EL GUARDIÁN DE LAS LLAVES

Todo el texto en negrita es propiedad de J.K Rowling, el resto de mi imaginación.

Tras una gran comilona llegó el momento de leer el siguiente capítulo.
Dumbledore transformó las sillas y mesas en sofás y cojines y y todos se acomodaron listos para escuchar.

El director hizo su acostumbrado aclarado de garganta y habló.

- Bien, ahora que tenemos las barrigas llenas podemos empezar a leer, ¿quién quiere leer? - preguntó pasando su vista por los asistentes.

- Hagrid leerá este capítulo - informó Harry al director y al resto de los presentes.

Dumbledore le pasó el libro al guardabosques y volvió a sentarse entre Minerva y Severus.
Hagrid tomó el libro entre sus manos, poniendo mucho cuidado en no romperlo.

- El guardián de las llaves - leyó despacio.

- ¡Ese eres tú! - exclamó Ron sonriéndole con confianza al gigante.

BUM. Llamaron otra vez. Dudley se despertó bruscamente.-¿Dónde está el cañón? -preguntó estúpidamente.

- Teniendo en cuenta que es un estúpido no podría haberlo preguntado de otra manera - apuntó Charlie.

Se oyó un crujido detrás de ellos y tío Vernon apareció en la habitació un rifle en las manos: ya sabían lo que contenía el paquete alargado que había llevado.

- ¡Un rifle! ¡Se ha vuelto loco! - gritó Hermione.

- ¡Es un imbécil! ¡Cómo se le ocurre! - bramó Dean.

- ¿Qué es un rifle? - preguntó Ron.

- Es... es un... un objeto - respondió el azabache sin intención de revelar su utilidad.

- ¿Para qué sirve? - interrogó Seamus al ver la cara de espanto de sus amigos nacidos muggles.

- Para matar - reveló Hermione furiosa.

- Tampoco es tan así - intentó quitarle importancia el ojiverde.

- Claro, también sirve para herir de gravedad... - replicó Dean enfadado.

- ¿Es cómo una pistola? - preguntó Theo empezando a entender.

- Si, pero más grande... - informó Hermione.

Sirius, Remus y Severus mascullaron para sí promesas de venganza pero no dijeron nada sabiendo que Harry se pondría mal si los veía alterados.
Los profesores y los aurores estaban indignados y miraban al niño como si en cualquier momento pudiese desvanecerse.

- Tu tío es aún más idiota de lo que pensaba... - se indignó Draco.

- ¡NO ES SU TÍO! - gritaron Remus y Severus.

- Yo soy su tío - afirmó Remus.

- Y yo... Bueno, si Harry quiere... - dijo nervioso Severus.

- Me encantaría... - dijo con timidez Harry.

Severus le sonrió y Remus lo abrazó.

- Pero yo seré tu tío favorito - le susurró al oido el hombre lobo.

- Por suerte, yo soy tu único padrino y no tengo que compartirte - celebró Sirius tirando de él para liberarlo del abrazo de Remus y abrazarlo él mientras le sacaba la lengua al hombre lobo por encima de la cabeza del niño.

-¿Quién está ahí? -gritó-. ¡Le advierto... estoy armado!Hubo una pausa.

- Ya te voy a dar yo a ti armado - masculló Hermione.

- No te preocupes, no me va a disparar - la tranquilizó Harry apretando su mano.

Luego...¡UN GOLPE VIOLENTO!

Hagrid gritó al leer esto haciendo que todos saltaran en sus asientos y algunos lo miraran mal.

- Lo siento, es que está en mayúsculas - se disculpó.

- Está muy bien interpretado, las mayúsculas se leen así - lo defendió Remus.

La puerta fue empujada con tal fuerza que se salió de los goznes y, con un golpe sordo, cayó al suelo.

Un hombre gigantesco apareció en el umbral. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada,pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.

- ¡Hagrid! - adivinaron los alumnos.

El gigante se abrió paso doblando la cabeza, que rozaba el techo. Se agachó, cogió la puerta y, sin esfuerzo, la volvió a poner en su lugar.

- Muy bien, Hagrid, hay que reparar los daños ocasionados... - intervino Minerva.

El ruido de la tormenta se apagó un poco. Se volvió para mirarlos.
-Podríamos preparar té. No ha sido un viaje fácil...

- ¡Eso es! La hospitalidad ante todo... - se burló George.

- No importa que no hayas sido invitado... - añadió Fred.

- Eso no es cierto - replicó el ojiverde - Hagrid era mi invitado.

Se desparramó en e lsofá donde Dudley estaba petrificado de miedo.
-Levántate, bola de grasa -dijo el desconocido.

- ¡Bien dicho! - lo felicitó Ron.

- Si, hay que llamar a las cosas por su nombre - afirmó Pansy.

- Podríamos probar un hechizo antigrasa con el cerdo - sugirió Blaise con una sonrisa torcida.

- Yo me apunto - dijo Theo.

- Y nosotros - dijeron al mismo tiempo Ron, Dean, Seamus y Neville tras mirarse un segundo.

- Y yo - se apuntaron Draco, Dapnhe y Pansy.

- Deberá acompañaros un adulto... Y casualmente yo soy uno... - sonrió Sirius con malicia.

- ¿Tú un adulto? - preguntó el castaño haciendo que lo pensaba - No sé yo... Será mejor que os acompañe...

- Un adulto por niño - sugirió Charlie.

- Y todos podrán practicar un hechizo con el cerdo - aportó Bill.

- No puedo permitirlo - dijo a regañadientes Minerva.

- No se preocupe profesora, no le diremos cuando lo haremos... - la "tranquilizó" George con su mejor sonrisa de bromista.

Dudley se escapó de allí y corrió a esconderse junto a su madre, que estaba agazapada detrás de tío Vernon.

- ¡Cobarde! - exclamó Tonks.

-¡Ah! ¡Aquí está Harry! -dijo el levantó la vista ante el rostro feroz y peludo, y vio que los ojos negros le sonreían.

- Debías estar realmente asustado - supuso Neville.

- Hagrid es inofensivo - contestó Sirius por él.

- Cuando lo conoces si, pero antes... - replicó Hermione.

-La última vez que te vi eras sólo una criatura -dijo el gigante-. Te pareces mucho a tu padre, pero tienes los ojos de tu madre.

- Esa es la primera vez que me lo dijeron - recordó Harry con cariño.

- Cuantas veces te lo han dicho desde entonces? - preguntó Kingsley con una sonrisa, recordando a sus amigos fallecidos.

- ¡Bufff! Unas cuantas... - sonrió el ojiverde.

- Innumerables veces... - rió Hermione.

- Una media de una vez al día... - exageró Ron.

- Pero no me molesta - aseguró el niño - Me gusta que me recuerden que me parezco a ellos.

- Tienes muchas cosas de los dos pero... - dijo Sirius revolviéndole su ya de por sí revuelto pelo.

- Tú eres tú, con tus virtudes y defectos - terminó Remus acariciándole la mejilla.

- Y eres un gran chico, mucho más especial de lo que crees... - añadió Severus sonriéndole para la sorpresa de todos los que no sabían de su reciente reconciliación.

Tío Vernon dejó escapar un curioso sonido.
-¡Le exijo que se vaya enseguida, señor! -dijo-. ¡Esto es allanamiento de morada!

-Bah, cierra la boca, Dursley, grandísimo majadero -dijo el gigante.

- ¡Cierrale el pico Hagrid! - gritó Charlie.

- ¡Si! ¡Ya estamos hartos de sus tonterías! - bramó Bill.

Se estiró, arrebató el rifle a tío Vernon, lo retorció como si fuera de goma y lo arrojó a un rincón de la habitación.

- ¡Bieeenn! - gritaron todos, contentos de que el peligro hubiese pasado.

- Gracias, Hagrid, me volvió el alma al cuerpo - agradeció Hermione respirando tranquila por primera vez desde que se había enterado del contenido del misterioso paquete.

Tío Vernon hizo otro ruido extraño, como si hubieran aplastado a un ratón.

- Eso me da una idea... - sonrió travieso George.

- ¡Oh! Ya te sigo hermano... - entendió Fred.

-De todos modos, Harry -dijo el gigante, dando la espalda a losDursley-, te deseo un muy feliz cumpleaños.

- Esa fue mi primer feliz cumpleaños... - sonrió nostálgico Harry.

- Y no será el último - juró Remus.

- A partir de ahora... - prometió Sirius.

- Lo sé, lo sé... - interrumpió el ojiverde - Pero no necesito mucho...

- Lo tendrás igualmente - le aseguró Severus.

Tengo algo aquí. Tal vez lo he aplastado un poco, pero tiene buen sabor.
Del bolsillo interior de su abrigo negro sacó una caja algo aplastada.

- ¿Qué era? - preguntó Ron.

- Ahora lo verás... - respondió enigmático el niño.

Harry la abrió con dedos temblorosos. En el interior había un gran pastel de chocolate pegajoso, con «Feliz Cumpleaños, Harry» escrito en verde.

- ¿Tú primer pastel de cumpleaños? - preguntó Draco adivinando la respuesta.

- Si - contestó Harry pensando que se burlaría de él.

- ¿Estaba rico al menos? - volvió a preguntar el rubio pero esta vez con una sonrisa.

- El más delicioso que he probado nunca junto al que la señora Weasley me envió en Navidad - le aseguró devolviéndole la sonrisa.

- Gracias cariño, a partir de ahora te enviaré una cada semana - le agradeció Molly emocionada.

- ¿Y a mi? - preguntó Ron con un poquito de pelusilla.

- A ti también, mi pequeño glotón - le sonrió su madre con ternura.

Harry miró al gigante. Iba a darle las gracias, pero las palabras se perdieron en su garganta y, en lugar de eso, dijo:
-¿Quién es usted?

- ¡Harry! ¿Dónde están tus modales? - lo riñó Minerva.

- Escondidos detrás de su curiosidad - rió Ron.

- Un gigante aparece en medio de la noche y pretendes que conserve sus modales - replicó Remus.

- Es humano, no un robot, Minnie - lo defendió su padrino.

El gigante rió entre dientes.
-Es cierto, no me he presentado. Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwarts.

- Seguro que en ese momento lo entendió todo - refunfuñó Bill.

- Claro, como sabe todo sobre el mundo mágico - ironizó Charlie.

- Hagrid no sabía que yo era un completo ignorante de la magia - lo defendió Harry mirando mal a los dos chicos.

Los dos hermanos se levantaron y fueron a disculparse con el gigante dándole la mano y palmeándole cariñosamente la espalda.

- Lo siento Hagrid, no queríamos ofenderte - se avergonzó Charlie.

- Si, los dos los sentimos - se disculpó Bill.

- Estáis disculpados chicos, sé que no lo dijisteis con maldad - les sonrió el gigante.

Volvieron a sus asientos pero antes se acercaron a Harry y lo abrazaron.

- Lo sentimos, pequeñajo - le dijo Charlie arrepentido.

- Ya os habéis disculpado con Hagrid, es más que suficiente - les sonrió el niño abrazándolos él esta vez.

Extendió una mano gigantesca y sacudió todo el brazo de Harry
-¿Qué tal ese té, entonces? -dijo, frotándose las manos-. Pero no diría que no si tienen algo más fuerte.

- ¡Hagrid! No está bien beber delante de los niños - lo reprendió Molly.

Sus ojos se clavaron en el hogar apagado, con las bolsas de patatas fritas arrugadas, y dejó escapar una risa despectiva. Se inclinó ante la chimenea. Los demás no podían ver qué estaba haciendo, pero cuando un momento después se dio la vuelta, había un fuego encendido, que inundó de luz toda la húmeda cabaña.
Harry sintió que el calor lo cubría como si estuviera metido en un baño caliente.

- ¿Un baño caliente? Qué cosas más raras se te ocurren! - rió Sirius.

- La sensación era parecida, ¿vale? - se defendió el ojiverde poniendo morritos.

- Seguramente es la mejor comparación que se pueda hacer - le aseguró Remus guiñándole un ojo.

El gigante volvió a sentarse en el sofá, que se hundió bajo su peso, y comenzó a sacar toda clase de cosas de los bolsillos de su abrigo: una cazuela de cobre, un paquete de salchichas, un atizador, una tetera, varias tazas agrietadas y una botella de un liquido color ámbar, de la que tomó un trago antes de empezar a preparar el té.

- ¿Has hecho un hechizo de extensión en tus bolsillos? - preguntó Filius con ojitos brillantes.

- Bueno... Yo... Esto... - titubeó Hagrid.

- Tienes prohibido hacer magia, Hagrid - le advirtió Minerva.

- Él no la hizo. Nosotros hicimos ese hechizo en nuestro último año, ¿verdad Lunático? - mintió Sirius.

- Si, fue nuestro regalo de despedida - inventó Remus.

Hagrid les sonrió agradecido antes de seguir leyendo y Harry, que se había dado cuenta que habían mentido para ayudar al gigante, los abrazó a ambos.

Muy pronto, la cabaña estaba llena del aroma de las salchichas calientes.
Nadie dijo una palabra mientras el gigante trabajaba, pero cuando sacó las primeras seis salchichas jugosas y calientes,Dudley comenzó a impacientarse.

- ¡Cómo si las hubiera hecho para él! - no pudo evitar comentar Hagrid.

Tío Vernon dijo en tono cortante:
-No toques nada que él te dé, Dudley.
El gigante lanzó una risa sombría.
-Ese gordo pastel que es su hijo no necesita engordar más, Dursley, no se preocupe.

- Muy bien expresado, Hagrid - lo alabó Fred haciéndole una reverencia.

Le sirvió las salchichas a Harry, el cual estaba tan hambriento que pensó que nunca había probado algo tan maravilloso, pero todavía no podía quitarle los ojos de encima al gigante.

- Si que debías tener hambre... - susurró Ron en el oido del azabache - Habiendo probado la cocina de Hagrid...

- Tenía mucha hambre, pero de verdad están muy ricas - le dijo el ojiverde en el mismo tono de voz.

Por último, como nadie parecía dispuesto a explicar nada, dijo:
-Lo siento, pero todavía sigo sin saber quién es usted.

- ¡Di que sí Harry! ¡Que no se vayan por las ramas! - lo apoyó Angelina.

- ¡Eso,eso! ¡Al tema! - rió Katie.

- Está muy bien que no dejes que nada te distraiga de tu objetivo - lo felicitó Alastor.

El gigante tomó un sorbo de té y se secó la boca con el dorso de la mano.
-Llámame Hagrid -contesto-. Todos lo hacen. Y como te dije, soy el guardián de las llaves de Hogwarts. Ya lo sabrás todo sobre Hogwarts, por supuesto.

- Sabe que empieza por H... - intervino Bill.

- Que acababa por S... - añadió Charlie.

- Que tiene un guardián de las llaves... - aportó Tonks.

- Y que ese guardián eres tú - sonrió Percy.

- ¡Cuántas cosas sabes Harry! - fingió sorprenderse Fred.

- Eres un enano muy sabio - siguió George.

-Pues... yo no... -dijo Harry
Hagrid parecía impresionado.

- Ahora se disculpará - adivinó Ron.

- ¿Disculparse? ¿Por qué se va a disculpar? - preguntó Sirius.

- Porque es Harry - contestó segura Hermione.

- Y Harry siempre se disculpa por cosas de las que no tiene la culpa... - añadió Neville.

-Lo lamento -dijo rápidamente Harry

- ¿Ves? - dijeron los tres leones haciendo que Harry se pusiera rojo.

Sirius, Remus y Severus decidieron que averiguarían el por qué de esa culpa y si ésta estaba relacionada con los Dursley recibirían crucios hasta volverse locos.

-¿Lo lamento? -preguntó Hagrid, volviéndose a mirar a los Dursley, que retrocedieron hasta quedar ocultos por las sombras-. ¡Ellos son los que tienenque disculparse! Sabía que no estabas recibiendo las cartas, pero nunca pensé que no supieras nada de Hogwarts. ¿Nunca te preguntaste dónde lo habían aprendido todo tus padres?

-¿El qué? -preguntó Harry
-¿EL QUÉ? -bramó Hagrid-. ¡Espera un segundo!Se puso de pie de un salto.
En su furia parecía llenar toda la habitació Dursley estaban agazapados contra la pared.
-¿Me van a decir -rugió a los Dursley- que este muchacho, ¡este muchacho!, no sabe nada... sobre NADA?

- ¡Oh no! Es lo peor que pudiste decir Hagrid! - gritó Hermione tapándose la boca horrorizada.

- ¿Por qué? - preguntó Remus.

- Porque Harry pensará que Hagrid lo ve como un inútil... - informó Ron negando con la cabeza.

- Yo jamás pensaría algo así de ti, Harry - aseguró Hagrid preocupado por haber hecho sentir mal a su pequeño y querido amigo.

- Lo sé, pero en ese momento estaba un poco confuso - lo calmó el niño con una sonrisa.

Harry pensó que aquello iba demasiado lejos. Después de todo, había ido al colegio y sus notas no eran tan malas.

-Yo sé algunas cosas -dijo-. Puedo hacer cuentas y todo eso.

- Pobre Potty, intentando demostrar sus conocimientos muggles - rió Draco recibiendo un cojinazo del león.

Pero Hagrid simplemente agito la mano.
-Me refiero a nuestro mundo Tu mundo. Mi mundo. El mundo de tus padres.
-¿Qué mundo?
Hagrid lo miró como si fuera a estallar.
-¡DURSLEY! -bramó.
Tío Vernon, que estaba muy pálido, susurró algo que sonaba como mimblewimble.

- ¿Mimblewimble? - se extrañó Alastor.

- Sonaba así, pero nunca supe que quiso decir... - dijo Harry encogiéndose de hombros.

Hagrid, enfurecido, contempló a Harry.

-Pero tú tienes que saber algo sobre tu madre y tu padre -dijo-. Quiero decir, ellos son famosos. Tú eres famoso.

-¿Cómo? ¿Mi madre y mi padre... eran famosos? ¿En serio?

- En eso no te pareces a James... - sonrió el animago.

- ¿En qué? - preguntó curioso Harry.

- Tu padre hubiera preguntado primero por su fama... - dijo el hombre lobo.

- En realidad tampoco me importaba si eran famosos, sólo quería saber algo más de ellos... - confesó el azabache.

Todo el comedor sintió un nudo en la garganta y miraron al niño con pena.
Harry sintió que su piel ardía por la vergüenza y la rabia, vergüenza de haberse mostrado débil y rabia al ver las miradas de lástima que le dirigían.

-No sabías... no sabías... -Hagrid se pasó los dedos por el pelo,clavándole una mirada de asombro-. ¿De verdad no sabes lo que ellos eran?-dijo por último.

- ¿No te das cuenta que lo estás haciendo sentir peor? - lo reprendió Dapnhe.

- Lo siento, estaba tan furioso que no me di cuenta - se disculpó el gigante.

- No pasa nada, Hagrid - lo tranquilizó el ojiverde - Después de eso tú me hiciste realmente feliz...

De pronto, tío Vernon recuperó la voz
-¡Deténgase! -ordenó-. ¡Deténgase ahora mismo, señor! ¡Le prohíbo que le diga nada al muchacho!

- ¡Tú no eres nadie para prohibir que mi ahijado sepa la verdad! - bramó Sirius.

Un hombre más valiente que Vernon Dursley se habría acobardado ante la mirada furiosa que le dirigió Hagrid. Cuando éste habló, temblaba de rabia.
-¿No se lo ha dicho? ¿No le ha hablado sobre el contenido de la carta que Dumbledore le dejó? ¡Yo estaba allí! ¡Vi que Dumbledore la dejaba,Dursley! ¿Y se la ha ocultado durante todos estos años?

- Está claro que Harry nunca recibió esa carta - dijo con rabia Charlie.

-¿Qué es lo que me han ocultado? -dijo Harry en tono anhelante.

- Tu identidad - siseó Sirius.

- Te robaron el derecho a saber de dónde vienes - masculló Remus.

- Y esos odiosos muggles pagarán por todo eso y mucho más - prometió furioso Severus.

-¡DETÉNGASE! ¡SE LO PROHÍBO! -rugió tío Vernon aterrado.

Tía Petunia dejó escapar un gemido de horror.
-Voy a romperles la cabeza -dijo Hagrid-.

- Hazlo de una vez - rogó Blaise.

Harry debes saber que eres un produjo un silencio en la cabaña. Sólo podía oírse el mar y el silbido del viento.

-¿Que soy qué? -dijo Harry con voz entrecortada.

- Un mago, Harry, un m-a-g-o - deletreó Fred haciendo reir a Harry.

- ¿En serio? ¿Un mago? - le siguió la broma el ojiverde.

- Sí, un mago enano - se burló George.

- ¡No soy un enano! - replicó el niño ofendido.

- ¡Claro! ¡Eres enorme! - rodó los ojos Fred.

- Eres nuestro enano - le dijo George con cariño.

- Y no te cambiamos por nada - añadió Fred con ternura.

-Un mago -respondió Hagrid, sentándose otra vez en el sofá, que crujió y se hundió-. Y muy bueno, debo añadir, en cuanto te hayas entrenado un poco. Con unos padres como los tuyos ¿qué otra cosa podías ser? Y creo que ya es hora de que leas la carta.

- ¡Siiiiii! ¡Por fin! - celebró Sirius haciendo uno de sus extraños bailecitos y arrastrando a un aturdido Harry a bailar con él.

- Deja de avergonzar a tu ahijado, Black - le reprochó Severus con una sonrisa.

- No puede evitarlo, es un inmaduro - se burló el hombre lobo.

- Claro, Lupin y Snape, los maduros de... - replicó el animago.

Pero no pudo terminar al escuchar las carcajadas de su ahijado, que para él eran música celestial.
Harry lo abrazó aun riéndose de la infantil discusión de los tres supuestos adultos.

Harry extendió la mano para coger, finalmente, el sobre amarillento,dirigido, con tinta verde esmeralda al
«Señor H. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar». Sacó la carta y leyó:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore(Orden de Merlín, Primera Clase,Gran Hechicero, Jefe de Magos,Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos).

- Los nombres del director son la mitad de la carta - señaló Draco.

- Menos mal que es la carta más deseada de recibir, si no dejaríamos de leer antes de llegar a Dumbledore... - rió Blaise.

Querido señor Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia.
Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente, Minerva McGonagall
Directora adjunta

- Todas las cartas son iguales - sonrió Bill.

- Pero muy especiales - afirmó Charlie con nostalgia.

- Yo aún la conservo - confesó Tonks.

- Y yo... - se escuchó una y otra vez a lo largo y ancho del Gran Comedor.

Las preguntas estallaban en la cabeza de Harry como fuegos artificiales, y no sabía cuál era la primera.

- ¿Cómo fuegos artificiales, Potter? - se extrañó Alastor.

- Ehhh... Si, los fuegos artificiales estallan... y aturden un poco... Y así estaba yo... Aturdido y lleno de preguntas... - intentó explicar el ojiverde.

- Tu siempre estás lleno de preguntas - se burló Ron.

- Curiosidad Potter... - señaló Sirius.

- Y también curiosidad Evans... - añadió Severus.

- ¡Vaya mezcla! ¡Es una bomba! - rió Remus.

Después de unos minutos, tartamudeó:
-¿Qué quiere decir eso de que esperan mi lechuza?

- ¿En serio esa fue tu primera pregunta cuando averiguaste que eras mago? - interrogó Theo.

- Bueno... Yo quería saber... - respondió con timidez el Gryffindor.

- ¿Querías saber qué tenías que hacer para aceptar ir a Hogwarts, no? - adivinó Alastor.

- Si, eso fue lo que me parecía más importante en ese momento - afirmó Harry.

- Alastor tiene razón, serías un buen auror... - dijo Kingsley.

- ¿Por qué? - preguntó el azabache.

- Porque es importante pensar de manera práctica... - le explicó Tonks.

- Forma parte del entrenamiento de auror, pero por lo que he visto hasta ahora el pensamiento practico forma parte de ti - felicitó Alastor.

Estuvo a punto de decir que el pensamiento practico había sido necesario para sobrevivir a los Dursley, pero se calló al mirar a su padrino y a su tío que lo miraban orgullosos, no quería verlos furiosos de nuevo.

-Gorgonas galopantes, ahora me acuerdo -dijo Hagrid, golpeándose la frente con tanta fuerza como para derribar un caballo.

De otro bolsillo sacó una lechuza (una lechuza de verdad, viva y con las plumas algo erizadas), una gran pluma y un rollo de pergamino. Con la lengua entre los dientes, escribió una nota que Harry pudo leer al revés.

- ¿Esa es otra de tus habilidades ocultas? ¿Leer del revés? - preguntó Pansy sonriéndole.

- Descifrar la caligrafía de Hagrid ya es una habilidad en si... - informó Ron recibiendo un codazo por parte de Hermione - ¡Ay!

- No pasa nada Hermione, sé que mi letra es... complicada - aceptó el gigante sonriendo.

Querido señor Dumbledore:
Entregué a Harry su carta. Lo llevo mañana a comprar sus tiempo es horrible. Espero que usted esté bien.
Hagrid

- Entonces... Si puedes leer una nota de Hagrid al revés... - empezó Draco.

- Quizás puedas ayudar a Blaise a entender su propia letra - terminó Theo.

- Harry es especial, pero humano... - rodó los ojos Pansy.

- ¡No le pidáis imposibles! - intervino Dapnhe aguantando la risa.

Blaise los miró mal, pero sus amigos lo ignoraron y se rieron.

Hagrid enrolló la nota y se la dio a la lechuza, que la cogió con el és fue hasta la puerta y lanzó a la lechuza en la tormenta.

Entonces volvió y se sentó, como si aquello fuera tan normal como hablar por teléfono.

- Eso si debió parecerte extraño... - apuntó Hermione.

- Si, aunque a esas alturas todo era raro y nuevo para mí - sonrió el niño.

Harry se dio cuenta de que tenía la boca abierta y la cerró rápidamente.

- Deberías cerrarla... No querrás que te entren moscas... - rió Dean.

- ¿Moscas? ¿Por qué iban a entrarle moscas? - preguntó Neville.

- Es un dicho muggle para que cierres la boca cuando algo te deja asombrado - le explicó Hermione.

-¿Por dónde iba? -dijo Hagrid.
Pero en aquel momento tío Vernon,todavía con el rostro color ceniza, pero muy enfadado, se acercó a lachimenea.
-Él no irá -dijo.

- ¡Pues claro que irá! - gritó Sirius.

- ¿Te imaginas los titulares del Profeta? - preguntó George a su gemelo.

- El niño que vivió no asistirá a Hogwarts porque a su tío no le sale del... - recitó Fred.

- ¡Fred! ¡No seas grosero! - lo reprendió Molly.

Hagrid gruñó.
-Me gustaría ver a un gran muggle como usted deteniéndolo a él -dijo.

-¿Un qué? -preguntó interesado Harry

-Un muggle -respondió Hagrid-. Es como llamamos a la gente «no mágica» como ellos. Y tuviste la mala suerte de crecer en una familia de los más grandes muggles que haya visto.

- El problema no es que sean muggles, el problema es que son unos desgraciados - masculló Remus.

- Lo más grandes desgraciados que hayas podido conocer - siseó Severus.

-Cuando lo adoptamos, juramos que íbamos a detener toda esa porquería -dijo tío Vernon-. ¡Juramos que la íbamos a sacar de él! ¡Un mago, ni más ni menos!

- ¿Qué es lo que querían sacarte? - preguntó Sirius temiendo la respuesta.

- La magia, supongo - contestó Harry indeferente.

- ¡Pero es muy peligroso! - chilló Hermione.

- ¿Por qué? - prreguntó el ojiverde sin entender la angustia que reflejaba el rostro de su amiga.

- Porque atentar contra tu núcleo de magia podría volverte loco - respondió Remus pálido.

- O matarte - añadió Sirius más serio de lo que había estado en toda su vida e igual de pálido que su amigo.

Todos miraron al chico con miedo. ¿Qué le habrían hecho sus horrorosos tíos? Seguro que mucho más de lo que él decía.
Harry no pudo evitar recordar todos los castigos y palizas que su tío le infligió por su magia accidental.

-¿Vosotros lo sabíais? -preguntó Harry-. ¿Vosotros sabíais que yo era... un mago?

- ¡Claro que lo sabían! - gritó furiosa Minerva - Tu tía creció con una bruja y además lo ponía muy claro en la carta que dejamos.

-¡Saber! -chilló de pronto tía Petunia-. ¡Saber! ¡Por supuesto que lo sabíamos! ¿Cómo no ibas a serlo, siendo lo que era mi condenada hermana?Oh, ella recibió una carta como ésta de ese... ese colegio, y desapareció, y volvía a casa para las vacaciones con los bolsillos llenos de ranas, y convertía las tazas de té en ratas. Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad! Pero para mi madre y mi padre, oh no, para ellos era «Lily hizo esto» y «Lily hizo esto otro». ¡Estaban orgullosos de tener una bruja en la familia!

- ¡Lily era maravillosa! - gritó Severus levantándose de su asiento.

- Pero esa envidiosa de Petunia nunca quiso verlo... - escupió Remus.

- Le hacía la vida imposible cuando iba a su casa en vacaciones - recordó Severus con rabia.

Se detuvo para respirar profundamente y luego continuó. Parecía que hacía años que deseaba decir todo aquello.

-Luego conoció a ese Potter en el colegio y se fueron y se casaron y te tuvieron a ti, y por supuesto que yo sabía que ibas a ser igual, igual de raro,un... un anormal.

- ¡James no era anormal! - se indignó Sirius.

- Para ellos todos los magos son anormales así que... - se encogió de hombros Harry, acostumbrado a los comentarios de los Dursley.

- ¡Ellos son los anormales! - ladró Draco.

¡Y luego, como si no fuera poco, hubo esa explosión y nosotros tuvimos que quedarnos contigo!

Harry se había puesto muy pálido.

Tan pronto como recuperó la voz,preguntó:
-¿Explosión? ¡Me dijisteis que habían muerto en un accidente de coche!

- ¡Otra infamia! ¡Murieron peleando contra Voldemort! - bramó Sirius.

- Murieron para que tú vivieses - añadió Remus.

- Murieron por mi culpa... - se culpó Harry.

- ¡No! ¡Eso no es así! Tú no tienes la culpa de nada - lo consoló Remus limpiándole las lagrimas que habían empezado a caer por su cara.

- ¡Claro que no! Que tú sobrevivieses fue lo único bueno de esa noche - afirmó Sirius abrazándolo y sentándolo en su regazo.

- Eso y que Quien-tú-sabes desapareciera - añadió Neville.

- Pero que tu vivieses es mucho mejor - aseguró Ron.

- Claro, ¿quién nos iba a meter en líos entonces? - le dijo Hermione abrazándole.

- Hogwarts sería muy aburrido sin ti - aportó Ron abrazándolo a él y a Hermione.

-¿ACCIDENTE DE COCHE? -rugió Hagrid dando un salto, tan enfadado que los Dursley volvieron al rincón-. ¿Cómo iban a poder morir Lily y James Potter en un accidente de coche? ¡Eso es un ultraje! ¡Un escándalo! ¡Que Harry Potter no conozca su propia historia, cuando cada chico de nuestro mundo conoce su nombre!

-Pero ¿por qué? ¿Qué sucedió? -preguntó Harry con tono de apremio.

La furia se desvaneció del rostro de Hagrid. De pronto parecía nervioso.

- Gracias por decirme la verdad Hagrid - agradeció el Gryffindor.

-Nunca habría esperado algo así -dijo en voz baja y con aire preocupado-. No tenía ni idea. Cuando Dumbledore me dijo que podía tener problemas para llegar a ti, no sabía que sería hasta este punto. Ah, Harry, nosé si soy la persona apropiada para decírtelo, pero alguien debe hacerlo.

- Fuiste la más apropiada Hagrid... - aseguró el niño.

No puedes ir a Hogwarts sin saberlo.

- ¿Te lo imaginas? - preguntó Fred a su gemelo.

- ¿Por qué me miran todos? - dijo George levantándose y mirando a todos lados como un loco.

- ¿Por qué saben mi nombre? - siguió Charlie imitando las acciones del gemelo.

- ¿Por qué miran mi cicatriz? - añadió Bill uniéndose a los gestos exagerados de sus hermanos.

Todos rieron por el show de los Weasley que sabiamente habían sabido aliviar la tensión que se había creado en el gran comedor y hecho reír a Harry.

Lanzó una mirada despectiva a los Dursley.
-Bueno, es mejor que sepas todo lo que yo puedo decirte... porque no
puedo decírtelo todo. Es un gran misterio, al menos una parte...Se sentó, miró fijamente al fuego durante unos instantes, y luego continuó.-Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no sepas su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...

- "El sin nariz" no es tan famoso en el mundo muggle - rió George.

- Es un don nadie - dijo Fred poniendo una fingida cara pena.

-¿Quién?

-Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.

-¿Por qué no?

- Por miedo - intervino el director.

- Eso es algo que aún no entiendo, el miedo a decir su nombre - confesó el niño mirando a su pelirrojo amigo.

- Crecí con ese tabú, ¿qué quieres? - se defendió Ron.

- Voldemort - dijo de repente Harry haciendo estremecer a muchos entre ellos a su amigo.

- ¿A qué ha venido eso? - le preguntó el pelirrojo molesto.

- Es para que te acostumbres - le respondió el azabache con una sonrisa traviesa.

-Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor.

Su nombre era...Hagrid tragó, pero no le salía la voz.
-¿Quiere escribirlo? -sugirió Harry.

-No... no sé cómo se escribe. Está bien...

Hagrid tomó aire, abrió y cerró varias veces la boca sin poder emitir ningún sonido.

- Voldemort - dijeron Harry y Hermione al ver que a Hagrid le costaba tanto decirlo.

- Gracias, chicos - les sonrió el gigante.

- ¿Sabes Harry? - le confió Remus - Tu padre y tu padrino se pasaron años intentando sin éxito que Hagrid dijese su nombre.

- Sí y tú lo conseguiste en... ¿cuanto? ¿media hora? - dijo Sirius enfurruñado haciendo que Harry se riese.

-Hagrid se estremeció-. No me lo hagas repetir.

- Gracias por no hacérmelo repetir - volvió agradecer el gigante.

De todos modos, este... este mago, hace unos veinte años, comenzó a buscar seguidores.

Y los consiguió.

- Nosotros conocemos a algunos - dijo Theo con amargura.

- Más de lo que nos gustaría - afirmó Draco.

- Los hemos sufrido - aseguró Daphne.

- Y seguiremos haciéndolo - añadió triste Pansy.

- No tendréis que hacerlo más chicos - aseguró Sirius acordándose de la promesa que le había hecho a su ahijado.

- Claro que no, os ayudaremos - añadió Remus haciendo que los Slytherin los miraran con esperanza.

- No volveréis a estar solos, tenéis mi palabra - prometió Severus.

Harry abrazó a su padrino y a su tío agradecido de que cumpliesen su promesa de ayudar a sus ya amigos. Luego se dirigió a su profesor de Pociones y lo abrazó también.
Severus se sorprendió al principio pero después le correspondió feliz de su nueva relación con el niño.

Algunos porque le tenían miedo,

otros sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder.

Eran días negros, Harry. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos...

Sucedían cosas terribles.

Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató.

Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts.

Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien-tú-sabes temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos.»

Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca.

- Lily era la bruja más inteligente y James el mago más gamberro... - corrigió Remus.

- Por suerte maduró en su último año - intervino Minerva recordando a su díscolo amigo.

- Sólo maduró para conseguir el amor de Lily - rió Sirius.

- Su amor ya lo tenía, yo era su mejor amigo y esas cosas se saben - sonrió con nostalgia el Pocionista.

¡En su época de Hogwarts eran los primeros!

- Lily, Severus y Remus eran los primeros en los estudios, James y Sirius los primeros en las bromas y las travesuras - especificó el director con una sonrisa.

Supongo que el misterio es por qué Quien-tú-sabes nunca había tratado de ponerlos de su parte...

Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro.»

- James y Lily jamás se unirían a la oscuridad - aseguró Sirius.

Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de en medio.

Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde vosotros vivíais, el día de Halloween, hace diez años.

Tú tenías un año.Él fue a vuestra casa y... y...

Harry cerró los ojos para retener las lágrimas que amenazaban con salir. Sirius se dio cuenta y volvió a ponerlo en su regazo abrazándolo fuerte, Harry escondió su cara en el cuello de su padrino y lloró en silencio por lo que había pasado esa noche.
Esa noche lo había perdido todo, a sus padres, a su padrino, a su tío... Le habían robado su infancia, su felicidad...

Tras unos minutos, en los que todos intentaban consolarse unos a otros, Hagrid volvió a leer.

De pronto, Hagrid sacó un pañuelo muy sucio y se sonó la nariz con un sonido como el de una corneta.

-Lo siento -dijo-. Pero es tan triste... pensar que tu madre y tu padre, la mejor gente del mundo que podrías encontrar...»

Quien-tú-sabes los mató.

Y entonces... y ése es el verdadero misterio del asunto... también trató de matarte a ti.

Supongo que quería hacer un trabajo limpio, o tal vez, para entonces, disfrutaba matando.

Pero no pudo hacerlo.¿Nunca te preguntaste cómo te hiciste esa marca en la frente?

No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica te tocó.

Fue la que terminó con tu madre, tu padre y la casa, pero no funcionó contigo, y por eso eres famoso, Harry.

- No imagino un motivo peor para hacerse famoso - dijo Hermione agarrando la mano del ojiverde que había dejado de llorar pero aún apoyaba su cabeza en el hombro de Sirius.

La mayoría agacharon la cabeza ante el comentario de la niña. ¿Cuántas veces habían deseado ser tan famosos como Harry Potter? Pero nunca se habían parado a pensar en el coste de esa fama...

Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto tú, y eso que acabó con algunas de las mejores brujas y de los mejores magos de la época (los McKinnons, los Bones, los Prewetts...)

Arthur abrazó a su mujer que había comenzado a sollozar al mencionar la muerte de sus amados hermanos pequeños.

y tú eras muy pequeño. Pero sobreviviste.

Algo muy doloroso estaba sucediendo en la mente de Harry. Mientras Hagrid iba terminando la historia, vio otra vez la cegadora luz verde con más claridad de lo que la había recordado antes y, por primera vez en su vida, se acordó de algo más, de una risa cruel, aguda y fría.

- ¿Lo recuerdas? - se extrañó Remus.

- Un poco... - reconoció el niño.

- Pero ¿cómo puede recordarlo? - preguntó Sirius mirando a Dumbledore.

- Bueno, creo que todos estamos de acuerdo en que Harry es un niño muy especial - contestó enigmático el director.

Hagrid lo miraba con tristeza.
-Yo mismo te saqué de la casa en ruinas, por orden de Dumbledore.

Y te llevé con esta gente...

- El peor error de mi vida - gimió el gigante deseando haber dejado a Harry con Sirius.

-Tonterías -dijo tío Vernon.

Harry dio un respingo. Casi había olvidado que los Dursley estaban allí.

- Ahora podrás empezar a olvidarte de ellos, cachorro - le dijo Sirius acariciándole el pelo.

- Nosotros te ayudaremos a olvidarlos para siempre, pequeño - le aseguró Remus depositando un beso en su despeinado cabello.

Tío Vernon parecía haber recuperado su valor.

Miraba con rabia a Hagrid y tenía los puños cerrados.

- Atrévete a atacar a Hagrid - retó Seamus deseando que ese tonto muggle se llevara su merecido.

-Ahora escucha esto, chico -gruñó-: acepto que haya algo extraño acerca de ti, probablemente nada que unos buenos golpes no curen.

- Jamás le pondrás una mano encima a Harry - el tono de amenaza de Severus era claro, y el niño deseó que éste nunca descubriese que eso ya había pasado y en repetidas ocasiones.

Y todo eso sobre tus padres... Bien, eran raros, no lo niego y, en mi opinión, el mundo está mejor sin ellos...

- ¡Cómo puede ser tan cruel! Está hablando de sus padres... - sollozó Molly.

Recibieron lo que buscaban, al mezclarse con esos brujos...
Es lo que yo esperaba: siempre supe que iban a terminar mal...
Pero en aquel momento Hagrid se levantó del sofá y sacó de su abrigo un paraguas rosado.

- Atraviesalo con el paraguas - jaleó Blaise cansado, como todos, de la sarta de tonterías que salían de la morsa.

Apuntando a tío Vernon, como con una espada, dijo:
-Le prevengo, Dursley, le estoy avisando, una palabra más y...

Ante el peligro de ser lanceado por la punta de un paraguas empuñado por un gigante barbudo, el valor de tío Vernon desapareció otra vez. Se aplastó contra la pared y permaneció en silencio.

- A ver cuanto dura calladito - intervino Theo.

-Así está mejor -dijo Hagrid, respirando con dificultad y sentándose otra vez en el sofá, que aquella vez se aplastó hasta el suelo.

Harry, entre tanto, todavía tenía preguntas que hacer, cientos de ellas.

-Pero ¿qué sucedió con Vol... perdón, quiero decir con Quién-ustedsabe?

- ¡Qué tiempos aquellos en los que no decían su nombre! - celebró Ron haciendo que Harry le sacase la lengua.

-Buena pregunta, Harry Desapareció. Se desvaneció. La misma noche que trató de matarte. Eso te hizo aún más famoso. Ése es el mayor misterio,sabes... Se estaba volviendo más y más poderoso... ¿Por qué se fue?»
Algunos dicen que murió. No creo que le quede lo suficiente de humano para morir. Otros dicen que todavía está por ahí, esperando el momento, pero no lo creo.

- Pues deberías creerlo - dijo el niño haciendo que todos los que no sabían de su aventura con Voldemort lo miraran suspicaces.

La gente que estaba de su lado volvió con nosotros. Algunos salieron como de un trance.
No creen que pudieran volver a hacerlo si él regresara.»

La mayor parte de nosotros cree que todavía está en alguna parte, pero que perdió sus poderes.

- Aún le quedan poderes - murmuró el ojiverde siendo sólo oído por sus mejores amigos, Sirius y Remus.

Que está demasiado débil para seguir adelante.

Porque algo relacionado contigo, Harry, acabó con él. Algo sucedió aquella noche que él no contaba con que sucedería, no sé qué fue, nadie lo sabe...

- Me gustaría saberlo - deseó el curioso azabache.

- Tú y tu curiosidad acabaran por matarme de un ataque al corazón - lo riñó Sirius abrazándolo con cariño.

Pero algo relacionado contigo lo confundió.
Hagrid miró a Harry con afecto y respeto, pero Harry, en lugar de sentirse complacido y orgulloso, estaba casi seguro de que había una terrible equivocación.

- Ahora pensará que en realidad Hagrid se confundió de Harry Potter - adivinó Hermione con una sonrisa de superioridad.

- ¡Cómo si pudiera haber más de un Harry Potter! - se burló Dean.

Harry les sacó la lengua a los dos antes de echarse a reír.

¿Un mago? ¿Él? ¿Cómo era posible?

- Pues tu padre mago... - explicó Fred despacio.

- Puso una semillita en tu madre bruja y... - siguió George.

- Nació un mago pequeñajo - terminó Charlie con sonrisa sexy.

Había estado toda la vida bajo los golpes de Dudley

y el miedo que le inspiraban tía Petunia y tío Vernon.

Si realmente era un mago, ¿por qué no los había convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que lo encerraban en la alacena?

- Eso habría sido genial - rió Ron.

- Pero eres demasiado noble para hacer algo así - aseguró Neville.

Si alguna vez derrotó al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota?

-Hagrid -dijo con calma-, creo que está equivocado. No creo que yo pueda ser un mago.

- Es que no eres un mago - dijo Sirius fingiendo seriedad - Eres un gran mago.

- No es cierto padrino, soy un mago mediocre - confesó el niño.

- No eres el mejor de tu curso, eso es cierto - intervino Severus - Pero es porque estás preocupado por otros problemas por las que ningún niño debería pasar.

Para su sorpresa, Hagrid se rió entre dientes.

-No eres un mago, ¿eh? ¿Nunca haces que sucedan cosas cuando estás asustado o enfadado?

- Alguna cosa sucedió, sí - rió bajito el ojiverde.

Harry contempló el fuego. Si pensaba en ello... todas las cosas raras que habían hecho que sus tíos se enfadaran con él, habían sucedido cuando él,Harry, estaba molesto o enfadado: perseguido por la banda de Dudley, de golpe se había encontrado fuera de su alcance; temeroso de ir al colegio con aquel ridículo corte de pelo, éste le había crecido de nuevo y, la última vez que Dudley le pegó, ¿no se vengó de él, aunque sin darse cuenta de que lo estaba haciendo? ¿No le había soltado encima la boa constrictor?

- ¿Te das cuenta? Todo eso que hiciste no es magia accidental corriente, es magia de alto nivel - le indicó Remus.

Harry miró de nuevo a Hagrid, sonriendo, y vio que el gigante lo miraba radiante.
-¿Te das cuenta? -dijo Hagrid-. Con que Harry Potter no es un mago...Ya verás, serás muy famoso en Hogwarts.

- Eso fue la peor parte de venir a Hogwarts - confesó Harry mortificado.

Pero tío Vernon no iba a rendirse sin luchar.
-¿No le hemos dicho que no irá? -dijo con desagrado-. Irá a la escuela secundaria Stonewall y nos dará las gracias por ello.
Ya he leído esas cartas y necesitará toda clase de porquerías: libros de hechizos, varitas y...

- ¡Tú sí que eres una porquería! - insultó Seamus.

- La mayor de las porquerías... - ratificó Neville.

-Si él quiere ir, un gran muggle como usted no lo detendrá -gruñó Hagrid-. ¡Detener al hijo de Lily y James Potter para que no vaya a Hogwarts!Está loco. Su nombre está apuntado casi desde que nació. Irá al mejor colegio de magia del mundo. Siete años allí y no se conocerá a sí mismo. Estará con jóvenes de su misma clase, lo que será un cambio. Y estará con el más grande director que Hogwarts haya tenido: Albus Dumbled...

- Es Dumbledore, Hagrid - lo corrigió Fred divertido.

- ¿Tantos años en Hogwarts y aún no te has aprendido su nombre? - se burló sin malicia George.

- ¡Claro que lo sé! Pero me interrumpió - se justificó el gigante.

-¡NO VOY A PAGAR PARA QUE ALGÚN CHIFLADO VIEJO TONTO LEENSEÑE TRUCOS DE MAGIA! -gritó tío Vernon.

- Eso ha sido una estupidez, Dursley - afirmó Sirius.

- Sólo hay dos reglas con Hagrid - asintió Remus.

- Todo lo que él considera mono y adorable es altamente peligroso y... - enumeró Bill.

- Jamás insultes a Dumbledore en su presencia - terminó Charlie.

Pero aquella vez había ido demasiado lejos. Hagrid empuñó su paraguas y lo agitó sobre su cabeza.

-¡NUNCA... -bramó- INSULTE-A-ALBUS-DUMBLEDORE-EN-MIPRESENCIA!

Agitó el paraguas en el aire para apuntar a Dudley. Se produjo un relámpago de luz violeta, un sonido como de un petardo, un agudo chillido y, al momento siguiente, Dudley saltaba, con las manos sobre su gordo trasero,mientras gemía de dolor.

- ¿Qué pasó? - preguntó Theo curioso.

- ¿Que hizo? - interrogó impaciente Draco.

- Ahora lo veréis, fue muy divertido - les contestó Harry riendose al rememorar ese momento cola-cerdo.

Cuando les dio la espalda, Harry vio una rizada cola de cerdo que salía a través de un agujero en los pantalones.

Todo el comedor estalló en carcajadas, incluso los profesores reían divertidos por la ocurrencia del gigante.
Costó que dejaran de reír para seguir con la lectura.

Tío Vernon rugió. Empujó a tía Petunia y a Dudley a la otra habitación,lanzó una última mirada aterrorizada a Hagrid y cerró con fuerza la puerta detrás de ellos.

- Por favor, dime que no volvieron a salir - rogó Pansy.

- No volvieron a salir por esa noche - confirmó Harry sonriendo a la morena.

- ¡Bieeenn! - celebraron los Slytherin siendo seguidos por los Gryffindor y los Hufflepuff, al final los Ravenclaw también se unieron a la celebración.

Hagrid miró su paraguas y se tiró de la barba.
-No debería enfadarme -dijo con pesar-, pero a lo mejor no ha funcionado. Quise convertirlo en un cerdo, pero supongo que ya se parece mucho a un cerdo y no había mucho por hacer.

El comedor volvió a estallar en carcajadas histéricas por el comentario del gigante.
Harry comenzó a sentirse cansado y deseó que el capítulo terminara pronto.

Miró de reojo a Harry, bajo sus cejas pobladas.
-Te agradecería que no le mencionaras esto a nadie de Hogwarts -dijo-. Yo... bien, no me está permitido hacer magia, hablando í permiso para hacer un poquito, para que te llegaran las cartas y todo eso... Era una de las razones por las que quería este trabajo...

- Lo siento Harry, no quise decir eso - se disculpó el gigante avergonzado.

- No te preocupes Hagrid - lo tranquilizó el niño con una sonrisa.

- Tenía ganas de volver a verte, de verdad - le aseguró el guardián.

- Hagrid, me llevaste mi primer pastel de cumpleaños, me cocinaste unas ricas salchichas, me quitaste el frío de los huesos con el fuego... ¿Crees que necesitas disculparte? - le preguntó el ojiverde arqueando una ceja.

- Gracias, por todo lo que hiciste por mi cachorro - le agradeció el animago.

- Estaremos en deuda contigo eternamente - añadió el hombre lobo.

- No me debéis nada - aseguró Hagrid - Yo quiero mucho a Harry y haría cualquier cosa por él.

-¿Por qué no le está permitido hacer magia? -preguntó Harry.

- ¡Y tu curiosidad ataca de nuevo! - rió Hermione.

-Bueno... yo fui también a Hogwarts y, si he de ser franco, me el tercer año. Me rompieron la varita en dos. Pero Dumbledore dejó que me quedara como guardabosques. Es un gran hombre.

-¿Por qué lo expulsaron?

- Otra de los grandes misterios de Hagrid, ni tu padre, ni Lunático, ni yo conseguimos averiguarlo - le confió Sirius.

- Pero tal vez Harry consiga averiguarlo - aventuró Remus con una sonrisa traviesa.

-Se está haciendo tarde y tenemos muchas cosas que hacer mañana -dijo Hagrid en voz alta-. Tenemos que ir a la ciudad y conseguirte los libros y todo lo demás.

- Hagrid y su gran habilidad para cambiar de tema - rodó los ojos Ron.

Se quitó su grueso abrigo negro y se lo entregó a Harry
-Puedes taparte con esto -dijo-. No te preocupes si algo se agita. Creo que todavía tengo lirones en un bolsillo.

- Y aquí termina el capítulo - informó Hagrid.

- Cenemos entonces y después descansaremos - dijo el director - Mañana proseguiremos con la lectura.

Y hasta aquí por hoy.

Muchas gracias a todas las que dejáis comentarios, me encanta leerlos y también gracias a los lectores fantasma.