Volvemos a la vida del par de tipos sexys y con sentimientos (como se nota que es ficción)


—¿Puedo oler a coq au vin*? —dijo Draco cuando entraba en el apartamento.

—No, joder, no puedes —se oyó a Theo gritar al fondo.

Él apareció en la entrada de la cocina, sosteniendo una copa de vino tinto.

—Aunque me puedes persuadir para experimentar —hizo un gesto, ahuecando su entrepierna y sonriendo abiertamente.

Draco se rió. Levantó la copa de la mano de Theo y tomó un trago.

—Espero que tengas hambre. Creo que he cocinado demasiados espaguetti —dijo Theo.

—Estoy famélico. Draco se sentó en la mesa y miró de nuevo a Theo mientras éste trabajaba, admirando su culo, preguntándose dónde les llevaría la discusión. —¿Tuviste un día ocupado? —preguntó Draco. Vamos háblame, dime algo.

—Lo habitual. El jefe quiere que el trabajo administrativo se haga más rápido, que atrapemos a los ladrones más rápido y que el que sea, deje de estropear la placa con su nombre de su puerta.

—No serás tú, espero. Theo se giró y le dirigió una risa atrevida.

—Esta vez no. Theo no dijo nada más y Draco imaginó que esperaría hasta que hubieran comido para contarle dónde había estado y qué había averiguado sobre Hermione.

Además, Draco se enfrentaba a un dilema. Si le preguntaba a Theo sobre la visita de esta tarde, estaría admitiendo que había buscado a Hermione a pesar de su aseveración de que no la vería otra vez. Por otra parte, si Theo no decía nada, ¿cuál era el motivo por el que lo había hecho? ¿Por qué jodida razón había arriesgado su puesto, había fingido trabajar en un asunto oficial de la policía cuando dicho asunto no podía ser más personal? Los dos comieron en silencio.

—Está bueno —dijo Draco —Lástima que sea lo único que sabes cocinar.

—Sí, pero no me quieres por mis habilidades en la cocina.

—Pues por como bailas, desde luego no es. Draco se rió mientras la cara de Theo enrojecía. Tenía dos pies izquierdos. Dos enormes pies izquierdos.

—¿Qué tal el día? —preguntó Draco, incapaz de esperar más.

—Los cerebros criminales estaban todos encerrados hoy. Hice un montón de trabajo administrativo y lo siguió una reunión informativa de seguridad y salud. Al parecer, se supone que no debemos utilizar el spray de defensa o el táser* para otro uso que el que tienen.

—Cristo. ¿Has hecho algo así?

—Y tenemos que procurar no pincharnos los dedos con nuestras insignias. Draco tomó un sorbo de vino.

—Otro uso sumamente productivo del dinero de los contribuyentes, entonces.

Theo resopló y se puso a recoger los platos de la mesa. Algo le decía a Draco que no le iba a contar nada sobre Hermione, y aun cuando, por lo que él sabía, Theo no conocía su paradero exacto, Draco deseaba que le contara lo que había hecho.

Theo llenó el lavaplatos y se fue al fregadero, a limpiar lo que no cabía en la máquina. Draco giró su copa por el pie e intentó ponerse en el lugar de Theo. Imaginó que Theo se sentía inseguro. Desde que Draco había follado con Hermione, había estado preocupado pensando en ella y sabía que Theo lo había notado. Draco no era bueno exteriorizando sus sentimientos. Solía huir a gran velocidad de todo lo que supusiese exponerse. Su petición a Theo para que se mudase con él lo había sorprendido casi tanto como al propio Theo, aunque nunca lo había lamentado. Por mucho que quisiera ver a Hermione otra vez, no quería perder a Theo.

Draco dejó la copa, se irguió y se colocó detrás de él. Rodeó con los brazos el pecho de Theo, presionando la cara en su hombro, resoplando aire caliente en su camiseta. Oyó el aliento de Theo antes de que él suspirara. Draco levantó la boca hacia el cuello de Theo y lamió y mordisqueó la piel. Acababa de comer pero el sabor de Theo le hizo sentirse hambriento. Theo se tensó mientras Draco llevaba una mano bajo su camiseta y acariciaba el triángulo sensible en la parte baja de su espalda. La piel agitada y ondulante mientras los dedos encontraban la parte superior de los pantalones tocando la parte superior de su hendidura.

Theo se apoyó contra el fregadero. —Sshh —siseó Theo.

—Quiero follarte —susurró Draco.

Le apretó el culo con las manos y empujó con las caderas sobre el muslo de Theo. Theo se giró y sus labios quedaron unidos, las lenguas chocaron y las manos los atrajeron más cerca el uno del otro. Entonces, casi como si comprendieran a la vez que estaban muy cerca, se apartaron, quedando tan sólo unidos por las bocas. La ropa comenzó a caer en el suelo, las manos se movieron frenéticamente hasta que estuvieron completamente desnudos. Draco se inclinó y pasó los labios por el pecho de Theo, lamiéndole un pezón mientras su mano se movía hacia abajo por el centro de su cuerpo. La piel de Theo temblaba bajo el toque de Draco mientras los dedos se deslizaban hacia los rizos castaño oscuro que encontró sobre su polla. Cuando oyó el golpe de la cabeza de Theo contra el refrigerador, Draco se retiró y su reloj atrapó un mechón de pelo en la ingle de Theo, que gruñó al quedar liberado.

—Jesús, Draco. Qué daño. Ten cuidado. Draco volvió a colocar la cabeza en el hombro de Theo.

—¿Es esto lo que quieres? Los pulmones de Theo exhalaron aire cálido, que llegó hasta el cuello de Draco mientras éste lamía la curva de la clavícula de Theo. Una mano sobre su cadera mientras la de Draco rodeaba con los dedos la polla de Theo. —¿Quieres que sea cuidadoso? —preguntó Draco mientras bombeaba, dejando la mano resbalar hasta la hinchada corona. Gotas de humedad mojaron sus dedos y Theo empezó a mecer las caderas, impulsando su polla dentro del apretado puño de Draco.

—No —jadeó Theo.

—No ¿qué? ¿Quieres que pare? —bromeó Draco mientras hacía rodar la palma sobre el húmedo glande.

—Joder, no. Draco se apartó y dio un paso atrás. Theo levantó la cabeza, abriendo los pesados parpados y le miró fijamente. —¿Quieres que te suplique? —preguntó Theo con voz ronca.

—Podría ser agradable.

—Por favor. Fóllame.

Draco miró la suave extensión del pecho de Theo, los fuertes abdominales, la manera en que los pezones se habían endurecido y una oleada de deseo le atravesó, llenándole la polla con otra explosión de sangre que hizo que se alargase y se engrosase aún más. La vista de la polla de Theo, igualmente larga, gruesa, con marcadas venas azules y coronada por el glande brillante y púrpura, llevó la mano de Draco llena de deseo hasta el punto de lujuria desenfrenada.

—Hermoso —la voz de Draco sonó espesa. No recordaba habérselo dicho nunca y debió hacerlo. ¿Cómo es que fue tan sencillo decírselo a Hermione la primera vez que la encontró y nunca se lo había dicho a Theo?

—¿Qué? ¿Mi polla?

—Todo en ti —Draco hizo una pausa— Pero sobre todo tu polla. Theo se rió. Draco le agarró las pelotas y las hizo rodar con cuidado en la palma. —Duras como piedras —susurró Draco.

—Me pregunto por qué. Draco empujó a Theo encima de la mesa, con su polla sobresaliendo, retiró la piel para revelar la húmeda punta.

—Me apetece un postre —dijo Draco.

—¿Yogur griego y miel?

—¿Frío?

—Está en el refrigerador.

Draco rió. —Perfecto. Tomó el recipiente y le quitó la tapa, los ojos de Theo se abrieron.

—¿Qué hacer? —Draco se tocó los labios con un dedo—. ¿Mojar y aspirar o verter y tragar?

—¿No puedes hacer las dos cosas? —la voz de Theo estaba ronca de deseo.

Draco tomó la polla de Theo y la bañó en el yogur. Theo aspiró un aliento. —Jesús, está frío. Los labios de Draco rodearon la cremosa punta de la polla de Theo y chuparon. —Ah Dios, ahora no lo está —gimió Theo.

Draco untó más el yogur en las pelotas de Theo mientras apretaba la base de la polla, lamió lenta y sensualmente el tenso saco. Theo continuaba gimiendo, sus dedos o bien acariciaban o bien peinaban el pelo de Draco. Draco se metió el saco en la boca, con delicadeza haciendo rodar las pelotas de Theo antes de liberarlas, para después aspirarlas de nuevo, presionando el sensible tejido con sus labios, raspando ligeramente con el borde de los dientes hasta conseguir hacerlo gimotear. Draco le soltó, empujado a Theo hacia atrás para que sus codos descansasen en la superficie, entonces levantó las piernas de Theo por los tobillos y plantó sus talones sobre la mesa.

—¿Cuánto tiempo me vas a torturar? —preguntó Theo.

—Todo el que me apetezca. Draco recorrió con la lengua desde la punta de la polla de Theo, bajando por un lateral y pasando por sus pelotas hasta el trocito de piel de debajo. Justo en ese punto sensible de la raíz de Theo donde se puede tocar la próstata. Con las manos sujetando las rodillas de Theo, Draco presionó la lengua con fuerza detrás de las pelotas y chupó.

—Ooh, Jesús —jadeó Theo.

Draco no se paró, siguió trabajando el mismo punto, lamiéndolo y chupándolo, a veces frotándolo con la barba. Cada pocos segundos la punta de su lengua tanteaba el fruncido ano de Theo y lo repasaba rodeándolo. Cada vez que hacía eso, los músculos de los muslos de Theo se contraían y los dedos de éste se enroscaban en el pelo de Draco, tirando y luego liberándolo. Draco sonrió, sabiendo que Theo se debatía entre apartarlo y atraerlo aun más cerca. Notó el repentino cambio de la respiración de Theo, el filo desigual del sonido y se concentró en el mágico punto de carne oscura, chupando ligera, rítmicamente.

Sobre la nariz de Draco, las pelotas de Theo definieron más aun su forma y se separaron. Draco miró cómo se preparaban apretando la base de la polla de Theo y en ese instante, el semen estalló sobre su pecho.

—Ah Dios, mierda, joder, joder —la voz de Theo tembló mientras los chorros de semen seguían saliendo.

A Draco le encantaba hacerlo correrse sin tocar apenas su polla, demostrando así su control sobre él, pero ahora agarró la polla y chupó el resto de su orgasmo. Theo tenía semen sobre los pezones, a lo largo de todo su pecho. Después de terminar con la última gota, Draco lo dejó ir y Theo cayó hacia atrás sobre la mesa. Se golpeó la cabeza y gimió.

Gotas de semen habían rezumado de la punta de la polla de Draco, formando una columna lagrimeante de perlas que creció hasta gotear hacia abajo por su polla. Tenía que follarse a Theo, pero quería darle un minuto para recuperarse, y darse a sí mismo un momento para recuperar el control. Draco bajó las piernas de Theo que quedaron colgando. Con su cuerpo sobre la mesa y los brazos extendidos parecía una figura expiatoria sobre un altar. Dejando caer la cabeza sobre el estómago de Theo, Draco lamió una raya de semen con la lengua y lo tragó.

—¿Puedo probarlo? —murmuró Theo.

Pasando una vez más la lengua, Draco se apoyó entre las piernas de Theo para presionar la boca contra la de su compañero. Las lenguas bailaron unidas, cambiando el semen de uno al otro hasta que Theo lo robó. Draco no podía esperar más. Tiró a Theo de los pies y luego tuvo que estabilizarlo mientras él se balanceaba hacia atrás. Draco atrajo el cálido cuerpo de Theo hacia su pecho, resbalando sobre los restos de semen que quedaban entre ellos, presionando su impaciente polla contra la ingle de Theo.

—Hueles bien —susurró Draco.

—¿A qué?¿A yogur, semen y sudor?

—La combinación perfecta.

Draco movió su cadera contra la de Theo, sintió como la polla de Theo se encendía de nuevo y sonrió. Le encantaba lo sensible que era Theo, adoraba la mirada que aparecía en su cara cuando se corría, una mezcla de agonía y éxtasis. Draco deslizó una mano entre sus cuerpos, y se humedeció los dedos con el semen que quedaba, agarró las dos pollas masajeándolas juntas, la fricción envió pulsos eléctricos a su miembro e intensificó el dolor de sus pelotas.

—Al dormitorio. Ahora —ordenó Draco.

Se irguieron, Draco esperó a que Theo se pusiese de pie y mantuvo las distancias entre las manos de Theo y su polla.

—Todavía no —necesitaba un poco más de tiempo.

—Fóllame —gimió Theo recostándose en la cama.

Theo temblaba en una combinación de saciedad y deseo. Draco le había dado un orgasmo desgarrador y él quería devolverle el favor. Draco hizo que girase y lo colocó apoyado en las rodillas. La polla de Theo estaba ya recuperada, sobresaliendo de su cuerpo, creciendo a cada segundo que pasaba. Por cómo se sentía, supo que se iba a correr de nuevo, muy pronto. El musculoso cuerpo de Draco, caliente, sudoroso, le cubría desde atrás y su mano volvió a unir otra vez sus pollas frotando una contra la otra.

Moviendo el culo hacia Draco, Theo luchó contra el impulso de decirle que le amaba. No estaba seguro de haber podido articular palabra de todos modos, al menos no coherentemente y no quería que Draco pensara que era algo que le decía debido sólo al momento de pasión. Draco soltó la polla de Theo y se retiró, sus dedos comenzaron a masajear los tensos glúteos de Theo, que apretó las nalgas al sentir el frío contacto del lubricante, en ese momento dos dedos se introdujeron directamente en su cuerpo.

—Ten cuidado —jadeó, pero Draco no le hizo caso.

Draco torció los dedos en un movimiento brusco y Theo se mordió el labio para evitar gritar. Llevó la mano hacia su polla.

—Deja tu polla —rugió Draco.

Theo conocía ese tono de voz e hizo lo que le decía. Draco estaba enfadado por algo y Theo averiguaría por qué tarde o temprano. La cabeza de la polla de Draco sustituyó a sus dedos y se abrió paso en el apretado canal, un fuerte empujón que habría tumbado a Theo sobre la cama si no hubiese sido acompañado por el agarre de Draco en sus caderas tirando de él hacia atrás. No le dio a Theo ninguna posibilidad de acostumbrarse, ya que continuó chocando contra él como un toro enfurecido, aporreando con la polla el culo de Theo.

Theo se inclinó y gritó mientras Draco se hundía aún más profundamente. Draco golpeaba con fuerza. Demasiada fuerza, demasiado rápido. Theo apretó las sábanas con los puños y dejó caer la cabeza.

—¡Por el amor de Dios, Draco! —jadeó.

La dureza con la que Draco lo follaba llevaba a Theo hacia el orgasmo. Una parte de él quería que Draco parase, otra parte necesitaba correrse otra vez antes de que Draco lo hiciese. La cara de Draco llegó hasta su cuello y lo mordió con fuerza. Gritó y sintió cómo el líquido sedoso salía de su polla para caer sobre la cama. Se sorprendió de que aún le quedase algo dentro y le pareció que el último gramo de sus fuerzas había salido disparado a la vez que el semen. Si Draco no hubiera estado sosteniéndolo, Theo se habría derrumbado.

—¿Por qué no me lo dijiste? —gruñó Draco mientras seguía empujando.

—¿Decirte... qué...?

—Que has buscado a Hermione.

Mierda.

—¿Para qué, Theo? ¿Quieres espantarla? ¿Asegurarte de que no esté entre nosotros?

Theo luchaba contra un torbellino de emociones. Draco con un tremendo empujón final en el culo de Theo, bramó su orgasmo y Theo enterró un grito en el colchón. Draco salió rápidamente de él. Era la primera vez que había hecho algo así. Theo yacía derrumbado, intentando devolver algo de humedad a su boca. Draco cayó a su lado en la cama, mirándole fijamente.

—¿Bien? —preguntó Draco, su respiración desigual.

—Pensé que podría tratar de encontrarla para ti. Dijiste que no ibas a verla de nuevo, pero sabía que si tuvieses idea de cómo encontrarla, lo harías. No iba a decírtelo hasta que no supiera con seguridad dónde estaba. Quiero hacerte feliz, Draco. Joder, te quiero.

Theo podía sentir la amenaza de las lágrimas y saltó fuera de la cama. No iba a llorar y si lo hacía, no iba a ser delante de Draco. El cuerpo le dolía, sentía dolor. Draco le había lastimado. El corazón de Theo se encogió como si Draco lo hubiese alcanzado a través de las costillas y lo hubiese golpeado. Se tambaleó en la ducha y abrió el grifo, presionando la cara contra la pared. Si cualquiera con excepción de Draco lo hubiera tomado de este modo, Theo lo habría golpeado.

Draco entró en la ducha detrás de él y Theo se puso rígido, pero no se movió, tan solo dejó al agua caliente fluir sobre su trasero. Unos dedos indecisos frotaron sus hombros, masajeándole los músculos.

—Lo siento —susurró Draco en su oído.

—Sí.

Theo alcanzó el gel de ducha y comenzó a enjabonarse el dolorido cuerpo.

—Déjame hacerlo.

Theo no estaba seguro de si quería que Draco lo tocara directamente en aquel momento, pero no dijo nada y dejó a Draco agarrar el bote.

—Para ser policía, eres un poco lento a veces.

Theo apretó la mandíbula.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Piensa en ello, Theo. ¿Cómo he podido saber que has estado recabando información sobre Hermione?

Si, había sido lento. Theo se dio la vuelta para afrontarlo.

—También fuiste a la casa.

—No me quisieron decir nada. Me contestaron que preguntase al policía cuando le viera. ¿Qué coño estabas haciendo? ¿Le enseñaste la placa?

Asintió y Draco atrajo la cabeza de Theo hacia su hombro, estrechando las manos alrededor de su cuello.

—Jodido estúpido. Si lo comprueban, puedes perder tu trabajo.

—Quería encontrarla para ti.

Draco lo abrazó con más fuerza.

—Te deseo, Theo, pero ¿está bien que la desee a ella también?

Vaciló.

—Sólo pasaste una noche con ella. ¿Cómo lo sabes?

—Sólo pasé una noche contigo y lo sabía.

Algo se rompió dentro de Theo, la última y tenue esperanza de que las cosas podrían seguir como estaban. En aquel instante todo había cambiado. No podía mantenerse entre Draco y Hermione. Sería como tratar de detener un tren en marcha. Lo destruiría. Pero podía sobrevivir a eso. Sobreviviría.

—¿Ella tiene una hermana llamada Rosalie? —preguntó Theo.

Draco asintió y mientras veía la luz llenar sus ojos, Theo supo que la de los suyos se apagaba.

—Se llama Hermione. Vive en los Surrey Quays. No sé más que eso pero puedo intentar conseguir su dirección mañana.

—Gracias.

Se encogió de hombros entre los brazos de Draco, con la cabeza llena de pensamientos a los que no se atrevió a poner voz. ¿A quién escogerá? Cuando ella se entere de lo que somos y le dé un ultimátum, ¿a quién escogerá?


Notas de las traductoras

* Coq au vine: pollo al vino en francés. Curioso juego de palabras entre coq y cock: gallo en el
inglés correcto y polla en "nuestro" ingles...

* Arma de electrochoque, no tiene traducción, por lo que veo los polis de aquí también lo llaman así.

Ahora sí, lamento lo tarde pero he estado ocupada.

¿Adivinen quien consiguió empleo? Pss sí, yo. Eso significa mucho menos tiempo por aquí, lo siento, sean pacientes.

No pienso abandonar esto pero sí estaré menos.

PD: Volveré *inserte aquí voz de Terminator*