Capítulo 9: A un paso de la amputación.
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La familia Okita era muy unida. En aquella casa humilde (que gozaba de un prestigio) se acostumbraba a cenar todas las noches junto con los miembros de todo el hogar. Allí, entonces, sentados todos en el comedor se dieron cuenta que alguien hacía falta en la mesa. El mal humor que emanaba de esa persona no se sentía en el aire. El silencio sepulcral que se había formado no fue roto hasta que la mujer, ama de casa, decidió romperlo al finalizar la cena.
―Sou-chan ―ella miró a su hijo mayor, que era la estampa de Kazumi, pero versión masculina. ―¿Podrías ir a ver qué ocurre con Kazu-chan? me parece extraño que no haya bajado a cenar, teniendo en cuenta su apetito voraz.
El pelinaranja suspiró agotado. No quería inmiscuirse en los dramas de su hermana pero órdenes de su madre, eran órdenes sagradas. A paso lento subió las escaleras y se dirigió a la habitación que pertenecía a la adolescente y en cuanto estuvo enfrente de la puerta, tocó. Un sonido vago que aparentemente provenía de su hermana lo alertó.
―Hey, Kazumi, ¿todo bien? mamá quieres saber que pasa ―otro sonido se hizo presente, por lo que él decidió irrumpir en la habitación. En ese momento encontró a su hermana hecha un lio de persona. Tenía leves cortes en las mejillas, hojas secas enredadas en su cabello, lodo pegado en su piel y al parecer, una torcedura de tobillo, nuevamente. ―¿Me puedes decir qué demonios te pasó?
―Me gustaría que me ayudaras, si no es mucho pedir ―Kazumi, tan mal como se veía, soltó pequeños quejidos de dolor después de haber articulado dichas palabras.
Fue entonces cuando del cuarto de baño salió Mei. Inmediatamente empezó a maquinar una excusa en su cabeza para no tener que decir que si su mejor amiga se encontraba en ese estado era porque había saltado de la ventana de un segundo piso mientras, literalmente, cometían un delito denominado como allanamiento de morada y, por si fuera poco, la pelinaranja había metido una cantidad de bichos probablemente muy tóxicos en el armario de uno de los habitantes de esa casa.
―Se cayó ―fue todo lo que Mei dijo.
―¿Y bien? ¿Vas a ayudarme o no? idiota.
―¡¿A quién le dices idiota?! ¡Niña estúpida! ―gritó el muchacho, ofendido.
―Pues a ti ―Kazumi marcó con obviedad. Mei se rio entre dientes. Esa era una linda relación entre hermanos. ―Escucha, Sougo, solo quiero que me ayudes a limpiarme toda esta sangre. Estoy muy adolorida para hacerlo yo y a Mei-chan le da asco.
Sougo inmediatamente bajó la mirada hacia el pie, en donde, de la herida que lo adornaba, salía un líquido rojo espeso que ya se había escurrido hasta los dedos.
―Eso no se ve nada bien ―opinó el hombre, acercándose un poco a ella ―. Esto es más grave de lo que parece.
―¿Q-qué quieres decir? ―preguntó Mei, aterrada.
El mayor de los hermanos Okita dio varias vueltas alrededor de la menor; después de agachó un poco examinando el corte sobre el dorso del pie que le rasgaba la piel. Entre más pasaban los minutos y él no decía nada, más preocupadas estaban las dos adolescentes.
―Definitivamente, tendrán que amputarte el pie ―y, por el hecho de que su hermano estaba estudiando medicina, ella le creyó completamente. No tomó en cuenta la cara de diablillo que había hecho Sougo al decir aquello.
Kazumi y Mei se miraron con horror. En ese mismo instante, la pelinaranja se imaginó a sí misma en un futuro no tan lejano sin un pie y usando un bastón para poder jugar baloncesto por el resto de su vida. Todo era culpa del maldito cuatro ojos verde.
―¡NO! ¡No quiero! ¡No quiero que me lo corten! ―sentía pánico en tan solo pensar en que le arrebataran una de las extremidades de su cuerpo.
―Ya, ya, no es para tanto ―el hombre le restó importancia. Había sido una broma, carajo, solo una broma.
―¿Cómo no es para tanto? ―preguntó Mei angustiada. ―¡No quiero tener una amiga coja!
―Cálmate, hombre. Sólo fue una broma. Hay que llevarte al hospital.
Y con esa última oración, Kazumi pensó que era todo. Eran los últimos minutos que podía vivir con su pie siendo parte de su cuerpo. ―¡Noooo! ¡Yo no iré a ningún lado a que me amputen nada! ―¿Oha-asa la estaba castigando por la venganza? ¡Se arrepentía de sus actos, de eso estaba segura!
Recogiendo lo poco que le quedaba de fuerza, le tiró un cojín directo a la cara su hermano y, dando saltitos con su pie bueno, se dirigió directamente al baño, lugar en donde se encerró.
―¡Kazu-chan, sal de ahí! ―la pelinegra intentó hacer entrar en razón a su amiga; a pesar del peligro de amputación, tenían que ir al hospital. Ya luego, si tenían que hacer el procedimiento, le compraban una prótesis; una bonita.
Pronto, a los golpes en la puerta del baño se unió Sougo, intentando que la chica saliera. Tan fuerte fue la conmoción causada que, a los vecinos Miyaji le llegaba todo el bullicio, razón por la que decidieron ir a averiguar qué demonios ocurría. Para cuando ellos llegaron la habitación, se encontraron con Mei y Sougo clamándole a una puerta y, tras ella, una voz que carecía de feminismo.
―¡Ya, Kazumi! ¡No te van a hacer nada! ¡Sal de ahí de una buena vez!
―¡Ni de broma! ¡Púdrete!
―¡Kazu-chan, prometo que la prótesis será bonita!
―¡¿Se puede saber qué demonios hacen ustedes?! ―gritó Kiyoshi, sin lograr comprender todo el asunto.
―Sí, dejen de gritar como locos. Se les puede escuchar desde la calle ―mencionó Yuuya.
―Kazu-chan está encerrada en el baño y no quiere salir, Kiyoshi-kun. ―Mei lo puso al tanto.
―¿Y por qué se metió allí?
―Se lastimó el tobillo y cree que si la llevo al hospital van a amputárselo. ―comentó el pelinaranja.
―¿Se lastimó de nuevo un tobillo? y además, ¿es que la herida es muy grande? ―Yuuya miró desconcertado la puerta de baño.
―No, nada de qué preocuparse.
―¿Y entonces? ¿Cómo se le metió esa idea en la cabeza? ―Kiyoshi frunció el ceño.
―Sougo-kun le dijo que…. ―y la boca de Mei fue silenciada por la mano de Sougo.
―No sé, quizá alguien en la calle que la vio caer. Ya sabes cómo son las personas. Hablan pestes del servicio de medicina ―dijo, deshaciéndose así de toda responsabilidad por la conducta de su rara hermana menor. Mei rodó los ojos. ―Kiyoshi-kun, intenta llamarla tú, quizá a ti te escuche.
Uno tras otro, intentaron por todos los medios que la chica abandonara aquel cuartito de baño, sin conseguir éxito alguno. Probaron con decirle que ya no la llevarían al hospital, ni a una enfermería, ni nada que se le pareciera. También intentaron diciéndole que saliera para que así Sougo la pudiera aunque será curar e incluso intentaron forzar la cerradura para que la puerta se abriera, pero nada funcionó. Los minutos parecían haber sido horas mientras contemplaban el poco éxito de sus incontables esfuerzos.
Entonces, iluminado por Buda, Alá, o cualquier entidad divina, Miyaji Kiyoshi tuvo una idea. Una buena. Buscando en su celular, encontró lo que parecía ser el famoso horóscopo que ella y el cuatro ojos milagroso seguían como si fuera pan y ellos aves; lo puso a sonar, y, en menos de lo que pensó, la chica estaba fuera por puro reflejo. Fue un acto de debilidad, pero es que ella no se pudo resistir. Y, con un golpe sonoro proporcionado por Yuuya, Kazumi cayó de lleno en el suelo, inconsciente. El menor de los Miyaji espera vivir el resto de su vida sin que la pelinaranja quiera cazarlo y arrancarle las bolas.
―Vaya, si funcionó ―dijo Mei sorprendida.
―No me vengas con eso, que tu dudaste desde un principio en el plan ―contestó Kiyoshi, mirando a su amiga acostada en el suelo.
―Espero que no nos odie después de esto ―Yuuya tenía escalofríos de solo pensar en su futuro.
―Bueno, eso ya no importa ―dijo Sougo. ―Ahora tenemos que llevarla al hospital.
―¿Y si se despierta y sale corriendo? ―Mei se puso morada.
―¿Y si empieza a romper todo lo que encuentra, y de paso a nosotros? ―le siguió Yuuya.
Tanto el mayor de los Miyaji como el mayor de los Okita cruzaron los brazos y miraron el cuerpo desplomado sobre el suelo. Pensaron en diferentes alternativas para escapar de aquella situación, se miraron el uno al otro y luego, de la nada, Sougo sacó un calmante de esos que hacían dormir hasta un caballo.
―¡Le daremos esto! ―dijo el pelinaranja mientras asentía con determinación. Mei secretamente se preguntaba si todos los hermanos mayores eran así. ―Bien, aquí tienes ―le pasó entonces el frasco a Kiyoshi.
―¿Ah? ¿Y por qué yo?
―Porque tú eres el más valiente de todos nosotros.
―¡Y una mierda! ¡Eres su hermano mayor, ¿no?! ¡Dásela tú!
―Kiyoshi-kun, un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer. Además, yo debo llevarla al hospital.
―¡¿Eso qué demonios significa?! ¡No me jodas! ―aun así, con el frasco en mano, el rubio se agachó para llegar a la chica inconsciente en el suelo y, como todo buen héroe, vació la botella de una sola en la garganta de Kazumi.
Ahora sí, estaban seguros de que Kazumi ya no se despertaría por un buen rato.
Con eso en mente, Mei fue rápidamente a buscar una bufanda para abrigar a su amiga mientras Sougo utilizaba una funda vieja que ya no usaba para hacer una improvisación de venda en su tobillo.
―Bien, hasta aquí llego yo. Es muy tarde y debo ir a casa ―dijo la pelinegra. ―Mañana iré a visitar a Kazu-chan al hospital. Suerte, Sougo-kun.
―Nos vemos, hermano mayor ―los Miyaji también habían huido. Los dejaron solo con lo más difícil que quedaba por hacer:
Poner a Kazumi en el asiento trasero de su motocicleta sin que ella se cayera.
Probó primero con solo sentarla, pero ella se movía demasiado, tal vez porque estaba soñando como matarlos a todos. Intentó ponerla delante de él, pero fue la misma historia. Al final, decidió amarrarla a él para que se mantuviera quieta durante el viaje. Para fortuna del mayor, la travesía con su hermana violenta que babeaba dormida solo duró unos pocos minutos.
―¡Internen a esta chica, por favor! ―fue lo único que dijo a la recepcionista.
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―Mamá, onii-chan estará bien, ¿verdad? ―preguntó la pequeña de ojos y cabellos verdes.
―Claro que sí. Solo fue una alergia severa. Estará pocos días internado. Shintarou no es tan débil.
La pequeña asintió. ―Me pregunto cómo habrán llegado tantos insectos a su cuarto.
―Debemos fumigar nuestro hogar, de eso estamos seguros. Ahora, vámonos, dejemos descansar a tu hermano.
¡Y vaya que ha sido un tiempo desde que escribí y publiqué algo acerca de este fanfic!
Lamento si pensaron que lo abandonaría, pero no. No lo haré. Solo que está eso que llaman vida real y me ha consumido de una manera horrenda. Aun así, quise publicar esto que...no se de donde demonios salió. El próximo capítulo creo que ya se lo imaginan xD debe ser horrible encontrarte con tu rival en pleno hospital :v
También quiero decir que iré cambiando la estructura en la que está escrito el fanfic (como poner el guión largo y esas cosas) además de corregir algunos errores ortográficos que pasé por alto. Lo siento, se me fue el dedo con eso :v
¡Bien, aquí va las respuestas a los reviews!
AI tsukiyomi: De cierto modo, no voló xD solo cayó de una forma poco femenina y muy dramática desde un segundo piso, lo cual, le costó todo lo que este capítulo ha abarcado xD ¡Gracias por el review!
agatali12: Yo también tengo un amor hacia los tsunderes inexplicable owo supongo que es por su inusual carácter. ¡Gracias por comentar!
Hasaki'cchi: Rentaro es un ser necesario en este fanfic. Cuando ya no lo sea, lo mato (?) nah xD bueno, debo confesar que yo también los shippeo :D
Lexie: Eres la que más comenta mi fanfic y por eso te estoy eternamente agradecida. Lamento la espera, y el año que pasaste sin saber nada de este fic, pero quiero que sepas que aunque me tarde mil años, actualizaré. ¡Siempre leo tus reviews! :3
Y bien, eso fue todo. Gracias, de verdad. Lamento la espera de todo corazón.
¡Feliz navidad atrasada y un año nuevo muy lindo para todos!
