Por cierto, soy una chica jaja, que he visto que había dudas, y es normal, por el Nick, así que os diré que elegí Edrielle porque es la diosa del viento y la imaginación. Es uno de los nombres de la diosa de los mil nombres, la que trae la inspiración. Así que por eso la elegí, porque seguramente ella es la que me ayuda a escribir XD.
Dicho esto, abrid vuestra mente, porque aquí va a pasar de todo. A leer!
Draco no podía permitir que Atenea bailara con el imbécil ese después de haberla tenido en sus brazos de esa forma, y desde luego que él no quería bailar nunca más con otra que no fuera ella. Así que hizo lo que mejor se le daba: no pensar.
Cuando vio al 88 acercarse no pensó antes de coger de la mano a la chica y arrastrarla con él donde quiera que fuera, con tal de mantenerlos alejados.
Al tiempo que los rostros difuminados pasaban a su alrededor mientras él se dirigía a la única puerta abierta que localizaba, se dio cuenta de que quizá Atenea no quería ser arrastrada de esa forma con él, y que quizá ella sí que quería bailar con otro tipo, o le parecía una gran tontería propia de un niño lo que estaba haciendo.
Pero cuando se volteó a mirarla, la encontró riendo. Parecía estar divirtiendose. Parecía feliz. Y eso lo animó al tiempo que cruzaba unos ventanales y salía a un jardín con numerosas plantas y árboles muy bien cuidados.
Aminoró el paso y Atenea se colocó a su lado, mientras ambos seguían andando todavía a buen ritmo, se miraron y se rieron de la situación. No les dio tiempo a decir nada más.
–ochenta y ocho – escucharon llamar.
Ambos se giraron, y estaban lo bastante ocultos para no ver a nadie. Draco posó dos dedos en los labios de ella pidiéndole silencio, y con cautela la condujo tras unos setos, mientras otra voz se unía a la anterior. Era la organizadora.
–se requiere la presencia del número 88 y el número 42 en el salón de baile. Se está llevando a cabo una actividad y sus parejas les están esperando – anunció al tiempo que el rubio se dejaba caer tras el seto arrastrando a la chica con él.
Hermione todavía sonreía con gracia ¿Qué estaban haciendo? Su sonrisa cambió a un gesto de sorpresa cuando Magogris la arrastró tras el seto, haciéndola agachar con él, al tiempo que la colocaba entre sus piernas, de espaldas a él y la envolvía por la cintura, pegándola a su pecho.
Sintió el calor de todo su cuerpo subiendo a sus mejillas al notar la malla del disfraz de él a su espalda y su brazo en la cintura, apretándola hasta que sintió como la mejilla de él acariciaba su cabeza, distraídamente. Estaban muy muy cerca, y por él amor a Merlín, quería estar más cerca.
Se atrevió a girar su cabeza un poco hacia arriba para mirarle. Magogris todavía tenía una expresión divertida en el rostro, y estaba estirando el cuello con precaución para ver si alguien se acercaba.
Les habían llamado un par de veces más, pero parecía que los habían dado por ausentes y se habían cansado.
–un momento – dijo el chico soltándola para cerciorarse de que no había nadie, incorporándose un poco más y sacando la cabeza. – bien, estamos salvados – dijo, sentándose a su lado y riendo.
Hermione no había podido dejar de mirarle, sentada en el césped, con las piernas a un lado, y el vestido bailando a su alrededor.
Cuando Draco se incorporó a su lado y volvió a mirarla, aun siendo de noche y solo iluminados por algunas farolas de jardín, podía ver sus ojos brillantes puestos en los suyos, un precioso rubor en la parte de sus mejillas que la máscara no ocultaba, una expresión de desconcierto, pero supo que ya no había vuelta atrás cuando vio sus deliciosos labios entreabiertos llamándole.
Alargó la mano y sus dedos alcanzaron su mejilla, acariciándola, al tiempo que se acercaba más a ella, inclinándose. Bajó la mano por su cuello hasta posarla en su nuca para poder acercarla, pero antes, dejo de observar sus labios y la miró a los ojos pidiendo un permiso mudo.
Sus ojos, dentro de las aberturas de la máscara, solo decían una cosa: permiso concedido.
Se acercó lentamente, disfrutando de como el espacio entre los dos se iba reduciendo hasta rozar su nariz, y por fin alcanzar sus labios, que lo recibieron con una presión deliciosa. Posó su otra mano en la cintura, acercándola a su cuerpo y eso pareció envalentonarla a ella, que lo rodeó alrededor de su cuello, aferrándose con fuerza cuando él profundizo el beso, queriendo probar cada rincón que le ofrecía su boca.
Hermione sentía su corazón latir desbocado y su estómago amenazaba con dar volteretas dentro de ella. Los labios de él se movían sobre ella con maestría, una de sus manos bailaba entre su nuca y su mejilla, acariciándola con delicadeza, mientras la otra mano la presionaba contra él, quizá demasiado fuerte, pegándola completamente a su cuerpo.
Se sintió ligeramente mareada cuando él comenzó a dejar de ejercer presión y fue entonces cuando descubrió que necesitaba respirar para vivir, aunque también descubrió que prefería morir por falta de aire antes que dejar que sus labios dejaran de sentir esa delicia.
Igual de despacio que se había acercado, Magogris liberó sus labios y ambos abrieron los ojos pesadamente, mirándose a través de la apertura de sus máscaras y no muy dispuestos a alejarse el uno del otro.
Draco fue el primero en reaccionar, desviando la mirada y desordenando su pelo. Fue entonces cuando Hermione comenzó a sentirse totalmente avergonzada ¿Qué estaba haciendo? Mejor dicho ¿Por qué no seguían haciéndolo?
–vaya… – dijo él. Su voz sonaba algo más ronca que antes. Volvió a mirarla. Ella estaba sonriendo de forma tímida, mirando su regazo, en el que jugaba nerviosa con sus manos.
–sí, vaya… – murmuró ella, levantando la vista a su encuentro.
No necesitaron más que esa mirada entre los dos para que sus manos volvieran a alcanzarse el uno al otro, lo mismo que sus labios, que parecían necesitarse como si de algún tipo de droga se tratara.
Hermione no se reconocía a sí misma. Cuando se quiso dar cuenta estaba prácticamente sobre el regazo de él y sus manos eran incapaces de dejar de probar la suavidad de su pelo rubio y liso.
Volvieron a separar sus labios, respirando entrecortadamente, y con sus frentes todavía apoyadas la una sobre la otra.
–esto no me había pasado nunca… – reconoció Hermione, y sus ojos se encontraron de nuevo a escasos centímetros.
Como respuesta, el volvió a acercarse a sus labios, regalándole un suave beso de apenas unos segundos, acariciando su rostro con ambas manos.
–entonces ¿no estas enfadada porque te haya sacado de esa forma del salón? – pregunto él, sin hacer nada por alejarse de ella. Sus alientos se entremezclaban mientras hablaban. Él no podía quitar las manos de sobre ella, y ella se agarraba a su malla con fuerza.
Hermione sonrió, y él se contagió de su sonrisa.
–¿bromeas? Ha sido lo mejor de la noche – reconoció ella sin dejar de sonreír. Era tan placentero sentir sus manos acariciando su mejilla, su barbilla, su cuello…
–¿quieres volver? – le susurró él, rozando sus labios al hablar.
Hermione sabía que debía volver a dentro si no quería acabar tirada en el césped, con él encima de ella, besándose apasionadamente y rodando ladera abajo.
–deberíamos – dijo al tiempo que se atrevía a besarle con delicadeza. Y de pronto él la tenía atrapada de nuevo entre sus brazos y su lengua la exploraba, haciendo cosquillas en sus labios que se extendían por el resto de su cuerpo.
Esta vez cuando se separó, el chico se incorporó, poniéndose de pie y extendiéndole una mano para ayudarla a levantarse.
Se miraron y Hermione soltó una carcajada al tiempo que intentaba arreglar el pelo de él. Al parecer sus manos y ese pelo endiabladamente plateado se lo habían pasado muy bien.
Se rieron juntos mientras intentaban adecentarse para que no pareciera que acababan de echar un polvo tras un árbol y volvieron al salón, donde al parecer el absurdo juego había terminado y la mitad de la gente había desaparecido.
Cuando Hermione consultó su reloj se dio cuenta de que llevaban casi una hora fuera. ¿Cuánto tiempo habían estado besándose, por el amor a Merlín?
Cuando llegó a su casa esa noche, nada más entrar por la puerta, Hermione miró su móvil con nostalgia. Entonces sonó.
Magogris: ya te echo de menos.
Atenea: ha sido una noche maravillosa.
Magogris: no debí haber dejado que te fueras todavía.
Atenea: teníamos que ir a dormir ¿no?
Caminó hasta su habitación sin poder borrar la sonrisa de su rostro. Estaba agotada, necesitaba ponerse cómoda y tumbarse. Sobre todo, quitarse la máscara.
Magogris: tus labios son mucho más divertidos que mi cama.
Vale, estaba a punto de ponerse a dar saltos y a bailar de emoción, pero era una adulta ¿no? No podía hacer la danza de la loca enamorada así como así, tenía 25 años.
Atenea: ahora las conversaciones por aquí, me van a saber a poco.
Magogris: no creo que podamos alargar mucho más esto. Quizá haya llegado el momento de conocernos de verdad, pronto.
Atenea: creo que si… qué sentido tiene retrasar esto más tiempo.
Magogris: te aseguro que esta noche voy a soñar contigo, Atenea.
Atenea: y yo contigo, Magogris. Buenas noches.
Magogris. Buenas noches.
Seguramente no os esperabais esto de Hermione, ya que era la primera cita y tal y tal, pero realmente, llevan mucho tiempo conociéndose, y todo lo que sentían a través de sus móviles, se ha magnificado al tenerse delante, y se han dejado llevar, y lo han disfrutado, que es lo importante.
Ahora quieren más, después de esta noche, saben que ya no pueden retrasar lo inevitable y quieren conocerse.
Ya veremos qué pasa cuando se den cuenta de quienes son. Quizá después de todo lo que ha pasado entre ellos ya no les importe, o quizá sí… quien sabe… (yo lo sé jajaja)
Como siempre, muchas gracias a:
artemisa2013, Vigrid, Celevhr, Lorena, Esmeralda Malfoy, arovgo, sailor mercuri o neptune, Kai Alexander Malfoy-Black, Raven1189, Florr Nott, , Lady Sunny, Amelie Polain, Samanta-malfoy, Doristarazona, dianetonks, Annykzhenn.
Besos!
