Hola hola lectores! =D
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Parejas: Altaïr/María − Altaïr/Malik − Malik/María
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Estado: En proceso.
Advertencias: Lemon, violencia, insultos, lenguaje mal sonante…
Disclaimer: Assassins Creed, su historia y personajes no son mios (lastima, si asi fueran, Altaïr sería mio y de nadie mas) son propiedad de Ubisoft.
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De Amor a Beso de Traición
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Capitulo 9
"Cayendo"
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La carta había llegado hacia menos de una hora.
Malik tenía el estomago revuelto y sentía ganas de vomitar; no sabía bien la razón, si por el nudo que sentía en el estomago o por la angustia que le estaba matando poco a poco o por qué con exactitud. Arrugó la carta por decimonovena vez en menos de diez minutos y la arrojó lejos, quitándola de su vista. Apoyó el brazo sobre las rodillas y dejó que la barbilla descansara sobre la mano, intentando calmarse a sí mismo sin éxito. Finalmente gruñó exasperado y se levantó de golpe, angustiado, nervioso y atemorizado al mismo tiempo.
Se dirigió al fondo del despacho y se agachó para recoger la bendita carta que había arrugado y tirado antes, la sujetó con fuerza entre sus dedos, volviendo a desarrugarla para poder leer las palabras que había escritas con tinta negra y caligrafía rápida; las mismas palabras que le habían perturbado hasta dejarle con el corazón en un puño.
La carta venía de Damasco y la enviaba el Rafik, así que Malik la releyó:
Malik;
Corren rumores por las calles de la ciudad que me inquietan, se habla de que la guardia de Salahadin ha logrado dar muerte a uno de los nuestros… en principio no daba crédito a tales palabrerías, la plebe es tan fácil de manipular que me parecía ridículo limitarme a creer un rumor así… no obstante aclárame esto Malik, porque las dudas ya han comenzado a anidar en mi cabeza, ¿es cierto que el Maestro Altaïr ha venido a la ciudad de misión?
Los novicios que llegan así me lo aseguran, pero yo puedo asegurarte a ti amigo mío, que por aquí no ha pasado siquiera, y ya hace seis días de esto… ¿debo preocuparme o sólo inclinarme a pensar que Altaïr se ha perdido en una de sus inusuales distracciones? disculpa lo repentino de mi mensaje, pero creí que debía informarte de este asunto antes de que los rumores te llegaran por boca de algún informante novato que seguramente lo adulteraría todo…
Recemos a Ala para que los rumores sean sólo eso, así que esperaré por tu respuesta con ansiedad.
Malik cerró el puño arrugando de nuevo la carta, y cerró los ojos fuertemente.
Por Ala… ¿en qué problema se habría metido Altaïr ahora? no era normal en él tardar seis días en una misión tan sencilla como esa, es más, lo más probable es que hubiera tardado apenas unas horas en llevarla a cabo y regresar a la casa de Asesinos de la ciudad. Entonces ¿por qué la tardanza? ¿Qué le había sucedido a Altaïr para provocar tal comportamiento? ¿Estaría…? ¿Estaría… bien? ¿Estaría a salvo?
Malik no quería ni plantearse la opción de que algo malo le hubiese sucedido a Altaïr, porque si así fuera… se moriría.
Ya no tendría ninguna razón para vivir, no tendría corazón por el que luchar ni fuerzas para subsistir y sobrevivirle.
A pesar de que en esos momentos Altaïr y él estuvieran peleados, Malik le seguía amando con más fuerza que nunca. Decir que era la mitad que le faltaba a su corazón, la fuerza que complementaba su espíritu, el fuego que le hacía volar y le daba alas, el aire que daba impulso a su vacía, solitaria y triste vida, llena de dolor, soledad y sufrimiento, eso sólo era un intento de acercarse a la realidad de sus sentimientos. Altaïr era un idiota arrogante, estúpido insoportable y engreído… pero era su idiota. El mismo con el que había crecido, el mismo con el que había competido y entrenado hasta el desfallecimiento, el mismo con quien había compartido tantos secretos, el mismo que le había robado la mitad de su alma, a su hermano, su corazón y su verdad… pero también el mismo al que había visto crecer y madurar tanto que dolía; y la misma persona que le había causado el mayor dolor posible en la vida... la soledad total y absoluta.
Sin Altaïr él ya no sería nada.
No tenía a Kadar, no tenía a sus padres, no tenía una familia más… y si ahora lo perdía a él, la persona a la que amaba, no podía imaginar cómo viviría.
Sin darse cuenta de cuando sus ojos se habían llenado de lagrimas, Malik se pasó la mano por ellos con decisión, limpiando todo rastro de humedad que le impidiera ver y se levantó decidido, dirigiéndose hacia el escritorio, soltando la arrugada carta y tomando una hoja en blanco y una pluma para formar una respuesta coherente e inmediata a la pregunta enviada por el Rafik de Damasco; así que mojó la pluma en el tintero que había a su derecha y comenzó a escribir, rápido y preciso, como siempre lo era.
Las palabras se mezclaban en su mente luchando por salir, pero demasiadas ideas oprimían su cabeza como para expresarlas con claridad; así que optó por ser rápido y locuaz en su respuesta.
Siento la tardanza en responder, pero tus palabras me perturban…
Es cierto que Altaïr había partido de misión a Damasco hace ahora ocho días; pero saber que no ha dado señales de vida en todo ese tiempo me preocupa, no es propio ni siquiera de alguien tan orgulloso como él… enviaré a dos hermanos a Damasco para investigar ahora mismo, debemos resolver esto cuanto antes. Te mantendrán informado de todo lo que averigüen, mis órdenes serán precisas en ese aspecto, si Altaïr está vivo le encontraremos.
Gracias por avisarme con rapidez hermano, envía una paloma si sabes algo más.
Malik
Y tras releerla unas dos veces para asegurarse de que sus palabras eran entendibles, Malik dobló la carta y la enrolló hasta meterla en la argolla que la patita de la paloma tenía sujeta, luego la tomó en la mano y la lanzó al aire, observando como el ave se perdía en el horizonte, surcando las nubes que sombreaban la dorada mañana que iluminaba Masyaf.
Sin embargo lo peor de todo no era la angustia y el dolor que sentía en esos momentos en su corazón… sino que además, tendría que decírselo a ella.
A María.
Porque aun odiándola con todas las fuerzas de su alma Malik sabía perfectamente que al igual que él María estaba profundamente enamorada de Altaïr, se notaba en la forma en que lo miraba y se iluminaba; por lo tanto ella merecía saber que tal vez, sólo tal vez, el hombre al que amaba estaba en peligro… o incluso muerto. Tragó saliva al imaginar esto y bajó las escaleras en dirección a la parte trasera de la fortaleza, donde seguramente estaría ella.
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María estaba sola y en pie, entrenando mientras luchaba con un enemigo invisible; avanzando y retrocediendo, dando mandobles con la espada arriba, abajo, giro lateral y estocada… sí, añoraba un buen combate en el que corrieran el sudor y la sangre, desde que estaba en Masyaf no había tenido ocasión de pelear realmente por su vida, ya que ahora debía lealtad a los Assassins, además de que era la mujer de su Gran Maestre y por qué no decirlo, porque realmente encontraba justas sus acciones. No obstante tampoco sentía justo matar a Templarios inocentes; chicos que como ella misma habían huido de Inglaterra o Francia para buscar gloria en Tierra Santa…
Sería como matar una parte de sí misma que realmente no sabía si estaba preparada para eliminar de su vida.
Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano y continuó dando mandobles de espada, imaginando con los ojos cerrados que luchaba contra algún Sarraceno rebelde que osara llamarla infiel o algo similar como le había sucedido en tantas ocasiones, sin embargo notó una sensación en la nuca que la hizo levantar los parpados lentamente.
Era como si la observaran, sentía esa picazón que hacía que se le erizaran los pelos de la nuca al sentir los ojos de otro clavados sobre ella… y no se equivocaba. Se volvió para ver qué o quién era y se encontró con los oscuros y fríos ojos de Malik centrados en ella, observándola con atención y rostro neutral.
−Te mueves bien –comentó Malik con desdén.
Ella no respondió, recelosa, sospechando que un posible sarcasmo se acercaba.
−Tienes un estilo limpio –dijo Malik acercándose a ella lentamente desde donde se encontraba apoyado en la pared –, aunque rudimentario.
María se envaró. Lo sabía, sabía que algo así pasaría, era cuestión de tiempo que el hombre dijera algo para humillarla, si no, no se sentiría a gusto consigo mismo… maldito Assassin estúpido…
− ¿Rudimentario? –bufó ella ofendida, alzando las cejas y bajando la espada –te recuerdo Malik que soy una de las mejores espadachinas entre las filas Templarias, mi entrenamiento fue supervisado por…
Sin embargo Malik la interrumpió sonriendo burlonamente.
−Si tu eres una de las mejores peleando con la espada, no hablas demasiado bien de tus "amigos" entonces –dijo Malik tranquilamente, divertido, y se explicó –; como a todos los Templarios la arrogancia te pierde mujer, no tienes idea de cómo sostener una espada sin parecer una burda bárbara portando una maza...
Ella frunció el ceño de golpe ofendida por el insulto.
¡La había llamado vulgar salvaje!
¡Cómo! ¡Cómo por Cristo se atrevía a decir algo así! no se lo permitiría… ella era María Thorpe, una mujer honorable que había ganado cada uno de sus títulos con el sudor de su frente y la sangre derramada en tierras hostiles, no una vulgar bárbara que sólo estaba allí por ser la esposa o la concubina de alguien.
¡Maldito!
− ¡Cómo te atreves a insultarme así! –gritó María enfadada − ¡yo no soy una salvaje que no sabe como tomar una hoja en sus manos, y te lo demostrare ahora mismo!
Malik sonrió entre molesto, irritado y divertido.
−Impresióname entonces inglesa –dijo Malik y añadió sonriendo ahora más abiertamente –si es que puedes tocarme claro…
María aceptó el reto apretando la espada con ambas manos y echándose hacia delante en una estocada fuerte y limpia, pero Malik la esquivó retrocediendo con rapidez y buenos reflejos; ella entonces gruño sin rendirse y alzó la espada con ambas manos sobre su cabeza comenzando a dar mandobles directos de arriba a abajo y al frente, tan firme y segura de sí misma como cuando Roberto le había enseñado en su época de instrucción, supervisando su entrenamiento personalmente al ver que ella tenía verdadero talento.
Sin embargo por mucho que María avanzaba y envestía, Malik esquivaba cada uno de sus movimientos sin llegar a ser rozado por el filo de la hoja en ningún momento, irritándola y cansándola, haciendo que se sintiera frustrada… pero no, ella no se rendiría, no le daría el gusto de verla derrotada a ese arrogante ¡jamás!
− ¡Eres muy lenta mujer! –exclamó Malik mientras esquivaba otro ataque − ¿es eso todo lo que te han enseñado? así jamás me vencerás…
María gritó furiosa y cargó hacia delante con toda la energía que le quedaba, cayendo al suelo por inercia cuando Malik se apartó de la trayectoria de la espada. Sin embargo, en contra de lo esperado, Malik no se rió de ella y la humilló, sino que le ofreció su mano para ponerse en pie; cosa que la dejó atónita y no aceptó, avergonzada como estaba.
Finalmente María se puso en pie apoyándose en su propia espada, mirándole acalorada y roja, con el ceño fruncido por el disgusto, y Malik le devolvió la mirada aún divertido, pero sin sarcasmo en sus ojos.
−Es a lo que me refería –dijo Malik señalándola con un gesto –, todos los Templarios peleáis igual, siempre impacientes y directos como si no hubiera nada más en la tierra… es una forma de pelear temeraria, eficaz no te lo negaré, pero estúpida e inservible si tienes a un rival inteligente delante…
− ¿Alguien como tú quieres decir? –preguntó María socarronamente, sin mirarlo.
−Tal vez –respondió Malik crípticamente.
−Ya, seguro –bufó ella irritada, dándose la vuelta para irse.
Entonces sucedió algo que María no hubiera esperado jamás, ni en sus sueños más descabellados.
Malik la rodeó por detrás pasando su brazo por encima del suyo, pegando su pecho contra su espalda, trayéndola hacia él y acercando sus labios a su oído, dejándola totalmente paralizada, no sabía de que con exactitud; si de nerviosismo por la cercanía del hombre o por inseguridad… o simplemente por miedo a lo inesperado.
−Si en verdad quieres tener una posibilidad –susurró Malik suavemente contra su oído, haciendo que ella tragara saliva duramente, temblando por dentro –, nunca –pausó un momento, respirando – te apresures, jamás.
Entonces Malik le dio una patada suave con el pie, separando sus piernas sin soltarla, tomando su mano derecha entre la suya, separándola de la izquierda y dejando que la espada se quedara en la mano que él tenía sujeta, guiándola como a una marioneta, como se enseñaba a los novicios que jamás han tocado un arma.
−Relaja los hombros –ordenó Malik y ella no lo hizo, estaba más tensa que la cuerda de un arco, nerviosa como una niña –, relájate inglesa o no avanzaremos…
María suspiró intentando dejar la mente en blanco, logrando al fin despejarse lo suficiente como para poder moverse con libertad bajo el cuerpo de Malik, que no la soltaba.
−Mejor –asintió Malik conforme –, ahora aprende esto con rapidez, porque no lo repetiré…
Ella asintió.
−Siente la espada como si fuera tu brazo –explicó Malik, moviendo el brazo de la chica con el suyo como si fueran uno solo, haciendo movimientos suaves en el aire –, como si fuera la extensión de tu propio cuerpo… como si fuerais uno… ¿lo ves?
Entonces Malik dio dos pasos adelante obligándola a seguir su paso, despacio, moviendo el brazo a la vez, haciendo una floritura que cortó el aire con un sonido limpio y certero. María se asombró, esa forma de mover la espada era nueva para ella, le pareció tan sencilla y ligera...
−Nunca lucharías de esta forma si tuvieras una espada o un cuchillo en tus manos ¿verdad? –preguntó Malik retóricamente uniendo el brazo derecho de María con el izquierdo y haciendo que ella tomara la espada con ambas manos tal y como solía hacerlo siempre –entonces ¿por qué hacerlo cuando si tienes una hoja en ellas? …siente como con tus movimientos puedes avanzar más rápidamente si lo haces de esta forma, es natural y fluido como andar o respirar… y te permite portar un escudo u otra arma en la otra mano…
María de nuevo no respondió.
Era muy cierto, como siempre Malik terminaba demostrando que él tenía razón y ella se equivocaba… y por ello María se sentía turbada.
No entendía por qué Malik estaba ayudándola con la espada, cuando era obvio y evidente que se odiaban, y sobre todo porque lo que había pasado entre Altaïr y Malik en el pasado suponía una barrera demasiado grande para que ellos dos, Malik y ella, la superaran; era una misión insalvable… no podrían ni aunque quisieran. Para bien o para mal Malik y ella eran demasiado parecidos como para ser amigos… Sin embargo María sentía tan cercano al joven Rafik… era como un espejo, verse reflejada en lo que sería si hubiera sido criada como una asesina y no como una noble dama, y eso la perturbaba, porque el roce de la áspera, cálida y curtida piel de la mano de Malik sobre la suya la hacía estremecer sin saber porqué.
Tal vez porque le odiaba… quizá porque extrañaba el roce de Altaïr, tan firme e instintivo, tal vez porque parecía que esa mano tan cálida y áspera era tan certera y delicada en su trato como si hubiera nacido para encajar a la perfección con su propia mano.
Tragó saliva tensando la mandíbula y bajando la cabeza para ocultar su mirada, a pesar de que él estaba a su espalda y no podía verla.
− ¿Por qué? –dudó ella titubeando.
Sin embargo Malik lo entendió.
Él mismo se sentía confundido, no sabía por qué lo había hecho, por qué se había comportado así; si lo hacía para alejar a Altaïr de su mente o porque esa desdichada atracción que la inglesa producía en él era mayor de lo que había imaginado la primera vez que la había visto entrar en la fortaleza.
Dudó al responder, diciendo únicamente la razón de toda su confusión interior.
−Altaïr –murmuró.
− ¿Qué? –dudó ella − ¿qué has dicho?
Malik la soltó alejándose y ella se volvió a mirarlo con el ceño fruncido.
−Altaïr ha desaparecido –dijo Malik finalmente, sin mirarla.
− ¿De qué estás hablando? –gritó ella furiosa y muerta de preocupación por dentro, escudándose en la ira − ¡habla!
−Ha desaparecido hace más de una semana, tras matar a su objetivo –respondió Malik mirándola inexpresivo –, he enviado a dos de los mejores Assassins en su búsqueda… pero es muy posible que este muerto.
María retrocedió hasta chocar con la pared tras ella, sin querer admitir que el hombre que amaba, su asesino idiota, su Altaïr… podía estar muerto.
No ver su sonrisa engreída nunca más, no ver sus ojos miel claro jamás, no perderse en esos labios ardientes, no estrechar sus brazos ni enlazar sus manos, no formar una familia, no sentir en su vientre las manos del chico acariciando al fruto de su amor que jamás llegaría ya a nacer… Altaïr… muerto…
− ¡No! –gritó María y corrió fuera de los jardines.
Subió las escaleras con rapidez sintiendo como las lagrimas escapaban de sus ojos sin creerlo, sin querer creer lo que Malik decía… no podía ser cierto.
No podía.
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Los Assassins llegaron en plena noche, cansados pero más rápidos y veloces que el viento.
Malik estaba despierto, por supuesto, cuando llegaron… era imposible dormir con la inseguridad de que la persona que soporta tu vida y te da esperanza para continuar existiendo pudiera estar muerta; por lo tanto hasta que no tuviera las noticias que confirmaran la muerte de Altaïr, Malik no descansaría.
Y ahí estaban.
Frente a la cama de Malik en su dormitorio, ambos en pie mientras él los observaba con el ceño fruncido por la preocupación y la certeza de las malas noticias, en pie y apoyado sobre la mesa… realmente Malik era demasiado bueno leyendo rostros como para no saber que el mensaje que traían sus dos compañeros no era positivo ni alentador, así que no quiso hacerles perder más el tiempo con sus meditaciones y decidió no retrasar más lo inevitable…
−Hablad hermanos –pidió Malik –, decid ya la mala nueva…
Uno de los Assassins bajó la cabeza y el otro se mantuvo firme, pero con esfuerzo.
−Siempre has sido bueno anticipándote a las emociones de los demás Malik –dijo el asesino –, y esta vez no es diferente… malas nuevas se han cernido sobre nosotros hermano, algo terrible ha sucedido…
Malik asintió, sabiendo lo que diría de antemano, pero quería dudar aunque fuera un poco… sólo esta vez.
−Entonces… ¿Altaïr… ha muerto? –susurró Malik tragando saliva despacio.
Ninguno dijo nada, pero los tres sabían la noticia sin que cualquiera de ellos la expresara en voz alta, pero finalmente el Assassin que no había hablado fue quien se atrevió a romper el silencio.
−Fue emboscado por los hombres de Salahadin –explicó con seriedad y algo de dolor –, los testigos dicen que se ahogó… y de hecho nadie ha encontrado su cuerpo, por lo que si hubiera sobrevivido lo sabríamos, sino los propios guardias lo habrían sacado del agua para capturarlo, así que es obvio que las heridas debieron ser tan grandes que no pudo sobrellevarlas…
−Los Dioses deben querer castigarnos –dijo el otro Assassin –, el infortunio no nos abandona… acabamos de perder al único hombre que nos salvó del abismo Templario ¡maldito destino!
Malik no dijo nada, se había quedado petrificado.
Hasta que finalmente reaccionó.
− ¿Qué va a ser ahora de nosotros? –decía el otro Assassin –ya no tenemos Maestro y…
−Podéis iros… –dijo Malik interrumpiendo lentamente, calmado –yo debo… pensar…
Los otros dos asintieron y salieron de la habitación, abriendo la puerta y desapareciendo por los oscuros corredores de piedra tallada.
Malik clavó su mirada en el negro cielo y las lágrimas cayeron de sus ojos e inundaron su rostro, sin que él hiciera nada por evitarlo, simplemente observó las estrellas que brillaban claras y pálidas en el oscuro cielo nocturno y se sintió morir por dentro, no… no morir, se sintió vacío, seco… como si le hubieran sacado las entrañas y ya no sintiera nada.
Él mismo ya no era nada… ya no tenía nada… sus padres, Kadar, Altaïr… sólo le quedaba el aire que le rodeaba y que parecía entrar con esfuerzo en sus pulmones, como si fuera un veneno y él se estuviera ahogando… entonces se dio cuenta de que estaba en el suelo, no se había percatado de en qué momento se había quedado sin fuerzas y había caído, quedándose mirando el techo de piedra donde una lámpara de velas apagadas creaba sombras alargadas como una garra sobre la pared; una garra como la que en esos momentos destrozaba su muerto y desgarrado corazón…
Malik sólo sabía una cosa… ya no tenía fuerzas para seguir…
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María se despertó con los primeros rayos de sol.
La noticia que Malik le había dicho el día anterior la había tenido toda la noche dando vueltas en la cama nerviosa y angustiada, y sólo unas horas antes del amanecer había caído rendida de agotamiento, despertando con las primeras luces sin haber descansado nada.
Decidió ir a hablar con Malik para que le dijera lo que había averiguado, en el caso de que supiera algo, por lo que saltó de la cama con energía y se vistió rápidamente, dejando su cabello atado en una simple y sencilla coleta, sin ánimo para trenzarlo… así que vestida con sus ropas, descalza y con el pelo medio recogido, la chica salió en dirección al dormitorio de Malik, que había descubierto semanas atrás por pura casualidad. Finalmente cuando llegó se detuvo frente a las oscuras puertas de madera tallada, sin saber si llamar o no, dado lo confundida que se sentía con respecto a lo que había pasado el día anterior entre Malik y ella; tal era su estado de turbación en esos momentos…
Decidió llamar por pura cortesía, pero no obtuvo respuesta ni siquiera al tercer golpe, cosa que la irritó.
Entonces abrió la puerta de golpe y entró, encontrando una imagen desconcertante.
Malik estaba tendido en el suelo, así que ella corrió a ver que le pasaba, si estaba desmayado e inconsciente o si le habían atacado; pero lo que encontró fue peor. El hombre estaba perfectamente vivo, su pecho subía y bajaba con cada respiración, pero parecía estar en estado catatónico o en shock, tenía los ojos abiertos, llenos de lagrimas, y sus mejillas estaban rojas y a manchurrones, tal y como si hubiera pasado la noche llorando y tuviera los ojos irritados… y nada más. Malik no reaccionó cuando ella le habló ni cuando se agachó a su lado para examinarle, realmente parecía como si no estuviera allí.
María ató cabos… hasta que lo entendió.
No.
No.
No.
Sólo había una cosa que podía dejar a Malik así… pero…
¡No!
− ¡Malik! –gritó María agitándose − ¡responde Malik!
Pero Malik no hizo nada, sólo pestañear.
− ¡Malik por Cristo dime donde está Altaïr! –repitió ella sujetándolo de la túnica − ¡respóndeme!
Finalmente Malik reaccionó al oír el nombre de Altaïr, así que centró su mirada acuosa y desenfocada en ella, y sus cejas se unieron formando una expresión de dolor que se acentuó cuando cerró los parpados con fuerza, cosa que la hizo respirar agitadamente negando con la cabeza enérgicamente, boqueando como un pez fuera del agua… entonces apretó con fuerza la túnica de Malik, acercándolo hacia ella con la mandíbula apretada, y él no se resistía.
− ¡Dime que no es cierto! –gritó María dándole una bofetada a Malik, que dejó que su rostro se ladeara sin enfrentarla − ¡dímelo! ¡dímelo… dime… dime...!
Y entonces María se derrumbó, comprendiéndolo.
Altaïr ya no iba a volver a su vida más.
Y lloró.
Se derrumbó sobre Malik llorando sobre su pecho, aferrando su túnica como si se tratara de un salvavidas, sollozando mientras Malik lloraba en silencio, sin hacer nada salvo compartir el dolor con ella.
Y así fue como un nuevo lazo surgió entre ellos, un lazo forjado por el dolor, más fuerte que ninguno, pero el más doloroso a la vez.
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Cinco meses después
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María estaba sentada sobre una de las almenas de la fortaleza con la mirada clavada en la lejanía, observando la puesta de sol en sus claros rosas anaranjados y morados rojizos, cuando sintió la mano de alguien sobre su hombro. Instantáneamente se relajó al sentir el suave apretón que el otro dio, señalando su presencia, sabiendo de sobra de quien se trataba. María se volvió a mirarle despacio, poniendo una mano sobre la de él y encontrando sus ojos azul grisáceos con los suyos, de un gris negruzco oscuro.
Él sonrió ligeramente, acercándose a ella e inclinándose hasta apoyar la cabeza sobre su hombro, besando su mejilla con suavidad, cerrando los ojos y aspirando el aroma de su cuello.
−Tienes las manos frías –murmuró él sin abrir los ojos − ¿Qué haces aquí?
Ella no respondió al principio, sin despegar la mirada del horizonte, pero finalmente suspiró y respondió.
−Había cosas que debía pensar –dijo María tranquilamente –, necesitaba estar sola…
− ¿Altaïr? –aventuró Malik abriendo los ojos y clavándolos también en el anaranjado crepúsculo.
Ella asintió, apretando un poco más la mano de Malik entre las suyas.
−Debía decirle adiós definitivamente antes de dar una nueva luz a mi vida –respondió ella con total seriedad.
Malik asintió, lo comprendía perfectamente, él muchísimo mejor que nadie.
−Además, no podía dar un verdadero nombre a Aurîl si no intentaba cerrar la puerta al pasado y seguía adelante –continuó María –, tú deberías entenderlo Malik.
−Demasiado bien –respondió Malik.
Entonces el hombre ayudó a María a bajar de la almena, sujetándola de la cintura con el brazo para evitar que ella diera un salto, manteniéndola sujeta con delicadeza hasta que sus botas tocaron el suelo. Una vez que ella estuvo segura de nuevo en suelo firme, Malik la soltó y tomó su mano, uniéndolas y enlazando sus dedos, comenzando a andar hacia dentro de la fortaleza despacio… hasta que él reparó en el nombre que María había dicho… no podía creer que hubiera elegido uno así, le pillo totalmente desprevenido, quizá se había confundido.
− ¿Aurîl? –repitió Malik dudando ligeramente, por si había oído mal − ¿es decir, Amanecer helado?
María sonrió sabiendo de sobra que su elección era extraña como poco, era normal la confusión de Malik; pero tenía su explicación y ella se la daría tranquilamente.
−Sí, has oído bien –asintió ella mientras entraban en la fortaleza y comenzaban a bajar los escalones de piedra.
Malik frunció el ceño ligeramente, confundido y contrariado.
− ¿Por qué un nombre tan desesperanzador? –dijo finalmente − ¿no eres feliz por llevarlo dentro? ¿Por el regalo que ha supuesto?
María negó con la cabeza, sonriendo ahora más ampliamente.
−Lo has entendido todo al revés Malik –dijo ella divertida, pero fue perdiendo la sonrisa poco a poco al continuar –, cuando Altaïr murió… creí que mi vida estaba vacía y sin propósito, y entonces llegó él.
Malik asintió esperando que ella continuara.
−Aurîl es como una mañana de invierno en la que brilla de nuevo el sol –explicó María ensombreciéndose un poco –, es el amanecer de mi invierno ¿lo entiendes?
Malik asintió sintiendo como los ojos se le llenaban de lágrimas poco a poco sin poder evitarlo. Realmente él se sentía de la misma manera. Era un regalo de Ala después de todo lo que les había arrebatado.
−Lo único que nos queda de Altaïr –dijo finalmente Malik sonriendo tristemente –, realmente has elegido un buen nombre mujer, Aurîl será nuestro amanecer ahora, juntos haremos que así sea...
María asintió totalmente de acuerdo.
Entonces Malik se arrodilló y apoyó su frente en el vientre de María, ahora abultado por el avanzado embarazo de cinco meses, besándolo y acariciándolo suavemente antes de ponerse en pie y rozar con su mano la mejilla de María, quién se acercó más a él, tanto como su tripa lo permitía, y unió sus labios en un beso suave y cargado de sentimientos, rodeando la nuca del hombre con las manos y suspirando entre sus labios mientras él se ocupaba en besarla con dedicación, recorriendo con su lengua su boca; haciendo que el beso aumentara de suave y calmado a intenso y apasionado.
Cuando se separaron rompiendo el beso clavaron sus ojos en los del otro, y María recordó como habían llegado a eso.
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María vomitó por tercera vez esa mañana, y la situación ya era insostenible.
La muerte de Altaïr la había afectado demasiado, se estaba consumiendo a sí misma, se estaba dejando morir… ya no tenía apetito, la comida le repulsaba, y las nauseas eran constantes… a veces pensaba que se trataba de un castigo de Dios, o tal vez de una bendición, si es que decidía llevársela de ese mundo vacío y corrupto en el que vivía. Sin embargo, a pesar de todo lo que hacía no lograba sentirse mejor, ni siquiera haciendo las cosas que le gustaba hacer antes de que Altaïr llegara a su vida, como entrenar con la espada o montar a caballo libremente por los campos.
Es más; le dolían las piernas bastante más de normal cada vez que montaba o salía a dar un paseo con su caballo, aunque fuera tan sólo por unos minutos, se sentía como si no tuviera fuerzas y hubiera cabalgado durante horas, era desconcertante…
No lo entendía.
Pero todo eso cambió un día sin más, radicalmente, su vida ya no volvería a ser la misma después de ese día.
Malik estaba en la biblioteca, como siempre, enfrascado entre pergaminos y perdido en sus pensamientos durante horas, tal como hacía cada día desde que Altaïr había muerto; esconderse del mundo y encerrarse en su dolor, como en una coraza de piedra… ella lo entendía mejor que nadie porque estaba viviendo la misma situación. Malik era ahora el Gran Maestre, y sin embargo, aunque cumplía las funciones a la perfección y muy eficientemente; lo hacía sin alegría, sin vida, como una maquina: vacío, seco, marchito…
Al igual que ella.
Que de ser la mujer del Gran Maestre había pasado a ser la intrusa inglesa a la que todos rehuían ahora que Altaïr ya no estaba.
Pero no Malik.
Malik entendía su dolor perfectamente, pues era el mismo que él sentía cada día, cada minuto y cada segundo de su vida desde aquel desgraciado día… por eso una ligera complicidad había nacido entre ellos desde entonces, como una conexión, un lazo de unión que ninguno de los dos había esperado que pudiera suceder, pero que aliviaba un poco el dolor de sus corazones. Primero habían llegado los silencios incómodos y las palabras de consuelo dichas por cortesía, después llegaron los encuentros inesperados en cualquier parte, como en la biblioteca o en el campo de entrenamiento; inesperados y casuales al principio, pero deliberados y deseados después.
Cada vez que se encontraban, terminaban hablando de Altaïr…
Era una ironía, la misma cosa que les había hecho odiarse, era la misma que ahora los unía.
Comenzaron contándose anécdotas de la infancia de Altaïr y de los momentos que habían pasado juntos; riéndose por las tonterías y añorándolo terriblemente. María disfrutaba especialmente cuando Malik le hablaba de la época de novicio de Altaïr, cuando este aún no había adquirido ese carácter tan arrogante e insufrible del que haría gala al crecer… a la chica le costaba imaginar a un inocente niño que trepaba a los árboles o tiraba naranjas a sus amigos Malik y Kadar mientras las robaba de un puesto en el mercado sin que el tendero se diera cuenta.
Y Malik disfrutaba escuchando las anécdotas que María le contaba de las desventuras que habían tenido Altaïr y ella en Chipre y su camino de regreso a Masyaf; pasando por caídas en arenas movedizas, disfrazarse de Cortesana para ser rescatada por el Assassin, o matar ancianos pervertidos en riachuelos escondidos… Siempre terminaban riendo y sintiéndose reconfortados después de esos encuentros, por lo que no era de extrañar que poco a poco fueran deseando encontrarse más a menudo, hasta el punto de necesitar buscar cualquier excusa tonta para verse, tal como María estaba haciendo en ese momento.
Sin embargo, esa mañana se encontraba especialmente mal, había vomitado varias veces y sentía sudores fríos recorrerla…
Tal vez había pasado la noche soñando con Altaïr y necesitaba las palabras de consuelo de Malik más que nunca; por eso bajó las escaleras con rapidez en dirección a la biblioteca, donde como siempre encontró al Gran Maestre leyendo pergaminos con la vista fija y atenta en las palabras escritas en el papiro. María se adelantó, saludando.
−Buen día Malik –dijo ella con la voz más cansada de lo que pretendía.
−Igual para ti, mujer –respondió él sin levantar la vista del pergamino.
Ella se acercó mirando el pergamino que Malik tenía entre las manos con curiosidad, comenzando a respirar con dificultad… pero tratando de disimular para que él no lo notara.
− ¿Qué… qué es lo que lees? –dijo ella tragando saliva despacio.
−Crónicas de los anteriores Maestros sobre los enemigos a los que tuvieron que hacer frente –respondió Malik aún sin mirarla –, hay más de uno que podría interesarte…
María cerró los ojos respirando con fuerza… sudores fríos estaban recorriéndola, se le iba la cabeza.
−Mnn –respondió ella finalmente sintiéndose fatal.
Entonces Malik la miró.
No era normal en ella no mostrar curiosidad genuina, ya que era una de las principales características que le había podido achacar a la mujer en el tiempo que llevaba conociéndola, por eso se extrañó cuando ella no dijo nada más que un simple "Mnn" ante la opción de poder examinar uno de los pergaminos de los Maestros Assassins.
Y lo que vio no le gustó.
Ella parecía a punto de caer redonda tal cual estaba, y eso le inquietó.
−María… –comenzó a decir Malik posando el pergamino.
Pero ella no respondió, tal como Malik temía, María cayó hacia delante perdiendo la consciencia.
Cuando despertó estaba en la sala de curación de la fortaleza, tendida sobre una esterilla, y el incienso la rodeaba. Malik estaba arrodillado a su lado, mirándola con el ceño fruncido de preocupación no sabía por qué motivo, y la chica pudo notar claramente que había algo que le molestaba.
− ¿Tan grave estoy que te he roto el corazón asesino? –bromeó ella incorporándose un poco, pero mareándose.
Finalmente desistió de sentarse al ver que la cabeza le daba vueltas al hacerlo.
−Estás embarazada –respondió Malik.
María se quedó muda, mirándole incrédula.
−No bromees con eso Malik –dijo ella con voz seria y dolida, el dolor era demasiado grande como para jugar con el.
Malik la miró con mortal seriedad, los oscuros ojos grisáceos quemándola.
−No lo haría –dijo Malik seriamente –, no cuando llevas dentro al hijo de Altaïr.
Ahora sí que María ya no tenía dudas de que fuera cierto.
Muy pocas veces le había oído ese tono a Malik, y una de esas veces fue cuando discutió con Altaïr hacia semanas.
Definitivamente no era un tono de broma.
Además eso explicaba los síntomas que había padecido durante esas semanas… María se llevó la mano al vientre, tocándolo sin poder creer que tenía una nueva vida creciendo dentro de ella, y que esa vida era fruto de las noches que Altaïr y ella habían compartido antes de que él muriera. Se quedó boquiabierta, con los ojos llenándosele de lágrimas que corrieron libremente por sus mejillas.
−Un hijo… de Altaïr y mío… –susurró ella aún sin creerlo.
−Es un regalo de los dioses –dijo Malik entristeciéndose de pronto –, para que puedas recordar el amor que una vez Altaïr sintió… por ti…
Y dicho eso, sabiendo que el dolor iba a tomar presa de él y probablemente se pondría a llorar, cosa que no quería que María viera, se levantó dispuesto a irse y poder desahogarse en la privacidad de su habitación; sin embargo María lo detuvo sujetándolo del brazo, esto le sorprendió.
Se volvió a mirarla incrédulo.
−Es una bendición, sí –dijo María con los ojos acuosos –, una bendición que no será aceptada…
Malik la miró atentamente, sin decir nada.
−Lo sabes Malik –dijo ella sin soltarle –, sabes que rechazaran a mi hijo por el hecho de que soy una mujer sin hombre y que además fui Templaria…
Malik apartó la mirada. Sabía bien que ella tenía razón. La miró sin saber que decir para consolarla… al menos ella tenía al fruto de Altaïr en su vientre, él no tenía nada.
−Se mi hombre Malik –dijo ella enrojeciendo un poco, pero sin desviar la mirada de los ojos sorprendidos de Malik –, sé cuanto querías a Altaïr… ayúdame a criar a su hijo, se un padre para él… lo criaremos como tuyo si me aceptas…
Malik no daba crédito a sus oídos.
Le estaba… ¿le estaba pidiendo que se casara con ella?
Eso significaría volver a tener una familia de nuevo, una mujer y un hijo; algo que nunca había soñado en tener, dado que se había enamorado de Altaïr que era un hombre… no podía creerlo.
No podía creerlo, porque lo estaba considerando seriamente, en el tiempo que llevaba de conocer a María se había dado cuenta del error que había cometido al juzgarla como una simple Templaria; esa mujer era mucho más de lo que la Santa Cruz mostraba… ella era valiente, leal, inteligente, cariñosa si se la conocía, y sería una buena madre si se le daba la oportunidad. Tal vez no era descabellado pensar que pudiera amarla, aunque fuera una mínima parte del amor que sintió y que siempre sentiría por Altaïr… Él había muerto, y quizá ese era el don de Ala para recompensarlos por su pérdida.
Un hijo de la persona que los había unido.
No tuvo más dudas.
−Acepto –asintió Malik, sintiendo como sus ojos se llenaban de lagrimas poco a poco también –, diré que tu hijo es mío y te tomaré como esposa, por el bien de ese niño…
María le abrazó con fuerza, llorando sin control ahora.
− ¡Oh Malik! –sollozó ella –por Cristo que no sé que habría hecho sin ti en mi vida… gracias, gracias por estar ahí, gracias…
Malik devolvió el abrazo con lentitud, cerrando los ojos con fuerza y desbordando las lagrimas.
Y ahí estaban ahora, unidos y a punto de casarse…
Criarían al hijo de Altaïr como si fuera suyo y le darían la vida que debería haber tenido si su padre no hubiera muerto… serían una familia de nuevo.
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A/N − Hasta ahí el cap 9 ^^
Ya por fin sabemos como se llegaron a unir Malik y María, y porqué actuaron como actuaron… pobre Altaïr XDD
Aclaraciones:
1− Aurîl (el nombre que María ha elegido para el bebé) no es un nombre árabe (aunque lo parece, verdad?), es elfico, mas concretamente del elfico de Dragones y Mazmorras, no de El Señor de los Anillos, y su significado es: Amanecer invernal o Amanecer helado.
2− Altaïr llegara en el proximo capitulo, no me he olvidado de él.
Y eso es todo de momento, coments me suben la moral ya sabeis =D
