Capítulo 9: Nuevos recuerdos.
El viaje hasta llegar a Forks fue realmente perturbador.
Combinaciones de vuelos, viajes en bus y taxis. Siempre con los mismos pensamientos rodando mi cabeza: ¿Qué haría ahora? ¿Para que había ido exactamente? ¿Qué era lo que esperaba encontrar allí?
Claro que no tenía respuesta para ninguna de aquellas preguntas, pero algo en mi interior me arrastró hasta aquel lugar y no pude hacer nada por resistirme.
El último de los taxis que tuve que tomar me dejó frente a la casa de Charlie. Él estaba trabajando en un caso importante y no podía esperar para recibirme, así que entré las mismas maletas que había llevado a Italia y subí hasta lo que alguna vez había sido mi cuarto.
Todo estaba igual.
A excepción de la fina capa de polvo de cubría la mayor parte del cuarto, todo se veía igual; la cama, el escritorio, la mecedora, el armario.
Contemplé con cuidado todo a mí alrededor. Algo faltaba.
Cuando me hube acomodado un poco, comencé a debatirme entre llamar a René o esperar a tomar una decisión. Decidí esperar.
Eran las siete cuando escuché la puerta de entrada cerrarse.
Mis maletas aun estaban en la sala, por lo que Charlie ya sabría que había llegado.
-¿Bella? –preguntó en voz baja mientras se asomaba por la puerta de mi cuarto.
Me levanté de la cama y me acerqué a él. Lo abracé con fuerza y cariño. Era verdaderamente raro creer que estaba demostrándole semejante afecto, pero realmente lo necesitaba. Quería estar con alguien que me cuidara sin sobreprotegerme, que se preocupara por mí pero no se entrometiera en mi vida. Charlie era perfecto.
Se separó un poco de mí para contemplarme y yo aproveché para hacer lo mismo. Después de los ocho años que había pasado lejos de esa casa, Charlie seguía viéndose igual. Su piel se plegaba un poco más alrededor de sus ojos, frente, y boca y el negro de su cabello se confundía con un tono gris en algunas zonas de su cabeza. Pero seguía siendo mi padre, el mismo que manejaba un coche patrulla para hacer cumplir la ley, no sabía cocinar, miraba televisión e iba de pesca los fines de semana.
-Me alegra que vinieras –aseguró. No preguntó que hacia allí, cuanto tiempo me quedaría o porque lo había llamado desde Italia tan desesperada.
-Yo también –dije, sin estar segura.
Me alegraba de ver a Charlie, pero, ¿Qué hacia allí? No tenía nada en Forks, no ahora que los Cullen se hallaban en Europa.
Charlie pidió unas pizzas por teléfono, insistiendo que no debería cocinar el día de mi llegada.
Ambos nos sentamos en la vieja mesa de la cocina y permanecimos en silencio por unos minutos.
-Tengo una sorpresa para ti –anunció mientras masticaba un pedazo de pizza-. Pero no te la daré hasta mañana.
Realmente me sorprendí.
-De acuerdo –dije en un tono que dejaba en claro lo extraño de la situación.
-¿Te importa que suba a mi cuarto? –Pregunté cuando hubimos terminado de cenar-, ha sido un día muy largo y estoy realmente cansada.
-Claro, hija, ve. Que descanses.
Besó mi frente y se marchó hacia la sala para ver la televisión.
Pese al cansancio y la fatiga no pude dormir en toda la noche.
Mi mente viajaba a una velocidad inimaginable mientras veía todos aquellos lugares por los que había pasado con Edward.
Él era la causa. Era por él que me encontraba en Forks. Por más que no quisiera aceptarlo, Él me había impulsado a escapar de Italia y volar al único lugar en el que podría verlo. Aun cuando sabía que allí no encontraría nada. Alice lo había dicho: Edward se encontraba en Europa con ellos.
Entendía el que no pudiera ser feliz sin él, pero, ¿Por qué no podía resignarme a ello y seguir con mi vida? ¿Por qué debía intentar perseguirlo? Aun si lo encontraba, ¿Qué pasaría? Le diría que lo amaba, que nunca debería haberme ido ¿Y después? Escucharía sus palabras de rechazo. No importaba lo que dijera Alice, Edward no me aceptaría de nuevo, y aun si lo hacía, ¿Qué pasaría con todo lo demás? Las palabras de amor y la promesa de matrimonio no tendrían valor alguno si la eternidad tenía una fecha límite para ambos.
A la mañana siguiente los finos rayos de sol me sorprendieron. Mi llegada a Forks no había traído lluvia, esta vez.
Charlie me esperaba en la cocina, con una taza de café en la mano.
-Has aprendido algo en estos años –me burlé cuando me acercó la taza.
-He tenido que aprender a sobrevivir.
-¿Por qué no estás en el trabajo?
Era martes, debía estar en la comisaría.
-Estoy esperando a que llegue tu sorpresa.
-Oh. –lo había olvidado, la misteriosa sorpresa de Charlie.
Minutos después el timbre sonó y él corrió a la puerta.
Después de murmurar un "pasa" cuatro pasos se acercaron a mí.
No me asusté cuando la taza resbaló de mis manos y cayó al suelo, o cuando mi corazón dejó de latir y bajó hasta mis pies.
-También es un gusto volver a verte, Bella.
Comencé a reír de forma nerviosa mientras me acercaba a él. Lo abracé con fuerza mientras su natural aroma a madera me inundaba.
No sé realmente cuanto tiempo permanecí entre sus brazos con mi rostro escondido en su pecho, pero debió haber sido suficiente como para que Charlie entendiera que era su momento para marcharse.
Nos separamos en un intento de vernos mejor. Jake se veía exactamente igual. Después de ocho años seguía siendo el mismo muchacho de dieciséis años. Pero en ese momento no hice una pausa para detenerme en esos pensamientos. Lo importante era que Jacob Black se encontraba frente a mí, con su radiante sonrisa y su piel tostada.
Antes de decir nada más, Jake me arrastró del brazo fuera de la casa.
-¿Qué haces? –pregunté confundida.
-Yo no era la verdadera sorpresa –contestó con una estrepitosa carcajada.
Al llegar a la entrada divisé un hermoso Honda Civic negro.
-Sé que no se parece en nada a tu antiguo trasto, pero espero que te guste.
No tardé mucho en comprender.
-Oh. Gracias, Jake, pero no necesito un auto. No se cuanto tiempo vaya a quedarme, pero no creo que sea demasiado como para necesitarlo.
Su rostro decayó un poco, pero eso no le impidió que siguiera sonriendo.
-Lo sé, pero acabo de terminar el mío y tu padre insistió en que sería bueno tenerlo para cuando decidieras venir.
Sentí lástima por Charlie.
Volvimos al interior de la casa y Jake insistió en que nos sentáramos a hablar un rato. Ya ubicados sobre el sillón en la sala de estar, tomó mis manos entre las suyas y me miró a los ojos con profunda felicidad.
-No has cambiado en nada, Bella.
Podía creer eso mirándolo a él, el verlo igual que hacia ocho años atrás me hacía pensar que el tiempo se había detenido y ambos éramos aun unos adolescentes. Pero no lo éramos, o al menos yo.
-Claro, solo unas huellas del tiempo.
-No seas tonta. Para mí sigues teniendo dieciocho años.
-Para mí sigues teniendo dieciséis –lo miré minuciosamente antes de liberar la pregunta cuya respuesta ya tenía - ¿Por qué sigues teniendo dieciséis?
Sus manos me liberaron mientras su rostro se tornaba incómodo.
-Bueno… Verás… -suspiró profundamente- Tu sabes que mientras nos mantenemos en fase nuestros cuerpos dejan de envejecer… Aun cuando te marchaste los Cullen se quedaron aquí… -no quería terminar su respuesta, a sabiendas de lo que sus palabras provocaban en mí. Jacob podía parecer un niño, pero ya no lo era.
Aunque en ese momento no me importó la edad que alcanzaran sus pensamientos, lo cierto era que él seguía viéndose como un adolescente mientras el tiempo seguía corriendo para mí. Todos a mí alrededor se mantenían jóvenes, yo era la única incapaz de quedarse en su nivel.
La ira y la tristeza se apoderaron de mí. No importaba lo que hiciera o hacia donde fuera, mis recuerdos me perseguían a todos lados.
-Pero…-se apresuró a agregar cuando vio mi rostro- Ellos se han ido. No pasará mucho tiempo para que todo vuelva a la normalidad y yo continúe creciendo.
Claro, pero yo ya no era un año mayor que él.
-Bella –agregó, leyendo mis pensamientos-, sé que puedo seguir viéndome igual, pero sabes que ya no soy el mismo. Después de ocho años, también he crecido, ya no soy un niño, Bella.
-Lo sigues siendo para mí, Jake.
Pude ver en sus ojos todo el dolor que le provocaban mis palabras. Él sabía que nunca conseguiría aquello que deseaba de mí, y mi afirmación solo empeoraba las cosas.
-Lo siento –me apresuré a decir.
-No te preocupes –comenzó con la vista clavada en el suelo-…Bueno, mi padre me está esperando… será mejor que me vaya y te deje descansar.
-Jake, no es necesario que te vayas…
-Descuida –volvió a interrumpirme-. Pasaré a verte en otro momento-comenzó a caminar hacia la salida cuando se volvió y me miró con una sonrisa fingida-. Todavía no te has librado de mí.
No estaba segura de saber de que modo debería responder a sus palabras, por lo que me limité a sonreír y dejarlo marchar.
No tardé mucho en pensar lo más obvio: ¿Qué hacer?
Mientras recorría la casa de Charlie y reafirmaba que todo seguía exactamente igual, me di cuenta de que todo estaba cubierto por la misma capa de polvo que había hallado en mi cuarto. Charlie realmente se preocupaba muy poco por la limpieza.
Pasé el día limpiando todo lo que pude. Quité todo el polvo y lustré algunos muebles. Para cuando mi padre volvió a la casa yo estaba agotada y me había olvidado por completo de la cena.
-Ya preparo algo.
-No te preocupes, Bella. Podemos ordenar algo.
-No lo creo, no quiero comer más pizza. Y estoy segura de que tu tampoco. Me pregunto cuantas veces a la semana cenaste eso en estos años.
Él rió con ganas.
-Solo unas pocas –mintió.
Preparé algo sencillo para no demorarme y nos sentamos a cenar. Las temidas preguntas –las que me sorprendía haber evitado durante un día entero- no tardaron en exigir respuestas.
-¿Ha pasado algo en Italia por lo que decidiste venir aquí?
-No, solo me cansé y creí que debía venir contigo.
-No debería ser una obligación para ti el pasar tiempo conmigo.
-Claro que no lo es –me apresuré a contestar-. Pero extrañaba este lugar.
Charlie asintió y luego se mantuvo unos minutos en silencio, mientras yo esperaba su próximo ataque.
-¿Ha pasado algo con Evan? Quiero decir, ¿Han discutido o algo?
Dudé unos segundos antes de responder.
-Eh… no realmente –él me miró, alzando una ceja-. No lo sé, sentí que debía escapar de allí, que necesitaba un descanso de él.
De nuevo, silencio.
-Bien –comenzó-, me alegra que hayas decidido pasar algún tiempo con tu padre, Bella. Aun si no tienes que escapar de tu vida, sabes que siempre eres bienvenida aquí.
Luego de esas palabras permanecimos en silencio hasta que Charlie se levantó para acomodarse en su preciado sofá. Cuando notó que todo se encontraba limpio y reluciente insistió en que debía estar muy cansada y que me fuera a dormir. Decidí evitar llevarle la contra, después de todo realmente tenía deseos de encerrarme en mi cuarto, aunque no estaba segura de para qué.
A las dos de la madrugada la luna intentaba filtrarse por entre las nubes, el silencio era un pitido molesto y yo aun no conciliaba el sueño.
Mi mente repasaba todos los recuerdos que me traía mi habitación. En cada lugar al que miraba la imagen de Edward aparecía para recordarme lo que había perdido.
Cuando sentí que el hilo de mis pensamientos se volvía un tanto incoherente, me di cuenta de que el sueño me estaba alcanzando. No quería negarme a abrazarlo, pero algo en mí removió todo cansancio posible.
Por un impulso abrí los ojos y conseguí verlo.
Era tan real.
Froté mis ojos para asegurarme de que estaba despierta y quitar todo rastro de pesadez de mis párpados. Cuando volví a dirigir mi mirada hacia él, ya no estaba.
Me sentí demasiado confundida. En ocho años había alucinado con Edward más de mil veces, pero nunca se había visto tan hermoso y…vivo. Su rostro era adornado por una mueca indescifrable que contenía una gran mezcla de emociones: alegría, tristeza, frustración, amor, deseo, sorpresa.
Por más que sabía que era una locura y que en realidad solo era una ilusión, algo me instaba a creer que ese era Edward.
El amanecer no tardó en llegar mientras yo continuaba esperando a que el fantasma de Edward regresara para alegrarme. Claro que, como era de esperarse, eso no pasó, y yo pasé la noche en vela haciendo ridículas conjeturas.
Para cuando me resigné a levantarme ya era casi medio día. Me preparé algo liviano para almorzar y decidí caminar un poco por los alrededores de la casa. No quería alejarme mucho, sabiendo que no estaba preparada para visitar algunos otros lugares que tenían un significado mucho mayor para mí.
El aburrido pueblito de Washington seguía igual. Empezaba a darme cuenta de lo tedioso que hubiera sido vivir allí todo ese tiempo de no haber encontrado a los Cullen.
Cuando volví a la casa comencé a preparar la cena para Charlie y cuando él llegó nos sentamos en las desiguales sillas de la cocina.
-¿Hiciste algo interesante hoy?
-No realmente. Solo recorrí un poco los alrededores.
-¿No ha pasado Jacob por aquí?
Jake. Como siempre había quedado opacado por Edward. Incluso mis pensamientos sobre él superaban a un Jacob de carne y hueso.
-No. Creé que necesitó un tiempo.
Algo pareció no encajar para él.
-Has tenido ocho años de tiempo.
Claro, pero no era lo mismo el tiempo escapando del pasado que el tiempo enfrentándolo.
-El contador volvió a cero cuando regresé a Forks.
Cuando terminé de lavar los platos me senté junto a Charlie en el sofá, pero estaba demasiado concentrado en los deportes como para siquiera ser cortés y preguntarme si prefería ver algo más, por lo que no tardé en levantarme e ir a mi cuarto.
Eran a penas las nueve de la noche por lo que me dediqué a mirar el techo, esperando a que el sueño llegara. A pesar de no haber dormido en prácticamente toda la noche anterior, nuevamente me encontraba fatigada pero no podía dormir.
A pesar de saber que era producto de mi imaginación y que, si yo deseaba, él volvería esa noche, no podía evitar preguntarme si realmente aparecería.
Algo en mí estaba seguro de que no podría soportar verlo de nuevo. No importaba si era una alucinación, el dolor sería completamente real y liberaría la parte más irracional de mí.
La última vez que miré la hora antes de dormirme era medianoche.
Esa noche las alucinaciones aparecieron en el interior de mis párpados, pero estaban acompañadas por unas sensaciones frías sobre mi cuerpo, reales.
Abrí los ojos en la mitad de la oscuridad. No había nada ni nadie allí. Pero Edward había estado en mi cuarto y yo lo sabía. No importaba si era real o un producto de mi imaginación, mi Edward se había colado por mi ventana como lo hacia ocho años atrás.
Traté de convencerme de que todo era un sueño y que debía volver a él, realmente lo intenté, pero cuando, instintivamente, toqué mi rostro con ambas manos noté que una de mis mejillas estaba inusualmente helada.
No estoy segura de si fue una ola de felicidad o una repentina ira lo que me impulsó, pero me vi obligada a saltar de la cama y correr al auto.
Me fue difícil poder llegar a objetivo, pero era comprensible si a la desesperación sumábamos el hecho de no recordar bien el camino.
Por un instante, cuando aparcaba el coche en el medio de la entrada de a mansión banca, fui consiente de que todo lo que estaba haciendo era una completa estupidez, es decir, ¿Correr a su casa en medio de la noche solo porque una de mis mejillas estaba ligeramente fría? Era ridículo. Pero todo pensamiento coherente se vio cegado por la repentina esperanza que me inundó al pensar que, quizás, era real.
Me detuve frente a la puerta principal ¿Qué haría? Si alguien se encontraba en la casa, era obvio que ya me habría escuchado. Si él quería verme ya habría abierto la puerta.
No me importó.
No me importó lo que Edward deseara; no me importó el haberme escapado de la casa de mi padre, a mitad de la noche, vestida con mis pijamas, solo para ver lo que yo creía era solo una ilusión.
Toqué el timbre. Todo lo que podía escuchar era mi entrecortada respiración, el palpitar de mi corazón y las hojas de los imponentes árboles ser azotadas por el viento. No había ruidos relevantes.
Volví a llamar a la puerta con un pequeño golpe.
Nada.
Debía estar loca. Era evidente que nadie estaba en la casa. Pero si tan segura estaba, ¿Por qué no podía simplemente irme?
Me alejé unos pasos para contemplar el enorme lugar de nuevo.
Hacia años que no veía esa casa. Ese era el lugar que en algún momento se convertiría en mi hogar, cuando me uniera a la familia Cullen, cuando me casara con Edward y me convirtiera en vampiro. De un instante a otro esta casa se me hizo ajena, con personas que, estaba segura, no volvería a ver.
Volver a ver.
Corrí desesperada hacia la puerta de entrada. Comencé a patearla y golpearla con todas mis fuerzas.
-¡Abre la puerta!
No había respuesta del otro lado, pero yo continué gritando y pataleando.
-¡Edward, abre la puerta!
Sentía mi garganta desgarrarse por los gritos mientras que por mi rostro, hirviendo de enojo e impotencia, caían lágrimas a borbotones.
-¡Abre la maldita puerta! ¡Sabes que me quedaré aquí hasta que abras o logré tirarla abajo!
Pocos golpes después me sentí desfallecer.
Me dolían los nudillos, la cabeza y no podía dirigir mi cuerpo por las convulsiones provocadas por el llanto.
Me dejé caer sobre el suelo, con la espalda apoyada contra la puerta y la cabeza entre las manos.
Estaba falta de cordura.
Comencé a golpear mi cabeza contra la puerta en un intento por entrar en razón.
No me movería.
No importaba si Edward estaba o no –y estaba segura de que si estaba ahí-, yo no me movería de allí.
Podría romper una ventana y entrar, pero prefería apelar a la lástima que irrumpir en su casa.
Los golpes que le daba a mi cabeza comenzaban a pasar factura, pero no podía evitarlo, así sabría que yo seguía ahí, esperándolo.
Cuando el llanto comenzó a apaciguarse y mi cuerpo se cansó, creí que me quedaría dormida. Nuevamente el hilo de mis pensamientos se estaba deshilachando, pero me despabilé por completo cuando me di cuenta que la puerta ya no sostenía mi espalda.
-Te tardaste demasiado –dije sin siquiera moverme.
-Bien, tú te tardaste ocho años, así que creo que estamos a mano.
woooooooooooooooooooooow
quien creen que es?
Les doy una pista: no es Alice!
jajajjaa
Espero que les haya gustado el capítulo de hoy!
perdón a todas por la tardanza... estoy con algunos contratiempos que me aspiran la vida y la inspiración.
Ayer llegue muy tarde a casa y ya no pude subir el capítulo. así que... aca está!
NO SABEN CUANTO ME ESTÁ COSTANDO SEGUIR ESCRIBIENDO! pero de una forma u otra lo hago.
Bueno, me voy a seguir escribiendo un ratito mas...
Espero sus reviews!
Hasta la semana que viene!
Stephh.
