Recuerdos de una Vida Incompleta
Capítulo 8
"Sigue a tu Corazón"
No le molestaba que a Tomoyo le causara gracia sus celos, tampoco le importaba admitirlos abiertamente. Todo lo relacionado con ella le resultaba tan transparente y grande como para gritarlo al mundo entero. Pero más que nada, deseaba que ella entendiera sus sentimientos y... los aceptara.
Ni si quiera fue consciente de lo que estaba haciendo, simplemente tomó su rostro y al encontrarse con aquellas gemas violeta… fue atrapado. El encanto de esos ojos lo hechizó por completo, justo como aquella noche. El brillo púrpura en sus pupilas le dio a él la señal de que ella, era la persona que tanto había esperado por conocer.
Fue más intenso que un simple amore a prima vista – amor a primera vista –algo como eso era demasiado ordinario y con fecha de caducidad. Lo de él había sido casi eterno, aún sin conocerla, aún sin tocarla ya la había amado. En esa noche y ahora, su amor por ella le empujaba lejos la razón, en momentos como aquellos era su corazón el que tomaba el mando de sus acciones.
Estaban a un palmo de distancia, él casi ya se embriagaba con el aroma dulce del brillo labial de su princesa.
…
Aunque las palabras de Sakura le habían inyectado una sensación desagradable de sinceridad en el pecho, no podía darse el lujo de desistir. Debía lograr que la Card Captor entendiera y rompiera su caparazón de necedad.
- ¿Y tú cómo te sentirías? ¿Cómo te sentirías si Tomoyo resultara herida por no estar a su lado? Porque según veo la única que la está dañando eres tú – Acusó.
- ¡Por supuesto que me duele! – Exclamó ella sin poder contenerse. – Soy consciente de lo que he hecho, no hay día que me lamente por alejarme…pero… ¡no sabía que más hacer para protegerla! – El llanto terminó por desbordar sus ojos. – La magia nos ha arrastrado hacia muchos peligros, no puedo llevarla hacía esos riesgos de nuevo… no soportaría perder a alguien más. – Eriol supo que se refería al verdadero Fujitaka. Ella había sido capaz de ver aquel fatal suceso escrito en el pasado. Debió ser terrible.
Era difícil ver a Sakura en ese estado. Tiempo atrás, lo que más desagradaba a Eriol era verla llorar; sin embargo, la ruptura con Kaho le había enseñado que no había mejor medicina para el corazón que el agua salada de las lágrimas.
- Dijiste que la magia nos ha puesto en situaciones difíciles, pero fue esa misma magia la que nos unió en primer lugar – Consoló Eriol teniéndole un pañuelo y mirando de pasada a Shaoran, temía que éste lo estuviera estrangulando con la mirada por hacerla llorar pero lucía bastante tranquilo. – No importa si fue el destino o el plan de alguien más, lo que hizo que estemos juntos. Lo importante es que seguimos aquí…Tomoyo sigue aquí y te necesita Sakura.
La Card Captor no pudo seguir escuchando, se levantó en silencio y buscó refugio en algún lugar lo más apartado posible de ahí.
- Hablaré con ella Eriol – Dijo el castaño antes de seguirla.
Shaoran entendía a su novia pero también compartía la visión de Hiraguizawa. El equilibrio era algo en lo que siempre había creído, y en esa situación debía encontrarlo para que la paz regresara a su círculo de amigos.
Encontró a Sakura sentada en las escalinatas traseras del campus, se limpiaba discretamente las lágrimas.
- ¿Estaré en lo correcto? – Preguntó ella incluso antes de que él le hablara.
- Lo estás – Contestó.
- Pero Eriol también lo está – Adivinó ella la siguiente frase que diría el chico.
Cuando Lee se sentó a su lado sonreía tiernamente, quizás porque su relación se había fortalecido a tal grado, que ambos podían terminar la frase del otro sin esfuerzo. O quizás fuera el hecho de ver a Sakura derramar lágrimas como solía hacerlo.
- ¿Cómo es posible que ambos tengamos razón en situaciones opuestas? – Decía ella visiblemente más tranquila. La sonrisa de Lee siempre le transmitía esa sensación.
- No es tan complicado – Empezó el castaño – Eriol quiere proteger a Tomoyo permaneciendo a su lado y tú quieres hacerlo en la distancia. En ambos casos, la intención es la misma. El cariño que tienen hacía ella les da un mismo objetivo. – Él tomó su mano para recalcar la importancia de la siguiente pregunta – Así que… ¿por qué no protegerla juntos? – Sakura lo miró con una súplica impresa en los ojos "por favor no me pidas responder" aun así, el chico aguardó en silencio.
- No podría, no puedo regresar a su lado después de lo que le hice. – Admitió cabizbaja.
- Creo que estás subestimando el corazón de Tomoyo – Le dijo dulcemente – Ella no es de las personas que guarda rencor.
…
Aunque no lograsen escuchar del todo Lucy y Alice habían permanecido cerca de aquel grupo. La guerrera de fuego al fin había visto la verdadera naturaleza de Sakura Kinomoto. Debajo de aquella capa dura y rígida en su actuar, se guardaba una niña herida e inocente que estaba empeñada en proteger aquello que más le importaba. "Si tan sólo Tomoyo supiera "pensó ella mientras veía a la castaña marcharse.
"El poder de su corazón se ha hecho más fuerte pero corre el peligro de corromperse"
Escuchó una voz nacer desde su interior. Rayearth por fin reaparecía en su alma. Fue tanta su sorpresa que la pila de papeles que llevaba se desperdigó por el piso.
- ¡Lucy! ¿qué te sucede? – La sacó su amiga del trance.
- Lo siento mucho Alice pero he recordado que tengo algo importante que hacer – Dijo tan rápido como pudo antes de salir a toda prisa hacia los pasillos.
…
Larg bostezaba aburrida. Con Watanuki encerrado en su habitación y Yuuko sumida en sus pensamientos la tienda parecía un desierto. Sin embargo, sabía que aquello era cuestión de tiempo. Lo veía en los ojos de su dueña; aquellos intensos ojos rubíes estaban concentrados en algo más allá del verde de su té. Ella estaba esperando.
Un segundo después de que la criaturita pensó aquello, la bruja dimensional se puso de pie hasta llegar a un pequeño estanque de lirios. El agua sagrada les había servido en muchas ocasiones y era como un espejo sacado del cuento de Alicia.
Los rayos del sol dibujaban pequeñas estrellas de luz como si encerraran un arcoíris dentro. El conejillo negro observaba curioso y en silencio; las ondas de las aguas oscilaban lentamente cuando la pareja de *carpas koi– los espíritus del ying y el yang - nadaban tranquilamente debajo de aquel paraíso acuático. El desliz de los peces resultaba hipnotizante, en una danza que se coloreaba de blanco y negro.
Justo cuando Larg comenzaba a marearse, el dibujo en las ondas se iluminó e inició a despedir un brillo que desafiaba las fuerzas de gravedad. Las chispas comenzaron a alzarse hacia el cielo y por un breve instante las nubes taparon al sol. Fue en ese momento que la visita de Yuuko emergió ante sus ojos.
- Ha pasado mucho tiempo – Saludo ella incluso antes de que la aparición se completara.
- El tiempo no es algo que tenga en cuenta – Respondió la recién llegada.
- Es cierto – Reconoció la dueña de la tienda – Sin embargo, él te ha traído aquí ¿no es así? Driana.
La tercera guardiana del tiempo no pudo contradecir a eso. El futuro, la puerta que ella custodiaba la había prevenido y la había obligado a dejar su puesto. No hicieron falta las formalidades, aquellas dos se conocían desde muchos siglos atrás y las dos tenían el don de saber mucho más de lo que aparentaban. Ésta ocasión no era diferente.
Sin que la invitaran, la vidente tomó asiento junto a Yuuko, mientras ésta le servía un poco de té.
- ¿Qué tal estuvo tu regreso? – Preguntó la estrella del norte aunque ya sabía la respuesta. Era más fácil iniciar aquella plática de esa manera.
- Tú dímelo – Respondía la bruja dimensional – Tú fuiste la que me trajo. – Si era un reproche no lo parecía, Yuuko poseía una destreza extraordinaria para disfrazar sus emociones.
- Sólo acaté órdenes - Comentó la joven secamente. – Todos debían estar presentes, incluso Kamui no pudo negarse.
Kamui es el rey de la dimensión espiritual. La misma que alberga las almas humanas que ya no pertenecen a este mundo. Él fue la persona más agravada en todo el desequilibrio, puesto que la transgresión fue directamente atribuida hacia su reino.
No obstante, las dos mujeres ahí reunidas conocían la verdad oculta detrás de aquella tragedia.
- En ese momento teníamos que culpar a alguien – Comento la guardiana luego de dar un sorbo a su té. – Y Clow nunca protestó ante las acusaciones.
- Así que dejaron que un inocente cargara con toda la responsabilidad – Los rubíes de Yuuko se ocultaron bajo su cabello, no permitiría que alguien viera la sombra de su tristeza.
- Aún si hubiese dicho lo contrario, no hubiera tenido pruebas que lo respaldaran y hacer una acusación sin motivo habría sido igual de peligroso que su crimen. – Explicó la vidente. – Ni Clow, ni ninguno de nosotros hubiese podido hacer algo… "Ésa persona" lo planeó para que así fuera.
- Entonces… han puesto todas las piezas de nuevo en el tablero para intentar desenmascararlo. – Reflexionó la bruja dimensional.
- Clow también lo sabía. Sabía que cuando muriera el ciclo volvería a moverse y con ello, habría una oportunidad para aclararlo todo. Pero… alguien alteró el destino e intentó destruir la semilla que Clow dejaría en su lugar.
Junto a sus palabras, los recuerdos de Drianna las trasportó a través de tiempo, en el momento justo cuando cinco pequeñas estrellas despegaban hacia el infinito. La luz resultó tan fascinante como si estuvieran en realidad ahí… y luego… la coalición.
- Esas estrellas nunca debieron chocar – Sentenció la guardiana. A pesar de no poder ver lo que pasaba a su alrededor era capaz de percibirlo. – Algo debió de sucederle a una de ellas para que desviara su trayectoria.
- ¿Quién de ellos es ésa estrella? – Cuestionó Yuuko.
Drianna apretó sus nudillos, no le gustaba reconocer lo que estaba a punto de decir.
- No lo sé. El legado de Clow se extendió tras la transgresión, así que podría ser cualquiera de ellos. Además, luego del choque una de las estrellas pareció apagarse, no estoy segura si solamente la debilitó o se extinguió por completo.
- Por eso Kaluz y Amshu han partido hacía otras dimensiones ¿no es así? – Cuestionó Yuuko luego de darle una calada a su pipa. La guardiana asintió.
- Por el bien de todos…espero que esa estrella siga con vida… - Recitó aquella plegaria mientras la brisa batía los cerezos.
…
Tomoyo regresó al salón sin ser consciente de nada a su alrededor. No escuchó el reclamo de Marina por haberse desaparecido durante el receso ni las preguntas de Anais. Solamente atinó a llegar a su asiento y sentarse sin mirar a nadie en absoluto. Y es que sus pensamientos sólo se centraban en una cosa…
Su mejor amigo estaba a punto de besarla, el brillo de sus ojos aqua eran todo un retrato de sentimientos. Siempre le habían parecido unos ojos hermosos y cálidos, un refugio en el que podía sostenerse y templarse. Quizás fuera porque sus propios sentimientos estaban tan confusos, lo que la hizo desear correr hacia ese lugar verde-azul sin importarle nada. Las dudas sobre qué era lo mejor para Eriol o para Sakura le habían robado la calma en tan solo un instante y muy probablemente aquella incertidumbre acrecentaría de ahora en adelante.
Estando a unos centímetros de los labios italianos se vio tentada a arrojar aquello por la borda y finalmente pensar en ella antes que en los demás.
Zander siempre había estado ahí, leal e incondicional; lo amaba en cierto sentido, quizás…quizás y un beso fuera todo lo que necesitaba para dejar atrás el pasado, para que ese amor que sentía por él fuera completo.
Un beso nada más.
El beso que la enamorara.
Sin embargo…
"Sé que te veré otra vez, sé que estarás cerca de mi"
- Lo siento – Se disculpó tan quedamente que creyó que él no la escucharía y seguiría adelante pero Zander se detuvo.
El mar de sus ojos se enturbió con una tristeza más honda de la que ella empezaba a sentir. Su atractivo rostro estaba a un latido de desquebrajarse. No podía verlo así, no cuando ella había sido la culpable.
- En verdad…lo siento mucho… - Repitió ella siendo incapaz de contener las lágrimas. Con el último empujón de su herido corazón, extendió su mano hacía el pecho de él y le echó ligeramente para atrás. Pero aquello lo sintió como si lo hubiera mandado a kilómetros de distancia.
Tomoyo se alejó con el creciente temor de que aquellos centímetros que habían hecho falta para unirlos se tornaran en muros de arrepentimientos y soledad…
"Es probable que nunca me perdone por esto" "Lo he perdido" se decía una y otra vez. Mientras más recordaba cada palabra, cada gesto, mayor era la certeza de sus pensamientos. Y entonces un sonido... una voz… ocupó el agujero que empezaba a cavarse en su corazón.
"Sé que te veré otra vez, sé que estarás cerca de mi"
¿Fue ella quien pensó aquello? En ese momento creyó que sí, aunque ahora…aquella voz le resultaba lejana y familiar a la vez. Como si fuera una parte de ella que la llamaba desde alguna parte. ¿Sería su consciencia? Algún pedazo de esperanza de no perder a Zander luego del rechazo o tal vez…un deseo reprimido que afloraba con el regreso de Eriol.
- Te veré otra vez– Dijo en voz alta y un tanto ausente, por no poder contestar a ninguno de sus sentimientos. Si seguía así, seguramente terminaría llorando.
- Nos podemos ver ahora – Le respondieron de inmediato. Aquello fue como un interruptor que la llevo de vuelta a su cuerpo. Eriol la miraba fijamente con una expresión ilegible. – Nos podemos ver ahora – Dijo de nuevo tendiendo su mano hacia ella.
La nívea no comprendió hasta mirar aquella mano que tenía enfrente. Detrás de esas palabras había una invitación, una que hizo a su corazón palpitar.
Con emoción e inseguridad tomó aquella mano. Eriol la puso de pie y la guio fuera del salón, dejando a más de un compañero con una gran interrogante en el rostro.
- Carina… - La llamó Zander cuando se los encontró en su camino de vuelta.
Al escuchar la voz de Zander, Tomoyo se paró de golpe y lo vio, él lucía tan perdido como ella hace unos minutos. Pero algo en los ojos agua de él pareció volver cuando reparó en las manos entrelazadas de su amiga con las del chico nuevo.
Lo primero que ella quiso hacer fue soltar a Eriol pero él apretó más fuerte su agarre como si le hubiera adivinado el pensamiento.
- Necesita un poco de aire fresco – Explicó el inglés en un tono que no daba pie a dudas. Zander lo miró por primera vez y después a ella de nuevo.
- Te cubriré con el profesor – Le dijo. Con tan solo ese gesto Tomoyo descubrió con alivio que no estaba enfadado, no obstante, la sombra del dolor aún cubría su rostro - Ten cuidado –Culminó para después retomar sus pasos.
Cuando Zander llegó a la entrada del salón, el profesor aún no había aparecido pero en su lugar, aguardaba una chica de largos cabellos celestes. Al parecer Marina tampoco estaba de buen humor.
- ¿Los viste? – Preguntó sin rodeos. Él afirmó sin muchas ganas – Me extraña que no los detuvieras – Comentó ante su silencio – A menos de que tú hayas sido la razón por la que Tomoyo salió huyendo, adivinó.
Y en cuanto el rostro de Zander se contrajo, Marina supo que había dado en el blanco. "Oh" artículo la guerrera del agua en silencio.
Antes de seguir a su compañero dentro, miró por donde su amiga se había ido. El joven Hiraguizawa tenía algo que la hacía desconfiar, su aura mágica le crispaba los nervios y le producía cierta angustia. Tal vez fuera porque al fin, su instinto sobreprotector hacía Tomoyo habían alcanzado nuevos límites o tal vez fuera…por algo más, una verdad que ella no estaba dispuesta a admitir.
…
El timbre de la salida no tardó en sonar. Marina no fue capaz de tomar ningún apunte en todo el rato. Su mirada se paseaba en el asiento vacío de Tomoyo al del chico nuevo y por último hacia el italiano. ¡Menudo triángulo amoroso! Podía apostar que Zander se le había declarado a la nívea; lo había intentado hace poco en el parque – aunque lo negara - y ahora seguramente había metido la pata por alguna tontería.
- Marina, veremos a Lucy en la biblioteca – Le recordó Anais.
También estaba ese detalle. Minutos antes de que el receso acabara Lucy había entrado a toda prisa buscándolas. "Necesitamos hablar más tarde" había dicho, antes de salir disparada nuevamente hacia su salón. Algo le había sucedido a la pelirroja, algo que, seguramente no se catalogaría como normal.
Todos aquellos pequeños cambios anunciaban lo que estaba por venir. Y si querían superar las pruebas que inevitablemente llegarían, sabía que cada uno de ellos debía estar preparado.
Pero Zander lucía muy lejano a estarlo.
- Lo siento Anais – Se disculpó ella - ¿Podrías reunirte con Lucy?
La guerrera del viento la miro extrañada pero en cuanto siguió la atención de Marina hacia Zander comprendió de inmediato.
- De acuerdo. En cuanto hable con Lucy, me comunico contigo. – Dijo mientras tomaba su mochila.
…
Zander recogió sus cosas sin muchas ganas, había garabateado en su cuaderno todas las clases que le siguieron al receso; seguramente le vendrían muy malas notas para el próximo examen. Sabiendo que en casa no podría concentrarse tampoco, decidió quedarse en el salón de música. Tocar un poco, siempre le ayudaba a despejar su mente.
El aula estaba vacía y los rayos del atardecer se colaban por las ventanas. Miró por un rato la pila de partituras – podía dominar casi todas las piezas de Mozart, Beethoven y Debussy - pero aquella tarde, un golpe de nostalgia lo invitó a tocar las canciones que solía interpretar antes de su llegada a Japón. Había pasado bastante tiempo desde la última vez.
Tocó ligeramente unas notas. El sonido fue como un tren hacia el pasado. Los recuerdos se le impregnaron en la mente como un aroma agridulce de verano.
En Roma su vida siempre fue fácil, tenían una casa preciosa en una zona privada de residencias. Asistía a una escuela de élite y su personalidad era como un imán para todas las chicas, aunque para él, tal detalle siempre pasaba desapercibido.
Tenía una vida envidiable.
Pero vacía.
Su padre nunca estaba en casa debido al trabajo y su madre – con su completa salud – pasaba sus días organizando eventos de beneficencia. No los culpaba, ese era el precio de su posición económica, además en aquél tiempo, pese a las muchas ocupaciones que ellos tenían, siempre se las arreglaban para desayunar juntos todas los días.
Comparándolo con el presente, prefería mil veces a sus padres de entonces.
Y como cualquier muchacho sin constante supervisión, no faltaban las ocasiones en que se metía en líos. Fumaba durante horarios escolares y por las noches se paseaba en su vespa hacia un centro nocturno, donde solía tocar junto con su grupo.
Aún se sorprendía al recordar cómo el destino había conjurado aquella noche el escenario que cambiaría su vida para siempre.
Uno de los muchachos había conseguido programar una presentación al aire libre. La hermosa Fontana de Trevi – fuente de Trevi – sería el escenario de suerte que los catapultaría fácilmente con una disquera.
Tendrían el futuro comprado.
La brisa de la noche transportó su sonido por todo el Tre Vie – el cruce de las tres calles –y rápidamente se aglomeró mucha más gente de la que ya había. Ahí, a través de la multitud y el lenguaje de la música; el hilo del destino tiró con fuerza a su corazón hacía un par de estrellas púrpuras.
Piove il cielo nei tuoi occhi e muoi dentro te,
Llueve en el cielo de tus ojos y yo me muero dentro de ti
lascia tutte le carezze sulle labbra aride.
Dejo todas mis caricias en tus labios áridos
Sei un fuoco tra due specchi
Eres un fuego entre dos espejos
una scia nel silenzio del cuore
Un sendero en el silencio del corazón.
.
No supo si fue la música o el mismo destino, el autor de varias imágenes en ese momento. Los ojos mágicos de aquella chica le fueron revelando uno a uno, los recuerdos de una vida muy lejana al presente.
Parecía una película de fantasía; con magos, ángeles y espíritus que, de repente sintió como suya. Pudo reconocer cada rostro aunque no los hubiera visto nunca. Pudo entender aquella tragedia. Entendió que el niño pequeño que observaba ese rio de imágenes era él, durante una infancia mucho más lejana a la que había tenido en Italia.
Esos recuerdos eran suyos. De algún modo inexplicable supo que eran suyos y aunque quiso salir corriendo por lo extraño que era, no pudo hacerlo.
La voz continuaba brotándole como si aquella canción hubiese esperado siglos por salir. La música lo mantenía atado en un hilo que unía el presente con aquel pasado de cuentos.
Anche se sei sola,
Incluso si estás sola
io non ti ho lasciata mai,
Yo no te dejaré jamás,
sangue e ghiaccio in una rosa,
Sangre y hielo en una rosa
leggo il corpo di chi sei.
Leo el cuerpo de quién eres
In un quadro senza voce tu dipingi l'amore
En cuadro sin voz que tu pintabas con el amor
che io non ti ho dato…
Que no te he dado…
Un dolore segreto.
Un dolor secreto
En esos recuerdos, el cielo ardía. La luna tenía un color intenso de carmesí, la tierra temblaba y una multitud corría despavorida. Sus padres gritaban un nombre que no era el suyo y aunque su niño interior se encontraba al lado de ellos, ni si quiera parecían verlo.
Entonces encontró la razón por la que sus padres gritaban; entre el caos de gente había un chico. Un muchacho de cabello azabache y piel blanca. Estaba en el suelo, gritaba desgarradoramente, mientras sostenía con manos temblorosas a una chica que no mostraba indicios de vida.
Baby, ovunque sia il tuo nome t'amo,
Nena, cualquiera que sea tu nombre, te amo
Baby, dovunque sia il tuo amore t'amo
Nena, dónde quiera que esté tu amor, te amo
Baby, tutto quello che ho perso sei tu,
Nena, todo lo que he perdido eres tú
tutto quello che amo sei tu.
Todo lo que yo amo eres tú.
El pequeño Zander se acercaba a la escena como si aquello fuera un magneto. No era curiosidad, ni lástima; algo en su interior le decía que algo extraordinario estaba por suceder y él debía mirar.
El chico al cual sus padres habían llamado tenía los ojos ahogados en lágrimas, su frente permanecía cercana a la de la chica, como si fuera un modo de retenerla.
- Por favor… - Rogaba el chico entre murmullos entrecortados – Por favor regresa… deseo que regreses Thanairi Ichihara – Finalizó sellando sus palabras con un beso.
Con ésa silenciosa petición, el cielo comenzó a moverse, el tumulto de caos se convirtió en silencio un momento y todas las miradas se concentraron en el firmamento.
Posso scendere l'inferno e non bruciarmi mai,
Puedo descender al infierno y no quemarme más
Posso tutto, ma non posso ripartire senza lei.
Puedo todo, pero no puedo volver a irme sin ella
Una luz nació de entre las nubes, borrando el rojo por un bello e intenso dorado, el brillo descendió y aterrizó directamente hacia la pareja.
Come pétalo dispersi, in un alto universo
Como pétalos dispersos en otro universo
Che tu mi hai lasciato, in un bacio segreto.
Que tú me has dejado, en un beso secreto.
El resplandor cegó momentáneamente a Zander y cuando por fin pudo enfocar la mirada nuevamente, el escenario había cambiado.
Estaba en una gran habitación, había menos personas que hace unos instantes; pero todas ellas tenían un aspecto regio, ataviadas con túnicas y joyas de cristal.
- ¿Cómo eres capaz de ver a personas que no pueden verte a ti? – Cuestionaron muy cerca suyo. Por un momento pensó que se referían a otra persona, dado que nadie había reparado en su presencia antes; pero al voltear, se encontró con una hermosa joven de cabellos azabaches y brillantes ojos violeta. Nunca antes había conocido a una chica tan bella como aquella.
Baby, ovunque sia il tuo nome t'amo,
Nena, cualquiera que sea tu nombre, te amo
Baby, dovunque sia il tuo amore t'amo
Nena, dónde quiera que esté tu amor, te amo
Iba vestida de blanco, con joyas mucho más discretas que las del resto, pero aquello sólo destacaba más las gemas que tenía por mirada. Resultaba tan irreal y mágico que la voz se le escapó por un momento.
- Bueno…la verdad, es que ni si quiera sé cómo llegue aquí. – Dijo él mirando a su alrededor. La chica le sonrió.
- Todos están aquí por una razón, incluso si desconocen cuál esa razón.
- Creo que no comprendo –Respondió el pequeño.
- Lo sabrás en su momento. – Dijo ella mientras comenzaba a retirarse hacia donde estaban los demás.
- ¡Espera! – Exclamó Zander con su voz y su cuerpo actual. - ¿Cómo es que puedes verme? – La chica se detuvo, lo miró y volvió a sonreír.
- Porque tú eres igual a mí.
Baby, tutto quello che ho perso sei tu,
Nena, todo lo que he perdido eres tú
tutto quello che amo sei tu.
Todo lo que yo amo eres tú.
…
Tutto quello che amo sei tu,
Todo lo que yo amo eres tú.
Tutto quello che sono sei tu...
Todo lo que soy yo, eres tú…
Cuando la canción terminó, la vida de Zander no volvió a ser igual, puesto que la chica que había encontrado dentro de su música, estaba ahí entre el público, tan real y hermosa como la de aquel pasado. En ese instante, supo la razón por la que estaba en este mundo.
- Es por ella…
…
Eriol respiró tranquilo tras haber pasado a Valisari sin problemas; por un momento creyó que les armaría todo un numerito de celos. Sin embargo, no podía negar que estaba sorprendido ¿De dónde habían nacido aquellas palabras? Ella había dicho "Te veré otra vez"fue como si algo lo hubiera sacudido. Al escuchar aquello su interior pareció despertar de un largo letargo y las palabras le salieron solas "Nos podemos ver ahora "cualquiera diría que aquello había sido igual a un escena de una vieja película romántica. Pero lo cierto era, que había sido completamente natural, casi inconsciente y eso le intrigaba.
Podía intuir que entre el italiano y Tomoyo había sucedido algo. Resultaba incómodo imaginarse a ese par juntos por una extraña razón ¿es que acaso él también estaba celoso? No, no; de ninguna manera. Apenas y estaba reacomodando los pedazos de su corazón como para pensar en cosas como ésa. Además la seguridad de la nívea estaba en juego y Zander era el sospechoso número en su lista; lo más probable era que aquella incomodidad era solamente su sentido de alerta hacia ese chico y su cercanía con Tomoyo.
- ¿Siempre te llama de ese modo? – Preguntó para distraer a sus propios pensamientos – Tomoyo lo miró sin comprender.
Hasta ahora ninguno de los dos había dicho nada.
- El joven Valisari – Aclaró él. Las mejillas de ella se ruborizaron. Era la primera vez que la veía apenarse por algo.
- Es un sobrenombre de cariño, me ha llamado así desde que nos conocimos…él es un amigo muy querido para mí. – Decía con una sonrisa tímida.
- Ya veo – Comentó Eriol de nuevo incómodo. La luz roja les permitió cruzar hacia el establecimiento Galaxy Creppes –Entonces… ¿puedo nombrarte yo también? – Dijo después de un rato.
Aquello sorprendió a Tomoyo por un momento. Pero si lo pensaba detenidamente quizás era de lo más normal. Conoció a Eriol mucho antes que Zander y habían dejado de usar honoríficos desde hace algún tiempo, sin mencionar los muchos momentos que habían compartido en el pasado; tal vez ya hubiera la suficiente confianza como para usar motes.
Ella asintió.
- ¿De verdad? – Quiso cerciorarse él. Tomoyo volvió a asentir. – Déjame pensar… - Decía mientras un tintineo en la puerta anunciaba su entrada. – Tiene que ser un nombre dulce y bonito.
Y hablando de dulces y cosas bonitas, Galaxy Creppes tenía esas dos palabras adornando en cada rincón. Desde el delicioso aroma a jarabe de chocolate, hasta las paredes tapizadas con un papel estrellado de colores pastel; de los techos colgaban móviles del sistema solar decorados con glaseado y frutillas. Las patas de las mesas y las sillas recordaban a grandes conos de crepas. Era un lugar encantador
- ¿Puedo tomar su orden? – Llego una linda chica uniformada con un cosplay rosa de sirvienta. Aquel atuendo les trajo a ambos el recuerdo de aquel festival de primaria en el que montaron un café.
Incluso después de que la chica se hubo ido, tanto Eriol como Tomoyo tenían una nítida sonrisa. A pesar de los años transcurridos, aquellos recuerdos siempre les sacaban una pizca de alegría en los labios.
Hiraguizawa recordaba con cariño cada una de sus travesuras durante su primera estancia en Japón. En ese entonces podía imaginarse fácilmente como Peter. Utilizando sus poderes en secreto, tiñendo de magia cada situación y causando revuelo entre sus amigos.
- Campanita – Dijo él finalmente - ¿Qué te parece Campanita? – Y justo después la campanilla de la entrada volvía sonar.
- ¿Campanita? – Repitió ella con una leve risita - ¿Te refieres a la pequeña hada de Peter Pan?
- Sí, ahora que lo pienso te pareces mucho ella. – Decía apoyando su barbilla en una mano.
- Ósea que ¿me pongo igual a un tomate cuando me enojo? – Cuestionaba fingiendo estar ofendida.
- Ehmm… - Lo pensó un poco - No estoy seguro, nunca te he visto enfadada ¿lo haces? – Preguntó pícaramente.
- Por supuesto que no – Respondió ella entre risas. – Bueno, y entonces ¿Por qué Campanita? – Quiso saber ella con curiosidad. Él sonrío como antaño. La misma sonrisa que siempre guardaba más de lo que aparentaba.
- Es un secreto – Respondió simplemente con aquella curva misteriosa.
…
Marina había seguido a Zander en silencio, lo escuchó cantar aquella canción con la que Tomoyo y ella lo habían conocido durante sus vacaciones en Italia. Aguardó en silencio hasta que las teclas del piano dejaron de sonar.
- Es peor de lo que esperaba – Entro ella diciendo.
- No he practicado en algún tiempo esta canción, es natural – Explicaba enfurruñado al verse interrumpido sin la menor muestra de sutileza.
- No me refiero a eso – Debatía ella ya frente a él. - ¿Crees que cantando canciones deprimentes te ayudarán?
El rubio bajó la mirada y cerró la tapa del teclado.
- Sólo fue un arranque de nostalgia nada más…
La chica tenía sus dudas pero forzando las cosas no conseguiría nada. Tomó asiento en el espacio que quedaba junto a Zander. Ella abrió de nuevo la tapa e hizo sonar una nota tímida en "mi".
- Lo supiste en ese momento ¿no es así? – Cuestionó ella con la vista fija en el piano.
Aunque la pregunta fue vaga, Zander entendió a qué se refería y asintió con seguridad.
- Desde ese día me enamoré perdidamente de ella – Dijo luego de reír sin ganas. Esa dulce sensación del recuerdo le sabía un poco amarga en esos momentos. – Pero ahora que lo pienso… quizás no debí hacerlo.
- ¿¡De qué estás hablando!? – Cuestionó la joven con un toque de angustia – ¡El corazón no funciona de esa manera; el amor no tiene un botón de encendido y apagado que uno pueda presionar cuando quiera!
Algo en sus propias palabras llevó a Marina casi al borde del llanto. Aquél tema le llegaba tan a fondo de lo que creyó alguna vez.
- Nunca debes dejar a un lado lo que te dicta el corazón, aún si lo que deseas es algo imposible… - Comentó ella con más pesar de lo que hubiera querido.
- Tú lo hiciste ¿verdad? - Dijo él sin dar tiempo a su amiga para responder – En Cephiro, te fuiste de ahí sin decir lo que sentías en realidad. – Ella abrió sus ojos con sorpresa pero luego recordó con quién estaba hablando.
- Creí que hacía lo correcto ¿qué sentido tenía decirle a alguien que lo amaba si no estaba destinado a permanecer a mi lado? – Decía ella apretando un poco los puños.
Cuando el silencio se prolongó Marina se maldijo mentalmente, seguramente Zander se estuviera haciendo esa misma pregunta gracias a ella.
- Pero tú situación es diferente a la mía – Se apresuró – Tú ya se lo has dicho y ustedes comparten mucho más que solo recuerdos y una misión. Tomoyo y tú han nacido en un mismo mundo, no hay mayor barrera que dicte lo contrario; excepto la que ustedes pongan entre los dos. El punto es que, si tú sientes que ella es para ti, no te contengas, lucha si eso es lo que te pide el corazón. – Terminó con las mejillas sonrosadas, jamás pensó decir algo tan lleno de sentimentalismo.
Y de improvisto, una explosiva carcajada nació de la garganta de Zander. El rostro de la joven se tornó de mil colores hasta llegar al rojo intenso.
- ¡Te estás burlando de mí! – Le empezó a golpear el brazo, mientras él trataba de protegerse sin parar de reír.
- Perdona, es sólo que… - Intentaba controlarse – nunca pensé que recibiría consejos sobre el amor de ti.
- ¡¿Y eso que significa!?- Decía ella todavía enfurruñada.
- Significa, que eres una amiga de verdad – Respondió él con una sonrisa. – Te lo agradezco.
Una nueva sorpresa cubrió el rostro de la joven pero después la sonrisa apareció en sus labios.
- Por supuesto que lo soy – Dijo mientras ambos reían de nuevo.
…
El ánimo de Tomoyo también parecía renovado, una charla con un buen amigo y un postre delicioso dejó a su corazón mucho más tranquilo. Sabía que debía hablar con Zander y disculparse nuevamente, además de pensar muy seriamente en una respuesta para los sentimientos de él. Creyó que el tiempo le daría la respuesta para esas dos cosas pero al parecer el tiempo no tenía tregua cuando se trataba de asuntos amorosos.
Lo que la hacía preguntarse en ese momento; ahí, con Hiraguizawa, ¿qué clase de sentimiento tenía al estar a su lado? Lo miró de reojo mientras él sacaba una hoja de su bolsillo.
- El profesor Watabe me dio esto temprano ¿qué me aconsejas? – Ella tomó el papel con interés. Era la lista de todos los clubes con sus respectivos horarios y capitanes.
- ¿Te unirás a algún club? – Cuestionó ella con asombro. En la primaria, Hiraguizawa no se había unido a ninguno a pesar de que todo el mundo lo había invitado.
- Esa es la idea – Respondió con su habitual sonrisa – Entonces… ¿cuál crees que sería adecuado?
- Bien… - Comenzó diciendo – Eres muy bueno con la música
Eriol también lo había pensado, pero después de lo de hoy estaba un poco inseguro. Si algo había ocurrido entre Tomoyo y Valisari, era mejor guardar distancias. Lo último que quería era aumentar la presión entre ambos y que el italiano hiciera algún movimiento en contra de la nívea a causa de una intromisión suya.
- También eres bueno en baloncesto – Sugirió la amatista sin despegar los ojos de la lista.
- ¿Qué te parece éste? – Dijo el inglés mientras señalaba uno de los últimos en la lista.
- ¿Esgrima? – Dijo ella enarcando una ceja – No sabía que te gustara.
- Conozco lo básico, además parece divertido – Respondió sin dejar de sonreír. Ella no tardó en imitarle.
- En ese caso, tengo que presentarte a Marina. Ella es la capitana del equipo y una de mis mejores amigas, estoy segura que se llevarán muy bien.
Y era esa misma razón por la que Eriol lo había elegido. La energía de esa chica, Marina Ryuuzaki no resultaba algo que se pudiera ignorar. Si no podía estar cerca de Tomoyo ni de Valisari, ésa chica era una buena opción para descubrir las intenciones del particular grupo que se había formado en torno de la nívea.
Después de que recogieran a Tomoyo, El inglés se puso en marcha. Debía comenzar a moverse para investigar sobre todo lo que estaba sucediendo. Era muy posible también que Valisari y las otras tres chicas supiesen algo de la Ley de Continuidad ¿Por qué otra cosa estarían allí jóvenes con poderes mágicos? Con todo eso en la cabeza, se dirigió al único sitio en todo Tomoeda que podía ayudarlo.
…
Cuando Nakuru colgó el teléfono no pudo ocultar su extrañeza, aun así se apresuró a alistarse para encontrarse con Eriol en el lugar que él le había indicado.
- ¿No te dijo nada más? – Quiso saber el gatito negro igual de intrigado. La guardiana negó.
- Sólo dijo que quería vernos en el templo Tsukimine en veinte minutos.
- ¿Crees que tenga algo que ver con la profesora? – Cuestionó el minino.
- No estoy segura, será mejor encontrarnos con él cuanto antes. – Apresuró, si Kaho estaba implicada seguramente Eriol necesitaría todo el apoyo moral posible.
…
La guerrera del agua regresaba a casa con un sentimiento de añoranza, la plática con Zander terminó por desempolvarle viejos recuerdos de una tierra lejana y mística. Sabía que de nada le servía lamentarse, sin embargo, la espinita del "si hubiera "parecía habérsele enterrado un poco más aquella tarde.
"No seas tonta Marina, deberías seguir tus propios consejos" se reprendió así misma palmeándose las mejillas; de pronto, una oleada de magia alertó a sus sentidos ¿podría ser Ceres? Giró sobre sus pasos, siguiendo aquella onda de energía. A medida que se acercaba pudo darse cuenta de que su genio no era el dueño de aquella presencia.
- ¿De quién será esta energía tan intensa? – Dijo deteniéndose en las puertas de lo que parecía un antiguo templo.
Cuando estuvo dentro pudo presentir que no estaba sola, en aquél lugar se encerraban varias auras distintas. Por un momento, quiso regresar. Quizás era mejor que las chicas y Zander supieran sobre el asunto para ir todos juntos. Tecleó un mensaje rápido, con suerte llegarían en un par de minutos.
- ¿No sería mejor que llamaras a Sakura? – Escuchó que alguien cuestionaba. En seguida, Marina buscó un escondite.
Nakuru tiene razón, recuerde que su nivel de magia ha disminuido amo. – Comentaba otra voz más y aguda.
- Ella ya ha tenido bastantes recuerdos dolorosos por hurgar en el pasado – Reconoció ella aquella voz, era Hiraguizawa.
¿Qué hacia él en un lugar como ése?
- Además, todo lo que está ocurriendo fue causado por Clow y como su reencarnación debo hacerme cargo de la responsabilidad. – Seguido de eso se oyó un sonoro suspiro de derrota.
- ¿Entonces planeas usar el árbol sagrado como un portal?– Volvió a cuestionar la primera voz. Sonaba como una chica.
- Exactamente – Concordó el inglés – Trataré de viajar al pasado con su ayuda y la de ustedes. Soy consciente de mi nivel de magia, por eso se me ocurrió recurrir al árbol, también será necesario que se introduzcan en mi báculo para así tener suficiente poder para activar el conjuro. – Explicó.
¡Es una locura! Pensó Marina. Ése chico no solo se estaba arriesgando así mismo, también ponía en peligro a las personas que lo acompañaban – quien quiera que fuesen… -
- Lo haremos. – Oyó a la chica decir con decisión.
- Gracias, les prometo que regresaremos a salvo.
Hiraguizawa procedió a recitar su hechizo. Un enorme círculo se dibujó bajo sus pies, trazando en dorado la que seguramente, era su insignia. Marina vio con asombro que aquellos símbolos eran muy parecidos a los sellos que sus genios portaban.
Cuando un báculo dorado apareció de entre las manos del chico, continuó con despertar a las verdaderas entidades que yacían en sus compañeros; a la chica le brotaron unas hermosas alas negras de mariposa y el pequeño minino que ésta llevaba en brazos, se elevó para dar paso a una gran pantera alada.
¡Era increíble!
- Bien, ¿están listos? – Cuestionó el joven mago a las místicas criaturas. Ellas asintieron sin titubear.
El dorado símbolo adquirió un nuevo brillo y el par de guardianes se disolvieron para luego fusionarse con el báculo de su dueño.
Eriol sintió el nuevo peso de su cetro al transformarse gracias a la ayuda de sus guardianes. Sabía el riesgo a los cuales se estaban exponiendo, si no era capaz de mantener un flujo de magia estable podrían quedar atrapados dentro del árbol y vagando en el tiempo, pero esa era la única forma en la que podría conocer el pasado.
La energía del árbol se activó con un leve roce de sus manos; aquello fue como recibir una descarga por todo su cuerpo.
Marina estuvo a punto de gritar cuando vio al chico tambalearse. Algo no estaba yendo bien, a este paso no lo lograría.
"Haz lo que te dicta el corazón"
Nació la voz de Ceres en su interior. Fue entonces que una gema azul apareció en el dorso de su mano. La misma gema que la convirtió en una guerrera mágica.
- ¡No es posible! –Ahogó un grito – Ceres ¿qué está sucediendo? Por favor dime…
"Ten fe y haz lo que te dicta tu corazón"
Eriol se sentía débil, algo impedía que el árbol le prestara de su magia. ¿Podría ser que el milenario cerezo se negaba a ayudarle por lo sucedido entre Kaho y él? Su energía disminuía a cada minuto, si el conjuro se quedaba a medias corría el peligro de que sus guardianes se quedarán unidos al báculo para siempre.
- Vamos…por favor… - Rogaba a penas con aliento.
Entonces una oleada nueva de energía lo envolvió, una cálida y tranquila…como el agua. No supo si fue el cansancio o la relajante sensación de aquella aura la que le cerró los ojos, llevándolo a un estado de inconsciencia…
Con las palabras de Ceres, Marina supo lo que debía hacer. Quizás su magia podría ayudar al joven Hiraguizawa. Llegó hasta él, teniendo justo el tiempo para sujetarlo y evitar que cayera; cuando ambos poderes mágicos estuvieron juntos, el árbol terminó por absolverlos e internarlos en un viaje por el tiempo.
…
Al despertar, lo primero que pudo ver fue un intenso azul. La claridad de un cielo de primavera en el firmamento y también… ¿una cabellera celeste?
Eriol se incorporó sobre los codos confundido, encontrando en su regazo a una chica. Marina Ryuuzaki. ¿Cómo había llegado ella ahí? Y más importante aún ¿Dónde estaban?
Lo único que se extendía por kilómetros era una pradera, repleta de flores y más a lo lejos un par de montañas que parecían rozar las nubes.
- ¿Habré llegado al lugar correcto? – Se cuestionó así mismo.
Luego miró a la chica. No podía dejarla sola, menos en un lugar desconocido. Le apartó cuidadosamente el cabello del rostro. Parecía dormida. Tal situación le trajo un inesperado dejavú; Kaho solía quedarse dormida en su regazo de la misma manera.
- Cuántos giros más tendrá mi destino… - Recitó preso de la nostalgia.
La joven comenzó a removerse hasta que al fin abrió los ojos con un poco de dificultad.
- ¿Se encuentra bien señorita Ryuuzaki?
Al principio creyó que todavía dormía pero en cuanto reconoció aquella voz, su mente hizo un veloz flashback de todo lo que había sucedido. Marina abrió los ojos de golpe y se levantó igual a un resorte.
- ¿¡Qué sucedió!? ¿¡Cómo…dónde…!? – No lograba completar ninguna frase.
- Tranquilícese señorita – Decía él. Aunque en realidad tenía las mismas dudas.
- No lo entiendo, hace un momento estaba en ese templo, después Ceres me dijo algo, luego la gema comenzó a brillar y entonces…
La chica hablaba tan rápido que Eriol a duras penas pudo entenderla, hasta que sus palabras se detuvieron de golpe y luego ella se tapó la boca en un gesto de incredulidad.
- ¿Ceres? ¿Gema? – Repetía el inglés tratando de seguirle el paso a la chica – Señorita Ryuuzaki no comprendo a que se refiere - Aguardó un segundo a que le contestara pero ella parecía estar en estado de shock. Probó llamarla de nuevo…Nada. - ¡Marina! – Intentó llamarla por su nombre y sujetarle por los hombros. Los ojos de ella estaban fijos en la distancia.
- No puede ser… - Habló por fin en un murmullo – Estamos en Cephiro…
(CONTINUARÁ…)
