Era la mañana con una enorme neblina. Todo el Ejército Gris se encontraba frente a Appleloosa. Al mando del mismísimo Lich, las tropas, quienes mostraban banderas con la estrella de ocho puntas, tenían preparadas sus garras y sus carros de despojos, los cuales tenían los cadáveres listos para ser arrojados. En general, el nerviosismo estaba en todos ellos, pues sería su primera batalla y tenían ganas de hacer el mayor daño posible.
Adelante se encontraban John y el Lich hablando, pues los otros seis líderes se encontraban repartidos por los alrededores calmando a los soldados. Tras terminar de hablar, el Lich se pronunció a su Ejército a través de un hechizo amplificador, diciendo con fuerza:
- ¡Ejercito Gris! Cuando llegué a este mundo, pensé al principio que era un mundo rídiculo, alegre y rosa. Pero me he equivocado. Ustedes son los seres más generosos y multitudinarios que jamás he visto. Y ha bastado con que uno de ustedes -miró por un momento a Hammer-, me ayudara para lograr que este mundo ¡pronto sea nuestro!
Tras esto, todos gritaron, aplaudieron y levantaron sus garras en apoyo a su señor.
- Pero dejenme terminar. Este pueblo será nuestro primer paso, y si nuestros hombres dicen lo correcto, pronto nos tomaremos todo el sur. La tierra se infestará con nuestra prescencia de a poco lleguemos a dominar. Y si seguimos de esta manera, en poco tiempo lograremos dominar la capital, Canterlot. Y de esta forma, nos llevaremos la magia de los líderes para convertirla en un portal que atraerá a otras razas... y de esta forma, ¡Los muertos vivientes dominaremos Ecuestria!
Todos, incluídos los líderes, gritaron con todas sus fuerzas.
-... Y ahora, señores, ¡al ataque!
Dicho esto, todos los ponis zombies corrieron hacia Appleloosa. Pero cuando John iba también, el Lich lo detuvo teletransportándolo hacia otro lugar alejado del pueblo. John, aún anonadado por aquella acción, le preguntó:
- Señor, ¿Que ocurre?
- Muy bien, hijo - dijo el Lich tranquilamente-, he tomado una decisión. He visto todos tus avances todo este tiempo. Pero creo, y también los demás, que es tiempo de que te vayas.
- ¿Qué? ¿Y todo lo que hemos planeado? ¿Y los que hemos reclutado?
- Como ya dije, todos hemos dado en que te hemos dado demasiado. ¿No ves esa capa? ¿Tu hogar? ¿Tu wyrm?
- Pero señor, todo lo conseguí porque trabajé duro por usted y el nuevo imperio... espere, ¡Por eso me ordenó que trajera todo esto!
Era cierto. Le había ordenado a John traer todas sus cosas en un par de viejas alforjas de cuero grises.
- Así es. Mejor lárgate ahora, que ya te quité tu poder de trasportación, si no quieres que te quite otro más. Te recomiendo que vayas a esa dirección, según me recomendaron - cuando dijo esto, apuntó hacia la derecha del pueblo, que en ese momento estaba en llamas-, probablemente ahí podrás matar a algunos y hacerte con una cripta.
John no entendió nada, asi que decidió insistir.
- Pero señor, aún no entiendo nada.
El Lich se enfureció tras esto.
- Muy bien, ¿quieres saber la verdad? ¿No has visto tus ojos? Son grises, ¿verdad? Son de esa tribu de la que me hablaste. Probablemente te hayas unido a ellos. ¿Como? Ni lo preguntes, nadie lo sabe. Creo que perderás tus ganas de matar. Y peor, contagiarás a los demás- luego se tranquilizó un momento- ¿entiendes?
- Muy bien señor, entiendo - dijo John desilucionado-, pero le digo, está perdiendo a uno de los mejores.
Sin decir nada más, John se perdió entre la niebla, sin dejar rastro en la tierra recién infestada.
