Su cuerpo lo sentía pesado y un dolor en la cabeza la obliga a despertarse. Con trabajo abre sus ojos marrones que apenas y podían divisar las cosas; su frente la sentía húmeda, ¿por qué?, con inhumano esfuerzo levanta la mano y percibe una toalla, ¿había tenido fiebre?, ¿se había desmayado? Confundida y con una ligera jaqueca se endereza de la cama, girando su perfil a los alrededores y se detiene a un costado suyo para observar a un muchacho durmiendo sobre su buro. Aquel joven vestía un bermuda con una playera verde polo, acaso… ¿Kouga la estuvo cuidando? Voltea hacia el otro lado y detiene su afligida vista en la ventana abierta, dejando a la primaveral brisa entrar en su cuarto y con ello, la imagen de un Inuyasha sonriente.

- FLASHBACK –

No quería dejarle ir, quería que se quedara con ella, pero tenía que creer en él. Tenía que confiar ahora que ya sabe cuáles son sus verdaderos sentimientos. Hipnotizada por el vuelo de su amor, observa como se aleja, en esas alas majestuosas que adornan su espalda.

-Nuestra promesa… no la olvides Inuyasha – susurra, y después se mete entre las sábanas y dormir cómodamente

- FIN DEL FLASHBACK –

Su corazón comenzó a latir desbocado como si estuviera en una carrera, el sólo recordarle le provocaba tantas sensaciones.

-Inuyasha… - murmura a la nada

Ya no había opción alguna, ya no había final feliz, ahora que sabe la verdad, la otra faceta del vampiro, decide que lo mejor es no seguir viviendo en esa falsa aventura de amor y aceptar que nunca la quiso, que nunca la amo.

Pero, esa noche, sus palabras fueron tan sinceras, como si su misma alma le estuviera confesando todo el amor que le profesaba, entonces, ¿por qué de un día para otro todo había desaparecido?

"Mi querida y dulce Kagome, yo también te amo" ; si ya tenía él una relación, ¿por qué fue a verla?, no, ¿por qué se le acercó desde un principio en aquel baile? Otra vez se había dejado llevar por tonterías. Estúpida Kagome. Kikyo, esa mujer era un completo monstruo, sólo se apareció un día en su vida y llegó a destruir todo lo que ella amaba, ¿que no puede ser feliz? Por vez primera puede conocer el verdadero amor creyendo que sí existe alguien para ella en este mundo, sin embargo, esa persona, más bien vampiro, no le pertenecía, llegando a su mente la oración de esa fémina.

"Él me pertenece", aquella corta y punzante frase derrumbó cualquier sueño a lado de Inuyasha. Ya nada se podía hacer, pues como le había dicho, estaban comprometidos y no era capaz de interferir en un futuro matrimonio.

A pesar de la fatiga y la angustia que contrajo, se levanta dirigiéndose a la ventana permitiendo que el viento la arrulle y le sople palabras de aliento para salir adelante. Respira profundo y exhala lentamente, y en un vaivén de pensamientos y jugarretas de su subconsciente, una agradable y necesitada voz le acaricia sus oídos.

-Estaré siempre contigo hija –

Su cuerpo se congeló y sus ojos se abrieron como platos ante lo que creyó que había escuchado. Desesperada, empezó a buscar por todos lados de dónde había salido esa voz tan familiar, tan angelical. Asomó su rostro a la calle, pero sólo ve a la gente caminar y cruzar calles, nuevamente las lágrimas la invaden al creer quién le había hablado...

-Mamá – menciona con voz llorosa

Fuertes sollozos se escapaban de sus labios al igual que las cascadas cristalinas que escurrían de su perfil y sin percatarse, un hombre pudo escuchar claramente cuando dijo al vacío "mamá", trayéndole aquello imágenes de su difunta madre, comprendiendo cuanto le hacia falta, ¿y a quién no?

Temeroso por el estado en el que estaba su amada, se acerca estando ella de espaldas y sutilmente pone su mano sobre el delgado hombro.

Al sentir el tacto tan necesitado de esa amistad, no duda en girarse sobre sus talones y toparse al joven Kouga. Su amigo, su fiel compañero; podía percibir la preocupación en su mirada azul y no pudo evitar aventarse a sus brazos.

-¡Kouga! – exclama con voz quebrada

Él ya la había visto llorar anteriormente, pero esta vez se veía de lo peor, temblaba un poco y su respiración era pausada, eso le dio miedo, miedo de que pudiera enfermarse y estar muy mal. Sin pensarlo, la envuelve en sus brazos, dejando que libere todo lo que esta cargando.

-No me gusta verte así – dice el joven un tanto abstraído

Ella se limita a responder su comentario, lo único que quiere es que Kouga la apoye, más que nunca ahora que su vida esta despedazada. Demonios, detesta contemplarla así, su amiga es alegre, divertida y de repente esta regocijada y callada. Eufórico, suelta sus pensamientos, pero se controla, profiriendo moderado.

-No soy nadie para preguntarte el por qué de tu sufrimiento, sólo me atrevo a decirte que no estas sola, jamás lo estarás… tienes a tu papá – afirma sereno

Kagome empieza a calmarse, relajándose al oír esas tiernas expresiones que le relata su aliado.

-Tienes un hermoso ángel que te cuida – enuncia pacífico, refiriéndose a su difunta madre

Al atender esa oración, se abrieron completamente sus ojos, eso la hizo entender que siempre contara con ellos, con su familia, y que no la abandonarían por nada en el mundo.

-Y por supuesto, me tienes a mi – responde esto último con cierta placidez

Entusiasmada por los ánimos que le da, se dedica a sonreírle; se separa de él para verlo, le gustaba mucho que fuera alguien especial con ella. Se aproxima a su semblante, recibiendo un sutil beso en su mejilla.

-Gracias Kouga

Se le subió el color instantáneamente, pero eso no iba a evitar que le regalara una sonrisa, Kagome en verdad es una persona magnifica, lástima que ella esta enamorada de alguien más.

-Tengo hambre, ¿comemos algo? – pregunta osada

-Me leíste el pensamiento – responde festivo, esa es la Kagome que conoce

Al escucharla reír, sabía que su humor ya estaba mejor. Definitivamente Kouga la podía calmar. Después de todo, son amigos.

Saliendo del cuarto, Kouga voltea hacia la ventana, mostrando una cara conformista como un buen perdedor en el amor, y lo más irónico es que su enemigo se llevó el premio mayor.

-Tuviste suerte bestia – murmura

-¿Dijiste algo? – cuestiona con un tono curioso

-No, para nada – se escuda el joven de ojos azules

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Inuyasha desbordaba dicha y bonanza, no había mal o desgracia que lo hiciera salir de su imaginación. Se encamina hacia el gran ventanal de su habitación permitiendo que el atardecer sea participe de su gloria, sin embargo, inesperadamente de las sombras, reluce una escrupulosa vampiro.

-Amor, viniste temprano

Extrañado por la voz ya conocida, se rota para sacar a esa impertinente vampiro, ¿que no ha sido claro con ella al decirle que ya no la quiere ver más? Esa mujer sí que le estaba provocando serios dolores de cabeza.

-Kikyo, cuantas ve...

No pudo terminar su oración al posar sus ojos dorados en una bata morada en el suelo. Eleva inseguro la mirada, descubriendo paso por paso a Kikyo desnuda; y una sonrisa pícara se empezaba a dibujar en la cara de ella.

-¿Que pasa Inuyasha?, ¿te comió la lengua el gato? – pregunta con una mala determinación – sabes que no muerdo – se aproximaba a él – sólo cuando me provocas, recurro a esa opción – dice al acariciar su rostro, queriendo robar sus labios

-¡Basta Kikyo! – exclama colérico, alejándose de ella

Ya no soportaba más la idea de que Inuyasha no la deseara, tuvo que inclusive inventar la simple excusa de que estaban comprometidos para que esa impostora no se entrometiera, pero, ¿de qué sirvió si Inuyasha ya no se interesa por ella? Sintiéndose humillada y con la dignidad por los suelos, tuvo que recurrir a su fiel amigo orgullo mientras cubría su desnudez con la bata.

-¡Es por esa tal Kagome que me ignoras!, ¿no es así? – grita furiosa

Inuyasha se desconcertó al escucharla, ¿qué sabe ella de Kagome?, ¿le hizo algo? Lo que se temía, que Kikyo le llenara la cabeza de estupideces a su adorada humana. Enojado por su prepotencia, con sus manos la toma de la bata, levantándola un poco del cuello. Esa vampiro no tiene ni la más mínima idea de lo que el ojidorado pudiera hacer si se atreve a lastimar a su amada.

-¿¡Qué le hiciste a Kagome?! – vocifera sacudiéndola – ¿¡contéstame Kikyo?!

-¡¿Te aflige tanto esa chiquilla Inuyasha?!, ¿desde cuándo te comenzó a gustar esa bazofia? – le interroga con repugnancia

-¡No te atrevas a insultarla Kikyo! – reclama desesperado

-¡Antes tenías ojos sólo para mi! – responde con la mirada infestada de dolor

-Tú lo acabas de decir, antes – contesta sin recelo alguno

Kikyo quedó helada, entonces, ¿qué pasará con sus sentimientos?, ¿no son importantes?, ¿qué ocurrirá con ella?, ¿la olvidará? No, ella misma lo dijo, Inuyasha le pertenece, es sólo y exclusivo de ella.

Al ver que no le respondió, la soltó, lo único que pasaba por su mente en esos momentos es su querida Kagome. Sin querer saber más de la vampiro comienza a encaminarse hacia la puerta dispuesto a salir, pero Kikyo le vuelve a presidir la palabra.

-¡La buscabas porque somos idénticas, veías en ella mi reflejo! – asegura abrumada – ¡tú me amas Inuyasha Taisho! – grita como un ultimátum

Suspiró ante las tontas conjeturas de la fémina que aclamaba por él y regresó sus pasos, girándose sobre sus talones y verla de frente; en cambio, ella lo ve asombrada, era la primera vez que veía a Inuyasha con una mirada seria y reposada, podía jurar que no mostraba odio, quizá era indiferencia.

-Sabes, tienes razón, no me había dado cuenta de lo similares que son – responde, bajando su cabeza

"Iluso", pensó la vampiro.

-Sin embargo, te equivocas al decir que te veía en Kagome – expresa levantando su perfil – ella es... maravillosa – sonríe – nunca pensé que me podría enamorar de una humana – confiesa – y por fin entiendo el malestar de mi padre: el poder vivir sin esa clase de amor, aquel que es puro y espléndido en todos los aspectos

No lo creía, estaba demasiado impactada al oír esa dicción proveniente de un vampiro que era un sediento de sangre, un asesino que no ofrecía misericordia, un salvaje sin cadenas, y ahora, que hablara así de alguien, jamás, inclusive de ella nunca usó palabras llenas de amor.

-Sólo quiero que comprendas que... no soy el Inuyasha que conocías. Esa faceta ya desapareció – responde franco – lamento decírtelo de este modo, no atinaba el momento apropiado para hablar contigo, no me dejaste otra alternativa – declara incorporándose hacia el pasillo – ahora que lo sabes, no me busques y encuentra la felicidad en alguien más – añade, saliendo de la pieza y al final, cierra la puerta

Dentro del aposento, estallaba Kikyo, ¿por qué?, todo lo que tocara sus manos se partía en el suelo, llevo ambas a su cabeza para controlarse, era impresionante la rabia que poseía. Quedó anverso a un espejo que había cerca de uno de los buros, contemplándose.

-Inuyasha, esto no terminará así – alarma en una voz apagada y malévola

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Un vampiro alto y varonil estaba sentado en un sillón rojo, al parecer muy cómodo, traía puesto unos lentes ya que leía un libro. Inuyasha se sentó en uno que había a lado, acompañándolo en su aburrimiento.

-¿Qué era ese escándalo entre Kikyo y tú? – pregunta una voz seria y grave sin apartar la vista de su libro

-Nada interesante padre... – cierra sus ojos, encorvándose para recargar sus brazos en sus piernas

-Cambiando de tema, ¿cuándo planean comprometerse? – cuestiona al cambiar de hoja y seguir con su lectura

Inuyasha se le quedó viendo escéptico a Inunotaisho, él cual sintió que lo intimidaban con fiereza, baja su libro para ver a su hijo el cual tiene una cara increíblemente insensible.

-Vamos Inuyasha, no seas exagerado – dice quitándose los lentes - qué tal si... – continua hablando al dejar su libro en la mesa del centro

-No me casaré con ella – responde seco

-¿Y a que se debe esa... – cuestiona con un tono de hastiado de misterio, pero no pudo terminar ya que Inuyasha se levantó de su asiento, interrumpiéndolo

-¡Porque estoy enamorado de otra persona!, ¿¡es eso lo que querías escuchar!? – grita desesperado

Inunotaisho se aturde al saber esa ¿mala noticia? No, no y no, su hijo no puede amar a otra persona que no sea Kikyo, es por su bienestar.

-Me rehúso a la idea de aceptar que amas a alguien más que no sea Kikyo, tú te acoplarás con ella – dice alzando el tono de su voz

-Eso no me interesa... yo soy libre para amar

Aquel impaciente vampiro cambió sus rígidos gestos a unos blandos, ya no enseñaba una mirada furibunda sino una nostálgica, al regresar a su memoria su fallecida esposa.

- FLASHBACK -

Exhaustos por una noche ardiente, yace una hermosa mujer en el pecho de un musculoso vampiro, ambos cuerpos desnudos ocultos bajo una sábana de seda blanca.

-Izayoi, si nos descubren... ¿qué pasará con nosotros? – pregunta alterado

-Descuida, no pueden hacernos nada – afirma acariciando su rostro

-Pero, si te llega a castigar tu padre... yo – no pudo terminar ya que un corto beso lo paraliza

-Eso no me interesa Inunotaisho... yo soy libre para amar – responde cariñosamente, viéndolo directo a los ojos

Aquel vampiro opta por sonreír, presintiendo que un largo futuro los espera, ellos juntos, con una linda familia, hasta que la muerte los separe.

- FIN DEL FLASHBACK –

-Hmph, dónde he oído eso – enuncia sin remordimiento alguno

-¿De qué estas hablando? – interpela confundido por el repentino cambio de actitud de su padre

-No es nada, son cosas mías – asegura volteando su perfil hacia el ventanal

-Padre, sé cuanto quieres que me quede con Kikyo, pero yo... – no alcanza a terminar de hablar ya que Inunotaisho lo ¿abraza?

"Definitivamente mi padre es más raro que Sesshomaru", pensó; su cabeza reside en el hombro de su papá, ya que este era muy alto.

-Hijo, estoy tan orgulloso de ti – dice aún ciñéndolo – disculpa si he sido lo suficientemente ciego, pensaba que hacía lo correcto – pronuncia deshaciendo el abrazo

Inunotaisho no pudo haber pedido mejores hijos como Sesshomaru y él, buscando la eterna juventud, guerreros de temer, pero sobretodo, vampiros que no creen en lo imposible.

-Te he fallado como padre, soy un estúpido. Si Izayoi me viera… – murmura acongojado

-Yo creo que estaría feliz – afirma el ambarino – por haber aceptado tu error – declara al poner su mano en el hombro de su taita

Inunotaisho esbozaba una pequeña sonrisa, su hijo lo había hecho entrar en razón. Él no pretendía que Inuyasha se enamorará de una humana como lo hizo él en el pasado, pero hay algo de lo que nunca podrá arrepentirse, el haber conocido a su amada esposa, Izayoi, que le da las fuerzas necesarias para encarar la realidad.

-Bueno, ya que estamos de acuerdo en algo, ¿por qué no platicamos en familia? – sugiere en un tono más vivo

-¿Debo entablar una conversación con Sesshomaru? – interpela quejoso, cruzándose de brazos

-Debes y tienes que hacerlo, después de todo son hermanos

-¡Feh!, él no es lo que parece – refuta con escepticismo

Y sin percatarse, un presuntuoso y callado vampiro lo mira arrogante, contestando lo siguiente.

-¿Qué estas diciendo de mi, "hermanito"? – pregunta con un tono cínico

-¿A quién le dices "hermanito"?

-Vamos, no es para tanto hijos, tomemos algo
Así, los poderosos y atractivos vampiros se dirigen a la cocina a dialogar y tal vez a disipar una que otra indiferencia.

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La noche no se hizo de esperar, Kouga estiraba sus brazos al estar satisfecho con la merienda, mientras que Kagome bostezaba con flojera. No obstante, una pequeña y molesta distracción los hace arremedar.

Ring...

-Maldito teléfono – critica el joven

-Opino lo mismo – expone, concordando con su amigo

Ring... ring…

-¡Demonios!

-¿Quién podrá ser? – se cuestiona una mujer recostada en el sofá

Ring... ring… ring

-Yo contesto – responde un Kouga no muy convencido

-¿Bueno?

-¿Kouga? – pregunta una voz compleja

-Él mismo, ¿quién habla? – responde mesurado

-Soy el padre de Kagome, hubo un cambio de planes y tendrás que regresar mañana temprano a E.U.A. – alerta prepotente el señor

-¿¡Qué!? – exclama - ¡pero si apenas llevo un mes y medio Sr. Higurashi!

Kagome reaccionó al comprender que discutía con su padre, de seguro es un problema de negocios, ya es su costumbre.

-Lo sé - asiente – y habíamos acordado que estuvieras tres meses, pero los representantes de la compañía Setza de Tokio no aceptarán comprar nuestras mercancías sin mi socio presente, es decir tú – dice engorroso – de lo contrario, adiós contrato

Una ligera irritación se exhibe al fruncir su ceño y condensarse entre sus dientes, resultaron atípicos los japoneses, y pensar que su trabajo era tedioso, que ironía.

-Esos japoneses ineptos, ¿no les comentó sobre mi viaje? – consulta con un tono de inmadurez

-Claro que sí, pero no estaban muy contentos al saber que estabas fuera del país, sobretodo porque tú los contactaste – manifiesta desalentado

No quiere desamparar a Kagome, pero, ¿qué pasará con todo lo que ha trabajado?, le ha costado mucho llegar al rango en donde esta: viajar por el mundo, financiar resultados, cerrar convenios, verificar los paneles de la empresa, acaso… ¿será capaz de tirar todo a la basura por una mujer?

-Significa que

-Tienes que volver lo más pronto posible – responde al adivinar su respuesta

-Pero... – titubea

-Ella interpretará bien las cosas, es mi hija y sabrá el por qué – ratifica seguro

-Sr. Higurashi yo no...

Unos delgados brazos estaban alrededor de él, no podía ser nadie más que Kagome. Aún con el teléfono en la mano, es idóneo para colgar y besarla, pero lo entumece una voz en su espalda.

-Todo estará bien, ya no te preocupes por mi – musita

-Kagome...

-Mi padre te necesita más que yo, y no puedo dejar que por mi culpa no regreses a tu trabajo

Un coraje lo embarga, esta enojado por no aprovechar más tiempo con ella, optando por retomar la llamada, además es internacional y llegará caro el recibo.

-¿A qué hora tengo que estar en la estación?

-A las 8:00 a.m. en la sala B2 – confirma

-¿Ya esta comprado el boleto?

-Sí, solo pasa a caja y di tu nombre, ya te tienen registrado – dice aliviado - yo sé que no quieres irte... pero tienes que estar aquí – profiere apenado - nos vemos luego

-Hasta mañana – murmura con el corazón en la garganta

-Buenas noches – responde, finalizando la plática

Kouga apenas y pudo colgar el teléfono y se dio cuenta que aquellos suaves brazos ya no lo abrazaban. Se giró sobre sus pies y ve a Kagome sentada en el piso con la mirada cabizbaja. Se sentía pésimo, de lo peor diría, así que decide ir a su lado.

-Lo siento Kagome, no pensé que – estando a punto de terminar, ella lo interrumpe

-Hiciste lo que tenías qué hacer, estoy feliz de haber tenido la oportunidad de conocerte Kouga – admite gozosa, levantando su mirada hacia él

No tiene idea de lo que pueda decir, aunque también está feliz por haber dejado que ella compartiera un mundo diferente con él.

Agotada por el largo día, recuesta su cabeza en un costado de Kouga, a lo que éste reacciona un poco nervioso.

-¿Uh? Oye, ¿estás dormida?

-No, sólo estoy descansando un poco – señala con un suspiro al final

Una fraternal sonrisa se dibuja en ambos, dando permiso al brazo de Kouga pasar por encima de sus hombros, ella realmente no se imagina cuánto la va a extrañar.

Fuera de ahí, los espiaba un hombre, al menos eso asemejaba. Terminando de asistirlos, presume unas alas, ¿un vampiro?, no muy lejos, se agrupa con una mujer y otro hombre.

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La luna resplandeciente y blanca observaba a unos personajes un tanto desesperados, una mujer taconeaba su zapato mientras un hombre que la escoltaba se aborraja en el borde de la plataforma. No pasó mucho para que apareciera el vampiro antes mencionado.

-¿Y bien? – pregunta una arrogante voz

-El muchacho se irá en la mañana

-Entonces estará sola para más tarde – supone la misma voz

Una sombras destellan en el lago, una cabellera negra baila al igual que una trenza obscura y unos cabellos cortos cafés.

-¿Y qué harás si Inuyasha va a verla? – cuestiona el hombre de ojos cafés a la vampiro

-Eso no sucederá – afirma maliciosa

-Suenas muy confiada Kikyo, ¿por qué te esmeras en matar a esa humana? – cuestiona aquel inmortal de ojos azul marino

-Guarda silencio Bankotsu, es un pendiente de las dos – sonríe

-Lo que tú digas, no me sorprende que Inuyasha se interese por esa mujer, en verdad es hermosa – asegura con un tono lujurioso

-¡Cállate!, eres el menos indicado para opinar al respecto – dice exaltándose

Calzaba un vestido gris alter decorado con holanes y zapatos plateados; el impúdico traía unos pantalones negros trayendo un saco del mismo color puesto sin camisa abajo con unos mocasines grises; y el informante unos pantalones café oscuro, usando un abrigo color caqui y unos botines negros.

-¿Cuál es el plan entonces Kikyo? – pregunta en un tono depravado

-Uno muy peculiar Onigumo – consiente con un tono malcriado, caminando en dirección a una calle sin nombre

Siguiéndola los otros vampiros por detrás, ella respiraba un aire lleno de triunfo y maldad, un propósito egoísta se creó en su ser.

-Inuyasha, si no eres mío... no lo serás de nadie

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¡Konnichiwa! Ya sé qué piensan de mi, que soy de lo peor, que cómo se me ocurre actualizar tan tarde, pero les juro, de verdad, que eso de ser universitaria no es bonito )=

Pero siempre digo que es bueno ser positivo, así que espero que les guste este capítulo _

Les mando un abrazo a todas ustedes, también les deseo un feliz año atrasado y les mando mis mejores vibras.

En cuanto a los otros fics (El Dolor De Mi Corazón y Regresando A Ti), quizá el fin que viene me dedicaré a escribir sobre ellos, resalto la palabra quizá una vez más. Ya saben, es cuestión de tiempo.

Cuídense niñas. Las quiero.

Luna-es2012