Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada y Teshigori, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable
Nota de la autora:
Quiero externar mi molestia, debido a la injerencia de la Comisión Internacional de "Derechos Humanos" en las políticas de natalidad de mi país. Todo niño es una bendición y es un ser humano desde que se concibe. No debemos condenar a un bebé por la atrocidad cometida por un violador, ni porque no corresponde a nuestros estándares de "normalidad".
Trémula paz: aprendiendo a vivir en las doce casas
Advertencias: lenguaje inapropiado
Violencia
Trazas de yaoi
Amarga despedida. Primera parte
Sr. Kristërn Luken Rosenträdgard,
Villa Rodorio, Atenas, Grecia
Estocolmo, octubre de 201...
Seré breve.
Como ya debes saberlo, desde hace muchos años, formo parte de un grupo que comenzó con cuatro viejos excéntricos que gustábamos de coleccionar objetos de características especiales. Basándonos en leyendas antiguas, invertimos una fortuna en expediciones para recuperar reliquias que se creían perdidas, la mayoría pertenecientes a civilizaciones extintas. Después de unos años, nuestras constantes aventuras llamaron la atención de unos locos idealistas y filósofos frustrados, que se hacían llamar Deucalión.
Por mucho tiempo, todo pareció marchar de maravilla. Era una relación de ganar-ganar. Deucalión conseguía permisos de exploración para zonas restringidas en todo el planeta y a cambio, nosotros entregábamos parte del botín.
Ciertamente las cosas pudieron ser muy favorecedoras para todos, sin embargo ellos comenzaron a hacerse poderosos, quizá demasiado poderosos.
Tú sabes mejor que nadie, que cuando uno entra en un juego como ese, una afrenta significa la muerte. Fui cómplice en la deserción de tu hermana y pagaré con la vida mi traición, pero soy un viejo, llevo noventa y dos años encima y por lo tanto, no me importa.
El objetivo de esta misiva no es despedirme, porque estoy seguro de que te alegrarás al enterarte de mi muerte y aunque creo que no eres lo suficientemente sensato, quiero que recibas lo que te he enviado y tomes la decisión correcta al respecto, espero no equivocarme.
Se trata de la reliquia más peligrosa que hemos encontrado. En India, la llamaban la Clépsidra Dorada. Guárdala en un lugar seguro, porque ese pequeño objeto, tiene el poder de dañar todo aquello que queda expuesto a su poder. Lamentablemente, no puedo darte más detalles, porque los desconozco.
Gente muy poderosa está buscándola y es seguro que en su afán, darán con la casa. En mi estudio hay tres reliquias más, de las cuales no sé nada, pero te recomiendo ir por ellas. Cuida de tus hermanas, ya que a excepción de Katriana, nunca quise contarles de Deucalión, por eso estoy seguro de que ellos, tomarán represalias en su contra cuando no encuentren la Clépsidra en Suecia.
No queda más para irme. Eres el único varón de la familia, así que todo mi legado, incluyendo mi título nobiliario y bienes, son para ti. No te perdono la muerte de tu madre, pero toleré tu presencia, porque ella te quería y eso no puedo cambiarlo, mucho menos entenderlo.
Aunque creo que es tarde para ti, ojalá algún día seas digno de tu apellido y hagas una carrera de verdad para que dejes esa vida de vago que llevas. No puedo desearte nada mejor que eso.
Por tu propio bien, espero algún día me hagas caso en algo Krist, se despide, Kläus
Sin aparentar emoción alguna, Aphrodite guardó la carta que le escribió su fallecido padre antes de morir y colocó el sobre azul en un bolsillo de su pantalón. Luego sacó una cajetilla de cigarros que guardaba por si acaso, desde hacía tres meses.
Santuario de Atenas, Templo de Géminis
-Pudiste haberlo matado Saga
-Lo sé -el gemelo bufó con hastío, ante la obvia observación de Aldaberán y se cruzó de brazos, desviando la mirada hacia el lado contrario de donde yacía Caetano inconsciente.
-¿Se puede saber qué pasó?
-El chico me espiaba Aldaberán… su mente estaba llena de imágenes mías intentando encerrar la reliquia… no podía dejarlo irse así no más
Aldaberán lo miró con una ceja levantada y bufó mientras le colocaba otro paño en la frente al muchacho -el "Satán Imperial" es una técnica prohibida y solo el Patriarca puede utilizarla
-Lo sé…
-Además… si este chico es un aspirante… ¿cómo diablos entró a la bodega sin que sintieras su presencia?... esa habilidad solo la tenemos pocos… incluso es un truco difícil para un caballero dorado… lo que significa...
Saga miró a Aldaberán muy serio, porque realmente no había reparado en ese detalle -que alguien poderoso pudo ayudarle- susurró.
-Talvez… y eso complicaría aún más las cosas… solo esperemos que ese alguien, no lo esté buscando ahora… ¿sabes cuánto tardará el chico en recuperarse?
-El efecto tardará mientras no le haga daño a alguien cercano, eso… o hasta que mi padre lo ayude a salir del trance -Saga caminó hacia la ventana de la habitación y dirigió su mirada hacia arriba, donde en la cima de la colina, resaltaba la doble columnata de los pasillos del Templo Principal- no sé cómo llegar a pedírselo sin que él insista en una explicación lógica
-Y te irás al carajo cuando sepa lo que hicieron -Saga solamente bufó, no necesitaba que Aldaberán le recordara el peligro inminente en el que se encontraba su cuero- ¿y por qué no lo intentas? -preguntó Aldaberán incorporándose del lado de Caetano, secando sus manos con una toalla- me refiero a que lo cures tú…
-Podría matarlo- Aldaberán comenzó con una risita y Saga lo miró con una ceja arqueada- ¿qué te hace tanta gracia?
-En la época de Arles nadie se preocupaba por los aprendices… nos hubiera valido un carajo que se muriera o no… cómo hemos cambiado… sobre todo tú amigo
-¿Vas a ayudarme o te dedicarás a reirte por todo? -reprochó el gemelo, con el ceño más fruncido de lo que Alde hubiera querido y ya que aquello podía tornarse excesivamente peligroso para su propio pellejo, el brasileño decidió calmar un poco las aguas.
-Ya… no te exaltes Saga… solo quería aflojar el ambiente… te tomas las cosas muy a pecho
-¿Qué insinúas? -le preguntó el mayor con una mirada que le helaba la sangre hasta al más valiente.
-No… yo no insinúo nada… solo quiero que busquemos una solución juntos, eso es todo -titubeó Aldaberán, recordando para sus adentros que era muy mala idea confrontar a Saga- cálmate… estamos del mismo lado… ¿o no?
El mayor bajó la mirada y asintió con desgano. El pobre brasileño, vació el aire que tenía acumulado en sus pulmones y trató de calmarse lo más que pudo, antes de abordar a Saga de nuevo.
-Necesito tu ayuda… pero no tus ironías, Aldaberán
-De acuerdo… de acuerdo, lo haremos a tu manera
Saga suspiró -sólo hay una forma... hay que buscar a mi padre… tendré que confesarle lo que ha sucedido y…
-Saga -se atrevió a intervenir el moreno -tu padre… creo que no es… la mejor opción, por ahora
-¿Qué dices?
-Lo que oíste renacuajo -intervino una tercera voz y los dos dorados se volvieron hacia la puerta, allí donde Dhoko de Libra los miraba muy serio. Saga intentó contradecirlo, pero se detuvo al reparar que se sostenía un hombro que sangraba profusamente.
-Está herido maestro… hay que atenderlo- Saga caminó hacia el mayor, quien lo detuvo interponiendo una mano- ¿qué fue lo que le sucedió?
-Nada, es solo un rasguño -susurró Dhoko jadeante. Estaba muy débil debido a la hemorragia- solo… tengan… tengan cuidado
-¿Qué quiere decir maestro? -cuestionó preocupado Aldaberán, al ver que el chino comenzaba a tambalearse. Saga fue más rápido y corrió hasta el maestro de Libra para sostenerlo en brazos, justo en el momento en que se fue de bruces al suelo.
-¡Maestro! -Aldaberán también se dirigió al de Rosan en su auxilio
-Mejor no… no den la alarma… por… favor, tenemos que ser sigilosos
-Pero maestro… es mejor que Eneas lo revise -insistió Aldaberán.
Dhoko suspiró con pesadez en los brazos de Saga, los menores no le quitaban sus vistas angustiadas de encima -por ahora… nadie debe enterarse de… esto
-Pero maestro…
-Al que desobedezca… lo mato -susurró el maestro de Libra, antes de caer inconsciente en el suelo ruinoso de Géminis.
Isla Andrómeda
-Viejo maldito -susurró antes de incorporarse.
-Tú no tienes la culpa... ya no puedes hacer nada -le dijo Camus con preocupación, al verlo colocarse la armadura dorada. Y es que desde que Afro le informó de la muerte de su familia, Camus decidió quedarse con él para apoyarlo de la forma en que necesitara. Hablar, llorar, desahogarse, lo que fuera para pasar ese trance tan amargo. Sin embargo, eso nunca sucedió y lo único que salió de los labios del obstinado sueco, fue el perezoso humo de su cigarro.
A pesar de lo insensible que podía parecer, Camus no quería separarse de su compañero. Después de un largo rato de silencio, el francés había maquinado al menos veinticinco formas distintas de obligarlo a expresar su dolor. Sin embargo, para su sorpresa, Afro sacó de su bolsillo una carta que Camus reconoció de inmediato y la leyó en absoluto silencio. Era la misma carta, que recibió de su padre al morir y cuyo contenido Camus conoció, la noche que Shion fue atacado por la Clépsidra Dorada.
-Tengo que irme -fue lo primero que dijo, después de maldecir la memoria de su padre varias veces.
-¿Dónde irás?
-A Estocolmo -dijo sin mirar realmente al menor- volveré al amanecer… supongo que entenderás que no hace falta que los demás se enteren…
-No vayas solo… algo no anda bien, lo presiento…
Afro miró al menor con una ceja arqueada y una risita -¿así que ahora te preocupas por mi?
-Si, al igual que me preocupo por cualquiera de los otros -Camus se volvió y enfrentó la mirada celeste- ¿es que acaso tú no lo haces?
Afro sonrió un poco nostálgico y negó con la cabeza -ustedes son once fastidiosos hermanos… y me interesan tal cual -Camus sonrió, mirando hacia el horizonte y el mayor le dio una palmada en la espalda- te aseguro que no pasará nada…
-Espero que no
-¿Desde cuándo te volviste tan cariñoso?
-Desde que aprendí a no sentirme culpable por el pasado y a darles la cara a ustedes sin avergonzarme por mis decisiones
-Talvez tienes razón -Afro no dijo más, porque sabía que no era necesario. Solamente asintió y sonrió. Luego despeinó cariñosamente al francés, antes de desaparecer como un haz de luz dorada.
-Espero esto no se compliquen las cosas -susurró el francés, con una desazón en el pecho al ver la estela dorada cruzar el cielo hacia el noroeste.
Mansión Kiddo, Japón
Mucho rato había pasado, desde que Sahori se encerró en su despacho en compañía de Aioros, Aioria y los dos plateados que ahora se hospedaban temporalmente en la gran mansión. Ajenos a lo que sucedía del otro lado de la casa, cuatro jóvenes inquietos continuaban con su rutina de fin de semana, con muchos deberes pendientes.
-Shiryu… no entiendo nada de lo que dices
-Presta atención Seiya -el caballero dragón tenía al menos dos horas explicando inútilmente al Pegaso, la forma de solucionar una kilométrica ecuación de segundo grado que le habían dejado de tarea en el colegio- mira, es solo cuestión de tener orden al resolver los paréntesis… primero los redondos, luego los cuadrados y al final las llaves… ¿de acuerdo?
-Shun me tenía más paciencia
-Ahora Shun no está -regañó el pelinegro.
-Sabes… si alguna vez voy a la universidad escogeré una carrera que tenga nada que ver con álgebra
-Tomando en cuenta tus habilidades académicas… creo que lo mejor para ti es casarte con Sahori para que ella te mantenga...
-¡Cállate Hyoga! -ignorando a Shiryu, Seiya se lanzó sobre Hyoga pasando por encima del desayunador, arrastrando libros, útiles y frutero al suelo- ¡eres un infeliz!
Shiryu suspiró y comenzó a guardar sus libros -ay Hyoga… ese fue un comentario digno de un discípulo de Camus...
Hyoga luchaba, tratando de zafarse de los golpes del menor de los Kiddo -¡admite que estás enamorado de ella!... ¡deja a Shaina y quédate con Sahori!
-¡Yo no estoy con Shaina!
-¡Si lo estás! -a Hyoga casi se le salían las lágrimas de la risa, esquivando hasta donde podía la lluvia de puñetazos de Seiya.
-¡Eres un cabrón Hyoga!
-¡Eso no es cierto!
-¡Lo es!
Shiryu miró con aburrimiento, como sus hermanos libraban otra de sus absurdas batallas. En ese momento Shunrei, quien recién llegaba, se le acercó por la espalda y lo saludó con un cariñoso beso -¿y ahora qué les pasa?- preguntó con referencia a los otros dos.
-Lo de siempre…
Shunrei suspiró y abrazó por el cuello a Shiryu, quien mansamente se dejó hacer-¿cuándo aceptará Seiya que quiere a Sahori?
-Ni la menor idea
Shunrei sonrió y desvió la mirada hacia la escalera que daba al segundo piso -¿qué crees que esté sucediendo con los que vinieron del Santuario?
El pelinegro se encogió de hombros -llevan mucho rato encerrados… seguramente, Sahori les está dando una reprimenda o algo así… parece que las acusaciones que enfrentan los de plata, son muy serias…
-Pobres… ella está tan…
-¿Tan embarazada quieres decir?
-¡Hyoga!
-Creo que ya terminaron -interrumpió Shiryu cuando escuchó la puerta del estudio abrirse y las voces por el pasillo.
Al escuchar el sonido de la conversación en la planta alta, Seiya y Hyoga detuvieron automáticamente su pelea y se quedaron mirando hacia la escalera.
-Le agradecemos mucho su benevolencia señora -se escuchó la voz de Algor, quien caminaba tomado de la mano de Kalia- además de lo considerada que ha sido en darnos una licencia para que el bebé nazca en Suecia
-Es lo menos que puedo hacer -Sahori se detuvo y colocó sus manos sobre el vientre abultado de Kalia, quien no dejaba de admirar la calidez que emanaba del cuerpo de la diosa, tan contrastante con las repentinas ocasiones en las que actuaba como una niña. Era como si fueran dos personas en una y eso se le hacía muy curioso- ¿cómo estás tan segura de que es solo un… o una bebé Algor?
Kalia enarcó las cejas y miró a Algor con un sonrojo en las mejillas -bueno… eso es lo que asumimos…
-Pues asumieron mal -rió la pelilila, alejándose del lugar junto con los dorados.
Algor no quiso quedarse con la duda y colocó su mano sobre el vientre de su prometida, levantando la vista para mirarla cuando sintió dos diminutos cosmos, latiendo en el interior de la amazona.
Kalia comprendió la sorpresa en la mirada parda de su amado y sonrió genuinamente feliz -olvidé decirte que los gemelos son comunes en mi familia…
-He de decirte que ahora me preocupa doblemente tu hermano
En el Inframundo
Ella era hermosa como una noche de llena, por eso él cayó a sus pies enloquecido de amor y la retuvo a su lado por siempre, usando para ello, el fruto de una granada.
Cuando él la engañó para que no lo abandonara, Perséfone creyó que nunca llegaría a perdonarlo, mucho menos amarlo, sin embargo, el paso de las eras y la imponente presencia de Hades, hicieron mella del resentimiento que albergaba su corazón y terminó enamorándose de él.
-Cuando podrás estar conmigo otra vez, amor mío -susurró ella, recorriendo con el índice la mejilla de su señor, cuyo cuerpo original, yacía inerte en una habitación cercana a la Giudecca, desde donde se miraba a lo lejos, el triste cauce del Cócitos.
-Te extraño tanto...
Perséfone se inclinó sobre su amado y rozó con sus labios los ajenos, apenas como una sutil caricia. El largo cabello, resbaló como cascada de hilos escarlata, sobre el pecho inerte de Hades, en donde se refugió ella para sollozar, tal y como lo hacía desde que el dios cayó herido por una espada, en la última batalla contra los atenienses.
Afuera de la habitación, solamente se escuchaba el repiquetear de las gotas de lluvia que eran habituales en aquel sombrío paraje. El dios del Inframundo, apenas se inmutaba por los cambios alrededor, pero su esposa era la única capaz de percibirlos y cada reacción, era un pequeño gran logro que ella celebraba emocionada.
Perséfone cambió con esmero las vendas empapadas en sangre y peinó los cabellos azabache de modo que no cayeran sobre el rostro masculino -tengo que irme mi amor- ella le besó en la frente y la respiración del dios pareció apurar levemente, haciéndola sonreír -en un rato vendré a verte de nuevo…
-¿Se puede? -Shun de Andrómeda estaba allí, asomando apenas la nariz por la rendija de la gran puerta y esperó en la misma posición hasta que la reina del Inframundo, le indicó con un gesto que podía pasar.
-El otro día me preguntaste acerca del paradero del cuerpo de mi esposo… pues aquí tienes la respuesta -respondió ella indiferente, se sentía molesta por la interrupción del muchacho. El cabello le caía por la espalda hasta los tobillos, liso y sedoso, del color del vino tinto.
-Pandora me mostró el camino… espero no le moleste -se explicó el muchacho, adivinando la causa del ceño fruncido de la reina. Desde días atrás, el espíritu de Hades, estaba cada vez más tiempo en su cuerpo original y su relación con Perséfone, no era la más agradable. Ella era altanera e intimidante y todos allí le temían casi tanto como a Hades.
-¿En qué puedo servirte Shun? -preguntó ignorando las disculpas del chico.
-Ha llegado una carta del Santuario -Shun se aclaró la garganta y le extendió un sobre rojo a Perséfone- es para usted...
Al escuchar que la misiva venía dirigida directamente a ella, tomó el sobre con curiosidad y leyó el contenido de la carta, ante la mirada expectante del caballero de Andrómeda -definitivamente esto no me lo esperaba- murmuró sorprendida después de unos instantes.
-¿Sucedió algo en el Santuario?
Perséfone rió por la expresión desconcertada del chiquillo -no cariño… solamente me están convocando a una reunión… se requiere que conozca un documento para pactar formalmente la paz con el Inframundo…
-¿Otra fiesta de la señorita Sahori?
La mujer sonrió apenas y se volvió hacia el peliverde -de hecho… es más aterrador que eso Shun…
-¿Ah si?
-Es un Concilio de Paz
Isla Andrómeda
Sentado en el regazo de Milo, los grandes ojos de Kahiry, curioseaban todo con emoción. En sus tres años de vida, jamás había visto tal algarabía en su aldea, tan golpeada por la miseria y el terror. Sin embargo, esa noche era la esperanza quien danzaba entre ellos.
-¿Te gusta bailar eh? -preguntó Milo divertido, al ver al pequeño tirarse de su "asiento" para mover su cuerpo desordenadamente "al ritmo" de la música tribal.
-Music… music -insistió Kahiry señalando a Milo entre risas, provocando las carcajadas de otros pequeños que estaban cerca de allí.
-Aunque no me creas enano… soy todo un bailarín -Milo se lanzó a sostener al chiquillo, quien estuvo a punto de trastabillar por los alocados movimientos- cuando bailas, tienes que buscar una linda chica y en cuanto ella se descuida, la besas -aconsejó Milo al pequeño quien no parecía prestarle atención.
-¿Girl?
-Yeah
-¿Reclutando adeptos para tu legión de horror?- Milo volteó hacia arriba, allí donde su mejor amigo Camus lo miraba de brazos cruzados.
-Solo lo aconsejo para la vida… es un chico apuesto, que le saque provecho a eso -se justificó, mientras se incorporaba para estar a la altura del francés.
-Me agrada que te acerques al niño, solo aconséjalo bien… esta pobre gente ha sufrido mucho
-La alumina dice que Kahiry me toma como una figura paterna -explicó Milo sonriendo orgulloso y Camus enarcó una ceja. Al ver ese gesto, el griego se preparó para uno de los acostumbrados cinismos de Camus, pero en vez de eso, el francés lo sorprendió con un comentario lleno de cariño fraterno.
-El niño es inteligente -Milo abrió los ojos sorprendido- ha elegido bien…
-Camus -susurró Milo agradecido- ¿de verdad crees que yo… podría ser buen...?
Al percatarse del sentimiento que sus palabras causaron en Milo, Camus se dio cuenta de que había expresado más de lo necesario -ni lo menciones
-Cami...
El francés lo cortó de zarpazo y Milo suspiró decepcionado; su cubo había regresado -basta de charla… necesito que vengas -dijo tomando a su amigo del brazo, para arrastrarlo lejos del barullo de la gente. Por su parte Kahiry, aprovechó para correr a perseguir a un par de niñas que estaban cerca de allí.
-Ese es mi chico -celebró con orgullo Milo, al mirar las acciones del pequeño.
-Milo -dijo Camus, tratando de no levantar la voz para no ser escuchado- esto es serio… se trata de Afro
-¿Afro? -susurró volviéndose hacia Camus- ¿no estaba con la italiana malhumorada?
-No -Camus suspiró con pesar- en este momento está en Estocolmo…
-¿¡Estocolmo!? ¿¡no es que iba a ayudarnos aquí!? -Milo se soltó del agarre del francés y comenzó a caminar en círculos, ante la mirada exasperada de Camus- maldito pescado… qué forma de escapar de los deberes… yo sabía que nos iba a dejar con toda la carga…
-Milo -Camus rodó lo ojos, mientras el otro, murmuraba gesticulando de forma exagerada- yo de estúpido caigo en su jueguito de "ahora como soy bueno voy a reconstruir la isla del infierno y todos me van a querer"...
-Milo- insistió Camus, quien fue ignorado olímpicamente.
-No debí seguirlo en esta tontería… ahora es que tengo que terminar la planta yo solo y sin ayuda… él tuvo la culpa de la mitad de lo que sucedió aquí…
-Milo- le interrumpió Camus con pesar -asesinaron a su familia; sus hermanas y sobrinas- el de escorpión detuvo su berrinche y entreabrió los labios de la impresión.
-¿Qué… qué? ¿estás bromeando? -tartamudeó sorprendido.
-No Milo, no bromeo
El griego acortó la distancia que lo separaba de Camus y enfrentó los ojos violeta, buscando un destello de picardía que indicara que todo aquello era una farsa, sin embargo, el velo apenas perceptible de dolor en la mirada ajena, lo hizo retroceder un poco aturdido.
-¿Y… y qué haremos ahora?
-Buscaremos a Shura y viajaremos a Estocolmo… algo me dice que Afro se va a meter en problemas
En una celda en el Śahara Āśā
A pesar de que habían pasado varias horas, Angello no perdía la esperanza de encontrar una salida secreta en la diminuta celda en la que permanecían encerrados. Mientras tanto, Kanon registraba elaborados planes de escapatoria, en una libretita que cargaba en un bolsillo y que se salvó de la requisa de los lemurianos.
-¿Cuándo dejarás de hacer eso maniaco?... me pones nervioso con tus dibujitos...
-Cuando dejes de llamarme maniaco -contestó el gemelo tachando de nuevo una hoja, para comenzar otra- además… he decirte que tampoco has logrado gran cosa, no creo que podamos escapar gracias a tus quejas…
-Bah… todo el mundo sabe que los edificios antiguos están llenos de pasajes secretos…
-Si claro -murmuró con ironía el gemelo.
Ignorando las burlas de Kanon, Angello continuó tanteando uno por uno los ladrillos de la pared, con el fin de encontrar alguno falseado, sin embargo, de un momento a otro detuvo su labor para prestar atención- ¿escuchas?
Kanon levantó los ojos de la libreta y los enfocó justo en la puerta, donde también Angello miraba y asintió preocupado -el sonido del silencio...
-Hace mucho no se escucha un solo ruido -Death se peinó los cabellos azules hacia atrás- este lugar es demasiado loco para mi… te apuesto a que ni siquiera buda se sentiría a gusto aquí...
Kanon sonrió y caminó hacia la pesada puerta de madera, desde cuya ventanilla verificó los movimientos de sus captores -nada cangrejo… está vacío
-¿Y es que estos lemurianos hijos de puta, creen que vivimos de aire?¿no tendrán un delicioso festín de naga por ahí?
Kanon suspiró y susurró más para sí -no creo que les importe alimentarnos, cangrejito… más bien parece que nos comerán a nosotros
-¡Lo encontré! -le interrumpió Angello de repente.
-¿Qué encontraste? -cuestionó Kanon, volviéndose hacia el de cáncer.
-Un ladrillo falseado -Angello mostró orgulloso la pieza suelta a Kanon, quien enarcó una ceja, aún no muy convencido del hallazgo- esto tiene que funcionar…
Y para sorpresa de ambos, cuando el italiano empujó el ladrillo, se escuchó claramente el sonido de fricción de la piedra al moverse, Desafortunadamente, Kanon constató desde la ventanilla, que la pared que se movió, pertenecía a la celda de enfrente.
-Bravo Angello -aplaudió Kanon irónico.
-Merde -protestó el italiano, golpeando con frustración la pared, la cual cedió de inmediato ante la fuerza de su puño.
-¿Pero...? -la expresión de desconcierto en ambos dorados, era de fotografía. Una vez pasada la impresión, Kanon sonrió con burla por la parálisis repentina de su compañero, causada al ver la pared caer tan fácilmente después de horas de estar buscando una salida- eso pudiste haberlo hecho desde que nos encerraron…
-Yo… pues… ¡demonios! -protestó Angello, sintiéndose burlado.
-No perdamos tiempo ragazzo y mueve el culo, antes de que alguien nos encuentre
Y así de rápida como su sugerencia, Kanon corrió hasta el boquete en la pared y arrastró consigo a Angello, a quien no dejaba en paz un tic en el ojo derecho -maldita sea… ¿viste como cayó la maldita pared?
-Si… si -Kanon se detuvo al final de uno de los pasillos y verificó la seguridad del mismo- supéralo criatura… que ahora tenemos que concentrarnos en correr antes de que estos locos envíen por nosotros… está limpio… sigamos
Para sorpresa de los dorados, no parecía haber nadie en las decenas de pabellones que recorrieron dentro del edificio de la prisión, ni vigilantes, ni prisioneros, solo ellos en aquel oscuro lugar, muy semejante a una catacumba.
La carrera no se extendió por más de cinco minutos, hasta que alcanzaron la libertad -he de decir que estos sujetos necesitan replantear su sistema penitenciario… fue demasiado fácil salir- comentó Angello con mofa, en el momento en que saltaron una enorme muralla, que los separaba del exterior…
-Si amigo… demasiado fácil -susurró con cautela el gemelo, cuya mirada permanecía inquieta, verificando cada movimiento alrededor.
Después de saltar la muralla, caminaron por las calles empedradas, escondiéndose de cualquiera que pudiera verlos, sin embargo nunca toparon con nadie.
-Esto es un desierto -suspiró Kanon, deteniéndose al final de una calle- quisiera salir de esta pesadilla…
Angello asintió mirando hacia la misma dirección que el mayor, se sentía inseguro y eso no le gustaba. Sin perder más tiempo, continuaron corriendo por las angostas callejuelas, admirados por la absurda perfección de aquel lugar.
-Nuestras pisadas Angello -el aludido asintió sin dejar de correr- no se escuchan… debería sonar el eco del metal sobre el piso… esto no es normal
Siguieron corriendo por unos minutos más. No había pasado más de una hora desde que abandonaron su celda y ya estaban agotados -no recuerdo que fuera tan lejos la salida hacia la caverna… me parece que hemos recorrido cientos de millas- observó Kanon sin resuello, cuando se detuvieron para tomar algo de aire.
-Kanon -el aludido levantó la vista y se encontró con Angello mirando con la boca entreabierta hacia la pared de un edificio. Siguiendo la dirección de la mirada italiana, se topó con la razón por la cual Angello parecía casi aterrado y entonces sus facciones imitaron la desazón que mostraba el de cáncer.
-Cangrejo… somos… somos nosotros…
Kanon abrió la boca por la impresión. Hacia cualquier parte donde giraran, sus propios rostros grabados en decenas de carteles de papel, les miraban casi con maldad. Arriba de cada retrato, se describía en una frase el grado de peligrosidad que representaban aquellos fugitivos y abajo un monto en monedas; el precio a pagar por sus cabezas.
Atlantis
-Tres de cuatro… lamento mucho decirles, queridos perdedores, que les he ganado de nuevo -Baian arrastró con un enorme abrazo, el puñado de objetos que constituía el acumulado para las apuestas de esa tarde. A pesar de estar en periodo de paz, los atlantes tenían mucho trabajo, ya que Equidna requería de una vigilancia constante, sin embargo para los jóvenes marina, aquella tarea era de lo más tediosa y buscaban formas de pasar el rato.
-Bah… ya yo no juego -protestó Io, tirando su manojo de cartas frente a un satisfecho Baian, quien no borraba su sonrisa de triunfo- te ganaste mi última botella de vino…
-Y mis últimos diez euros -bostezó Isaak- qué aburrido estar día y noche pendiente de esa cosa -agregó el peliverde levantando la mirada hacia el Soporte Principal- ya ni siquiera grita como al principio… seguro que se murió
-O tal vez quiere que pensemos que está muerta y nos saltará encima en cuanto abramos el pilar -agregó Baian haciendo una graciosa mueca con los dientes.
-Maldito bicho endemoniado… ojalá y se lo lleven el Límite de nuevo… desde que está aquí no tenemos vida… cuánto lo detesto
-Hablas como un vil vagabundo… no pareces discípulo de ese francés arrogante y sabelotodo -Io se levantó para estirarse y alargó una pierna para hacer flexiones- por cierto que nunca terminaste de contarnos cómo le fue al idiota de Hyoga con su castigo de los vinos… la otra vez que estuvo aquí, me pidió que le contactara con un mercader chileno...
Isaak bostezó escandalosamente -él siempre encuentra la forma de escaparse… he de admitir que quisiera saber cómo diablos lo logra…
-Suerte de tontos -gruñó Baian con desdén, mientras desenvolvía uno de los caramelos que le había ganado a Kasa, quien para la tercera ronda se retiró porque ya no tenía más que apostar.
Un agudo sonido que se escuchó desde los terrenos cercanos al Templo Principal, hizo que los jóvenes se pusieran en guardia. Segundos después sus cuerpos se doblaron, intentando proteger sus cabezas -maldito Sorrento… ¿qué cree que hace?- gruñó Io, cayendo de rodillas por el dolor.
-Juro… que le clavaré esa dichosa flauta... por donde mejor le quepa -jadeó Baian a punto de gritar.
-Me… me temo que no es la flauta de Sorrento -gruñó Io.
Una grácil figura "aterrizó" enfrente de los generales y se colocó en medio de ellos, contrarrestando con las vibraciones de su propia garganta, el ruido que estaba lastimando a sus compañeros.
-Tethys -susurró Isaak agradecido, mientras admiraba la silueta de su amada sirena, enfundada en la escama de coral rojo.
-¿Qué fue eso? -preguntó Baian una vez se calmó todo, sacudiendo la cabeza para sacarse el aturdimiento.
-El señor Poseidón está enfurecido y mandó a Kasa detrás de una sirena que detectó merodeando cerca… ella solo se está defendiendo de él, el señor no debió devolverle su canto..
-¿Qué sentido tiene atrapar a una sirena?... es decir… ¿no es mejor tenerlas lo más lejos posible? -agregó Io- y no te ofendas muñeca -se disculpó el muchacho al percibir la mirada asesina que le dedicaban Tethys e Isaak a la vez.
-Poseidón no las quiere cerca, mucho menos ahora que se va a celebrar el Concilio de Paz en Atenas -dijo ella mirando hacia el Templo Principal con el ceño fruncido.
-¿Concilio de Paz?
Tethys asintió con seguridad -acaba de llegar un pergamino desde el Santuario, los atenienses quieren asegurar la paz por medio de un tratado firmado por los dioses…
-Extraño -una vez recuperado, Baian recorrió sus bolsillos para sacar otro caramelo.
-¿Qué es extraño?
-No sé -Baian se encogió de hombros- se supone que el acuerdo está implícito… incluso Tethys e Isaak estuvieron en el Santuario para la Luna de Cosecha… me parece extraño que quieran rectificarlo en Atenas
-Yo no lo veo tan raro -intervino Isaak- Shion de Aries es un hombre muy sabio y un excelente diplomático, supongo que es una mera formalidad
-Y también es raro que precisamente ahora, una de tus hermanas cola de pez ande merodeando por territorio olímpico -Tethys gruñó por lo bajo.
-Deben estar interesadas en liberar a la bruja esa -agregó Baian señalando con la barbilla hacia la gran estructura que se alzaba al lado de ellos y que encerraba a la Equidna.
-Por supuesto -Tethys bajó la mirada apenada- me va a doler… pero mis hermanas se lo buscaron… la incursión de una sirena en el espacio sagrado de Atlantis solo significa cacería…
Isaak tomó la mano de la rubia -podrán mandar a cazar a todas las de tu especie Tethys… pero yo estaré contigo para protegerte, aunque tenga que enfrentar la ira del mismo Poseidón...
Isla Andrómeda
-Fue impresionante…
Shura se volvió al escuchar la delicada voz a su espalda y esbozó una sonrisa al confirmar que se trataba de la amazona de Camaleón -¿en serio?... pensé que te habías asustado
-Es que realmente fue impresionante… literalmente -Shura avanzó hacia donde la chica estaba, sin atreverse a levantar la vista hacia él -he de confesar que fue un tanto… inquietante… sobre todo, cuando los demonios comenzaron a aullar en medio de las chozas
-Lo siento- el español se acercó lo suficiente, como para percibir el dulce aroma a vainilla que destilaba la piel femenina y sonrió de esa forma tan encantadora que era capaz de derretir hasta a un témpano de la Antártida -no debiste asustarte… era yo quien estaba allí…
June pasó saliva. Era difícil no ponerse nerviosa delante de aquel hombre que exudaba sensualidad por cada poro de su cuerpo -es que temía que… que esos dioses malignos… te hicieran daño- June se acarició un brazo y se aclaró la garganta -¿de verdad… de verdad estás bien?... es solo que… el anciano nos dijo que muchos recipientes de Agnar, pierden la vida cuando el espíritu del dios los abandona o que algunos cazadores perecen devorados por los demonios -la rubia se dejó mansamente a que Shura le quitara la máscara- dime que sigues siendo tú...
Shura sonrió agradecido por la preocupación que demostraba ella y la abrazó por la cintura para calmarla con su calor -claro que soy yo y estoy bien… ¿es que no lo sientes?
June posó las manos sobre el pecho del español y se concentró en sentir el fuerte palpitar que retumbaba en el interior del joven -eres tú- susurró al confirmar que el espíritu que moraba en ese fuerte pecho, era el de su amado.
-Claro que soy yo -Shura deslizó su índice muy despacio desde la mano, hasta el cuello de ella, levantando algunos hilos, para sentir la suavidad y el aroma de su cabello rubio- ¿convencida?
June abrazó a su caballero con fervor, agradecida con la diosa porque él estuviera ileso -estás bien… estás bien
-Lo estoy… tranquila
-Lamento que hayas tenido que lidiar con estas cosas
-Soy un guerrero y en teoría tengo pelear por el bien de la humanidad… es mi deber -Shura la besó en la coronilla y afianzó su abrazo alrededor de ella- por cierto… hablando de los deberes de un guerrero sagrado
-¿Ya pensaste en mi castigo? -susurró ella, adormilada por los mimos del mayor.
-Bien sabes que podría obligarte a correr alrededor de la isla durante días enteros y conociéndote, no aprenderás la lección
June bajó la mirada, Shura tenía razón. Su terquedad era difícil de corregir, por eso resultaba tan imprudente a la hora de tomar desiciones.
-Tienes razón Shura… soy incorregible
-Y lamentablemente no puedo dejar pasar esto por alto… soy de mayor rango, aunque te moleste
June asintió y sonrió comprensiva -es tu obligación como líder hacer cumplir a los demás… no Shura, no me molestará que me impongas el castigo que merezco…
Él sonrió con cariño y se sentó en una roca cercana, después le dio un jalón para sentarla en su regazo -verás, el Patriarca me informó que llegarán unas aprendices nuevas… trillizas, las únicas sobrevivientes de un accidente aéreo, no sufrieron un rasguño… lamentablemente junto con sus padres, murieron ciento veinte personas más...
-Es horrible…
-Lo es -Shura enredó sus dedos en los largos mechones rubios- tienen cuatro años… el caso fue tan extraordinario, que Shion cree que las pequeñas poseen habilidades especiales… me pidió que me encargara de buscar quién las entrene… así que pensé que más que un castigo para ti y para Shaina; hacerse responsables de las pequeñas, será una buena forma de que aprendan a tomar decisiones que garanticen el bienestar de quienes dependen de ustedes… ¿estás de acuerdo?
-Sí señor… me asusta, pero si confías en que puedo hacerlo, lo haré
June acarició el cabello de Shura, quien estaba recostado en su pecho, descansando del ajetreo anterior- puedo confesarte algo...
-¿Umm? -contestó el español perezosamente.
-Te veías muy sensual de cazador -ella dejó escapar una risita y besó la frente de Shura, quien se sentía en el paraíso- creo que es mi nueva imagen mental favorita…
Shura se incorporó y tomó sus labios en un apasionado beso -me muero por tenerte algún día- susurró regodeándose en la delicada curvatura que formaba cintura femenina. La chica correspondió embelesada con las atenciones del dorado- ¿cuánto te falta para cumplir 18?
-Un año y seis meses exactos -esa fue la voz de Albiore, quien se encontraba de brazos cruzados observando a la apasionada pareja, mientras daba golpecitos con el pie en el suelo.
-Maestro Albiore -June se colocó la máscara y se incorporó asustada- no sabía que… que estaba aquí
-De eso ya me di cuenta June -Albiore levantó la vista y la posó en Shura, quien se incorporaba, acomodándose el cabello con toda calma- niña… espérame al otro lado por favor…
-Si… si señor
Albiore no quitó su mirada azulada de los ojos verdes de Shura, ni aún cuando su discípula pasó a su lado para irse. Una vez los dos hombres se quedaron a solas en la tienda, el rubio tomó aire para hablar.
-Espero sus intenciones con ella sean genuinas, Shura de Capricornio…
-Lo son
-Usted tiene más de 25 años…
- 26… recién cumplidos -Shura trató de no perturbarse, ya que la mirada del argentino era por completo, la de un padre que defiende a la hija de un gamberro aprovechado- maestro Albiore… sé que a algunos nos precede la fama… desgraciadamente una mala fama -confesó Shura girando los ojos hacia arriba- pero le aseguro que no pienso hacerle daño
-Y espero que así sea -intervino Albiore- no sería la primera vez que me enfrente a un dorado…
-Disculpen la interrupción -la inconfundible voz de Camus, hizo eco a espaldas de Albiore. A su lado, venía Milo con el semblante muy serio.
-¿Qué pasa? -preguntó Shura extrañado de esa actitud tan impropia de Camus, al interrumpir su conversación con Albiore y sobre todo de la seriedad que denotaba el rostro perfecto de Milo.
-Es Aphrodite -Shura miró a Camus con interrogación- acaba de partir a Estocolmo y presiento algo malo...
Mansión Roseträdgard
No le tomó más que unos cuantos minutos llegar al lujoso vecindario en las afueras de la capital de Suecia. Aquel precipitado viaje tenía como objetivo, encontrar las pruebas que le encaminaran hacia la identidad del asesino de los Rosenträdgard, ya que nada le daría más satisfacción que darle caza él mismo. Para ese entonces, estaba más enojado que dolido y eso era porque sabía que las andanzas de su padre habían condenado a su familia. Fue por ello, que ni siquiera se inmutó cuando leyó las últimas palabras de Kläus, ya que en el fondo de su alma, sabía la clase de calaña que era el viejo y lo que era capaz de hacer con tal de obtener un beneficio económico o político.
Respiró profundo cuando se encontró por fin enfrente de las grandes puertas de roble del que mucho tiempo atrás, fuera su hogar. El lugar apestaba a muerte vieja y varias presencias rondaban por el lugar cuidando la casa. Restos de un perturbador cosmos, podían sentirse en algunas de las estancias, aquello era desolador.
-Ya veremos en qué clase de lío estabas metido Kläus… maldito demente -murmuró mientras tiraba de las cintas amarillas colocadas por la policía local al hacer el levantamiento de los cuerpos. La puerta estaba entreabierta y su corazón se llenó de amargura, cuando se encontró frente a sí, con una ruinosa estancia que hasta hace poco tiempo fue un majestuoso living- haya querido la parca que sufrieras la mitad de lo que sufrieron ellas al morir…
Afro entró en la casa y recorrió el lugar revisando minuciosamente, hasta que pisó algo en el suelo. Sobre la alfombra, un caballito de madera policromada, lo miraba como si esperara por él -yo te recuerdo- le dijo al objeto y acarició el perfil del animalito, como si intentara recuperar un poco de las memorias de su niñez perdida. Aquella época que distaba tanto de su realidad actual y cuyas imágenes comenzaron a aparecer alrededor de él, como sketches de una película olvidada.
Aquellos movimientos… él los conocía. Suaves, con una sinuosidad perfecta. La cadencia llevada de la mano por los compases de una melodía; ese año, Katriana representaría al otoño en la gala de verano de la compañía de ballet de Estocolmo y había elegido la "Danse Macabre" como fondo musical.
-Kari… ¿cuándo vas a jugar conmigo? -un chiquillo de rizos muy claros miraba a su gemela, quien ensayaba afanosamente su intervención en medio del living. De pronto el niño se tiró sobre la alfombra y gateó buscando por debajo de los sofisticados muebles que llenaban la estancia.
-Encontré mi caballo rojo -dijo satisfecho con el juguete en la mano
Del otro lado, una risita hizo eco en las paredes del gran salón, llamando la atención del pequeño peliceleste -Cassey te va a regañar porque ensuciaste tu ropa Krist
-No es cierto- gritó él alegremente y corrió detrás de la niñita que se le parecía mucho, hasta que la alcanzó y la lanzó en un sofá para jugar con ella.
-Ya Krist… déjame -se revolcaba la chiquilla, riendo a más no poder por las cosquillas con las que la atacaba su hermano- te voy a acusar con Cassey…
-No, no lo harás...
-¡Gemelos por Dios! -bajando la escalera venía una señora muy bonita, elegantemente ataviada con un vestido verde claro- si los ve padre, los va a castigar -la señora hizo un dramático ademán de desesperación y tomó al niño en brazos para arreglar el nudo de la corbatita y el conjunto que vestía -mírate criatura- como lo haría una madre, le acomodó la coleta que sostenía los rizos rebeldes y limpió con un pañuelo las gotitas de sudor que barnizaban la frente alba del pequeño, quien arrugaba la cara, como si el contacto con la seda le quemara.
-No me gustan las corbatas… son tontas
-Krist… mi amor -dijo ella pasando el índice entre las cejas para estirar el ceñito fruncido- no puedes ir a una comida del club en ropa de juego, lo correcto es que uses traje formal…
-No me gusta esa comida… es comida tonta
Katriana se tapó la boca, para contener la carcajada que tenía atorada en la garganta -no hables así cariño- dijo la mayor de los hermanos, acariciando los rizos sueltos- sé que es difícil para ti… pero ya tienes cuatro años; eres el hombrecito de la familia y tienes que comportarte como tal
-No quiero ir a comer al club, es aburrido y los otros chicos se burlan de mí -dijo él con un puchero- dicen que parezco niña
Cassey se acuclilló al lado del pequeño para consolarlo- lo hacen por envidia -la mujer limpió cariñosamente las lágrimas de las mejillas- eres el niño más lindo que he visto en mi vida… pareces un angelito
-Los angelitos son tontos
La mujer soltó la risa, acostumbrada a los desplantes del más pequeño de la casa. Los gemelos se contagiaron de la alegría de su hermana y pronto terminaron riendo con ella.
En el que ahora era un ruinoso living, Aphrodite cerró los ojos y dejó que el sonido de aquellas risas lo envolvieran, hasta que desaparecieron junto con las presencias que pululaban por la casa, ahora en abandono.
A sabiendas de que si no salía de ahí pronto, su alma se quebraría, decidió apurar su búsqueda. Sus pasos lo llevaron a las puertas del salón de música, allí donde brillaba un majestuoso piano de media cola.
-No pensé que estuvieras aquí aún -el Caballero de Piscis, levantó la tapa empolvada y acarició apenas las teclas, como si le quemaran las yemas de los dedos -mi viejo enemigo...
Después de unos instantes de contemplación, levantó el taburete para sentarse y se topó con unas partituras desparramadas en el suelo -alguien estaba tocando el piano cuando… cuando todo pasó- intuyó el dorado, al ver el desorden -curioso- sonrió tristemente, mientras leía -versión para piano de la Danse Macabre… muy adecuado
Se sentó en el taburete y aunque la armadura le limitaba un poco los movimientos, colocó los dedos sobre las teclas y ojeó la primera página -dicen que lo que bien se aprende… nunca se olvida -susurró, antes de comenzar a golpear suavemente las teclas del piano -¡ja!... desearía que me vieras maestro Amadeo...
Poco a poco las notas fueron abandonando la caja de resonancia y llenaron completamente el lugar con aquella rápida y misteriosa melodía. Tan abstraído estaba en su interpretación, que no reparó en que tenía compañía. Eso, hasta que sonaron unas notas fuera de lugar y que él estaba seguro, no había tocado. Aphrodite detuvo la música y miró a su derecha, allí donde una muy pequeña Victoria jugaba con la última octava.
-¿Tú? -susurró él sorprendido.
-Ete… mila… mila -dijo ella enseñándole un diminuto índice, con el que acababa de arruinar su acertada interpretación.
Afro sonrió enternecido, la pequeña rubia lucía como un bebé de poco menos de un año. Torpemente, se dejó caer al suelo de sentonazo y gateó hacia la puerta de la habitación. Afro siguió con la mirada el lento andar de la niña y de repente, el espacio y el tiempo se congelaron alrededor de él, cuando sus oídos captaron el sonido creciente de una explosión, justo en el momento en que Victoria se acercaba a la puerta, la cual estalló en mil pedazos.
Mansión Kiddo, Japón
-A pesar de que no hayamos encontrado los sellos de Hakurei, el hado fue generoso y nos permitió encontrar a Kalia y Algor -sonrió Aioria al lado de su hermano.
-Y no sabe cuánto me alegra que este asunto se haya aclarado, princesa -acotó Aioros.
-En verdad, todo se aclaró desde que Deucalión dejó más que evidentes sus intenciones. Ahora me siento muy feliz de que todos estemos del mismo lado, ver desmoronarse a la Orden, es lo más doloroso que he vivido -Sahori sonrió cálidamente y abrazó a Aioros sorprendiéndolo tanto que el guapo moreno se sonrojó como cereza. Aioria esbozó una risita y continuó caminando al lado de los otros, hasta que llegaron al enorme jardín trasero de la mansión Kiddo.
Aioria se pasó los brazos atrás de la cabeza, mientras comenzaba a silbar una cancioncilla -creo que Kalia y Algor tuvieron su castigo… han vivido aislados del mundo durante meses pasando necesidades… espero estos les haya enseñado a ser prudentes
-En eso tienes razón Aioria, además, no puedo castigar a una mujer a punto de dar a luz -Sahori soltó a Aioros y se abrazó a sí misma ilusionada- me encanta la idea de que el Santuario se llene de bebés… ¿se lo imaginan? -ambos caballeros negaron sin entusiasmo- pues yo si… tantos pequeños correteando por allí y haciendo travesuras… la vida se abrirá paso como la primavera después del invierno…
-No lo había pensado así -Aioros se rascó la cabeza- sin embargo, tengo una duda
Los tres se sentaron en una mesa en medio del jardín, que tenía preparado un surtido servicio de té -claro, pregunta lo que quieras Aioros
-Esos niños… ¿son la próxima generación de dorados?
La chica negó con la cabeza, mientras hacía una inspección minuciosa de los pastelillos que tenía al frente -me temo que no… pero el destino de todos esos pequeños está ligado directamente al futuro de la Orden…
-¿Todos esos pequeños? -Aioria enarcó las cejas un poco alarmado- ¿quiere decir que… que hay más enanos en camino?
Sahori no pudo evitar reír y tuvo que taparse la boca con una servilleta debido a que acababa de morder un pastelito de crema -¿qué dije tan gracioso princesa?
-Lo… lo siento -la pelilila le dio un sorbito a su taza y se aclaró la garganta- no, mi querido Aioria -el de la quinta casa enarcó las cejas y miró a Aioros, quien se encogió de hombros- la primavera apenas está dejando ver los primeros capullos...
Aioria tragó saliva y habló con temblor impregnado en la voz -y… y ¿tiene alguna idea de quiénes serán felices padres pronto?
-Bueno Aioria -dijo ella en un canturreo- ¿tú qué tienes que decir al respecto?
Aioros enarcó una ceja y miró con exagerada interrogación a su hermano -si Aioria… ¿tienes algo que contarnos?
Aioria puso las manos al frente como para protegerse de los cuestionamientos -no… yo no… para nada…
-Sahori… ¡Sahori! -interrumpió a tiempo Shunrei- ¡la chica embarazada!
Los tres comensales se pusieron de pie asustados -¿qué sucedió?
-No sé… de pronto se alteró mucho -Shunrei se veía muy nerviosa- y comenzó a llamar a alguien… y… y colapsó
-¿Cómo te sientes? -escuchó ella, cuando volvía de la inconsciencia. Comenzó a sentirse mal, cuando una angustia indescriptible se instaló en su pecho de una forma inexplicable. A partir de allí el dolor fue en aumento, hasta que no lo soportó más y se desplomó.
-Krist -susurró apenas. Al mirar a su derecha, se topó con las miradas angustiadas de Atena y Aioros y a su izquierda, los ojos pardos de su amado Algor, quien no podía ocultar la preocupación que le embargaba.
-Él está en misión en Isla Andrómeda -Algor tomó una mano de ella y la besó con fervor- no debes preocuparte… le hará daño a los bebés
-Algo malo pasó, estoy segura -susurró ella, con las lágrimas empozadas en sus ojos de cielo.
-Pero Kari -Algor acarició las mejillas- no podemos mandar a llamar a tu hermano solo porque estás sensible…
La chica frunció el ceño, haciéndola verse muy parecida al caballero de Piscis -¡no estoy sensible!
-Lo siento -susurró Algor asustado- solo estoy preocupado… deberíamos buscar a un médico y…
Sin pedir autorización y con aire ensimismado, Sahori colocó las manos sobre el pecho de la amazona -¿por qué tanto miedo Kalia?
-Es que -las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos celestes- presiento que algo sucedió y…
La sueca comenzó a sollozar y Sahori la atrajo hacia sí para consolarla -no estás sola Kalia…
-Algo le pasó a mi familia princesa Atena… algo terrible va a sucederle a mi hermano...
Mansión Rosenträdgard, Estocolmo
-¡Victoria! -gritó Afro y se lanzó sobre la niña para protegerla, anidándola en su fuerte pecho y recibiendo en su espalda, todo el daño de la onda expansiva, la cual lo envió como torpedo sobre lo que hasta hace un segundo, fue el piano de cola. Las astillas de madera se le clavaron en la poca piel que dejaba descubierta la armadura y en toda su melena albiceleste
Tosiendo aturdido, Afro se incorporó de donde había caído, sin dejar de sostener a Victoria -dime que no te pasó nada- susurró revisando con desesperación a la bebé, quien hacía pucheros asustada -ya preciosa, tranquila- la consoló estrechándola contra sí de forma protectora, una vez se aseguró de que estaba ilesa.
-Los atenienses son tan patéticos… que me da pena ajena -las burlas provenían de una voz masculina, cuyo dueño se abrió paso en medio de la nube de polvo, dejando entrever su silueta enfundada en un remedo de armadura.
-¿Tú… quién eres? -interrogó
-¿No me conoces?... pero qué desafortunado, porque yo sí te conozco a ti, Aphrodite de Piscis… por cierto, es un honor, estaba esperándote desde hace un tiempo -saludó con una exagerada reverencia aquel hombre que parecía una versión bizarra de él mismo.
-Fuiste tú -gruñó el dorado, al reconocer en el cosmo de su visitante, el mismo tipo de energía maligna, que pernoctaba en toda la casa cuando él llegó.
-¿Yo? -se señaló fingiendo inocencia, cosa que enfureció en demasía al peliceleste- ¿te refieres a los muertos de esta casa?
-¿Por qué lo hiciste? -Aphrodite estaba tan enojado que no notó los desesperados intentos de Victoria para llamar su atención.
-Porque tenía que hacerlo...
-Esa no es una razón para asesinar inocentes...
El tipo se carcajeó realmente divertido -¿te estás escuchando? -el hombre que tenía al frente no dejaba de reírse y eso le crispó los nervios -¿eres el mismo Aphrodite de Piscis que exterminó a tanto inocente, solo porque tenía que hacerlo?
-Estaba del lado incorrecto -Afro gruñó enfurecido y Victoria lo miró asustada.
-Pues yo no… y por si querías saberlo… murieron envenenados -afirmó el pelirrojo cruzándose de brazos, disfrutando realmente del destello en los ojos de su rival- pero no te preocupes… se fueron rápidamente
-¡Maldito bastardo! -gruñó Aphrodite poniéndose en posición ofensiva- no mientas… tus manos apestan a sangre… la sangre de mi familia -el tipo que estaba enfente de él, respondió las acusaciones con una sonrisa burlesca y se alistó para el ataque, clavando su mirada escarlata en el ateniense.
-Bah… eran solo mujeres y niñas… no soportaron mucho… unas cuantas horas quizá -el hombre vestido con una bizarra versión de la armadura de Piscis, se felicitó internamente por la mueca de ira que logró en el rostro angelical de su contrincante - anda pendejo ateniense… ¡atácame!
El sueco no obedeció, por el contrario, se mantuvo en posición de acecho sin llegar a moverse. Por supuesto que el otro aprovechó para enviar otro golpe; un torbellino de bichos que perfectamente podrían definirse como diminutas pirañas voladoras.
La técnica del desconocido se basaba en veneno, aquellos bichos además de cortar la carne, inyectaban una poderosa toxina a su víctima. El dorado retrocedió hasta encontrar apoyo en una pared y su piel se abrió en decenas de pequeñas heridas, las cuales comenzaron a sangrar en un goteo constante -svördom- susurró el peliceleste al ver los goterones rebotar en el suelo. Sin embargo y para disgusto del pelirrojo, él siguió sin defenderse.
-Ya veo -rió el otro al percatarse de la razón del extraño comportamiento del dorado- hermosa bebé… ¿es tuya? -el sujeto desvió la mirada a la pequeña rubia, que se asomaba llorosa por detrás de un brazo del dorado.
-¿La puedes ver? -susurró Afro asombrado y quien estaba enfrente suyo sonrió ladinamente- pero… ¿cómo?
-Por supuesto que la veo… ¿es que crees que estoy ciego? -el tipo, de larga y ondulada cabellera roja como sus pupilas, hizo un ademán de pena falsa- ¡o no!… ¿temes que también esté tan loco como tú? -el hombre dejó escapar una estridente carcajada- qué considerado -canturreó y se dirigió a la niña, fingiendo una voz tonta- pero si eres una bebé preciosa… Victoria -al pronunciar el nombre de la pequeña, los nervios de Afro se crisparon.
-Atrévete siquiera a pensar en hacerle daño… porque te borraré esa risita, junto con tu presencia en este mundo… o en cualquier otro
-Oh pero qué grosero eres, solo quería ser amable con la damita -el pelirrojo cortó la charla y envió un ataque mucho más fuerte que el anterior, enviando al dorado por los aires y socavando sus fuerzas aún más.
Instantes después y varias paredes más adelante, Afro se incorporaba aturdido y un horrible zumbido, resonaba en sus oídos. Afortunadamente la armadura del pez dorado, fue suficiente para que la ofensiva de su extraño enemigo no dañara a la pequeña Victoria, sin embargo, Afro se encontraba débil por la pérdida de sangre y el veneno y no se dio cuenta, en qué momento la niña abandonó su abrazo protector.
-Victoria -susurró en un jadeó al percatarse de la ausencia de la pequeña- Victoria…
-¿Se te perdió tu beba?… pero que clase de padre eres -el pelirrojo caminaba hacia un casi inconsciente Aphrodite, para continuar con su ofensiva y se colocó a horcadas sobre él para tomarlo del cuello haciendo presión sobrehumana para acabarlo.
-Ahora si voy a tener el placer de quebrar ese lindo cuello tuyo…
-Eres un maldito cobarde… mi familia… no… no te hizo nada
-Cobarde eres tú, debiste protegerlos… debiste estar con ellos… pero no te preocupes, ahora se reunirán todos en el infierno… porque es allí a donde te voy a enviar -amenazó el tipo entre dientes y presionó más fuerte su agarre...
-Qui… quién eres -tartamudeó el peliceleste, luchando por soltarse del otro.
-¿Mi nombre?... ¡ja!... mi nombre es Némesis… estrella escarlata de la venganza
En un lugar desconocido
-¿Tú… tú lo asesinaste?
El rubio continuaba mirando a la nada, sosteniendo el mala de Ashmita de Virgo en sus manos. Al escuchar la voz de Mu, solamente afirmó en silencio.
Y es que desde que el lemuriano y Barahaim de Altar lo encontraron en uno de los extraños aposentos de esa dimensión desconocida, Shaka no había dicho nada más de lo que Mu logró sonsacarle al principio y hubiera seguido de la misma forma si el pelilila no lo obliga a comunicarse.
-Shaka -susurró levantando con sus manos el rostro ajeno, logrando que el atribulado rubio clavara sus ojos en los suyos- ¿dónde conseguiste el mala?
-Mi madre -susurró al fin, un tanto perdido en la mirada del otro. Barahaim era un mudo testigo de la particular interacción entre los dos más jóvenes y no le quitaba la mirada al mala que el rubio sostenía entre sus manos- ella me lo dio… antes de que la encontrara ese hombre… el que dijo ser su padre- unas lágrimas resbalaron por las pálidas mejillas. Y es que Shaka se daba el lujo de expresar sus sentimientos solo delante de una persona; Mu de Aries.
-Shaka…
-Después de eso comenzó a recriminarle y ella intentó huir… pero la obligó a beber algo de una botella, amenazándola con hacerme daño si no obedecía...
-Shaka… escúchame -Mu suspiró y pegó su frente con la del rubio- tú no eres el culpable de lo que le sucedió con tu madre… el destino quiso que ella te encontrara y mientras estuvieron juntos, cada uno fue feliz al lado del otro… ella te amó por sobre cualquier otra persona y eso debe alegrar tu corazón… estoy seguro que aún cuida de ti
-Ella no tenía que morir, mucho menos de esa forma
-Tal vez no Shaka, pero no podemos controlar lo que el destino tiene escrito para cada uno… además, de haber estado viva… ¿te imaginas su dolor al verte sufrir en los entrenamientos y batallas, o cuando caíste en el Muro de los Lamentos?
-Tienes razón en cada una de tus palabras, pero no deja de ser doloroso… era una niña inocente
-Es cierto, pero ella siempre está contigo… aquí -Mu colocó su palma derecha en el pecho del otro- además… ella sabe que nunca vas a estar solo porque -el pelilila bajó la mirada y sus mejillas se tiñeron de un leve carmín- yo siempre estaré contigo...
La expresión del rubio al fin se iluminó con una tenue sonrisa -no puedo pedir nada mejor- Shaka miró hacia los ojos verdes del lemuriano y se quedó embelesado por la sinceridad qué brillaba en ellos.
-Cada vez que caigas… yo iré por ti, una y otra vez
-Estoy seguro de eso -Shaka sonrió aún más- y sobre aquella conversación…
-Lo sé y creo que ya no es necesario que hablemos, porque todo está claro para mí- murmuró apenas Mu y Shaka asintió con una sonrisa. Luego se fundieron en un cálido abrazo, que terminó de apaciguar el alma de los dos.
-Siento no haberte librado a tiempo -se disculpó Mu, con la cabeza apoyada en el hombro del rubio- debí haber luchado más para no dejarte caer en este lugar...
-No todo fue una mala experiencia, hubo momentos… hermosos -Shaka sonrió recordando la expresión de Mutmatz cuando lo encontró en el loto- y otros muy duros… pero creo que esto me afectó más de lo permitido para un guerrero dorado… fui débil Mu… y me avergüenza que hayas sido testigo de esa debilidad...
-Solo fuiste humano y no hay de qué avergonzarse -Mu sonrió de nuevo y afianzó más sus brazos alrededor del rubio- es de hombres sentir debilidad ante el dolor de quienes amas
-Te prometo que sellaré todo esto en mi corazón y lo atesoraré como un recuerdo de dónde vengo y quién soy -Shaka se separó de Mu para verlo a los ojos- ahora lo único que importa es el futuro… ¿te parece?
-Me parece bien, Shaka -Mu le obsequió una cálida sonrisa y se miraron fijamente abstraídos del resto, hasta que sintieron una extraña vibración bajo sus pies.
-¿Y ahora qué sucede? -gruñó decepcionado Shaka.
-Interferiste en las memorias de un alma en pena… así de fácil
Shaka frunció el ceño y se volvió muy serio hacia Barahaim, quien hasta el momento había guardado absoluto silencio -¿a qué se refiere?
-No debiste recibir el mala de manos de tu madre, mucho menos provocar la muerte de tu abuelo, Shaka -el de plata se paró en frente de los dorados y les habló muy serio- este lugar alberga las culpas y memorias de las almas en pena… interferir en ellas provocará que esta dimensión se desestabilice…
-Después de todo lo que ha pasado, es difícil para mí creer en sus palabras, maestro Bara -Mu se soltó de los brazos del rubio y caminó hasta el iraní, quien hacía grandes esfuerzos por enfrentar sin quebrantarse, la mirada severa que le dirigió el lemuriano- gracias a usted estamos perdidos en este lugar, removiendo verdades que debieron quedarse perdidas
-No te preocupes Mu -lo llamó Shaka- ahora lo único importante es salir de aquí y entregarle esto a tu padre…
-De acuerdo -Mu se volvió de nuevo hacia Bara- usted nos acompañará al Santuario… tiene que explicarle sus razones a mi padre
-Por favor Mu… no quiero enfrentar a Shion, no todavía
-Lo siento, pero es su deber hacerlo y si se niega, me temo que tendré que llevarlo a la fuerza...
-Créanme o no… lo que menos quiero es traicionar al Santuario y a mi diosa… ¿es que acaso no han entendido lo que sucede?
-¡NO! -dijeron los dos alzando la voz a la vez.
-Nuestro amado Patriarca, mi amigo… Shion -Bara suspiró con pesadumbre- ya no es el mismo de antes -Bara levantó la mirada, sorprendiendo a Mu por la carga de dolor que se reflejaba en sus ojos pardos- él usará estas reliquias para hacer mucho daño… y no descansará hasta que lo logre...
Śahara Āśā
-Es mejor que vayamos por aquí -Kanon dio la señal cuando se aseguró que en la calzada por donde pensaban escabullirse, no había nadie cerca- recuerda poner en blanco tu mente crustáceo… de lo contrario… ellos pueden rastrearnos fácilmente
-Como digas maniático…
Kanon bufó y sonrió por el halago. Después de ahí, caminaron varias veredas sin toparse con absolutamente nadie.
-Esto… es demasiado raro
-Si… yo también lo noto -contestó Angello- ayer era un mar de gente y hoy no se escucha absolutamente nada… ni siquiera…
-El sonido de nuestros pasos… no hay eco
-Salgamos de aquí lo más rápido posible...
Los dorados continuaron la marcha un poco más rápido que antes, al menos durante cuatro kilómetros más, intentando llegar al folde contrario, donde encontrarían la salida hacia el desierto. Siendo honestos, preferían la espantosa compañía de las nagas, a la parcial justicia de esos lemurianos rencorosos.
-Un par de kilómetros más y abremos cruzado la ciudad -Kanon se adelantó con sigilo y se escondió detrás de la columna de un templo. Desde atrás le hizo señales a Angello para que lo siguiera.
-Esto es un maldito cementerio -susurró Angello con referencia a lo desértico de la ciudad- no deberíamos ocultarnos…
-Temo que sea una trampa… recuerda que son lemurianos… todos telépatas y además…
Kanon guardó silencio y se detuvo de golpe, provocando que Angello apenas rozara su cuerpo contra el suyo, evitando justo a tiempo que el golpe entre las armaduras, llamara demasiado la atención. En una gran plaza que se extendía frente a ellos, un niñito de cabello verde claro, yacía sentado en una banca meciendo las piernas como si disfrutara mucho de la abrumadora quietud de aquel lugar. En cuanto escuchó la ínfima vibración provocada por las dos armaduras al rozarse, se volvió hacia la dirección donde se encontraban los dorados y se les quedó viendo fijamente, clavando sobre ellos un hermoso par de ojos color de rubí.
-Esa mirada -susurró Kanon, paralizado por la presencia del niño- yo la conozco
-Kanon -llamó Angello, tratando de evitar que su compañero sucumbiera en un juego mental- no es quien tú crees…
-Es que… míralo Angello, es su viva imagen -susurró apenas el mayor.
El niñito se levantó con calma de su asiento y caminó directo a los dos hombres, quienes permanecían paralizados por su presencia.
-Namasté -saludó el pequeño de no más de cinco años con una vocecita fina, pero una entonación segura.
-Namasté -saludó Kanon- ¿cómo te llamas pequeño?
-Tú sabes mi nombre -replicó el niño sin inmutarse, los dorados dieron un paso atrás- ¿por qué me temes tanto Kanon?
-Es que…
-Kanon -replicó Angello a su compañero, quien permanecía en shock- vámonos de aquí por favor…
-¿Por qué quieren irse Angello?... este lugar es perfecto
-De acuerdo -susurró el italiano- estoy oficialmente aterrorizado...
-¿Piensan que los delataré? -el chiquillo sonrió tenuemente- ¿por qué huyen? ¿hicieron algo malo?
-Tenemos que volver -contestó Kanon en un hilo de voz- tú sabes que si…
Por primera vez Shion frunció el ceño en señal de molestia -yo no quiero que se marchen… aquí estarán bien… tienen que quedarse
-Pero…
-¡No se irán dije!... ¡guardias!
Santuario, Templo Principal
Estaba por oscurecer y miraba por el gran ventanal que daba hacia la colina y la escalinata. Para esa hora del día, los rayos del Sol atravesaban la nave central del Templo Principal y a partir de allí, se colaban traviesos por cada uno de los doce templos, hasta que morían en Aries.
A pesar de la opresión en el pecho, sabía que al enviar las misivas, cumplía con su deber de Patriarca. Y es que en muchos momentos de su vida a partir de sus veinte años, tuvo que afrontar la desagradable o dolorosa tarea de ajusticiar a quien osare ir en contra de los preceptos de la diosa de la Sabiduría y su Orden Sagrada. Amigo o enemigo, el traidor debía ser castigado y eso nunca era agradable.
Rememorando algunos de los pasajes más dolorosos de su vida como Patriarca, las lágrimas se acumularon en sus ojos, pero suspiró tomando fuerzas y no se permitió derramarlas -Atena es justicia- se dijo para consolarse a sí mismo -y soy yo quien debe hacer valer esa justicia… gobernar con mano dura para que prevalezca la verdad sobre esta humanidad malagradecida y profana…
Sin poder desechar del todo la culpa que le retorcía el corazón, suspiró pesadamente y se dio media vuelta con la intención de retirarse a descansar a sus aposentos.
-El mensajero ya debió haber llegado -dijo chequeando el reloj que colgaba de la pared- y mañana… mañana será otro día
Templo de Libra
-¿Cómo se siente maestro Dhoko? -preguntó Aldaberán en la habitación principal del séptimo templo, donde habían trasladado al maestro de Cinco Picos para cuidar de él.
-Como cuando acepté un reto de capirinhas contigo -susurró el de libra con un hilo de voz. Era difícil que el chino perdiera el humor y le encantaba burlarse de sus compañeros de Orden más jóvenes.
-He de decir que es un pésimo bebedor maestro -se burló el brasileño, aliviado de ver al otro bromeando, indicativo seguro de que sentía mejor.
-¿Quién envía esto?
-Y ahora con quien está peleando Saga -preguntó Dhoko al escuchar la inconfundible voz del gemelo discutiendo con alguien en la nave central del templo.
-Parece ser un guardia… el mensajero quizá
-Lo siento señor… señor Saga… es una comunicación de parte del Santo Patriarca, para el maestro Dhoko
-Yo la recibiré...
-Tengo órdenes de entregársela personalmente
-Dame acá… y vete ahora…
-De… de acuerdo… señor Saga
Aldaberán suspiró y negó con la cabeza -el otro día los guardias se quejaron de los gemelos… Saga les gruñe y Kanon les hace bromas pesadas… así son ellos
-Ese par… son tal para cual
En ese momento, Saga entró a la habitación trayendo consigo la misiva que el mensajero acababa de entregarle y se la ofreció a Dhoko -es para usted maestro
-Leéla tú… yo no tengo ganas de regaños
-Saga obedeció y su semblante palideció, mientras repetía en silencio las palabras que contenía la carta, sin poder creer lo que estaba leyendo -es… no… no puede… no puede ser
-¿De quién es Saga?
El aludido tardó mucho tiempo en responder. Su pecho subía y bajaba agitado y parpadeaba aturdido -es de mi padre- respondió en un susurro.
-¿Pasó algo malo Saga? -Dhoko fijó su vista en el gemelo, quien lo contagió de la angustia que su semblante reflejaba -¿Saga?
-Saga responde por favor -pidió Alde incorporándose para ir al encuentro del gemelo.
-Maestro Dhoko -Saga mostró el papel al mayor- es… es una acusación -los otros dos lo miraron perplejos- mi padre… lo acusa de alta traición…
Continuará…
Pido piedad por el retraso… pero he de decir que estoy encantada de publicar otra vez, me emociona mucho poder hacerlo.
Como siempre, les agradezco de corazón sus comentarios, todos tan llenos de buenas vibras y palabras de aliento para continuar con esta locura. Espero el capítulo les haya quedado claro.
Para quienes tienen cuenta, les estaré contestando por PM y para aquellos que no, les hablo a continuación.
Abrazos y muchos agradecimientos a Artemiss90, Jabed, Misaki shion ashura Uchiha, KarliCm, espero no te hayas resfriado, jejejejeje. En cuanto al lemuriano, pues no salió en este cap, vamos a ver qué pasa con él. Mariana, Pyxis and Lynx, Amatizta gracias por tus lindas palabras. Pues bien, no sé qué pensarás ahora después de leer el cap, con respecto a la dimensión donde están Kanon y Angello, tal vez por aquí se vayan a resolver las dudas que tienes de Caetano y el comportamiento errático de Shion. Lo del nacimiento de Shaka, lo basé en una pequeñita escena que sale en la batalla de las doce casas, cuando Shaka le insinúa a Ikki que él es la reencarnación de Buda. Hay un par de segundos allí donde se ve un bebé rubio saliendo de un loto y me pareció muy linda la escena, yo nada más le puse un poquito de condimento, pero es de la serie. Me alegra que te guste el romance entre Afro y la Cobra (a mi me encanta la parejita, hay un juego interesante entre los dos) y el hecho de que Camie y Afro se hayan confoabulado para molestar al bello escorpión. Me gusta el Camus que se ríe de los demás, muy a su manera claro. Como dije antes, gracias por tus palabras y disculpas por el retraso en la publicación, te juro que hace dos semanas estoy con que "publico mañana" "publico mañana" y no lo logro. Un abrazo.
Luna… wow, hermoso review! Me reí mucho con tus impresiones acerca de Afro, el más hermoso de todos y mi favorito por lo demás. Acertaste en todo, sin embargo el Afro de mis historias, suele ser un tanto meditabundo y melancólico, quizá ahora más por lo que comentaste acerca de las torturas del Inframundo. Por cierto que lo de esas torturas es uno de los cabos sueltos que tengo que resolver, pero que nunca me da tiempo (prometo que les contaré algún día, qué pasó con Saga y Afro para que volvieran en tan malas condiciones). Kanon y DM, bueno, Saga las metió hasta el fondo, pero realmente lo hizo porque quería salvarlos del poder de la Clépsidra, poco a poco, se irá aclarando porqué están ese par en esa dimensión (no pudo explicarlo en este cap, porque me hubieran reclamado mi desconsideración por el largo del capítulo), pero tiene injerencia de un tercero el que hayan ido a parar en ese lugar. En cuanto a Shaka, si yo sé, quizá un poco sensible, pero si lo notas, es sensible con Mu, con los demás suele ser más altanero e incluso los ignora de una forma brutal, jejejeje, medio bipolar la criatura. En cuanto Algor y Kalia… estoy de acuerdo contigo, yo también compadezco al pobre Argol, paz a sus restos…
La parejita Afro y Shaina, tomará un poco de tiempo, pero allí van poco a poco, lo primero es lo primero y hay que resolver lo que está sucediendo en el Santuario. En cuanto al origen de Victoria, le anduviste cerca y fue una de mis primeras ideas, pero no quiero dejar a los enanos de Algor y Kalia sin papás, además ya Afro perdió mucha familia. Yo también le veo cara de buen papá y traté de dejarlo en evidencia en este capítulo, espero te agrade el plan que tengo para Victoria. Te agradezco mucho tus palabras y espero nos sigamos hablando.
Cecile, gracias por tus palabras tan lindas! De una vez te adelanto que lo de Kanon y DM está peliagudo y puede que se complique más. Lo de Shion está terrible también y se va a manifestar desde muchos flancos distintos, la cosa no se va a resolver tan directamente. Yo también suelo tener fantasías con esos bombones, es que… es que… (siempre he pensado que la Orden Dorada es más un casting que otra cosa), jajajajajaja, será que es requisito ser divino para estar allí?, no sé habrá que preguntarle a Atena…
Ahora… reitero mis más sinceras disculpas por el retraso, la historia es algo compleja y para que resulte un capítulo decente, tengo que cortar y pegar situaciones, muchas veces, solo espero te haya gustado esta entrega y nos estamos conversando.
