Estoy muy disgustada por cómo llevo ésto, pero en fin, hay que ponérselo difícil a Glee, ya que nos van a superar por lo menos hay que dar batalla, aunque sea con chorradas como ésta.

A ver si lo termino de una puñetera vez y me lo quito de encima...


SIN REMORDIMIENTOS

NO REMORSE

Capítulo 8

"Rescate"

War without end
No remorse
No repent

We don't care what it meant

DEAN

Había perdido la noción del tiempo. Ni siquiera sabía cuántas veces Kali lo había incinerado vivo para contemplar cómo volvía a estar intacto minutos después. Era casi como volver al infierno. Las horas se le hacían eternas, la risa desquiciada del brujo loco le crispaba los nervios cuando no estaba demasiado ocupado gritando de dolor.

Al final ella pareció aburrirse de su juego y le permitió descansar. Patrick observó celoso la caricia con la que la diosa se despidió del cazador y desapareció.

- A ella no me la quitarás Winchester, ella no me va a dejar

- Eres un mierda tío, y pensar que por un momento llegó a gustarme tu estilo – replicó encogido en un rincón, junto al ventanal de un loft de lujo

- ¿Tú crees? – se rió nerviosamente el moreno – aún hay otras formas de matarte chico, pero no lo voy a hacer, porque a ella le gusta ver cómo te retuerces de agonía antes de regenerarte ¿cómo lo haces?

- No lo sé, pero ¿a que mola?

- A ver si ahora te mola – gruñó clavándole un abrecartas en el costado – vaya, parece que si no es una quemadura no se cura tan rápido

El cazador se taponó la herida como pudo, jadeando, "hijo de puta", no era como cuando ella lo había incendiado, era un dolor diferente, REAL. Reprimió un grito cuando el mismo Patrick cerró la herida con su magia.

- Yo también se jugar a esto cazador, ¿ves? – el brujo le dio uno de sus trajes – vístete, nos vamos a Washington, allí hay otro Winchester que cazar.

- No

- ¿Crees que puedes negarte?

El maldito brujo tenía razón, el hechizo de la diosa era demasiado poderoso, sus manos, su cuerpo, eran dirigidos por una voluntad ajena a la suya y por mucho que luchó sólo consiguió un fuerte dolor de cabeza y la certeza de que conduciría a su hermano a una trampa.

VALLEY

El pequeño apartamento estaba a oscuras, no se había molestado en limpiar o comprar comida desde que puso su carta de renuncia en manos de Tobías Fornell. Se había auto convencido de que el mundo no necesita a un agente del FBI atado de pies y manos por la administración.

Sam Winchester estaba a salvo bajo la tutela del NCIS, y por lo que él sabía, los cazadores eran una especie en extinción. Teniendo en cuenta que estaba solo, que no tenía familia, ni pareja, que sus amigos (los que aún vivían) se podían contar con los dedos de la mano, y eran perfectamente capaces de cuidar de sí mismos, había decidido dedicarse a la caza.

Estaba harto de no poder hacer nada, y era un gran investigador. "Una gran mierda de investigador" pensó sentado en la oscuridad del atestado saloncito. Desde la única ventana del piso que daba al exterior se divisaba parte del campus de la Universidad de Georgetown y un grupo de jóvenes sentados a la luz de la luna, al parecer charlando, posiblemente fumándose algún porro de marihuana. Le importaba un pimiento, no hacían daño a nadie.

Alguien llamó al timbre. Debía ser su ex jefe para intentar que reconsiderase su decisión. Ni se molestó en contestar. En lugar del timbre sonaron unos insistentes golpes en la puerta. No se movió del sillón. "¡Ábreme gilipollas, se que estás ahí!", ese no era Fornel, era ¿Dinozzo?, ¿Cómo sabía su dirección?

El incordio del NCIS no había venido solo, Tim y Zhiva venían con él, y unos pasos atrás Fornell, estuvo a punto de cerrarles la puerta en las narices. La guapa agente se interpuso en la entrada impidiéndole hacerlo.

- Adelante, pasad, estáis en vuestra casa – comentó irónicamente con los recién llegados que invadieron la pequeña residencia

- Esto es un apartamento de estudiantes ¿Cómo? – McGee echó un vistazo a los libros que poblaban toda una pared - ¿Mitología? ¿Magia?

- Si, últimamente estoy interesado en el tema, también hay algo de arqueología y antropología religiosa.

- Así que dejas el trabajo para leer tonterías, genial – acusó Tony

- Piensa lo que te de la real gana tío – dijo retirando un par de libros antiguos de la mesa, Zhiva se los quitó de la mano.

- "Tradiciones cristianas de la baja edad media europea" – leyó la muchacha - ¿Qué pretendes Richard? ¿Cazar monstruos?

Los acompañantes de la agente miraron con sorpresa al aprendiz de cazador. Dick se acercó a la ventana, los chicos de antes se habían marchado, el foco de la pista deportiva que había alumbrado la escena, ya se había apagado. Era noche cerrada.

- Alguien tiene que hacerlo – gruñó

- Al menos cerremos el caso – propuso Fornell

- ¿No estaba cerrado?

- No – Dinozzo se colocó a su lado observando el jardín del campus, ahora a oscuras – hay dos casos más y, es posible que Dean siga con vida.

- Lo viste quemarse vivo

- Lo sé, me cuesta imaginar cómo podría haber sobrevivido a eso pero, al parecer lo ha hecho – le dijo apoyando una mano en el hombro del moreno

- ¿Cómo lo sabes?

- ¿El demonio que nos dio el antídoto de aquel virus? Supuestamente hizo una visita a Sam Winchester y a Donald Mallard – el agente de ascendencia italiana suspiró – escucha Dick, no voy a tratar de convencerte de que no renuncies, pero, nosotros también podemos luchar contra esas cosas desde el lado correcto de la ley. Sam Winchester es un desequilibrado al que le cuesta más trabajo estar en contacto con la realidad que enfrentarse al caso y no tenemos ningún experto más a mano, eres el único que tiene una ligera idea de cómo enfocar el caso.

- Si quieres renunciar, hazlo, pero cuando cerremos el caso – ofreció Fornell

- Está bien

ABY

Más sulfuro de plata, más casos de jóvenes soldados envejecidos repentinamente hasta la muerte, pero por fin tenía la certeza de que Dean estaba vivo. Había huellas, cabello e incluso un video de mala calidad proveniente de un aparcamiento en el que el cazador sujetaba a una de las victimas convirtiéndola en un anciano centenario en cuestión de segundos.

Sam contempló el video con una expresión neutra. Sin hacer ningún comentario. Lo repasó varias veces como si no comprendiese lo que estaba viendo.

- Es él – musitó con tristeza la muchacha retirando el cabello del rostro de su amigo con una caricia.

- Lo se

- Tiene que tener un poderoso motivo para hacerlo – le dijo como consuelo

Sam sonrió con desaliento y Aby lo abrazó con fuerza. Quería decirle que todo saldría bien, que seguro que podrían salvar a Dean. Pero ambos sabían que si lograban rescatar al mayor de los Winchester de manos de los seres que lo obligaban a matar, con sus antecedentes, acabaría en la cárcel o algo peor.

Los brazos del abatido gigante se aferraron a su cintura mientras escondía el rostro en su cuello. "No puedo más Aby, no puedo seguir…" susurró destrozado. La muchacha sabía que no era sólo por lo que había visto. Lo retuvo junto a su corazón hasta que notó que se calmaba.

DINOZZO

No podía creer lo que estaba viendo en el video, y, a juzgar por el silencio en la sala, ninguno de ellos era capaz de asimilarlo. Dean Winchester había cogido al soldado por la chaqueta y en cuestión de segundos, aquel joven nacido en mil novecientos ochenta y ocho murió de viejo entre las manos del cazador, que dejaba caer el cadáver al suelo y miraba directamente a la cámara, como si quisiera borrar cualquier duda de su identidad.

De momento nadie, salvo su pequeño círculo de amigos y compañeros, había tenido acceso a esa información. Apoyó una mano en el hombro derrotado del otro Winchester "Estará poseído o quizás hay algo que no vemos, cuando lo encontremos sabremos la verdad"

Tenían el paradero de dos hombres que respondían a las descripciones del brujo y el cazador en un hotel de cinco estrellas, de la Avenida de Pensilvania, cercano a la Casa Blanca.

Observó escéptico como Sam realizaba un ritual supuestamente para crear unos amuletos que los protegerían de los poderes del mago anulándolos y permitiendo que pudiese ser atrapado. Aceptó a regañadientes la pulsera de cuero con el extraño símbolo de plata engarzado en la misma.

Richard, Zhiva, Timothy, Jethro, Fornell y la suya, hacían seis, sobraba una que el gigante se colocó sin vacilar. La mirada del agente "muy especial" se cruzó con la de su jefe. Estaba claro que el muchacho pretendía acompañarlos.

- No creo que sea buena idea Sam – señaló Aby preocupada

- No tengo nada que perder, y no entorpeceré – aseguró el joven retirándose el cabello de la cara con gesto cansado.

- No quiero que te ocurra nada – la chica gótica agarró la chaqueta sport del chico y sin mirarle prosiguió – si tienes que perder, o más bien, yo soy la que tiene que perder.

- Tengo que ir, es mi hermano

Tony carraspeó, cuando los más jóvenes del grupo se besaron sin alarde pero sin pudor frente a ellos. Disimuladamente se puso al lado de Zhiva, cuando intentó darle un traicionero beso se encontró con que el lugar de la agente había sido ocupado por su inoportuno jefe, que, ¡cómo no! Le soltó un capón con su consabido "espabila Tony"

Los siete integrantes de la "comunidad del amuleto" (nombre que Dinozzo no pudo resistirse a poner al grupo) marcharon a detener a los sospechosos.

GIBBS

El ático estaba a nombre de un tal Patrick Saintsalem, el recepcionista de turno, aunque al principio reacio a facilitarles los nombres de sus clientes, no pudo negarse al razonamiento frío y sencillo del menor de los Winchester cuando lo amenazó con hacer trascender que tenían un asesino en serie alojado en el hotel.

Si hace más de un año había admirado la profesionalidad y el valor de uno de los hermanos ahora sólo podía admitir que los dos cazadores estaban hechos de una pasta especial. Gibbs había aprendido a distinguir cuando las alucinaciones asaltaban al joven, incluso aunque éste supiera disimular más que satisfactoriamente. La mirada de reojo del castaño hacia la escalera de emergencia le hizo sospechar que su torturador imaginario también los acompañaba en ese momento.

No dijo nada por no alarmar a los demás, discretamente se acercó más al chico, maniobra que sólo fue advertida por Valley, la mueca ladeada del agente del FBI demostraba que estaba tan pendiente del cazador como él.

Se apostaron a ambos lados de la puerta y como si de vulgares criminales se tratara los conminó a rendirse, al no recibir respuesta entraron en la carísima suite. En mitad de la alfombra yacía Dean Winchester en medio de un charco de sangre. Su hermano corrió hacia él y se arrodilló dándole la vuelta. Estaba vivo y consciente, aunque la sangre seguía manando de su costado sujeto por ambas manos.

- Largaos de aquí, Sammy, iros – susurró con gran esfuerzo

- No me voy a ningún lado sin ti, cabezota – replicó el más joven sujetando la cabeza del herido – vamos a curar eso

- O si, desde luego – Un tipo moreno y delgado salió de la oscuridad, vestía un traje de Emilio Zegna hecho a medida, pero a pesar de eso, la dejadez y el desaliño eran patentes, como un atisbo de la locura de su mirada – vamos a curar eso

El mayor de los Winchester se retorció gimiendo entrecortadamente, aunque la herida parecía cerrarse, el gesto denotaba un gran sufrimiento. El brujo rió como si todo fuese muy divertido. Se acercó sin miedo a ambos hermanos, como si por fin hubiese obtenido lo que quería.

- Ella estará feliz, habéis destrozado el mundo y por fin lo vais a pagar cazadores – señaló al más joven y la sonrisa desapareció de su cara - ¿cómo has hecho eso?

- Un viejo amigo tuyo nos dio la receta – el turno de parecer terriblemente frío era de Sam Winchester, el chico, sujetando a su hermano explicó – no pensarías que traería a toda esta gente si no estuviese seguro de que no podrías hacerles daño

- Yo no los quería a ellos, vosotros me lo arrebatasteis todo

- Y dale con el temita – tosió el rubio incorporándose por fin, el brujo no pareció muy feliz con su intervención arrojándolo de nuevo al suelo con un gesto, era al único que podía atacar así, para los demás el efecto de su magia y nada era lo mismo.

- Si vuelves a atacarle te meteré una bala en la cabeza – amenazó Valley

- No os lo llevaréis vivo entonces – sin darles tiempo a reaccionar atrapó al indefenso cazador que empezó a asfixiarse ante sus ojos.

Sam se lanzó sobre el desquiciado mago, que sin atenerse a razones torturaba a su prisionero olvidando que no estaba solo. El más joven de los Winchester golpeó a aquel hombre brutalmente, hasta que deshizo el contacto mágico con su hermano, sabiéndose perdido Patrick saltó por la terraza a la calle. Desde la habitación observaron cómo el cuerpo destrozado de la calle se rehacía y se marchaba corriendo.

Gibbs esperaba una explicación que el mayor de los cazadores se resistía a dar. Tuvo que ser su hermano quien insistentemente consiguiera que hablase. Aunque lo que dijo no es lo que ninguno esperaba.

- Tenéis que iros de aquí, estáis en peligro.

- Tranquilo Dean, estás a salvo – dijo Tony – venga, por una vez te hemos rescatado tío.

- No me habéis rescatado – el cazador suspiró – no puedo salir de aquí, no puedo hacer nada que ella no me ordene, soy el prisionero perfecto, vete Sam, no quiero ser responsable de que te coja a ti también.

- Lo siento hermano pero me quedo contigo, aunque tienes razón, los demás deberían irse

- O nos vamos todos o no se va ninguno – sentenció Fornell, y los demás estaban de acuerdo.

A base de discutir consiguieron que el rubio traspasara la puerta de la suite y saliese al pasillo, entonces comprendieron todas sus dudas. Una llamarada de fuego surgió del interior de muchacho quemándolo vivo sobre la moqueta del pasillo entre gritos de agonía. Gibbs tuvo que sujetar con todas sus fuerzas al otro hermano para que no lo tocase a pesar de las llamas.

El olor era terrible, cuando por fin dejó de gritar pudieron observar cómo el cuerpo calcinado en el suelo respiraba con dificultad. Poco a poco, la carne fue recomponiéndose y las quemaduras se reabsorbieron bajo la piel reconstruida. El cazador quedó tirado en el suelo, agotado y desnudo. Valley cogió uno de los albornoces del Hotel y se lo dio a su hermano que ahora si se soltó del agente del NCIS y ayudó al pecoso a ponérselo.

Los demás federales no creían lo que habían visto. Posiblemente era una de las cosas más terribles que habían presenciado jamás. El agotado cazador respondió a la muda pregunta de Jethro "Volverá a pasar en menos de media hora".

DEAN

El intervalo entre incineración e incineración se estaba reduciendo, había vuelto a ocurrir cuando entraban en la sede del NCIS creando una confusión que hizo desalojar medio edificio creyendo que era un ataque terrorista, y sucedió otra vez en la sala de interrogatorios, reduciendo a cenizas la silla y la mesa del lugar. Al final habían decidido llevarlo a las duchas, para que cuando sintiese que el fuego quería aparecer pudiese tener cierta intimidad sin poner en peligro de incendio el lugar.

Desde que estaba ahí había ocurrido otras tres veces y cada una de ellas volvía a recuperarse. Ahora pasaba más tiempo ardiendo y recomponiéndose que medianamente tranquilo. Lo que fuera que le estaba ocurriendo acababa con la poca resistencia que le quedaba y el aguantar a Sam todavía podía sobrellevarlo pero cuando alguno de los federales, o Aby, o el agradablemente pesado doctor creían que le hacían un favor dándole conversación casi prefería que el fuego le librara de un momento incómodo.

Sam le trajo un poco de tarta, pero ni siquiera tuvo ánimos de probarla. Si estuviera seguro de que funcionaría se pegaría un tiro en la cabeza, pero un rato antes se había cercenado la garganta, y el fuego cíclico lo había restaurado. Empezaba a perder la cabeza.

Echó a su hermano del aseo cuando sintió que llegaba el siguiente fogonazo. Fue tan terrible como los anteriores, no tuvo fuerzas para salir del hueco ennegrecido de la ducha ¿para qué? En unos minutos volvería a pasar otra vez, y otra. El olor a sándalo mezclado con el de su carne quemada inundaba el recinto. Ella estaba ahí, frente a él, algo parecido a la compasión humanizaba sus bellas facciones.

- No lo entiendo Dean Winchester, lo he intentado y no comprendo por qué vosotros seguís cazando después de todo lo que habéis hecho – Kali le estaba dando una tregua – ¿por qué no lo habéis dejado? ¿Por qué seguís peleando contra fuerzas mucho más poderosas?

- Yo tampoco lo entiendo – jadeó el humano encogido en su rincón

- Todos esos cebos, todos esos humanos que eliminé, eran culpables, eran innecesarios para el mundo – Kali se arrodilló y acarició la cara del cazador, y se desvaneció en el aire – descansa.

Gibbs acababa de entrar, justo a tiempo para ver marcharse a la Diosa. El veterano ex sargento tomó un chándal de su taquilla y se lo ofreció sin decir palabra. Lo aceptó y se lo puso sin mediar palabra, le estaba bien, no parecía ridículo con él.

- Ha parado, por el momento – atinó a explicar

- ¿Por qué?

- No lo sé, últimamente no sé nada, no entiendo nada – de todas formas tenía algo que decirle al agente – gracias.

- No tienes que agradecerme nada

- Gracias por cuidar de Sam – se explicó el cazador

- Tu hermano sabe cuidarse solo – sonó como un reproche, como un reclamo

- Si, es un gran tipo, aunque no le digas que te he dicho eso de él

- Tú también lo eres - durante un momento Dean dudó entre negarlo o echarse a reír. Gibbs le retuvo – es cierto muchacho.

Continuará...