¡Gracias por vuestros reviews! Lamento haber tardado tanto, aquí con el capítulo 9.
Disclaimer: Emm... ¿no lo dije antes? Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima.
Capítulo 9- Un encuentro problemático.
Pasados unos días, Lucy sentía como sus heridas ya sanaban y no le dolían tanto. Sonrió aliviada, también, al ver que sus amigas se creían eso de que se cayó de un columpio por haber estado haciendo el tonto.
Ahora sólo quedaba un problema. Y no por ser sólo uno éste era menor. Porque tener a Natsu vigilándote a todas horas no era algo que quisieras.
Al menos, no Lucy. Porque Lucy era una persona sensata y sabía que eso estaba mal, bastante mal.
-Así que realmente está enamorado de ti, ¿eh, Lucy?- Levy la miró de reojo con una sonrisa gatuna que decía de forma grande y clara que lo sabía todo. O, para ser más exactos, que sabía todo lo que creía saber.
-Cállate, Levy.- Dijo suspirando, entrando ambas por la puerta principal del instituto.- En realidad es una molestia. Tengo miedo de cambiarme en mi cuarto y he tomado la costumbre de hacerlo en el baño.
-Eso es patético.- Habló Erza, detrás suya.- Pero es amor.- Y acto seguido le guiñó un ojo levantando el pulgar de su mano derecha como si aceptara esa relación.
-¡Nada de eso!
Ambas amigas se echaron a reír. Y se sentaron en sus pupitres, en clase. La rubia sabía que no podía dejar las cosas con el pelirosado de ese modo, pues si así lo hiciera éste terminaría acosándolo de un modo más intenso y no lo quería.
Debía pedirle que dejara de vigilarla, y que si no le era posible hacerlo, al menos que se moderara. Porque escuchar sus comentarios a través de la ventana sobre la serie que ella estaba viendo no le parecía para nada agradable.
-No.
-¿Qué?
La rubia lo observó entornando los ojos.
-Si lo hago podría pasarte algo malo.- Argumentó él. Acto seguido bajó la mirada como si estuviera avergonzado y añadió:- Y no podría soportar que eso sucediera...
Lucy tenía toda la intención de replicarle eso a Natsu, pero se calló al ver su rostro. No sabía qué era lo mejor que podía hacer, y sentirse más protegida junto a él no ayudaba a su lado racional a tomar decisiones acertadas. ¿Será lo que dijo Erza, eso del amor? ¡Ni de coña! ¡Era un acosador!
-Bueno.- Dijo al fin.- Quiero que sepas que me molesta que lo hagas.- Se cruzó de brazos tratando de aparentar algo de seguridad, pero no lo conseguía, puesto que el pelirosado no mostró cambio alguno en su rostro.- Así que deja de hacerlo o, al menos, disimula un poco. Me siento incómoda.
Entrecerró los ojos, por si alguna expresión del rostro de Natsu se le escapaba, pero no fue el caso y se sintió ligeramente frustrada. No tenía ni la menos idea de como tratar con una situacióm como esa, así que se despidió y empezó a caminar con aires altivos.
-¡Lucy!- Un brazo pasó por su hombro y ese muchacho esbozó una jovial sonrisa.- ¡Qué bien que te encuentro!
La chica le dirigió una mirada frustrada y se separó de él con algo de forcejeo débil. El rubio sonrió y le dio un beso en la mejilla, mientras comentaba lo preocupado que había estado por ella, pues se enteró de que se había hecho daño.
-Estoy bien, Hibiki.- Dijo con algo de irritación.- Ahora me iba a casa.
-¿Sola?- Sonrió débilmente, dirigiendole a Natsu esa curvatura de labios maliciosa.- ¿Sin nadie que te acompañe?
-Así es. ¿Te apartarías?
El rubio alternó su mirada entre ambos jóvenes, y al final obedeció y se quedó observando como desaparecía tras una esquina. Después de aquello, caminó un poco hasta estar al lado del pelirosado y lo examinó con la mirada, tratando de intimidarlo, aunque al recibir él un poco de su atención se quedó tan satisfecho como asustado.
-¿Qué es lo que planeas?- Le preguntó.
-¿Yo?- Hibiki se señaló inocentemente, como si no tuviera ni la más mínima idea de lo que le estaban contando, pero al final se puso a reír y su mueca de descontento apareció de nuevo.- No es bueno que le prestes tu atención a personas que no la quieran. Lucy ya te lo pidió: déjala en paz.
Eso lo hirió. No quiso demostrarlo.
-¿Buscas venganza?- Quiso saber. Hibiki se encogió de hombros con una sonrisa irónica.
-Tal vez no sea exactamente yo quien deba decir esto, pero lo cierto es que sí. Ya estamos hartos de verte merodear por Magnolia como si no nos temieras; eso nos cabrea. Haces ver que tú puedes llegar a ser libre, pero sigues siendo nuestro esclavo.- Se acercó al pelirosado y mantuvo su sonrisa a escasos centímetros de él.
-No lo soy.- Escupió.- Y no te acerques a Lucy.
-Lucy esto, Lucy lo otro...- Hibiki canturreó esas palabras con obvias ganas de hacerle enfadar.- Es normal que no te olvidaras de ella, ¡pero por fabor...! ¿En qué te has convertido, Salamander?
Natsu ni se inmutó. Le dio la espalda al chico y repuso su camino, tratando de no armar otro escándalo como la última vez. Sin embargo, las palabras del rubio estaban clavadas ya en lo más hondo de su alma. Tal vez tenía razón: había cambiado demasiado. Pero él no consideraba que los cambios fueran malos, al contrario.
...
-¡Ya estoy hasta los cojones, pequeño demonio!- Le gritó Laxus a Natsu, cabreado a más no poder al darse cuenta que éste último le traía tres libros más.- ¿Qué coño intenta obligándome a leer toda esta basura?
-No lo sé.- Los dejó en la mesa sin inmutarse.- Debe ser importante para ella.
-Tsk.- Volvió a sentarse entre tres pilares de libros sobre astronomía y astrología. Si el pequeño demonio así lo decía, no le cabía mucha duda al respecto sobre lo cierto de sus palabras. El problema estaba en cumplir y leerlos, pues sólo se había terminado cuatro. Y le quedaban siete.
-Ayer, mientras cenábamos, comentó algo.- Dijo, para al menos darle una alegría al pobre Laxus.- Parece estar emocionada por el hecho de que hayas accedido a leerlos.
El rubio bajó la mirada.
-Es muy importante para ti, ¿verdad?- Preguntó, dándose cuenta de todas las molestias que Natsu se tomaba por ellos dos.
Se encogió de hombros con una sonrisa misteriosa, y acto seguido desapareció de la sala para dejar en soledad a Laxus. Junto con los siete libros que le quedaban por leer.
-Maldita sea...
