él la fulmino con la mirada y sus ojos mostraron el dolor que ese mal entendido logro hacerle.

—No sé qué tanto digo —sonrió amargamente, provocándole un vuelco en el corazón de la chica.

Jamás la había mirado de esa manera.

—Guarda eso, y júntalo con las demás cuando llegues a casa.

Le dio la espalda encaminándose hacia la salida de la tienda. Kagome lo siguió un poco dolida por lo que sucedió.

—Inuyasha, escúchame, no es lo que quise decir —lo alcanzó tomándolo de un antebrazo deteniéndolo al fin, pero sin que él la mirara. Escudriño su nuca de manera suplicante, como pidiendo perdón sin saber porqué—. Yo me refería a que ya no tendrás que pasar tanto tiempo en la Tierra si logramos juntar todas tus plumas… —bajó la mirada entristecida— no quise herirte, sé cuanto detestas este mundo. Lo decía por eso, no porqué me desagradara tu presencia. Al contrario, me agrada tenerte cerca aunque no lo pareciera porqué ya no me siento tan sola ni triste… —entrecerró levemente la mirada, angustiada, al recordar lo mal que se sentía antes de que él llegara a su vida días atrás—… ya no tenía deseos de continuar con mi vida y me sentía muy triste… con todo lo que está sucediendo en mi familia yo…

Se detuvo abruptamente notando que estaba dejando al desnudo sus sentimientos. ¡Tonta! Ahora el pensaría que era una desdichada. Se ruborizo soltándolo como si quemara, llena de vergüenza bajo su cabeza dejando que sus cabellos ocultaran su rostro.

Inuyasha parpadeo como sacado de un sueño. ¿En verdad ella pensaba eso? Incomodo ante la situación sin saber exactamente qué hacer, volteo el cuerpo observándola desde su altura con la expresión más sorprendida de todas y el corazón martillándole el pecho ¿Qué le sucedía? Abrió su boca para decirle algo, cualquier cosa, pero nada se le ocurrió así que sintiéndose realmente estúpido por cómo se comportaba se arrepintió cerrándola abruptamente. Frunció el ceño sintiendo emoción por las palabras que esa chiquilla le dijo apretando los puños con fuerza, no podía estar comenzando a sentir cosas por ella, aunque muy en el fondo le agradara. Volteó, corriendo hacia la puerta, saliendo como una luz, del lugar, dejando a una Kagome sin saber que hacer exactamente.

Quería salir corriendo de la tienda y perseguirlo. Buscarlo, pero, por otro lado… si lo hacía ¿Qué le diría? Las cosas entre ellos eran muy difíciles. Inuyasha era un medio demonio/ángel/humano, y él no podría quedarse nunca a su lado. Alzo su mirada de súbito. ¿Pero qué se le ocurría? ¿Inuyasha a su lado? Su corazón latió imperioso dentro del pecho, como queriendo llamar su atención. Posó una mano en él tratando de apaciguarlo. Teniendo la mirada fija al frente, esperando tal vez que volviera. ¿Estaba comenzando a sentir lo que creía que sentía?

—Me… me estoy enamorando de… —jadeó, con los ojos abiertos como platos—. No puede ser.

Como un golpe en el pecho cayó de rodillas al suelo. Si se enamoraba estaba segura que moriría de tristeza. Pero esto aun no era seguro, cálmate, cálmate, solo es una suposición. Aunque pensar en él hacía que su corazón latiera como loco. ¿Por qué de repente estos sentimientos salían a flote? Tal vez por el hecho de verse sin él… arrugo la tela donde descansaba su mano. Igual qué como si se hubiera enamorado a primera vista. Quizás se enamoro cuando lo vio aparecer en su ventana e inconscientemente lo negó, tratándose de proteger ya previendo esto. Cerró sus ojos con fuerza. No podía enamorarse, no debía hacerlo, no sabiendo que tenía que ayudarlo a volver. ¿Pero cómo detener al corazón?

Observo la puerta por donde él había desaparecido.

Lo que menos necesitaba en esos momentos era enamorarse…

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

Se quito su abrigo haciendo que gotitas de lluvia cayeran al suelo mojándolo un poco. Sonrió sentándose en la silla de la cocina de la tienda extendiendo una bolsa con comida.

—¿Sabes lo que me costó llegar hasta aquí con esto? ¡Perros callejeros me siguieron toda una cuadra! pensé que lo arrebatarían si me descuidaba —se quejó sonriéndole— pero en fin, logre llegar aquí. ¿Cómo estás? Te ves un poco cansada y tienes los ojos hinchados —entornó su mirada recelosa— como si hubieras llorado.

Kagome se tenso de inmediato dejando el sándwich de bife que Sango le había traído. ¡Rayos! Toda la tarde se la paso deprimida atendiendo a los clientes que entraban a su tienda con sus animales, algunos heridos otros simplemente por revisión y todos ellos le hicieron la misma pregunta notando su agobio.

—Trabajas mucho, y te esfuerzas —suspiró entrelazando sus dedos como si se tratara de una detective avaluando un caso y ella fuera la principal sospechosa—. ¿Qué te sucede? ¡Y no me digas «nada»! —Imitó su vos ante la última palabra— porque juro que te lo sacare a la fuerza. Ya no somos niñas y debes decir lo que tanto te agobia.

—Sango… —llamó cansada.

—¡¿Ves?! Ya comenzamos —tomó una de sus manos— Kagome —la observo de manera intensa— te quiero, lo sabes, por favor dime en lo que pueda ayudarte.

Suspiró dejando a un lado su sándwich cerrando sus ojos, ya cansada.

—Es por el abuelo —¿Cómo decirle que se sentía mal por qué tubo un pequeño mal entendido con un ángel medio demonio?— es que… van a operarlo y… no es seguro que pueda salir victorioso de esa operación.

—Oh, Kagome —se irguió de la silla caminando hacia ella para envolverla en un fuerte abrazo— veras que todo saldrá bien, Kami Sama, no querrá que nada malo le suceda.

«Kami Sama…»

Los ojos se le llenaron de lágrimas. Le estaba mintiendo y no quería, se sentía una mala amiga, pero es que tampoco podía contarle una historia que tenía poca lógica y nada de coherencia. Cerró sus ojos, devolviéndole el abrazo, temblando al contener los sollozos que se le atragantaban en la garganta. Cuantas ganas tenía de decirle que estaba comenzando a sentir cosas por alguien que la dejaría en cualquier momento y que no compartía lo mismo que ella.

«Que difícil… esto no me gusta nada.»

Continuaron hablando luego de ese abrazo, con Sango poniendo todo su empeño para sacarle una sonrisa a su sensible amiga que estaba pasando por una situación bastante pesada. Ya cuando las horas fueron pasando y Sango tuvo que marcharse insistiendo que podría quedarse y acompañarla a su departamento si quería, pero Kagome se negó y casi la saco a empujones de la tienda riendo ante lo graciosa de la situación.

—Basta, mamá-Sango, soy lo suficientemente mayorcita para cuidarme sola, así que ve a tu casa y quédate ahí. Para que te quedes tranquila si quieres puedo llamarte cuando llegue a casa ¿sí?

—¡Bien! Pero más vale que no te olvides ¡porque si no soy capaz de ir a buscarte y ver si estás bien!

Puso sus ojos en blanco riendo.

—De acuerdo, es un trato.

—Muy bien, pero ten por enterado que no me hace feliz esto.

—Bien, bien, ya vete —dijo divertida.

Sango la despidió con la mano y se encamino hacia su casa.

Suspiró cerrando la puerta con llave apagando todas las luces y bajando las persianas con cuidado.

Coloco su abrigo y guardo sus cosas en su bolso, tomando con cuidado la pluma de Inuyasha que brillaba de manera intensa con un aura pura a su alrededor. Se mordió su labio acariciándola con la yema de su dedo índice. Vaya, era sorprendente la calidez que se podía sentir que desprendía. Se cruzo la cinta de su bolso por el pecho dando una última mirada al pequeño cuarto donde atendía a sus «pacientes» guardando cuidadosamente la pluma dentro del bolso. Todo en orden. Volteo y camino hasta la puerta de la tienda saliendo y cerrando una vez más con llave, la coloco en el bolso siguiendo su camino hasta casa. Una leve llovizna cayó sobre ella, haciendo que se ciñera más el abrigo y se estremeciera ante una helada briza que le golpe en el rostro. ¡Fabuloso! Estaba lloviendo en plena primavera, fantástico, sin duda. Esto ayudaba a que se sintiera mucho mejor.

Camino a pasos raudos siendo embargada por un escalofrió que acaricio su espalda haciendo que su corazón diera un brinco dentro de su pecho. Esto le recordaba a esa noche en la que fue atacada por ese hombre en la plaza frente de su departamento. Abrió sus ojos de súbito echándose a correr sin importarle que pareciera una loca. Tenía miedo y lo último que deseaba era que alguien la atacara en esos momentos. Ya estaba atemorizada al andar sola en la calle y esto la hacía entrar en pánico. Con jadeos apresurados por los sollozos, sintiendo que las piernas le temblaban, un mal presentimiento hizo mecha en ella y tuvo deseos de llorar ante el miedo que parecía no querer dejar. Tropezó un par de veces pero continuo corriendo desesperadamente, cruzo a un par de personas que tenían paraguas y la observaron de manera sorprendida por su loca carrera, pero no le importo, solo quería estar en su casa lo más pronto posible. Uno de sus costados debajo de las costillas comenzó a dolerle intensamente mientras que ya comenzaba a cansarse, sintiendo que las piernas le ardían y que gracias a la humedad y las gotas de lluvia se le hacía cada vez más difícil correr.

Pero ¿qué hacia?

Se detuvo lentamente, agitada, encorvando el cuerpo ante lo cansada que se sentía. Esto estaba mal. Nadie la seguía, no podía continuar corriendo de esa manera, se caería y seria para peor. No, mejor descansar y caminar tranquila. Nadie la seguí y había bastante personas a su alrededor era imposible que algo malo le pasara, nadie era lo suficientemente estúpido para atacar a otra persona con tantos testigos cerca. Si, se mentalizo qué nada le sucedería y se obligo a no temer. Todo era psicológico, el miedo, el frio, todo es psicológico, sí, no había por qué temer. No. Sin dejar que su respiración se calmara continua caminando hacia su casa con jadeos rápidos y un intenso dolor en su costado incomodándola provocándole una mueca en el rostro ante el insoportable dolor. Debía descansar… pero no podía, ya estaba oscuro y ningún lugar era muy seguro a esas horas de la noche.

Cerró sus ojos un momento, pensando en Inuyasha y lo que había sucedido. ¿A donde habría ido? ¿Por qué no volvió luego? ¿Estaría bien? Sonrió perezosamente, entreabriendo los ojos. Era un medio demonio ángel, ¿Qué sería lo más malo que le pudiera pasar a alguien que a todas luces parecía un modelo con cuerpo de mecánico sexi? Se ruborizo mordiéndose el labio incomoda ante su propio pensamiento. No podía ver de esa manera a Inuyasha, aunque fuera cierto… ¡pero qué va! Era muy sexi, para ser un demonio mitad ángel, mitad humano…

Pensar en él le calmo y rio como boba casi meneando la cabeza. Jamás pensó que pensar en él podría hacerla sentir un poco mejor, aunque recordar cómo era la amargaba. Era tan petulante, sínico, caprichoso, mal humorado, también mal educado, brusco, tosco, ¡idiota, tonto, estúpido y muchas más cosas! Gruño cruzándose de brazos sobre el pecho. ¡Uy, ahora que lo pensaba mejor, no podía gustarle una persona como él! sin duda estaba confundiendo sentimientos, sí, seguro nada…

—Hola… —saludó, una voz gruesa y amable que le hizo que los vellos de sus brazos y cuello se erizaran al escucharla tan cerca de su oreja.

Quiso girar de súbito pero la tomo del brazo envolviendo su cintura con el otro acercadora a su pecho haciéndola sentir la erección del hombre. Chillo de horror codeándolo con todas sus fuerzas y pisándole los pies para que la soltara removiéndose llena de pudor, escrupulosa. Pidió ayuda con desesperación observando hacia todos los lados viendo como una pareja veía la escena asustada y salía corriendo dejándola abandonada. Los observo alejarse y les grito con todas sus fuerzas con el rostro desfigurado por los llantos y el horror sin dejar de removerse para que la soltara.

—¡No se vayan!

—No grites, amor —le dijo el depravado arrojándola contra el paredón de una casa, golpeándole la cabeza aturdiéndola y haciéndole una pequeña herida en la sien—. ¿Por qué siempre que nos encontramos tienes que comportarte de esa manera? ¿No entiendes que te amo?

—¡No sé quién eres! ¡No me trates como si me conocieras! —trato de encontrar el equilibrio y se lanzo a un lado para así tomar ventaja y salir corriendo de ese lugar.

«¡Inuyasha!»

Pero cuando estaba a punto de lanzarse él la atrapo con su cuerpo dejándola acorralada entre el muro y su cuerpo. La respiración del depravado le golpeo de lleno el rostro provocándole nauseas al sentirlo, quiso alejarlo de ella con sus brazos pero él presiono más, acariciando su entre pierna en el estomago de ella haciéndola abrir sus ojos y que lágrimas saltaran de ellos recorriendo el rostro mientras hacia una mueca despreciativa.

—Déjame —sollozo, presionando más sus brazos para alejarlo.

—Sabes que te gusta que te fuerce —y alzo una mano acariciando un seno de ella provocando que Kagome gritara del horror, haciendo más fuerza— te gusta… vamos, grita más fuerte.

—¡No me toques! —gimió corriendo con todas sus fuerza su mano grande y caliente sin logar hacer mucho.

Un rayo cruzo el cielo iluminándolo todo al tiempo que el hombre rasgaba su abrigo haciendo saltar los botones a los lados para continuar con la camiseta que se cambio cuando choco contra Inuyasha…

Inuyasha…

«¡INUYASHAAAA!»

—Por favor… ven…

Un gruñido bestial se escucho desde detrás del depravado. Kagome, abrió los ojos de súbito al escucharlo al tiempo que el hombre que se encontraba sobre ella se detuvo.

—Creo que la señorita dijo que la dejaras en paz.

Cuando el depravado giro su cuerpo para verlo, Kagome miro hipnotizada al demonio que se encontraba enfrente de ellos, con los puños apretados, mostrando su robusto físico, con los cabellos platinados meciéndose al viento y los ojos de un dorado diabólico casi rojizo que parecían llamas brillando únicamente en esa oscuridad, mostrando los colmillos al igual que lo aria un perro. ¿Esa era la apariencia física de un demonio?

—Pero que demo…

No tuvo tiempo de terminar la oración ya que un par de garras se alzaron en el cielo, para luego convertiré en cuchillas y rasgar su ropa y piel como si hubieran sido palas que cavaron en él dejando tres enormes heridas a carne viva. Jadeo conteniendo el aire al ver como su propia sangre volaba al suelo y caía a sus pies. Cayó de rodillas arrastrándose como pudo queriéndose alejar del demonio que estaba cegado por la ira.

—No vuelvas a seguirla… —gruñó, arrastrando las palabras con la voz ronca y áspera—. Si no… te matare sin piedad… y no tendré compasión contigo gusano.

Comino hasta él y lo pateo repetidas veces en sus costillas logrando que el hombre cayera al suelo y sollozara ante el dolor, pidiendo disculpas, suplicando que se detuviera pero Inuyasha estaba segado en la ira y se encontraba muy lejos de sentir ganas de perdonarlo. Casi muere al escuchar en su cabeza el grito desesperado de Kagome, corrió como loco hasta llegar allí y encontrarse con que este infeliz quería aprovecharse de la chica a la cual debía cuidar y rondaba sus pensamientos en las últimas horas sin dejarlo en paz.

—Maldito infeliz —masculló entre dientes, pateándole los dientes escuchando un crujido— te matare… ¡no mereces vivir!

—¡basta!

Desvió su mirada sorprendido ante ese grito de pánico de Kagome.

—¿Qué…?

—Ya-ya es suficiente —sollozó.

Se detuvo perdido en la expresión de Kagome, quien lo observaba con horror como si no lo conociera o si temiera de él. Con el pánico y la repulsión impresos en su hermoso rostro desfigurado por los llantos, mientras las lágrimas caían presurosas de sus ojos, impulsándose con los pies hacia atrás pegando cada vez más su espalda al muro, queriendo escapar de allí. De él. Los ojos desmesuradamente abiertos mirándolo como si fuera un monstruo… no, no, ¡no! ¡Maldición, no quería ver esa expresión en el rostro de ella! ¡No en ella!

Continuara…

N/A: Cuando las cosas parecen estar bien, hay algo que siempre lo arruina todo. No me maten.

Dulce Kagome Lady.~