Capítulo 9: Visitas nocturnas
Una helada había invadido el área hacía ya semanas y no había indicios de que llegara a irse pronto. La nieve había comenzado a caer copiosa y fría sobre sus cabezas decorando la negra cabellera de Rin y Kohaku, la verde calvicie de Jaken, y hacía juego con el pelo plateado de Sesshomaru que ondeaba a su espalda a cada paso que daba. La nieve crujía bajo sus pies que se hundían unos cuantos centímetros sobre el campo blanco. Planeaba viajar al norte en dónde parecía encontrarse el nuevo paradero de Naraku. El aire helado le picaba en la nariz y se la rascó con el dorso del dedo, era un cosquilleo inusual. Jaken alzó la vista a él con cierta confusión, pero no dijo nada, tan solo apretó los labios y volvió la vista al frente sujetándose con fuerza de su báculo. Rin correteaba de a ratos, juntaba un poco de nieve con ambas manos y se la lanzaba a Kohaku que tan solo reía y trataba de esquivarla.
La risa de los niños, a diferencia de Jaken, no le molestaba al demonio perro. El día que se habían marchado del palacio de Naraku, Kohaku se había escondido en el momento en el que su hermana entró en la habitación y apareció más tarde entre la maleza del bosque que rodeaba el edificio para pedirle si podría acompañarlos. Por alguna razón, Kohaku no quería estar cerca de aquella mujer, de Sango, su excusa era que ella le traía recuerdos que prefería dejar en el olvido. Sesshomaru decidió aceptarlo siempre y cuando no hiciera nada sospechoso o de lo contrario lo mataría. Y hasta el momento, el niño no pareció mostrar ninguna clase de comportamiento que pudiera sugerir que todavía se encontraba bajo la influencia de Naraku. Además, Rin se veía más feliz y entretenida a su lado, como si el viaje fuera mucho más ameno ahora que tenía un compañero de más o menos su misma edad.
Y eso le agradaba a él que quería verla feliz.
Alzó la vista al horizonte, sus ojos dorados se perdieron en la inmensidad del blanco paisaje, hacia algo que se encontraba más allá de lo que los ojos humanos podrían percibir, la calma del lugar lo llevó tan lejos que terminó perdiéndose en el interior de sus propios pensamientos, más bien en sus recuerdos. En particular, a ella, ahora casi todo lo llevaba a ella como un hilo que conectaba cada cosa trivial hacia algo más profundo que ocupaba la mayor parte de su mente. Sus dedos temblaron cuando recordó el cálido cuerpo de Kagome bajo sus yemas, recordó cómo una brutal electricidad había corrido por su columna y había despertado en él cosas que él no conocía de sí mismo, como si un poderoso veneno le corriera por las venas acelerándole el corazón. Nunca había sentido el cuerpo de un humano tan cerca del suyo como aquel día; Rin no contaba, Rin era una niña pequeña hacia quien sentía un profundo afecto, pero esto era distinto. Kagome estaba unida a él y él a ella. Tarde o temprano, aquellas fuerzas invisibles y ancestrales terminarían doblegando su voluntad y lo obligarían a ceder ante su poder.
Ver a su padre correr detrás de aquella mujer humana lo había llenado de rabia y se imaginaba que el proceso debería haber sido doloroso, desquiciante e incluso humillante para su padre, pero ahora que él también estaba pasando por lo mismo, podía admitir que la sensación era otra: ya no sentía que luchaba contra un poder desconocido, era como si se estuviera acostumbrando a él y como si ya no le importara, como si no estuviera allí, pero sin embargo era consciente de que tales fuerza lo estaba arrastrando, pero lo hacía tan delicadamente que él apenas se percataba del cambio, o de la transición, pero sucedía.
Cuando más noción tuvo de que algo dentro de él había cambiado fue cuando salieron de aquel portal, él sujetándola con fuerza como temiendo que ella se le escurriera de entre los dedos, y notó que el pequeño momento que habían compartido había llegado a su fin. Pero cuando vio a Inuyasha rodeándola con los brazos como una llama roja y plateada que la quemaba, que se apoderaba de ella, sintió una fuerte punzada en su interior, en su pecho, pero no allí donde una vez le dolía a causa del fragmento que Kagome había purificado, sino mucho más adentro. En su interior.
No pudo hacer más que dar media vuelta y marcharse. No había encontrado mejor manera de reaccionar que huir. Huir como un cobarde ante las nuevas sensaciones que estaba experimentando.
Pero su voz, la voz de aquella mujer había resonado como un eco de esperanza en sus oídos. Sus miembros se congelaron y se volteó con un dejo de esperanza, con una extraña maraña de sensaciones en el estómago. Cuando ella le hizo esa pregunta, no podía responder, tenía la boca seca y sentía que iba a desfallecer, pero eso no lo pudo detener al momento de mantener la compostura. Se miró la mano donde había visto por última vez el hilo rojo. Con eso ella ya entendería.
Ese cosquilleo otra vez. Volvió a rascarse la punta de la nariz, esta vez con el dorso de la mano, ciertamente molesto por haberlo distraído de sus pensamientos. Su accionar volvió a llamar la atención de Jaken que lo miró con aprensión.
—¿Qué sucede? —preguntó Sesshomaru con sequedad notando la mirada de su servidor como un puñal.
—¡N-Nada, Amo! —se defendió Jaken con rapidez y volvió la vista al frente una vez más.
—No debemos estar muy lejos de encontrar un buen lugar para pasar el día—comentó Sesshomaru luego de un silencio.
Todos asintieron, los niños con entusiasmo y siguieron correteando un poco más adelante.
—Amo… ¿sigue pensando en… esa humana?
No obtuvo respuesta alguna, al ver que Sesshomaru iba a seguir ignorando su pregunta, decidió optar por otra que lo estaba intrigando desde hacía varios días.
—Todavía no ha comentado nada de… —murmuró Jaken, Sesshomaru miró a su servidor con dureza, este se sobresaltó y bajó la vista, nervioso— ¡D-d-de lo que sucedió aquel día en la guarida de Naraku!
—¿Qué quieres que te diga sobre eso?
—Bueno pues… ¿Por qué sucedió eso tan raro con esa humana? ¿Nadie la recordaba porque había entrado a ese portal?
Sesshomaru se pasó la mano por la cara y se acarició la sien con la punta de los dedos.
—Si no he dicho nada al respecto, ¿No crees que es porque no quiero hablar del asunto?
—Pero amo…
—Si quieres saber si solo yo podía recordarla por la influencia del hilo, sí, fue por eso.
Jaken tragó con dificultad y asintió lentamente.
—¿No cree que… hubiera sido mejor dejarla…ahí?
Hubo un silencio sepulcral solo roto por el juego y las risas de los niños mucho más lejos de ellos. Sesshomaru detuvo su andar como si una fuerza poderosa le hubiera pegado los pies al suelo y observó a Jaken de una manera en la que nunca había sido observado antes: era una mirada tan helada como la nieve que los rodeaba, la fuerza de esa mirada podía penetrar el alma de Jaken y destrozarla en pedazos. El demonio se congeló y dio un paso atrás ante la amenaza que parecía resultar ser su amo en aquel entonces. Alzó ambas manos y comenzó a negar con la cabeza con rapidez. El corazón le empezó a latir desbocado… esa mirada de su amo… ¿es que tenía intenciones de matarlo?
Sesshomaru pareció caer en la cuenta de lo que estaba sucediendo segundos después de ver la reacción de Jaken. La forma en la que había reaccionado le sorprendía incluso a él mismo. Desvió la vista y retomó su camino.
—No vuelvas a sugerir esa clase de cosas—fue todo lo que respondió en un tono bajo de voz.
Jaken asintió, solo que su amo no podía verlo ahora que le había dado la espalda. Tragó saliva con dificultad y comenzó a caminar también, unos pasos detrás de él sujetando el báculo con manos temblorosas. Ya casi era imposible de negar, no había duda alguna de que su amo estaba cayendo cada vez más en el hechizo de aquel hilo, que a cada día que pasaba, se sentía más conectado a esa humana y ahora incluso parecía haber desarrollado una clase de simpatía hacia ella, un sentimiento de protección ¿Con qué necesidad la sacaría de aquella dimensión entonces? ¿No hubiera resuelto sus problemas el dejarla allí atrapada y que sucumba en el olvido?
Tampoco podía dejar pasar por alto el hecho de que Sesshomaru, día por medio, desaparecía a mitad de la noche y no volvía pasadas un par de horas. Jaken prefería no hacer comentarios sobre la extraña desaparición de su amo, pero sabía perfectamente a dónde se dirigía: a ver a esa humana. Notaba en la mirada de su amo un brillo inusual cada vez que decidía marcharse, un brillo que, al volver, ya no estaba. Se imaginaba entonces, él la observaría entre las sombras, la vería cuando ella estaba durmiendo seguramente, pero no tendría ningún otro contacto con la mujer, y eso lo decepcionaba. Tal vez el amo no deseaba hablarle, pero Jaken estaba seguro de que tenía esperanzas de que eso suceda. Jamás lo había visto comportarse de esa manera, muchas veces maldijo la suerte de su amo y al maldito hilo rojo que ahora lo unía a esa mujer y que lo estaba destruyendo. Y él, su humilde servidor, no podía hacer nada para detener el correr de las cosas, su amo estaba haciendo lo mismo que su padre una vez había hecho también… se estaba dejando llevar por aquella magia antigua… se estaba dejando debilitar... y él no podía ayudarlo…
Sesshomaru finalmente estornudó.
Jaken apretó los ojos con fuerza.
—Esto es malo…—murmuró—muy, muy malo.
Pasadas unas horas lograron encontrar una cabaña abandonada. Al parecer las personas que Vivian en su interior decidieron mudarse a un lugar menos inhóspito. Sesshomaru abrió la puerta de madera sin ningún inconveniente y todos entraron. La cabaña era pequeña, pero tenía lo básico para poder pasar la noche. Kohaku y Rin se encargaron de encender una fogata en el centro de la cabaña y preparar la comida mientras Jaken se calentaba las manos al fuego y Sesshomaru observaba distraídamente la nieve caer al otro lado de la ventana.
Para cuando la nieve terminó de caer del cielo oscuro, los niños y el demonio se había quedado totalmente dormidos y él se sintió tentado a marcharse como lo estaba haciendo durante ciertas noches en las que su mente comenzaba a nadar entre pensamientos dirigidos a esa mujer como estaba ocurriendo en aquel momento. Sabía que su comportamiento era indebido y que tarde o temprano terminaría por traerle graves consecuencias si seguía haciéndolo, pero al mismo tiempo sentía la urgencia, la extrema necesidad de ir hacia donde ella se encontraba y observarla por el simple hecho de tenerla cerca. Reconocía también que era un acto inusual viniendo de su parte, pero se sentía como una adicción… algo que le costaba horres controlar.
Terminó por suspirar y salió de la cabaña en sumo silencio. Le lanzó una mirada a Ah-Un que descansaba afuera, el dragón de dos cabezas ya sabía bien que hacer ante su ausencia, y se marchó.
Pero hubo algo que Sesshomaru no notó al salir de la cabaña con la mente puesta en aquella mujer, y fue una pluma blanca que reposaba sobre la nieve asentada en el suelo. Debido a los constantes estornudos, su sentido del olfato estaba debilitado por lo que no logró captar el aroma conocido que esta despedía, por lo que pasó por sobre ella y la pluma se voló.
Así como su padre visitaba a la madre de su detestable hermano, a él ya se estaba volviendo un hábito visitar a Kagome.
La joven ladeo la cabeza por sobre la fogata para observar a un distraído demonio mitad bestia que descansaba sobre una de las ramas de un árbol y que no la miraba, sino que tenía la vista perdida en algún punto lejano frente a sus ojos. Hacía días que el comportamiento de su compañero había cambiado; se había vuelto distante hacia ella, tenía una mirada profunda y dolida y le hablaba lo justo y necesario. Sus palabras se arrastraban con amargura mientras las pronunciaba, sea a ella—si tenía suerte y le hablaba— o a cualquiera de sus acompañantes.
Ella suspiró y se rodeó las piernas con ambos brazos para posar el mentón sobre las rodillas volviendo a clavar la vista en el fuego crepitante. Inuyasha podía poner de un pésimo humor a cualquiera, pero mucho más a ella, porque ella sabía que, en mayor parte, el comportamiento que mostraba se debía a lo que había sucedido aquel día en el castillo: sabía que estaba dolido no solo por la desaparición de Kikyo en manos de Naraku, sino también por haber caído en la cuenta de que se había olvidado de ella y de que Sesshomaru había sido el único en reparar en su ausencia. Se alegraba enormemente de que Inuyasha no había reparado en el silencioso mensaje que Sesshomaru le había enviado cuando ella le preguntó la razón por la cual él no la olvidó.
Al recordarlo se le llenaron de mariposas el estómago y enrojeció. Escondió un poco el rostro detrás de sus rodillas para que nadie viera como se le torcían los labios en una sonrisa rebelde pero pequeña. Sesshomaru…
Sesshomaru era quien estaba al otro extremo del hilo rojo. De SU hilo rojo.
Una extraña electricidad corrió por su columna y se abrazó a sí misma con mucha más fuerza. Se lo repetía una y otra vez y todavía la idea no cabía en su mente, no lograba caer en la cuenta de lo que Sesshomaru le había hecho saber con un solo gesto ¿Y él ya lo sabía de antemano? ¿O se había percatado de eso en el mismo momento en el que se internó en ese lugar tan tenebroso y oscuro? Lo único que recorría su mente era que ambos compartían un secreto, una confidencialidad que nadie más sabía en el momento. Si bien Sango tenía sus sospechas, ella se mostraba también bastante deprimida por su hermano perdido nuevamente por lo que no hizo muchos comentarios al respecto.
E Inuyasha… si bien, cuando pensó en el asunto una vez que sus emociones se habían calmado, no pudo evitar sentir su corazón estrujarse al comprender que Inuyasha no era su otra mitad después de todo, ese que la complementaría ¿Acaso su hilo invisible lo unía a Kikyo más allá de la muerte? Entornó los ojos con tristeza al darse cuenta de eso, qué maraña de cosas debería tener Inuyasha en su cabeza con todo lo que le había sucedido… el amor de su vida había muerto por medio de una treta que su enemigo les había jugado… y ahora debía encontrarse profundamente arrepentido y al reaparecer Kikyo de la muerte… y ella, Kagome, que era su reencarnación… él se encontraba muy confundido acerca de con quién quedarse. No podía evitar no comprenderlo y no sentirse mal por él.
Volvió a alzar la vista a él para observarlo bien. Inuyasha era consciente de que estaba siendo observado, pero prefería ignorarla a afrontar aquello que lo aquejaba. No tenía ni la más remota idea de en dónde podría encontrarse Kikyo, o si se encontraba bien, cada noche se mantenía en vigilia por si de repente alguna de sus serpientes aparecía surcando el cielo nocturno. A su vez, no solo la había perdido a Kikyo, sino que sentía que, de a poco, Kagome se le estaba escurriendo de entre los dedos: ansiaba preguntarle qué había sucedido allá, en ese portal, con Sesshomaru que ahora parecía haberse vuelto no una piedra en el tramo que lo separaba de Kagome, sino una gran montaña que lo miraba por sobre el hombro con desdén y esbozaba una maléfica sonrisa ¿Por qué tuvo que ser Sesshomaru el que la rescatara y no él? ¿Por qué lo había puesto en ridículo de esa manera? Su orgullo se encontraba gravemente herido y no encontraba forma de remediarlo ¿Y si Kagome comenzaba a ver a Sesshomaru como un protector y no a él? No iba a negar que cuando Kikyo ocupaba su mente, no había espacio para nada más, pero ¿acaso ocurrió de una forma tan grosera que no pudo tener un par de segundos para recordar la existencia de Kagome?
Inuyasha se dio unos toques en la frente con el puño para poder pensar, si bien se rompía la cabeza intentando encontrar la razón por la cual no había podido recordarla, pero nada le venía a la mente, tal vez solo necesitaba una excusa para disculparse con Kagome, pero a medida que más pasaba el tiempo, más irrelevante se le hacía excusarse. Tal vez debería dejar fluir las cosas e intentar dejar de lado la figura de su hermano que tanto estaba apareciendo en la vida de Kagome desde aquella noche cuando ella decidió salvarle la vida ¿Qué buscaba de ella? ¿Por qué ahora también la trataba como a un igual, llamándola por su nombre y preocupándose por ella? Además, tenía la ligera sospecha de que ciertas noches, mientras todos dormían, una presencia extra rondaba los alrededores. Muchas veces se escabulló para buscar al acosador, pero jamás logró encontrarlo a pesar de estar casi seguro de que se trataba de su hermano. Apretó las manos en puño, no podía negar que tales cosas lo enfurecían ¿Qué buscaba Sesshomaru de Kagome? ¿Iba a arrancársela de las manos para encontrar a Naraku? ¿Para buscar los fragmentos? Todo esto lo ponía de un pésimo humor.
Y el que Naraku secuestrara a Kikyo no le ponía las cosas más fáciles.
—Ey, Inuyasha ¿A dónde vas? —preguntó Miroku desde una de las bolsas de dormir viendo que el hanyou se ponía de pie y luego se bajaba del árbol para comenzar a caminar hacia el bosque que los rodeaba.
—Voy a caminar—respondió con sequedad mientras sus pies descalzos se hundían en la nieve fresca. Necesitaba despejarse y alejarse un momento del resto para poder poner sus pensamientos en orden si es que quería dejar todas esas emociones que lo estaban distanciando de Kagome de lado.
—Vas a enfermarte si no te cubres los pies—comentó Shippo a quien Kagome le había traído pequeñas botas para niños de su época.
—Feh, déjenme en paz de una vez—finalizó y siguió caminando cruzado de brazos y sin voltearse a ver el rostro preocupado de Kagome que también se había acostado junto al fuego.
La joven bajó la vista y negó con la cabeza. Ese cabeza dura no iba a escuchar ninguna clase de consejo. Sango no había dicho una palabra desde hacía bastante tiempo, tan solo miraba el fuego que comenzaba a derretir la nieve a su alrededor con la mirada perdida. Una vez que Inuyasha se había perdido de vista, Kagome le habló:
—¿Cómo te sientes, Sango?
—Un poco mejor, supongo—dijo con una amarga sonrisa y rápidamente se dispuso a hablar de cualquier cosa que estuviera lo más lejos posible del asunto que tanto dolor le estaba causando—¿Y qué hay de ti? Inuyasha está tan testarudo como siempre, concordamos con Miroku que debe estar celoso.
—¿Celoso?
—Sí, de Sesshomaru por supuesto ¿Acaso no conoces sus reacciones? ¿En qué mundo estás viviendo, Kagome?
Kagome enrojeció. No quería contemplar la idea de que Inuyasha viera a Sesshomaru como un rival amoroso, así como veía a Kouga. Se llevó ambas manos a las mejillas imaginándoselos en la típica escena que él armaba cuando el demonio lobo la rondaba. Sabía perfectamente que Sesshomaru no se comportaría de una forma tan infantil como lo hacían tanto Kouga como Inuyasha… además de que…
—Sesshomaru no siente nada por mí, Sango, deja esas conjeturas de lado—respondió ella endureciendo un poco el semblante— tu teoría es inconcebible ¿Crees que se rebajaría a sentir algo por un humano? ¿El gran Sesshomaru?
Kagome finalizó con una risa un tanto fingida, pero amarga en fin. Era verdad, qué ingenua era poniéndose a pensar en que él era su otra mitad. Y si así era, ¿qué? Eso no demostraba que él sintiera ni el más mínimo tipo de afecto hacia ella. Podría incluso considerar que ella le asqueaba hasta cierto punto. No quería engañarse e ilusionarse una vez más ¿Para qué? ¿Para volver a lastimarse al igual que con Inuyasha?
—Tal vez ambos estén lastimados a su manera, pero no impidas que eso te retenga, Kagome.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que… trates de razonar con Inuyasha de una vez por todas para que las cosas vuelvan a la normalidad entre ustedes, pero no olvides que hay nada nuevo para ti en el pasado.
Kagome apretó los labios y asintió, no porque le estuviera dando la razón, sino porque estaba considerando sus palabras, la dura verdad que le había arrojado.
—De acuerdo Sango, tienes razón, creo que deberíamos hacer las paces.
Su amiga le sonrió y Kagome se salió de la bolsa de dormir devolviéndole la sonrisa. Si, eso iba a hacer, hablar con Inuyasha y explicarle que lo que había ocurrido en el castillo de Naraku no significaba nada y que nada ocurría entre ella y Sesshomaru si es que eso era lo que lo pensaba.
Aceleró su paso para poder alcanzarlo, pero él ya se había perdido de vista entre los árboles. Siguió caminando y llamándolo para que la escuchara y acudiera a ella, pero no había señales de él. Refunfuñó un poco y alzó la vista al cielo: hacía horas nevaba, pero ahora, el cielo comenzaba a despejarse revelando las brillantes estrellas que, una a una, comenzaban a iluminar el bosque, lo cual la ayudaba a ver en la oscuridad. Pero lo que primero logró divisar fue una figura que voló por encima de ella.
Tal figura era larga, plateada y con forma de serpiente.
Se le detuvo el corazón, no pudo evitar esbozar una gran sonrisa y mirar hacia todos lados en busca de Inuyasha. No podía ser posible ¿Kikyo estaba por ahí? ¿sana y salva? Sabía que Inuyasha sería quien más se alegrara por la noticia, sí, ella también estaba feliz principalmente porque sus amigos le habían contado la verdad: que Kikyo había actuado bajo órdenes de Naraku y que todo lo que había hecho fue en contra de su voluntad… ¿Y quién podría alegrarse más que Inuyasha al descubrir que su linda Kikyo estaba bien?
Siguió caminando, ahora con más velocidad hasta llegar a un claro que brillaba intensamente por las almas que las serpientes de Kikyo habían recolectado para ella. Y ella estaba allí, parada en el medio con ambas manos alzadas hacia sus serpientes absorbiendo una a una las almas que ellas le traían.
Kikyo bajó la vista de las serpientes hacia ella, ambas mujeres se observaron, Kagome, cubierta por la oscuridad de los árboles, con emoción y Kikyo, iluminada por las almas, con sequedad. Pero cuando la más joven estaba a punto de decirle algo, justo detrás de Kikyo, se asomaba Inuyasha con un rostro iluminado por el asombro, pero pronto el desconcierto cambió a una expresión de amargura y corrió a su encuentro. Pronunció su nombre, Kikyo se volteó con rapidez y en menos de una fracción de segundo, Inuyasha la había rodeado con ambos brazos. La sacerdotisa permaneció estática mientras el hanyou murmuraba:
—¡Kikyo! ¡Mi Kikyo, estas bien!
Kagome exhaló un grito ahogado y dio unos pasos hacia atrás para que Inuyasha no la viera. Había sido instintivo, por completa inercia. Ya había sucedido antes y volvía a suceder ahora, ella no era parte de eso, y tampoco deseaba interrumpirlos en su encuentro.
—Inuyasha… lo lamento tanto—murmuró Kikyo ahora de espaldas a Kagome y también lo abrazó de una forma posesiva.
Kagome sintió como si una mano invisible traspasara su pecho y estrujara su corazón con rabia. Se mordió el labio y agachó la cabeza ¿Por qué le dolía ver esa escena? Que tonta el hacerse esa pregunta, si ella sabía que por más que intentara todo lo posible por tratar de dejar de lado sus sentimientos por Inuyasha, ellos no se esfumarían de su corazón de la noche a la mañana. Las heridas que tenía abiertas no sanarían tan rápido y ver cosas como esas sería como volverlas a abrir. Eso dolía, dolía ver a quien tanto había amado en los brazos de alguien más, susurrándose cosas al oído y fundidos en un cálido abrazo ante el clima tan helado. Ella, Kagome, no tendría tanta suerte, si no era Inuyasha entonces, ¿Quién la cobijaría una noche tan fría? ¿Quién le murmuraría cosas al oído y se lamentaría por estar tanto tiempo sin verla? ¿Quién pasaría las noches sin dormir por pensar en su bienestar? ¿Quién sería capaz de derramar una lagrima por ella así como las lágrimas de alivio se asomaban por los ojos de Inuyasha?
La escena pronto comenzó a volverse borrosa tras las lágrimas que empezaban a brotarle también a ella de los ojos. Hacía ya un tiempo considerable que no lloraba por Inuyasha, pero no era lo mismo saber que él se había marchado a ver lo que ellos hacían cuando se encontraban. Lo que culminó por romperle el corazón fue ver como ambos se separaban y tras un breve silencio en el que ambos se observaron con intensidad, como queriendo devorarse con la mirada, se besaron.
Kagome apretó los dientes, no de rabia, sino porque no quería sollozar frente a ellos, ya se sentía bastante estúpida en ese entonces, sería muchísimo peor si ellos llegaban a descubrir que ella estaba ahí, espiándolos y sufriendo en silencio como una masoquista. A pesar de todo, se sentía aliviada por que Kikyo se encontrara a salvo, muy en el fondo de su ser, se alegraba de que Inuyasha no estuviera sufriendo más por ella.
Decidió que ya era suficiente sufrimiento y optó por dejarlos a solas para que siguieran besándose sin ser observados. Pero en el momento en el que se volteó, sus ojos se posaron en una figura mucho más alta e imponente que ella. Dio un paso atrás por la sorpresa hasta que logro reconocerlo entre las sombras, con esos ojos dorados brillando con la escasa luz de luna que caía del cielo. Su corazón dio un vuelco cuando ella pronunció su nombre en un susurro.
—Sesshomaru…
El youkai no respondió palabra al principio, sino que alzó la vista por sobre ella para observar a la pareja a sus espaldas que seguía besándose con ternura en aquel claro rodeada por las serpientes cazadores de almas. Las mismas almas brillaban con una intensidad casi mágica a su alrededor. Luego, Sesshomaru volvió a mirarla, a observar ese rostro surcado de amargura y decorado de lagrimas saladas. El demonio sintió un extraño dolor en el pecho, distinto al que solía sentir cuando el fragmento corrompido lo había herido, este dolor se sentía como una presión, como una sensación de ahogo que jamás había experimentado en su vida. Tuvo el impulso de acercarse a ella y así lo hizo, alzó su mano que acortó la distancia que había entre ellos posándose en una de sus mejillas mojadas y tibias.
De inmediato, el rostro de la joven se tiñó de carmesí, pero no se movió, sino que agachó un poco la cabeza sintiéndose avergonzada por la forma en la que Sesshomaru la estaba observando, por la frialdad de su mirada que contrastaba con la tibieza de su toque. Cerró los ojos con fuerza lo que produjo que más lagrimas rodaran por sus mejillas y mojaran la piel del demonio. Este bajó la mano hasta la barbilla de ella y la impulsó hacia arriba para que lo mirara a la cara antes de hablarle.
—No lo vale.
Kagome abrió más los ojos y parpadeó atónita ante las palabras de Sesshomaru. Lo único que pudo hacer fue hipar un poco y apretar los labios con fuerza para detener los sollozos.
Sesshomaru lo detestaba, detestaba el sonido que ella producía al llorar, y el que ella llorara. Pero, sobre todo, detestaba que esas lágrimas las siguiera causando el idiota de su hermano. No era la primera vez que le causaba rabia, pero esta vez la sensación se multiplicaba. Alejó la mano de ella, ahora húmeda por las lágrimas y se observó la palma con detenimiento. Cuando ella lloraba, él podía sentir el olor a sal en el aire; pero en aquel entonces, le era casi imposible, por lo que acercó la mano a sus labios y pasó la punta de la lengua sobre ella. Salado, como se imaginaba. Era la primera vez que sentía el sabor del agua que corría por los ojos de un humano. Él no recordaba haber llorado en toda su vida, ni haber visto a ningún otro demonio hacerlo, tan solo Jaken, pero jamás se había detenido a preguntarle algo tan trivial como el sabor de las lágrimas.
Alzó la vista a ella que intentaba limpiarse el rostro con el dorso de las mangas de su blusa azul. Se veía tan indefensa, tan patética, pero a pesar de eso, no le disgustaba ver esa imagen de ella, es más, él podía incluso compartir el dolor que ella experimentaba en ese momento. Y sentía la necesidad de ayudarla como fuera. Volvió a alzar la vista hacia su hermano y la sacerdotisa que seguían fundidos en un abrazo y hablándose entre sí.
—Vámonos de aquí—dijo finalmente para alejarla de ellos y para que pudiera apaciguarse.
Ella asintió y de inmediato comenzaron a caminar hacia la dirección contraria, lado a lado, como lo habían hecho ya una vez, a paso lento, melancólico, y en completo silencio.
Sabía que ellos eran la razón por la cual ella había estado sufriendo esa noche que le había salvado la vida, lo que había escrito en su diario no era mentira. Nada de lo que estaba ahí había sido inventado, ella había escrito desde lo más profundo de sus sentimientos. Todo, incluso lo que había escrito sobre él era verdad. En aquel entonces se le cruzó por la cabeza si ella había comenzado a escribir en otro diario, y de ser así ¿había escrito sobre él, sobre lo que ocurrió aquella vez en la mansión?
—Lo siento—hipó Kagome y sonrió amargamente sin mirarlo.
—¿Por qué lo sientes? —indagó él un poco desconcertado por la disculpa.
—No me gusta que me vean así.
—No debes disculparte—respondió él como si no le importara.
—Seguramente debes pensar que soy una idiota—agregó con amargura.
Y es que de verdad ahora le importaba un poco más lo que Sesshomaru pensara de ella. Desde aquella vez que había descubierto la existencia del lazo entre ellos, se había preguntado muchas veces qué pensaba él de ella ¿Seguía viéndola como una tonta, una ingenua humana? Y ahora que él la había encontrado en un estado tan humillante, llorando por las migajas de amor de Inuyasha, sentía que no le quedaba más dignidad y que él seguramente pensaba lo peor de ella.
—No eres una idiota—la corrigió él con la vista al frente—, en todo caso, mi hermano es el idiota.
Kagome se ruborizó un poco. No esperaba oír tal acusación viniendo de los labios de Sesshomaru, pero decidió no pensar demasiado al respecto. Al igual que antes, volvía a sentirse incómodo caminar junto a un youkai tan imponente e intimidante como Sesshomaru. Pero esta vez, había algo diferente en él, como si el Sesshomaru al que estaba acostumbrada a tratar fuera distinto, como si una luz en su interior se hubiera encendido. Esa expresión de desdén y superioridad ya no estaba, ahora solo se mantenía serio. Pero lo que ella no sabía es que la aparente seriedad del demonio era para ocultar el resto de los sentimientos que lo estaban inundando desde que la había encontrado llorando: confusión, tristeza, enojo. Todo mezclándose y convergiendo en una nube de confusión.
—Esa mujer… es tu reencarnación ¿verdad? —preguntó Sesshomaru para calmar el silencio, una vez que ya estaban lo suficientemente lejos del claro.
—Si… ella murió hace muchísimo tiempo, pero una bruja logró traer su alma a la vida utilizándome.
—¿Solo su alma?
Ella asintió.
—Es un cuerpo de barro.
—Ya veo… —Sesshomaru alzó la vista al cielo despejado y cubierto de estrellas— con que mi hermano va detrás de un recipiente.
Kagome frunció el ceño.
—No es un recipiente, si su alma está dentro de él, el cuerpo no será el mismo, pero es ella, no en carne y hueso, pero su personalidad, sus recuerdos… todo lo demás le pertenece —dijo con un cierto tono de molestia—. Tal vez no sea el cuerpo, pero siempre y cuando el alma esté intacta, entonces seguirá siendo Kikyo. Y lo que Inuyasha en verdad busca… es revivir el pasado.
Sesshomaru guardó silencio y la observó con atención. Ella también lo miró para luego esquivar la vista ¿Por qué la miraba tan fijamente? ¿Acaso había sonado demasiado impertinente en su respuesta? La verdad es que no podía soportar verlos juntos, pero tampoco podía permitir que juzgaran el accionar de Inuyasha teniendo en cuenta todo lo que ambos habían sufrido por culpa de Naraku… ellos solo buscaban ser felices, o volver a saborear esa felicidad que una vez habían sentido juntos ¿No era eso ya suficientemente triste?
Cuando el demonio a su lado abrió la boca para hablar, ella temía que la juzgara por sus palabras o que ahora sí admitiera que era una idiota, por lo que esperó por sus palabras de forma apacible.
—¿Por qué…—comenzó con el ceño levemente fruncido— eres tan… comprensiva? Creí que eso te causaba dolor.
La pregunta la tomó por sorpresa, ¿comprensiva? ¿Sesshomaru la consideraba comprensiva? y esa forma de mirarla la incomodaba mucho más que si optaba por ignorarla mostrándose frío. Había algo en sus ojos como si dos fuerzas estuvieran chocando para permitirse gobernar en ellos, la frialdad de su mirada por momentos se apaciguaba y por momentos retornaba ¿Qué estaba sucediendo en su interior?
—Pues… no estoy siendo egoísta— ella respondió con una triste sonrisa— a veces, prefiero enfrentar mis problemas y… solo así puedo sentirme más fuerte, puedo superarlos. Ignorar lo que me sucede tan solo me traerá más dolor.
Sesshomaru la observó pensativo, luego asintió apenas comprendiendo el punto. Afrontar lo que causa temor la hacía más fuerte… ¿esa era la clave?
—¿Entonces, te sientes más fuerte después de enfrentarlos?
Ella asintió.
—A veces sí, aunque hay cosas que son más difícil de aceptar que otras— respondió. Estaba hablando desde lo profundo de su ser. Sabía que Inuyasha solo buscaba revivir lo que una vez lo había hecho feliz y no podía culparlo por eso, ella había llegado tarde a su vida y no había forma de remediarlo. Y ella… ella solo buscaba el amor de Inuyasha, pero no iba a tenerlo jamás, o si lograba tenerlo, serían solo migajas de lo que quedaba para Kikyo. Alzó la vista a Sesshomaru, ¿Qué había de él? ¿Podría comprender lo que ella estaba diciéndole? No creía que él hubiera experimentado algo parecido en su vida. A pesar de ello, decidió preguntárselo, algo que no hubiera hecho en ningún otro momento de la poca relación que tenían, pero ahora que sabía que algo existía entre ellos, una extraña conexión, no podía permanecer en silencio por mucho más tiempo— ¿Y tú… qué buscas? ¿Por qué… estás aquí, Sesshomaru?
Él se paralizó. No esperaba recibir una pregunta tan directa como esa. No iba a decirle que había llegado hasta allí solo para poder visitarla como hacía de vez en cuando, pero por alguna razón, verla así lo obligó a revelarse ante ella. Creyó que de esa manera podría distraerla de eso que tanto dolor le causaba. Había intentado alejarla del dolor, pero no sabía si le agradaba lo que estaba obteniendo a cambio.
—Supongo que por la misma razón que tú.
—¿Entonces buscabas a alguien?
Hubo un silencio sepulcral. Sesshomaru ladeó la cabeza hacia la joven ¿Acaso no era obvio para ella? Imaginó que no, que tal vez, como ella acababa de percatarse de la presencia del hilo, no estaba sufriendo los mismos efectos que él y, por ende, no estaba al tanto de la tortura que a él lo carcomía. Sabía que ya no podía seguir ocultando algo cuya existencia ya se notaba a leguas: ella sabía del hilo, pero lo que necesitaba saber era… por lo que él estaba pasando.
—A ti —murmuró finalmente, bajo la vista a su mano y se observó el dedo meñique— tal vez sea momento de que yo también afronte mis problemas.
CONTINUARÁ
¡Al fin he regresado!
Quiero comenzar pidiéndoles disculpas por haberme tardado tanto tiempo, pero estuve pasando por muchos problemas personales y por época de parciales y la verdad es que no me sobraba demasiado tiempo para escribir. Tengo que admitir que también este capítulo me llevó una eternidad, si bien estaba planeado en mi cabeza, me resultó muy difícil pasarlo a palabras, las escenas entre Kagome y Sesshomaru me resultan tan complejas de escribir… principalmente porque, como ya he dicho, quiero respetar el carácter de Sesshomaru al momento de interactuar con Kagome y que lentamente se vaya moldeando. (Para que se hagan una idea de lo que me costó escribirla, tengo que admitir que me tomó cuatro días (cuando lo máximo siempre es dos) y la necesidad de hacer un dibujo de la escena —sí, dibujar escenas me ayuda a armarlas mejor, como último recurso—, pero escribí muchas escenas que decidí recortar para el capítulo siguiente, por lo que la buena noticia es que el próximo capítulo estará saliendo muy pronto).
Gracias por sus reviews y por las cosas lindas que me escriben, me hace muy feliz leer lo que opinan de la historia, sean criticas positivas o negativas, porque me ayuda a mejorar y a ponerle más atención a más aspectos de la historia.
PD: si les interesa saber el dibujo de la escena que hice, estará subido a mi página de Deviantart (es un boceto, no esperen nada demasiado elaborado). Pueden encontrarme por mi mismo nombre de Fanfiction: Starebelle.
¡Muchas gracias y que tengan una linda semana!
