Inspiración: Vetusta MorlaUn plan mejor

Disclaimer: Los personajes de Magic Kaito así como la obra pertenecen exclusivamente a Gosho Aoyama, yo sólo me limito a corromper un poco estas creaciones, modificándolas a partir de mis propias ideas.

-Desactivé la bomba en mi interior, tuve el indulto pero no el perdón-

Capítulo 8 – Acto final

La multitud se aglomeraba de una manera enloquecedora delante de la puerta de entrada. Las vallas y los numerosos agentes desbordaban de esfuerzo al aguantar a la muchedumbre que coreaba a favor de ladrón y protestaba en contra de las fuerzas de seguridad.

Me deslicé lo mejor que pude entre el gentío hasta encontrarme de frente con uno de los policías. Sabía lo que tenía que hacer para que me dejaran pasar ante tal revuelo, solo tenía que encontrar a alguno de los de mi comisaría y parecía que aquella noche la suerte no estaba de mi lado.

Minutos después de rebuscar divisé una cara conocida. Sonreí de puro alivio antes de acercarme a empujones hasta donde mi actual jefe se encontraba, hablando desde su teléfono móvil con la preocupación reflejada en su rostro.

– ¡Mike! –Grité antes de chocar de bruces contra su espalda.

Se giró colérico antes de que el reconocimiento llegara a su rostro.

– ¿Aoko? –Le tomó unos segundos recobrarse por completo- ¡Qué haces aquí! ¿Cómo estás? ¿Has averiguado algo?

– No tengo tiempo para explicaciones –Interrumpí- Necesito que me dejes entrar al museo.

Una luz de esperanza se encendió en su mirada. Me sonrió como si no existiera nadie más en este mundo antes de ponerse a gritar a todos los agentes a su servicio para que se me permitiera entrar en el interior del edificio sin ningún tipo de cuestión.

Sabía que los motivos que tenía de dejarme ir a mi antojo eran porque creía que por fin teníamos varias posibilidades de pillar al ladrón, y que yo sería la indiscutible pieza clave para asegurar su victoria.

– ¿Necesitas alguna ayuda especial? Pídeme lo que sea Aoko.

– Solo necesito que te des prisa y que me dejes ir ya, es muy urgente –Supliqué.

Me ayudó a traspasar la barra de seguridad dándome un apretón cariñoso en el hombro mientras miraba hacia el museo con aire renovado.

– Esta será la noche mi pequeña, lo presiento.

Eché a correr antes de que pudiera alabarme más y yo sentirme peor por su causa. Esta no sería la noche en la que lo atraparan, ni esta ni ninguna. No estaba dispuesta a que nadie le tocara, hacía menos de un mes mi única motivación había sido atraparlo con mis propias manos pero en ese lapso de tiempo sabía que mi cordura dependía de que ese canalla quedase libre para el resto de sus días.

KAITO POVS

El revuelo de la multitud era ensordecedor a pesar de que yo no reconocería ni mi propia voz en aquel momento. Después de ver cómo el inspector Nakamori centraba su atención en otro punto que no fuesen sus estridentes quejas me obligué a prestar a mi plan la atención que se merecía. Me colé entre los policías hasta la entrada principal, cubierta por tres cuerpos prominentes vigilando atentos a cada una de las personas que pasaban, era estupendo poder formar parte del grupo de élite que se disponía a entrar pasando desapercibido.

Pude respirar tranquilo una vez que me coloqué lejos de la entrada principal. Sabía la estructura y estudiara detalladamente cada una de las estancias que tenía el edificio aunque aún sentía ese cosquilleo de ansiedad en cada robo que cometía. Aunque en aquella ocasión la sensación se veía pronunciada por cierta morena de ojos azules que me esperaba en el exterior para volver a mi confortable mansión. Ardía de impaciencia por acabar la tarea y volver a verla.

– ¿Puede mostrarme su identificación?

Me giré ante la gélida voz proveniente de mi espalda. ¿En qué estaba pensando para distraerme de esa forma? Ah sí, Aoko.

– Sí, por supuesto –Correcto endurecimiento de voz, sin duda.

No tenía ninguna falsificación ni ningún tipo de identificación. Comenzaba a ponerme nervioso, si lo dormía en ese momento los guardias que rondaban los alrededores descubrirían mi posición y no necesitaba arriesgarme más de lo que ya lo hacía.

– Un momento, ¿Cómo puedo fiarme de que usted no es Kid? –Un intento estúpido, sin duda- He mostrado correctamente mis datos a la entrada y nadie me ha avisado de esto.

– ¿Para qué coño iba a necesitar ese ladrón pedirte la identificación? –Su irritación ocultaba parcialmente su desconfianza.

– No tengo ni idea pero es un hombre listo, ¿Cómo sé que no lo hace para quedársela o dormirme y así hacerse pasar por mí? Uno tiene que estar pendiente de cada detalle.

Y con esto di media vuelta ante su cara de desconcierto y me precipité como una bala en las inmediaciones.

– ¡ALTO!

Le tomó más segundos de los previstos reaccionar, perfecto para dar paso a la transformación. Me despojé con rapidez del traje de policía poniendo mi actual atuendo, por el que miles de chicas estarían gritando en el exterior, a pesar de que la imagen de una irritante muchachita no paraba de filtrarse en mi mente.

La joya estaba en uno de los pisos superiores custodiado por varios policías, lo que necesitaba ahora era la ventana que tenía justo a mis espaldas. Me preparé mentalmente para subir por el exterior hacia el segundo piso con el material estratégicamente preparado. No quedaba mucho para verificar si esta sería la verdadera Pandora.

AOKO POVS

No lo encontraba por ninguna parte. Sabía que él ya estaba dentro del museo. Tuvo tiempo suficiente desde el momento en el que nos despidiéramos, todo estaba relativamente tranquilo, los guardias esperaban con la preocupación reflejada en sus actos, mirándose con desconfianza. Mike estaba tan emocionado con la idea de pillarle que ni siquiera se molestara en verificar si mi identidad era la propia y no un disfraz, algo que podía haber sucedido con suma facilidad si Kaito hubiese descubierto quien era yo realmente.

Vuelta al malestar, no podía pensar en eso ahora, lo principal era encontrarle, algo me lo decía, y tenía que admitir que darle credibilidad a mis emociones me resultara muy útil la vez anterior.

Miré a todos lados esperando encontrar a alguno de mis compañeros así que me extrañé cuando no vi a nadie alrededor. ¿Me alejara tanto de la zona del robo? No me podía creer que acabara justo en el lado opuesto de donde tenía que actuar.

¡Concéntrate! –Gritó mi conciencia.

Estaba a punto de dar media vuelta y volver sobre mis pasos cuando un ruido sordo me desconcertó. Estaba cerca, en una de las únicas habitaciones que había en el oscuro pasillo donde la vieja puerta blanca estaba adornada con un cartel en el que rezaba: PROHIBIDO EL PASO.

¡Kid! Mi cabeza me avisaba de que diera media vuelta y me alejara de allí pero mi cuerpo era otra cosa. Sin darme cuenta estaba ante ella, abriendo la manija chirriante. Además, ¿Quién si no él podría estar allí?

La habitación, a pesar de ser lo suficientemente amplia, estaba completamente vacía a excepción de una mesa de madera en su centro. Detrás de ella había una silla desvencijada que no me fijara con anterioridad, parcialmente oculta por el otro mueble, y, a sus pies, un bulto que no conseguía decir lo que era.

Di un par de pasos en su dirección, intentando darle forma a lo que estaba a su lado. Me detuve abruptamente con la conciencia martilleando que escapara corriendo de allí aunque mis piernas eran incapaces de tomar el control.

Cadenas. Dos gruesas tiras de metal oxidado con sujeciones en sus extremos manchadas de sangre reseca. La puerta se cerró con estrépito. Pegué un grito de terror antes de girarme para descubrir la persona que estaba a mis espaldas. Antes de poder hacer cualquier movimiento algo pesado me golpeó en la cabeza y a partir de ahí todo se volvió negro.

KAITO POVS

Solo unos pasos, unos pocos pasos más y el Corazón del desierto sería mío. Aquella joya no me dijera nada desde un principio. Uno de los ventanales irradió el aura de la luz lunar golpeando en la superficie prístina que reflejó un brillo opaco, sin gracia. Falsa. Aquella joya era falsa.

¿Un engaño para atraparme? Podría ser, aunque me imaginaba que la auténtica seguía por ahí escondida en algún lugar. Tenía que apresurarme y buscarla, acababa de dormir a todos los presentes en la habitación pero los refuerzos no tardarían en llegar.

Me deslicé por los pasillos al mismo tiempo que alguien advertía mi presencia y una oleada de policías intentaban acorralarme por dos pasillos conectados, olvidándose de que las alturas no eran un problema para mí.

Rompí una de las ventanas y me apoyé en ella, esperando que se acercaran más a mi posición para una de mis salidas dramáticas. Aquello era lo mío. Sonreí.

– ¡DETENEOS!

El grito de uno de los superiores me alertó ¿Que se detuvieran? ¿Por qué habían de hacer eso?

– ¡El museo está ardiendo! ¡Dirigíos todos al exterior!

Mierda, ¿Que el museo estaba ardiendo? Tendría que olvidarme de ella de nuevo, estaba harto de hacer los trabajos a medias, ese nunca había sido mi estilo. Volé hacia fuera aun con la conciencia inquieta, no volvería a suceder.

AOKO POVS

La oscuridad se iba desvaneciendo poco a poco, me dolía terriblemente la cabeza y notaba un líquido pulsante deslizarse por mi rostro.

– Veo que ya estás despierta princesita, ¿O debería decir… comisaria?

Reconocí el tono de su voz a pesar de la confusión que sentía, aquella fría voz que me acompañaba en muchas de mis pesadillas.

– ¿Cómo…?

– ¿Que cómo puedo seguir libre? –Clavé mis ojos en su rostro, ocultando levemente su piel carcomida– No fue difícil desprenderme de aquellos policías, de todos modos, con mi rostro desfigurado no pudieron reconocer quien era yo, algo con lo que no contabais. Echarle las culpas a Kid de lo sucedido fue lo que me salvó de toda sospecha.

– ¡Eres un monstruo! –Intenté abalanzarme y golpear con uñas y dientes pero unas sujeciones lo impidieron, las mismas que había visto al principio. Me ardían las muñecas y notaba como volvía a desfallecer.

– ¿Monstruo yo? –Se rió secamente– Me lo dice la persona que nos ha engañado a todos desde un principio, que piensa meter en la cárcel a su querido Kaito, será desolador cuando se entere ¿no crees? Merecieron la pena todos mis intentos por sacarte de delante.

– Tú lo hiciste –Susurré, pronunciando cada palabra con un esfuerzo inmenso–, fuiste tú la que en el primer robo dejara la puerta entreabierta para que pudiera escuchar la conversación. Sabías que si me enteraba, iría con él de todas las formas posibles para averiguar como conseguía escapar siempre de la policía, y así tener una oportunidad para hacérmelas pagar.

– ¡Muy astuta! Desde un principio había notado tu obsesión por saber lo que hacía él a cada minuto, ¿Qué pensabas, que iba a dejar escapar una oportunidad así? –Se carcajeó agarrándome por el cuello– He de confesar que hasta verte hablar hoy con tus compañeros de profesión no tenía ni idea de tu doble identidad como policía, has conseguido engañar a los ladrones más astutos del planeta, todo un mérito que te tengo que reconocer, disfruta de la victoria en tus últimos instantes de vida.

De su gabardina sacó la pistola estratégicamente preparada, colocando con delicadeza las balas mientras una sonrisa macabra teñía su rostro.

– Tenía pensado contarle todo a tu ladrón, desvelarle la realidad de su querida invitada para que se hundiera en la agonía, tal y como él me lo ha hecho pasar a mí. Todos vosotros tendréis que sufrir una pequeña parte de lo que me habéis hecho pasar ¿No crees? –Sonrió– ¿Qué me dices? ¿Te animas a una insignificante confesión?

Le escupí en el rostro llena de rabia, mientras las lágrimas caían implacables sobre mis mejillas- ¡Déjale en paz! ¡Él no se merece esto!

Ignoró mi petición con una mirada mordaz, dirigiéndose a su vez hacia el final de la estancia y recogiendo un objeto negro que no alcancé a ver.

– ¿Qué irónico no? ¡La futura comisaria enamorada de un vulgar ladrón! –Volvió a sonreír–patético.

No tenía fuerzas para replicar, estaba completamente exhausta, sabía que iba morir y toda mi vida habría sido un engaño, él sabría que toda yo era un engaño. Jadeé, doliéndome cada latido. Akako situó la grabadora sobre una mesita que colocó justo en frente de mí. Aquél era el pequeño objeto que no identificara con anterioridad… No podía hacerme esto.

– Por favor –Susurré–, por favor, no lo hagas, él no se lo merece.

– Oh… claro que sí –Ronroneó– Y ahora prepárate para la confesión, será un momento que nadie olvidará.

– ¿Nadie?

Soltó una amarga carcajada ante mi confusión. ¿Qué quería decir con nadie?

– Tu grabación será escuchada por todo el museo y alrededores. Será como matar dos pájaros de un tiro, confesar ante el mundo tu debilidad por el ladrón y consumir a Kid entre el dolor de la traición sin darle opción alguna, marcándolo durante todo el resto de su maldita vida sabiendo que no debió de haberse fiado de una traidora como tú.

El golpe fue más duro de lo previsto, la rabia e impotencia me consumían por dentro.

– Y si no lo hago ¿Qué?

– Si no lo haces no serás la única que muera esta noche.

Las palabras se clavaron como cuchillos en todo mi cuerpo, desgarrándome por dentro. Así que no había más salida, esa era la única opción para no hacerle daño a él, mi último cometido, antes de que me odiara durante toda su vida–. Está bien.

– Y… comienza el juego.

El piloto rojo denotaba que la grabación acababa de comenzar. Con un suspiro de dolor levanté la cabeza, intentando aguantar las lágrimas que pugnaban por salir de mis ojos. Me dolía todo el cuerpo, en las muñecas comenzaban a aparecer yagas sangrantes y un sueño profundo luchaba contra mi conciencia, intentando que todo aquel sufrimiento desapareciese de una maldita vez.

Akako me sonreía con impaciencia, haciéndome muecas de que comenzara, deleitándose con mi sufrimiento.

– Kid –Susurré– Sé que cuando escuches esto es probable que ya no esté. No sé como decirte esto, sé que al confesarme me odiarás y hasta te alegrarás de que una traidora como yo tenga un final así, y es algo que no podría soportar –Mi voz se quebró, dando paso a las lágrimas mientras el aparato desaparecía de delante de mis ojos substituyéndose por una imagen de su rostro, contemplándome con ternura. Rompí a llorar– No soy quien crees, soy Aoko Nakamori, hija del inspector Nakamori, que fui asignada en una misión en la cual tenía que descubrirte y atraparte. No me queda tiempo para explicarte mis razones y decirte cuanto lo siento, solo sé que preferiría morir a verte encarcelado, y es por eso por lo que estoy haciendo esto. –Mi mente se apagaba con cada palabra. Mi corazón, roto, se desvanecía a cada latido– Solo quería decirte que lo siento muchísimo y…

Estaba todo perdido, necesitaba decírselo por primera y última vez–…que te quiero. –Esas fueron mis últimas palabras antes de que mis ojos se cerraran y cayera en la oscura inconsciencia.

KAITO POVS

La terraza estaba vacía, ninguna muestra de su presencia o algo que pudiera evidenciar que ella había estado allí todo el tiempo ¿Dónde estaba? La multitud se había evaporado tan rápido como apareciera, la policía seguía por allí, obligando a marcharse a los pocos curiosos que quedan mirando horrorizados como las llamas comenzaban a consumir el ala este del edificio. Me dirigí hacia el foco de interés, ocultándome en los jardines que lo rodeaban para no ser descubierto, no tenía forma de cambiarme y por una vez era lo que menos me preocupaba.

–No la busques Kid.

Alguien me había descubierto. Antes de poder asustarme reconocí el tono familiar de aquella voz.

– ¿James?

– No vayas. –El tono hosco de su voz me distrajo lo suficiente como para observarlo. La decepción era palpable en su rosto y contemplaba al museo como si tuviera un conflicto interno el cual no pudiera resolver.

– ¿Dónde está Aoko? –Solté la pregunta mucho antes de haberla pensado siquiera.

Mis sentimientos eran incontrolados y una ira profunda estaba arraigando en mi interior, él lo sabía, sabía donde estaba ella y continuaba en un profundo silencio. James consiguió apartar los ojos del edificio para centrar su vista en mí, llena de angustia y rabia.

A pesar de todas las emociones que me embargaban lo sabía, sabía su respuesta mucho antes de que la dijera, me negaba a aceptarla, ella no podía haber ido, le hice prometer que me esperaría aquí, a salvo.

- ¡Dónde está! –Demandé.

Su semblante era inescrutable, sabía que me ocultaba algo, lo intuía, su mirada oscurecida por algo parecido a la decepción no presagiaba nada bueno, aunque la preocupación también se filtraba en cada una de sus terminaciones nerviosas.

- En el museo.

La respiración se me congeló y un dolor profundo me atravesó de parte a parte. Ella no podía morir, ella no, nunca. Eché a correr hacia el interior olvidando los gritos que James me dirigía, viendo solo su imagen en mi cabeza. Nunca dejaría que le pasase nada, la necesitaba conmigo más que nunca y pasaría por encima de cualquiera que intentara detenerme.

Fin del octavo capítulo

Aquí estoy de nuevo, y esta vez un poquito antes! Como siempre digo, gracias a mis lectores silenciosos, a los de y en especial a Aoko45 que siempre la tengo ahí para decirme su opinión y que soy demasiado tardona xD y a little owl7 por su favorito, gracias chicas ;)

Por ahora me despido, hasta el noveno capítulo ;3