¡Hola! Lamento saludarlos después de tanto tiempo con una mala noticia, pero tengo que decirlo: me están plagiando este fic. Se los digo porque ustedes también son parte de esto y gracias a ustedes este fic sigue adelante, por eso pensé que merecían saberlo de primera mano. Escribí mis impresiones al respecto en mi profile si quieren leerlo. De lo contrario, sólo sepan que si encuentran un fic con similitudes a este que van más allá de "una simple casualidad", este es el original ;). Este capítulo va dedicado a la persona que me avisó: ¡muchas gracias de corazón!

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Acto IX: Trunks

- Bulma no está; salió de compras con Trunks. –le había dicho la Sra. Brief. Últimamente esa clase de respuestas eran cada vez más comunes y comenzaba a molestarle. Al principio pensó que era algo que podía ignorar y seguir con sus asuntos, pero cuanto más lo escuchaba más le costaba ocultar el malhumor que le causaba.

El teléfono sonó y fue Vegeta quien contestó, porque envuelto en sus rabiosos pensamientos, no podía soportar el sonido de ese timbre.

- ¿Vegeta? –se sorprendió Bulma, ya que el saiyajin nunca respondía el teléfono. – ¿Podrías poner a mi papá al teléfono?

- ¿Estás con Trunks? –bramó el príncipe.

- Sí, está aquí conmigo. ¿Puedes llamar a mi padre? Es importante…

Vegeta le pasó la llamada al Sr. Brief de mala gana y se cruzó de brazos enfurruñado. Otra vez estaba con Trunks; esos dos estaban pasando demasiado tiempo juntos, pensó molesto.

Desde hace algún tiempo Trunks era de todo lo que hablaba. Aún recordaba cómo la mujer terrícola estaba todo el tiempo pendiente de él, y ahora rara vez le prestaba algo de atención. No es que estuviera celoso, porque él no tenía ningún interés serio en esa mujer; simplemente se había acostumbrado a las cosas como estaban y eso era todo, se convenció. Acostumbramiento, y nada más.

Ni el correr de las horas ni el intenso entrenamiento quitaron esa sensación incómoda de bilis ardiendo en la boca de su estómago. Los mismos pensamientos se aparecían una y otra vez distrayéndolo de sus ejercicios y haciéndole perder la cuenta. Para cuando al fin dio por terminado su día de entrenamiento, había llegado a la conclusión de que debería hablar con Bulma al respecto.

Bulma aún no había regresado, le informaron sus padres, así que Vegeta decidió esperar por ella. Se sentó en el curvo techo de la Corporación Cápsula, donde estaba seguro que vería su avión al llegar. Eran las siete cuarenta: ya era bastante tarde para un día de shopping…

No podía creer que una simple terrícola le estuviera causando tanta inquietud, y justamente su sencillo origen era el punto fundamental de la cuestión: como terrícola, a ella en nada le afectaba su linaje real o su alto cargo militar. Siempre había estado cerca de él, atenta a sus necesidades; muchas veces incluso anticipándose a ellas y él ni siquiera necesitaba pedírselo. Había sido muy útil y si acaso a veces esperaba sólo las gracias. ¿Entonces si no era por intimidación ni para obtener algún beneficio a cambio, por qué lo hacía? Ella decía que él le agradaba. Entonces él también debía admitir que ella le agradaba…

Volvió a ver la hora: siete cuarenta y dos. ¡Ay, eso parecía una burla, cómo es que el tiempo nunca pasaba! Tomó el reloj, descontrolado, y comenzó a golpearlo impaciente contra el techo de la casa. En ese momento llegó Bulma, y encontró al padre de su hijo en una situación que le recordaba mucho a un mono tratando de abrir una nuez con una piedra. Vegeta se detuvo en el acto al verla, y luego de mirarse en silencio por un rato, ella pensó que era mejor no preguntar nada y seguir su camino. El saiyajin bajó hasta donde ella estaba.

- ¿Vegeta, podrías traerme las bolsas del shopping? –dijo Bulma llevando al bebé en brazos. –También compré algo para ti.

Vegeta prefirió ignorar el pedido de la mujer y la siguió hasta la casa. ¡Realmente no podía creer su cinismo para decir que compraba cosas para él cuando estaba teniendo una cita con otro hombre!

- Bulma, tenemos que hablar seriamente –dijo el saiyajin cuando al fin entraron al cuarto de su hijo, y Bulma comenzaba a cambiar los pañales del bebé.

- Claro, ¿de qué se trata Vegeta? –lo miró brevemente para seguir con su quehacer.

- Hay algo importante que quiero preguntarte, pero antes de eso quiero que me respondas ¡y que seas absolutamente sincera!: ¿Qué significa Trunks para ti?

- Ay, Trunks es lo mejor en mi vida. Eso ya deberías saberlo Vegeta –respondió muy feliz.

Muy opuesto a la chica, Vegeta sentía cómo su sangre hervía con ganas de matar. Era ilógico que sintiera celos de un terrícola, pero había desarrollado una especie de sentido de pertenencia sobre la mujer que ahora le hacía sentir ganas de matar a ese Trunks del que tanto hablaba. Seguramente había conocido a ese tipo mientras él estaba en el espacio; si se tratara de Yamcha al menos sabía qué puerta ir a golpear para romperle la cara. Sabía que no tenía ningún derecho legítimo de decirle con quién hacerse amiga o qué hacer con su tiempo, pero aún así…

- ¿Quién es él? –bufó el príncipe, con la última gota de control que podía sostener.

- ¿Qué?

- ¡Ya me oíste! ¿Quién es ese Trunks del que hablas todo el tiempo? ¡Quiero que me digas quién es!- gritó encaprichado.

Bulma se tardó en responder sólo lo que se tardó en comprender que Vegeta no estaba bromeando.

- ¡Pues Trunks es tu hijo, grandísimo tonto! –le gritó ella y el bebé empezó a llorar. Para el guerrero el shock fue tan grande que casi ni reparó en aquella insolencia.

- ¿Eh? ¿Se llama Trunks?

- ¿Pues cómo creías que se llamaba? –preguntó Bulma mientras trataba de calmar a su pequeño hijo, aunque no esperaba realmente una respuesta.

- … ¿"Bebé"? –tentó Vegeta después de buscar un momento en su memoria… tenía que admitir que no lo sabía…

Bulma pensó que Vegeta se había superado a sí mismo con esa respuesta. Se volvió a él apuntándolo con un dedo acusador.

- ¡Tú! ¿Cuánto hace que regresaste a la Tierra? –preguntó alterada. Vegeta estaba algo desorientado y no respondió de inmediato, pero ella prosiguió: -Yo te diré: ¡una semana! ¡Ha pasado una semana y aún no sabes el nombre de tu hijo! ¿Qué clase de padre eres? –dijo ella, haciéndolo sentir miserable; esta vez Vegeta no tenía ninguna excusa.

El bebé no paraba de llorar y no hacía más que agregar tensión a todo el intercambio. Bulma le dio la espalda a Vegeta para tratar de calmar a su hijo.

- Tú no serás así, ¿verdad Trunks? Cuando crezcas tú no harás sufrir a las mujeres.

Vegeta apretó los puños, no permitiría que siguiera tratándolo así.

- …No es un nombre saiyajin –comentó, optando por la ofensiva.

- Dijiste que podía ponerle el nombre que yo quisiera –respondió ella, aún molesta.

- Es horrible… -se cruzó de brazos dándole la espalda también.

Por unos momentos ambos se quedaron mirando en direcciones opuestas, mientras Trunks finalmente se quedaba dormido.

- ¿Y bien… qué era eso de lo que querías hablarme? –dijo al fin Bulma.

- Bah, ya no viene al caso… -respondió el saiyajin, encaminándose hacia la puerta.

- ¡Pero dijiste que era importante…!

Vegeta se detuvo un momento y miró sobre su hombro a la mujer que sostenía al bebé, como evaluándola. Recordó también todo por lo que había pasado ese día…

- Búscame más tarde –gruñó al marcharse, prefiriendo dejar esa decisión para cuando tuviera la cabeza más fría.

Bulma hizo lo que le dijo; más tarde fue a buscarlo. Estaba bastante intrigada por esa reacción, Vegeta no solía ser tan misterioso. Es más, ni siquiera había cenado con ellos, ¿en verdad se habría molestado porque no le gustaba el nombre que había elegido para Trunks? Eso era extraño porque Vegeta no tenía por costumbre involucrarse de esa manera… Por supuesto a Bulma esto la tenía sin cuidado, porque no era la clase de mujer que se desesperaba sin la aprobación de su hombre: ella tenía la confianza de ser una mujer fuerte y capaz; bien podía con todo ella sola. Además, era un problema menos si podía tomar las decisiones por su cuenta.

- ¿Vegeta?... ¿Estás ahí? –llamó a la puerta y se asomó un poco para ver si el saiyajin estaba en su habitación.

- Cierra la puerta –le ordenó la fría voz del príncipe. La joven entró y cerró la puerta tras de sí. El misterio no hacía más que ir en aumento…

Bulma entró mirando la habitación a su alrededor, bastante insegura porque no sabía de qué se trataba todo aquello.

- Vine porque dijiste que tenías algo importante que decirme… - comenzó.

Vegeta se levantó para recibirla y por unos momentos sólo clavó en ella sus profundos ojos negros. De alguna manera Bulma se sentía como un niño entrando al despacho del director de su escuela. Pero cuando el saiyajin habló, no lo hizo para regañarla, aunque sonara tan severo como si en verdad fuera un estricto director de escuela.

Bulma no respondió de inmediato, se quedó un poco boquiabierta, perdida en esos profundos ojos negros.

- S-solo para estar segura… -sonrió nerviosa - ¿qué significa "contraer matrimonio" en tu planeta?

No creía haber escuchado mal, pero quizá Vegeta se estaba refiriendo a otra cosa cuando le pidió que se casara con él. Sin embargo las intenciones quedaron claras cuando el saiyajin se acercó lo suficiente para que no le quedaran dudas.

- Significa que eres mía. –dijo.- Y que yo soy el único hombre que puede tocarte –agregó recorriendo una mano por su brazo, tan suave que casi le causaba un escalofrío.

- Sí, se parece mucho a lo que significa en la Tierra… -murmuró Bulma, resueltamente mirando un punto cualquiera en el techo porque la mirada del saiyajin la ponía nerviosa.

Pero fue inevitable que volviera a él sus ojos cuando éste la sorprendió al estirar una mano para llegar a su mejilla. El corazón de Bulma golpeaba muy fuerte; Vegeta no solía tener esos gestos. Llevaba su acostumbrado traje de batalla, pero aún a través de sus guantes blancos podía sentir el calor de su mano sobre su rostro…

- ¿Es un o es un no?

Bulma movió la cabeza lentamente de arriba a abajo y el saiyajin sonrió satisfecho. Se acercó aún un poco más y la besó a la manera de la Tierra, y fue tan sorpresivo e intenso como una fría ola del océano bañándola y dejándola aturdida…

Algún tiempo después de eso se casaron, pero no sin que su amor debiera pasar por una última prueba…

- Pues yo me opongo –dijo el Sr. Brief una noche después de la cena, cuando todos se encontraban en la sala.

- ¡Pero papá, qué estás diciendo! –se escandalizó su hija.

- El novio debe hablar primero con el padre, para pedirle la mano de su hija. Esa es la tradición –objetó.

- ¡Papá, estás siendo ridículo! –le recriminó la joven.

- Es mi condición –dijo el Sr. Brief, inamovible.

Vegeta se hubiera quedado al margen de todo eso si no fuera porque la Sra. Brief decidió darle un empujón –literalmente- hacia su marido. Vegeta volteó a ver a Bulma, pero la chica se estaba cubriendo la cara con una mano, cansada de las ocurrencias de su padre. Del otro lado la Sra Brief sonreía como siempre, expectante.

- ¿Puedo casarme con su hija? –dijo en voz baja, sin saber por qué se estaba prestando a semejante payasada.

- ¡SÍIIII! –exclamó feliz el Sr. Brief, tirando serpentina que, Vegeta adivinó acertadamente: había preparado de antemano para ese momento. Ahora el viejo estaba bailando de felicidad con su gato; la Sra. Brief, encantada, lloraba de felicidad; y Bulma aún se cubría los ojos, creía que le estaba dando un dolor de cabeza. Y en el medio de todo eso, Vegeta se cuestionaba seriamente por qué había querido formar parte de esa casa de locos.

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Y bien… espero que les haya gustado ^^ a mí me resultó divertido escribirlo. Esta vez no voy a adelantarles el próximo capítulo, sólo espérenlo ;) espero tenerlo listo muy pronto. Ya saben que su opinión me interesa, así que por favor déjenme saber lo que piensan. Desde ya muchas gracias a todos, y especialmente a Orcurita Xuxu y Nadeshico023 por señalarme con respeto las inconsistencias en el fic. ¡Gracias! Y a todos por el apoyo de siempre. ¡Un fuerte abrazo y nos leemos pronto! :)