Hola a todos. Aquí vengo con nuevo Capítulo ya ven no puedo dejar de actualizar. Espero lo disfruten.
Capítulo 8.
Zack y Tifa tenían que hablar seriamente. Uno de los infiernos más difíciles estaba cerca de abrir sus puertas. Era cierto que la morena tenía habilidades sorprendentes sin embargo ninguna de las ya descubiertas le ayudaría en el infierno de la guerra. Necesitaba algo más, necesitaba desarrollar completamente sus habilidades de combate. La hija de Zeus ya tenía la fuerza suficiente para vencer a su padre sin embargo era necesario enseñarle a utilizar todo ese poder de la forma correcta.
-Éste infierno no es difícil porque manipule tu mente. No es difícil porque necesites la fuerza física. El infierno de la guerra se caracteriza por esconder en él a un Dios. Ares es el único que ha llegado al quinto infierno y es al que debes vencer si quieres domar a su caballo. El Dios de la guerra ha decidido tomar lo que es suyo. – La ojirubí mantuvo la calma incluso después de saber que se enfrentaría a una Deidad. Si ella tenía el poder para vencer al gran Olímpico entonces podría derrotar a cualquiera. – Él no es más fuerte que tú pero conoce el tercer infierno mejor que nadie. Sus habilidades en batalla son superiores a las tuyas y es que tú no has luchado contra nadie. Es cierto que venciste a Zeus en el primer infierno sin embargo él no hiso nada para evitar el contacto. Ares no será tan sencillo de vencer. ¿Quién podría conocer mejor el arte de la guerra? Si quieres salir de esa trampa entonces necesitarás entrenamiento. – La pelinegra asintió con la cabeza.
-¿Tú serás mi maestro? – Él sonrió de medio lado como si realmente no fuera demasiado bueno en la lucha.
-Así es. Es hora de que cambies completamente. Es hora de que olvides todo lo que fuiste una vez y comiences a ser lo que eres ahora. Un demonio. – Tifa extendió sus alas con orgullo. Si convertirse en un demonio era el primer paso al cielo entonces ya estaba lista para el segundo. – Primero que nada debemos hacerte un cambio de atuendo. – Los ojos azules recorrieron aquel cuerpo inspeccionando la ropa de la mujer.
-¿Atuendo? – La ojirubí se observó a sí misma. La blusa blanca que llevaba en un principio estaba completamente rasgada. Los pantalones de mezclilla también estaban rotos, llenos de polvo e incluso tenían algunos rastros de sangre. Entendía perfectamente la razón de aquella sugerencia. – Bien.
Ambos caminaron a la habitación que la morena ocupaba. Encima de la cama ya había un nuevo conjunto de ropa. Zack le brindó la privacidad necesaria para que se aseara y cubriera su desnudez con aquellas prendas.
-Luces bien. – La hija de Zeus se sonrojó ante el cumplido. Nuevamente se observó en el espejo aceptando que el peliazul tenía razón. Llevaba unos pantalones cortos de color negro, una blusa blanca bastante parecida a la que llevaba anteriormente. Un chaleco negro de cuero cubría la blanca prenda de algodón. Sus pies estaban cubiertos por un par de tenis. – Siguiente paso, cortar tu cabello. – Los ojos rubíes se abrieron casi con horror. El Dios del infierno se rió de buena gana ante aquella tierna expresión.
-¿Por qué? – El hombre apuesto la tomó del hombro para darle un poco de confianza.
-Es demasiado largo. – Ambos observaron el cabello que llegaba más abajo de la cintura. La punta apenas atada imitando la apariencia de la cola de un delfín. Aquella espléndida cabellera realmente le restaba velocidad y movilidad. – No te preocupes aunque esté más corto no te restara belleza. – Aparentemente al hombre le parecía divertido que aquellas mejillas se tornaran de un intenso color escarlata.
-Bien. – El tono de su voz no era de completa felicidad se parecía más a la resignación.
-No puedo creer esto. – La pelinegra lo observó confundida. – Estás actuando como una niña pequeña. – Ella entrecerró los ojos en un signo claro de advertencia pero el Dios del infierno pareció ignorarla.
-Te detesto Zack Fair. – Tifa salió de la habitación golpeando al peliazul en el brazo. Ese pequeño acto confirmó las palabras de la reencarnación de Hades. La carcajada del ojiazul resonó por todo el lugar haciendo enfadar realmente a la hija de Zeus. El encargado de cortar la cabellera fue Génesis. La pelinegra casi quiso salir corriendo del infierno cuando vio las tijeras sin embargo logró mantenerse en calma.
Lentamente el cabello caía al piso, con cada corte Tifa se sentía más ligera. Quizá Zack tuviese razón con respecto a algunas cosas aunque seguía ligeramente enfadada con él por compararla con una niña.
Ella era lo suficientemente valiente para cruzar los infiernos. Y aunque realmente seguía teniendo miedos ya no se detenía para luego retroceder sino que avanzaba con paso firme haciendo frente a sus temores. Así su valor se fortaleció al igual que su espíritu. Una niña hubiese salido corriendo al primer segundo.
-Creo que me equivoque. La idea adecuada es: a veces eres un poco infantil. – Aquella mirada roja que la mayoría de las veces reflejaba un infierno se convirtió en un glaciar. Incluso Zack retrocedió un par de pasos por precaución. Había cometido un error pero no estaba demasiado seguro de cuál había sido.
-Dijiste que no podías leer mi mente. – El peliazul había escuchado sus pensamientos sin darse cuenta pero eso no parecía importarle a la pelinegra que no se había movido porque Génesis seguía encargándose de su cabello. Zack no sabía qué hacer o cómo hacerlo. Ni siquiera estaba seguro de por qué había podido escuchar esos pensamientos si supuestamente la ojirubí era una Deidad. Él no tenía tanto poder.
-Yo…- Entonces a su mente llegó la imagen de la bella joven. Un perfecto par de alas de negras adornando su espalda. Tifa ya era un demonio y eso le otorgaba a él, como Dios del infierno, el poder sobre la mente de la hija de Zeus. – Eres un ser de oscuridad, por eso te escucho. Lo había olvidado. Discúlpame. – La reencarnación de Hades inclino la cabeza. Esperaba que esa explicación fuese suficiente para calmar a Tifa.
- Está bien Zack. Sólo dime, ¿hay alguna forma de bloquear la extraña conexión entre rey y demonio? – Era más que obvio que a la ojirubí no le agradaba la situación. Su carácter era dulce la mayoría del tiempo excepto cuando se trataba de sus recuerdos. De forma consciente o inconsciente Tifa intentaba ocultar algo de su pasado. Probablemente ni siquiera ella supiese el por qué le causaba tanta furia el que su mente pudiera ser explorada por alguien más. De hecho cada infierno se internaba en su mente y alma.
-No estoy seguro. Jamás nadie lo ha intentado. – La mirada de la reina de los Dioses obligó al ojiazul a buscar una solución. Él sabía que no podría leer la mente de una Deidad, el signo claro de que alguien pertenecía a los grandes Olímpicos era la aparición de plumas doradas. Cuando Tifa saliese del quinto infierno probablemente ya tendría algunas plumas de ese color y así la unión entre ellos desaparecería. – Debes salir del infierno de la guerra, cuando lo hagas ya podrás ser considerada una Deidad en toda regla y entonces leer tus pensamientos me será imposible. – La pelinegra pareció relajarse un poco.
-Mientras eso sucede, ¿crees que puedas mantenerte lo más alejado posible de mi mente? – Tifa no era del todo consciente de sus actos pero había un secreto escondido en su mente. En el rompecabezas de su vida aún faltaba una enorme pieza. Ella ya la tenía pero no se había dado cuenta. Descubrirlo simplemente era cuestión de tiempo. Matar a todos los Dioses no sería suficiente para restablecer el orden entre bien y mal.
-Sí. Me mantendré alejado. –Era bastante aterrador observar la furia que aquellos orbes podían proyectar sin embargo cuando éstos se volvían tan gélidos como un glaciar nadie podía adivinar el siguiente movimiento de la pelinegra. Aquella mirada podía volverse impasible, ilegible y podía poner de rodillas al mismo rey del infierno. Sólo había un motivo para defender tanto sus memorias. Si aquel secreto caía en las manos equivocadas entonces la pelinegra no tendría oportunidad alguna de tomar su trono. Una diminuta parte de ella aún no confiaba en el rey del inframundo. – Nuevamente pido me perdones.
-Bien, sólo olvidemos éste incidente. – Génesis por fin terminó su tarea. La negra cabellera había sido reducida a un poco menos de la mitad de su largo inicial. Tifa se mostró complacida con el cambio. La tranquilidad volvió a su rostro y una hermosa sonrisa se posó en sus labios. - ¿Qué es lo que sigue? – Inclusive su voz había perdido el tono frío regresando al tono cálido de siempre. Zack estaba confundido, no podía asegurar que Tifa recordara todo lo que había dicho. Parecía haber salido de un trance, como si alguien más se adueñara de su cuerpo dominándola sin demasiado esfuerzo. - ¿Sucede algo? – El peliazul negó con la cabeza. Se acercó cautelosamente a la joven esperando una reacción violenta que nunca llegó.
- Nada. Es mejor empezar tu entrenamiento ahora mismo. – Zack se vio tentado a leer los pensamientos de la joven sin embargo el miedo que aquella mirada logró infundirle durante esos breves minutos fue suficiente para que desechara la idea. Los dos se dirigieron a una nueva estancia dentro del castillo de Hades.
-¿Éste lugar tiene un nombre en especial? – Los ojos azules se dirigieron a la hija de Zeus. – Así como el castillo de Zeus es el Olimpo me preguntaba si éste lugar también tiene un nombre. – Las blancas mejillas tomaron un ligero color rosado, era como si Tifa se avergonzara de su propia curiosidad.
-El castillo de las sombras. – El Dios del infierno pareció relajarse cuando la actitud de Tifa volvió a ser la de siempre pero el hecho de ese recelo le seguía intrigando. Su intuición le decía que cuando llegara el momento la pelinegra dejaría de ser consciente de sus actos y entonces su poder podría llevarla a la muerte. La morena no se sorprendió demasiado al escuchar el nombre del lugar.
Pasaron cuatro semanas antes de que Tifa Lockhart estuviese lista para afrontar el siguiente reto. Su fuerza física no había aumentado demasiado y es que no se puede seguir subiendo cuando se está en la cima. Su velocidad si se había incrementado, casi a un doscientos por ciento. Si la ojirubí ya tenía posibilidades de salir con vida del infierno de la guerra ahora se habían incrementado de forma alarmante. En cuanto a la lucha ella había aprendido con gran rapidez. Era como si anteriormente ya hubiese conocido los movimientos. En pocos días ya había aprendido todo lo que Zack podía enseñarle y desarrolló una técnica que el peliazul no había visto jamás. Si no se equivocaba esos movimientos eran parte de una antigua técnica que sólo pocos Dioses conocieron. Una técnica tan avanzada que era considerada como la disciplina más brillante entre las artes marciales. La reina entre todas las modalidades de combate. De hecho ninguna reencarnación había heredado tales conocimientos, ese arte marcial se convirtió tan sólo en una leyenda.
Pero ¿cómo podía un ángel ser conocedor de ella cuando sólo los antiguos Dioses eran capaces de aprenderla? ¿Cómo podía Tifa tener esos conocimientos cuando todos los posibles maestros habían desaparecido lentamente reencarnación tras reencarnación? Dejando de lado todas esas cuestiones Zack estaba completamente satisfecho, incluso se sentía como un padre orgulloso, confiaba plenamente en las habilidades de la ojirubí. Ella era el fin del universo y el inicio de una nueva era.
-Ha llegado la hora. – La seguridad en los pasos de la pelinegra era notable. Su mirada estaba fija al frente. No dudó un segundo en internarse en la oscuridad de las escaleras. Cuatro pisos más abajo se encontraron frente a la puerta del quinto infierno. Parecía la puerta de una caja fuerte. Antes de que Tifa pudiese acercarse una mano fuerte tocó su hombro. El peliazul le regaló una sonrisa que ella correspondió con otra.
-Toma. – Ella tomó un par de guantes de cuero. – Tal vez no sean un arma pero al menos lucirán bien con tu atuendo. - Ambos sonrieron intentando ocultar el nerviosismo que sentían de repente.
-Gracias. – La pelinegra se colocó los guantes. Acto seguido tomó con fuerza la puerta para luego introducirse en el infierno de la guerra. La entrada desapareció tras ella igual que en cada infierno.
El paisaje era abrumador, a lo lejos podían apreciarse tanques militares, el sonido de las explosiones cercanas llenaba sus oídos. El aroma a pólvora inundaba su nariz impidiéndole respirar correctamente. Era difícil ver algo entre el polvo que las detonaciones levantaban. Ni siquiera podía ver más allá de un par de metros. Era posible que el Dios de la Guerra estuviese demasiado cerca y aún así no podría verlo. Su única opción era guiarse por su sentido del oído, debía tener la capacidad de identificar algún sonido extraño aislándolo del ruido de las bombas y los tanques de guerra. Cerró los ojos por un segundo intentando captar algún sonido que le indicara el camino. Intentar cruzar ese lugar sin ninguna pista sería como caminar a ciegas por un campo minado. En la lejanía escucho los cascos de un caballo. El sonido lentamente se acercaba. El Dios de la Guerra ya había sentido su presencia e iba por ella.
-¿Quién osa introducirse en mis terrenos? – Una fuerte voz resonó por encima de los estallidos.
- Yo soy Tifa Lockhart y he venido a tomar lo que es mío. Tú, reencarnación de Ares, Dios de la Guerra tienes un caballo que me pertenece y he venido a arrancarlo de tus manos si es necesario. – Una fuerte carcajada fue la respuesta a sus palabras. Entre la espesa nube de polvo que rodeaba a la pelinegra apareció una silueta. Lentamente pudo distinguirse la figura de un hombre alto, de ojos azules y cabello rubio. Sus rasgos eran bastante duros. Sus músculos podían apreciarse a través de la ropa. Su rostro estaba cubierto de pequeñas cicatrices pero aparentemente no había ninguna herida nueva. Ares ya había dominado al infierno de la guerra y se sentía totalmente cómodo dentro de él. Él la observo con una sonrisa burlona.
-Así que has venido por mi caballo. ¿Quién crees que eres para poder vencerme? – El Dios de la Guerra extendió sus alas. El color dorado contrastaba con la oscuridad del infierno.
-Soy… la hija de Zeus. – El ojiazul volvió a reírse a carcajadas. Estaba cometiendo el peor error de su existencia. Estaba subestimando a la joven de apariencia débil que sería su peor pesadilla.
-¿La hija de Zeus? Escuché que le arrancaron las alas. Si realmente eres tú, no eres más que una simple humana. No podrías cruzar éste infierno aunque yo no estuviese en él. – Mientras el hombre rubio seguía burlándose ella no perdió más el tiempo. Se abalanzó contra Ares asestándole un puñetazo que le robó el aliento. Él pareció enfurecer sin embargo eso no fue suficiente para amedrentar a la ojirubí.
-Tú no serás el obstáculo que me impida lograr mi objetivo. – Las risas desaparecieron, Tifa iba en serio. No había tiempo para jugar, cualquier distracción por mínima que fuese podía costarle la vida.
-Te daré una oportunidad para derrotarme sin embargo antes tienes que cruzar mis dominios. – Sin decir ninguna palabra más el Dios de la Guerra se dio la vuelta comenzando a galopar. La hija de Zeus comenzó a correr dejándose guiar por el sonido de los cascos. Con tan sólo un pensamiento sus corceles aparecieron a su lado. Sin dudarlo un segundo se montó en uno de ellos. No importaba cuál, su misión era alcanzar a Ares.
Era complicado seguirlo cuando la visibilidad se reducía al mínimo. El sonido de las detonaciones era ensordecedor pero aún así ella seguía cada movimiento del hombre. Su camino se vio interrumpido por el temblor del suelo bajo sus pies. En primera instancia creyó que se debía a una bomba sin embargo segundos después apareció frente a ella un enorme dragón metálico. En el pecho podía leerse: Arma Última.
-¿Qué demonios? – Tifa se bajó del caballo y aquella cosa no tardó demasiado en atacarla. Uno a uno fue esquivando los ataques sin embargo no tenía suficiente tiempo para contraatacar. Los corceles estaban demasiado cerca de la muerte y sin ellos no podría salir del quinto infierno. – Desaparezcan. – Así lo hicieron.
La ojirubí rápidamente se centró en la batalla. Aún era capaz de escuchar al corcel de la guerra. Aún era posible alcanzar a Ares pero antes debía deshacerse de esa cosa. Fue suficiente conectar un golpe contra la fría superficie metálica para que el arma última desapareciera en un estallido. El corcel de la enfermedad apareció a su lado para reanudar la persecución sin embargo pocos metros después un nuevo temblor se hizo presente. La tierra se abrió dejando salir a una nueva máquina. Esta vez con el nombre Arma Esmeralda.
El caballo desapareció dejando a Tifa frente a una batalla diferente. Esa arma era más poderosa que la anterior sin embargo las habilidades de la ojirubí le permitieron ganar con facilidad. El dios de la guerra se estaba alejando cada vez más y aquellas repentinas batallas no le estaban ayudando en nada. Antes de continuar su camino cerró los ojos por un breve instante y una imagen apareció en su mente.
-Te necesito. – Fue un susurro que se perdió entre el sonido de los disparos y los tanques de guerra.
Un relámpago surcó el cielo abriéndose paso entre el polvo. Se impactó contra la Tierra con gran violencia y luego desapareció dejando en el quinto infierno al caballero de la enfermedad quién inmediatamente se acercó a la pelinegra. No hubo necesidad de las palabras pues aparentemente la caída del trueno había despertado a las armas restantes. Rubí, Aguamarina y Diamante se alzaron con gran imponencia.
-Yo me encargaré de ellos, no se preocupe Majestad. Ahora vaya por el Dios de la Guerra. – El caballero desenvainó la espada y sin dudarlo se abalanzó contra las armas. Tifa montó nuevamente y reanudó su misión principal. El corcel del hambre era el más veloz y fue él quien le ayudó a llegar hasta una extensa planicie. En esa parte del infierno no se escuchaban los disparos ni tampoco las explosiones. El andar de los tanques militares parecía quedar muy lejos. Ahí simplemente había dos caballos y dos Deidades.
Los ojos azules se mostraban ligeramente sorprendidos. No entendía cómo la bella joven había atravesado sus dominios con tanta velocidad. Al observar a sus armas luchando en la lejanía sonrió de forma misteriosa. Entre la nube de polvo consiguió divisar al caballero de la enfermedad. Sus habilidades no serían suficientes para derrotar a las armas y en algún momento ellas regresarían a su objetivo principal.
-Observa a tu caballero. Pronto sucumbirá ante la ira de mi infierno y tú no tardarás demasiado en seguir su ejemplo. – La pelinegra no quería creerlo. Por un breve instante dirigió la mirada hacia la batalla. Fue menos de un segundo sin embargo fue suficiente tiempo para que Ares consiguiera tirarla del caballo. El aliento se le había escapado. Sus piernas se negaron a responder de forma inmediata dándole la oportunidad al rubio de golpear otra vez. Él no tenía por qué contenerse. La hija de Zeus no le estaba sirviendo para algo más que diversión. La reencarnación de Ares estaba disfrutando en exceso aquel combate. Tifa no podía defenderse, el aire se negaba a entrar en sus pulmones. Tal vez jamás tuvo el nivel suficiente para vencer a ese Dios.
-No te rindas. – La voz de Aeris resonó en su mente. Había llegado demasiado lejos gracias a su propia fortaleza. Estaba en medio del quinto infierno para derrotar al hombre rubio de ojos azules no para dejarse vencer. Cerró los ojos por un instante, buscó dentro de su cuerpo toda la fuerza y el poder que habitaban en él. Ella era la Deidad perfecta. Zeus y Hera no eran los únicos Dioses que le habían dado vida. Todos los Olímpicos le habían heredado algo para volverla una digna heredera de los cielos. Ella tenía un poder más grande que Ares porque incluso él le había otorgado gran parte de sus habilidades.
-No podrás vencerme. – Ante la sorpresa del ojiazul ella se levantó sin importarle la sangre que ya resbalaba por su rostro. Un agudo dolor invadió todo su cuerpo mientras en su blanca piel se formaban diez marcas. Diez tatuajes lentamente quedaban marcados a fuego sobre su piel. Todos diferentes, todos en un lugar distinto. Ella sabía el significado de ese evento. Nadie se lo había explicado pero lo entendía. Tifa observó a la reencarnación de Ares con diversión. Era su turno de disfrutar la situación. – Ven por mí.
El rubio intentó reanudar su trabajo anteriormente interrumpido sin embargo se vio sorprendido por la velocidad de la joven. En un solo movimiento la morena había esquivado el impacto y lo tenía contra el piso. La respiración del hombre se complico ligeramente como ella colocó el pie en su garganta.
-Tenías razón en no creerme en un principio. – Ares se confundió ante las palabras de la joven. – Yo no soy simplemente la hija de Zeus. Soy la hija de los Dioses. – Las marcas en su cuerpo eran representaciones de los diez Dioses más poderosos que le habían dado vida: Afrodita, Atenea, Apolo, Hefestos, Ares, Poseidón, Tánatos, Selene, Hera y Zeus sin embargo aún faltaba la aparición de un sello. El onceavo era la liberación total de su poder. Tifa Lockhart, reencarnación de Tiphereth, señora de los cielos, no era simplemente la suma de todas las Deidades, ella era algo infinitamente superior pero antes de dejar libre todo su poder debía encontrar a cada uno de los Dioses dentro de ella. Necesitaba controlar cada partícula de su cuerpo.
Corriendo un gran riesgo la pelinegra cerró los ojos. Entonces escuchó el sonido de los mares y el sello que contenía el poder de Poseidón se abrió. Sintió el calor del sol y entonces el poder de Apolo se convirtió en suyo. El poder se liberó en forma de adrenalina dejando que el sello de Hera se abriese también. La noche ya no la sumió en la oscuridad sino que le brindó un cálido cobijo siendo éste el poder de Selene. Mientras el hombre de ojos azules temblaba de miedo el poder de Ares se unió a ella pero para poder controlarse necesitaba la ayuda de Atenea quién gustosa abrió su sello. Su corazón se llenó de alegría gracias al amor de Afrodita. La muerte no había podido vencerla en parte por sus ganas de seguir viviendo y en parte por la ayuda de Tánatos. Y finalmente a su mente llegó la imagen de Zeus. Su creador absoluto que le había regalado mucho más que su trono. Gracias a él tenía tanta determinación y valentía. El décimo sello se abrió dejando que un trueno cimbrara la tierra. En el pecho de la joven se mostraba el onceavo sello.
Un símbolo de gran significado. Aquella marca significaba el nacimiento de una nueva Deidad. Aquel tatuaje dejaba claro que Tifa no era simplemente la hija de Zeus. Que no era simplemente la hija de los Dioses o la heredera de los cielos. Ese sello que brillaba de una forma intensa era la prueba de que ella era la más poderosa entre todos los divinos. Ella no era una reencarnación disminuida, en su interior seguía viviendo la joven que se enamoró de Eris. En su interior seguía siendo Tiphereth por eso era la única poseedora de la técnica dorada. Fueron los primeros Dioses quienes le regalaron sus virtudes. Fueron los que le otorgaron el secreto del mejor arte marcial. Fueron ellos quienes sin dudarlo un segundo la convirtieron en lo que era.
-Acabemos ya con esto. – El Dios de la guerra no quería dejarse vencer tan fácilmente. En un segundo logró escapar de la presión de la joven sin embargo en vez de intentar alejarse extendió su brazo con dirección al rostro de la joven. Ella esperó pacientemente a que el puño se acercara lo suficiente para rozar su piel sin embargo antes de que el contacto se diese simplemente dio un pequeño paso a un costado.
-¿Qué demonios…? – El hombre volteó atemorizado por la velocidad de la ojirubí quién tenía una pequeña sonrisa en los labios. Acomodó un largo mechón de negro cabello tras la oreja antes de observar al rubio.
-¿Eso es todo lo que tienes? – Él enfureció ante la burla, si existía algo que molestara al Dios de la guerra era que una mujer lo humillara. – Tú me has lastimado anteriormente y has disfrutado mi dolor es hora de que sea yo quién se divierta. – Sin darle tiempo para que se defendiera, Tifa inició su ataque. Una serie de golpes que aparentemente no afectaban al ojiazul. No pudo esquivar a la joven una sola vez sin embargo seguía de pie. La hija de los Dioses no parecía sorprendida, era como si ese resultado fuera el esperado.
-Tus golpes son muy débiles. Ni siquiera estoy sangrando. – Él se rió de buena gana pero la sonrisa que apareció en los labios de la ojirubí era perturbadora. Algo no andaba bien, al menos para el rubio.
-¿Entonces por qué no me atacas? – La reencarnación de Ares intentó moverse sin embargo sus pies no respondieron. Intentó mover sus brazos pero el resultado fue nulo. - ¿Acaso creías que te atacaría sin ningún motivo? – Ella se rió y por primera vez su risa fue cruel, despiadada. – Si me hubiese decidido a matarte ya estarías muerto pero así no hubieses sufrido. Tú eres el culpable de que esté aquí. Tú eres la misión que me encomendaron. Tú eres el motivo por el cual se me condenó a la muerte en mi primera vida. El Dios de la Guerra, un hombre fuerte y casi invencible. Dueño de un corazón tan duro que ni siquiera la misma Afrodita pudo conquistarlo. Y mírate ahora, estás completamente a mi merced, a lo largo de los cuatro infiernos anteriores he aprendido que aquí no vale la pena tener piedad. – La mirada del hombre se dirigió a la batalla que aún se mantenía en la distancia. El caballero había resultado un enemigo formidable, Rubí y Aguamarina ya estaban destruidos sin embargo Diamante aún estaba a casi toda su capacidad mientras que el caballero había perdido el casco y estaba al borde de la muerte. Ahora esa última arma era su única esperanza.
Tifa rodeó al rubio, lo observaba con curiosidad. Segundo a segundo meditaba qué hacerle. Se preguntaba una y otra vez qué podría causarle un mayor sufrimiento. Entonces vio las alas cubiertas de doradas plumas. Las acarició mientras recordaba el peor momento de su existencia. Sin un dejo de compasión le arrancó ambas alas en un solo movimiento. El grito de aquel hombre le provocó una sensación de éxtasis.
-Dime, reencarnación de Ares. ¿Cuál es tu nombre? – Los ojos azules estaban empañados de lágrimas sin embargo esa expresión no conmovió a la pelinegra quién mantenía la sonrisa en sus labios.
-Cloud…Strife. – Tifa le golpeó una vez más haciéndolo caer de rodillas.
-Bien, Cloud. ¿Tienes algo más que decir? – Ella lo tomó del cuello y levantó una mano dejando, al igual que su padre, que un rayo se formase en su mano. El rubio observó por primera vez el rostro de la ojirubí, las palabras se escaparon pues aquella joven tenía todos los rasgos de un ángel a excepción de su mirada que simplemente reflejaba ira y de forma extraña dolor. Cloud no pudo decir nada pues era claro que la belleza heredada de Afrodita lo había dejado sin palabras. - ¿Nada? – Él no respondió y segundo después el rayo se impactó contra su pecho. No quedó ninguna marca sobre su piel, aquel golpe de electricidad había viajado a través de su cuerpo llegando a su corazón. Dentro de él, el impacto fue violento y el órgano vital fue destruido en una millonésima de segundo. Al menos su muerte no había sido tan dolorosa.
El corcel de la guerra se acercó a Cloud, tocó el cuerpo inerte con el hocico para después dar media vuelta y llegar junto a su nueva dueña. A pesar de su increíble poder su energía se vio reducida drásticamente por lo cual se apoyo en el negro caballo. Por un breve instante Tifa observó como el caballero de la enfermedad seguía de pie en la lejanía. Se observaron a los ojos por un segundo. El Arma Diamante había sido reducido a carbón. Definitivamente el caballero de la armadura negra había resultado ser su mejor arma.
-Gracias. – Fue un susurro que el guardián del tercer infierno leyó de los labios de la mujer. Asintió con la cabeza antes de desplomarse, su misión había terminado. Consiguió proteger a la reina de los Dioses y aunque eso le había llevado a la muerte había cumplido su parte del trato, sólo le quedaba esperar. Tifa montó al corcel de la guerra. – Llévame a su lado. – El sonido de las explosiones desapareció al igual que los tanques militares. El sonido de los disparos también se evaporó junto con el cuerpo de las armas. – Gracias a ti he logrado domar al quinto caballo. No olvidaré nuestro trato, cuando llegue el momento te liberaré. Es una promesa. – Luego de esas palabras el cuerpo de aquel formidable guerrero desapareció con un ligero viento.
utau-mizuki: Te pareces a mí sólo que yo escribo en clases en vez de leer. xD Si yo sé que lo de Bahamut tenía que ser asi U_U no podía poner a Tifa completamente débil lanzando papayas. xD Por supuesto que el odio es un sentimiento humano y Tifa odia sin embargo el fin del infierno era que odiase a las personas incorrectas. No dudo que sienta un ligero rencor contra ellos pero sabe que siempre se preocuparon por ella y que las acciones que le lastimaron no fueron por voluntad propia sino por orden de un superior o en el caso de Zeus por un fin diferente al que todos creen. Eso lo explicaré mejor más adelante. Tifa y Aeris ya tendrán su momento en la historia. Muchas gracias por seguir mi fic.
The Brightness of An Angel: El siguiente capítulo empezara con un Flash Back y ahí se verá esa escena en donde se conocen. Tengo que explicar mejor su relación así que espero lo disfrutes. Por favor el guardián de la enfermedad es... ¿De verdad aún no lo sabes? En todo caso lo diré al final del fic xD en el epílogo. Sobre el comentario no te preocupes por la tardanza xD aunque es curioso que ambas nos quedaramos sin él al mismo tiempo. Tienes que perdonarme nuevamente por la frase U_U podrás pensar que entonces no son mías y que las saco de la red pero lo único que saco de la red son las rimas O_o Si, necesito palabras que rimen porque a veces no es fácil. T_T pero dejándo el tema de lado muchas gracias por seguir a mi lado. Pronto te daré un regalo ^^
Espero les haya gustado. No tienen idea de cuánto me costó escribir éste capítulo. T_T Pero bueno ya sólo quedan dos infiernos. ¿Qué sucederá? Si quieren averiguarlo dejen RR. xD Hasta la próxima.
"De los cielos llegó una guerrera para vencer a Ares, Dios de la Guerra. Mujer dueña del infierno y la Tierra ella es el fin de una era".
