Perdón por mi larga ausencia, el mundo real me ha solicitado mucho últimamente. Espero ya tener tiempo de ponerme al corriente con todo. Muchas gracias a MyMindPalace221 y a Yesenia Alvarado por el comentario, que alegría que les gustara el capítulo.
Merlin no me pertenece y no gano nada con este fic (económicamente hablando, claro está)
Arthur volvió después de tres semanas al departamento de Merlin, encontró la luz de la habitación del mago encendida por lo que fue el primer lugar al que se dirigió. Se sorprendió al ver al pelinegro en la cama, Merlin estaba herido y sus azules ojos lucían como si estuviera ido, sonrió al verlo acercarse a la cama.
−¿Ha sucedido algo? ¿Quién te hizo esto?
La respuesta del pelinegro fue regalarle una sonrisa.
−Arthur –el tono dulce era extraño acompañado de su nombre.
Cuando Arthur estuvo cerca el mago se hincó en la cama y para sorpresa del rey de Camelot pasó sus brazos por su cuello comenzando a besarlo, sorprendido el rubio fue incapaz de reaccionar al beso. Sin decir nada Merlin quedó inconsciente en sus brazos.
···
Merlin despertó con el cuerpo adolorido, pero lo que realmente fue una novedad fue encontrar al rubio durmiendo a su lado. Estaba tratando de decidir si despertarlo o no cuando el rubio abrió sus ojos.
−¿Qué te sucedió? –fue lo primero que preguntó, el pelinegro podía jurar que se sonrojó cuando lo miró.
−No estoy seguro –fue su sincera respuesta.
−¿Estabas ebrio?
−No – Merlin se sentó en la cama−, sabes, el cerebro humano solo admite una cierta cantidad de información, cada cierto tiempo necesito "desconectar" mi cerebro para permitirle borrar cosas innecesarias, soy incapaz de recordar que sucede o reconocer a alguien cuando me encuentro así.
−¿Por lo tanto serías incapaz de reconocerme?
−¿Hice algo extraño? –Merlin se levantó de la cama, mostrando dolor en su rostro al agacharse a buscar algo bajo la cama.
−Me llamaste por mi nombre.
−¿Lo hice? Eso es imposible ¿estás seguro?
−Bastante.
−Bueno, supongo que tiene sentido –el mago volvió a la cama sacando cosas para curar sus heridas, el rubio se apuró a ayudarlo.
−¿Por qué?
−Por ejemplo, para recordar conversaciones del pasado necesito olvidar la voz de la persona con quien hablé, pero en tu caso nunca he sido capaz de olvidar nada, sin ser consiente me he empeñado de conservar todo lo referente a ti.
−Por lo…
−Olvídalo, soy incapaz de explicarlo. ¿Cómo estuvo el trabajo?
−Bien
−¿Bien? ¿Solo bien? Querías tanto trabajar y me he esforzado por conseguirte un trabajo para que me digas que solo está bien.
Arthur comenzó a limpiar las heridas del mago, quería saber más, específicamente deseaba una explicación a ese beso que había recibido, pero era algo que no se atrevía a preguntarle directamente a Merlin.
−Te he extrañado –se sinceró mirándolo a los ojos.
El pelinegro sonrió, lo que ocasionó que un suspiro escapara de los labios del rubio, había extrañado tanto esa sonrisa que las tres semanas que pasó lejos le resultaron eternas.
−Yo también lo hice.
−Merlin, te amo.
Como había sucedido antes de irse, el pelinegro ya no tenía la divertida reacción de entrar en pánico o quebrar cosas por su confesión, sino que en sus labios se dibujaba una sonrisa llena de tristeza, esa reacción había comenzado un mes atrás, Arthur no había podido evitar sentirse alegre cuando su mago respondió con una sonrisa a su declaración, pero un día esa sonrisa comenzó a verse triste, logrando con eso que la confianza del rey terminara flaqueando.
−Vayamos a comer algo –fue la respuesta de Merlín cuando el rubio acabó con sus heridas.
···
−¿Y cómo fue el campamento?
−Muy aburrido, esos chicos no tienen condición, en Camelot nunca hubiera permitido algo así.
Merlín rió alegre.
−Por favor, dime que no te excediste con ellos.
−¡Fui un blando, Merlin! Puede escuchar a mi padre maldiciéndome del más allá.
Merlin no lo dudó, no creía que el gran Uther Pendragon aprobara el hecho de que su hijo fuera instructor de esgrima de simples plebeyos.
−Al menos no todos tus alumnos son plebeyos ¿no?
−Los hijos de nobles son lo peor –Arthur agitó su cuchara enojado− en mis tiempos los nobles no eran tan insoportables.
−Pues…
−No te atrevas a decir nada, Merlin.
−Es lo que sucede cuando trabajas, te arriesgas a tratar con gente que no te agrada.
−¿Estás enfermo?
−No, ¿por qué?
−Te veo más delgado.
−No creo estarlo –el pelinegro se levantó a recoger los platos, cuando estuvo al lado del rubio el exrey de Camelot lo tomó por la cintura− ¡¿Arthur?!
−Lo estás, tu pantalón te viene flojo –Arthur logró meter varios dedos en la pretina de su pantalón.
−Siempre me ha quedado así –se defendió dejando los platos sobre la mesa.
−Estás más delgado –insistió de nuevo el joven Pendragon.
−Arthur, para –Merlin sintió como metió sus manos bajo su camisa, recorriendo con una mano sus costillas.
−Puedo sentir con claridad tus costillas.
−¡Bien! Perdí el apetito unos días, pero ya me encuentro mejor –respondió enojado el pelinegro, Arthur se levantó, sin sacar su mano bajo la camisa del mago lo rodeó por la cintura.
−Merlin –el tono con que susurró su nombre hizo que la piel del pelinegro se erizara.
El último Pendragon ocultó su rostro en el cuello del pelinegro, aspirando con fuerza, logrando que los pies de Melin fueran incapaces de soportar su peso.
−Tu broma se está saliendo de control –comentó molesto el mago.
−No es una broma –respondió en voz baja− ¿cuántas veces te he dicho ya que te amo? Tú mejor que nadie deberías de saber que no es una broma.
−No me amas –el pelinegro se las arregló para alejarlo−, solo eres demasiado terco para entenderlo, yo no soy Merlin al que conociste, han pasado mil años, no puedo ser él.
−Eres un completo idiota, Merlin –Arthur lo tomó por sorpresa, pasando su mano por su cuello lo atrajo, besándolo bruscamente.
Merlin conocía el sabor y la sensación de esos labios, lo cual era imposible, ya que él nunca había besado a Arthur. Aun cuando sentía que no quería apartarse logró alejar una vez más a Arthur.
−Es por eso que has estado sonriendo con tanta tristeza, ¿qué importa si no eres el Merlin que conocí? ¿Si han pasado mil años? –el que alguna vez fuera rey de Camelot se le veía furioso− Me da igual, te amé entonces y te amo ahora, siempre serás Merlin para mí ¿entiendes eso?
−No eres Arthur –el mago se sintió asustado de pronto−, Arthur nunca me amó, no de la manera en que dices amarme –sintió las lágrimas correr por sus mejillas, había estado tan feliz por su vuelta que nunca se le ocurrió que el Arthur Pendragon que se encontraba frente a él no era su amigo de hace tiempo.
¿Qué su magia no había jugado así con él en el pasado? Más de una vez se había encontrado con un Arthur falso, ¿por qué no pensó que esa ocasión sería igual?
Espero que el capítulo haya sido de su agrado, besos y abrazos de mi parte, muchas gracias por leer.
