CAPÍTULO 9

PARA QUE TÚ LO NOTES

Pero por ahora miraré anhelante, esperando

Que tú me desees

Que tú me necesites

Que tú me notes a mí

. . . . . . . . . . . . .

No lo había esperado en lo absoluto. Estaba fallando. Por primera vez en su existencia estaba fallando en comprender algo. Sus ojos le permitían ver una mujer frágil y devastada, enterrándose cada vez más profundamente en la verdad de sus palabras, pero en vez de quebrarse, se había levantado volviéndose más fuerte y lo había golpeado. No sólo eso, el había sentido esa bofetada a través de su hierro y para alguien que estaba usando sus manos desnudas, eso era imposible de lograr. Ni si quiera Yammy tenía la suficiente fuerza para volver su hierro inefectivo.

Nadie había dicho nada acerca de las habilidades físicas de esa mujer. De hecho estaba seguro que carecía de ellas. Pero, justo en el momento en que su mano le golpeó el rostro, ella era tan fuerte como cualquier espada.

Al menos estaba reaccionando de la forma en que él había anticipado que lo haría al comienzo. Pero estaba fallado al no poder concebir cómo, cuando el final se acercaba, ella tenía fuerza para pelear contra su cautiverio.

Que mujer tan extraña…

Estaba cansándose de pensar en ella. Estaba fracasando al momento de sacársela de la cabeza mientras caminaba a una batalla que seguramente iba a terminar con uno de los contrincantes muertos. Estaba volviéndose difícil para él no intentar analizarla incluso en ese momento, después de todo, ella era el mayor misterio que se había encontrado en su existencia. No sólo su mente era un misterio para él, sino que todo ese concepto del corazón en que creía con tantas fuerzas. Él por su parte, fracasaba en entenderlo. Se preguntó mientras caminaba a su destino, si estaba yendo en esa dirección por ella.

Descartó de inmediato dicho pensamiento por considerarlo irracional. No creía en semejante estupidez.

En vez de eso, se concentró en las cosas que estaban pasando en Hueco Mundo. Cirucci Sanderwicci y Gantenbainne Mosqueda habían sido derrotados por esos niños también. Supo de ello justo alrededor del momento en que se dirigió al cuarto de control de los pasillos y encontró a Gin jugando con los caminos que estaban siguiendo esos niños. Después de una conversación bastante trivial, supo que Kurosaki Ichigo estaba cerca de las recamaras de los Espadas también.

Mirando a las pantallas, se dio cuenta que cerca de las recamaras de la novena espada, una Shinigami llamada Kuchiki Rukia había encontrado a Aaroniero Arruerie. Sabía que Gin había planeado que ello ocurriera pero carecía del conocimiento del porqué lo había hecho. ¿Entretenimiento para él, quizás?

¿A quién le importa?

Esa shinigami iba a morir de una u otra forma de cualquier manera, ya fuese si encontraba a Aaroniero, Nnoitra, Halibel o incluso a él mismo. Su destino había sido la muerte desde el momento en que pisó Hueco Mundo con la ridícula esperanza de poder rescatar a Inoue Orihime.

De cualquier forma la orden era quedarse quietos en sus recamaras y él había obedecido. Se quedó cerca de la habitación de Orihime Inoue que estaba justo a unas cuantas de la suya. Había permanecido sereno y silencioso, esperando que ellos llegaran. Pero su paciencia se estaba agotando… era tiempo de mostrarle a esa mujer la veracidad de sus palabras. La mejor forma de hacerlo, era matando a ese niño llamado Kurosaki Ichigo.

Con un extraño sentimiento aun persistiendo en su mejilla, sabía lo que necesitaba hacerse si quería que Inoue Orihime olvidara su vida humana y se uniera a ellos, dándole completamente su poder a Lord Aizen para que hiciese con ella lo que se le diera la gana.

Ese chico, por otro lado, lo comenzaba a irritar. Le había dado la oportunidad de vivir en la tierra perdonándole la vida… y ahora había ido a Hueco mundo buscando morir. No, era aún más patético que eso, había ido a Hueco Mundo intentando llevarse a esa mujer de vuelta con él.

Él fue el sujeto de quién se despidió.

Aún así se preguntó si tenía suficiente tiempo para matar a Kurosaki Ichigo y volver a ver si esa mujer había comido. Le había dado una hora y si volvía a su habitación y su plato estaba intacto realmente la iba a amarrar y obligarla a comer. Tal vez una forma más efectiva de hacerla hacer cualquier cosa que ellos quisiesen habría sido llevándole los cuerpos muertos de sus amigos para que los pudiera ver, o dejarlos vivos y agonizantes para que se pudrieran en lo más profundo de Hueco Mundo mientras ella los veía suplicar por sus vidas.

Fracasaba en entender por qué estaba pensando en ella con tanta frecuencia. Estaba rumbo a una batalla y aun así, la única cosa en la que podía pensar era en como su cabellera rojiza anaranjada le había rozado la mejilla gentilmente el día anterior cuando le sanó el brazo. La misma mejilla que luego había bofeteado con todo su "corazón".

"Estás tatareando.

¡Oh! ¡Lo estoy! No me había dado cuenta. ¿Acaso te desperté?

¿Por qué estas tatareando, mujer?

Mi madre solía cantarme esta canción cuando era sólo una niñita. Usualmente me la cantaba cuando me caía y me hacía un raspón en la rodilla, para que parara de llorar. Fue justo antes de que muriera. Pero… No recuerdo las letras que van con la melodía. ¡Qué tonta soy!

Eres rara. Hueco Mundo no es un lugar para canciones…"

Su voz, su suave tatareo, era algo que debía removerse de la cabeza si quería matar a Kurosaki Ichigo rápidamente. Caminó con calma con sus manos dentro de los bolsillos, viendo que el corredor se acababa y unas escaleras comenzaban hacia abajo, conduciendo a un nivel inferior. Usó pesquisa, y sintió al muchacho allá abajo.

Pero al mismo tiempo, información le llegó. La Novena Espada, Aaroniero Arruerie había sido derrotado. No, para ser más especifico la información que le había llegado a través de sincronización instantánea era la muerte mutua de Kuchiki Rukia y Aaroniero Arruerie. La novena espada tenía una especial habilidad para informarle al resto de las Espadas acerca de los enemigos con los cuales se encontraba. El reporte tomó a Ulquiorra un poco por sorpresa, estaba convencido que el reaitsu de esos niños no podría haberse comparada con el de una Espada. Ahora, todas sus creencias estaban siendo puestas a prueba. Ya no tenía más tiempo que perder. Iba a acabar con el problema desde su raíz.

Usó sonido para moverse más rápido al punto en que veía a Kurosaki Ichigo moverse. Finalmente, llegó al punto más alto justo desde el cual se veía el piso inferior. Ambos pisos estaban conectados por una larga escalera como todas las torres de Las Noches. Abajo, en el piso inferior, lo vio. Ichigo Kurosaki estaba parado en ese lugar, mirándolo paralizado. Obviamente había sentido la misma información que tenía Ulquiorra en ese momento. Su amiga estaba muerta.

Así que lo has notado. – Kurosaki Ichigo se volteo lentamente para mirar a Ulquiorra que estaba parado en el nivel superior. – Estaba convencido que eras todo fuerza y nada de cerebro. – Kurosaki Ichigo no se movió. Pero, se veía aterrado de haber encontrado a Ulquiorra en su camino. – Sorprendentemente, parecer ser que tienes capacidades sensoriales decentes.

Tú eres…

Ha pasado un buen tiempo, Shinigami.

Que tú me desees

Que tú me necesites

Que tú me notes a mí