Fanfic basado en la novela (y peliculas) de "El Hobbit". Los OCs (Corina, Valit, Bikthal y Ehrica) son creación mía; todos los personajes pertenecen a J.R.R Tolkien y Peter Jackson.
Este es mi primer fic publicado (no el primero que escribo :P ) asi que valorare mucho que lo leais y comenteis! Gracias a los que le disteis ya una oportunidad a los capítulos 1-2 y gracias a todos los que os vayais incorporando por el camino!
Aviso a navegantes: quería aclarar de forma directa que en esta historia no va hay ningún pasaje o capítulo de slash ni de bromance.
Aquel solo fue el primero de una serie de Consejos a los que Corina asistió y que no solían tener ningún patrón en el tiempo: se convocaban cuando Thorin decidía que quería decirles algo. Corina siempre tenía que asistir, así lo indicaba el rey específicamente. Fili y Kili solían apuntarse siempre aunque alguna vez Thorin les prohibió entrar (normalmente cuando estaba de mal humor o cuando ellos estaban especialmente activos y podían estresarle). Balin siempre era muy bien recibido, aunque raramente Thorin le tenía mucho tiempo quieto, puesto que era con quien contaba para todas las misiones y expediciones.
El único gran problema era que cuando Balin iba a algún sitio, en la mayoría de los casos, se llevaba a Dwalin. Y entonces Valit se dedicaba profesionalmente a volver loca a Corina. Cuando regresaban y su tranquilidad se reinstauraba, siempre iba a ver a Balin para ver si él no había caído también en la tentación de matarse o matar. Normalmente estaba harto, pero era mucho más paciente e inalterable que Corina.
Cuando Dwalin estaba en las Montañas, Corina apenas veía a Valit. Alguna que otra vez le preguntó que a qué se dedicaba en todas sus horas perdida por la ciudad y Valit siempre tenía escusa: practicar lucha, hablar, beber cerveza, comer carne, reírse a carcajadas… A Corina todo eso le parecía muy bien, pero le parecía que aun así eran pocas cosas para pasar tanto tiempo. Pero lo peor que podía haber hecho (y que, obviamente, hizo) fue manifestar sus dudas a Dwalin.
Una tarde, casi seis meses después de la llegada estable de Valit a la vida de Dwalin, Thorin despachó uno de los Consejos y Dwalin mencionó que iba a tomar algo. Corina, con su problema para callarse, podía haber mantenido el pico cerrado pero, al revés, dijo de más.
- Ya te vas ir con Valit y no la vuelvo a ver hasta mañana, con suerte. No entiendo que hacéis tanto rato, tantos días, los dos solos...
- ¿Tú qué crees, princesita? A ver si lo adivinas. Espabila un poco, bonita. Si no, nunca lo harás tú.
- ¡Dwalin! - Balin fue quien cambio de color de blanco a escarlata aunque la burrada la había dicho su hermano.
Corina se quedó muda un buen rato pero no fue la única. Thorin en el momento que había caído en la cuenta de lo que había dicho su amigo, había bajado la vista y hacía como si revisara un libro donde apuntaba ideas y sugerencias de los Consejos. Mantuvo la mirada como si leyera pero Corina se dio cuenta de que no pasó de página ni una vez.
- Bueno, Thorin. ¿Nos podemos ir no? - Dwalin preguntó.
Thorin asintió sin levantar la vista. Balin empezaba a ser más rosa que rojo pero seguía todavía un poco en shock. Corina fue la primera que se decidió a hablar, básicamente porque si no podrían estar allí sentados los tres en silencio hasta el infinito.
- Menos mal que no has dejado venir a Fili y Kili, si no estaríamos aguantando sus veinte preguntas extrañas de turno. Si me disculpáis, les he prometido que cenaría con ellos y con Dís.
- Sí sí. Puedes irte.
- ¿Cenareis con nosotros?
- No creo, Cori. Pero gracias, linda - respondió Balin.
- ¿Thorin?
- No me esperéis. A lo mejor ceno tarde.
- Vale.
Corina sabía que, aunque a él no se le había notado como a Balin que el tema sexual le incomodaba, tampoco era algo que estuviera acostumbrado a escuchar. Lo que Corina no se explicaba mucho es porque estaba tan satisfecha con la reacción de él. A lo mejor era porque, como había dicho Dwalin, ella no era la única que tenía que espabilar.
Eso sí, desde ese día, nunca volvió a mirar a Valit con los mismo ojos al saber lo que hacía, seguramente todos los días que Dwalin estaba presente. Era como si ahora pertenecieran a dos especies distintas (más incluso que por la cuestión de mezcla de sangre de Corina), como si Valit fuera mayor y Corina tan pequeña como Fili y Kili. Era muy raro, no sabía explicarlo, pero lo sentía.
Independientemente de Valit, de Dwalin e incluso de Balin (y excluyendo, por supuesto, a Thorin que estaba en un nivel completamente distinto), la vida de Corina en las Montañas se centraba básicamente en Dís y los niños.
Siempre que Thorin no se sacara un Consejo de la manga, le gustaba despertarse pronto e ir a entrenar cuchillos y espada con ellos. Ambos tenían mucha más fuerza que ella (genética enana) pero ella era mucho más ágil y rápida que ellos (genética humana) así que a todos les venía muy bien practicar juntos porque les servía para aprender a reaccionar antes técnicas distintas. Después normalmente practicaban algo de armas de alcance. Con las hachas arrojadizas Corina era incapaz de tener un mínimo de puntería, así que a Fili no podía ayudarle mucho. Pero con Kili y los arcos lo pasaban genial, haciendo competiciones y retos. Kili era francamente bueno, a pesar de haber tenido mucho menos años para practicar que Corina, así que las competiciones solían ser ajustadas. Pero no solo iban uno contra el otro si no que a veces se unían contra Fili.
Una vez incluso compitieron contra Thorin, que les ganó a los tres. Fili y Kili le dijeron a Corina que se había dejado ganar y, aunque ella siempre lo negó, lo cierto es que no le echó todo el énfasis que podía en vencerle. Pero sabía que era mejor para todos que Thorin estuviera contento, ganar le solía gustar mucho, por tanto ella hizo en pro del bien mayor.
Por lo demás, no solía dejarse vencer por Kili y a Fili casi nunca. Era bueno que se esforzaran lo máximo posible. Y además se divertían todos más sacando lo mejor que tenían en cada momento.
Después de los entrenamientos, Dís solía obsequiarles a todos con sus deliciosos guisos y bebida fresquita. Normalmente, Thorin se les unía y algunas veces tenían invitados. Balin siempre era bien recibido. Dwalin y Valit también aunque Dís tenía un poco de reparo a que fueran tan poco discretos porque luego Fili y Kili empezaban a imaginar y desvariar y costaba volver a centrarles y evitar que hicieran preguntas o comentarios. Oin y Gloin también estaban invitados cada vez que se pasaban a traer novedades (pocas a esas alturas).
Corina miraba a su alrededor, esos días que eran muchos a la mesa, y pensaba que era precisamente con lo que había soñado y fantaseado todo el tiempo en el exilio. Normalmente siempre tenía a Fili a un lado, que tenía la manía de cuando era pequeño aunque menos exagerada, de agarrarle el brazo (la pierna ya le pillaba lejos). Al otro lado solía tener a Kili, que siempre acababa con la silla pegada a la de Corina y esperaba, sin decirlo pero echándole miradas de cordero, a que ella le pasara el brazo por detrás de la espalda y le abrazara. Eso también era muy parecido a lo que Corina recordaba que deseaba con sus niños desde las cabañas de pescadores, las llanuras o incluso desde su cueva del Eryn Vorn.
Por las tardes, había muchas cosas que hacer. Primero y ante todo, siempre le gustaba sacar un rato para ir a los antiguos lugares favoritos de su padre y usarlo como medio de comunicación y tributo hacia él y hacia su madre; exactamente como hizo en su día con el árbol rosado del bosque, necesitaba poder recordarles con el respeto y cariño que merecían.
Thorin le encargó como tarea no imperativa pero si importante para él, que ayudara a Dís a enseñar a Fili y Kili (más énfasis en Fili por su posibilidad de ser el heredero) todos los conocimientos que pudieran y que entraran en esas dos cabecitas tan volátiles. Thorin quería que supieran mucho más que simple lucha, eran del linaje de Durin, eso tenía que notarse en todo momento y no solo en mitad de la batalla.
La mayoría de las tardes sin Consejo eso era lo que hacía, coger a Fili, esperar a que Kili les siguiera y leerles libros, fragmentos de manuscritos, canciones y demás sobre los grandes reyes enanos y las batallas de su tiempo. También les hablaba de tesoros, de reinos, de los dioses, de todo lo que se le iba ocurriendo y que pudiera servirles a ellos para algo en el futuro. Aprendían rápido y tenían buena memoria, lo único complicado era mantenerles atentos y Corina no tardó en descubrir que tenía que jugar con ellos, casi como si fueran niños, para que estuvieran centrados. Cuando lo conseguía, les cundía mucho el estudio. Corina no podía evitar sentir, igual que cuando les conoció de bebés, que ellos eran muy especiales. Les quería tanto, sus niños, sus pequeños, sus sobrinitos.
Solo existía algo que Corina ponía por delante de pasar la tarde con Fili y Kili y era pasarla con Thorin. Alguna vez, al principio, inventaba Consejos y solo le decía a Corina que fuera. Pero pasó el tiempo y no había mucho más que hablar de la misión sin noticias del exterior. Cualquier idea se podía discutir cuando Balin, Dwalin, Oin o Gloin vinieran y hubiese que organizar Consejo numeroso.
Un día, después de comer, Thorin le dijo a Corina que le acompañase al exterior. Thorin, para ser enano, no tenía ningún problema con dejar la protección del subterráneo y salir al aire libre. A veces incluso cogía un pony y se iba a cabalgar por los alrededores. Si no se alejaba más era porque tenía obligaciones y asuntos que solucionar, ya fuera en las herrerías y fundiciones, o directamente como monarca. Pero Corina veía en Thorin lo que había sido ella cuando había tenido todo el mundo disponible por recorrer; le gustaba la libertad y sabía gestionarse fuera de su hogar. A lo mejor por esa similitud que los diferenciaba de la mayoría de los enanos, Thorin se llevaba a Corina a sus paseos cuando le daba por salir. Eso la hacía sentirse tan especial.
Corina siempre le agradecía a Thorin sus atenciones y su confianza y las primeras veces él lo aceptaba y hablaban de lo mismo que en el palacio pero fuera. Más adelante fue cuando dejó de permitir a Corina que le diera las gracias por nada y empezaron a hablar de si mismos. Thorin le contó en pequeños fragmentos gran parte de lo que había ocurrido en su vida desde que le nombraron rey. Preguntaba a Corina por sus viajes y cuando ella contaba alguna penuria que habían pasado, él parecía empatizar; algunas veces le echaba la bronca por no haber vuelto de cabeza a su hogar y otra veces mostraba tristeza por si él lo había causado indirectamente. Cuando Corina le preguntó una vez porque se interesaba tanto por lo que había hecho ella, él sonrió.
- Porque es lo que hacen los amigos, conocer a sus amigos lo mejor posible.
Corina estuvo en una nube un mes después de ese comentario.
