Los sueños sólo mueren cuando se dejan de soñar. Sólo a veces, cuando crees que no volverás a soñar con dragones y alas, vuelves a hacerlo. Yo sueño con esta historia, y no voy a dejarla morir.
patriot117, no te conozco y casi no he leido nada tuyo. Pero este capitulo es gracias a ti y tu triología, que aún no he leído pero me ha abierto el apetito de escribir. Gracias.
Sobre este capítulo, desvelo cosas, hablo más de lo cuenta y lo dejo todo a punto para una batalla. Creo que se lee mis ganas de avanzar rápido e ir al meollo del asunto. ¡Ojalá me leyerais la cabeza!
7.
Cuando Ophanimon tocó el suelo de la casa de Jennai, Hikari lo sintió. Fue la primera en girar la cabeza y ver llegar a sus amigos. La digital ángel extendió sus alas y tanto humanos como digitales cayeron al suelo.
-¿Estamos a salvo?- preguntó Daisuke frotándose la cabeza.
-¡Chicos!- fue el grito de Joe yendo hacia ellos. -¿Estáis todos bien?- preguntó el futuro médico. Sora, Yamato y Ken asintieron mientras Daisuke seguía quejándose del golpe en la cabeza. Entonces se oyó el suave llanto de Mimi, quien se miraba las manos, vacías.
-Mimi…- se adelantó Izzy hacia ella. Sólo pudo observar como la morena se miraba las manos vacias y dejaba que las lágrimas cayeran de sus ojos.
-Otra vez… hemos dejado que mueran por nosotros… -susurró dejando caer sus lágrimas allí donde había estado Piximon, donde había muerto.
Todo quedó en silencio.
-Pero todo renacerá- Ophanimon lo sentenció. Hikari se acercó hacia ella, a cada paso que daba una calidez mayor la envolvía. ¿Era ese majestuoso ángel su adorada Gatomon? Ophanimon la miró a través de su casco y entendió su pregunta. –No soy tu digital, Luz, aún no- Ophanimon miró a Jennai y asintió con la cabeza, instantes después sólo quedaba el cuerpo dormido de Gatomon. Hikari abrazó, aún confusa a su digital.
-Jennai…-susurró la pequeña Yagami, su mirada interrogatoria era la misma que tenían todos.
Jennai dio unos pasos al frente y les hizo un gesto para que se sentaran. Levantó un dedo y empezó a contar, digital y humano.
-Estais casi todos, los viejos elegidos- su cabeza miro hacia Sora, Yamato, Mimi, Izzy y Joe. –los nuevos- señaló a Daisuke, Ken, Hikari, Iori, Miyako- y finalmente los de la nueva dimensión, los tamers- Rika, Takato y Henry.
-¿Nueva dimensión?- preguntó Koushiro mirando curioso a los nuevos elegidos.
-Eso parece- se adelantó a decir Henry, quien llevaba en sus hombros al conejo de rayas verdes, Terriermon. –Fuimos absorbidos junto con vuestros compañeros por ese agujero negro, junto con Yamato, Sora… Tai.
Al sentir nombrar a su hermano, Hikari levantó la cabeza.
-¿Dónde está Tai? – preguntó asustada la menor. Sabía que su hermano debiera estar con Sora y Yamato, pero allí no había rastos del moreno. Sora empezó a temblar y agachó la cabeza. Yamato, quien tenía a su lado a un inconsciente Gabumon y más allá a Agumon, intentó tomar fuerzas de cualquier lado. Hikari intuyó que algo malo estaba pasando.
-¿Dónde está Tai?- repitió, esta vez endureciendo su tono de voz. Sora empezó a llorar. Y se cortó la respiración del grupo.
-Taichi…-empezó Yamato. Pero fue Rika, quien terminó.
-Se quedó allí, hubo una explosión y se quedó como cualquier tonto valiente. El muy imbécil hubiera podido saltar, pero se quedo allí.
-¡No le llames imbécil!- le gritó Daisuke mientras se acercaba a ella. –No vuelvas a llamar imbécil a Taichi.
-¡Pero eso es lo que es!- le gritó la peliroja tamer. Daisuke la empujó.
-¡Retira eso! No permito que nadie le llame así.
-¡¿Qué te crees que estás haciendo?!- respondió malhumorada Rika. -¡Renamon!- llamó a su digital.
-Quietos…-se oyó la voz susurrante. –Parad- la voz se hizo un poco más fuerte.
-¿Vas a enviarme a tu digital? Yo también tengo uno, creida de…
-¡Que os calleis!- gritó Hikari. Ambos, Daisuke y Rika, quienes estaban a escasos palmos, la miraron. La pequeña Yagami sonrió ladeando la cabeza. –Quizás se quedo allí, pero Tai no está muerto. Lo sé. Vendrá, como siempre en el momento de gloria, para hacerse el héroe.
Sora negó con la cabeza.
-No Hikari…, Tai no volverá- Le dolían las palabras, le ardían dentro, le hacían llorar. El beso amargo aún descansaba en sus labios.
-Sí que lo hará Sora, es mi hermano. Él vendrá, y también lo hará Tk. Ambos vendrán.
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Takeru golpeó el suelo mientras unas gotas de sudor caian sobre la madera. Taichi apartó bruscamente a Ryo y se acercó a su compañero.
-¡Tk!- le gritó mientras movía su hombro. El joven rubio tragó saliva e intentó calmarse. Pero esa sensación de que algo quería abrirse camino por dentro de él…
-Tai… -susurró el rubio. Yagami frunció el entrecejo.
-¡¿Qué le estais haciendo?!- gritó a sus nuevos compañeros. Nadia simplemente desvió la mirada y Ryo se sentía afligido.
-Se acostumbrará… -dijo tembloroso Akiyama. Se acercó un paso más y Takeru cerró los ojos. –Se fuerte- pidió. Luego miró a su compañera. –Nadia, avanza conmigo. Da pasos lentos- la muchacha obedeció a regañadientes.
-No sé si esto es buena idea… -Taichi miraba preocupado como Takeru apretaba cada vez más los puños. –Aguanta Tk- pasó su mano por su hombro. El rubio asintió.
Y a cada paso que daban sentía que aquello dentro de él se abría camino a través de su estómago, su tráquea, sus arterias, sus venas… que su corazón bombeaba algo más que sangre. A cada paso que oía de aquellos desconocidos sentía un mundo abrirse dentro de él. Amor, amistad, valor… pero también miedo y dolor… y sobretodo poder. Poder. Un poder que en su boca sabía a conocido, a haber tocado en algunos momentos pero con la punta de los dedos. Ahora lo sentía crecer.
-A la vez- oyó. -3, 2, 1…-
Y sintió dos manos tocar sus hombros y su corazón desgarrarse.
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-Blackwargreymon- Cabalgaba encima de él. Volando a través del ocaso, del cielo cada vez más negros. Se oían los silbidos de las serpientes que volaban cerca de ella, de esos monstruos. Monstruos como ella. Giró su rostro y el cabello castaño voló al viento, sus ojos violáceos quisieron seguir mirando al frente.
El digital armado de color negro gruñó en señal de respuesta. Yami no recordaba porqué le había llamado. ¿Por qué? Quizás solo para oír alguna voz que no fuera la suya…
Pero no. Ella era fuerte, dura… oscura como su padre, como todos los monstruos. Y quería lo mismo que él, un lugar donde la aceptaran. Un lugar al que llamar hogar. Desde que la maldad había sido desterrada, por el puro hecho de hacerse llamar maldad. Desterrada a un lugar sin nombre. Eso decía su padre… Pero ahora todo sería mejor.
Yami vió de reojo como un Skullsatamon se adelantaba al resto del grupo.
-¡Tú!- le gritó. Pero el siguió adelante. -¡Blackwargreymon!- gritó. Y el digital negro lanzó su ataque directo, poderoso, destructivo hacia ese digital. Que se consumió en lo que fueron segundos. –A mi no me ignora nadie-
Yami se olvidó de lo que estaba pensando y se concentró en obedecer las ordenes de su padre y junto con los Skullsatamon y SkullScorpiomon prosiguió el camino hacia la casa oculta de Jennai.
-Para destruirlos a todos.
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-Angemon, ¿tienes la espada?- preguntó Azulongmon desde su altitud. El gran digital azulado estaba encima de un círculo brillante. Y delante el magnífico ángel digital, que ya era más ángel que digital. Ya no era Patamon, ni volvería a serlo. Angemon había alcanzado la madurez de su cuerpo.
El alado asintió. Como Angemon llevaba un bastón, pero como MagnaAngemon llevaba la espada. La puerta del destino y la espada del destino. Y con aquella espada debía morir, para volver a ser un ser completo.
-Estamos seguros de que ha llegado la hora, se han dado muchas coincidencias. Él se mueve muy deprisa, y parece más poderoso que antes.
-Más poderoso que antes, en eso tienes razón, viejo dragón- soltó una carcajada estridente. Se oyó por todo el recinto sagrado. Por toda aquella larga sala hecha de cristal. De cristal, en el cual de repente, se veía reflejada una sombra negra. Una sombra de capucha negra y ojos frio y azules.
-¡Como has osado entrar aquí!- gritó Angemon. Quien en ese instante sintió dentro de él la presencia de aquel ser. En el momento de verlo sonó dentro de su cuerpo que estaba cerca. No antes, sólo cuando le vió. -¿Cómo es que no te he presentido?- le preguntó señalándole con el bastón.
El príncipe volvió a reir.
-Veo que el caballero de la espada ya está preparado, la mitad digital- Reflexionó el ser oscuro. –Actuáis deprisa, os vais a quedar sin ases bajo la manga.
-Y en eso tu sabes mucho, ¿no, Asita?- dijo suavemente Azulongmon. Pronunciar el nombre del ser hizo que este se estremeciera.
-Maldito viejo- fueron sus palabras antes de que una bola enorme oscura fuera directa contra Azulongmon. Angemon intentó detenerla, pero la bola dio en su blanco. Fue una explosión rápida y destructiva.
-Muy…temperamental- se oyó la voz de Azulongmon detrás del polvo. Cuando este polvo hubo marchado se vio intactó al dragón azulado.-Sabes que no existo en esta dimensión, no puedes alcanzarme.
-Todavía no- se limitó a decir el ser. –Pero lo haré, no sois más que pilares donde se sustenta este mundo limitado.- El príncipe oscuro se giró bruscamente hacia el ángel. –A ti si puedo matarte, aquí y ahora. Pero no busco muerte, busco venganza. Y la quiero ya. Busca tu otra mitad, únete a él por voluntad, o yo os uniré a la fuerza. Luego, os mataré.
Dejando su amenaza en el aire, el ser desapareció.
-Asita…-susurró Angemon. Su mente viajó deprisa. Un corazón partirse en dos, medio digital y medio humano, juntos un solo ser. Entonces tuvo una visión. Vio una luna, un lado blanco y un lado oscuro. Vio a un ser que volaba, un ser con dos niños en brazos, una flecha en su corazón. Luego un patio con un jardín y un niño de grandes ojos azules llorando. Vio verter su sangre en sus labios, comerse su corazón. El niño se comió su corazón y de su cuerpo nació un huevo que alguien recogió. Y dos niños, desapareciendo en columnas de colores. Después ya no vio nada. Solo el rostro afable de Takeru. –Debo ir con Takeru, me necesita.
Azulongmon asintió.
-Sólo ha querido provocarte, sé prudente Angemon. Y mucha suerte.
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Vio delante de él a un ser que era todo luz. Luz y sangre. Le vio caerse delante de él, cargando a dos niños en sus brazos. Vio como se abandonaba en el patio, como soltaba a los niños, uno de los cuáles no dejaba de llorar. Algo le preguntó, pero no recordaba el qué. Y ese ser se deshizo en sus manos. Se comió su corazón brillante aún oyendo el sollozo del niño. Luego notó que algo brillaba dentro de él y se durmió, sabiendo que debería ser valiente, que era la última esperanza. ¿La última esperanza de qué? Eso no lo sabía. Sólo que él era Asura.
Abrió los ojos. Sintiendo como en sus venas fluía una nueva sangre, sintiendo sus manos más grandes y fuertes, sintiendo algo nuevo latiendo en su corazón. Y un recuerdo de algún sabor en su boca. Estaba de pie y la espalda le pesaba. Notaba algo en ella, en la parte derecha. Y cuando llevó su mano a ella notó algo blando, del tacto de la seda.
Plumas.
Taichi no podía apartar la mirada de Takeru. O lo que antes de brillar era Takeru. Ahora era una luz muy brillante que poco a poco iba atenuándose. Cuando dejó de hacerlo quedó allí aquel muchacho que había conocido, el de cabello rubio, pero no exactamente el mismo. Takeru tenía una ala de ángel en su espalda, la misma que tenía Angemon habría jurado Takeru. Pero sólo tenía una ala. La cual movía sin controlarla bién. Su piel se había vuelto más brillante, más blanca y sus ojos erán más aquosos, ya no se podían comparar a los de Yamato, que eran profundos, ahora eran casi dos cristales transparentes.
-Ala- fue lo único que pudo emitir el portador del valor.
-¿Qué me ha pasado?- preguntó Takeru volteando hacia la muchacha rubia, la cual tenía la boca tremendamente abierta. En su giro, su ala chocó contra una mesita y derribó un jarrón que estaba allí. –Lo siento- dijo.
-Haz que desaparezca- fue la serena voz de Ryo. –Aunque mola mucho, haz que desaparezca- al ver la cara de confusión del rubio, Ryo sonrió. –El ala me refiero.
-¿Cómo?- preguntó confuso el pequeño rubio.
-Deseandolo…-esta vez fue Nadia quien contestó. El rubió asintió, no era una respuesta tan fuera de lo común, estaba ya más que acostumbrado a aquellas misivas. Cerró los ojos y notó frio. Se concentró aún más y dejó de pensar en aquello de su espalda.
-Ya está- dijo Ryo.
Ahora Takeru, era más Takeru, sin ala, pero con ojos cristalinos.
-Y yo que pensaba que ya lo había visto todo- el joven Yagami cayó sentado en el sofá. –Ahora sí que no entiendo nada- sentenció soltando un suspiro. –¿Tú estás bien, Takeru?.
-Creo que sí- asintió el rubio. –Siento- se miró las manos buscando respuesta. –Me siento ajeno a mi cuerpo, como si no fuera mío… si dejara…-negó con la cabeza. Sentía que dejaba de ser él, que no era él. –Nada, estoy bien.- sentenció.
-¿Qué debemos hacer ahora?- preguntó Ryo mirando a Nadia. La muchacha rubia no podía apartar los ojos de Takeru.
-Se ha transformado, se ha transformado porque le hemos tocado… ¿sabes lo que eso significa idiota?- Le preguntó bruscamente. Ella sí lo sabía. Signficaba que Takeru era él que la había salvado, llevándosela a una dimensión desconocida, para luego abandonarla, para no ser nadie, para ser Nadia, la chcia sin rostro y sin amor. Lo tenía delante, podía pegarle, destrozarle, lo que quisiera. Pero cuando veía la cara del rubio no venía a su mente otro sentimiento que el que no fuera… esperanza, esperanza y calidez. Mucha calidez.
-Sé lo que significa. El guerrero vive dentro de él. El ángel. –dirigió su mirada hacia Tk. –Tú eres la esperanza, el ángel. Bueno no tú, sino lo que llevas dentro y poco a poco despierta y despertará… -Ryo se calló de repente. Takeru le miró. Ojos azules en ojos azules.
-Y me matará- Takeru lo sabía. –Si vive dentro de mí, yo me convertiré en él… ¿moriré?
Ryo no respondió, ni Nadia tampoco. Takeru asintió.
-¡Eh! ¿Qué cojones estais diciendo?- preguntó Taichi desde el sofá. –Hablais tan en susurros que no os oigo.- Los tres alejados se miraron rápidamente.
-Nada Taichi- dijo Takeru adelantándose hacia el moreno.
-Deberíamos ir con Jennai, él sabrá que hacer- dijo Ryo.
-¿Con Jennai?- Preguntó Taichi.
-Ahí están el resto de vuestros amigos, seguramente- inquirió Ryo.
-Jua, sí, ojalá sí. Quiero ver su cara al verme con vida- se empezó a reir el Yagami. Takeru le miró interrogante. Y así empezó el relato del Yagami.
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Jennai les hizo sentar a todos alrededor de una confortable mesa de té. Se arrodilló enfrente y espero hasta que los nervios estuvieran calmados. Hasta obtener delante de él a un grupo de aventureros serenos.
-Elegidos- empezó. Todos asintieron. –El ser oscuro es poderoso, maligno y vengativo. Prepara su venganza desde hace años. Yo mismo soy un viajero de las dimensiones. Fui rescatado por Asura, el ángel blanco, hace años. Cuando vivía en otra dimensión mi hermana fue secuestrada por un ser oscuro. Yo era joven en ese entonces y decidí rescatarla. Vi un portal y salté a él. Llegué a un castillo y logré salir con vida de allí, pero sin mi hermana. Estaba en el reino de la oscuridad… Intenté salvar a mi hermana de un ser oscuro y me encontré en la batalla por un mundo. Entre dos seres magníficos, casi pura luz, una blanca y otra obscura. Perdí a mi hermana, perdí mi hogar. Y entonces, el ser de luz blanca me dio una nuevo. Asura me llamo Jennai y me dio sabiduría, me dejó aprender de su mundo. Algo más grande de lo que jamás llegaré a entender. Cuando llegó el momento, Asura quiso descansar, dormir una época. Yo mismo le dormí y yo mismo le desperté cuando hace quince años aquel ser volvió a nacer. Mi maestro no logró salvar a la chica, como tampoco pudo hacerlo con mi hermana, pero si rescató a los niños. Pero… perdió casi su vida en ella. Cuando llegó al mundo humano no era más que una luz apagándose.- Entonces Jennai hizo una pausa. –La primera vez que vi a Takeru, supe que era él.
Las palabras dejaron de piedra a los elegidos. Aquel relato que a principio había parecido un cuento era ahora un golpe seco. Daisuke incluso abrió los ojos como platos.
-Takeru alberga dentro de sí el alma de Asura y deberá despertarla cuando llegue el momento.
-¿Qué estás diciendo Jennai?- preguntó Hikari. Pero las carcajadas de Daisuke la interrumpieron.
-¿Enserio nos estas diciendo que eras así como un guerrero y que te salvo un ángel todo poderoso que ahora no es nada más que tonto-Tk?- preguntó carcajeándose. Al ver la seriedad de los demás se calló. –No puede ser…
-Es así- sentenció Jennai. –Sólo han pasado quince años, y ya ha vuelto ese ser, y esta vez…
-Os va a matar a todos- todos los elegidos giraron bruscamente la cabeza y vieron a una chica sentada en el alfeizer de la ventana que daba al patio de la casa de Jennai. –Por cierto, viejo, deberías alimentar mejor a tus peces.
Para los que no me conocen, soy Kyo y escribo en esta página desde 2006. Y aún quiero seguir haciendolo.
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Gracias.
atte. Kyo.
