Gracias a todas por comentar, creo que este es el capítulo que estáis esperando, deseo os guste y no decepcionaros. Un beso para todas
CAPÍTULO 9
MISIÓN AGAPORNI DÍA 7. PARTE 1
Despertó con aquella sensación ya conocida que le era tan agradable, el calor del cuerpo de Regina junto al suyo.
Abriendo los ojos, sacó con lentitud la cabeza del pecho de la morena para mirarla a la cara, una vez más quedó impactada con aquel rostro dormido, había tal paz y serenidad en su cara, que no pudo evitar levantar su mano para acariciarla lentamente. La frente, suave y tersa sin aquella línea que se le formaba cuando estaba preocupada. Las cejas, finas y sedosas sin arquearse como lo hacían cuando sospechaba de algo. Los ojos, en este momento cerrados, pero que ella sabía perfectamente que cambiaban a un negro profundo cuando la ira la dominaba. La nariz, pasó su dedo por aquella nariz que adoraba, y por último los labios, los ojos de la rubia quedaron fijos en aquellos labios siguiendo el recorrido de sus dedos, aquellos labios gruesos y sensuales que podían formar la sonrisa más preciosa del mundo.
Estaba tan concentrada en los labios que no fue consciente de que Regina había abierto los ojos, seguía acariciándolos con sus dedos cuando aquellos labios se movieron para dejar un tierno beso en sus dedos, sorprendida levantó la vista para perderse en la profundidad de aquella mirada.
–Te he despertado –dijo apenada, aún con los dedos en los labios de la morena, que sintieron como se movían formando una sonrisa
–Me gusta despertar así –susurró, levantando su mano para agarrar la de Emma que se estaba separando de su cara, llevándola de nuevo a sus labios para depositar un dulce beso en la muñeca herida de la rubia.
–Lo siento –dijo, despegando sus ojos de los de la rubia, y fijándolos en aquella herida.
–No es tu culpa –decía Emma, mientras la morena negaba con la cabeza.
–Sí lo es Emma –suspiró, sin dejar de mirar aquella herida –He causado demasiado mal en el pasado, todo esto es consecuencia de ese mal –siguió la morena cuando Emma se incorporó sobre un codo, soltando su mano para ponerla en la barbilla de la mujer obligándola a mirarla.
–Regina, todos cometemos errores, lo importante es aprender de ellos para no repetirlos –dijo, mientras la morena seguía negando con la cabeza.
–No Emma, aunque no repita mis errores nada podrá borrar el daño causado, y sus consecuencias me perseguirán toda la vida –dijo levantando su mano para acariciar con dulzura la cara de la rubia.
–Compénsalo entonces –contestó, sin darse por vencida.
–¿Cómo? –replicó, perdiéndose en la mirada de Emma.
–Con amor –dijo sin dudarlo –Dedica tu vida a compensar todo ese dolor con amor –insistió, aunque la morena seguía negando con la cabeza.
–No puedo, hay demasiado dolor e ira dentro de mí –objetó la mujer bajando los ojos.
Emma volvió a ponerle la mano en la barbilla para que volviera a mirarla.
–Déjame ayudarte –pidió con ternura.
–No –volvió a negar, tomando la mano de Emma para mostrarle la muñeca herida –No volveré a ponerte en peligro –agregó con firmeza –Si me quieres ayudar, aléjate de mí y llévate a Henry, poneros a salvo –suplicó, mientras la rubia era la que esta vez negaba con la cabeza.
–No puedo –contestó, mientras una dulce sonrisa se formaba en su cara.
–Emma, la mejor forma de ayudarme es dándome la tranquilidad de que estáis bien, de que nada ni nadie os dañará –insistió.
–No puedo –volvió a repetir Emma, bajando los ojos.
–Pero ¿Por qué? –preguntó –¿Por qué te niegas a hacer lo único que puede ayudarme?. –
La rubia se negaba a contestar e incorporándose apartó las sábanas para levantarse. Regina le agarró el brazo impidiéndoselo.
–¿Emma? –preguntó confundida por la reacción de la mujer
–Es tarde, es demasiado tarde –murmuró soltándose de la mano que la agarraba, dirigiéndose al baño.
Regina estaba pensando si seguirla cuando la puerta de la habitación se abrió, dejando pasar a un somnoliento Henry que al ver a su madre se lanzó sobre ella abrazándola.
–Mamá estaba preocupado –dijo el niño aferrado a su cuello.
–Estoy bien cariño –contestó la mujer acariciándole el pelo.
–¿Ese hombre…? –comenzó a preguntar Henry, siendo interrumpido por Regina, que comprendió que Emma no era la única a la que hubiera decepcionado, si hubiera apretado aquel corazón en su mano.
–Él está bien cariño, se fue del pueblo. No volverá a hacerte daño –el niño sonrió, metiéndose en la cama acomodándose junto a su madre.
–Emma estaba preocupada, pero yo sabía que lo arreglarías sin hacerle daño –dijo cerrando los ojos.
La fe del niño en su madre era tanta que Regina lo acarició emocionada. Todo merecía la pena por aquel hijo, un hijo que había cambiado su vida por completo. En aquel momento Emma salía del baño, y al ver la escena se quedó parada mirándolos, Regina levantó los ojos para encontrarse con los de la rubia.
–Por favor, Emma –suplicó una vez más.
La rubia se acercó a la cama, sentándose al lado de Regina acarició con dulzura la cabeza de Henry.
–Te prometo que te ayudaré Regina –dijo mirando con fijeza a la mujer –Dame un par de días para buscar la solución –pidió, levantando su mano para apartar el pelo de la cara de la morena.
–Dos días –aceptó, sabiendo que en aquel momento no conseguiría nada más.
–Desayunaré en la cafetería, tengo muchas cosas que hacer –sonrió Emma, levantándose –Tengo que llevarme tu coche, te lo mandaré con uno de mis ayudantes –comentó caminando hacia la puerta.
–No es necesario –contestó, acomodándose en la cama junto al niño –Henry no irá hoy al colegio, luego llamaré a Mary Margaret para comunicárselo. –Emma asintió despidiéndose con la mano, salió de la habitación.
Regina no volvió a dormirse, pero se quedó en la cama abrazando al niño mirándolo con amor, hasta que el timbre de la puerta lo despertó, era David que venía a seguir con el arreglo de la habitación. Henry bromeaba con el hombre "ayudándolo", mientras Regina estaba en su despacho terminando el hechizo del anillo de Archie. El mismo David había hablado con Mary Margaret, para decirle que el niño no iría a clases.
***o***
La mañana transcurría tranquila en la casa mientras en el pueblo Emma visitaba a Archie.
–Pasa, pasa –decía el hombre al ver a su visitante.
Emma entró en el despacho del psicólogo, acomodándose en una silla.
–Archie, necesito tu ayuda –dijo la rubia directa al grano –Regina me ha contado que tu viajaras conmigo y con Henry. Y que te estás ocupando de todos los detalles del viaje –el hombre asentía con la cabeza esperando que Emma le explicara que necesitaba.
–Quiero que me expliques detenidamente esos detalles –el hombre la miró asustado.
–Pero Regina, me dijo que te los contará cuando estuviéramos en el destino –explicó.
–Necesito saberlos ahora –dijo con firmeza.
El hombre la miró meditando unos segundos, se exponía a que Regina se enfadara con él, pero por otro lado… tomando una decisión se sentó frente a Emma contándole todos los detalles del viaje.
Emma escuchó cada detalle con atención. Cuando el hombre término quedó unos minutos pensativa, Archie la observaba sin interrumpir el silencio.
–Quiero que prepares las cosas necesarias para que David y Mary Margaret os acompañen –anunció la mujer, mirando la reacción de Archie que no se hizo esperar.
–Eso no es posible –dijo el hombre, levantándose para tomar unas carpetas consciente de que la rubia no había dicho acompañarnos, si no… os acompañen. –Yo puedo preparar la documentación –abrió las carpetas mostrándole lo que contenían a la mujer –Pero David y Mary Margaret no pueden salir del pueblo sin un objeto hechizado por Regina –terminó de decir mirando a la rubia.
–Yo me ocupare de eso –aseguró levantándose –Tú prepara todo lo demás –dijo agarrando el pomo de la puerta.
–Emma –la detuvo Archie –Regina no aceptará –aseguró.
–Lo hará –replicó convencida –Lo hará cuando sepa que si yo estoy cerca de Henry lo pondré en peligro –dijo, abriendo la puerta para salir dejando al hombre pensativo, que se puso a trabajar en los documentos del matrimonio.
***o***
La siguiente visita de Emma fue a Mary Margaret, a la que invitó a comer para exponerle su plan.
–No, no –negaba la mujer agarrando con fuerza las manos de su hija –Eres tú la que debe ir con Henry –decía después de haber escuchado todo lo que la rubia le contó, y que ella ya sabía por boca de Archie.
–Eso no puede ser –aseguró Emma, mirándola con cariño.
–¿Por qué? –preguntó la mujer igual que esa misma mañana había preguntado Regina.
Emma sonrió sin poder evitarlo al recordar a la morena.
–Porque no puedo dominar mi magia –contestó sin dudarlo en esta ocasión.
–Pero justo por eso debes irte –insistió Mary Margaret –si no puedes dominarla no servirá de nada que te quedes –decía, intentando convencer a su hija para que aceptara ponerse a salvo junto a Henry. –Si lo que te preocupa es Regina, David y yo intentaremos ayudarla –agregó haciendo que su hija la mirara con sorpresa.
–Mamá –dijo, dejando muda de la emoción a Mary Margaret –Contéstame una pregunta. Cuándo me pusiste en aquel armario para salvarme. Si hubiera existido la posibilidad de que entraras conmigo dejando solo a David ¿Lo hubieras hecho? –la mujer bajó los ojos incapaz de mantener la mirada de su hija –No te lo estoy reprochando, por fin puedo comprenderlo –aseguró haciendo que su madre volviera a mirarla. –Te aseguraste de ponerme a salvo, para darme la oportunidad de tener un futuro, y te quedaste junto a la persona sin la que tú no podías vivir –la rubia sonrió al ver como su madre respiraba resignada.
–Emma, Regina no aceptará –aseguró, convencida del odio que la morena le profesaba.
–Tú ocúpate de que David acepte –dijo levantándose –De Regina me ocuparé yo –besando con cariño la mejilla de Mary Margaret, la rubia salió satisfecha de la cafetería, pensando que ya era hora de volver a casa para ver aquellos ojos sin los que ya le era imposible vivir.
***o***
Cuando llegó a casa escuchó risas en el piso superior, subiendo las escaleras siguió el sonido de las voces hasta su habitación, allí estaban David y Henry.
–Hola –saludó con suavidad.
–Hola –contestó el hombre, levantando la cabeza mirándola con cariño.
–Emma –dijo feliz Henry levantándose para abrazarla con fuerza. –Mamá está en su despacho, y yo estoy ayudando a David a reparar tu habitación –informó el niño riendo.
–Que bien –dijo, observando el desorden de la habitación, habían levantado todo el suelo, amontonando las láminas de madera en el baño, la cama de pie, reposaba contra la pared.
–Tenemos bastante trabajo por delante –aseguró David con una sonrisa.
–Sí, llevara días arreglar la habitación –corroboró Henry sonriente.
–Estaré en el despacho con Regina –dijo la mujer a ambos, girándose para esconder la gran sonrisa que le cubrió el rostro, al escuchar esas palabras.
***o***
Tocó con suavidad la puerta del despacho, y la abrió al obtener el permiso de Regina.
–Hola – saludó con una cálida sonrisa.
–Hola –contestó con ternura Regina levantando la cara para mirarla a los ojos.
–David y Henry están muy ocupados, y he pensado que podríamos practicar un rato –dijo cerrando la puerta a su espalda avanzando hacia la morena.
Regina la miró pensativa, y tomó una pelota de tenis de un cesto lleno de ellas que había junto a su mesa.
–Está bien –acepto lanzándole la pelota a Emma –Esa parte puedes practicarla sola –dijo levantándose –Nos quedan dos partes –siguió caminando alejándose de Emma, para pararse en el otro extremo de la habitación –Ataque –dijo sonriendo al percibir el sobresalto de la rubia.
–Atácame Emma –pidió sin perder su sonrisa.
–¿Cómo? –tartamudeo desconcertada la rubia, por el giro que había tomado las prácticas.
–Que me ataques –repitió, segura de haber encontrado el motivo que haría que la rubia aceptara su decisión de irse junto a Henry.
–Pero.. –se interrumpió Emma al mirar la sonrisa confiada de la morena. Ya entendía por dónde iban los pensamientos de Regina.
Cerrando los ojos un segundo invocó aquellas imágenes en su mente, Regina abrazándola, Regina acariciando su cara, los labios de Regina… la energía no se hizo esperar, con rapidez lleno todo el cuerpo de la rubia que la sentía moverse con rapidez, sin esfuerzo la hizo subir por su brazo llegando hasta las palmas de sus manos, que extendió en dirección a la morena, abrió los ojos y la vio allí sonriente, parada de pie esperando, esperando algo que sabía no ocurriría.
–Vamos Emma atácame –pidió una vez más.
La rubia apretó con fuerza los dientes, ordenando a la energía que saliera de sus manos en dirección a Regina, pero al hacerlo las imágenes se desvanecieron de su mente, provocando que la energía desapareciera. Desesperada al percibir como la sonrisa de la morena se ampliaba, volvió a concentrarse en las imágenes recuperando al momento, el flujo de energía pero una vez más desapareció junto a las imágenes al intentar atacar a la mujer que las provocaba.
–No puedo –aceptó derrotada bajando las manos.
–Y la última parte es defensa –continuó Regina como si nada, haciendo que la rubia la mirada extrañada, la morena extendió las manos en dirección a Emma, y una ráfaga de viento salió de ellas impactando en una barrera azul que se formó ante la rubia.
Regina sonrió más, dejó pasar unos minutos para que la barrera desapareciera. Volvió a mover sus manos, esta vez fueron las pelotas del cesto las que salieron volando hacia Emma, impactando en una nueva barrera azulada.
Regina volvió a su escritorio sonriendo satisfecha.
–Te irás con Henry y Archie –dijo, haciendo que la rubia saliera de su estupor y la mirara furiosa.
–Me prometiste dos días para buscar otra solución –acusó.
–Dos días, tres ¿Qué más da? –siguió diciendo, sin que la acusación hiciera mella en ella –Tu magia no es de ataque, no me servirás de nada aquí –dijo con dureza, buscando hacer enfadar a la rubia.
–Emma –se ablandó al ver que los ojos de la rubia no se llenaban de rabia si no de dolor –Si de verdad te importo algo, ayúdame poniendo a Henry a salvo –susurró con ternura intentando convencerla.
–No puedo –dijo, dirigiéndose a la puerta para marcharse.
Regina se levantó, y rápida apoyó su mano en la puerta impidiendo que la rubia pudiera abrirla, apoyando la otra mano en la cintura de Emma la atrajo pegándola a su cuerpo, acercando su cara al cuello de la rubia susurró en su oído.
–¿Por qué Emma?..¿Por qué? –repitió con suavidad.
Emma sentía el pecho de Regina contra su espalda, y el aliento de la morena en su oído y cuello, deseaba volverse y contestar aquella pregunta con el grito que pugnaba por salir de sus labios. "Por ti", "Por ti" deseaba gritar, pero mordiéndose los labios se volvió enfrentándose a aquellos ojos que tanto amaba, sabiendo que sus siguientes palabras le harían ver un gran dolor en ellos.
–Porque no puedo controlar mi magia –continuó al ver que Regina no comprendía –¿Has visto esas barreras de defensa? ¿Recuerdas la burbuja de la cabaña? –la morena asintió, sin comprender aún –Yo no las cree –admitió, mirando como los ojos de Regina se iban oscureciendo al comprender –Se crean solas, al sentir que corro peligro mi magia me defiende –terminó de decir, comprobando como el dolor llenaba los ojos de la morena.
–Entonces… –comenzó Regina
–No me puedo ir con Henry, porque en cualquier momento mi magia se puede activar para defenderme, y ellos nos localizaran –acabó la frase por ella.
–La pesadilla de Henry –susurró mirando a Emma a los ojos –Nos perderá a las dos, se quedará solo en el mundo –anunció la morena, mientras unas gruesas lágrimas caían por su rostro, pensando en el futuro que le esperaba a su amado hijo.
–No tiene porqué ser así Regina –dijo, limpiando con sus dedos aquellas lágrimas que le dolían en el alma. –Existe otra posibilidad –siguió diciendo la rubia, haciendo que la morena la mirara esperanzada.–David y Mary Margaret… –
Regina la interrumpió soltándose de sus brazos mirándola airada.
–Mary Margaret –escupió las palabras.
–Sí, Mary Margaret –insistió –Su abuela –informó a una Regina que negaba una y otra vez con la cabeza.
–Todo esto es culpa de Mary Margaret –dijo la mujer mirando acusadoramente a Emma –Ella me traicionó, ella hizo que mataran a Daniel –añadió, elevando la voz mientras sus ojos se iban oscureciendo.
–Ella era una niña a la que tu madre engaño –intentó defenderla Emma.
–No, no –seguía negando –Quizás en aquel momento no fuera responsable del todo pero…¿Y los años siguientes? ¿Todos los enfrentamientos que tuvimos? Ella lo provocó todo. Ella me hizo lanzar la maldición. Ella es la culpable de todo –dijo mirandola con rabia. –No permitiré que se libre –los ojos de Emma estaban llenos de dolor, pero esta vez Regina no se ablandó –Tiene que pagar por el mal que ha causado igual que yo –concluyó, volviéndose de espaldas, para no seguir viendo el dolor de sus ojos, y evitar a su vez que la rubia viera la oscuridad que se había adueñado de los suyos.
Emma suspiró acercándose a Regina abrazándola por detrás. Uniendo las manos sobre el abdomen de la morena acercando su cara al cuello para poder susurrar en su oído.
–¿Te parece poco el precio que ya ha pagado? –la morena se volvió rápida en los brazos de Emma, que la silencio poniéndole un dedo en los labios –¿Te parece poco el precio que yo he pagado? –esta vez fueron las lágrimas de Emma las que resbalaron por su rostro.
Regina quería mantenerse firme, su odio por Mary Margaret era lo que la había motivado todos aquellos años, aquella mujer había destruido su vida, había convertido a Regina en la reina malvada que fue durante tanto tiempo. Había sacado de la morena toda la oscuridad que un ser humano puede albergar en su interior, pero sus sentimientos por Emma eran muy fuertes, más fuertes de los que Regina podía imaginar. No podía perdonar a Mary Margaret, pero ver aquellas lágrimas en el rostro de Emma le estaba haciendo más daño del que jamás había sentido con anterioridad.
–Emma –susurró, limpiándole las lágrimas con sus dedos.
La rubia la miró con intensidad.
–Emma –volvió a susurrar, perdiéndose en aquellos ojos en los que ya no se reflejaba dolor, sino un mundo de esperanzas al que Regina no estaba acostumbrada.
Los ojos de la morena se fueron suavizando progresivamente.
–Emma –susurró una vez más, notando cómo la rubia subía sus manos enredando sus dedos en el pelo moreno.
–Necesito pensarlo –claudicó por fin Regina, buceando en aquellos ojos que hacían reaccionar su cuerpo, su mente y su corazón.
–Lo sé –aceptó en voz baja Emma, acercando la cabeza de la morena a la suya.
–Regina –susurró esta vez Emma, buscando que la morena le diera el valor que necesitaba.
La morena no la hizo esperar más, subiendo sus manos abrazó con fuerza a la rubia, uniendo sus cuerpos, mientras sus labios buscaban aquellos otros que tanto la deseaban.
Al rozarse sus labios una ola de energía llenó la habitación, todas las cosas se elevaron hasta el techo donde se quedaron levitando, pero ninguna de las dos mujeres fue consciente de nada, ellas solo estaban pendientes la una de la otra, disfrutaban de aquellos labios que por tanto tiempo habían deseado, los recorrían tiernamente saboreándolos golosas. Primero Emma capturaba el labio inferior de Regina y lo lamía entretenida, después era la morena la que capturaba el de la rubia y lo saboreaba con deleite, poco después las lenguas de ambas entraron en el juego, al principio tímidamente pero cogiendo confianza con rapidez se saludaban la una a la otra. Los cuerpos se atraían con fuerza mientras el beso se profundizaba, pasando de aquel primer tierno contacto a una pasión que desbocaba a ambas mujeres.
Ninguna se cansaba, ninguna tenía bastante, fue un fuerte ruido en el piso superior el que por fin consiguió separar aquellos labios.
Con la respiración entrecortada, los ojos brillantes, los labios húmedos y enrojecidos ambas mujeres se miraron con intensidad.
–Será mejor que subamos a ver que hacen –rompió el silencio Regina con una sonrisa.
–Sí –aceptó la rubia, separando su cuerpo del de la morena con desgana.
Regina caminó hacia la puerta aún abrazada a Emma, miró extrañada a su alrededor notando como algunas cosas parecían no estar en su lugar, pero al ver la sonrisa que tenía la rubia lo olvidó al instante, centrándose en la mujer a la que dejó de abrazar para tomar con delicadeza su mano, entrelazando los dedos de ambas. Así agarradas de la mano salieron del despacho. Preparadas para enfrentarse a cualquier desastre, con una sonrisa en los labios.
