¡Hola! Como hay nuevos lectores, repito lo que dije la semana pasada: he creado un foro llamado "Tormenta y chocolate" del cual estoy muy pendiente y donde podéis comunicaros conmigo para lo que queráis. Ahora mismo tengo abierto un topic para recomendar Dramiones, porque últimamente no encuentro muchos y os agradecería un montón que me dijeseis cuáles os gustan... a cambio, yo os hablaré de mis favoritos, que no me cabe la menor duda de que os encantarían. Pasaos si os apetece.

Y nada, ¡que muchas gracias por leer y comentar! Espero que os guste este capítulo. Como siempre, respuestas al final.


POV Hermione

No volví a ver a Malfoy aquella tarde. Tanto a la hora de la comida como a la de la cena, reuní alimentos de la alacena y di cuenta de ellos en la seguridad de mi cuarto. No salí a darle la clase de Historia Muggle que correspondía a las cuatro, y él no apareció en Transformaciones con McGonagall, donde tampoco vi a Harry y Ron.

A la mañana siguiente, abrí los ojos con la sensación de haber tenido un sueño que pugnaba por dejarse ver entre las brumas de mi mente, pero por mucho que lo intenté no logré recordar de qué se trataba; únicamente rescaté la imagen de un cielo azul y limpio que se alejaba a toda velocidad y dos ojos de tormenta surgiendo de la nada en el último momento.

Sacudí la cabeza y me dirigí al baño para darme una ducha. Cuando iba a salir de allí, un cuarto de hora después, mi cuerpo envuelto tan solo con una toalla colisionó con el de Malfoy, quien retrocedió mirándome y parpadeando.

—Buenos días —dije fríamente, y me crucé de brazos, esperando a que se apartara para poder irme. Pero no, el muy idiota se quedó ahí parado, con sus pantalones de pana grises y su camiseta blanca mal abotonada, estudiándome con su recién despejada mirada como si fuese la primera vez que tenía una mujer delante—. ¿Te vas a apartar tú solito o te tengo que ayudar yo?

Malfoy pareció despertar de su ensueño, porque pestañeó una vez y me miró a los ojos, esbozando de pronto una sonrisa traviesa.

—Hombre, eso depende de cómo me quieras ayudar… —dijo, con la voz todavía algo ronca.

Yo también sonreí, pero con la suavidad de la seda que precede al filo de una daga.

—De cualquier forma lo suficientemente dolorosa como para acabar en Azkaban durante el resto de mi vida… pero merecería la pena solo por verte lloriquear como un niño suplicando piedad.

Malfoy dejó de sonreír y me miró atónito. Después, soltó un largo silbido de admiración.

—Solo llevamos tres días conviviendo juntos y ya te ha sentado terriblemente mal mi influencia. Una dama no debería ser tan sádica… ah, claro, se me olvidaba. Tú no eres ninguna dama.

Y haciéndome a un lado casi con delicadeza, entró en el baño echándome a mí fuera.

—Tal vez, si tú fueses un caballero, tus palabras me habrían molestado, pero dado que no es el caso… —respondí mordazmente, y él alzó la comisura derecha de sus labios.

—Te lo creas o no, puedo ser todo un cortés caballero, y arrancaría la envidia incluso de los miembros de la mesa redonda de Camelot… Pero claro, solo soy así cuando me interesa, y contigo… —volvió a mirarme de arriba abajo y arrugó la nariz—, bueno, está claro que contigo no me interesa.

Y sin una palabra más cerró la puerta a sus espaldas.

—Idiota malcriado…— gruñí entre dientes. Me fui a mi habitación, me vestí y me sequé el pelo, molesta con Malfoy por ser tan insoportable.

Salí de nuevo a la Sala Común y empecé a prepararme unas tostadas y algo de beicon frito. Cuando estaba a punto de guardarlo todo, suspiré, insultándome mentalmente por tener esa vena compasiva tan inservible, y repetí todo el proceso para hacer un segundo desayuno idéntico al mío.

Estaba colocando cuidadosamente la última ración de beicon en un plato, alrededor de dos tostadas de mermelada, cuando escuché una voz a mi derecha acompañada de un aliento cálido y con olor a menta que se deslizó por mi cuello.

—¿Qué es eso que huele tan bien?

Di un pequeño salto, sobresaltada.

—¡Malfoy! —exclamé—. No me des esos sustos. No te había oído llegar.

—¿Y yo qué culpa tengo de que seas una despistada? Dime, ¿cómo puedo hacer para preparar de eso rojo?

—¿Nunca has comido beicon? —pregunté, asombrada. Aunque era una comida de origen muggle, estaba muy extendida entre los magos, y me sorprendió que él no la conociese.

—¿Beicon? ¿Así es como se llama? Merlín, que nombre más extraño… Pero parece delicioso. ¿Cómo lo hago?

Me reí. No pude evitarlo. No obstante, me puse seria rápidamente, recordando cómo habían acabado las cosas la última vez que me había burlado de Malfoy por su inexperiencia en la cocina.

—Ya te lo he preparado yo, Malfoy. Aquí tienes tu desayuno.

Le acerqué su plato y me senté sobre la encimera para comerme el mío. Malfoy miró lo que le había puesto delante. Se inclinó despacio y lo olfateó con una mirada suspicaz.

—No está envenenado.

—¿Qué? —dijo, alzando la mirada hacia mí.

—He dicho que no está envenenado. Y me he lavado las manos antes de prepararlo, así que no te voy a contagiar nada… —expliqué, encogiéndome de hombros. No me habría extrañado lo más mínimo si Malfoy se negase a comerse eso por haber sido preparado por una sangre-sucia.

Sin embargo, y para mi sorpresa, tras unos segundos él murmuró:

—Ya lo sé.

Y empezó a comer; al principio, despacio y tanteando el terreno, pero después a grandes mordiscos y con ansias, como si llevase semanas sin probar bocado.

Entonces, se detuvo, relamiéndose, y se quedó quieto unos segundos con aire pensativo. Finalmente, dijo muy despacio:

—Está buenísimo.

Pestañeé, pillada por sorpresa, y tragué de golpe. Decir aquello, que viniendo de él era todo un halago, debía de haberle costado como mínimo dos hectáreas de su terreno reservado en el infierno.

—Eh… Gracias —respondí, aún estupefacta. Él permaneció inmóvil un rato más, sin mirarme en ningún momento, y luego prosiguió comiendo como si aquella interrupción nunca hubiese tenido lugar.

Terminamos y dejé los platos en el lavavajillas, el cual hice funcionar bajo la atenta y confusa mirada de Malfoy. Después, ambos recogimos nuestras mochilas y nos fuimos a clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Caminamos uno al lado del otro en silencio, apenas conscientes de la mutua compañía que nos proporcionábamos, hasta que llegamos a la puerta del aula correspondiente. Allí aguardaban todos los demás, tanto Gryffindors como Slytherines… y, entre ellos, Harry y Ron, que al verme llegar abrieron mucho los ojos. Corrí hacia ellos con una sonrisa.

—Hola, chicos. ¡Ya os echaba de menos! —ellos compartieron una mirada extrañada—. ¿Pasa algo?

—Hermione… ¿qué hacías caminando tan cerca del hurón oxigenado? —preguntó Ron.

—¿Tan cerca? —repetí, sin comprender.

—Sí —corroboró Harry, asintiendo—. Parecías muy… muy amigos. ¿Habéis hecho las paces?

—¿Nosotros? ¿Hacer las paces? —solté una carcajada—. No digas tonterías, Harry. Simplemente, salimos del mismo sitio en el mismo momento y en dirección a la misma clase… por eso veníamos juntos. Pero no somos amigos. Seguimos detestándonos.

—Ah, bien —se apresuró a decir Ron, con cara de alivio—. Por cierto, Harry, ¿cuándo son las pruebas de quidditch?

—Creo que este sábado.

—Genial, yo me apunto. Sigues siendo capitán, ¿no?

Mientras ellos seguían hablando, yo me giré despacio, buscando con la mirada algo, pero no muy segura de qué. Entonces, mis ojos chocaron con dos destellos de mercurio idénticos a los de mi sueño. Malfoy estaba solo, lejos de los demás, apoyado en la pared. Para mi sorpresa, comprobé que toda su arrogancia y su confianza en sí mismo habían desaparecido, dejando tras de sí una expresión inescrutable en el rostro del distante Slytherin, que me miraba fijamente como si quisiera decirme algo sin emplear palabras.

No pude averiguar de qué se trataba, porque en ese momento Snape hizo acto de presencia, y como si su figura de cuervo fuese la sombra de una tormenta, entre los alumnos se hizo el más absoluto de los silencios.


RESPUESTAS A LOS REVIEWS DE GUESTS

Caroline Fowl: muchas gracias! Jajaja, me alegra que te esté gustando. Un besazo enorme, guapa ;D

Raquel: ¡wow! Te has leído TODOS mis fics? ¡Muchísimas gracias! No sabes cuánto me alegra que te estén gustando tanto... Comentarios como el tuyo son los que me animan a seguir escribiendo ;D Y tranquila, yo nunca pienso mal de mis lectoras, jajaja. ¡Un besazo enorme!