Historia de amor desde la cárcel

Capítulo 9

Advertencias: sadismo, crueldad, sangre, incesto, asesinato, muerte y un flashback muy largo y sangriento xD Como salido de un película de terror… así que si no les gusta este contenido o son sensibles a este tipo de cosas, mejor no lean! Y lo digo enserio. Están advertidos!

Marik y Bakura entraron en la celda, esperando encontrar una escena muy diferente a la que la realidad les mostró.

Yugi estaba en la cama, sollozando fuertemente. Y Yami no se veía por ninguna parte.

-Yugi, qué pasa?- preguntó con preocupación Marik, acercándose al chico. Este no se movió, sin embargo, articuló unas palabras.

-Fue mi culpa…fue mi culpa!! Yo no snif… yo no quería decir eso!!- exclamó el menor.

-A ver niño, explícate!- le dijo Bakura, tomando por los hombros y obligándolo a sentarse. –De qué estás hablando? Y donde está el Faraón?- preguntó. Yugi miraba al vacío, sin saber en realidad qué decir. "Pues resulta que le dije a Yami que era un monstruo… ahh si, por cierto me dijo que me amaba y yo lo contradije", no, si decía eso… conociendo a Bakura, bueno no quería ni imaginarse qué haría.

-No sé donde está- optó por responder solo a la segunda pregunta. Las lágrimas no dejaban de caer. Se sentía culpable. Había sentido miedo, hacia alguien que de verdad no lo merecía.

-Y qué fue tu culpa?- preguntó el Robatumbas, mirándolo con seriedad.

Yugi bajó la mirada.

-Yo…- susurró, buscando las palabras correctas. –dije algo que… no tenía que haber dicho y… snif… yo- no pudo terminar, debido a los sollozos que luchaban por salir. Esto logró enfurecer al albino.

-Que demonios hiciste!?- exclamó, quería una respuesta, y la quería ahora.

Sin embargo, una exclamación de sorpresa por parte de Marik lo hizo dirigir su atención hacia este, solo para encontrarse con una escena que antes le era muy familiar, pero que había dejado de ver hace años.

El Faraón estaba ahí. Su ropa y su rostro cubiertos de sangre, y obviamente la sangre no era del joven. Sus ojos mostraban ese sadismo y odio que tiempo atrás habían mostrado.

-Yami… que has hecho…?- susurró Marik.

Yugi, al escuchar la conmoción, miró la escena. Sus ojos se abrieron en impresión y las lágrimas aumentaron. –"No… Yami…"- se dijo, al entender de inmediato lo que había sucedido. No podía creerlo… era la imagen más aterradora que había visto.

-Solo me tomé un tiempo de diversión… de mucha diversión jaja- rió Yami. Y sin esperar nada se acercó a su cama, buscando algo.

-No puedo creerlo! Como te atreves, maldito! Crees que así vas a arreglar todo!?- exclamó Bakura, acercándose al joven, con la intención de golpearlo.

Sin embargo, Yami tomó el brazo del albino con fuerza, torciéndolo y sacándole una exclamación de molestia.

-Suéltame Faraón!- exclamó con rabia el Robatumbas, intentando alejarse. Pero el joven no quería soltarlo.

-Nadie toca al Faraón, entendiste!?- preguntó el de ojos carmesí, ejerciendo aún más presión en su agarre. –Entendiste, idiota?- interrogó, antes de soltar por fin el brazo del albino, solo para darle un fuerte golpe en la mejilla. El Robatumbas cayó al suelo, de su labio salía sangre.

-jaja, montón de estúpidos- susurró Yami, tomando algo de ropa y saliendo de ahí.

-Bakura!- exclamó Marik, arrodillándose al lado del albino.

-Maldito… voy a matarlo- susurró con rabia el Robatumbas, limpiándose con su mano la sangre que caía en ese momento de su labio.

Un sollozo los hizo mirar hacia atrás. Era Yugi, quien estaba abrazándose a sí mismo, llorando en silencio.

-Yami… es mi culpa… todo… snif… es mi… culpa!- sollozó con dolor. No podía creerlo, Yami le había dicho que lo amaba, y él… todo lo que había dicho… Y ahora por su culpa Yami había vuelto a ser como antes.

-Por qué?... Yami… mi Yami… te amo…- susurró una y otra vez.

Había perdido toda esperanza al ver a Yami en ese estado. Jamás iba a volver a ver al joven del que se había enamorado…

Ahora solo tenía a un frío asesino…

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Entró a los baños, ganándose las miradas de todos los que estaban ahí.

Sonrió con malicia, al ver a todos los reos mirando la sangre en sus ropas y rostro con sorpresa y temor.

-Los que no quieran ser los siguientes, pueden irse- susurró con burla, riendo divertido al ver cómo todos los hombres salían en estampida del lugar. Ahora tenía todo el espacio para él solo.

Se metió a una de las duchas, quitándose toda prenda que tenía puesta.

Dejó luego que el agua cayera sobre él. Cerró sus ojos, su cuerpo relajándose. Un recuerdo vino a su mente de pronto.

Sonrió, decidiendo ver ese recuerdo…

Flashback

Entró a la casa, buscando con la mirada a dos personas en especial. Caminó un poco, mirando cada detalle de la casa en la que había vivido por tantos años.

Escuchó de pronto un ruido en la cocina y sonrió con maldad al ver a su madre ahí.

Caminó dentro sin hacer ruido. La mujer le estaba dando la espalda, mirando el agua que estaba hirviendo. Brincó de pronto al sentir dos brazos rodear su cintura.

-Te extrañé, mamá- susurró una voz a su oído. Sus ojos se abrieron en impresión al reconocer la voz de su hijo. Se dio la vuelta, mirando esas dos joyas carmesí.

-…Yami…- dijo aún sin creerlo. Habían pasado algunos años desde la última vez que había visto a su hijo. Sin embargo, sintió miedo en ese momento. La sonrisa del joven frente a ella no le gustaba para nada.

-Qué pasa mamá, no estás feliz de verme?- preguntó el joven, aparentando estar ofendido.

-Qué haces aquí?- interrogó.

-No puedo visitarlos de vez en cuando?-No hubo respuesta esta vez. Sin embargo, esto no pareció importarle al joven, quien llevó su mano hasta la mejilla de su madre.

-Siempre has tenido una piel tan perfecta… y un rostro tan juvenil- susurró, mirando luego los ojos verdes de la mujer. Pasó sus brazos alrededor del cuello de su madre, escondiendo su cara en él.

-No quieres tener a tu hijo una vez más?- preguntó, dejando un camino de besos en el cuello de la mujer.

-Yami…-

-Siempre te gustó sentirme dentro de ti, lo recuerdas?- interrogó en un susurro. Sus ojos carmesí miraron en ese momento la olla con agua hirviendo, y una sonrisa malévola apareció en sus labios. Extendió su brazo, y tomó la olla, sin hacer ningún ruido.

Se separó un poco de la mujer, esta vez mirándola con frialdad.

-Pero nunca te importó el hecho de que yo lo odiaba- le dijo con odio y en un segundo se separó por completo de la mujer, y le echó el agua hirviendo en el rostro.

Un grito desgarrador salió de la boca de la mujer, quien cayó de rodillas al suelo, sintiendo su rostro quemarse bajo el agua hirviendo.

-Jaja dile adiós a tu bello rostro… mami- rió divertido el joven, mirando como su madre lloraba y gritaba del dolor. –Shh no grites. No queremos alertar a los vecinos, o si?- preguntó con burla, arrodillándose frente a ella y mirándole el rostro, o lo que quedaba de él. Estaba lleno de heridas, rojas, tal vez demasiado rojas. Sus ojos estaban cerrados, y era muy seguro que hubiera perdido la vista.

-Maldito! Eres un demonio!- exclamó la mujer, sin dejar de gritar. Esto pareció enojar al joven, quien sacó un cuchillo de su ropa.

-Cállate de una vez!- gritó con odio, antes de apuñalar a la mujer. Los gritos cesaron de inmediato y el cuerpo frente a él detuvo su movimiento.

-La única maldita aquí eres tú- susurró con desprecio el joven. Una exclamación de sorpresa a sus espaldas lo hizo voltearse. Y ahí estaba su padre, mirando con horror la escena frente a él.

-Hola papá- saludó el joven, poniéndose en pie. El hombre de inmediato salió de ahí. –Jajaja cobarde- susurró mientras lo seguía con toda tranquilidad.

Lo encontró en la sala, mirando el teléfono con terror.

-Lo siento, tuve que desconectarlo- le dijo Yami con burla. –Nadie debe interrumpirnos papá-

-Yami… no lo hagas- susurró el hombre, dejando ver el miedo en su voz.

-Hacer qué?- preguntó el joven. –Ahh no, no te preocupes, no vas a terminar como mamá. Para ti he preparado algo mucho mejor- le dijo antes de reír con maldad. –Y ahora… no vas a correr?- preguntó. El hombre de inmediato hizo lo dicho.

Yami lo siguió, mirando como el hombre corría por su vida. Era la escena más hermosa que había visto.

El hombre llegó a las escaleras e intentó subirlas, solo para tropezar y caer con fuerza.

Yami aprovechó esto para sacar el cuchillo y, tomando con fuerza el pie del hombre hizo un profundo corte en la parte superior del talón derecho. Pero no fue todo. Tomó luego el otro pie e hizo lo mismo.

Dos gritos desgarradores salieron del hombre.

Yami se levantó.

-Ahora sí… huye de mí- le dijo. Rió al ver al hombre arrastrándose por las escaleras. Era una vista de verdad patética. La sangre corría por los pies del hombre, cayendo en las escaleras. Con cada movimiento se podían ver los dos agujeros que había en los talones del hombre.

Yami miró los esfuerzos de su padre por unos minutos. No sabía para qué el hombre intentaba huir, si él ni siquiera se había movido de su lugar.

De pronto, un pensamiento llegó. Su padre siempre había guardado una pistola.

-Que patético eres, jamás llegarás a ella- susurró, sintiendo ganas de darle aún más dolor al hombre.

Subió las escaleras hasta quedar al lado de su padre. Tomó con fuerza la mano del hombre, quien intentó oponer resistencia, pero sin tener ningún resultado.

Colocó el cuchillo sobre el brazo del mayor, y ejerció presión. El corte fue aún más profundo que los otros dos. La sangre empezó a salir, sin embargo, dentro de la herida se podía ver algo más, algo blanco. Yami rió complacido al ver el hueso asomarse por la herida. De verdad había hecho un corte profundo.

Su padre dejaba escapar gritos de dolor. A decir verdad, jamás había escuchado gritos tan desgarradores como esos.

Soltó el brazo del hombre, quien de nuevo intentó alejarse arrastrándose por el piso.

Yami, cansado de ver las acciones estúpidas de su padre, se alejó, pero solo por unos minutos, antes de volver, trayendo en sus manos una botella. Regó su contenido por todo el lugar, el olor a gasolina impregnando la casa.

Iba a quemar sus recuerdos, los iba a dejar que se hicieran cenizas.

Se acercó a su padre y regó lo que quedaba en la botella sobre él. Sacó luego un fósforo y lo encendió.

-Yami… detén esto!... po…podemos arreglarlo de otra forma!- exclamó el hombre, mirando con horror las acciones de su hijo. Este se detuvo y miró a su padre.

-No… no hay otra manera de arreglarlo- le dijo, mirándolo con rencor.

Nos vemos en el infierno, padre- susurró con odio. Y dejó caer el fósforo sobre el cuerpo del hombre, le cual de inmediato se prendió en llamas.

Se alejó, escuchando complacido los ruegos de su padre.

Prendió otro fósforo y se acercó a la puerta. La abrió y antes de salir, tiró al piso el objeto.

Y así la casa se alzó en llamas.

Lo último que escuchó el joven, fueron los gritos desesperados de su padre.

Fin del flashback

Abrió sus ojos al terminar de recordar aquel día.

Salió de la ducha y avanzó hasta estar frente al espejo. Se sentía… mal. Sentía una rabia tan grande en su pecho. Ese recuerdo le había traído una sensación tan… no sabía describirla en realidad.

Se puso la ropa, sin dejar de sentir esa rabia. Terminó de cubrir su cuerpo en tan solo segundos.

Las lágrimas comenzaron a caer, unas tras de otra. Miró el espejo, notando lo marchitos que se veían sus ojos. La furia volvió a inundarlo. Sin pensarlo alzó su puño y lo soltó contra el espejo con fuerza. El cristal no tuvo más opción que quebrarse en mil pedazos, mientras que su mano ahora estaba sangrando. Pero eso no le importaba.

Quería… necesitaba algo. Pero no sabía qué era. Se sentía… vacío…

-Yami, que pasó!?- escuchó una exclamación. Miró atrás y ahí estaba Yugi. –Voy…voy a traer vendas… ahora regreso!- exclamó el menor con preocupación, saliendo con rapidez del lugar.

Yami no le puso atención. No le interesaba. Se dejó caer, terminando sentado en el piso. Y ahí siguió llorando.

Dejó escapar un gemido de dolor al sentir una gran molestia en su mano, la cual estaba cubierta en sangre.

Recostó su cabeza a la pared y siguió con su llanto.

Qué era lo que necesitaba? Por qué se sentía así? No había matado a alguien horas atrás? No era eso lo que solía hacerlo sentirse bien?

Escuchó unos pasos y levantó la mirada. Era Yugi, quien traía unas pinzas, un paño con agua y unos vendajes.

-Que bueno que Marik tenía esto… sino no sé qué hubiera hecho- le dijo el pequeño, arrodillándose frente a él. No había esperado nunca encontrar a Yami ahí, y menos en esas condiciones.

Toda su culpa y miedo desaparecieron al ver al joven. Lo único que ocupaba su mente ahora eran los deseos de ayudar a Yami con esa horrible herida.

Se arrodilló frente a él, mirando con tristeza las lágrimas que corrían por el rostro del Faraón. Le sorprendía de sobremanera el hecho de que Yami no dejara de llorar aunque él lo estuviera viendo.

Miró la mano del joven y sintió náuseas. Pero no podía dejar que eso se convirtiera en un obstáculo.

La tomó con cuidado. El cuerpo de Yami se movió un poco, pero no dejó escapar ningún ruido.

-Esto te va a doler un poco… pero tengo que limpiar la sangre primero- susurró el chico. Y sin esperar respuesta, puso el paño sobre la mano del joven, quien esta vez dejó escapar un gemido casi inaudible.

-Shh tranquilo- le dijo Yugi, intentando calmarlo. Limpió a como pudo la sangre, teniendo cuidado de no causarle mucho dolor al joven.

Cuando ya la hubo limpiado, tomó las pinzas y comenzó sacar los vidrios que habían quedado incrustados en la piel. Por dicha no eran muchos ni tampoco eran pedazos muy pequeños.

Terminó pronto con esto. Tomó los vendajes y con cuidado envolvió la mano en ellos.

-Tenemos que limpiar esta herida al menos una vez al día… así sanará más rápido- le dijo el pequeño, dándole al joven una pequeña sonrisa.

Yami no dijo nada, simplemente mantuvo alejada su mirada del chico. Aún lloraba y no había dejado de sentir ese vacío.

No lo entendía, que era lo que necesitaba? No era matar… entonces… que demonios era?

Amor…

Más lágrimas cayeron al mirar este pensamiento. No era eso… no podía. Él era un monstruo… no podía amar… verdad?

Nunca había necesitado el cariño de nadie, por qué debía necesitarlo ahora?

Tal vez… lo que necesitaba era matar, pero como lo hacía antes.

Tal vez lo que debía hacer era violar, torturar, y después matar…

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Magi: aja… aja… y aja, sip ya… jeje no me hagan caso. BUENO aquí está el capítulo 9. Algo… hmmm traumático creo xD Jeje es que se me ocurrió leerme la historia de Jack el destripador antes de escribir esto… entonces ya se imaginan xD

Jaja y vieran lo que pasó, yo que termino de escribir lo del flashback y que empieza a temblar y bien fuerte jajaja Tremendo susto, es decir yo toda concentrada pensando en un asesinato y tiembla xD

En fin! Ya no los aburro más, espero que les haya gustado este capítulo, a pesar del largo flashback. Pero era algo necesario.

Gracias por sus reviews!

Sayonara