Capítulo 8
¿Un paseo?
.
.
.
Aquel era un hermoso día, un cielo perfectamente despejado, una relajante brisa que soplaba cálidamente en toda la ciudad Tomoeda, casi ignorante de lo que pasaba en otros rincones del mundo, mientras los rayos del sol se abrían paso entre las pocas nubes que cruzaban por el perfecto cielo azul.
Un perfecto día para ir de paseo con sus amigas, aunque estuviese siendo obligada a ir. No es que a Sakura Kinomoto, luego de haber estado dos meses en el hospital, le molestase salir con ellas, nada más lejano de la verdad, pero el hecho de que Tomoyo Daidouji estuviera mirando de forma asesina a Yukino Mitarashi y que la rubia de ojos violetas le devolviese la mirada, no la relajaba demasiado y estaba al punto de salir corriendo del grupo.
-Tranquila. –la sonrisa serena de Imai Nanami la reconforto un poco, aunque estuviera aun de nervios, tenía la leve sospecha de que si se descuidaba, Tomoyo saltaría hacia Yukino y Subaru incendiara a Ayato. No se preocupaba demasiado por las rutinarias discusiones de Hazuki y Meiko, porque como ya menciono, eran rutinarias.
-Creo que es imposible, me piden que las acompañe y todos se están matando entre sí. –suspiro la castaña tratando de desviar su atención de la Daidouji y de Mitarashi, mirando con desespero a la albina oji azul.
Nanami hecho una mirada a su alrededor, Subaru estaba en una discusión con Ayato cerca de ellas, un poco más al frente se encontraban Tomoyo y Yukino asesinándose mutuamente con la mirada y a su izquierda estaban Hazuki y Meiko haciendo las paces luego de acabar la discusión, detrás de ellas Setsuka miraba aburrida a los demás, Nagisa miraba una vitrina y Sakura trataba de no acabar en los nervios absolutos.
-Supongo que tienes razón, pero no creo que las cosas empeoren aun más. –dijo Nanami tratando de sonar convincente, porque como por ahí dicen, las cosas siempre pueden empeorar de una u otra forma.
Sakura negó con la cabeza, trataba de hacer caso a su amiga, pero al ver a los demás la hacían preguntarse la razón del porque había aceptado la invitación de salir con ellos. Tomoyo había sido muy cortes al invitarles también, aunque por dentro la Daidouji deseaba que rechazaran la oferta de acompañarlas al centro comercial y luego al parque de diversiones. Ella misma lo reconocía, estaba siendo mala.
-Nunca digas nunca, Nami. –murmuro la muchacha en un tono desanimado, optando por ignorar el hecho de que ahora Yukino miraba a la pelinegra de forma altiva y orgullosa, tal parecía que había ganado la discusión verbal y estaba pavoneándose de su logro.
Sakura suspiro por séptima vez y se sentó justo al lado de Setsuka, que miraba divertida la expresión hastiada de la joven Kinomoto, casi podría jurar que su paciencia estaba llegando a un límite jamás imaginado.
Nanami negó suavemente con la cabeza y se quedo vigilando a Ayato, así le quitaría un peso de encima a su amiga, que parecía querer salir corriendo de verdad y olvidarse de aquel grupo tan fastidioso y ruidoso.
-Hola, hola. –saludo una voz muy bien conocida para Sakura, quien sintió como se le crispaban los nervios. Tomoyo, Yukino, Subaru y Ayato interrumpieron su pequeña diferencia para observar a Eriol Hiraguizawa que venía en compañía de Li Syaoran, un muy malhumorado Syaoran.
-¡Eriol! –saludo la pelinegra contenta, olvidando momentáneamente a la rubia. -¿Qué hacen por aquí? –pregunto con una especie de aura rosa rodeándola, mientras miraba al mencionado con grandes y brillantes ojos de cachorrito. Eriol carraspeo sonrojado.
-S-solo veníamos a pasear un poco. –contesto con su usual sonrisa, una enigmática y hasta podrían haber jurado todos los presentes que seductora.
Tomoyo soltó un leve chillido, juntando sus manos en señal de que saldría con alguna de sus ocurrencias, Sakura solamente se llevo una mano a la frente, a la espera de que Tomoyo dijera lo que estaba imaginando que le diría.
-¿Entonces porque no se nos unen? –pregunto ilusionada, imaginándose sabrá Dios cuanta cosa sobre el día en el parque de diversiones. Eriol se lo pensó, mirando suplicante al castaño de orbes ambarinas, que simplemente gruño en respuesta.
-¡Iremos! –contesto el peli azul animado, haciendo que Sakura frunciera el ceño. La castaña noto claramente la lucha de miradas entre Ayato y Syaoran, ese seria, definitivamente, un larguísimo día.
-¿Qué decías acerca de empeorar? –le pregunto a Nanami luego de pasar por su lado, provocando que esta riera con nerviosismo.
-¿Aun crees que puede empeorar más? –le pregunto alcanzándola para caminar a su lado, mientras la muchacha asentía silenciosamente, escuchando desde atrás a los demás siguiéndolos y podía sentir claramente una mirada fija en su espalda, ¿serian solo imaginaciones suyas?, quien sabe.
El camino al parque duro solamente alrededor de quince minutos como mucho, pero a la castaña de orbes jades le pareció una endemoniada eternidad, no paraba de escuchar las voces altivas y orgullosas detrás de ella, algunas alegres y otras serias, pero el hecho de que ya la habían sacado de quicio, estaba ahí.
-¡Es hora de divertirnos! –expreso Meiko corriendo delante de ellos, tomada de la mano de Hazuki. Sakura sonrío levemente, hasta donde recordaba, hacia menos de veinte minutos se estaban peleando y ahora ahí iban como las mejores amigas que eran.
-¿Vamos? –le preguntaron Subaru y Nanami al mismo tiempo, ofreciéndole cada uno una mano, mientras ella los miraba un poco dudosa. La chica se lo pensó un segundo, estaba algo preocupada por los demás, más exactamente por Ayato, pero también tenía en mente que tal vez esa sería la última ocasión que visitaría un parque de diversiones junto a sus adorados mejores amigos.
-¡Claro! –contesto aceptando la mano que cada uno le ofrecía, comenzando a correr hacia el primer juego que los tres vieron, la afamada montaña rusa.
Tomoyo la observo alejarse con el ceño bien fruncido, ¿No se suponía que originalmente la castaña iba con ella?, ¿Entonces porque se iba corriendo de la mano con aquellos dos?
-Nanami y Sakura siempre han estado juntas, desde el día en que se conocieron. –dijo Setsuka con seriedad, ignorando olímpicamente las quejas de Ayato. –Y cuando conoció a Subaru, los tres se hicieron inseparables. Ellos siempre han sido sobreprotectores con ella y ella con ellos. –comento, mientras se alejaba con una alegre Yukino y una tímida Nagisa.
Tomoyo suspiro con resignación, tal vez debía hacerse a la idea de que Sakura ya no era la misma, en ningún sentido. Había estado tan terca en querer regresarla a como era antes que no considero la idea de aceptarla como era, ese había sido su mayor error.
-No te atormentes, mejor vamos. –la voz de Eriol la atrajo hacia la realidad, solo para verlo extendiéndole su mano con delicadeza.
-¡Sí! –exclamo con felicidad, dejando solos a Syaoran y a Ayato, que se miraron de forma mortal antes de cruzarse de brazos enfadados.
Sakura los observo a la distancia y suspiro cansina, lo volvía a repetir, ese sería un muy largo día.
.
.
.
Eriol Hiraguizawa soltó un suspiro enamorado, mientras miraba con ojos soñadores el rostro de Tomoyo Daidouji que amablemente le hacía plática a un solitario Ayato, que más bien parecía querer salir corriendo con la chillona voz de la amatista.
-¿De hace cuanto conoces a Sakurita? –la pregunta llamo la atención de Eriol y Syaoran, que hasta el momento solo veía a Eriol con cara de pocos amigos al haberlo involucrado en algo que en realidad él no quería.
El pelirrojo hizo una mueca de fastidio, esa chica lo iba a sacar de quicio, pero tampoco podía negar que era la única que al parecer recordaba su para nada importante existencia.
-Desde hace seis años. –contesto sin mirarla, solo podía observar a la distancia a la mencionada que jugaba en un puesto con Nanami, con esa sonrisa plasmada en el rostro, una que el mismo se había encargado de borrar años atrás.
Tomoyo se sorprendió, ¿tanto tiempo?, esa respuesta le parecía en verdad muy extraña. Ni Touya ni Fujitaka le mencionaron el nombre del muchacho, ni siquiera porque la Kinomoto lo haya mencionado en una de sus cartas.
-Ya sé lo que te estarás imaginando, pero no. Sakura jamás me menciono en sus cartas porque yo nunca le permití hacerlo, mi madre nunca quiso que mi nombre apareciera en algún documento que Sakura enviase a su familia, podía ser una prueba. –explico de forma despreocupada. –Aún el día de hoy me reprocho el no haber ayudado a Sakura, ella fue la única que me ayudo a mí, a pesar de todo…-comento en un suspiro.
Syaoran dio un paso al frente, mirando con molestia al muchacho de orbes carmesís, una mirada que le fue devuelta casi al instante. Ambos mantuvieron el duelo de miradas durante unos segundos más, antes de que Eriol hablara.
-¿Qué quieres decir con eso? –cuestiono el peli azul desconcertado. -¿Ayudarla?
Ayato asintió varias veces, recargándose por completo en la banca azul cielo en la que se encontraba sentado desde hacía más de media hora, mientras una sonrisa torcida se extendía por su rostro de forma siniestra.
-Sí, ayudarla. Supongo que ella misma ya les ha dicho que hace un tiempo trate de asesinarla, ¿no?, bueno, pues eso lo hice siguiendo las órdenes de Akashiya Kymiko y en vez de tratar de protegerla, quise matarla. No me pregunten porque, de buenas a primeras un deseo de ver su sangre salpicándolo todo me inundaron y me persiguieron hasta el día en el que ella y yo tuvimos ese enfrentamiento. –musito agachando la cabeza, admitía que recordar ese sentimiento le oprimía el corazón.
Eriol frunció el ceño, ¿Qué demonios estaba sucediendo?, no lograba terminar de hilar la información que le daba el pelirrojo, cada vez todo se volvía más complicado y Sakura no parecía tener la intención de explicarlo ella misma.
-¿Quieres decir que no la dañaste a propósito? –la voz de Li se alzo furiosa, al mismo tiempo que Tomoyo se giraba hacia él con sorpresa, jamás en su vida había visto al castaño tan furioso. -¡Déjame decirte que aquel día, parecías muy decidido a matarla! –espeto a punto de echársele encima.
Ayato se levanto de golpe de la banca, mirando con fijeza el rostro del muchacho.
-Sí yo hubiera estado perfectamente consciente de lo que hacía, ¡jamás hubiese permitido que aquello ocurriese!, yo soy el más afectado, mi desesperación por salvar a mi hermana tampoco me ayudaba a aclarar la situación, ¡No hasta que decidí que la desesperación no me llevaba a nada bueno! –le grito con la misma furia, mientras trataba de controlarse. Syaoran soltó un gruñido.
-Cálmense los dos, están causando mucho alboroto. –pidió Eriol tratando de tranquilizar la situación, sabía que en cualquier segundo todo se saldría de una proporción manejable.
Ayato retrocedió un paso sin vacilar, a pesar de todo lo que había hecho y dicho a la castaña de orbes jades, debía admitir que estaba enamorado de ella y tenía la sospecha de que el joven proveniente de China tenía los mismos sentimientos hacia la joven Kinomoto, tal vez de ahí se explicase la intolerancia entre ambos.
-¿Por qué mejor no lo admites? –aquello sonaba a una burla, los ojos ambarinos la reflejaban y no parecía de todos modos muy dispuesto a ocultarla.
-¿Admitir que?, ¿Qué estoy enamorado de ella? –ahora el que se divertía con la expresión de molestia del otro era él. Una mirada al rostro de Ayato bastaba para darse cuenta de que hablaba con toda la verdad.
Eriol y Tomoyo soltaron una exclamación ahogada, ¡Ayato enamorado de Sakura Kinomoto!, eso era algo digno de escuchar, el peli azul nunca se lo hubiese imaginado, no después de la mortal batalla que ambos sostuvieron hacia unas cuantas semanas. Eriol fijo su mirada en el rostro de Syaoran y termino por tragar saliva grueso, esa expresión era demasiado siniestra inclusive para él, podía sentir lo pesado del ambiente y no estaba del todo seguro de poder salir vivo de lo que sea que se avecinara.
-Temo por mi integridad física, Tomoyito. –susurro el chico a la joven pelinegra que más bien parecía emocionada con la idea de un triangulo amoroso. -¿Por qué pareces tan contenta? –pregunto con algo de temor. La joven se giro hacia él con una enorme sonrisa curvando sus labios.
-¿No es emocionante que dos hombres de peleen por Sakurita?, ¡parece de telenovela! –expreso con millones de brillitos a su alrededor.
-No creo que a ella eso le haga muy feliz…-murmuro imaginándose el rostro de la chica.
-¡No me vengas con eso! –el grito de Syaoran atrajo la atención de nuevo de ambos chicos, que inmediatamente regresaron su vista a ellos.
Ayato se cruzo de brazos aburrido, la mirada de Li no le intimidaba en absoluto y hasta podía casi decir que le causaba un poco de gracia. No porque el tratara de matarlo con la mirada iba a retractar sus palabras, lo dicho ya estaba dicho y no lo negaría, no dejaría ir de nuevo a Sakura Kinomoto, ¡De ninguna manera!
Por su parte Syaoran estaba un poco más que furioso, cuando él le había dicho que lo admitiera no se refería precisamente a eso, ¡Absolutamente no!, lo último que él quería era que alguien más pretendiera quitársela, ¡Y de ninguna manera lo iba a permitir, ella era suya!
-No te dejare quedártela…-siseo el castaño en un tono bajo y peligroso, mientras que el pelirrojo ampliaba su sonrisa burlona e imitaba su mirada seria.
-Tampoco es como que te haya pedido permiso, ¿no crees? –cuestiono el muchacho acercándose de nuevo, ambos estaban a punto de desatar la tercera guerra mundial, ambos rivalizaban con solo su mirada y Eriol sabía que no saldría ileso de ahí solo por estar presente, que dios lo ayudara.
-No…mejor que nos ayude Sakurita…-lloriqueo el peli azul.
.
.
.
Sakura Kinomoto sonrío ampliamente al tener entre sus brazos el enorme peluche de conejo con alas, mirando agradecida al muchacho de orbes violetas que lo había ganado para ella. Subaru le devolvió la sonrisa, metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera negra.
Sakura sintió soplar la brisa y se abrazo un poco más al muñeco, cerrando luego de algunos minutos su sudadera purpura.
-¿Tienes frio? –le pregunto la albina curiosa, inspeccionándola con la mirada. Sakura Kinomoto llevaba unos pantalones de mezclilla obscuros, con unas botas purpuras hasta un poco antes de la rodilla con muy poco tacón, un suéter purpura y una blusa de manga corta negra debajo, con un cinto negro y purpura.
-No mucho. –contesto sin prestar mucha atención, buscando con la mirada algún lugar al que ir para comer, se estaba muriendo de hambre desde que bajaron de la montaña rusa.
Subaru suspiro y se alejo caminando con la promesa de que encontraría el lugar ideal para almorzar, dejando a las dos chicas solas a unos cuantos metros del puesto donde el pelinegro había ganado el peluche para ella.
-Espera aquí, voy a buscar algo de tomar. –pidió Nanami en cuanto vio que la castaña se disponía a seguirla.
-¿Segura que quieres ir sola? –pregunto Sakura no del todo convencida, mirando a la muchacha que le sonreía alegremente.
-¡Por supuesto! –exclamo. –Además no podrías ayudarme, tienes que cuidar a Usagi-chan, ¿no? –la albina le guiño un ojo mientras se alejaba a paso tranquilo, ante la sonrisa divertida de la castaña que busco un lugar para sentarse a esperar.
Los minutos pasaban, mientras ella se limitaba solo a observar a la gente que pasaba frente a ella, comenzaba a aburrirse.
-Hola. –una voz masculina detrás de ella la saludo con voz amable, al mismo tiempo que ella se giraba con genuina sorpresa, ¿En qué momento…?
Su visión se topo con dos jóvenes de su misma edad, diecisiete años, debía admitir que bastante guapos. Uno de ellos era de cabellos castaño obscuro y el otro de cabellos platas, muy similar al tono de cabello que tenía Nanami, solo que el de aquella persona era un poco más platinado.
-¿Quiénes son ustedes? –pregunto un poco temerosa, levantándose de la banca tan rápido como su instinto se lo permitió. El castaño sonrió tan amigable como pudo, tratando de acercarse a ella de forma cautelosa.
-Nosotros pues…-ambos se miraron tratando de encontrar una manera fácil de decirle lo que tenían que decirle, ¡No podían espantarla!
El de cabellos platas dio un paso al frente, firme y con una mirada dura. Sakura retrocedió tres, cuatro pasos, hasta chocar con otra persona, que comenzó a reír de una muy extraña forma.
-¿Pero qué…? –todo quedo al aire, mientras todo comenzaba a tornarse negro y lo último que distinguía era el rostro de un muchacho muy guapo, con un ojo azul y el otro carmesí, hasta caer en lo profundo de la oscuridad.
El platinado miro incrédulo al tercero que acababa de aparecer, en verdad ese tipo tenía que ser tonto, su misión era solo llevar a Sakura Kinomoto ante su líder y ya, ¡no hacerle daño!, Gokudera Hayato negó con la cabeza.
-Tsubasa estará muy enfadado con esto. –se lamento Tsuna, que veía como Sakura era cargada como cualquier costal. -¡Trátala con cuidado, Mukuro! –chillo el castaño acercándose al mencionado, que simplemente chisto y le aventó a la joven inconsciente. -¡Que con cuidado!...-repitió en un suspiro.
-Es mejor ignorar a esta persona y llevar a la chica ante Tsubasa, creo que estará contento de ver que ha ido con nosotros…-susurro Hayato tratando de sonar tranquilo, porque por dentro sabía que Tsubasa se enojaría ante semejante trato a la pequeña chica que el tanto adoraba. Tsuna asintió un par de veces.
-Vámonos…
.
.
.
Sakura Kinomoto parpadeo confundida, tratando de asimilar el hecho de que hasta donde recordaba se encontraba en un parque de diversiones y ahora estaba en una lujosa habitación rodeada de algo parecido a peluches en forma de gatos, perros y conejos. ¿Cómo demonios había llegado hasta ese sitio, si lo último que había estado haciendo era esperar a Subaru y Nanami?
-No entiendo nada, además me duele el cuello. –se quejo sobándose la parte afectada, mirando en todas direcciones. Recopilando los hechos, estaba acostada en una cama más grande que nada, en una lujosa habitación en sabrá dios donde, ¿correcto?, si correcto.
La puerta de la habitación se abrió repentinamente, dejando entrar al mismo chico castaño que había visto en el parque de diversiones. ¡Eso era!, ellos debían ser los culpables. La Kinomoto se levanto para retroceder hasta la otra orilla de la cama, ante la atenta mirada de Tsuna.
-No quiero hacerte daño, mi nombre es Tsunayoshi Sawada, todos me dicen Tsuna. –se presento en un tono avergonzado. –Lamento que Mukuro te haya tratado así, es solo que el…pues…
-No sabe tratar a la gente. –afirmo la oji jade con verdadera molestia. Tsuna asintió un par de veces sonriéndole.
-Sí, ya le hemos dicho que un día se causara un verdadero problema, pero parece no importarle demasiado. –un suspiro cansado abandono sus labios, mientras se sentaba en la orilla de la cama. Sakura asintió cruzada de brazos.
La chica observo a Tsuna con fijeza, no parecía una mala persona, al contrario de eso había ido hasta allá solo para disculpar al otro salvaje que le había dejado un verdadero golpe en el cuello, en cierto modo le recordaba a alguien que ya había conocido, aunque no lograba recordar del todo a quien.
-No me recuerdas, ¿verdad? –repentinamente la voz de Tsuna se torno triste y nostálgica y su mirada avellana adquirió una sombra de dolor. Sakura ladeo la cabeza sin entender. Era cierto que Tsuna le parecía conocido y todo, inclusive el albino, pero eso no significaba que los conociese, ¿verdad?
-Es obvio que no nos recordara. –la repentina intromisión de Hayato la hizo saltar hacia atrás, al grado de tropezarse y caer de la cama.
-¡Gokudera-kun! –le regaño Tsuna. –El es Gokudera Hayato, es una muy buena persona, pero tiende a ser un poco gruñón…
La muchacha frunció el ceño levemente.
-Ya lo note. –susurro molesta, sentándose en el suelo. –Mejor explíquenme eso de que no los recuerdo, ¿Se supone que los conozco? –pregunto mirando fijamente el rostro de Hayato y Tsuna, quienes se miraron sin saber exactamente qué contestar.
.
.
.
Imai Nanami corrió hasta Li Syaoran, deteniendo a tiempo el inicio de la tercera guerra mundial y por ende salvando el pellejo de un muy asustado Eriol Hiraguizawa, no es que fuera cobarde, pero el chico podía ser algo macabro cuando se lo proponía, o en su caso cuando estaba tan furioso.
-¿Qué pasa, Imai? –pregunto fríamente, haciendo que Eriol tragara grueso, en verdad odiaba que él se comportara de esa forma, sabía que en ese estado podía asesinar al que fuera. Si, estaba exagerando un poco, pero tampoco había que tomarlo tan a la ligera.
-¡Secuestraron a Sakura! –grito a todo pulmón, llamando la atención de algunas personas que por ahí pasaban.
Tomoyo abrió mucho los ojos, ¿Sakura secuestrada?, ¿estaba bromeando?, no parecía que la muchacha estuviese jugando con ellos, su expresión demostraba con claridad el hecho de que se encontraba muy asustada y agitada, tal parecía que llevaba un largo rato buscándola.
-¿Estás segura de eso? –se atrevió Eriol a preguntar retomando su seriedad de siempre. -¿No se habrá alejado a ir a algún juego?
Nanami negó con la cabeza tantas veces como pudo, respiro hondamente y regulo su respiración en un vano intento de calmarse.
-No, Suba y yo la dejamos un momento para ir a buscar comida y refrescos. El hombre que estaba en el puesto de peluches nos dijo que tres chicos se acercaron a ella y luego uno de ellos la golpeo en el cuello y ella se desmayo, luego de eso se la llevaron. –explico aprisa. –Subaru ya le fue a avisar a las chicas, pero no sabemos quienes…
-Es una posibilidad que mi madre haya mandado a por ella, según recuerdo Sakura nos comento esta mañana que aun no podía utilizar sus poderes deliberadamente. Es posible que no haya tenido oportunidad de detectarlos…-dijo Ayato tratando de buscar alguna explicación lógica.
La albina negó con la cabeza, esperaba que Sakura estuviera bien, no podía pasarle nada malo. Ella debía estar bien, ¿Qué demonios se suponía que iban a hacer ellos sin la pieza principal del juego?, sin Sakura, todo se venía abajo, además de que se trataba de su mejor amiga.
-Tengo la leve sensación de que está bien. –interrumpió la voz de Setsuka, que venía acompañada del resto del grupo, su mirada se encontraba perdida en algún sitio y caminaba con la ayuda de Hazuki y Nagisa. –No logro captarla del todo, pero se encuentra a salvo…-repentinamente los ojos de la muchacha recuperaron su brillo usual.
-¿No pudiste distinguirla del todo? –pregunto con curiosidad Nagi, soltando su mano.
-No. Solo pude percibir que ella se encontraba bien, no está en manos de Sephiro Fiore. –dijo causando el alivio general.
Tomoyo parpadeo y miro con confusión a todos los presentes, no entendía muy bien a que se referían con eso de percibir, pero estaba segura de que era algo muy útil si había logrado saber que Saku estaba bien.
-¿A qué te refieres con percibir? –cuestiono el peli azul con curiosidad.
Setsuka sonrió misteriosa.
-La percepción de algo, es un poder que se hereda en las mujeres de mi familia. Puedo percibir algo que alguien más quiere que perciba o al tocar algo puedo ser capaz de percibir la sensación de ese objeto dejada por su dueña. –explico con serenidad, mientras sonreía apacible.
-El caso en este momento no es eso, sino el hecho de que no sabemos quienes se llevaron a Sakura ni el sitio en donde está. –replico Syaoran, tratando de no sonar muy agresivo. Nanami asintió dándole la razón.
-El hombre de ese puesto menciono que uno de ellos llamo Mukuro al que la golpeo, sinceramente jamás había escuchado ese nombre. –hablo Subaru, que se encontraba parado junto a Imai.
¿Mukuro?, ese nombre a Akashiya Ayato le parecía vagamente familiar.
-El hecho es que ellos ya no están dentro del parque. Debemos ir a avisarle a Yue y a Kero y ponernos de acuerdo para buscarla. –dijo Yukino, escuchando el si general de los presentes.
.
.
.
-¿De verdad no te suena nuestro nombre? –esa era la novena vez que Tsuna le repetía la misma pregunta, pero por más que tratara no lograba recordarles, ¿No la estarían confundiendo con otra castaña platinada de ojos verdes jade con magia que escapo de Sephiro Fiore y de una muerte segura?, si, tal vez era eso, ¡Si cómo no!
Mentalmente discutía consigo misma, ¿era eso normal?, comenzaba a creer que se volvía loca, era lógico si lo pensabas con detenimiento, los últimos años se la había pasado huyendo de una persona con fuertes problemas de personalidad y que lo mas probable eran causados por su madre, sus amigas casi la asesinaron en Italia y para colmo paso sabrá dios cuanto tiempo entrenando sus habilidades físicas, sip, era lógico que ahora estuviese con un pie en el loquero.
-No, ni idea. –contesto luego de su auto-análisis mental. –Hmm, tal vez padezco de alguna extraña enfermedad relacionada con la memoria, muy comúnmente olvido cosas…-Sakura se llevo una mano al mentón pensativa.
Tsuna soltó una carcajada, ¿hablaba en serio?, por su rostro parecía que sí.
Mientras la castaña seguía divagando acerca de lo mal que podía estar, Tsuna se reía y mientras Hayato los miraba sonriendo, una figura alta y esbelta entro por la puerta sigilosamente.
-Sakura…-el llamado la hizo levantar la vista y se encontró con un par de ojos que reconoció enseguida, ¡Eran del chico que aparecía siempre en sus sueños! –Mi Sakura…-y sin darle tiempo a reaccionar, el guapísimo chico la estrujo entre sus brazos, ante el conflicto mental de la muchacha. –Tenía tantas ganas de verte. –susurro.
.
.
.
¡Hola a todos, gracias por leer!
A todas las personas que comentaron, se los agradezco mucho.
Nos leemos en la próxima, espero estén todos bien.
¡Hasta luego!
Atte: Maka Hanato.
