Lo sé, lo sé, lo séeeeeee. Me desaparecí así sin más y en verdad lo siento muchísimo. Pero admito que me super bloquee con esta historia. ¡Meses sin actualizar! Soy terrible, pero les pido una disculpa del tamaño de Júpiter. *llora ríos*

Pero gracias a las musas, hoy pude completar este capítulo que había dejado inconcluso. Espero lo lean y me dejen sus comentarios.

Me desharía en más disculpas, pero mejor lo hago al final. Espero lo disfruten.


*Capítulo nueve*

Corazón bullicioso

.

.

.

Lucy siempre se sorprendía de la facilidad y rapidez con la que el tiempo pasaba. Aún recordaba con claridad aquella misión en la que pudo ayudar a su equipo a recuperar a los niños de las garras de Cantique, ya era un año de eso.

Y ahora se dirigía al gremio, como cada mañana, saludando a quien le diera los buenos días. El maestro había decidido hacer un nuevo examen de ascenso a mago de Clase S, y teniendo consideración sobre la situación de Fairy Tail en el último examen, estaba segura que serían nombrados los mismos, así que debía estar lista para aceptar ser compañera de quien se lo pidiera.

Lo cual le entristeció, pero al mismo tiempo aceptaba que aún no era lo suficientemente hábil como para ser una de las participantes principales.

Pero pronto, estoy segura— susurró para sí misma.

¿Pronto qué, Rubi-Lu? — preguntaron. Ni siquiera era necesario voltearse para saber quién era.

Stingy, ¿tan temprano por aquí?— dijo ella con una sonrisa que necesitaba ocultara su nerviosismo.

Venía a pedir noticias sobre Natsu-san— explicó repentinamente serio, caminando a su lado— ¿Han sabido algo de él?

No desde hace una semana. — dijo Lucy— Pero estoy segura que está bien, es él después de todo. — añadió. Su semblante sereno dijo a Eucliffe que no mentía ni así misma ni a nadie. Se sintió también tranquilo— Ahora que tiene pistas del paradero de Igneel, no se detendrá hasta encontrarlo. A menos que necesitemos su ayuda, como él mismo dijo.

Gajeel-san también se fue, ¿cierto?

Sí, se fueron en direcciones completamente opuestas. Pero cabe la posibilidad de que terminen convergiendo en el mismo lugar.

El rubio no preguntó más, en su lugar la miró fijamente como siempre que necesitaba saber qué pasaba por la mente de la chica. Sonrió. A lo largo de esos doce meses había conseguido saber todo lo que le faltaba de Heartfilia. ¡Y por todos los dragones, se había enamorado más! Era increíble hasta para él. Pues jamás creyó que llegaría a sentir tanto por alguien más, no más de lo mucho que quería a Lector, aunque por supuesto, era un tipo de amor bastante distinto. Como fuera, se sentía afortunado al poder sentir el corazón tan rebosante de nuevas emociones. Lo hacían sentir más fuerte, más poderoso y más capaz para cualquier cosa, aunque bien sabía también de las vulnerabilidades, más no le importaba.

Quizá pronto se atrevería a decírselo a Lucy. Algo le decía que no sería rechazado, ¿cómo podría? Era Sting Eucliffe después de todo.

Estoy seguro de que te llevarás una enorme sorpresa cuando Makarov nombre a los candidatos. Apuesto una cena en mi casa. — dijo con ese aire superior que se cargaba siempre.

La chica lo miró de reojo no muy convencida. Pero no tuvo más remedio que aceptar, las cosas siempre eran así entre ella y el idiota ese. Súbitamente una risita afloró desde el fondo de su garganta, ni cómo quejarse, en realidad le encantaba que así fuera.

Si yo gano, limpiarás mi casa por una semana— sentenció rotundamente, despidiéndose y entrando al gremio.

Como si fuera a pasar.

Se quedó un momento allí, mirando la enorme puerta y a los magos que iban entrando por ella, había pasado bastante tiempo y algunas veces, como esa, aún le parecía algo increíble, casi un sueño. Tenía un gremio a su cargo y no que fuera demasiado ególatra, pero sentía lo hacía bien, claro no lo hacía completamente solo; había establecido una fuerte alianza con el gremio más fuerte del reino, se habían fortalecido sus habilidades aún más, entre muchos otros detalles.

Estaba casi satisfecho, sólo pedía una cosa más.

Vio venir a su amigo por la otra calle muy bien acompañado. A Rogue también le estaba yendo bien y estaba contento por su compañero. Se alejó en la dirección contraria. Tenía varias cosas que atender en su propio gremio.

.

.

.

.

.

.

.

Te volverán a nombrar y esta vez podrás conseguirlo, Levy— le dijo a la bajita palmeando la cabecita en son de apoyo.

P-pero, ¿con quién haré equipo si él ya no está? Seguramente Lu-chan irá con Cana otra vez— espetó distraídamente.

Si ese era el problema por supuesto que él mismo se ofrecería, pero era algo imposible. Y esa era la primera vez que se disgustaba por pertenecer a Sabertooth y no a Fairy Tail. Levy detuvo su marcha cuando se dio cuenta de que el moreno ya no caminaba a su lado, repasó sus palabras, sabía cuál de todas ellas era la que había producido ruido en la cabeza de Cheney y no había sido su intención, pero era cierto lo que dijo. Sin Gajeel en el gremio, no tendría un compañero y era un detalle que la entristecía. Porque extrañaba a su amigo, al hombre hosco y torpe del que había estado enamorada.

¿Por qué el corazón cambia?

Porque puede que encuentre la fuerza y vivacidad al lado de otro… quizá.

Se acercó a Rogue y le picoteó las mejillas, se había vuelto tan sencillo saber qué era lo que pasaba por la cabeza de ese muchacho.

Pediré a alguien más que me acompañe, es obvio. Además, tú tienes que encargarte de evaluar en las pruebas a los de tu gremio, aunque pudieras entrar conmigo, tu deber igual te lo impediría, Rogue— le aseguró con los brazos en jarra sobre la cadera y un marcado mohín de amonestación en el rostro.

Cierto— había olvidado eso— Bien, anda ya que se te hace tarde.

¡Qué regañón!— exclamó divertida. Agitó la mano y entró.

¿En qué momento se había vuelto un loco celoso? Ni idea. Por supuesto que no montaba una escena, porque no era su estilo y porque no podía si Levy aún no era su chica. Le gustaba conservar algo de sensatez. Además, podía ver y también comprendía que la peliazul aún estaba confundida.

No sabía lo que podía sentirse cuando tu corazón está frente a una encrucijada, cuando se arremolina ante la presencia de dos personas especiales, cuando se siente dividido, indeciso, porque él sólo había querido a una persona y esa persona era Levy. Pero lo comprendía a grandes rasgos, basado en suposiciones.

Era sentirse egoísta y prudente al mismo tiempo. Respetar los sentimientos de ella y querer hacer lo posible para que lo eligiera a él. Lo siente desbordarse. Respiró profundo y llamó a la calma para que acudiera a su interior. El día apenas empezaba y tenía muchas cosas en las que ayudar a Sting. .

.

.

.

.

.

.

.

Y los últimos dos participantes son: Levy McGarden y Lucy Heartfilia.— anunció Makarov, con el pecho hinchado de orgullo. Sus compañeros aplaudieron y una de ellas se quedó anonada.

¡¿Y-yo?!

Mereces la oportunidad de demostrar hasta dónde has crecido, Lucy— aseguró el maestro— Pueden escoger a quien prefieran para compañero, tienen dos semanas para prepararse. Es todo, hijos.

El anciano se retiró, seguido de cerca por Mirajane y Laxus. La rubia seguía estática, con los ojos bien abiertos y los labios temblorosos. Las chicas se acercaron a ella, ligeramente preocupadas por su reacción.

¿Qué sucede?— cuestionó la pelirroja, incitándola a sentarse.

No creo dar el ancho… — susurró.

Pero si ya has participado antes, ¿por qué crees que puede ser diferente?— quiso saber Cana, pues ella había sido testigo de su voluntad y astucia cuando habían sido compañeras.

No estoy lista— aseguró, dirigiendo la vista a sus manos, que permanecían unidas sobre sus rodillas.

Podemos hacerlo, Lu-chan— intervino Levy, deseando poder darle ánimos a su mejor amiga y de paso a ella misma.

¡Claro que pueden!

.

.

.

.

.

.

.

El sol despuntaba en lo más alto del cielo despejado, y dos amigas disfrutaban la leve brisa de primavera, derrumbadas sobre el verde césped del bosque, muy cerca del lago.

¿Hace cuánto no hacíamos esto, Levy-chan?— quiso saber Heartifilia, mirando de reojo a su amiga.

Demasiado tiempo… ¿Y sabes? Lo extrañaba mucho— admitió.

Yo también— respondió con una sonrisa— ¿Cómo están las cosas con Rogue?

Todo bien. Estar con él me hace sentir tantas cosas que antes no, pero…

¿Sigues sintiendo algo por Gajeel?— preguntó con cautela.

Siento muchas cosas por él, pero ninguna de ellas es ya ese amor primerizo y apabullante.

Si es el caso, ¿qué es lo que te detiene?— se giró para quedar apoyada sobre su vientre, y así poder apreciar a la peliazul mucho mejor. Sabía que estaban a punto de tocar temas críticos.

Gajeel me dijo que me quiere… Pero no entiendo bien en qué sentido, Lu-chan, ¡lo último que quiero es herirlo, mucho menos dejarlo sólo a él y a Lily!— exclamó angustiada, cubriéndose el rostro con las manos.

No le respondió inmediatamente, si ella se encargaba de aclararle ese punto a su amiga, ¿qué es lo que podría pasar? Si bien hacía mucho que no pasan tiempo de calidad juntas, cuando estaba cerca siempre observaba bien a ese trío e incluso antes de que Rogue apareciera en sus vidas, Lucy sabía que Gajeel correspondía los sentimientos de Levy, al menos, a los de ese entonces.

Y era triste, la entendía. McGarden no quería alejar al Dragon Slayer, pues seguía siendo una persona importantísima para ella, pero tampoco debía alejar a Rogue por el bien del otro, a costa de su felicidad. Y estaba casi segura que el mismo Redfox, a pesar de ser bastante lento, se había percatado de que su tiempo ya había expirado. Por eso se había marchado sin preocupaciones. Lo admiraba por ello. Abrazó a la más bajita y le habló con dulzura.

Eso sólo pasará si tú lo permites. Gajeel entenderá, es lento pero no tonto. Ya no retengas esos sentimientos, porque puede que también Rogue se aleje, ¿quieres eso?

¡No!— aseveró levantando el rostro, no lloraba pero la melancolía opacaba sus irises oliva.

Entonces sabes qué debes hacer. Siempre lo has sabido.

Gracias, Lu-chan.

Se abrazaron con más fuerza, y cayeron en cuenta de lo mucho que habían necesitado esa compañía.

¿Cuándo le dirás a Sting lo que sientes?

Aún no lo sé. Muero de nervios.

¡Yo también!

Y rieron. Qué importaba la distancia si aún conservaban ese inquebrantable vínculo de hermandad.

Mientras tanto, dos personas permanecían ocultas, en silencio y habiendo escuchado todo, se retiraron con la misma precaución con la que habían llegado.

.

.

.

.

.

.

.

Te dije que serías nombrada, Rubi-Lu— dijo con mofa, recargado contra el poste de luz.

Mira me dijo que estabas enterado desde un inicio, eso es hacer trampa, Stingy— espetó con una mueca.

Se le llama ser astuto. Y de cualquier forma, dudo que nos dejes cenando solos cuando ya tengo todo listo. — tendió una mano en su dirección.

Bien, pero sólo lo haré por Lector. — dijo, rechazando su ofrecimiento, encaminándose a la casa, enseñándole la lengua de manera infantil.

Eucliffe fue tras ella, encantado.

.

.

.

.

.

Se deshizo de la cinta que adornaba su cabello, después de abrazar a su amiga éste había terminado hecho un desastre. Mientras descendía por el sendero, peinaba como podía su rebelde flequillo, y a los lejos distinguió una alta figura. Cuando se acercó más, pudo reconocer la espalda de Rogue.

Ella sonrió, y el arrebol se dispersó por sus mejillas. Es verdad, sé lo que debo hacer. Llegó hasta él con absoluto sigilo, se puso de puntillas (tanto como pudo) y cubrió le cubrió los ojos.

¿Espera a alguien, buen señor?

En efecto, dulce dama— respondió. Capturó las manos que le obstruían trabajosamente la vista, volteó para poder mirarla de frente, como le gustaba y allí estaba ella. Bajita, alegra y haciéndole una travesura.

Su corazón se desbalanceó al recordar lo que había escuchado de aquellas dos. No tenía nada de qué inquietarse. La luz de la farola iluminaba parcialmente el rostro de Levy, resaltando el cremoso color de su piel. Y la visión de ella no era distinta, la escasa luz resaltaba el abrasador color de los ojos de Rogue, intensificándolo, haciéndola temblar.

— Rogue yo…

Los árboles se agitaron, el viento se llevó sus hojas y la oración sin terminar de McGarden. Cheney permanecía encorvado sobre el cuerpo más pequeño, con el rostro oculto tras el contrario y los labios posados en la boca ajena, en la boca que había esperado probar durante, quizá, muchas vidas. Más allá de un beso infantil y torpe, menos que un beso lujurioso, tan sólo un beso verdadero, como cápsula con sobredosis de sentimientos.

Se desprendió lentamente y sin ir demasiado lejos de esos labios.

No sé qué fue lo que hiciste para tenerme a tu merced, Levy McGarden. Pero por favor, hazte responsable de estos sentimientos— musitó con quietud, mirándole fijamente.

Se quedó perdida otro poco en la sensación que quedaba sobre su piel y las palabras que escuchó le recorrieron por completo, como una montaña rusa.

Sí.

Pidió un nuevo beso, que le fue concedido al instante. Igual de hermoso, igual de poderoso.

.

.

.

.

.

.

.

Odio admitirlo, pero amo tu comida— dijo, limpiándose los labios y suspirando satisfecha.

Se nota, limpiaste el plato— afirmó con burla.

¡¿Qué insinúas?!

Nada, Rubi-Lu, nada.

Heartfilia lo observó con el ceño fruncido y desvió la mirada hacia una de las lámparas de la sala en la que habían cenado. Se sentía más nerviosa de lo normal. Levy-chan le había preguntado sobre cuando hablaría con ese arrogante rubio sobre sus sentimientos, y en realidad no lo sabía, ni siquiera sabía si hallaría el suficiente valor.

El calor de otro cuerpo a su lado le alertó de la cercanía de Eucliffe, escandalizándose internamente. Como pudo le enfrentó para intentar hacer que se alejara al menos unos centímetros.

Una expresión seria y analítica estaba frente a ella, y esa boca que solía hablar con egolatría, pero también con sinceridad estaba demasiado próxima para su gusto.

¿Q-qué quieres, Sting?

Besarte.

¿E-eh?

Be-sar-te, así…— enmarcó las mejillas con ambas manos y se aproximó poco a poco, hasta lograr su objetivo.

Sting sintió a detalle toda la secuencia de reacciones que experimentó el cuerpo de Lucy desde el inició de su contacto: temblor, parálisis, relajación y finalmente correspondencia.

Un beso candoroso que asemejaba al de un experto.

Ella percibió cómo el aire se perdía con el paso de los segundos. Y le empujó, logrando separarse un poquito.

Déjame… respirar al menos— susurró, agitada.

Bien, ya lo hiciste.

Y la besó de nuevo, y otra y otra más. Siempre con una sonrisa autentica entre beso y beso.

Me tienes loco— admitió sin vergüenza— Y sé que yo a ti— Lucy enrojeció hasta las orejas y lo maldijo en su mente.

¿Y-y qué si es así? No te creas tanto… Stingy.

Él rió, no por burlarse, no porque fuera un juego, sino porque estaba feliz. Ya no le hacía falta nada, se sentía completo, lleno, fuerte, invencible.


¿Ta-dá? Puede que ésto esté llegando a su fin, puede que no. Aún no estoy segura y a decir verdad, no sé cuánto tarde en subir el siguiente, pero meses no serán, no de nuevo, en serio.

Muchas gracias por todos sus comentarios, sí los leí y en seguida los contesto. ¡Mil disculpas nuevamente! *cries a lot*

BESOS~