Ser un Akashi no era nada de fácil, con tanto que hacer, tantos eventos sociales y económicos que requerían su presencia, porque tenía que ir, no podía simplemente decir "No, estoy cansado" "Tengo otro compromiso" para después quedarse en casa y tomarse un descanso. No. No quería, dirían que era un hombre perezoso y no iba a soportar que la gente hablara mal de su persona, no lo iba a permitir nunca que se difamara sobre su persona aunque eso recayera directamente sobre su salud. En eso Masaomi había salido calcado a su padre.

Ese día en especial después de días sin dormir lo decidió: Masaomi se dio un poco de tiempo entre las miles de actividades que hacía para observar en las cámaras que tenía casi por toda la casa a su hijo. Pero a aquel ni siquiera lo veía como un hijo, simplemente como el heredero de la corporación Akashi, del apellido de su familia ideal, que debía de ser moldeado tal y como quería.

Seijūrō tenía que ser perfecto, no podía tener ninguna cosa que lo distrajera de ser el perfecto futuro hombre de negocios, nadie debía de estorbarle.

Esas semanas anteriores antes del partido de los Vorpal contra Jabberwock Masaomi respiro un poco aliviado, cuando las personas molestas dejaron de meterse en la vida de su hijo haciendo que este estuviese volviendo a ser manejable tal y como quería. Sin embargo últimamente este se pasaba saliendo fuera de casa, lo cual le estaba molestando bastante internamente.

"Que te haya dejado libre para jugar ese partido de baloncesto no quiere decir que tienes más libertad pequeño bastardo de mierda"

Lo que sea que este estorbando hará que de algún modo su hijo sufra a través de ello. Ese sería su castigo, así se lo merecía ese bastardo que no comprende la verdadera posición que ocupa en esta familia tan importante como es la del prestigioso e importante apellido Akashi

La semana en que vio a aquel asustadizo joven de cabellera castaña apunto de tomar la decisión de raptarlo para torturarlo porque sabía que eso molestaría a su hijo y de paso divertirse con ese chico, con aquel cuerpo adolescente que seguramente estaría apretado en el momento en que lo poseyera.

Se relamió de manera obscena, imaginando las veces en que se lo violaría una y otra vez hasta destrozarlo y luego lo tiraría como si se tratara de basura cuando terminase con este. Que agradezca que un Akashi se fijara en su cuerpo de campesino, pues es todo un honor que eso ocurra. Pero si de todos modos se atreve a oponerse lo mataría después de jugar con él enfrente de Seijūrō.

Tal vez eso haría.

Se vino con un fuerte jadeo después de masturbarse un rato al imaginar a ese joven debajo de él chillando de dolor y pidiendo piedad con aquellos ojos castaños asustados que tanto le excitaban, le gustaba esa mirada de miedo. Tenía ganas de azotarlo, violarlo con furia para verle llorar más, marcar su piel con mordidas y golpes y correrse muchas veces dentro de este. Sí. Era un delicioso espectáculo que quería realizar directamente. Hace tiempo su cuerpo necesita placer y acción.


— ¿No te cansa ser así de asqueroso? —Sonó una voz en esa sala que había quedado en silencio después del delicioso orgasmo que había tenido el hombre mayor. Tenía ese mismo tono entre calmado y autoritario que poseían Seijūrō y Masaomi.

Masaomi miro hacia una figura que estaba parada en la puerta del escritorio y extrañamente sin mover los pies se acercaba a él, pero el hombre más que fijarse en eso, miraba su rostro; Era casi idéntico a Seijūrō pero con el pelo un poco más anaranjado y con heterocromía en uno de sus ojos, este lo miraba con sincero asco de él.

— ¿Quién eres tú? No te conozco.

El chico sonrió de manera enfermiza mostrando todos los dientes en una mueca casi irreal cuando Masaomi mintió de manera tan tajante que hasta el mismo se lo creía como una verdad absoluta

—Ahora no me recuerdas padre…¿Verdad? Como ya dejé de serte útil, no te interesa quien sea o haya sido alguna vez. —Se cruzó de brazos abriendo los ojos y con esa sonrisa tensa aún más abierta — Pero créeme esta vez no será como tú quieres. No lo permitiré maldito bastardo.

—No hay nadie que me lo impida.

En eso el joven se pone a gritar de manera tan fuerte mientras su cuerpo se va convirtiendo en sangre que va directamente hacia el hombre mayor viendo como los ojos de ese joven quedan en un espacio negro del rostro como si flotaran y la boca se deforma entre más potente y ensordecedor se hace el grito del chico idéntico a Seijūrō sentía como la sangre ajena que caía en su piel parecía quemarle como si fuera acido haciendo que la carne se derritiera al igual que su propia piel quedando nada más que en los huesos.


Despertó algo alterado pero manteniendo la cabeza fría. Era solo una pesadilla absurda, nada que ver con la realidad, parece que de verdad las horas de sueño le estaban empezando a afectar.

Suspiró un poco y se iba a levantar de la silla donde estaba cuando sintió un empujón desde atrás y las ventanas del lugar empezaron a quebrarse a la vez como si les hubiesen dado una pedrada enorme, con algunos pedazos de vidrio incrustándose en la piel de Masaomi al salir disparadas de aquella manera tan violenta.

— ¿Qué demonios? Se supone que estas ventanas son a prueba de balas—Gruño mirando hacia su alrededor viendo quien lo había empujado pero no se veía a nadie, era tan extraño. También algunas pantallas cerca de la habitación de su hijo estaban dañadas, trato de despejarse el cabello que le había caído en la cara, pero se dio cuenta que tenía las manos con varios fragmentos pegados en las manos haciéndole sangrar. —Maldita sea…

Aún miraba de reojo las ventanas y en cierto reflejo le pareció ver a alguien, pero seguramente era su propio reflejo.

No entendía lo que había ocurrido exactamente, pero para él simplemente eran ventanas de mala calidad que se habían roto simplemente. ¿Pero quién lo había empujado antes? Realmente era como si alguien se hubiese puesto a empujarle a propósito.

Quizás su silla también esta defectuosa, solamente es eso. Debe dejar de preocuparse demasiado por aquellas cosas tan insignificantes.


Inevitablemente pasaba el tiempo a veces demasiado rápido como uno realmente lo quisiera. Furihata no se acostumbraba a ser novio de un chico totalmente, era tan extraño, pero al mismo tiempo ¿Era tan malo que estuviera de novio con un hombre? Claro que no, era simplemente lo que sentía y no debería preocuparse si era del mismo sexo o no, suponía que eso no debía de ser relevante hasta el momento en que les tocara hacer el amor.

Al menos Akashi no se embarazaría o el si es que llegaban a tener relaciones sin protección, aunque debían de tener cuidado en caso de una infección hacerlo todo limpio y adecuado para una buena experiencia para ambos.

Estaba más animado sin poder evitarlo desde que se habían besado, no lo podía negar. Aquellos besos y esas palabras que le dijo Seijūrō le hicieron inesperadamente feliz ¿Cómo algo tan simple lo ponía como si estuviese flotando entre nubes de azúcar? Aun no se creía que estuviera saliendo con un chico si hace poco tiempo miraba solo a las mujeres, pero no importaba eso en absoluto estaba muy contento

También aún estaba horrorizado si es que el padre de Akashi llegaba a descubrirlos, ése hombre era espantoso de muchas maneras, parecía que cualquier cosa que tocara lo pudriría con solo su pensamiento.

Asco le daba ese hombre, repulsión y un miedo tan terrible que solo al pensar en este todo su cuerpo se ponía en alerta, sabiendo inconscientemente que significaba peligro.

—Vaya, pensé en llegar antes y sorprenderte, pero ya estabas aquí. —Akashi lo saludo cortésmente sacando de su ensimismamiento a Furihata que estaba en el mismo lugar donde antes se habían reunido donde nadie los vigilaría. Al ver a su novio, Kōki le guiño el ojo de manera coqueta

—Pues no, pero no te preocupes, es que no me gusta hacer esperar a nadie. Además quería yo sorprenderte a ti.

—Lo has hecho. —Se sienta a su lado y cerró los ojos brevemente aspirando un poco el olor del perfume de Furi, relajándose al sentir el suave olor a canela.—Ya han pasado tres meses desde que nos declaramos. Sin embargo parece que hubiese sido solo ayer.

—Aunque no hemos podido tener mucho tiempo juntos. —Furi disimuladamente acaricia la mano ajena. —Él… ¿Te ha vuelto a hacer daño verdad?—Tensó un poco su mano que estaba en la de Akashi quien asintió, a Furihata no le podía mentir, no solo porque era su novio y ya le había contado todo al respecto, sino porque este sabía de antemano al ver la mirada de Seijūrō y eso le hacía imposible mentir.

—Sí. —Suspiró, bastante molesto apretando las manos haciéndolas un puño. La última vez que hablo con su padre este prácticamente lo amenazó volviéndolo a torturar como siempre, cada vez enfrentándolo a ese cuarto donde parecía que siempre estuviese su hermano pero cada vez de una manera menos humana, más como si fuese solo una bestia maligna, aquella que quería comerse sus ojos una vez. Hizo a un lado esos molestos recuerdos y miro a su novio —Le molesta que salga tanto así que… de momento no podremos vernos tanto como quisiéramos para que no moleste ni se meta contigo ¡Porque si se metiera contigo juro que podría…!

Kōki no pudo aguantarse más y lo abrazó fuertemente.

—Créeme que yo siento la misma rabia cuando te hace daño, pero no quiero que hagas una locura Seijūrō, tú no mereces ir a la cárcel por culpa de ese hombre tan infame. Tenemos que encontrar otra solución para que tu padre te deje en paz.

Akashi corresponde al abrazó pegándose más a Furihata y lo besa, un beso que a ambos les hizo bien, un beso donde se entregaban a sus sentimientos amorosos, se separaron para mirarse unos segundos y sonreír para volver a besarse una y otra vez muy cariñosos.

—Kōki, si no fuera por ti estaría perdido—Dice entre besos que se dan cada vez más hambrientos el uno del otro. Como ambos están en un lugar bastante apartado no temen un poco de roce aunque terminan algo agitados al separarse.

—Paremos Sei, o terminaremos haciendo algo más…

— ¿No quieres?

Se mordió el labio de manera inconsciente, claro que quería tener sexo con Akashi, su semi erección lo pedía, su cuerpo estaba caliente. Aunque tenía el temor de que lo hicieran mal, sería su primera vez de manera homosexual.

—Si quiero pero ¿En donde? Hay que hacerlo en un lugar adecuado Sei y con las medidas apropiadas.

—Es verdad, pero podemos ir a un love hotel. Si gustas claro está, aunque tal vez te de algo de vergüenza, pero en esos lugares venden las cosas apropiadas para una primera vez.

—La verdad si da un poco de timidez, es como gritarle a la gente que te ve entrar que vas a ir a coger. Además no todos son muy limpios según tengo entendido.

Seijūrō se pasa la mano por la barbilla tratando de pensar en donde podrían tener un encuentro íntimo. No es que quisiera a Kōki solo para coger, claro que no, pero lo amaba y también se dio cuenta que lo deseaba bastante más que solo un poco. Incluso se había masturbado una vez acordándose de este.

—Pues la verdad así he escuchado también. Podríamos comprar las cosas aparte y buscar un sitio cómodo para ello. No quiero que ninguno de los dos este incómodo. Si vamos a un hotel muy lujoso mi padre puede enterarse.

—Ya se me bajo cuando mencionaste a tu padre.

—Lo siento, aunque me paso exactamente igual. —Separándose del castaño levemente se pone de pie haciendo un gesto para que Furihata se levante. —Vamos por un helado, no hay prisa de nada, así que divirtámonos.

Ambos parecían un poco frustrados, pero no demasiado como para no distraerse comiendo helado, yendo a ver una película al cine y yendo a comprar cosas (Cosa que era una de las aficiones de Furihata) incluso viendo un partido de básquet de unos chicos, comentando disimuladamente hasta que Furi mira su reloj.

— ¡Cielos es muy tarde! ¡Debo ir a casa ya que hoy no habrá nadie en ella!

—Kōki…

— ¿Si?

—Podríamos ir a tu casa ambos.

— ¿Para?—Furihata alzó las cejas sin entender por un momento— ¡Ah! Ah, si tienes razón no lo había pensado, pero ¿No te regañaran?

Akashi tomo de la mano a Furihata para ir a un sex shop y luego al tren bala sin responder esa pregunta que le habían formulado simplemente porque quería olvidarse de sus problemas un momento, porque simplemente quería estar al lado de la persona que amaba y no tener el peso de alguien tan desagradable que se hacía llamar su padre que en realidad no era más que un monstruo que lo quería domesticar al igual que si fuera un animal, un objeto, alguien que no debería tener voz ni voto. Seijūrō quería explorar el estar con su pareja en el momento más íntimo, quería besarle y disfrutar de su amor un poco más, pues después se harían más distantes por razones externas y quería tener mucho de él, entregarse por completo a aquella persona tan querida, tal vez era un error hacerlo pero simplemente necesitaba amor, algo que recién estaba volviendo a experimentar y no quería dejar. No así de fácil, seria doloroso cuando no tuviera a Furihata tanto tiempo consigo, pero con algo tan trascendental como el sexo sería más fácil pasar el dolor, la soledad de aquel frio lugar.

Por su parte Furihata estaba nervioso pero tal vez necesitaba lo mismo que su compañero, sentirlo más, tocarlo más. Era hombre y no era fácil contener sus deseos y no quería contenerlos tampoco, ninguno de los dos era una chica para andar reprimiendo sus impulsos sexuales.

Viajaron tranquilos, aunque a Kōki le daba la impresión de que algo malo ocurriría pronto, pero ahora en el tren, se apoyó leve en su pareja quien le beso la frente, ninguno pudo disimular frente a los demás que eran pareja de aquel modo.


En cama después de cenar y haber preparado bien a Furihata quien estaba ansioso, puesto que antes se había sometido a un pequeño lavado de estómago y luego ambos se habían duchado con agua caliente para estar completamente limpios (al parecer una relación homosexual no era tan fácil como parecía) Ambos se habían comenzado a besar apasionadamente juntando sus miembros de manera acalorada y habían empezado a masturbarlos haciendo que ambos gimieran y jadearan mirándose con las respiraciones agitadas, queriendo sentir mucho más de aquellas nuevas sensaciones que estaban experimentando. Akashi se puso un condón en la lengua y suavemente empezó a lamer el agujero de Furihata quien se sobresaltó un poco incómodo con eso. Intentó no sentirse nervioso mientras Seijūrō seguía con su labor ayudado con bastante lubricante para ir de a poco entrando en su pequeño agujero.

Furihata no diría que no se sentía extraña la sensación y un poco dolorosa al sentir su agujero expandido, pero su novio parecía ser hábil con su lengua así que pronto paso a algo casi delicioso en su ano, sobre todo en un punto que no sabría decir, pero le gustaba mucho.

—Esto…es tan extraño…

Miro hacia el techo de color celeste de su habitación, aunque el mismo decidió que sería el pasivo estaba aún algo asustado de que pudiera hacerle daño. Su pareja realmente le hacía sentir bien haciendo que los prejuicios de su sexualidad quedaran de momento de lado. No podía sino intentar todo de su parte para disfrutar solo pensando en eso, en Seijūrō y en su propia sensación.

—Pero ¿Te gusta? —Akashi se detiene un poco sacándose el condón de la lengua. —Si quieres podemos parar.

—Me gusta, es raro, pero me gusta lo que haces…no pares.

Cuando Akashi después de rozar su pene contra el ano ajeno y empezar a introducirse ahí si sintió una sensación de dolor y ardor a la vez que su pareja entraba en él.

Para Seijūrō nunca se había quedado tan impresionado al penetrar un cuerpo humano, era una sensación nueva, pero le gustaba, quería más de aquello que le apretaba tan deliciosamente empujando y sacando suave su pene, tratando de que su novio se acostumbrarse.

Furihata trató de acoplarse a la sensación, no iba a decir que no sentía algo de ardor y un poco de dolor en cada movimiento contra su trasero a pesar de que su novio iba lento primeramente sin entrar mucho para no lastimarle.

—Con cuidado…por favor—Necesitó decir cuando sintió al pelirrojo yendo más adentro en su interior. Su culo le empezaba a hormiguear un poco en aquella posición, se masturbó para olvidar cualquier sensación de dolor pero era bastante difícil hacerlo.

—Tranquilo, no te haré daño.

Ambos experimentaban algo demasiado nuevo, eran bastante torpes, sin embargo Akashi aprendía muy rápido al leer las expresiones de Furihata se notaba demasiado cuando algo disfrutaba y lo que no por lo cual trataba de memorizar lo que le servía. Eso era bueno de ser tan hábil en cualquier cosa que se le propusiera aunque fuese primerizo.

Solo se escuchaban en esa casa sus respiraciones, gemidos y el sonido la pelvis dura de Akashi pegándose al trasero de Furihata en cada movimiento haciéndole cosquillas con los vellos color rojo

En cierto momento el dolor tomo un segundo plano y ambos lograron venirse uno antes que el otro, Kōki podía sentir como su trasero era llenado de algo caliente y espeso mientras se recuperaba pues ambos habían quedado demasiado cansados, incluso para hablar por unos minutos.

Akashi con cuidado se salió del trasero de Kōki y lo abrazo quedándose dormido junto a este.


Ese chico se parecía mucho a Akashi, muchísimo. Trataba de ir hacia él pero algo se lo impedía.

—Furihata-kun, ten cuidado a partir de ahora.

— ¿Qué? ¿Sei?

Había algo que era muy terrorífico que estaba detrás de ese joven, algo así como vapor negro que emergía de su propio cuerpo, cuando se miró así mismo ese mismo vapor le impedía avanzar. Ese chico idéntico a su novio no era el que daba miedo, sino el vapor oscuro era el maligno, el que le hacía temblar de miedo por alguna razón que desconocía.

—Solo cuídate por favor y cuida a Seijūrō, él te necesita más que nunca.

Se acercó a él y le quito el vapor oscuro que parecía tomar una forma más física e ir directamente al cuello de este como queriendo ahogarle.

— ¡Despierta Furihata! Si no…él

— ¡¿Qué!? ¿Quién?

Vio que el vapor se transformaba en algo más sólido y una mirada, unos ojos aparecieron en aquella oscuridad. Una mirada demente y penetrante, una mirada de alguien que podía hacer cosas realmente horribles que realmente le hizo temblar de miedo.
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Despertó con un sobresalto en la cama sin poder evitarlo. Sudaba frio ¿Qué había sido eso?

—Kōki ¿Te sientes bien?—Akashi se preocupó al ver la mirada asustada de su pareja.

—Necesito ir al baño—Se levantó para ir al lavabo, pero sus piernas aún no se recuperaban del coito así que casi resbala sintiendo como parte del semen que tenía en su interior aún amenazaba con salir.

— ¿Quieres que te acompañe? No quiero que estés mal por mi culpa.

—No, no te preocupes, estaré bien—Se dirigió a sentarse y luego de limpiarse, se sujetó la cabeza y sintió un dolor en el estómago el miedo le había hecho sentir nauseas, fue al lavabo y termino botando saliva, puesto que al parecer ya había digerido lo comido. Se lavó la cara y vio en el espejo una mirada, que no era la suya ni la de la mujer pelirroja, sino de ese ser oscuro que había sido de vapor. Gritó.