Capitulo 9: ¿Por que te necesito?

Era una nueva mañana en la fría ciudad de comino. La tormenta por fin había acabado y el hermoso sol lo estaba iluminando todo, hasta entrar por la ventana de una gran casa, pegándole directamente a la cara a una cierta castaña ojiazul que se encontraba dormida en su cama. Se había dormido un poco tarde esa noche y se encontraba cansada, más cuando el sol la despertó tuvo que levantarse puesto a que ese día era lunes y no quería faltar mas a clases de lo que había hecho ese último mes. Más lo que había pasado la noche anterior le seguía dando vueltas en la cabeza como un sueño distante, más ella sabía con certeza que no era un sueño.

Se sentó en su cama y puso sus dedos en sus labios, la verdad era que esa sensación no se iba, ella siendo besada por él. Pero de pronto alguien tocó la puerta, sacándole de sus pensamientos, esto hizo que se alegrara un poco, puesto que solo había una persona que estaba en esa casa junto con ella y solo ella podía ser la que tocaba la puerta. Se levantó y prácticamente corrió hacia la puerta a abrirla, no antes de arreglarse un poco el cabello ante el espejo que se encontraba junto a la puerta, no quería que él la viera con una cara tan horrible, y ya esto hecho, se apresuró a abrir la puerta, no quería hacerlo esperar. Cual no sería su sorpresa al ver que la persona que estaba al orto lado de la puerta no era Atem, si no un hombre con traje negro y cara seria, un pequeño bigote y algo calvo, parado totalmente derecho y mirándola seriamente.

-Buenos días joven dama, soy el mayordomo principal de esta casa, vine a decirle que el desayuno ya está servido y que el coche que va a llevarla a sus respectivas clases ya está listo, por favor, alístese y baje a comer.- dijo con un lenguaje realmente educado y un tono de voz neutro, era la primera vez que la veían, trataban y hablaban de esa manera tan cordial, a lo cual le tomó unos segundos responderle al señor, prácticamente se quedó hipnotizada.

"¡Bueno! El es rico, claro que iba a tener servidumbre, ¡sobre todo con esta casa tan solitaria!" pensó ella, cuando seguidamente estos fueron interrumpidos otra vez por el hombre, quien hizo un ruido con la garganta para recibir una respuesta.

-Ah… ¡Si, Perdón! Ahora bajo… ¡Oiga! ¿Sabe donde está Atem…?- preguntó al no ver señas de vida del chico, se estaba empezando a preocupar de que aun no viniera a molestarla o saludarla como usualmente hace.

-El joven amo salió esta mañana, dijo que tenía algo que hacer y la dejó a nuestro cuidado…- dijo el hombre en contestación.

-¿Qué? ¿Y no sabe cuando va a regresar…?- Preguntó ella, no había oído decir a Atem que el tenía que salir el día anterior, y que ni siquiera se fuera sin saludarla ni decirle nada era para preocuparse. "debió ser una emergencia o algo realmente importante como para irse así".

-Me temo que no señorita.- volvió a contestar con la misma formalidad que antes

-Ah… Bueno... Ya se puede retirar a lo que sea que estaba haciendo, me voy a preparar para la escuela…- dijo a lo cual el hombre se volvió a inclinar y se fue, acto seguido a esto, ella cerró la puerta. La verdad es que nunca había tratado a un mayordomo antes, y no le importaba mucho ahora, con tal de que entendiera el mensaje estaba bien para ella.

Se arregló lo más rápido que pudo, no podía llegar tarde después de todo. Bajó y vio el desayuno en una mesa en la cocina, junto a un mayordomo diciéndole que si quería cualquier otra cosa, la pidiera. Comió lo más rápido que pudo y estaba a punto de irse, cuando de repente algo le vino a la cabeza, y se dio la vuelta y se dirigió hacia el refrigerador, lo abrió y como ella pensaba estaba justo allí. El pastel, en una pieza entre una jarra con jugo y un frasco con ensalada.

"Al final hicimos de todo con nuestros labios menos comer…" Pensó ella, sonrojándose al recordar lo de la pasada noche, aun para ella seguía siendo un sueño realmente distante, habían pasado solo algunas horas y ya no se lo creía, como sea. Suponía que ese pastel se lo comerían en la noche, después de un seguro interrogatorio que le haría ella al regresar del por que de su ausencia en la mañana.

Cerró la nevera y decidió irse de una vez, miles de pensamientos invadían la mente de la castaña una y otra vez, el día pasado pasaba una y otra vez como una película o algo parecido. Llegó al auto, donde un chofer ya instruido con las indicaciones de en donde se encontraba su colegio le abrió la puerta del auto, a lo cual se marcharon. Ella podía ver por la ventana como la gente rica se la pasaban de maravilla mientras sus "sirvientes" hacían todo el trabajo duro que conllevaba el invierno, como por ejemplo quitar la nieve del camino o de la entrada, también veía como trabajadores sociales despejaban el camino. Siempre era así en invierno, aunque como ese era un barrio para ricos no era exactamente igual, pero tenía la misma esencia.

-Señorita, tomaremos un camino un poco alterno, ya que las calles están repletas de nieve, pero no se preocupe que me encargaré personalmente de que llegue a tiempo a su colegio- dijo el conductor, despertándola de sus pensamientos, a lo cual ella simplemente hizo un pequeño sonido y siguió observando por la ventana, ahora iban pasando por un pequeño puente que conducía hacia esa parte de la ciudad, que cruzaba un pequeño río, pero nada anormal.

De repente se cansó de mirar por la ventana y decidió mirar hacia adentro, el resto del auto era bastante espacioso, con asientos de un color crema muy agradable, pero la verdad era que eso le hizo recordar al día anterior de nuevo, cuando iban en el taxi. El le regaló una pequeña flor y se cayó encima de ella. Soltó una pequeña sonrisa al recordarlo, pero de repente recordó algo. ¿¡Donde rayos estaba la flor!

-"¡Bien, bien! Tranquila… Cuando me la dio la puse en mi bolsillo y después de ahí…!"- empezó ella, para finalizar en que estaba en el bolsillo de su suéter que usó ese día, el cual estaba en una silla de su cuarto.- "bueno, al menos ya sé donde está… ahora el problema es que cuando llegue a casa estará marchita".- pensó ella, al recordar la facilidad con la que se morían las flores, lo cual la puso un poco triste. Cuando llegara vería como está la flor, y si no estaba demasiado mal, la pondría en agua, ya estaba decidido.

Pero en ese instante, sin ella darse cuenta de nada, llegaron a su escuela. No pudo evitar preguntarse a si misma si fue que se quedó pensando demasiadas cosas o las pensaba demasiado lento ya que aunque el conductor dijera que tomarían el camino largo, llegaron en cuestión de minutos o menos, al ver su reloj se dio cuenta que se había pasado 40 minutos desde que entro a ese auto, así que esa ultima opción fue totalmente descartada. La verdad si que se había quedado solando despierta por tanto tiempo, y se sorprendió a si misma al ver que todos sus pensamientos eran dirigidos a un mismo chico, cuyo rostro no paraba de imaginarse. Sonrió para si misma y se apresuró a bajar del auto, no quería llegar tarde.

Al mismo tiempo, en un lugar completamente diferente, se encontraba el sujeto de los pensamientos de la castaña, en un lugar de mala muerte, mas precisamente un bar que en esos momentos estaba totalmente vacío de gente, sentado en lo que parecía ser la barra, estaba con su cabeza reposando en la barra con sus brazos sirviendo de apoyo, mientras veía a la nada. A su lado estaba un baso completamente vacío, con restos de lo que se estaba tomando hace poco, al mismo tiempo su cara se veía cansada, al parecer no había dormido dormir en toda la noche.

Pero poco o nada esto le importaba o afectaba, no podía cerrar sus ojos de todas maneras, el solo estaba sentado allí sin hacer nada, pensando en cierta castaña, mas precisamente recordando una y otra vez como un disco rayado la noche anterior, no podía parar de pensar en eso. Como detestaba estar en una posición como esa: la quería, sí, pero al mismo tiempo no quería estar con ella, pero al mismo tiempo sí quería, estaba totalmente confundido. Cada vez que la veía se regañaba interiormente porque el sabía lo que sucedería y sin embargo no se hizo caso y aun después de lo hecho el continuó, cuando debió haberse detenido y mentido. Pero el no quería que ella lo odiara ni tampoco odiarse a si mismo. Pero ahora que lo hizo se odiaba a si mismo mil veces más. Y lo peor era que con tantas vueltas ni siquiera el mismo podía comprenderse.

En ese instante un ruido, o mas bien, un sonido… No, de hecho, era una persona que le estaba hablando, con tantas cosas en su cabeza ni siquiera podía ver la diferencia entre un ruido y una voz. Como sea, eso lo despertó del trance en el que estaba.

-¿Cuánto tiempo vas a permanecer ahí medio muerto?- dijo el cantinero mientras retiraba el baso sucio que estaba junto a él, mientras que el aludido se limito simplemente a no responderle. Ese cantinero y él eran buenos amigos, y siempre iba a ese bar a lamentarse o a celebrar junto a su amigo quien siempre le daba su apoyo incondicional para cualquiera de las dos cosas, y esta vez era para lamentarse, aunque al parecer servía más para celebrar.

-¿Sabes que tienes que pagar por cada trago que tomes verdad?- volvió a preguntar el a su amigo, quien seguía en silencio, con la mirada perdida al vacío. El solo soltó un gran suspiro.- Al parecer esta vez fue algo realmente fuerte, si no, no estarías ahí como un zombie…- dijo empezando a lavar el vaso y poniéndolo en una pequeña repisa donde habían otros vasos y luego se posaba en frente de él.

-Otro…- dijo el tricolor sin cambiar su postura en absoluto, ni siquiera se dignó a girarse a mirar al hombre quien lo atendía, quien lo miraba expectante, y al no haber respuesta el prosiguió con una voz muy seca pero con un deje de enfado – Dame otro baso…-

-Oye, Yami... no es como si me importara, ¿pero no crees que es muy de mañana para tomar? Has bebido mucho ya, además, me despertaste para abrir este lugar a esta hora, ¿¡quien rayos abre un bar a las 4 de la madrugada!- exclamó recordando el momento en el que su amigo llegó a su casa a esa hora y prácticamente lo obligó a abrirle el establecimiento.

-¡TU! ¡Ahora sírveme otro vaso!- espetó el golpeando la barra con sus puños, enojado al recibir una negativa a su pedido.

-¡está bien, está bien!- dijo mientras agarraba otro baso y lo llenaba, a lo que prosiguió a dárselo- Aquí tiene su leche majestad- dijo poniendo el vaso a su lado a lo que el lo agarró de mala gana y se propuso a bebérselo – chico raro que toma leche…- susurró para sí volteándose en sus hombros, tratando de que el aludido no lo oyera, lo cual fue totalmente inefectivo.

- ¿¡Que dijiste!- dijo en un tono amenazante y mirándolo de mala gana cuando terminó de beberse el contenido del baso y lo ponía fuertemente en la barra.

-N-Nada!- dijo levantando las manos en alto, como si lo estuviesen apuntando con alguna arma, él sabía de lo que su amigo era capaz si le insultaban, y no quería incitarlo a nada.

-¡Entonces haz algo y sírveme otro baso!- dijo casi gritando, alzando su brazo con susodicho objeto en su mano, a lo que el simplemente se limitó a llenarlo con más leche a pedido del muchacho. A lo que el empezó a bebérselo – Al parecer ya tienes suficiente fuerza para gritarme, ahora ¿puedes contarme lo que sucedió? – dijo en un tono más relajado, a lo cual el chico de ojos violetas simplemente paró de beber y se quedó en silencio poniendo un semblante serio con un deje de depresión que el cantinero no pudo evitar notar, prosiguió a apoyar su cabeza en su mano, la cual estaba apoyada en la barra mediante el codo y miró al vacío de nuevo con una mirada realmente perdida. Al ver eso su amigo suspiró.

-Y ahí vas de nuevo, esto debe ser realmente serio para que te pongas así.- dijo acomodándose y sentándose en frente de su amigo, en una pequeña banca que tenía cerca.- cuéntame, ¿que te pasó? Tal vez sea de ayuda…- dijo, a lo que el tricolor lo miró con escepticismo, pero decidió decírselo, de todas formas no tenía nada que perder haciéndolo, ¿o sí?

-Creo que me enamoré…- dijo secamente mirando hacia otro lado, no quería mirarlo mientras confesaba algo como eso. pero ante esas palabras solo recibió una mirada de incredulidad, el cantinero al oír esas palabras de su amigo abrió los ojos a más no poder y solo se decidió a guardar silencio para ver que más tenía para decir su amigo, Yami al ver esto, decidió proseguir con su relato.

-Pero… No quiero, o más bien no puedo estar con ella…- dijo, pero esta vez mirando a su amigo a los ojos

-¿Y se puede saber la razón de esto?- dijo alzando una ceja, la verdad era que no entendía nada de lo que decía su amigo.

-Esta en mi banda, es la nueva cantante, pero yo mismo puse como regla nada de relaciones amorosas en la banda, pero ayer la besé y… ya no sé que hacer, ni siquiera puedo verla y me fui de casa…- iba soltando, a pesar de que le daba un poco de vergüenza, se sentía un poco mejor con cada palabra que decía, como si fuera terapia, esperando una respuesta sabia del otro que lo ayudara.

-¿solo la besaste? ¿Seguro que no hiciste algo más?- dijo él, con una mirada pícara, a lo que el otro lo miró furioso.

-Esto es en serio, tengo un problema y cuando por fin te lo cuento dices algo tan estúpido, ¡no hubiera dicho nada!- dijo cortante, decepcionado, mientras miraba dentro de su vaso, ya casi vacío de los tragos que le había dado.

-Yami... A ti… ¿Esta chica te gusta en serio? ¿O es solo otra estupidez tuya?- lo miró seriamente, sobretodo por que su amigo era conocido por ser un total mujeriego, para después dejar a las chicas botadas por otras como si nada.

-No lo sé…- dijo sinceramente, volteando a ver a la nada.

-¿Entonces, qué sientes cuando estás junto a ella?- preguntó al

-me siento… extraño… mi corazón late sin parar, y actúo raro… y cuando veo sus ojos, cuando me toca…- pequeña pausa- …simplemente me vuelve loco, y trato de escapar de eso, trato de apartarla de mi, pero… siento que simplemente no puedo... No importa que tan mal la trate o cuanto nos peleemos, ella simplemente sigue entrando más y más profundo, más que cualquier otra… desde que la conocí no pude parar de pensar en ella, y sin darme cuenta no podía pasar ni un día sin ella, y aún entre los insultos y peleas, con cada momento junto a ella me seguía gustando cada vez más… pero aun así…- dijo dejando la frase incompleta, las palabras no llegaban a expresar lo mucho que sentía al estar con ella, al mismo tiempo que pensaba en el rostro de la ojiazul, en su sonrisa, en sus ojos, en lo hermosa que a él le parecía en comparación con otras personas, en la forma en que pronuncia su nombre a pesar de que el le repetía una y otra vez que lo llamara Yami, y en los maravillosos momentos que han estado juntos, por ultimo, haciendo su entrada triunfal, el recuerdo de aquel beso que le dio la otra noche, en esos momentos algo totalmente mágico e inolvidable.

-Es amor…-Dijo su amigo despertándolo de sus pensamientos, con una sonrisa muy picara y en conjunto con una mirada rara, a lo que el se sonrojó y se limitó a levantarse tan rápido como pudo, sorprendido, dando varios pasos para atrás casi cayéndose varias veces.

-¡Deja de hablar estupideces!- grito apuntándole con el dedo, aunque en su cara habitaba un rojo tan brillante que se podía notar a metros de distancia.

-¡Oh vamos Yami! Mira como te tiene embobado, ¡es amor…! ¡Tu y ella son almas gemelas!- dijo haciendo caras como de besos y sonidos raros, a lo que recibió un fuerte golpe del otro en la cabeza junto a un gran grito que decía "¡Simplemente tráeme más leche!", a lo que después el ojivioleta se sentó en el puesto que ocupaba hace rato. A lo que el solo se limitó a agarrar el baso mientras se sobaba la cabeza por el golpe.

-Está bien, está bien…- dijo al tiempo en que volvía a llenar el baso con el tan exigido liquido – Pero te voy a decir una cosa, ya sabes las respuestas a tus vacilaciones, no deberías estar huyendo de esa manera, y dudo que tus amigos de seguro entenderán si rompes esa pequeña regla… de todos modos, ya era bastante obvio que la romperías tarde o temprano…- dijo susurrando lo último, de manera que el otro no lo escuchara, para después entregarle el baso lleno, lo cual el otro simplemente se limitó a agarrar el baso y beber.

-Otro- Dijo después de un rato en silencio, extendiéndole el baso una vez se lo terminó, a lo que el aludido sonrió traviesamente y le mostró un pote de leche de 2 litros totalmente vacío.

-Lo siento, te daría más, pero te lo acabaste…- dijo triunfante, ya no soportaba el mal humor de su amigo solo para que le sirviera un pobre baso de leche que bien podría servirse el mismo en su casa.

-¿¡Que! ¿¡No Tienes más!- dijo casi gritando con los ojos completamente abiertos, a lo cual el otro dio un gran suspiro.

-En serio Yami… Algún día te dará algo por tomar tanta leche….- dijo ya rendido y al mismo tiempo incrédulo por la forma en que se lo tomaba su amigo, tenía una cara que pareciera el fin del mundo. Botó el pote de leche en el pote de basura que tenía cerca, lavó el baso y se dirigió a la puerta, a lo cual su amigo lo siguió, la verdad era que no estaba listo para nada.

-¡Ya sabes que hacer campeón!- dijo mientras le daba un pequeño empujoncito guiándolo afuera del establecimiento, a lo siguiente este se dedicó a cerrar la puerta.

-Si tan solo fuera tan simple como lo dices…- dijo en un susurro casi inaudible el tricolor, ya tomando su marcha de regreso a su casa, a esa hora estaba ya seguro de que Anzu se encontraba en el colegio.

Mientras tanto en otro lugar, cierta castaña estaba siendo secuestrada por un par de amigas con este complejo, dirigiéndola intachablemente hacia el techo del instituto al que iban. Ya en este lugar la soltaron y dedicaron a darle un gran abrazo.

-¡Anzu!- dijeron al unísono las dos chicas mientras la abrazaban, a lo cual la otra no pudo siquiera reaccionar, juraba que hacía solo segundos estaba tranquila en su pupitre en clases de matemáticas, pensando en el mismo chico con el que había estado pensando toda la mañana, y luego oyó lejanamente como el timbre del colegio sonaba para anunciar el recreo y luego ya estaba allí, como fuerza de tele-trasportación o algo. La verdad era que ese par tenía unas piernas bien veloces. Eso o ella en verdad estaba demasiado dormida…

-¡Ami! ¡Akemi! ¿¡Acaso no les he dicho que no me secuestren así!- dijo una vez que se le pasó la sorpresa y de que las aludidas se apartaran de ella.

-Oh vamos Anzu! Te extrañamos mucho, no pudimos evitarlo!- dijo la rubia guiñándole el ojo

-Si, pero pudieron abrazarme en el salón…- dijo esta, y justo abrió la boca para decir otra cosa, pero en ese momento se escuchó un portazo, para encontrar a una chica con el cabello largo recogido en una cola de caballo alta, con el cabello de un color blanco azulado y muy bonita, mirándolas con una sonrisa confiada.

-Vaya Vaya ¡miren, pero si es Anzu!- dijo con un pequeño tono de hipocresía en la voz que cualquiera podría notar, a lo que la castaña simplemente la miró con un poco de odio, seguida por la rubia y la pelinegra.

-Hola Miho - espetó con un poco de desdén en la voz, volteando a verla de frente, la rubia hizo lo mismo mientras la de lentes simplemente se escondió detrás de esta última.

-¿¡Que rayos quieres Miho!- grito ya la rubia, ya rabiosa por la presencia de esta. Esa chica simplemente le caía mal, hacía tiempo eran amigas pero ya no. Muchas veces fingía hipocresía ante los demás diciendo que aún lo eran, lo cual aún las fastidiaba más puesto qua solo las utilizaba para sus propósitos aun no identificados y obscuros.

-Pues nada, solo pasaba por aquí…- dijo con un tono que de por sí era bastante falso, se notaba que no le importaba dejar de fingir frente a ellas - ¿Sabes Anzu…? Un pajarito me dijo por ahí que tienes un lindo novio de ojos violetas y pelo puntiagudo…- dijo mientras se acercaba con una sonrisa, la cual todas supieron al instante que era falsa, y al llegar a tea, le agarró con sus dedos un pequeño mechón de cabello.- ¡Sé que será muy divertido quitártelo!- dijo quitando ese semblante inocente por una sonrisa maliciosa y una mirada con mucho odio, claro que la reacción de Anzu no se hizo esperar, puesto que en cuanto dijo esto le dio una manotada para que la soltara, y se apartó algunos pasos, el siquiera imaginar Atem con esa chica le enojaba de una manera tan grande como nunca había sentido antes, no había pasado ni medio segundo y ya se la había imaginado más de mil formas de asesinarla si tan siquiera se atrevía a mirarlo, o a pensar en mirarlo, o a siquiera pensar en pensar mirarlo, si bien ella tenía el privilegio de la chica que ah salido con más chicos en todo el colegio, pero esta vez ella no lo obtendría así de fácil. Aunque claro, la chica notó el enojo, esto la hizo sonreír placidamente, esta vez había conseguido un buen objetivo, entonces se dio la vuelta para irse.

-Me tengo que ir, nos vemos…- dijo con un tono muy amable, pero al final un poco amenazante mientras empezaba su marcha para abajo. Esa chica simplemente les ponía los pelos de punta, ahora más que nunca tenían que estar alerta. Entonces notaron como un rubio corría hacia ellas en cuanto la otra se fue, tropezaron de hombros pero ninguno se miró o le presto atención a esto.

El chico llegó corriendo hacia Anzu, en cuanto llegó se apoyo de rodillas y respiró profundamente, a lo cual ellas solo pudieron pensar en que las había estado buscando desde hace rato. Allí le quedaron mirando expectantes, sin decir una palabra, mientras el chico recuperaba el aliento, hasta que por fin se levantó ya calmado y pudo hablarles.

-Anzu, necesito hablarte…- dijo con la voz aun poco entrecortada, a lo cual las chicas lo miraron estupefactas, como esperando a que terminara de hablar – a solas…- habló el de nuevo, a lo cual Anzu puso una cara mucho más seria, a lo cual las otras dos decidieron irse, al entender que estaban de sobra allí.

-¡El concierto es este sábado! ¡Tenemos que ensayar ahora!- grito en cuanto oyó la puerta cerrarse, mientras la agarraba de los hombros, a lo que la castaña abrió los ojos de par en par, la verdad es que se le había olvidado completamente que tenia un concierto, apenas y recordaba que estaba en una banda…

-¿¡Que! ¿¡Por que no me lo dijiste antes, idiota!.- dijo ella gritando también, quitándose de una manotada los brazos del otro.

-¡Por que estabas en el hospital! ¡¿Recuerdas!- ante esto, ella se quedó estática, era cierto que no podía practicar en el hospital, y aunque más de una vez lo intentó, Atem no pudo sacarla antes de tiempo, apenas y un par de días, que no llegaba ni a una semana.

-Escucha, tenemos que aprovechar el tiempo que nos queda, y practicar lo más posible.- dijo después de un par de minutos, ahora un poco más calmado, despertándola a ella del pequeño trance en el que se había quedado - Todos pensamos que lo mejor es ir a practicar todos los días de esta semana después de clases en mi casa, hasta el sábado. Aún no te aprendes bien las canciones, y algunos ritmos no están bien, pero creo que lo lograremos…- dijo, para al final dar una pequeña sonrisa, con la cual, Anzu se tranquilizó.

-Gracias Jou… ¡me esforzaré mucho!- dijo después de responderle la sonrisa, a lo cual seguidamente sonó el timbre. Ellos se miraron. Y luego calmadamente, salieron de allí bajando las escaleras, yendo a sus respectivos salones.

Mientras tanto, en otro lugar, un chico ojivioleta caminaba por las calles. Hacía un frío tremendo, pero aún así se podía ver a la gente caminando tranquilamente. Familias, madres con sus hijos, otros caminando con su pareja o simplemente solos, el ojivioleta estaba en este ultimo grupo, pero a diferencia de los demás, caminaba lentamente y con un semblante realmente serio, podría ser que demasiado. A el le encantaba hacer esa clase de largas caminatas, sobretodo cuando tenía problemas o dudas, le ayudaba mucho a despejar la mente y a relajarse, y de algún modo, perder tanto las energías caminando, que ya no tendría para preocuparse, pero todo era inútil, lo único que le aparecía en la mente era la cara de la castaña, nada más. Y no aparecía nada que le ayudara con su duda.

Iba pensativo, con sus manos metidas en los bolsillos de su gran abrigo, podía ver su aliento cada vez que exhalaba, pero poco o nada le interesaba, el estaba perdido en si mismo, pensando en como le había ofrecido su casa, lo cual nunca hubiera hecho con una chica que conoció el año pasado, mucho menos la chica conocida la semana pasada, era casi como si en cuanto la hubo visto el empezó a confiar ciegamente en ella, tal vez no era enamoramiento, si no un embrujo o hechizo, o eso parecía, o tal vez él era demasiado débil ante esa clase de situaciones, ni el lo sabía.

Se detuvo en seco, mientras abría sus ojos de par en par. Se había sorprendido a si mismo otra vez, cuando al pensar que tal vez era un hechizo, no pudo evitar desear que no lo fuera y que de hecho, estuviera realmente enamorado de ella. Era la primera vez que pensaba así de alguien, sobretodo de una chica, pero no, debía seguir su marcha.

Justo en ese instante, un sonido pequeño, pero a la vez llamativo junto a una pequeña vibración proveniente de su bolsillo izquierdo llamó su atención, registró un poco el bolsillo y encontró su teléfono, vibrando y sonando, se podía ver en la pantalla claramente el nombre "Honda", pero inmediatamente le dio al botón para cancelar la llamada, al parecer no quería ver u oír a nadie por un tiempo…

Después, ya era la hora de la salida en la secundaria de domino, se podía ver a varios saliendo, yendo a sus casas, excepto por un trío que seguía en su salón de clases, y otro aun en la puerta del salón, esperando desesperadamente a la castaña, y viendo incesante el reloj. La verdad es que ya se hubieran ido a no ser por aquellas dos.

-Tienes que terminar estos ejercicios para el jueves, y estos otros para el próximo lunes. Tienes que investigar esto otro para el miércoles y hacer un resumen para el viernes de este libro, hay un trabajo mañana, pero ya te incluimos en el ¡nos debes una!- decía la de lentes mientras le pasaba un montón de libros y le apuntaba algunas cosas al mismo tiempo que la castaña se miraba incrédula la montaña de libros.

-Tienes que estudiarte esto para mañana urgentemente, habrá un examen. Y recuerda que para la próxima clase de deporte al parecer te mataran con los ejercicios que no hiciste durante tu ausencia, sabes como es el profesor. Que bueno que eres buena en eso.- dijo un poco irónica, a lo que se quedó haciendo una pequeña pausa para pensar si se le olvidaba algo, a lo que después agregó –Oh! Si, se me olvidaba que también tienes que escribir un informe para pasado mañana con esto – dijo extendiéndole un libro abierto, a lo que la castaña lo anotó y guardó el libro.

-¡Ya cállense, me están mareando con tantas tareas!- exclamó repentinamente el rubio, ya molesto de oír tantos quehaceres.

-¡Ese eres tu, que no haces tareas! yo necesito ponerme al día ¿sabes?- dijo agarrando entre sus brazos algunos libros, mientras se levantaba de su asiento.

-¡Lo sé! Pero también necesitas ponerte al día con "aquella" otra cosa, ¡se nos hace tarde!- dijo mientras le quitaba algunos de los libros que ya se estaban cayendo de entre sus manos y la agarraba de la mano para emprender ya la marcha – ¡Hasta mañana!- se despidió de las otras dos, quienes miraban estáticas como el y la castaña desaparecían a través de la puerta.

-¿Qué crees que sea esa otra cosa?- dijo la pelinegra a la rubia, a lo que esta se encogió de hombros y agarrando su bolso se dispusieron a salir de allí.

Mientras tanto los otros dos caminaban rápidamente a la casa del rubio, el respectivo punto de encuentro y el lugar donde practicarían, pero al pasar a través de la entrada los dos se sorprendieron de que cierto chico de ojos violetas no se encontrara con su mercedes o su Ferrari esperando en la entrada del colegio como siempre, sobretodo Anzu, quien desde que lo vio por primera vez, no recordaba ni un día en el cual no los esperara allí. Y al decir verdad, estaba realmente ansiosa por verlo otra vez. Pero supuso que en serio se habían tardado demasiado y que tal vez ya se había ido a la casa de Jou, y no pudo evitar sentirse realmente mal ante este pensamiento.

Pudo sentir como la mano del rubio soltaba la suya, al terminar de salir del lugar. No pudo evitar mirarlo y se encontró con una mirada realmente seria, pero de algún modo sintió que no debía preguntar, así que se quedó callada, entonces después de caminar un poco, no habían ni terminado de caminar la primera cuadra cuando divisaron un auto, o mas bien, una limosina pararse justo a su lado.

Era justo el conductor que la había llevado hacia horas atrás a la escuela, y ahora la llevaba de regreso, pero ella le dijo que estaba bien y que iba a casa de Jouno, así que llegaría más tarde, a lo que le alcanzo los libros y le dijo que si se los podía llevar en cambio a su cuarto. A lo que el respondió que si, y después de haber subido esas cosas le alcanzó unas llaves a la castaña.

-¿y esto…? - pregunto un poco extrañada, por las dos llaves que sostenía el pequeño llavero con un corazón dorado de metal, las llaves eran rosadas, su color favorito.

- Son las llaves de la casa, el amo las pidió para usted, no estuvieron listas hasta ahora. – dijo con su tan tono formal, pero eso no evito que ella sintiera como una gran emoción de alegría subía desde su estomago hasta su garganta, por la cual quería gritar a todo pulmón, pero se reprimió a si misma, no quería parecer una loca. Así que simplemente se limitó a agradecerle a aquel hombre, el cual se despidió y se perdió de vista tras unos kilómetros, ella simplemente se quedo viendo emocionada las llaves, mientras que prácticamente ignoraba completamente al chico a su lado y comenzaba a caminar, y el camino, a diferencia de la otra vez, pareció menos pesado y largo.

Cuando al fin llegaron a la casa del susodicho, al verla a lo lejos no pudo evitar sentir una gran alegría, había estado pensando durante todo el camino en ver al tricolor, el cual no había visto desde la noche anterior. Aunque se extrañó un poco cuando al llegar, no vio ningún auto caro y llamativo en la entrada, esto le bajó las esperanzas un poco, pero no se desanimó. Fueron directamente a la cochera a la cual habían ido anteriormente y en cuanto entraron pudieron ver a dos personas realmente de mal humor, un castaño pegado al teléfono con desesperación y un albino con un aura matadora alrededor, cansado de esperar, pero no había ni rastro del tricolor.

- Hola chicos….- dijo un poco dudoso el rubio, mas que nada para llamar la atención, la cual fue mala decisión, porque en cuanto hubo pronunciado estas palabras cuatro ojos lo atravesaron como cuchillas a el y a la chica, ya podían ver venir el regaño que se les venia encima.

-¡¿Por qué vienen tan tarde! ¡Hace horas que los estamos esperando!- grito furioso el castaño mientras el otro, a simple vista alistaba sus puños.

-Hey, Hey, relájense… es que tuvimos que hacer un par de cosas antes, ¿pero ya estamos aquí todos, no…?- dijo el rubio, tratando de tranquilizarlos más, pero al contrario, su comentario los hizo desesperarte más.

-¡¿Qué acaso estás ciego! Yami aun no ah llegado, además de que ustedes llegan tarde, tenemos que quedarnos a esperar por él también!- dijo un poco ya desesperado, se hacía tarde y el susodicho aun no llegaba.

-¡¿Qué! Aun no llega!- gritó Jou totalmente sorprendido, ya que el susodicho siempre llegaba antes que los demás, no era una persona que llegaba tarde.

-creía que estaría con ustedes…- contesto Tristán ante su sorpresa.

-no, de hecho pensábamos que ya había llegado…- dijo la castaña, interrumpiendo un poco, la verdad era que se encontraba realmente decepcionada de que el no estuviera allí, y eso que estaba realmente emocionada por volverlo a ver.

-¿ya trataste de comunicarte con el?- preguntó el rubio de nuevo.

-miles de veces, pero no contesta su teléfono-

-Que raro, ¿habrá pasado algo…?-dijo Jou un poco meditativo, luego vio a Anzu. Todo el mes pasado, durante su estadía en el hospital él no paraba de decir que vivirían juntos. - oye Anzu, tu vives con el ¿no sabes algo?-

-no, de hecho desde anoche que no lo veo…- contestó ella, a lo cual todos se quedaron pensativos, pero en menos de un minuto, una pequeña idea pero no imposible, cruzó en la cabeza de todos los chicos al mismo tiempo, y simplemente se le quedaron mirando fijamente a la castaña de una manera que a ella no le gustó para nada.

-¿P-pasa algo…?- dijo ella ya un poco nerviosa, a lo cual los tres se vieron a la cara en unísono, sabiendo al momento que pensaban lo mismo, a lo cual Jou tomo la delantera.

-Emm… Anzu… ¿Cómo puedo decir esto…?- dijo, a lo cual ella simplemente quedó expectante - ¿Pasó algo anoche que tenga que ver con esto…?- soltó después de un momento de meditación, a lo cual ella simplemente lo miró de la manera mas extrañada posible.

-No lo creo, ¿Por qué…?- contestó sin rodeos, la verdad es que no consideraba haber hecho nada malo, ¿o si…?

-¡No! ¡Por nada!- dijo para así dejarlo hasta ahí, aunque la verdad es que aun tenían dudas, pero si ella decía que no había nada con tanta tranquilidad, era por que era cierto.

-Bueno, ¿y ahora que hacemos? ¿Esperamos por Yami o…?- comenzó el chico castaño, pero entonces, se fue prácticamente interrumpido por el albino.

-¡Mejor comenzamos ya! ¡Allá el si viene o no! ¡Después de todo esto es solo una practica, no lo necesitamos!- gruñó Bakura ya enojado de estar tanto tiempo de hacer nada, y se sentó en la pequeña silla de la batería, mientras Jou se ponía el bajo al hombro y después, Anzu se puso frente al micrófono con un pequeño libro entre las manos, y re-leyéndolo un poco, al empezar a tocar ella cantó. (N/A:: lo siento, los críticos del fanfictión un me dejan poner letras de canciones, así que tendrán que usar su imaginación…)

Mientras tanto, un castaño atrás de ellos, decidió volver a llamar al ojivioleta, pero solo recibió una invitación directa hacia el buzón de voz.

-Atem… ¿Qué rayos estás haciendo…?- pronuncio en un susurro casi inaudible, mientras el ruido de los otros llenaba el lugar.

Al mismo tiempo Anzu simplemente, mientras cantaba, no paraba de pensar en aquella pregunta que le hizo Jounouchi de parte de todos, esa pregunta se oía realmente sospechosa. ¿Qué pudo haber hecho anoche para…?

De repente una gran desafinación de parte de Anzu, dejando sordos a casi todos, llenó la habitación de un desbordante chillido, a lo cual todos pararon al instante lo que hacían, y le quedaron mirando con los ojos realmente abiertos, ella se llenó de vergüenza, mientras volteaba lentamente a mirar las caras desconcertadas de los demás.

-Emm… lo siento, es que… ¡tengo sed!- dijo, más no pudo pensar una excusa mejor, y ellos sencillamente se llevaron una mano a la cabeza.

-voy por un vaso de agua…- dijo Jou con resignación, no tenía que desafinar de esa manera por un simple vaso de agua. Ese día seria uno muy largo, y aun les venía mucho por delante.

La tarde pasó rápido, aunque para algunos pasó realmente lento, apenas se dieron cuenta cuando ya estaba anocheciendo y decidieron parar la práctica en ese momento, ya habían practicado bastante o al menos lo suficiente, no querían sobre-esforzarse, o podrían estar ya demasiado cansados para el día del concierto. Así, pues, empezaron a recoger sus cosas y marcharse uno por uno, honda Bakura se fueron de primeros, dejando a la castaña y su amigo solos en la cochera. Esta estaba acomodando algunas cosas en su mochila mientras el la esperaba.

-¿te gusta tardarte en todas partes verdad? – le preguntó el a Anzu en broma, a lo que ella sonrió entendiendo a que se refería a que también se tardo en salir de la escuela ese día.

-puede ser… es que me encanta ver como te desesperas…- contesto ella en un tono sarcástico, a lo que el rió un poco.

-¿estás segura que no quieres que te acompañe?- dijo acercándose el a la castaña, ella simplemente volteó a verlo después de que terminara de cerrar su mochila.

-Estaré bien, es solo ir a la estación del metro y luego caminar unas cuantas cuadras.- ella estaba totalmente relajada, si aun no le había pasado nada donde vivía antes, dudaba más que nunca que le pasaría algo en camino a un vecindario tan seguro como era el de Atem, después de todo, era un vecindario de ricos.

-¿y si te acompaño hasta la estación del metro?- recibió una mirada un poco molesta de la castaña, aunque su cara aun seguía sonriente.

-¡Deja de ser tan obstinado!- exclamo ella mientras agarraba su mochila y se la echaba al hombro, y el le habría la puerta.

-ok, ok. Pero si te pasa algo, no me culpes después.- dijo dándole una pequeña palmada antes de que se fuera.

-está bien, no te culparé. Hasta luego!- dijo haciendo un ademán de despedida con la mano, y echándose a caminar, desapareció tras unas cuantas cuadras. No tardó mucho en encontrarse con la estación del metro, entró y después de unos minutos de espera, este llego y pudo irse. El viaje se le hizo un poco largo, irse sola realmente era un poco triste, pero ella no le prestó atención a esto, ella estaba pensativa desde que había dejado la casa de Jou, pensando en el beso que le había dado a Atem la noche anterior, y sobre la extraña y repentina desaparición del mismo, hasta el momento nadie sabia nada de el, y eso la preocupaba muchísimo. ¿Había sido tal vez por el beso que se habían dado? Ella no podía besar tan mal, ¿¡o si!

Sacudió su cabeza, era imposible que por un mal beso se hubiera ido, pudo ser que su padre lo llamó de emergencia o salio y tuvo un accidente o cualquier otra cosa. No, eso era completamente imposible, en cualquier posibilidad que ella imaginaba pudo haberle dejado un mensaje o los mayordomos pudieron haberle dicho algo al respecto. Nada más quedaba una posibilidad que ella había estado evitando pensar, y no le gustaba para nada.

Repentinamente un pequeño timbre seguido por una suave voz que decía el nombre de la siguiente estación de metro interrumpió sus pensamientos, y esa era justamente la estación en la que se bajaba, no pudo creer que se quedara pensando todo el camino tan concentrada. Se levantó llevándose al hombro su mochila y caminó rápidamente a la puerta más cercana, seguidamente esta se abrió y salio del tren y de la estación, caminó un par de cuadras y pudo encontrarse de nuevo con la imponente casa de Atem, la oscuridad de la noche y el aire frío le dieron escalofríos, a veces se preguntaba como es que el mismo no se espantaba, aunque para ella, con tal de tener un techo, por más aterrador que fuese, era feliz.

Sacó las llaves que llevaba consigo, y trató de abrir la reja principal con una de ellas, falló al hacerlo, a lo cual lo intentó con la otra y se abrió. Después de cerrarla detrás de sí, se dispuso a caminar un par de metros y encontrarse con la puerta principal, probó la otra llave y se abrió la puerta ante ella.

-¡Ya Llegue!- dijo instintivamente, pero nadie contesto a su saludo, al parecer la casa ya estaba vacía, tanteó un poco en la pared para encontrar un interruptor, y después de algunos intentos fallidos, lo encontró. Pudo ver la gran escalera que se posaba justamente al frente de la puerta principal, y al mirar hacia arriba no pudo evitar un deseo inmenso de no subir allí, pero era algo que tendría que hacer tarde o temprano.

Por el momento decidió ir a comer algo, y emprendió camino a la cocina, y desde allí pudo verlo, el lugar del suceso, y no pudo evitar recordarlo otra vez, lo había recordado suficientes veces ese día y la verdad era que cada vez que lo hacía tan solo se sentía cada vez más triste.

Volteó hacia la nevera y pudo encontrar aun adentro la gran torta justo como la había dejado esa mañana junto a un poco de comida, que encima de ella había una nota que decía "la cena" y no pudo evitar darse cuenta que era una ración para dos personas, y pudo ver un pequeño destello de esperanza, uno diminuto y casi invisible de que Atem podría volver esa misma noche.

Agarró la comida y la calentó en el microondas, a lo que seguido agarró un par de cubiertos y un plato, para después buscar un vaso y llenarlo de jugo de mora que había en la nevera. Después el microondas sonó y se apagó, a lo cual pudo sacar la comida y poner un poco en su plato y después guardar el resto. Aunque el hecho de que fuera recalentado era un poco molesto, tal vez debió cocinar algo ella misma, pero estaba demasiado cansada para ello.

Caminó con el plato en la mano hacia aquella mesita, y no pudo evitar sentarse en el mismo lugar que antes pero esta vez se contuvo a si misma y empezó a comer dirigiendo toda su atención a la comida, o al menos, lo más que podía. Terminó realmente rápido y se levantó, tratando de no mirar atrás. Ya en la cocina empezó a lavar el plato y el vaso que había usado, había un lavaplatos pero nunca en su vida había estado cerca de uno y no quería terminar dañándolo, pero se sentía un poco inquieta, no paraba de mirar al refrigerador y recordar la torta que había dentro. Terminó de lavar y trato de irse pero inquietud no se lo permitía.

-b-bueno… solo a verla, nada más a verla- dijo mientras abría el refrigerador lentamente, y podía contemplar el pastel, realmente le hubiera encantado comérsela junto a Yami, se veía realmente deliciosa. Tragó saliva, la verdad era que no tenía resistencia contra los dulces y no quería acabar comiéndosela entera ella sola, eso equivalía a un montón de calorías y carbohidratos y toda esa clase de cosas. –Bueno… un pequeño pedazo no hará daño, ¿verdad?- dijo, acto seguido agarró un cuchillo y un pequeño plato y picó un pequeño pedazo, después dejo el cuchillo en el fregadero y agarrando una cucharilla dejó la cocina para subir a su cuarto, apagando detrás de sí las luces.

Caminó lo más rápido que pudo a través del gran y oscuro pasillo, y se detuvo en la puerta de su habitación, no pudo evitar mirar hacia la puerta de al lado, a la habitación de Yami, ya no tenía ese resplandor y esa especie de calor que tenía antes, se veía mas bien frío y solitario. Decidió de una vez entrar a su habitación, volteó abriendo la puerta y al entrar encendió la luz.

Pudo ver con más claridad en ese momento, había un escritorio que parecía que estaba ahí por arte de magia, ya que no lo había visto esa mañana, ni el día anterior, estaba hecho de madera de roble y tenía varios cajones, tenía sobre él el montón de libros y libretas que le había dejado a aquel mozo esa tarde, supuso que le dejado aquel escritorio porque supusieron que lo necesitaría, y esa era una buena suposición, ya se empezaba a preguntar si necesitaría volver a bajar para estudiar en la mesa del comedor.

Puso el pastel en uno de los lados de aquel escritorio, y después de agarrar algunos libros y revisarlos, se decidió por empezar con matemáticas y sacando respectivamente el libro y cuaderno, empezó así por resolver algunos ejercicios, mientras comía un poco de pastel cada vez que se paraba a pensar, parecía que el dulce en serio la relajaba, pero no podía apartar de su mente a cierto tricolor que cada vez que podía se aparecía en su mente, y así, pasaron varias horas, hasta hacerse realmente tarde, y aunque se caía de sueño, no quería ir a dormir hasta terminar con todo.

Mientras tanto, a las afueras, se podía ver a un chico con un gran abrigo negro caminando de un lado a otro en la entrada, podía verse que tenía frío y estaba cansado, apenas había llegado y cuando se encontró en toda la puerta dudó en entrar, podía verse desde afuera que la única luz encendida de la casa era la de la habitación de la castaña, un gran miedo lo agitó, no quería encontrársela, porque sabía que si lo hacía, si la veía una vez más no podría escapar, tampoco sabía que le diría respecto a su ausencia, y era obvio que no la volvería a tratar igual que antes, ni siquiera sabía si seria capaz de mirarla a los ojos. Había estado en el bar de su amigo hasta esa hora, aunque estar rodeado de gente no era lo más apropiado para el en ese momento, si ignoraba a esa gente entonces no era tan malo, hasta que, claro, cierta persona lo hecho de allí, aunque estaba mejor así, ya se empezaba a cansar de los estúpidos discursos que no paraba de darle.

Pero tenía mucho sueño, y realmente era tarde, le sorprendía como Anzu podía seguir despierta. Pensó entonces en subir lo más silenciosamente posible e irse directo a su habitación, aunque realmente se sentía mal eso de escabullirse a su propia casa, pero no tenía de otra. Abrió la reja con cuidado, y entró, ya no había paso atrás, entró en la casa tratando de hacer el menor ruido posible y quitándose los zapatos para no hacer ruido, subió las escaleras lentamente, justo vio en frente el cuarto de Anzu, podía ver una tenue luz debajo de su puerta, ahora no sabia si lamentarse o no de darle justamente el cuarto que estaba al lado del suyo, y por el cual estaba obligado a pasar en frente para llegar al suyo propio, caminó lenta y silenciosamente a través del pasillo, más de lo que lo había hecho antes, y pudo ver como la puerta había quedado entreabierta por unos pocos milímetros, no pudo evitar la curiosidad y mientras se regañaba mentalmente, suplicándose que no mirara una y otra vez, pero no pudo evitarlo, era una de esas acciones que su cuerpo hacía por si solo, y ya cerca pudo ver a la castaña con su cabeza reposada sobre su escritorio, o más específicamente, sobre sus numerosos libros abiertos, se encontraba placidamente dormida y junto a ella un par de platos que a simple vista se podía saber que había comido del pastel de antes, el casi se había olvidado de aquel postre.

Abrió la puerta lentamente y se acercó un poco más tranquilo a ella, ya decía el que era demasiado tarde como para que siguiera despierta, empezó a preguntarse desde cuando había estado dormida, mientras su mano se movía lentamente dirigiéndose al cabello de la castaña dispuesto a acariciarlo, acto que fue inmediatamente detenido por su otra mano en un intento desesperado de contenerse a si mismo, se mordió la lengua y quiso irse de ahí, pero no pudo evitar voltear sobre su hombro una vez que se había dado la vuelta, no podía dejar que durmiera en una posición tan incomoda. No sabía si era una excusa o si en verdad se sentía mal, sea lo que sea, le dejó un mal sabor en la boca.

-está bien, la acuesto y me voy…- dijo mas que nada para calmarse a sí mismo, para proponerse enteramente y evitar cualquier otra cosa. Se acercó pues, a la ojiazul y tratando de no despertarla lo más que pudo la cargo entre sus brazos, mientras se movía con lentitud y la posaba delicadamente en su cama.

-Atem…- dijo al instante que la posaron sobre el colchón, lo cual hizo que Atem se sorprendiera por un momento, y casi hizo que se cayera al suelo de la sorpresa, no podía creer a lo que acababa de escuchar, se acercó un momento y tras asegurarse de que seguía dormida, suspiró profundamente.

Se relajó al ver que seguía despierta, pero eso de que dijera su nombre entre sueños lo perturbaba, aunque muy adentro de sí, se sentía realmente feliz, ya que eso quería decir que pensaba en el, y hasta soñaba con el, pero al mismo tiempo eso solo ponía a su corazón en medio de más dudas. La arropó lo más sutilmente posible para después quedar viendo fijamente a la cara mientras sus pensamientos se hacían un revoltillo, y pudo apreciar su bonita cara dormida, llena de paz pero al mismo tiempo podía verse un dije de preocupación, uno prácticamente indescifrable pero que se sabía que estaba allí, su hermosa piel blanca y suave al tacto, sus hermosos ojos azules que en ese mismo momento se encontraban cerrados, su precioso cabello castaño y finalmente, como broche de oro, sus labios, suaves, rojizos y finalmente dulces, sintió un impetuoso deseo de besarla, de posar sus labios en ella otra vez, quería saborear sus labios una vez más, tan solo un pequeño roce bastaba esa noche y tal vez para toda su vida, o al menos eso era lo que sentía en ese momento, sintió como bajaba de nuevo involuntariamente su cabeza, y el objetivo de sus labios eran los de la castaña.

-Atem… no te v…- pudo oír de nuevo a la castaña prácticamente en un susurro, pero fue lo suficiente como para despertarse de aquel extraño trance en el que se había colocado, y para cuando ya se había dado cuenta, estaba a milímetros de besarla, tan solo un poco más y la besaría, pero no, decidió alejarse lo más rápidamente posible, tenía tan poco autocontrol sobre el mismo que se sentía avergonzado, y en ese momento lo comprendió, el vivía mintiéndose a si mismo, ¿Un pequeño roce? ¿Un segundo? ¿Qué bastaría para el resto de su vida? Eso era un montón de mentiras, si el llegaba ponerle las manos encima no pararía, y por eso debía alejarse de ella, no quería y no debía acercársele.

Se dio la vuelta y apagando la luz tras de sí salió de la habitación sin voltear atrás. La noche siguió tranquila y serena, hasta que por supuesto salió el sol, cierta castaña seguía dormida profunda y relajadamente en su calida cama, se había desvelado y no se despertaría hasta más o menos cuatro horas más tarde, o incluso más, ya que tenía un placentero sueño del cual no quería despertar jamás, si no fuera por la alarma de su teléfono que le obligaba a despertarse en ese instante para al menos apagarla, trató de no hacerle el más mínimo caso, olvidándose de todo, y esperar a que se detuviera o algo, cuando al fin se terminó aquel molesto sonido, volvió a relajarse para dormirse otra vez y seguir con su increíble sueño, pero en ese mismo instante pudo oír como tocaban la puerta, sonido que la exasperó, trató de usar la poca paciencia que le quedaba e ignorarlo, pero entonces volvió a sonar, no tenía otra opción más que ir ¿o sí?

Se levantó con la máxima pereza posible como el ser humano lo permite, y empezó a caminar lentamente mientras se restregaba un ojo para despertarse un poco, al mismo tiempo tocaban cada vez más insistentemente la puerta, cuando llegó agrió con molestia y pudo ver ahí parado al mozo del día anterior, con la mano aun alzada después de haber tocado tan insistentemente y pudo ver como bajaba lentamente la mano después de un par de segundos.

-Señorita, el desayuno está listo y la está esperando abajo, tomamos la libertad de arreglar su mochila para el colegio, y su uniforme está limpio y planchado. - decía con su tono serio y formal como de costumbre mientras le alcanzaba su uniforme pulcramente doblado, mientras ella agarraba la ropa y se preguntaba como era que no había visto a nadie en la noche, pero si están ahí tan de mañana, al menos lo suficiente como para organizar y acomodar sus cosas, era realmente increíble. Mientras ella se quedaba ensimismada con el uniforme entre sus manos, el viejo hombre pensó que ya era hora de irse, y comenzó a alejarse, entonces al ver esta acción ella despertó de si misma de inmediato.

-¡E-Espere un momento!- dijo alzando una de sus manos en dirección al señor, quien volteó con un poco de sorpresa hacia la chica, y le quedó mirando expectante –Ehmm… Uh… ¿A-Atem está?- preguntó ya con un poco de vergüenza, ya era la segunda vez que se lo preguntaba y se preocupaba de que consideraban una molestia.

-El joven amo se fue esta mañana…- contestó justo como el día anterior, lo cual desconcertó a la castaña.

-¿Qué acaso volvió?-

-Sí, pero como le dije, salió esta mañana…- dijo calmadamente al mismo tiempo que le quedaba mirando expectante, la castaña solamente bajó la cabeza rápidamente y entró al cuarto inmediatamente, mientras decía casi en un grito que ya se podía ir, aquella reacción lo desconcertó, pero no tuvo mucho para quedarse de esa manera, puesto que repentinamente oyó un escándalo dentro del cuarto, era un golpe gigantesco seguido de muchas cosas rompiéndose acompañado por un tremendo grito obviamente proveniente de la castaña.

-¡HIJO DE #$%&/(&$#°"#$%&/! ¿¡COMO TE ATREVES? ¡Y DESPUES DE QUE ME PREOCUPE TANTO, TU….! ¡TE VOY A…!- pudo oírse aquella y otras maldiciones por toda la gigantesca casa, sobretodo el mayordomo, a lo que entró rápidamente al cuarto, para conseguirse con la pequeña mesa que antes se encontraba parada agradablemente junto a la puerta tirada y rota al otro lado de la habitación, mas varias cosas tiradas al sueño y una castaña en una posición exagerada de haber lanzado algo, y con una respiración fuerte y la cara totalmente roja, el anciano se quedó petrificado mientras veía como de repente la castaña volvía a su posición normal, pero en desgana y soltaba un gran suspiro, luego volteó apenada c hacia el señor.

-L-lo siento mucho, ¿me puede dar una escoba…? Yo lo limpiaré.- dijo ella ya con un aire de desanimo, mientras el señor lo que hacía era verla y preguntarse como una chica tan dulce podía llegar a decir tales maldiciones y ser tan violenta.

Continuará….

*cambiando de tema* Wuiiii! Es mi cumpleaños! *cambiando de tema otra vez*

GOMENASAI! Siento haber tardado tanto en la conti, pero esta vez realmente tengo excusa… Well… verán… mis notas en el segundo trimestre fueron tan malas que hasta yo me avergoncé! T_T

Y mi madre me quitó la compu, y eso que estaba de lo más inspirada en el cap (solo 3 días y ya tenía más de la mitad) y entonces cuando por fin pasé todas las materias y no más presión y mi mami me devolvió la compu….! Me fijé que ya no tenía inspiración para nada… -_-

De paso, cerraron mi fic en el foro dz… (que bueno que aquí no cierran fics)

Les debo tantas disculpas, todo es culpa de mi incompetencia….! Aunque Well, gracias a Shere otra vez que en momentos de necesidad me inspiraba pero…T_T

Por cierto, ya es 10 de agosto! Es mi cumpleaños! (Hace unos días pensaba ¿y si actualizo el 10 para sorprenderlos e inventar una excusa para decir que es mi cumple..? nah! No los quiero torturar más…" y terminé actualizando hoy… (Aunque son como las 3:30 AM, pero Well…)

Estuve todo el día tratando de escribir la ultima escena, tuve que sacármela a juro, si no, no iba a terminar nunca… un mas medio me inspiraba leyendo fics yamixtea….u,u

ANYWAY! Espero les haya gustado este capitulo! Me esforcé mucho por sacarme las ideas, y además, no crean que eh estado pensando en pajaritos preñados todos estos 3/4 meses! Noo! Estuve pensando cada noche y ya tengo muchas cosas más sobre este fic, nuevas excusas y más sentimientos! Momentos cómicos, personajes que pensé que no aparecerían, etc.! Y aunque me faltan algunos detalles y pensar en un buen final sin cliché, el hecho es que quedarán juntos, lo prometo!

TAMBIEN en el próximo capitulo, será puro y 100% yamixtea PURO! Incluso más intenso que la parte donde Yami casi besa a Anzu en la cama, o al menos eso quiero hacer!(y por eso mismo es que creo que va a ser realmente un poco corto, inventaré algo para alargarlo... xD)

Así que ALISTEN SUS NARICES! Aseguro que van a sangrar en el prox. cap! Donde nuestros héroes (esto es un romance) tienen un muy frío y helado reencuentro! Y también ocurre lo que TOOOOOODOS ustedes han estado esperando desde que inició el fic! ;D

(Y ese es todo el spoiler que les voy a dar!)

Bye-By!