Capítulo 8

Calambrazo

Despertarse en cama ajena siempre daba una sensación extraña. A lo largo de todo el viaje y hasta el momento, había parado en muchos centros pokémon y recordaba bien el olor de las sábanas, a fresco, muy distinto al olor a lavanda del detergente que siempre usaba su madre. De alguna forma ya se había acostumbrado a distinguir las del centro pokémon, pero esta vez ese olor a fresco estaba ausente, siendo reemplazado por uno más mentolado. Eso le hizo espabilarse enseguida y algo desubicado.

-Agh ¿dónde estoy?

Se reincorporó, mirando a su alrededor, y recordando al instante dónde se encontraba. El camarote en el que Hoja y él pasaron la noche destacaba por ser bastante lujoso, del tamaño de una sala, y de un solo espacio exceptuando el baño. Aunque él era el único allí, Hoja no estaba en ninguna parte, ya que cuando la llamó no obtuvo repuesta. Miró por un momento un reloj que había en una mesilla, las once y media, era bastante tarde, y la cosa es que no recordaba quedarse despierto tanto tiempo como para quedarse dormido de esa forma. Se vistió de nuevo y se puso presentable rápidamente, cogiendo sus cosas para irse; fue a coger su reloj cuando vio una nota en la misma mesilla en la que ponía: Rojo, si despiertas ven pronto a desayunar, que el barco se va a las doce. Estoy en el restaurante del otro día, donde estuvimos cenando.

El entrenador pegó un bote, terminó de recoger las cosas y se dirigió al restaurante; allí encontró a Hoja terminando de desayunar.

-Por fin, pensaba que no despertarías, iba a ir a buscarte-comentó ella, acabando de un largo sorbo el café.

-Haberme despertado antes-murmuró él, cogiendo algo para comer.

-Preferí dejarte un rato más, te veías tan mono durmiendo…-reveló la chica, con una sonrisita divertida.

Rojo le miró ceñudo y ella se rió tontamente, sacándole la lengua en un gesto cariñoso. El chico no dijo nada, aunque llegó a esbozar una pequeña sonrisita.

Rojo desayunó en tiempo record y bajaron del barco cuando éste estaba a escasos minutos de zarpar; desde el muelle observaron las maniobras de desamarre y salida, siendo ayudado por un par de remolcadores durante todo el proceso. En cuanto se alejó del puerto, se despidió con tres sirenazos largos y puso proa hacia el océano abierto para salir de la bahía.

-Jo, me hubiera gustado hacer el viaje…-comentó Hoja en un momento dado.

-Je ¿tenías a mano ochocientos mil yenes?-quiso saber Rojo.

-¿Cuánto?

-Me informé del viaje, costaba ochocientos mil yenes, pensé que ya lo sabías…-explicó el chico.

Hoja parpadeó, con gesto incrédulo, y finalmente murmuró.

-Será mejor dejar el viaje para más adelante…

-Sí, ahorrando al menos durante diez años quizás…

Tras la partida del barco los dos regresaron a la ciudad cogiendo un autobús del puerto para acercarse a la entrada.

-¿Y qué piensas hacer ahora?-preguntó Rojo, con curiosidad.

-Pues me tengo que ir, tengo otro encargo-anunció la chica.

-Oh, vaya, pensaba que te quedarías más tiempo…

-Ya, y yo, pero justo ayer por la noche antes de irme a la cama me llegó una llamada de la academia…

-Sí, lo comprendo, el curso es lo primero.

El autobús les dejó justo al lado de la entrada y a partir de allí los dos echaron a andar hacia el norte de la ciudad; Hoja se iría directamente, pero Rojo quería pasarse por el centro pokémon para dar señales de vida, ya que tenía consigo la llave de la habitación y en ese sentido el servicio solía ser bastante exhaustivo. Como la quedaba de paso, Hoja le acompañó.

-Supongo que tú te enfrentarás al líder-asumió Hoja, casi afirmando.

-Pues sí, aunque me gustaría entrenar un poco antes, además, no sé nada acerca de él…-recordó el chico.

-El otro día antes de embarcar pasé al lado de una agencia turística, tenían folletos sobre la ciudad, toma uno, quizás hable del líder-comentó Hojas sacando un folleto de su bolso y entregándoselo.

-Gracias Hoja.

-De nada.

Tras varios minutos de caminata llegaron por fin al centro pokémon y se pararon junto a la entrada; llegaba el momento de la despedida y ambos lo sabían.

-Bueno, pues me voy yendo ya, ciudad Azulona me espera-anunció ella con algo de pesar.

-Sí, mucha suerte, te llamaré de vez en cuando.

-Vale, hablamos entonces.

-Claro… adiós Hoja-se despidió él.

-Adiós, Rojo.

La chica se puso en camino y él la observó irse hasta que finalmente desapareció de la vista.

Una vez solo de nuevo, Rojo se puso las pilas para entrenar, y lo primero que hizo fue informarse acerca del líder de gimnasio. Gracias al folleto que Hoja le dio pudo saber que se trataba de un marine estadounidense retirado con ascendencia japonesa que respondía al nombre de Lt. Surge. Había estado sirviendo en las fuerzas norteamericanas durante gran parte de su juventud, llegando a involucrarse en algún que otro conflicto menor durante los tiempos de la Guerra Fría. Finalmente finalizó su servicio con honores, y se retiró de vuelta a su Japón natal, ejerciendo como líder de gimnasio en ciudad Carmín, especializándose en el tipo eléctrico.

Una vez bien informado estuvo un par de días entrenando duro para enfrentarse a él; al ser un experto en el tipo eléctrico, pidgeotto no tenía muchas posibilidades, así que se centró en pikachu y en charmeleon durante el entrenamiento. Estuvo pensando también en alguna nueva captura, pero no sabía muy bien que pokémon cazar; pensó en capturar un diglett en la cueva homónima y entrenarlo para enfrentarse a Surge, pero no le gustó demasiado el pokémon, por lo que desechó la idea. Su entrenamiento se dio principalmente en la ruta 11, en una extensa campiña llana al este de Carmín, llena de hierba alta y con vegetación dispersa, donde los pokémon salvajes y los entrenadores estaban a la orden del día. Era el sitio perfecto para entrenar y pasar el día en compañía de sus pokémon. También quiso echar un vistazo a la ruta 12, la cual bordeaba la costa a ese lado de la prefectura, aunque se quedó con las ganas de ver más, puesto que el camino se encontraba bloqueado por un enorme pokémon tumbado en medio de la pasarela que llevaba hacia al norte y al sur de la misma.

-¿Pero qué es eso?-murmuró Rojo sacando su pokédex para informarse.

-Snorlax, el pokémon dormir; este gran pokémon es capaz de comer cuatrocientos kilos diarios de comida y luego dormir el resto del día. Una vez que se duerme no hay nada que le despierte-explicó ésta.

-Estupendo-murmuró él.

En un principio estuvo tentado de capturarle, pero luego recordó lo que comentó la pokédex; si era verdad eso de que comía cuatrocientos kilos diarios de comida, el pokémon de las narices podría costarle todos los ahorros de su vida sólo en comida. Y menos mal que los demás no eran tan exigentes, que si no iba apañado. Debido a esto, desechó la idea de cazarlo rápidamente. Lo malo era que no se movía de donde estaba, entorpeciendo la circulación en ese tramo de la prefectura desde hace una semana por lo menos, según lo que le llegaron a comentar.

-¿Qué? ¿Lleva ahí desde una semana?

-Pues sí, está haciendo imposible viajar por el este de la prefectura desde entonces, normalmente los snorlax viven en las montañas del norte, pero este ha bajado recientemente en busca de comida y ha decidido echar su siesta justo aquí-le explicó el policía que custodiaba la zona.

-Jo, pues vaya faena… ¿y no hay forma de hacerlo despertar para que se aparte?

-Je, ya puede caer una bomba como la de Nagasaki que ni eso le despertará. Lo malo es que se trata de una especie protegida, por lo que no podemos utilizar métodos subversivos ni nada por el estilo, por lo que toca esperar a que se despierte por sí solo.

-¿Y cuándo se despierta un snorlax?-preguntó Rojo, dándole la sensación de que ya se había respondido él mismo con tan solo pensarlo.

-Pues cuando le da la gana, que casi siempre es ni se sabe. Va para largo, chaval, si lo que quieres es ir a pueblo Lavanda o ciudad Fucsia vas a tener que buscar otro camino.

Debido a que no podía hacer nada yendo por allí, Rojo optó por quedarse en esa ruta, siguiendo practicando para el combate de gimnasio. Él mismo se fijó una fecha, teniendo en cuenta sobre todo que no quería quedarse más tiempo del necesario en la ciudad, por lo que se dio un día más de margen para entrenar un poco más.

Tanto pikachu como charmeleon eran buenas opciones en un gimnasio de tipo eléctrico; pikachu podría contrarrestar el tipo eléctrico con ataques convencionales, mientras que charmeleon tenía la suerte de saber un ataque tan eficaz contra los eléctricos como lo era excavar. Por su parte, pidgeotto era el que menos opciones tenía, aunque estuvo practicando un poco con él el combate a larga distancia en el caso de que necesitara usarlo, aunque lo mantendría como ultimísima opción.

Finalmente llegó el día del combate, madrugando ese mismo día y dirigiéndose para allá tras un copioso desayuno; había dejado a sus pokémon en tratamiento durante toda la noche para que estuvieran descansados y listos para la batalla, por lo que tan solo fue recogerlos e irse para allá.

Gracias al folleto que Hoja le llegó a dar en su día pudo localizar el gimnasio rápidamente, el cual se encontraba situado junto a la costa, aunque su aspecto era de todo menos el de un gimnasio; consistía principalmente en un extenso terreno en el cual todo parecía simular una base militar, con varios barracones junto a un edificio con forma de hangar, un espacio de entrenamiento físico con obstáculos e incluso una corta pista de aterrizaje de tierra, con una pequeña torre de control y una manga de viento. Aunque lo que más destacaba enseguida era un avión situado en el extremo opuesto a la pista. Rojo se acercó para verlo mejor, no sabía mucho sobre aviones militares, aunque ese en concreto tenía una forma muy aerodinámica, con dos rotores de hélice a ambos lados de las alas y una larga cola.

-Vaya, cómo mola…

-¿Te gusta, chaval?-oyó entonces una grave voz tras de sí.

Se dio la vuelta y vio al líder del gimnasio; lo supo reconocer al instante por las fotos que llegó a ver, era un hombre que quizás rondara los cincuenta años, de complexión fuerte y muy musculoso. Vestía con un uniforme verde del ejército americano, era rubio con el pelo en punta, de ojos azules y calzaba unas katiuskas negras que remataban el conjunto.

-Ah, usted es el líder del gimnasio ¿verdad?-quiso asegurarse él de todas formas.

-Así es, yo soy el teniente Surge, el líder de ciudad Carmín a tu servicio, chaval-se presentó entonces, haciendo el saludo militar.

Rojo le imitó, cuadrándose ante él, y luego comentó.

-Leí que había sido usted militar…

-Por supuesto, estuve sirviendo en la marina de los Estados Unidos de América como teniente, allí me enseñaron disciplina, fortalecí y mejoré a mi equipo pokémon, el cual me ayudaba siempre en mis misiones-asintió el líder.

-Vaya, se le nota experimentado. Este avión es suyo ¿verdad?

-Así es, es un Lockheed P-2 Neptune, con él estuve haciendo misiones de reconocimiento durante el periodo de 1950 hasta 1970, en el cual muchos aviones como estos acabaron siendo derribados por MIGs rusos. En una de esas incursiones cerca de Vladivostok mi avión se quedó sin energía y estuvieron a punto de interceptarme, pero gracias a mis pokémon y su valentía recargué las baterías del avión y pude librarme por los pelos mediante una maniobra evasiva. Pensaba que no saldría vivo de allí, pero ellos me salvaron de ser derribado-explicó Surge con todo detalle.

-Impresionante, debió de ser muy arriesgado.

-Sí, lo fue, todas las operaciones que se hacían por aquel entonces lo eran, ya que estábamos en plena Guerra Fría y los americanos querían saber más sobre los soviéticos sin entrar en una guerra armada abierta, por lo que ese tipo de misiones de infiltración y reconocimiento en espacio aéreo soviético eran muy comunes. Este modelo en concreto es uno de los pocos que quedan intactos, muchos otros fueron derribados y destruidos.

-Vaya…-murmuró Rojo, asombrado.

-Sí, eran otros tiempos… incluso me llamaban el rayo americano. Pero ahora me dedico a entrenar y probar a los entrenadores que quieren desafiarme. Y asumo que tú eres uno de ellos.

-Asume bien, me llamo Rojo, soy de pueblo Paleta y me gustaría tener una batalla de gimnasio-se presentó él.

-Por supuesto, siempre es fácil identificaros. Con gusto acepto el desafío, vamos para el campo.

El campo se encontraba situado en el mismo hangar que antes vio, en un espacio abierto y con gradas a ambos lados; previamente el teniente se ausentó para llamar a un árbitro y en cinco minutos comenzó el combate.

-¡Adelante, voltorb!-exclamó Surge.

-¡Vamos, charmeleon!

Ambos pokémon saltaron al campo de batalla y se miraron desafiantes; como nunca antes había visto a un voltorb, Rojo se informó usando su pokédex.

-Voltorb, el pokémon bola; suelen vivir en centrales de energía y son muy sensibles a estímulos externos. Son frecuentemente confundidos con poké balls y suelen estallar a la más mínima.

-¡Empecemos pues! ¡Voltorb, impactrueno!-indicó Surge.

Voltorb rodó hacia adelante como una bola y justo después lanzó una rápida descarga, la cual fue directa hacia charmeleon.

-¡Páralo con ascuas!

Antes de que pudiera alcanzarle, charmeleon respondió con un rápido ascuas que interceptó la descarga y la paró a tiempo, disolviéndose en el aire.

-¡Látigo!

-¡Chirrido!

Charmeleon agitó su cola hacia adelante, pero voltorb se revolvió con fuerza, dejando escapar un agudo chasquido que detuvo en seco a su oponente, bajándole la defensa.

-¡Rapidez!-indicó Surge.

Inmediatamente después, voltorb saltó y giró sobre sí mismo, soltando una serie de estrellas que zumbaron en el aire directas hacia su objetivo.

-¡Esquívalo!

Charmeleon dio un lustroso salto para evitarlas, pero para su eterna sorpresa vio como las estrellas variaban el rumbo directas hacia él.

-¡Cuidado, repélelas con cuchillada!

Las garras de charmeleon centellearon y las agitó hacia delante, interceptándolas a todas y evitando así que le golpearan.

-Vaya, bonita forma de enfrentar a un rapidez… ¡Onda trueno!

Antes de que charmeleon se moviera, voltorb soltó una rápida descarga que consiguió interceptar a su oponente, dejándolo paralizado al instante.

-¡Impactrueno!

-¡Cuidado, charmeleon!

Sin embargo, el efecto de la parálisis persistió en él y le dejó incapaz de moverse, recibiendo de lleno la descarga.

-¡Rapidez!

-¡Muévete charmeleon, ascuas!

Esta vez la parálisis remitió y el pokémon de fuego se movió, consiguiendo interceptar las estrellas con un rápido ascuas que luego combinó con un par de cuchilladas para poder pararlas todas.

-¡Excava!-indicó entonces Rojo.

Al punto, charmeleon se ocultó bajo el suelo, sin volverse a ver. Voltorb se puso en alerta sin que Surge le dijera nada, tratando de anticiparse a su rival antes de que pudiera atacar. Sin embargo, el suelo bajo él cedió de repente y charmeleon surgió de golpe y porrazo, llevándose por delante a voltorb.

-¡Auto destructor!-exclamó Surge.

Fue entonces cuando voltorb reventó, literalmente hablando, y la explosión resultante fue de impresión, lanzando a charmeleon hacia el otro lado del campo, completamente KO.

-¡Ni voltorb ni charmeleon pueden continuar, tablas!-dictaminó el árbitro.

-Oh, vaya, es realmente astuto, ha puesto fuera de combate al único pokémon que tengo que sabe utilizar un ataque de tipo tierra-dedujo Rojo enseguida, mientras recogía a charmeleon.

-¡Ja, ja, ja! No te lo esperabas ¿eh?-rió Surge, recogiendo a voltorb.

-Para nada-tuvo que admitir él.

-¡Continuemos pues! ¡Adelante, raichu!-exclamó Surge, sacando a uno.

Rojo le miró por un momento, sopesando posibilidades; la que era la evolución de pikachu se veía bastante rápida y fuerte, y no contaba con que voltorb hubiera puesto en jaque a su charmeleon de esa manera, desbaratando rápidamente lo que Rojo había planeado hasta el momento. Pensó en pidgeotto, pero enseguida lo desechó sabiendo que apenas tendría oportunidad contra él. Su única opción era pikachu, por lo que decidió ir con todo contra él.

-En tal caso… ¡adelante, pikachu!

El que hasta ahora era su mejor y más confiable pokémon saltó al campo con mirada decidida, mirando a su evolución con actitud retadora y dejando escapar varias chispas de sus mofletes.

-¡Un pikachu! Esto va a ser interesante… ¡mega puño!

Nada más oír la orden, raichu se echó a la carrera con el puño en alto, preparado para golpear.

-¡Esquívalo!

Igualando la velocidad de su oponente, pikachu pudo esquivarlo a tiempo echándose hacia un lado.

-¡Ataque rápido!

Inmediatamente después se lanzó a toda velocidad y le embistió con fuerza, aunque raichu encajó el golpe con entereza, sin apenas moverse.

-¡Raichu, mega patada!

Aprovechando que lo tenía justo al lado le propinó una fuerte patada a la altura del pecho, arrastrándole hacia el otro lado del campo.

-¡Rayo!

-¡Impactrueno!

Ambos pokémon eléctricos atacaron simultáneamente, y ambas descargas se encontraron justo en el centro del campo, haciendo fuerza la una contra la otra y haciendo saltar unas chispas enormes; pero el rayo fue más fuerte y sobrepasó a la débil descarga de impactrueno, alcanzando de lleno a pikachu, aunque no le hizo gran cosa.

-¡Onda trueno!-indicó Surge.

-¡Esquívala con ataque rápido!

Usando la rapidez del ataque, y corriendo en zigzag, pudo esquivar sin problemas la onda trueno, acercándose a él inmediatamente después para tratar de golpearle.

-¡Mega puño!

Raichu preparó el ataque, concentrando toda la fuerza posible en su puño y esperando a que pikachu se acercara; en cuanto estuvo a punto de embestirle, raichu le asestó el golpe, pero pikachu no cejó y estuvo contrarrestando su fuerza, tratando de golpearle. Fue entonces cuando los dos acabaron envueltos en electricidad, como resultado de la habilidad de cada uno.

-¡Ja, ja, ja! ¡Electricidad estática, me encanta esa habilidad!-exclamó Surge.

-Pues estamos igual…-observó Rojo.

-¡Sí, se pone emocionante! ¡Mega patada!

Raichu tomó carrerilla con una de sus patas brillando, acercándose a él; entonces Rojo tuvo una idea para contrarrestar su enorme fuerza.

-¡Pikachu, placaje eléctrico a sus patas!

Al punto, pikachu se envolvió en electricidad y se abalanzó sobre las patas de raichu, haciéndole caer y dando una vistosa voltereta en el aire, quedando justo a tiro. Dado que le golpeó de refilón, pikachu no fue re golpeado muy intensamente, pudiendo seguir atacando. Surge se quedó anonadado, evidenciando que nunca había visto nada semejante.

-¡Ahora, pikachu, ataque rápido!

Pero en ese justo momento la parálisis volvió a hacer acto de presencia en ambos pokémon, impidiendo a pikachu atacar y a raichu reaccionar en el aire, pegándose un sonoro batacazo contra el suelo.

Raichu se levantó algo magullado por la caída y, aprovechando que pikachu aún seguía paralizado, le propinó la mega patada que antes no pudo realizar; debido a la fuerza que usó, pikachu se elevó por los aires y cayó de espaldas hacia el suelo. Pero de repente pikachu reaccionó, poniendo la cola de por medio, y ejerciendo una gran fuerza con ella pudo parar el golpe posándose sobre esta.

-¿¡Pero qué…?!-farfulló Surge, mostrándose particularmente sorprendido.

Acto seguido, la cola de pikachu brilló fugazmente y se volvió pesada y dura; sin que Rojo le dijera nada se tiró a la carrera con la cola brillando y, haciendo fuerza otra vez con ella, la blandió hacia delante y golpeó a raichu con gran fuerza, cayendo éste al otro lado del campo, muy magullado.

-Pla… ¡placaje eléctrico!-musitó Rojo sin saber bien que ordenar.

-Me… ¡mega puño!-ordenó Surge igual de alucinado.

De nuevo envuelto en chispas, pikachu se lanzó a la carrera mientras que raichu hacía lo mismo con el puño en alto; en cuanto llegaron justo al centro del campo los dos pokémon se encontraron, parándose por un momento, y embistiéndose mutuamente, llegándose a rozar de refilón. La carga eléctrica contenida en el ataque de pikachu se liberó, resultando en una súbita explosión que empujó hacia atrás a ambos pokémon. En cuanto la cortina de humo se despejó, pikachu y raichu volvieron a ser víctimas de la parálisis por unos breves pero intensos segundos; en cuanto ésta cesó, se quedaron de pie, jadeando debido al cansancio y mirándose fijamente, con intenciones de seguir luchando. Pero tras dejar escapar un respingo, raichu se dejó caer al suelo, agotado.

-¡Raichu no puede continuar, el ganador es pikachu! ¡La victoria es para el aspirante Rojo de pueblo Paleta!-anunció el árbitro.

-¡Si, lo conseguimos, eres genial pikachu!-exclamó el chico, yendo a por su pokémon y abrazándole con fuerza.

Por su parte Surge recogió a su raichu, mirándoles desde el otro lado del campo bastante impresionado; tras eso se ausentó por un momento y regresó enseguida con una bandejita en sus manos.

-Rojo, como reconocimiento de tu victoria te hago entrega de la medalla trueno-anunció el líder, entregándole la medalla.

-¡Estupendo, nuestra tercera medalla!-exclamó Rojo enseñando la medalla a pikachu.

-Rojo, no sé cómo demonios has conseguido que tu pikachu use su cola de esa manera, jamás vi nada parecido. Y qué decir de ese placaje eléctrico, es la primera vez que oigo hablar de algo así-murmuró el líder, visiblemente impresionado.

-Ni yo, mire, y no le enseñé nada, tan sólo hizo eso en ese momento-se sinceró el chico, sorprendiendo aún más a Surge.

-En cualquier caso eres un entrenador formidable, posees fuerza y mucho tesón, de alguna manera me recuerdas a mí cuando tenía tu edad. Buena suerte en tu viaje, Rojo-le deseó el ex militar.

-Muchas gracias, teniente-agradeció él añadiendo el saludo militar, al cual Surge respondió sin vacilar.

El líder le acompañó hasta la salida, hablando con él por el camino.

-Y cuéntame ¿tienes pensado a donde irás ahora?

-Pues no, la verdad, lo tengo pendiente…

-En ese caso pon rumbo a ciudad Azulona, allí hay otro gimnasio al que podrás retar.

-Genial, entonces iré para allá.

Se despidió de él y regresó al centro pokémon para que curaran a pikachu y charmeleon tras tan dura batalla; mientras estaban en tratamiento, Rojo llamó al profesor para consultarle sobre ese nuevo ataque que pikachu esgrimió antes.

-Hombre, Rojo, hola de nuevo, ¿alguna novedad?-preguntó éste.

-Pues si profesor, y bastante nueva-añadió el chico.

Le explicó todo lo ocurrido durante la batalla y el profesor, tras un minuto de silencio, murmuró consultando sus papeles.

-Rojo… que me aspen si tu pikachu ha aprendido cola férrea.

-¿Cola férrea?-repitió el entrenador extrañado.

En ese momento se oyó un insistente pitido al otro lado de la línea que interrumpió súbitamente la conversación.

-¿Qué es eso que suena?-inquirió Rojo, extrañado.

-Ah, un momento, tengo una llamada en espera, voy a cruzarla… ¿dígame?-murmuró Oak.

-¿Profesor? Aquí Elm, tengo los resultados acerca de ese pikachu del que me habló-anunció entonces una voz desde el otro lado.

-¡Hombre, Elm, llamas en el mejor momento, precisamente estoy hablando con su entrenador! Rojo, te presento al profesor Elm, un antiguo alumno mío y experto en crianza pokémon, creo que te hablé de él la última vez…-hizo Oak las presentaciones.

-Ah, sí, encantado de conocerle, profesor.

-Igualmente, igualmente… pues a ver, sobre tu pikachu he de decir que es todo un portento, eso desde luego-murmuró Elm, con voz queda.

-Y eso no es todo, Elm… cuéntale, Rojo, cuéntale-le sugirió Oak.

Rojo le comentó todo lo que había sucedido durante el combate, mientras que Elm escuchaba con atención; una vez que hubo acabado, Elm sacó conclusiones rápidamente.

-Vaya, el caso es que todo esto refuerza mi teoría, desde luego, menuda suerte tienes Rojo-masculló Elm, un tanto sorprendido.

-¿Y eso por qué, profesor? ¿Tiene algo que ver el hecho de que sepa hacer un ataque nuevo?

-Por supuesto, y por lo que me acabas de decir, dos ataques nuevos…

-¿El de la cola?

-Sí, y te cuento por qué. Esto te va a sonar extraño, pero pikachu posee una pre evolución-reveló Elm.

-¿Pre evolución?-repitió Rojo, extrañado.

-El nombre es temporal, pero el caso es que cuando dos pokémon de la misma especie crían, pueden dar lugar a un huevo muy distinto capaz de dar a luz nuevas especies. Esto lo he ido descubriendo a lo largo de toda mi tesis doctoral, aunque aún no estoy cien por cien seguro de si todas las especies de pokémon serían capaces de alumbrar huevos así. Sin embargo, en el caso de los pikachu sí que se da.

-¿Sugiere entonces que mi pikachu es una de esas crías?-supuso Rojo, pensando un poco.

-Técnicamente sí, aunque me llama la atención, ya que depende mucho del alelo genético dominante, tanto de parte del padre como de la madre, pero es que el caso de tu pikachu sugiere que la madre no crio con otro pikachu, es esto lo que más me desconcierta.

-Pero espere un momento, profesor, usted mismo me dijo que dos pokémon de la misma especie pueden criar, pero no dijo nada de que dos distintos pudieran hacerlo-recordó Rojo, algo confuso.

-Claro, es eso lo que me deja perplejo, hasta ahora todas mis investigaciones se habían basado en este hecho, pero es que tu pikachu ha roto todos mis esquemas… lo cual deja a mi investigación justo en el mismo punto del que partí hace ya un año-reveló Elm, con algo de pesar.

-Vaya, lo siento profesor…

-No, no lo sientas Rojo, gracias a ti me has hecho ver que aún queda mucho por descubrir acerca de los pokémon y como nacen y crecen, ahora es cuando mi investigación toma un cariz distinto y vuelve a empezar.

-Así me gusta, justo lo que yo quería oír…-murmuró en ese momento Oak, con un tono orgulloso en su voz.

-Por supuesto, profesor, es precisamente eso lo que usted siempre me enseñó-asintió Elm.

-La ciencia pokémon aún tiene mucho que aprender de los pokémon que ella misma estudia, aun a pesar de todo lo que sabemos hasta ahora el campo avanza, cada vez se descubren más nuevas especies, nuevos tipos y nuevos movimientos, no hacemos más que añadir datos y más datos a las pokédex hasta ahora producidas, y es por eso por lo que nuestra labor debe continuar-explicó Oak.

-Totalmente de acuerdo, profesor, la investigación debe proseguir-asintió Elm.

-Sí, desde luego. Y gracias a entrenadores como tú, Rojo, nosotros podemos saber más cosas acerca de los pokémon. Gracias por permitirnos alcanzar un paso más en la consecución de nuestros objetivos-añadió Oak, con vehemencia.

-Ha sido un placer, profesor, con gente como usted el futuro de la ciencia pokémon luce prometedor-le alabó Rojo.

-Oh, me halagas, muchacho… y ya que estamos, con entrenadores tan entregados como tú las relaciones entre pokémon y humanos también lucen prometedoras.

-Oh, tampoco es para tanto…-murmuró el chico, sin poder evitar enrojecer un poco.

-Hay que ver lo modesto que es este chico…-comentó el profesor Elm.

Estuvieron conversando un poco más, aunque ambos profesores comenzaron a hablar de cosas de científicos y Rojo aprovechó para dejarlos hablar tranquilos, despidiéndose y colgando de seguido.

-Vaya, así que una cría especial…-pensó Rojo, intrigado.

En ese momento la megafonía del centro pokémon se activó y le indicaron que se pasara a recoger a sus pokémon, y eso mismo hizo; aprovechó también para devolver la llave de la habitación, ya que esa misma mañana había recogido todas sus cosas y no tenía intención de volver a pasarse por ella.

Aunque ahora debía de fijar una ruta para ir a su siguiente destino, ciudad Azulona, por lo que se acercó al mapa de la prefectura que había en una sala para trazar una nueva ruta. Sacó a pikachu de su poké ball para que le hiciera compañía, además de darle una más que merecida recompensa por su gran rendimiento en el gimnasio en forma de regaliz dulce, de sus tentempiés preferidos.

-Para ti, colega, te lo has ganado-murmuró Rojo, dándole un buen trozo.

-¡Chu!-exclamó el pokémon encantado, comenzando a comérselo.

Por su parte, Rojo se dio cuenta enseguida que tenía un problema, puesto que el todavía permanente cierre de ciudad Azafrán le impedía llegar de forma más rápida a ciudad Azulona.

-Jo, pues vaya faena… aunque espera ¿cómo hizo Hoja entonces para ir para allá?-se preguntó Rojo por lo bajo.

-¿Qué le ocurre, joven?-oyó entonces a una voz preguntar.

Rojo giró la cabeza y vio a su lado a un señor de mediana edad, de poblado bigote, gafas de sol y traje a rayas con sombrero incluido.

-Oh, pues que me acabo de dar cuenta que no sé cómo hacer para llegar a ciudad Azulona si ciudad Azafrán sigue cerrada…

-Oh, sí, ese cierre de acceso por seguridad está dando más de un quebradero de cabeza a todo el mundo…-asintió el hombre, pensativo.

-Dígamelo a mí…

-Sí, hace un par de días reabrieron el acceso para garantizar el abastecimiento de la población, pero sólo duró un par de horas, luego lo volvieron a cerrar.

-Vaya, eso explica cómo hizo Hoja para cruzar… menuda suerte la suya-pensó Rojo, algo molesto.

-Aunque se me ocurre un trayecto que puedes coger… va a ser un poco largo, pero podrás llegar a Azulona igualmente-comentó en ese momento el hombre.

-¿De veras? ¿Y cuál es?

-Es sencillo, vas hacia el norte por la vía subterránea hacia ciudad Celeste, luego tomas dirección este hacia el túnel Roca, lo cruzas hacia el sur, tomas dirección oeste por la ruta ocho pasando por pueblo Lavanda, y vas todo recto por la vía subterránea de esa ruta hacia ciudad Azulona-explicó el hombre, guiándose a través del mapa.

-¿¡Qué?! ¡Pero eso es un rodeo enorme!-exclamó Rojo, incrédulo.

-Lo sé, pero me temo que es el único trayecto disponible en estos momentos. Estoy al tanto de ese snorlax apostado en plena ruta doce, y su por ahora permanente siesta deja inaccesible ese acceso también. Vaya año estamos teniendo…

Aunque le molestara sobremanera, tenía que admitir que el hombre llevaba razón; por ahora no había ninguna otra alternativa, y no quería demorarse demasiado o quedarse demasiado tiempo en una ciudad. Por desgracia, el verano no era eterno por mucho que a él le gustara la idea, y debía de aprovechar al máximo el tiempo, por lo que decidió enseguida.

-Está bien, haré el recorrido, aunque me molesta un poco tener que volver a andar lo andado, pero bueno…

-Ah, pero eso siempre es bueno, ayuda a ver con más perspectiva el viaje, y anima incluso a seguir. No temas volver tras tus pasos, joven, nunca sabrás a donde te pueden llevar la próxima vez-le aconsejó el hombre sabiamente.

Las palabras del hombre dieron que pensar a Rojo, el cual se quedó callado por un momento antes de contestar.

-Lo tendré en cuenta, gracias por su ayuda, señor.

-Oh, no ha sido nada… me has caído bien, joven, y por lo que puedo ver ese pikachu está muy bien cuidado-comentó el hombre, echando un rápido vistazo al susodicho.

-Ah, sí, es un pokémon sano, siempre procuro cuidarle bien-asintió Rojo, con gesto orgulloso.

-Ver a entrenadores así me llena de alegría… sí, desde luego, te lo has ganado-murmuró el hombre, rebuscando en sus bolsillos.

Antes de que Rojo pudiera decir nada más, el hombre le tendió una especie de ticket y se lo ofreció.

-Es un bono bici, puedes cambiarlo por una bicicleta en la tienda de ciudad Celeste.

-¿Eh? No, no puedo aceptarlo…

-Tonterías, te lo has ganado, cuidas muy bien de tus pokémon, y eso es más que suficiente para mí. Y te lo digo yo, el presidente del club de fans de pokémon.

Esa revelación cogió con la guardia baja a Rojo, el cual al final no tuvo más remedio que aceptar el regalo, agradeciéndoselo abiertamente. Ahora con un nuevo destino en mente, Rojo decidió poner fin a su estancia en ciudad Carmín y partió sin más demora hacia ciudad Azulona; le esperaba un largo viaje, por lo que salir pronto era su máxima prioridad, poniéndose en camino. Un sol radiante brillaba en lo más alto de un cielo azul.


Y aquí está la razón por la que pikachu ha aprendido cola férrea y placaje eléctrico; como veis las cosas no suceden así sin más, sino que todo tiene una razón, es la base de una historia lógica y con sentido. En este caso he tocado un detalle de la segunda generación, que se adelanta de forma espontánea, por así decirlo. No va a aprender más cosas fuera de generación, no quiero que esté tan OP. Aunque puede que más adelante haya otro caso, pero no os preocupéis que lo dejaré todo atado y bien atado. En cuanto a Surge siempre me pareció un tipo interesante, sobre todo por el detalle de que estuviera en el ejército americano, aunque el anime no ayudó mucho en ese aspecto, poniéndole como el típico fortachón chulo y capullo. Espero que os haya gustado el trasfondo que le he dado. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!