Capítulo 9. Los gigantes vivían sobre el cielo.

Me removí incomoda. Sentía calor, mucho calor, hiciera lo que hiciera apenas si podía moverme. Estaba a la orilla de la cama y detrás de mí había un gran peso caliente incapaz de mover.

Quiero levantarme.

El brazo de Natsu estaba fuertemente en mi cintura, sujetándome con más fuerza de la necesaria, como si temiera que hubiera desaparecido en mitad de la noche. Podía sentir cada parte de su cuerpo contra el mío, el espacio era tan reducido, la única capa que nos separaba era la de mi ropa y la de su bóxer, y aun así, podía sentir más de lo necesario.

Trague saliva con nerviosismo. Podía sentir sus piernas alrededor de las mías, su pecho que se extendía y baja en mi espalda, su rostro pegado en mi nuca. Su aliento calentando mi piel.

No puedo más. Quiero salir. Esto es demasiado comprometedor.

Intenté retirar su brazo de mi cintura, pero Natsu no parecía estar de acuerdo conmigo, se aferró más a mí logrando unir partes que antes no estaban unidas.

Me estremecí bajo su tacto.

Sus caderas estaban demasiado juntas conmigo, aquello que siento no podía ser lo que yo creo que es… ¿Cierto? ¡¿Cierto?!

Oh, dios.

No puedo creer lo que veo. No y no. El calor que sentía en mi pecho era por la mano de Natsu estaba por debajo de mi blusa, piel con piel, aprisionando uno de mis senos con su mano. Quería gritar, enrojecí hasta las orejas. ¿Cómo se ha podido atrever a tocarme de esa manera?

¿Natsu comportándose como un niño? Sí, claro. Inocente mis petacas.

Le di un pequeño codazo a Natsu.

–¿Natsu?

Natsu hiso un leve sonido, pero no se despertó. De hecho, solo logró que su agarre se hiciera más fuerte, unió mas su cadera a mi trasero dejándome sentirlo por completo.

Más calor. Mi rostro estaba rojo, podía sentirlo, podía sentir mil cosas a la vez, cosas que nunca antes había sentido jamás.

Supongo que, incluso él puede despertar de esta manera.

–Natsu… despierta. –volví a insistir.

–Lu…cy…

Sus caderas se restregaron más contra mí haciéndome jadear de nerviosismo. Dios, este hombre. ¿Qué acaso no es consciente de lo que pasa?

–¡Natsu! –hablé con urgencia.

Natsu comenzó a moverse hasta que por fin despertó. Su rostro se restregó contra mi nuca dejándome sentir sus labios sobre mi sensible piel.

–Hueles tan bien…. –murmuró Natsu con ensoñación.

–Sí, ajá, suéltame. –comencé a quitar su mano de mi blusa. –Vamos, campeón, ya es de día…

Natsu gruñó levemente, dejándome sentir las vibraciones de su pecho contra mi espalda. Su mano en mi seno comenzó a moverse haciéndome estremecer. Nunca nadie me había tocado y se sentía… raro.

–Natsu…. –hablé con severidad.

Una fuerte corriente de calor llenó por completo mi cuello. Su lengua áspera y caliente lamió con gran ímpetu parte de mi ya sensible piel. Lancé un pequeño grito sorprendiendo a Natsu.

Su mano se retiró por completo de mi pecho y se reincorporó. Natsu bostezó mientras se sentaba en la cama, se talló los ojos mientras me miraba confundido.

–Buenos días, Lucy. –vociferó somnoliento y despreocupado como siempre.

–¿Esa es tu forma de decirme "buenos días"? –dije completamente exaltada mientras señalaba con mi dedo índice hasta su entrepierna.

Mi rostro estaba rojo y por dentro me estaba muriendo de la pena, pero estaba más enojada e indignada que la vergüenza era casi mínima.

No es como si yo antes no hubiera visto a Natsu desnudo, ya me había acostumbrado completamente, el simple hecho de que Natsu sea un hombre lobo significa muchos desnudos, a él no le causaba vergüenza andar en paños menores y yo ya me encontraba acostumbrada como su compañera de equipo. Pero verlo desnudo es una cosa muy diferente a verlo con una erección.

Eso sobrepasa mis límites.

Antes de que Natsu abriera la boca yo ya me encontraba saliendo de su camarote. Tenía que borrar todas las sensaciones que me seguían invadiendo, necesitaba un baño de agua muy fría. Estaba luchando con el impulso de aventarme por la borda para disfrutar del agua de mar mañanera para rebajar la calentura por un momento.

No, solo terminaría golpeándome los pies.

...

–¿Por qué tardaron tanto? –preguntó Erza. –El desayuno se va a enfriar.

Me limite a quedarme callada. Definitivamente nunca explicaré lo sucedido esta mañana, le lancé una mirada asesina a Natsu para que se guardara todo comentario incensario. Él asintió levemente, intimidado por mi mirada.

Me senté y comí lo que me habían servido. Aunque no tuviera tanta hambre como la que espere tener, anoche había sido un día tan pesado e incluso esta mañana.

–Coman rápido. –ordenó Erza bebiendo su taza de café. –Estamos a poco tiempo de llegar hasta la isla de los gigantes.

–¿Los gigantes no se ofenderán porque les llegamos de sopetón? –preguntó Gray.

–Oh, no. –contestó Erza, despreocupada. –Los gigantes son seres amables y solidarios.

Puede que en eso, Erza tenga razón, pero los gigantes no son solo dulzura y amabilidad, los gigantes, por naturaleza son guerreros y con su tamaño son contrincantes muy peligrosos.

–Esta es la primera vez que voy a esa isla. –comentó Natsu con la boca llena. –Espero que sea divertido.

–Juvia igual. –comentó Juvia, feliz. –Nunca he visto a un gigante en persona.

–Dicen que son tan altos que tocan las nubes. –comentó Levy.

–Son buena gente. –comenté, encogiéndome de hombros. –Y no solo ellos son los grandes, todas las cosas son grandes.

Erza asintió.

–Espero que Elfman se encuentre bien. –comentó Erza. –Hace mucho que no lo visitamos.

–¿Elfman? –preguntó Natsu, sorprendido. –Me suena ese nombre…

–Elfman es un mitad gigante-mitad humano. –dije tomando por sorpresa a todos.

–¿Cómo puede ser eso? –preguntó Gray, incrédulo.

–Por lo que sé, su madre era humana y su padre un gigante, creo. –contesté, insegura. –No recuerdo bien la historia, ¿Erza?

–Estas en lo correcto. –asintió Erza. –Como siendo mitad humano, Elfman puede adoptar el tamaño de un humano promedio y el de un gigante. Muy útil debo decir.

–¿Un humano promedio? –me burlé. –Elfman es enorme incluso en su modo humano.

Erza asintió con una sonrisa divertida. Natsu seguía en su pose pensativa mientras murmuraba el nombre de Elfman.

–No puedo recordar…

–Ya olvídalo. –dije. –Te quemaras la cabeza.

Como era de esperarse, la isla de los gigantes era, por mucho, más grande que las otras islas. Parecía un enorme continente. Los arboles eran altos tanto que se perdían a la vista, no solo los arboles eran grandes, las cosas que son pequeñas por naturaleza, en este lugar, eran enormes, las flores, los pequeños insectos, etc.

El barco parecía de juguete a lado de este lugar. Nosotros parecíamos del tamaño de una flor promedio.

El pueblo del sol, como así lo llaman, era muy lindo, grandes casas que cubrían el pueblo, diferentes personas conversando cómodamente y niños gigantes jugando de un lado a otro.

–¡Woah! –exclamó Natsu emocionado. –¡Mira esa manzana Lucy! ¡Es enorme!

–Una de esas nos duraría todo un viaje ¿No crees? –pregunté, riendo. –Se podría hacer un gran pastel de manzana.

–¡Ohh! ¡Quiero pastel!

–No es el momento de distracciones. –dijo Erza. –Tenemos que hablar con Elfman lo más pronto posible.

Natsu no pareció entender muy bien aquello, ya que en un dos por tres ya estaba corriendo por todos los puesto mirando con admiración todo lo que se cruzaba por su campo de visión.

Negué con la cabeza.

–Está bien. –dije rápidamente. –Vamos, él ya se las arreglará para encontrarnos.

No dudaba ni un momento del olfato de Natsu, estoy segura de que cuando se percate de que se alejó del grupo comenzará a buscarnos.

Poco a poco comencé a recordar la primera vez que vine aquí con Erza, yo estaba igual de estupefacta como los chicos que miraban embobados todo. Los gigantes no parecían desatinarse con nuestra presencia, estaban más que acostumbrados a encontrarse con humanos, los gigantes se encargaban muy bien de la comercialización de alimentos. Le ganaban mucho a la cosecha de verduras y frutas enormes.

Nos dejamos guiar por Erza que parecía recordar muy bien el camino hacia lo oficina de Elfman. El gran reto era tocar la puerta para que nos abriera.

–¿Ah? Pero mira quienes tenemos aquí. –dijo una voz detrás de nosotros. –Pero si son Erza y Lucy.

–¡Oh, Elfman! –saludó Erza, complacida. –Ha pasado un largo tiempo.

Elfman sonrió asintiendo. Se acercó un poco para abrirnos la enorme puerta de su casa. Pasamos maravillándonos con todo lo que había dentro, era sencillamente igual que una casa normal, solo que todo, todo, era de proporciones anormales. Ni siquiera podíamos sentarnos en el sofá, era demasiado grande para escalar.

–Déjenme ayudarlos. –dijo Elfman.

Extendió su mano permitiéndonos subir en ella, sin problemas nos ayudó a sentarnos en la mesa del comedor. De una taza de té bebimos los cinco.

–Esto es fenomenal. –murmuró Gray, sorprendido.

–Gracias por tu hospitalidad, Elfman. –comenté.

– La hospitalidad es de hombres, pequeña Lucy. –dijo Elfman satisfecho. –Por cierto, ¿Por qué han venido tan repentinamente?

Erza se limpió la boca con el enorme pañuelo que nos había dado Elfman al lado de la gran rebanada de pastel. Es una lástima que Natsu se esté perdiendo todo esto.

–Quería hablar contigo por el tema de la amenaza demoniaca. –habló Erza con firmeza. –Estoy segura que a estas alturas los gigantes ya estarán al tanto de la situación.

Elfman se sentó en una de las mesas y tenía una expresión pensativa en su rostro.

–Por supuesto. –contestó Elfman. –No ha llegado una carta del consejo hace poco. Antes de que ese demonio nos atacará.

Erza y yo nos miramos rápidamente, sorprendidas. Me acerque movida por la curiosidad.

–¿Demonio? –preguntó Erza.

–Seee… –contestó Elfman pesadamente. –Ese hombre apareció de la nada diciendo uno que otros disparates sobre la exterminación de lo puro…

–¿Hombre? –pregunté, incrédula.

Elfman asintió.

–Se apareció ante nosotros con aspecto de hombre. –nos contó Elfman. –Pero era más que obvio que era un demonio. Uno muy poderoso. ¡El poder es cosa de hombres! –dijo en una fuerte exclamación. Luego volvió a la seriedad. –No parecía los típicos demonios que rondan por ahí, este tenía la mirada vacía y cruel a un nivel superior.

¿A un nivel superior? ¿Podría ser…?

–¿Qué dijo exactamente? –preguntó Erza con seriedad.

–Dijo que los gigantes seriamos los primeros en desaparecer. –contestó Elfman con una sombra oscura cubriendo sus ojos. –Porque los gigantes somos lo más cercanos a la familia celestial. Después de todo, antes nosotros vivíamos en el cielo junto a ellos, hasta que la isla cayó.

Abrí mucho los ojos, sorprendida. ¿Tremenda isla estuvo una vez en el cielo? Erza no parecía sorprendida por todo lo que Elfman estaba contando, detrás de nosotros, Gray, Juvia y Levy parecían igual de sorprendidos que yo.

–También mencionó algo sobre secretos de la familia celestial. Que los gigantes los sabían y por eso debían ser exterminados, que tenían más sangre pura que demoniaca. –comentó Elfman.

–¿Qué sabes sobre la familia celestial? –pregunté ganándome una mirada de sorpresa de Erza. –Yo tengo el libro celestial.

Elfman abrió muchos los ojos.

–¡Shh! Lucy. –siseó Elfman, pasmado. –Ese libro es más importante de lo que crees. ¿Por qué lo tienes tú? ¡Aun no estas lista para leerlo!

–¿Qué…?

–Lo que Elfman quiere decir es que, los demonios quieren ese libro a toda costa. –habló rápidamente Erza con cierto nerviosismo en su voz. –Es muy peligroso dejar ese libro en cualquier lado, ¿Dónde lo tienes?

Fruncí el ceño, aún estaba un poco sorprendida por lo que Elfman dijo, pero Erza parecía ignorar el comentario.

Señalé mi mochila.

–Nunca me despego de el. –dije con seguridad. –¿Por qué los demonios lo querrían? No creo que ellos puedan entender el idioma celestial perdido.

–Estoy seguro de que ellos averiguaran como sacar sus secretos. –contestó Elfman. –Además, algunos viejos gigantes entendemos el idioma celestial.

Casi se me cae la mandíbula al suelo de la sorpresa. ¿Cómo es que yo no sabía nada de esto?

De nuevo, Erza parecía no muy sorprendida por todo esto. Su rostro estaba cubierto por su flequillo sin dejarme ver su rostro. Moví mi cabeza repentinamente para centrarme en lo que estaba pasando. De un tirón abrí mi mochila y saque el libro.

Pude ver el rostro de Elfman completamente consternado. Abrí el libro y me fui rápidamente a la página donde estaba el signo que no podía entender.

–¡Aquí! –señalé mostrándole la escritura a Elfman. –¿Tú puedes entenderlo? ¿Puedes decirme que significa?

–Yo soy un hibrido Lucy. –contestó Elfman. –No entiendo el idioma celestial.

No pude evitar sentirme un poco decepcionada, dejé caer mis manos a mis costados.

–Pero conozco a alguien que lo entiende muy bien. –dijo Elfman rápidamente. –Es todo un hombre.

Fue lo suficientemente amable para darme la dirección de aquel hombre que conocía la lengua. No podía perder tiempo, estaba tan malditamente cerca de conocer por completo la verdad. Solo me faltarían las hojas faltantes, pero eso puede esperar.

–¡Lucy, espera! –exclamó Erza, preocupada.

–Estaré bien. –le aseguré. –Volveré lo más rápido que pueda.

–No- Lucy…

Antes de que siquiera pudiera detenerme salí corriendo. No podía dejar que Erza me detuviera. Estaba tan cerca de conseguir respuestas después de tanto tiempo, no podía retroceder, no podía perder esta oportunidad.

...

Vi la figura de Lucy desaparecer por la puerta, se había ido. Me debatía entre ir a buscarla o dejar que las respuestas llegaran a ella. Todos me miraban, confundidos.

–Creo que me perdí algo importante. –dijo Gray rompiendo el silencio.

–Juvia esta confundida.

–Ella no lo sabe. –habló Elfman, sorprendido. –Ella no sabe nada.

–No. No lo sabe. –dije en tono duro. –No debiste mencionar lo del libro.

–P-Perdón. –tartamudeó Elfman, nervioso. –No creí que seguía sin saber nada.

Levy dio un paso al frente.

–¿De qué están hablando? –preguntó. –¿Qué pasa con Lu-chan?

–¿Al fin van admitir que es un ángel? –preguntó Gray con sarcasmo.

Bufé. Gray me miró extrañado.

–¿Ángel? –pregunté con burla amarga. –Lucy no es un ángel.

–¿Entonces qué diablos es? –preguntó Levy con dureza.

–¿No es obvio? – preguntó Elfman con incredulidad.

Cerré los ojos con fuerza para abrirlos al poco tiempo. Me sentía estresada, desesperada. No quería que el tiempo se fuera tan rápido.

¿Cómo reaccionara Lucy?

–Es un miembro de la familia Celestial. –contesté. –Una Heartfilia.

...

Los pulmones me ardían de tanto correr. Tuve que preguntar varias veces por la misma dirección, aunque, para los gigantes el pueblo del sol era pequeño, para mí era como correr de una ciudad a otra.

Después de casi medio día de buscar direcciones, encontré la casa de la persona que estoy buscando. Me pregunto qué clase de señor será, quiero creer que ha de ser un señor un poco mayor para comprender la lengua perdida.

Toqué la puerta con fuerza mientras gritaba. Esperaba que alguien dentro de la enorme casa pudiera escuchar mis gritos.

–Rubia~ –escuché a mis espaldas.

Me giré sorprendida de haber escuchado una voz tan pequeña en un mundo tan grande. Nunca espere encontrarme con otro humano además de nosotros.

La chica detrás de mí, me miraba con una expresión algo estaña en su rostro. Su cabello era rojo como el fuego, sus ojos y vestido era del mismo color que su cabello. Su postura estaba ladeada y me miraba con profundidad.

Parecía tímida y nerviosa, pero si la mirabas al rostro te daba un cierto escalofrió por su expresión un tanto desquiciada.

Me acerqué a ella con paso firme. Ella pareció nerviosa por mi cercanía.

–¿Conoces a la persona que vive en esta casa? –pregunté señalando la casa detrás de mí.

Ella miró la casa y luego su mirada volvió a mí.

–Yo vivo ahí…. –susurró.

–¿Oh? ¡¿Enserio?! –pregunté sorprendida. –¿Vives con un gigante?

Ella pareció tímida ante mi repentino interés, sus dedos se movían con nerviosismo por su vestido mientras que agachaba un poco la cabeza y negaba.

–Antes… vivía con mi padre…. –murmuró lentamente.

–¿Vivías? –pregunté, confundida.

–Él… murió hace algunos… años. –volvió a murmurar con una expresión triste.

–¡Ah, lo siento! –exclamé avergonzada.

Espera, si el gigante que vivía aquí murió, ¿A quién se refería Elfman entonces?

La chica frente a mí no era para nada un gigante y era una mujer. Pero ella dice que vive en la casa de la dirección, ¿Me habré confundido de casa?

–¿Sabes si tu padre conocía el idioma celestial? –pregunté en un leve susurro. –Necesito toda la ayuda posible. Si no es mucho pedir.

Ella alzó la mirada, sus ojos rojos volvieron hacer contacto con los míos. Esta vez una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

–Mi padre me enseñó… el idioma. –contestó.

–¡¿Lo sabes?! –pregunté sorprendida y emocionada. –¿Podrías ayudarme?

Ella asintió frenéticamente, mientras caminaba hacia la puerta de la casa.

Me pregunto cómo la abrirá.

Como si me hubiera leído el pensamiento, el largo cabello de la chica se movió como si tuviera vida propia, alzándose hasta llegar el poco y usar su cabello como una especie de llave improvisada, la puerta hizo clic y con la misma mata de cabello empujo la puerta sin problemas.

Woee esa habilidad es muy útil.

Me adentré a la casa, todas las cosas eran tan típicas, tan grandes. Sorprendida de que esta pequeña mujer viviera aquí me di cuenta de que en la casa había una pequeña casita que parecía de muñecas comparado con todo, la chica entro y me indico que la siguiera.

Dentro de la pequeña casita había todo lo necesario para que un humano viviera con comodidad.

–¿Tú vives aquí? –pregunté mientras me sentaba en la mesa del comedor.

–Papá… la hiso para mí. –contestó la chica con timidez.

–¿Tu padre era un gigante puro? –pregunté con curiosidad. Ella asintió mientras ponía agua a calentar. –¡Oh! Casi lo olvido. Mi nombre es Lucy, ¿Y el tuyo?

La chica se giró para mirarme. En su rostro había un leve sonrojo y sus manos volvieron a moverse con nerviosismo.

–Fl-Flare…. –contestó, tímidamente.

–Muy bien, Flare. –dije animadamente. –Mucho gusto en conocerte.

Flare se sonrojó con más fuerza mientras sonreía, había ocultado su rostro entre su largo cabello.

–Rubia~ –dijo con un tono feliz que no pudo ocultar.

Flare era algo rara, pero parecía que no ha tenido nunca contacto con una persona de su mismo tamaño. Por eso se comporta tan tímida y nerviosa conmigo. Bueno, supongo que yo también estaría así.

Una vez listo el té, Flare se sentó junto a mí.

–Quiero creer que reconoces esto. –dije sacando el libro celestial y poniéndolo en la mesa. –¿Puedes ayudarme a descifrar algunas cosas?

Flare se acercó un poco más para poder tener mejor vista del libro. Lo abrí en la página donde estaba el signo que no podía traducir.

–Heartfilia. –habló Flare.

–Perdón, ¿Qué dijiste?

Sacudí mi cabeza, confundida. Creo haber escuchado mal. Ella volvió a repetir la misma palabra.

–¿Sabes lo que significa? –pregunté.

No sabía si quiera cómo reaccionar. He ahí de nuevo, el mismo nombre, Heartfilia. Ahora me encontraba más confundida que nunca.

Flare se removió incomoda.

–Es el apellido de una de las familias que reinaba en el reino celestial. –contestó Flare. –Lo Heartfilia, por lo que me contó mi padre, eran la cabeza de la familia celestial. Era la familia más poderosa.

Ok, esto es demasiado.

–Lucy Heartfilia. –murmuré recordando las palabras de Evergreen. –Ella lo sabía.

Y estoy seguro de que Erza sabe más de lo que dice.

–Los gigantes vivían sobre el cielo. –comentó Flare.

–¿Sabes la historia? – pregunté, curiosa. –¿Sabes porque la isla cayó del cielo?

Flare tomó un sorbo de su té mientras se negaba a mirarme a los ojos, parecía debatirse entre decirme algo o no. Apreté mis puños con fuerza, ¿Qué es lo que estaba sucediendo?

–Por favor. –pedí. –Ayúdame.

Flare me miró rápidamente y se sonrojo.

–Cuando… cuando lo demonios atacaron el cielo y a la familia real. –comenzó Flare, cabizbaja. –Los gigantes se unieron a la familia celestial para defender el reino de los cielos, pero los Heartfilia les pidieron a los gigantes que huyeran.

–¿Por qué harían eso? –pregunté sin comprender.

–Porque los gigantes tenían más posibilidades de sobrevivir en la tierra. –contestó Flare. –Se llevaron grandes cantidades de información valiosa con ellos, entre esas cosas el libro que está aquí. –dijo señalando el libro en la mesa. –Con el tiempo, los secretos se han estado perdiendo, al igual que la lengua celestial.

Es posible que en esta isla consiga más respuestas de lo que pensaba. Hay una posibilidad de encontrar más respuestas, respuestas que, me lleven a mi pasado. A descubrir quién soy o más bien, quien fui en realidad.

Heartfilia. Hay más en ese nombre de lo que imagine. Tengo que recuperar mis recuerdos.


N/A: Turu~ Turu~ Flareeee *-* Me encanta Flare, me parece muy adorable :3

Son mi ship, LucyxFlare :'D

Aunque shipeo a Lucy con todos así que... Ña~ :'v

Natsu! More NaLu! ╰( ヮ )╯

Nos leemos en el próximo cap! ._./