Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi

Otros son de mi imaginación. ;)

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Capitulo 9: Otra vez, no pude proteger …

- ¿Qué está pasando Otosan?- la voz de Ai sonó aterrada. La tierra temblaba a su alrededor y los aldeanos gritaban en todas partes por ayuda.

- Quédate adentro Ai y no salgas, ¿oíste?- La pequeña niña vio a su hermano mayor alejarse y se aferró al marco de la puerta. EL cielo estaba oscuro y todo era un caos. A su mente vinieron las noches de terror cuando ella y su madre se escondían de las guerrillas en su antigua Aldea. Cuando ambas rogaban al cielo por su hermano mayor y su padre. Ahora todo se repetía y tenía miedo, miedo de perder lo único que le quedaba.

- ¡UN OGRO GIGANTE!- El grito de uno de los aldeanos la alertó del peligro. Esto era aún peor que la guerrilla. Monstruos.

No, ella no iba a quedarse a que vinieran luego a entregarle a su hermano muerto. No iba a pasar lo mismo que pasó con su madre cuando su padre llegó sin vida. Corrió en la dirección que su hermano había tomado antes, entre la multitud, entre antorchas, entre hombres corriendo con cualquier cosa que pudiera sacar un brazo o herir.

A lo lejos vio a un grupo de armados correr hacia la casa del señor de la aldea, entre ellos divisó a su hermano. Corrió hacia ellos lo más rápido que sus pequeñas piernas podían darle y cuando llegó al lugar no podía creer lo que veía. Gigante era poco para la altura que ese ogro tenía, era enorme y horrible, entre rojo y bordeo, con enormes colmillos saliéndole de la boca. Pero no era lo único, había decenas de horribles yokai, como un ejército de monstruos, todos deformes y feos.

Se escondió detrás de unas cajas y pudo ver a dos mujeres con extrañas vestimentas luchando, una con un boomerang gigante y la otra con un arma unida a una cadena. Se movían veloces y eliminaban todo a su paso. Vio a un muchacho vestido con ropas blancas y el cabello trenzado cerca de ahí disparando flechas, desintegrando a los yokais, flechas muy parecidas a las de la chica que la había salvado – Mitsuki-sama, la no miko- la imagen de la muchacha se le vino a la mente y la buscó también con la mirada, pero entre la gente solo vio a otro luchador, un monje y un yokai zorro, peleando, luchando y ayudándose. Vio como estos peleaban a gritos contra un joven de cabellos negros y vestimenta roja que blandía una espada vieja. Parecía que le ordenaban que se fuera, pero este estaba lejos de querer obedecer.

Luego de derrumbar todo a su paso Ai observó como el ogro gigante se detenía y abría la boca, juntando algo brillante y amarillo en su interior.

- ¡HAY QUE HUIR!- La voz de uno de los hombres armados que estaba a su lado la sobresaltó. Ai observó como el monje le gritaba algo a las dos mujeres que luchaban y como todo el mundo parecía querer diluirse del lugar. Entonces lo supo, iba a morir, esa cosa en la boca del ogro iba a matarlos a todos. Miró al piso resignada y luego levantó la vista esperando ver a su hermano una última vez. Fue cuando lo vio, una flecha fugaz y poderosa que surcó los cielos arrasando y desintegrando todos los yokais a su paso, la luz violácea que dejó como rastro la flecha hizo que la muchacha se volteara, impidiéndole ver como esta se había incrustado con fuerza en la garganta del ogro, la forma en que el monstruo se había doblado sosteniendo su garganta mientras la energía acumulada en su boca se esfumaba. Que del hombro del yokai dos mujeres hermosas caían al piso de un salto.

- Mitsuki-sama – La sonrisa de Ai se extendió cuando vio a la muchacha soltar una segunda flecha igual de poderosa y caminar hacia sus enemigos con calma. Como si la aldea no estuviera siendo arrasada ni los hombres muriendo o las casas incendiándose. Vio como Mitsuki se acercaba a ese ogro y a las dos mujeres hermosas con lentitud, como si estuvieran esperándola solo a ella, como si fuera la dueña del lugar. Se acercó sigilosa también para poder estar cerca de Mitsuki –sama y verla mejor.

- Veo que en el pasado siguen siendo igual de débiles que en el futuro –la voz de Mitsuki fue segura y fuerte cuando llegó junto a las mujeres. Ai la observó acercarse unos metros más. Cuando ella también estuvo lo suficientemente cerca pudo ver que eran yokais, ambas de ojos naranja y cabellos color del fuego, una de ellas lo tenía corto y la otra largo- Las hermanas Onii… patéticas, patéticas como siempre…- Ai pudo ver apenas como la mueca de despreció su Mitsuki- sama las enfureció.

- ¡Ja! Una simple humana desafiándonos, ¿ves lo que yo veo hermana?- Una de las yokai no tardó en responder la insolencia de Mitsuki.

- Si no me viera, diría que Ayaka es en el pasado más estúpida de lo que será en el futuro, Haruno.

Inuyasha y los demás se acercaron también para saber qué era lo que sucedía, ahora que quedaban pocos yokai del ejercito que una vez existió delante de ellos, no había mucho con que pelear más que enfrentarse al verdadero problema. Así mismo Ai se colocó cerca de ellos esperando poder escuchar más sobre lo que pasaba.

- No tenemos tiempo para esto Haruno onee-chan. – La yokai de cabello largo miró fijo a la onii llamada Haruno. No sabía quién era esa muchacha que había - aparecido de la nada, pero no había tiempo que perder. Ya había permitido que su onee-chan jugara todo lo que quisiera con los humanos, pero a ellas les habían dado una misión, matar a la híbrida.

- Escucha a tu hermana Haruno, la última vez que no lo hiciste, eso te cortó la cabeza.

Miroku se acercó a Hiroki con precaución mientras veía que las hermanas hablaban con Mitsuki.

- ¿Quiénes son esas mujeres?- preguntó el bonzo mirando a Hiroki

- No lo sé monje Miroku, jamás las había visto.

- Quién quiera que sea, parece que conocen muy bien a esa chiquilla - la voz de Inuyasha sonó molesta, aún faltaba para que amaneciera y esto solo lo ponía de peor humor.

- Esa no es una chiquilla, es Mitsuki-sama- la voz de Ai desconcentró a los presentes y todos dirigieron su vista a la niña que les hablaba

- uhm...¿Qué haces aquí niña, acaso quieres morir?

Ai miró a Inuyasha con rabia y se mordió el labio. ¿Acaso ese hombre no la había escuchado?

- No moriré mientras sea Mitsuki-sama quién luche contra esos yokai- su voz sonó decidida, pues ella lo sabía. Mitsuki-sama podía vencer cualquier cosa, había eliminado a gran parte del ejercito de yokai y casi a ese ogro con una sola flecha. También la había salvado a ella en el bosque y la había cuidado mientras su Otosan llegaba- Mitsuki- sama es una persona muy poderosa- Estaba hecho ella limpiaría el nombre de Mitsuki- sama

- ¿De dónde conoces a Mitsuki?- la pregunta del muchacho de traje blanco y cabello trenzado la distrajo. Pero cuando la voz de una de las Oni se escuchó estruendosa todos olvidaron a la niña y voltearon a ver a Mitsuki.

- ¿Qué fue lo que dijiste humana insignificante?... ¿Dónde está la híbrida?

Pero Mitsuki no le contestó a la mujer de cabellos cortos. En vez de eso tensó su arco apuntando a las hermanas Oni.

Ai vio que la yokai de cabello largo susurró algo a su hermana, antes de que esta se lanzara contra Mitsuki-sama con el rostro desencajado de rabia, el miedo la invadió y no pudo evitar alzar la voz producto del temor y la desesperación.

- ¡MITSUKI-SAMAAAAA!- la flecha que el arco de Mitsuki sostenía se soltó con gracia, la yokai se detuvo y la esquivo, pero la fuerza de la energía espiritual que expelía la lanzó con fuerza hacia un costado. Ai vio como Mitsuki se volteó a verla después del grito y como su ceño se frunció.

La muchacha caminó con rapidez hacia el grupo donde Ai estaba. La niña pequeña acrecentó su sonrisa, pero ésta desapareció cuando vio el rostro de Mitsuki de cerca.

- Realmente quieres morir... No bastó lo que hice por ti en el bosque. Eres una molestia, lárgate niña.

Los presentes se descolocaron, a los lejos la yokai abatida por la flecha proliferaba unas maldiciones mientras su hermana la miraba hastiada. Sango estuvo a punto de decir algo respecto al trato que le daba a la pequeña, pero Ai habló.

- A mí también me alegra volver a verla Mitsuki-sama, es usted una persona asombrosa- la sonrisa sincera de Ai llenó de sorpresa a Mitsuki. La no miko mantuvo su vista fija en los ojos de la niña. Hace mucho tiempo que nadie le hablaba así, sus memorias viajaron a las pesadillas que tenía cada noche y al muchacho de ojos violeta, entonces su rostro se enfrió.

- Lárgate de aquí Ai, vas a morir si te quedas- Mitsuki se volteó y todos se miraron entre ellos tratando de comprender lo que ocurría entre Mitsuki y Ai.

- Como usted diga Mitsuki-sama- Ai se alejó del lugar corriendo, pero se detuvo. Había olvidado por completo a su hermano mayor, observó hacia todos lados. La aldea estaba destruida y los hombres aún corrían por doquier.

A lo lejos vio a algunos de los hombres que habían corrido junto con su hermano a la casa del señor de la aldea y fue cuando lo divisó. Su hermano estaba herido, cargado por otros hombres que intentaban alejarlo del lugar de la pelea.

- Otosan – Ai susurró al viento mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Todo se repetía y ella ni siquiera se había dado cuenta. Se había obsesionado tanto con Mitsuki-sama que había olvido a su querido "Otosan". Oyó un golpe seco y observó como el polvo se extendía en el lugar, pero no lo tomó en cuenta, Mitsuki-sama se encargaría. Corrió hacia su hermano, los hombres que lo cargaban lo habían dejado no muy lejos y habían salido corriendo. Ai los odió por su cobardía y corrió mucho más rápido.

- Oto…. Otosan- su voz entrecortada apenas era audible, la carrera la había dejado sin aliento- Otosan- pero las lágrimas seguían ahí, en sus ojos y en sus mejillas.

- A… Ai, te dije…. que te quedaras…. en casa- la boca de su hermano se aglomeraba de sangre que escupía con dificultad. Ai quiso tocarlo, trasmitirle esa seguridad infantil innata en ella, decirle que todo estaría bien, pero él se lo impidió.- vete de aquí…. Vete Ai.

- ¡NO, NO VOY A ABANDONARTE!- y tomó su mano con desesperación – me oyes hermano, no voy a dejarte.

Una nueva nube de polvo y viento llenó el espacio, y Ai supo que provenía de la lucha. El grito desgarrador del Ogro y el olor putrefacto que se sentía seguro provenían del cadáver del gigante. Cuando el humo se disipó Ai llamó a su hermano, una, dos, tres veces, pero este no contestó y el peso de la soledad, la culpa y el mundo entero se le vino encima. Su Otosan estaba muerto, su mano tibia aún no lo demostraba, pero su pecho ya no respiraba. Ai lo observó un momento con las lágrimas aún cayendo por sus mejillas, parecía dormido. Una sonrisa triste se dibujo en su rostro- Otosan- Su susurro fue tan leve, tan ido. Acarició su rostro despacio, mientras oía los gritos de los combatientes a lo lejos, como si fuera el acompañamiento perfecto para lo que a ella le ocurría. Ya no tenía nada, toda su familia había muerto y ni siquiera había podido despedirse de su hermano como correspondía. Miró hacia la batalla, las dos mujeres, el bonzo y el yokai zorro luchaban con la onii de cabello largo, mientras que la otra yokai se enfrentaba a los demás. Las flechas eran poderosas, pero no efectivas. Guió su vista al cielo negro de la noche. El fuego se había extendido por las casas de la aldea, pronto solo habría destrucción y tampoco tendría un lugar a donde ir o vivir. MItsuki –sama era buena, pero estaba segura que ella no la llevaría consigo. Estar como vagabunda sería su única opción, muriendo de hambre, frío, robando, mendigando, siendo asechada por yokai, sin abrigo, sin su Okasan, su Otosan y su Onisan. El sollozo contenido ya no pudo ser ocultado y lloró, lloró por todo; por su familia, por su vida, por el pasado que ya no volvería y por la decisión que había tomado. ¿Qué otra opción tendría?

Se levantó presurosa y observó como una figura de ropas rojas era lanzada contra lo que quedaba de un árbol. La mano de una de las hermanas se extendió como si fuera infinita y golpeó con ellas a otra chica de cabellos negros y ropas blancas que había estado luchando. Se detuvo y observó como de a uno todos caían. Mitsuki-sama jadeaba y aunque esquivó con gracia el brazo enorme de la onii, su cuerpo humano no era lo suficientemente rápido. Su estomago fue finalmente perforado por la yokai.

- Mitsuki-sama- Ai creyó que Mitsuki derrotaría a esas yokai. Pero ahora veía que no sería de esa manera. Observó como la no miko con poderes de miko se arrodillaba en el piso sosteniendo la herida enorme que perforaba su vientre. La vio escupir sangre con fuerza y limpiar con su manga el rostro. Otra extensión perforó esta vez su hombro. Pero Mitsuki-sama la cortó con su katana y se arrancó ella misma el trozo de carne que había quedado en el lado superior de su brazo.

Vio a la Onii correr a toda velocidad hacia Mitsuki, pero esta la esquivó en el último momento inclinándose hacia abajo y doblando su espada hacía atrás. Lo último que se escuchó fue un grito de dolor. La Onii tenía la espada de Mitsuki en su pierna, pero el arma no se mantuvo quieta. Mitsuki se movió con destreza y arrancó de una sola vez la extremidad de la yokai de cabello corto, la lluvia de sangre se extendió por el rostro y las ropas de Mitsuki.

- ¡MALDITA PERRA!- La yokai cayó al piso ensangrentado luego de perder el equilibrio, pero antes de que la no miko pudiera hacer algún otro movimiento con su espada, la onii Haruno extendió el otro brazo que le quedaba hacia ella perforando esta vez la pierna de Mitsuki. El charco de sangre derramándose del cuerpo de Mitsuki bajó presuroso para unirse al de la onii.

- ¡Mitsuki –sama! – la voz de Ai se escuchó por las dos combatientes que estaban más cerca.

El resto de los luchadores, ya demasiado heridos, se habían alejado del lugar a medida que la batalla se había mantenido.

La yokai sonrió, aprovecho las heridas de Mitsuki, y el brazo que estaba perforándole la pierna a la humana se desprendió de esta, dirigiéndose a la niña a toda velocidad. EL rostro de Ai y Mitsuki se desencajó y como pudo la no miko intentó detener la extensión, pero era demasiado tarde. La niña había sido atrapada por la onii Haruno.

Con una sola pierna sosteniendo su cuerpo Haruno se levantó y atrajo hacia sí a Ai, la mirada de Mitsuki se volvió fría y calculando sus posibilidades no apartó sus ojos de la onii. Ai vio como la yokai sonreía con sorna y tuvo miedo, esta vez, esta vez Mitsuki-sama no podría salvarla. Podía verlo en los ojos de la no miko. Ai le sonrió, intentando trasmitirle que estaba bien, que ella lo sabía. Después de todo esa era la decisión que había tomado hace unos minutos atrás cuando se apartó del cuerpo de su hermano. Morir en esta batalla.

- Deja ir a la niña, esta batalla es entre tú y yo ¿O es que acaso la gran Haruno es tan débil que debe escudarse en débiles crías humanas?- Las palabras de Mitsuki hirieron el orgullo de Haruno y apretó con más fuerza a la pequeña Ai que no pudo contener un grito de dolor. Pero Mitsuki no volvió a abrir la boca, ni rogó como esperaba la yokai que hiciera.

- Contesta, ¿dónde está la híbrida?...

Pero Mitsuki no contestó.

- Maldita perra, si no hablas la mataré…

Y esta vez la sonrisa en los labios de la humana no se dejó esperar. Mitsuki juntó sus dos manos que había manchado disimuladamente con su propia sangre delante de su rostro y cerró sus ojos, a su alrededor se formó un circulo rodeado por la estrella, símbolo del templo de Kagome. Los ojos de la no miko se toparon con los de Haruno y antes de que esta pudiera hacer algo, cientos de pequeñas agujas salieron del círculo hacia la yokai. El grito fue desgarrador, a lo lejos los combatientes se detuvieron y la otra onii se dirigió con prisa hacia su hermana, pero era muy tarde para detener el conjuro.

Ai cayó al piso envuelta en la extensión de Haruno y con rapidez se soltó para correr cerca de los pies de Mitsuki.

Shippo fue el primero en llegar a la escena donde estaban las dos onii, el cuerpo destazado de Haruno lo petrificó, estaba perforada con cientos de agujeros en el cuerpo.

- Llévate lo que queda de tu hermana como regalo al maldito de tu señor, dile que es mi mensaje para él.- aún con todas sus heridas la voz de Mitsuki sonó segura y fría, aun cuando jadeaba al respirar su porte jamás se perdió y Ai se alegró de la magnificencia de su Mitsuki-sama

Ayaka vio el cuerpo destazado de su hermana y tomó su cabeza ensangrentada. Dirigió una mirada de odio a Mitsuki y luego miró a la niña a sus pies. Mitsuki apretó la espada que sostenía con fuerza, pero la yokai se volteó y caminó hacia el bosque. No podía vengar a su hermana ahora, ella también estaba demasiado herida, pero no se quedaría así.

Cuando a la vista de todos la figura de Ayaka había desaparecido, incrustó en la cabeza de su one-chan sus garras. Los ojos de la decapitada se abrieron con fuerza y la yokai con vida sonrió.

Ai se levantó con cuidado sacudiendo su ropa y mirando a Mitsuki con preocupación.

- ¿Estás bien? – la pregunta de Shippo hizo que Mitsuki se girara, su cuerpo tenía múltiples cortes y tres perforaciones, una de ellas demasiado importante. Todo le dio vueltas, la adrenalina se acababa y el dolor y pérdida de sangre comenzaban a notarse. Intentó decirle a zorro frente a ella que se llevara a Ai, pero no pudo. Su cuerpo se desplomó y antes de caer al piso Shippo la sostuvo. La muchacha no le caía bien, pero no podía dejarla caer.

- ¿Mitsuki –sama estará bien?- preguntó Ai al joven que la sostenía.

- Eso creo- Shippo no podía asegurarlo, Mitsuki tenía heridas demasiado graves. – Vamos niña, salgamos de aquí.

Shippo cargó a Mitsuki entre sus brazos y observó como el rostro de la muchacha se contraía de dolor. Se quedó un segundo observándola, la muchacha era realmente bella. Avanzó sin darse cuenta que Ai había ido por el arco de Mitsuki. De pronto, los ojos de la chica en sus brazos se abrieron asustándolo y vio como su boca susurró un nombre...

- Ai …

EL joven zorro se volteó, y solo pudo contener el aliento. La pequeña niña con el arco en la mano estaba siendo perforada por cuatro retasos de carne.

Mitsuki se soltó de Shippo revolviéndose entre sus brazos para caer al piso. Cojeó con rapidez hasta que llegó junto a Ai, purificando los pedazos de yokai que perforaban su cuerpo. Libre de la carne que la sostenía de pie, Ai cayó finalmente de espaldas a los brazos heridos de Mitsuki, que aguantó con fuerza un gemido de dolor ahogándolo entre los dientes. El hilo de sangre de los labios de la pequeña no se dejó esperar y su cuerpo tembloroso buscó refugio en el regaso de la no miko.

- Mitsuki …..sa…ma- Ai fijó sus ojos en los de Mitsuki y le sonrió. Su vista se desvió intentando enfocar algún lugar en medio de la oscuridad.

- Ai….- la voz de Mitsuki se esfumó en el viento y sintió en la briza y a través de la tierra el consuelo que su alma necesitaba, que los espíritus intentaban darle. Porque había miasma en esas heridas, heridas demasiado profundas. El cuerpo de la niña se pudría ahora, por dentro, con demasiada rapidez. El corazón mismo estaba herido por la perforación. Ni sus poderes espirituales ni sus cimitarras, podrían traerla de vuelta de la muerte. Ni siquiera el gran colmillo sagrado de Lord Sesshomaru podría.

Shippo se acercó despacio, apretando sus puños. ¿Por qué siempre tenía que morir alguien? ¿Por qué?

- ¿Oka…. San….? – el silencio paseó despacio entre ellos. Entre el campo, la muerte, el bosque. Entre Ai y Mitsuki y desapareció.

- Sí, Ai…. Soy yo.. tu Okasan – la dulzura en los labios de Mitsuki lo sorprendieron. Shippo no podía creer lo que escuchaba. La muchacha fría, malvada, discriminadora y sin corazón; estaba, estaba fingiendo ser la madre de la niña. La misma que se había negado a ayudar a aldeanos heridos durante su viaje, la misma que había ignorado a los mendigos muertos de hambre. ¿Por qué? ¿Cómo?

- Vinis…te….. – sus palabras se cortaron cuando el absceso de tos y sangre la atacó, con cuidado recuperó despacio los últimos suspiros de aire que quedaban - viniste… por … mí. – Ai intentó una mueca de sonrisa, con sus labios adornados de rojo en medio de la noche sin luna. – Oka …san …

Mitsuki abrazó a la niña, pero no lloró, ella ya no podía llorar. Lo había dado todo, todo por ese muchacho de ojos violeta que también había muerto, todo por kagome, todo por ella misma y por las vidas que había arrebatado. Y ahora, ahora que realmente necesitaba llorar, que quería hacerlo, no podía.

- Siempre estuve aquí, Ai. Ven... duerme conmigo esta noche... esta noche sin luna…- las palabras de Mitsuki eran suyas, siempre se imaginó a su madre viniendo por ella finalmente, arrancándola de las garras de Sesshomaru y llevándola consigo, alejándola de la guerra, de los duros y crueles entrenamientos, de los rechazos, de la tortura. Siempre se imaginó con su hermano disfrutando de la vida que nunca pudo. Siempre se imaginó a su madre diciéndole eso "ven... duerme conmigo esta noche, esta noche sin luna". Pero su madre nunca fue por ella y las palabras que imaginó se quedaron hiriendo poco a poco su corazón, hasta hoy. Escondió su rostro en el cuello de Ai y dejó que el dolor la consumiera, dejó que el pasado viniera por ella y que la muerte finalmente la alcanzara también. Entonces todo se volvió negro y sintió el último latido, débil e inocente entre sus brazos y ella también esperó, deseó dormirse para siempre, acompañada de la última sonrisa sincera que había recibido solo para ella.

Shippo sintió el último respiro de la niña partir y en silencio pidió por su alma. Dejó unos minutos a Mitsuki y se volteó para ver cómo es que Kazuki y Sango eran ya atendidas por Miroku y Hiroki, que también estaban heridos. A lo lejos, cerca de un árbol, Inuyasha se desangraba de a poco debido a una cortada en muslo derecho, estaba inconsciente, ningún cuerpo humano podría haber resistido un golpe como ese contra el árbol. Natsuki también yacía inconsciente unos metros más lejos. Cuando el sol saliera en unas horas, entonces ellos podrían ayudarles a curar las heridas de Sango, kazuki, Miroku y … se giró de vuelta a Mitsuki, pero la muchacha aún no dejaba de aferrar el cuerpo de la pequeña niña ya muerta.

- Oye…- Shippo aguantó una exclamación, Mitsuki también estaba inconsciente. Pero su propio cuerpo se había negado a soltar a la niña. Ahí de rodillas, Mitsuki o su cuerpo inconsciente se aferraba con fuerza a la pequeña. Shippo separó a Mitsuki de la niña con cuidado y la llevó a donde Miroku se dirigía con Hiroki, había que curar sus heridas con rapidez, luego volvió por Inuyasha y Natsuki.

En medio del infierno en que la aldea se había convertido, Shippo recogió finalmente el cadáver de Ai, su rostro adornado con una expresión pacifica, representaba su alma dormida. Cerró los ojos y como Miroku solía hacerlo hizo una plegaría por su alma de nuevo. La levantó despacio y buscó durante lo que quedaba de la noche a algún familiar, pero nadie parecía conocerla. Hasta que una aldeana le dijo que era huérfana, que con su hermano mayor, que también había muerto esa noche, compartían una cabaña cerca de ahí. Shippo llevó a Ai hasta donde habían enterrado a su hermano y pidió que la pusieran a su lado, cuando se aseguró que estuviera junto a él volvió con Miroku y los demás.

Inuyasha ya estaba despierto echando maldiciones por lo bajo, mientras curaba la herida de su pierna, pero lo ignoró. La aldea estaba destruida, mucha gente había muerto. Ellos mismos estaban muy heridos, entonces dirigió su mirada a Mitsuki que yacía dormida o inconsciente, esa niña, esa muchacha no era lo que aparentaba. Entonces ¿por qué? Suspiró y vió hacia afuera de la habitación que les habían entregado que el amanecer ya se había alzado, aún tenían mucho que hacer, mucho que averiguar, y al parecer, mucho dolor que sanar.


Nota de la Autora: Mucha suerte a los lectores y nos vemos en el próximo capitulo ;)

No hay mucho que decir respecto a este capitulo :)