DESDE QUE VOLVISTE DEL INFIERNO
(La mirada de Sam)
"I Know What You Did The Last Summer"
La verdad, prefiero que esté cabreado, que esté furioso conmigo por hacer caso a Rubi. ¿Está mal pensar así? Puede ser, a fin de cuentas yo soy el monstruo y él "El elegido de los ángeles". Estoy siendo injusto, pero ¿Cómo puede pedirme que no la escuche, sin haberme escuchado él antes?¿Cómo?
Él ha estado en el Infierno y yo he vivido un infierno aquí mientras. Nunca quise esto, ¡nunca! Tampoco es justo para mí. Yo no pedí que Azazel me envenenara la vida, no pedí quedarme sin madre, sin padre, no pedí que fuese al infierno por mí. Nunca habría pedido eso.
No puede pedirme explicaciones, no tiene derecho. Otra vez me engaño, sí tiene derecho, tiene todos los derechos, merece mucho más que un hermano que le eche en cara sus silencios. Pero aún no estoy preparado para contarle cómo sobreviví a su ausencia.
No saben cómo escaparon de esa Iglesia. El demonio que han dejado atrás momentáneamente es uno de los más poderosos con los que se han cruzado jamás. Sam venda la herida que acaba de coser en su propio brazo mientras su hermano, frente al lavabo de la habitación reúne fuerzas para exigir respuestas.
El menor de los Winchester sabe que ha llegado el momento, que debe dar una tregua al espíritu atormentado del mayor. Explicar de una vez por todas el porqué a cada aparición de Rubi, obedece ciegamente a sus palabras.
- Ella salvó mi vida – comienza.
El relato es largo, denso, plagado de detalles para que el principal no saliera a relucir. Sabe cómo hablarle a Dean, y se siente culpable por ser tan fácil evitar el tema "sangre de demonio". Se auto convence de que no le está mintiendo porque no volverá a suceder.
Cuando se reúnen con la chica demonio y su protegida la actitud del rubio ha cambiado. No es míster simpatía, pero es capaz de agradecer la ayuda de Rubi. Sam sabe que si lo supiera todo, la mataría sin dudarlo un segundo.
Rubi no le va a poner fácil las cosas al mayor de los Winchester y Sam asiste a la peculiar conversación en la que las disculpas del pecoso no son capaces de vocalizarse en sus labios.
- ¿Qué? – La chica no entiende nada
- Te debo una – musita el pecoso bajo la mirada desconfiada de la morena – Sam, yo… Ya sabes
- ¡No te hernies Dean! – Sam tiene que reír, al menos habrá tregua durante un rato.
- ¡De acuerdo! ¿Estás satisfecha? – Dean está avergonzado - ¡Qué momento más incómodo!
Aunque lo realmente incómodo es explicar a una pobre muchacha que su familia ha muerto y que los demonios quieren cogerla por culpa de su habilidad para oír a los ángeles.
Si ese fuera el único problema, todo se complica más allá de lo que habrían esperado. Los ángeles están allí, buscando a la muchacha de cabello rojo y mirada inocente. Durante un segundo llegan a alegrarse hasta que Castiel afirma "Tiene que morir"
Los Winchester no lo entienden, para ellos es sólo una chiquilla asustada a la que persiguen los demonios. Ha confiado en ellos y no pueden entregársela a los dos ángeles que afirman sin ningún reparo haber venido a matarla.
Dean intenta razonar con ellos, a fin de cuentas si les es útil para lo que sea, deben oírle ¿no? No consigue nada.
- Eres un cabrón sin corazón – recrimina con rabia el cazador sacado del infierno, ante la sonrisa sarcástica de Uriel
- La verdad es que lo sabemos – el tono indiferente con que Castiel responde a su protegido deja a ambos cazadores sin argumentos – Ana es todo menos inocente.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Sam vacila, ¿y si están cometiendo un error? ¿y si Ana no es la muchacha inocente que ellos asumieron?
- Quiere decir que es peor que la abominación que tú te tiras – replica con dureza Uriel – y ahora dadnos a esa chica.
Lo que los ángeles parecen ignorar es la disposición de Dean a hacer exactamente lo contrario de lo que sea que le ordenan. Sólo había una persona a la que obedecía sin rechistar y desapareció hace mucho tiempo. Los cazadores se miran a los ojos y saben exactamente lo que van a hacer.
Es un diálogo sin palabras "No dejaré que se la lleven"/"Estoy contigo". El mayor toma la iniciativa. Respaldado por la única persona en la que cree, si Sam lo secunda es capaz de enfrentarse a lo que sea.
- Lo siento, tendréis que encontrar a otra – replica Dean provocando a las poderosas criaturas – buscad en las páginas amarillas.
- ¿Y quién va a impedírnoslo? ¿Vosotros dos? – el gigantesco ángel de color se pica con facilidad, y hace lo que parece quería hacer desde que cruzó la puerta, agarra a Rubi con violencia, con la intención de destruirla - ¿o esta puta infernal?
Ambos hermanos saben que tienen las de perder. Aún así Dean trata de detener al furibundo ser celestial que ha lanzado a la chica demonio por los aires y sujetándola por el cuello se dispone a sacarla de la ecuación.
Sam no puede hacer nada. Castiel lo duerme. Cuando despierta descubre que la joven a la que intentaban proteger fue la que los ha salvado, deshaciéndose, al menos temporalmente de los ángeles con un hechizo de sangre.
Y creían haberlo visto todo.
Continuará...
