MAR EN CALMA

IX: EL DUELO

Afuera de la abadía de San Víctor, Marsella

Julián Solo estaba simplemente enfurecido. Ya había comenzado a llover y el mar había comenzado a agitarse. Estaba furioso. ¿Cómo se atrevían a mantener a su esposa alejada de él?Cuando tuviera a los responsables frente a él, los destruiría, miembro por miembro. Apretó con su mano su tridente.

-Señor Poseidón- dijo Sorrento, alcanzándolo- ¿está seguro de esto? Es endemoniadamente parecido a lo que sucedió hace unos meses con Elizabeth y… eh… ella, Cathy-

Sorrento hizo una pausa. Vaya. No se acordaba de Cathy, después de todo ese tiempo que se la pasó pensando en la chica que lo había friendzoneado, los últimos días no había pensado en ella. Ni siquiera se acordaba de su nombre hasta ahora.

-Sorrento, ¿qué está pasando?- preguntó Leilani.

-¿Recuerdas lo que te dije en el camino hacia acá?- dijo Sorrento- ¿sobre un par de dioses malvados y sus sirvientes, que quieren esclavizar a los dioses?- Leilani asintió- hace unos meses, ocurrió algo parecido con Perséfone, la esposa de Hades. La situación es muy similar-

-Lo sé- dijo Julián por fin- lo sé, Sorrento. Esto seguramente debe ser una trampa. Pero no puedo dejarla ahí. No a mi Anfitrite- pateó el suelo, frustrado- debí tomarla cuando tuve la oportunidad. No debí haberla dejado…-

Sorrento lo miró con un poco de tristeza.

-Señor Poseidón…- escucharon los generales. Al volverse, se encontraron con los dos santos dorados: Aioros de Sagitario y Milo de Escorpión.

-Señor Poseidón, esos sujetos son los que han estado atacando hasta ahora el Santuario de Athena. Vinimos a ayudarlos- dijo Aioros formalmente.

-¿Qué rayos está sucediendo?- preguntó Milo.

-Esos malnacidos tienen a mi esposa- dijo Julián, apretando aún más su tridente, haciéndolo brillar y sacar chispas, como si el objeto dorado también estuviera furioso. Y no era para menos: la reina del mar estaba en problemas.

-Se trata de Henry y sus secuaces- dijo Aioros, cruzándose de brazos- nosotros los vimos en el teatro. Son los sirvientes de Deimos-

Julián frunció aún más el entrecejo. Estaba furioso, además de muerto de preocupación por su esposa.

-Vamos a recuperarla, señor Poseidón- dijo el general de sirena, sonriendo. Leilani, que estaba junto a él, sonrió también.

Julián Solo, por su parte, golpeó el suelo con el extremo inferior de su tridente. El objeto sacó chispas nuevamente, el mar se agitó con fuerza, y una fuerte lluvia comenzó a caer sobre Marsella. Poseidón y sus generales se dirigieron hacia la abadía, con sus cosmos encendidos, seguidos de Leilani y los dos santos dorados.

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Hospital, Atenas, Grecia

Kanon estaba peleando justo fuera de la habitación donde Sofi y Oskar estaban tratando a Satu. No iba a dejar que esos malditos se acercaran a su chica. O a su hijo. Se sentía raro diciéndolo en voz alta o pensando en él, pero casi podía verlo, devolviéndole una mirada llena de cariño. Tendría la sonrisa de Satu, de eso estaba seguro. Sacudió su cabeza y se concentró en la pelea.

Mientras, Cathy y Sofi también habían tenido que pelear. Uno de los hombres había entrado a la habitación, pasado a Kanon mientras varios hombres lo atacaban al mismo tiempo. Al parecer, éstos tenían órdenes de asesinar a Satu, porque creían que así podrían liberar a Phobos. Sofi no perdió el tiempo: tomó un tripié vacío y lo usó para propiciarle un buen golpe en la cabeza. El enemigo cayó al suelo, completamente noqueado.

-Wow, ¿dónde aprendiste eso?- dijo Cathy, volviéndose a ella, sorprendida.

-Aprendes un par de cosas así cuando pasas suficiente tiempo en el Santuario de Athena, Cathy- dijo Sofi, recuperando el aliento y sonriendo.

-¿Cómo está Satu, Oskar?- preguntó Cathy.

-Está estable- dijo Oskar, mirando a su hermana con preocupación. Sofi tomó de nuevo el aparato y lo puso en el vientre de Satu. El latido se volvió a escuchar, tan fuerte y constante como la primera vez.

-El bebé está bien también- dijo Sofi.

Se escuchó un golpe seco en la puerta, y las dos chicas dieron un respingo de sorpresa. Sofi volvió a tomar el tripié en sus manos para golpear al intruso, pero ambas se relajaron al ver de quien se trataba. Eran otros dos santos dorados.

-¡Mu!- exclamó Sofi- ¡Saga!-

El santo de Géminis llevaba arrastrando a su gemelo, quien estaba herido y muy enojado.

-Podrías dejar de lastimarte a cada rato, grandísimo zoquete- gruño un fastidiado Saga- luego yo soy quien tiene que limpiar este desastre. Y Satu-

-No te metas, Saga- dijo Kanon- estaba muy bien yo solo hasta que…-

-¿Satu está bien?- preguntó Mu, ignorando a los dos hermanos y dirigiéndose a las chicas.

-Ambos están bien- dijo Sofi.

-Tenemos órdenes del maestro Shion de llevarlos a todos de regreso al Santuario- dijo Mu- vamos a proveer lo que sea necesario para que sigan tratándola. Pero el hospital no es seguro. Ya se dieron cuenta-

Las dos chicas asintieron. Oskar miró a Satu por unos momentos, y asintió también. Sabía que no había lugar más seguro que el Santuario de Athena, sobre todo si esos sujetos se habían ensañado con destruir a su hermana.

-¿Todos listos?- preguntó Mu. Todos asintieron. Sofi guardó un par de plumas de insulina en su bolsa antes de asentir también: las iba a necesitar. El santo de Aries sonrió y encendió su cosmo. Un segundo estaban ahí, y al siguiente todos ya habían desaparecido hacia el Santuario de Athena.

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Abadía de San Victor, Marsella

Julián Solo y los generales marinos entraron a la abadía, siguiendo el cosmo de Anfitrite. Sabía muy bien que su esposa estaba ahí dentro, y sabía muy bien que era una trampa. Pero también sabía que no podía abandonar a Céline. Su corazón latía con más fuerza con cada paso que daba. ¡Estaba tan cerca!

Dos veces la había visto levantar sus dedos en su dirección y gritar su nombre. Dos veces le había mostrado la marca en su dedo: la marca donde debía estar su anillo de bodas. Ella lo había perdonado. Lo amaba todavía, a pesar de que no se lo merecía, a pesar de todas las infidelidades que habían sufrido. No la podría abandonar.

Julián empujó la puerta hacia el patio. Dio un paso adelante y clavó su tridente en el suelo. Los generales marinos, Milo y Aioros lo siguieron. Julián miró amenazante a Henry, quien tenía a Celíne atrapada con un brazo, y cubriéndole la boca para evitar que gritara. El joven dios encendió su cosmo con furia.

-Suelta a mi esposa en este instante, mortal insolente- dijo Julián en un tono peligroso.

Henry se echó a reír.

-Oh, mira, ya hice enojar a Athena, ya hice enfurecer a Hades, incluso logramos por un rato sellar a Thanatos, solo me faltabas tú entre sus aliados- dijo Henry con una sonrisa socarrona- ¿porqué contigo sería diferente?-

Julián volvió a golpear el suelo con su tridente, y un fuerte relámpago resonó en la abadía, alarmando a los enemigos e incluso a los mismos generales marinos. Henry, por su parte, se echó a reír. De un empujón, tumbó a Céline a los pies de Julián. Éste se inclinó hacia ella, dejando caer su tridente a un lado y abrazándola.

-Céline, ¿estás bien?- dijo el joven dios.

-Julián…- dijo Céline, aferrándose a él- es una trampa…-

-Lo sé, mi reina- dijo Julián en un tono suave- pero aún así, no dejaré que ese hombre te lastime-

Henry se echó a reír de nuevo y se volvió a Eugéne. Éste hizo un movimiento con su mano, y las puertas del patio se cerraron. Solo quedaron las altas murallas alrededor de ellos.

-Realmente no deberías hacer promesas que no puedes cumplir, Poseidón- dijo Henry- Fleur de Lys, libera a François-

La mencionada tomó una semilla y la puso en los labios del chico, y el cuerpo de François se aflojó y cayó pesadamente al suelo. Céline dio un respingo, viendo caer a su hermano al suelo. Julián lo comprendió, y la abrazó con un poco más de fuerza. La ayudó a levantare.

-Vas a arrepentir de haber puesto las manos encima de ella- dijo Julián, encendiendo su cosmo de nuevo- de haberla hecho sufrir-

-Tú también la hiciste sufrir en su momento, Poseidón- dijo Eugéne en voz alta- ¿o ya olvidaste cuando se cortó el cuello?-

Céline reprimió un escalofrío, y Julián se inclinó al suelo a recoger su tridente.

-Están perdidos, Poseidón- dijo Henry- el señor Deimos pronto estará aquí. Pero ustedes dos pronto estarán de rodillas cuando llegue-

Antes de que Julián pudiera responder, Henry, Eugéne y Fleur de Lys encendieron sus cosmos en tres piedras distintas en la pared. Las murallas se encendieron con los cosmos combinados, y un gran campo de energía se formó en todo el patio. Los generales marinos, todos sin excepción, dejaron escapar distintas exclamaciones de sorpresa. La lluvia se detuvo de pronto, y la luz de la luna volvió a iluminar la abadía. Pero eso no fue lo que los sorprendió. Tanto Julián como Céline cayeron pesadamente al suelo, como si fueran un par de muñecos cuyos hilos acababan de ser rotos. Ambos estaban conscientes, pero con sus fuerzas y sus cosmos completamente suprimidos.

No fueron los únicos. Al mismo tiempo que pasó eso, Leilani cayó de rodillas por la presión. Sorrento se sorprendió, e intentó ayudarla a levantarse.

-Vaya, vaya, esto es interesante- dijo Henry en voz alta, en un tono que no le gustó ni un poco al general de Sirena- tenemos una semidiosa entre nosotros-

Sorrento se puso entre ella y los demás de manera instintiva. No iba a dejar que le hicieran daño.

-Bueno, al parecer nuestra trampa funcionó, y fue suficientemente fuerte para dos dioses y un semidiós- dijo Eugéne- y ahora, ¿qué vamos a hacer con ellos?-

-Destruir a los generales- dijo Henry, mirando con desprecio a Julián y a Céline- y ambos dioses irán a donde se encuentra el señor Deimos. Ya tenemos lo que quería-

-Si no te molesta, yo quiero quedarme con la chica para mí- dijo Eugéne, mirando a Céline- para divertirme un rato con ella-

-Haz lo que quieras, Eugéne…- dijo Henry, aburrido.

Sorrento sabía que, ahora que Julián estaba incapacitado, él tenía que liderar a los generales marinos, ya que todos los demás lo estaban mirando, expectantes. El joven general levantó su flauta y señaló hacia Henry y los otros, y los generales encendieron sus cosmos y comenzaron a pelear contra los enemigos, protegiendo a Julián y a Céline de los enemigos.

Milo y Aioros se unieron a la pelea.

-Aioros- le dijo Milo- ¿no crees que esas tres rocas tienen que ver con la perdida de los poderes de Poseidón?-

Aioros miró las rocas. El santo de Sagitario tomó una de sus flechas, y apuntó hacia una de las tres. Soltó la flecha, y destruyó la roca a la que estaba apuntando. La presión que las rocas sostenían se liberó levemente, y Leilani por fin se pudo levantar del suelo.

Ver a Sorrento pelear fue algo totalmente nuevo e impresionante para Leilani. Había escuchado muchas leyendas de hombres con poderes, como los santos de Athena, pero nunca había visto pelear alguien como Sorrento. Mucho menos había conocido a alguien así. Sonrió levemente al verlo pelear. Todo los enemigos que se acercaron a ella fueron vencidos rápidamente por el general marino que, dicho sea de paso, se estaba luciendo frente a ella.

Julián Solo también pudo levantarse del suelo gracias al disparo de Aioros, aunque aún sentía una horrible debilidad. Tomó en tridente con dedos temblorosos, como pudo, y se volvió a Eugéne. De todos, era al que más odiaba, por haber insinuado que pondría sus manos sobre su chica. La mujer, Fleur de Lys, había desaparecido tan pronto como vio que su prueba funcionó, y los enemigos no dejaban de pelear.

-¡Eugéne!- gritó Julián, furioso, golpeando el tridente en el suelo con fuerza- ¡pelea conmigo, cobarde!-

-Oh, mira, amigo, el gran dios Poseidón te está retando- dijo Henry. Eugene se echó a reír.

-Cree que puede salvar a Céline- dijo Eugéne a su vez.

-¡Basta!- dijo Julián en voz alta, sus ojos brillando de un fuerte color azul. Todos los generales se detuvieron- deténganse todos. Yo pelearé personalmente con Eugéne-

-¿Porqué?- dijo Henry- ¿porqué habría de detenerme-

-Porque estoy dispuesto a pelear y hacer un trato- dijo Julián, apoyándose en el tridente. Apenas si podía estar de pie- si él gana, Céline y yo nos quedaremos aquí, y haremos lo que ellos quieran. Pero si gano yo, nos dejarán ir y nunca, nunca volverán a meterse con Céline o con mis dominios-

Henry se echó a reír. Sorrento ayudó a Leilani a mantenerse en pie, e Isaac ayudó a Céline a levantarse, pues ella no había podido separarse del suelo. Bian se acercó a François, que seguía inconsciente, y lo separó del área de pelea.

-Trato hecho, Poseidón- dijo Henry- pero recuerda, si pierdes, tú y Anfitrite serán nuestros sirvientes por el resto de sus días…-

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Templo de Géminis, Santuario de Athena, Atenas

Mu había teletransportado a todos desde el hospital de Atenas al tercer templo. Satu estaba bien, y el corazón del bebé seguía latiendo con fuerza. Kanon estaba herido por el combate que tuvo, pero se negó a separarse de su chica ni un momento. Había acercado una silla, y se había sentado junto a ella, sin soltar su mano ni un solo instante. Sofi le había asegurado que ambos estaban bien. Y Oskar, el hermano de Satu, estaba muy preocupado.

La chica había pasado todo el tiempo profundamente dormida, sedada por los medicamentos que Sofi le había dado para tranquilizarla y proteger a la criatura. Después de un par de horas, el efecto de los medicamentos se fue terminando, y la chica comenzó a despertar.

-¿Kanon?- dijo Satu, abriendo los ojos y notando, sorprendida, que su gemelo estaba herido- Kanon, ¿qué te pasó?-

-Intentaron atacarte en el hospital, pequeña- le dijo Kanon- no te preocupes. El único que alcanzó a acercarse un poco recibió una fuerte contusión, cortesía de Sofi. Recuérdame decirle a Aioros que jamás la haga enojar-

Satu sonrió levemente, pero siguió mirándolo preocupada.

-¿Cómo está…?- comenzó a decir ella.

-El bebé está bien- dijo Kanon, y no pudo evitar sonreír al recordar las repetidas veces que escuchó su corazón latir.

-Gracias, Kanon- dijo ella en voz baja, poniendo su mano en su vientre por un momento- lo lamento, estás todo golpeado, todo… parchado- Satu extendió su mano hacia Kanon y tocó su mejilla- lo siento, todo esto fue mi culpa-

-Nada es tu culpa, Satu- dijo Kanon, apretando con cariño las manos de su chica- estas cosas pasan. Y tú estás bien. Y también…- soltó la mano derecha de la izquierda de Satu, y la puso sobre el vientre de la chica- nuestro bebé está bien-

Satu sonrió de nuevo.

-Ahora, te vas a quedar muy quieta, son órdenes de Sofi- dijo Kanon, besándola en la mejilla con toda la dulzura de que era capaz. Se acostó junto a ella y la atrajo hacia sí mismo. Satu lo abrazó por la cintura y apoyó su cabeza en su pecho- todo va a estar bien, mi amor. Te lo prometo-

-¿Estás seguro, Kanon?- dijo Satu en voz baja-¿estás seguro de que quieres… esto?¿de que lo quieres a él también?-

Kanon la besó con cariño y volvió a poner sus manos en el vientre de Satu

-No sé que tan enfáticamente te lo puedo decir, mi amor- dijo el gemelo menor- esta criatura es parte tú y parte yo. ¿Cómo no la voy a querer? Al menos la parte que eres tú-

Satu sonrió y lo abrazó con fuerza. Kanon sonrió también.

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Abadía de San Víctor, Marsella

Los generales marinos habían detenido su ataque. Sorrento, que miraba sospechosamente a Leilani, cada vez mas convencido de que el misterioso padre de la chica había sido un dios disfrazado en la tierra. Aioros y Milo se habían quedado ahí, mirando sospechosamente a los enemigos. Ambos tenían razones suficientes para querer ver a Henry vencido. El santo de Sagitario tenía preparado su arco y flecha por si alguno de los enemigos hacía trampa.

Eugéne se puso su armadura negra, y a su vez Julián se puso su Escama y empuñó su tridente con fuerza. La trampa de las dos rocas restantes lo debilitaba mucho, casi rebajándolo al poder de uno de sus generales, pero estaba decidido a hacerles pagar lo que habían hecho a su esposa.

-Recuerda nuestro trato, Poseidón- dijo Henry- cuando pierdas, tú y Céline serán nuestros-

-No voy a perder- dijo Julián con creciente furia- les voy a dar su merecido por haberse metido con Anfitrite-

-Basta de palabras- dijo Eugéne- seguir hablando es una pérdida de tiempo-

Julián y Eugéne se prepararon, con sus cosmos encendidos. A pesar de que su poder se había rebajado al de un humano como los generales o los santos dorados, Céline estaba impresionada por su poder.

El joven dios de los mares encendió su cosmo azul, y sus ojos también se encendieron del mismo color. Cruzó sus brazos en alto y lanzó un fuerte ataque de puro cosmo hacia Eugéne. Éste intentó detenerlo, pero el ataque del dios lo lanzó contra la muralla contraria. Incluso dejó una grieta. Eugéne se lanzó contra él tan pronto como se levantó. Julián puso el tridente en el camino para detenerlo, pero cuando Eugéne llegó frente a él con el puño en alto, Julián sintió algo. Sus rodillas se doblaron y cayó de rodillas. El francés lo golpeó con fuerza y lo lanzó unos metros atrás.

-¿No que ibas a ganar, Poseidón?- dijo Eugéne burlonamente- creí que ibas a ganar-

-Se creyó más fuerte de lo que es- dijo Henry, mientras Eugéne tomada del cuello a Julián y lo golpeaba de nuevo.

-Julián…- dijo Céline en un susurro preocupado, y se volvió hacia un lado. No quería ver sufrir a Poseidón. Y fue cuando lo vio: Henry estaba haciendo algo con las dos piedras. ¡Estaba haciendo trampa! La chica se volvió a Isaac con una mirada significativa, y éste se volvió a Aioros, quien estaba junto a él. El santo de Sagitario asintió con una sonrisa, y apuntó su flecha a una de las piedras, la que estaba más cerca de Henry. Céline se soltó de Isaac, y corrió hacia la otra piedra.

-¡No, señora Anfitrite!- dijo Isaac.

Cuando estaba intentando levantarse, Julián la alcanzó a ver corriendo hacia una de las piedras. Intentó gritarle, detenerla de alguna manera, pero Eugéne volvió a golpearlo. Henry se dio cuenta de lo que Céline estaba intentando hacer, cuando la chica tocó la roca, le lanzó una bola de fuego azul. Isaac, que estaba detrás de ella, la empujó para quitarla del camino y recibió todo el golpe de lleno.

-¡Isaac!- dijo Céline. El general de Kraken sonrió y movió su mano para congelar la piedra, para después dejarse caer en el suelo.

Mientras pasaba eso, Aioros lanzó su flecha y destruyó la otra piedra, de la misma forma que había hecho la primera. Tanto Céline como Julián sintieron un alivio inmediato. Pero el destino de los enemigos estaba sellado. Julián encendió su cosmo al máximo y, tridente en alto, lanzó un fuerte ataque contra ellos. Relámpagos de energía cayeron del cielo y golpearon a todos los enemigos en ese patio. El ataque de Poseidón arrasó con a todos los enemigos, todos y cada uno de ellos. Cuando Julián terminó con ellos, solo quedaban Eugéne y Henry con vida.

Aioros y Milo se acercaron a Henry, quien escupía sangre.

-Santos de Athena- escupió el inglés- ya estarás satisfecho, ¿no es así, Aioros? Ya tuviste tu venganza… por tu mujer y por tu hermana-

-Todos van a estar a salvo sin ti, Henry- dijo Aioros en un tono orgulloso- y sabes que no va a terminar. Aún te espera una eternidad de sufrimiento en el Inframundo-

El inglés se echó a reír.

-¿Creen que somos los únicos que servimos a los dioses?- dijo Henry- el señor Deimos sigue libre… y tiene la información que obtuvimos hoy… otros seguirán con nuestra misión-

Aioros frunció el entrecejo. Milo se inclinó hacia él.

-¿A qué te refieres?- dijo el santo de Escorpión- ¿quién más…?-

Como respuesta, Henry solo tosió sangre de nuevo y se desplomó en el suelo, muerto. Milo se mordió el labio, y Aioros dejó escapar un suspiró que era una mezcla de alivio y un poco de preocupación.

Al mismo tiempo, Eugéne también estaba a punto de morir. Isaac estaba herido, tumbado en el suelo junto a ellos. Céline tomó su mano y cerró los ojos, encendiendo su cosmo suavemente, un cosmo que no sabía que tenía. Solo cerró los ojos y deseó curar al general marino que la había protegido, y así pasó. Las quemaduras azules en el cuerpo de Isaac desaparecieron.

-Gracias, señora- dijo Isaac, sorprendido de verse curado.

-De… de nada- dijo Céline, mirando sus manos- no sabía que podía hacer eso…-

-Estuvo muy bien, señora- dijo el general marino de Kraken.

Céline sonrió, y se acercó a Julián, quien la tomó de la mano y la atrajo hacia sí mismo. Y la abrazó. La abrazó con todas sus fuerzas, como si se le fuera a escapar en cualquier momento, como nunca antes la había abrazado. Su pequeña reina estaba ahí, por fin a salvo, lejos de sus enemigos. Céline le tocó la mejilla con el dorso de su mano y sonrió. Se puso de puntillas y lo besó en la mejilla con cariño, y se sonrojó.

-Está todo bien, Céline- dijo Julián sin soltarla- estás a salvo-

Céline sonrió.

-No estés tan satisfecho, Poseidón- dijo Eugéne justo antes de expirar- aún quedan más de nosotros para destruirlos. Esto no se ha terminado…-

-Eso fue lo mismo que dijo Henry- dijo Aioros en un tono serio.

-No importa- dijo Julián, sin soltar a Céline, mirándola y sonriendo- no estaré solo para enfrentar lo que ellos envíen contra nosotros-

Céline sonrió, pero su sonrisa se borró al ver a su hermano, que seguía aturdido, apoyado en los hombros de Bian. La chica se acercó a él y tomó su rostro entre sus manos.

-François…- dijo Céline en voz baja. Cerró los ojos y, como había hecho con Isaac, deseó curar a su hermano. Y lo logró. François abrió sus ojos, y éstos ya no eran rojos, sino habían vuelto a su color normal.

-¿Céline?- dijo François, haciendo un gesto de dolor: tenía una horrible jaqueca. Se soltó de Bian y se arrojó a abrazar a su hermana, casi tumbándola al suelo. Por suerte, Julián los detuvo justo a tiempo- ¿estás bien?¡Lo siento muchísimo, hermanita! Traté de detenerme, no podía evitar obedecer lo que me ordenaba Fleur de Lys…-

-Oye, oye- dijo Céline, abrazando a François- lo sé. No tuviste opción, no podías hacer nada al respecto. Te quiero, hermanito-

François no sonrió. La miró, aliviado, una vez que se separaron, y miró de reojo a Julián.

-Poseidón…- dijo François con una expresión llena de seriedad.

-François…- dijo Julián a su vez, inclinando la cabeza respetuosamente ante el hermano de su esposa.

-Sé que mi hermanita te pertenece- dijo François con seriedad- y sé lo que le has hecho en el pasado, las veces que la hiciste llorar…-

-Y estoy muy arrepentido de ello, de verdad- dijo Julián.

El chico miró al joven dios por unos minutos, hasta que estuvo satisfecho.

-Te creo, Poseidón- dijo François, irguiendo su espalda y cruzando sus brazos- pero quiero que prometas que nunca, nunca no volverás a lastimar a mi hermana-

Julián tomó la mano de Céline y la besó con tanta devoción que François lo notó de inmediato, y relajó su mirada.

-Tienes mi palabra, François, que Céline no volverá a estar triste. No por mi culpa- dijo Julián.

François asintió con su expresión grave, pero después sonrió, aliviado de que todo se hubiera resuelto de la mejor manera.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando la historia. Muchas gracias a todos por sus reviews! Y no, Leilani no es hija de Poseidón ni de Julián ni mucho menos, en el próximo capítulo, que es el último, les daré la explicación. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.

Abby L.