NA: Bail y Breha Organa son los padres adoptivos tanto de Leia como de Luke en esta historia. La verdad es que no me veo capaz de escribir a Anakin y Padmé como padres y tampoco quería cambiar el apellido de Leia. Hago esta aclaración porque vi algo sobre ello en los comentarios. Anyway, aquí tenéis otro capítulo :)

El sustituto: Capítulo 9

(POV Leia)

Mientras caminaban hacia el coche del profesor, Leia repasó en su mente todas las cosas que podían salir mal tras haber aceptado su oferta de ir a estudiar a su casa. Para empezar, podía volver a bajar sus defensas y besarle. Y estaba segura de que él no se lo tomaría tan bien como la primera vez. Aquello podía haber sido un error, pero una segunda vez confirmaría que, de hecho, Leia estaba empezando a enamorarse de él.

Por otro lado, alguien podría haberlos visto irse juntos. Y eso levantaría sospechas, la gente empezaría a hablar y lo último que quería era meter a Han en un lío. En definitiva, no sabía por qué había aceptado ni por qué él había propuesto algo así. "Él lo hace con buena intención, eres tú la que siempre está pensando mal".

Cuando Han dejó de andar y abrió la puerta de un viejo mercedes plateado, Leia no pudo evitar mirar al coche con incredulidad. Cuando decía viejo, quería decir realmente viejo. Sus pensamientos cambiaron de dirección y se encontró a sí misma sonriendo sin poder evitarlo. Nunca hubiese imaginado que el profesor Solo, que siempre iba a clase vestido de la forma más profesional y elegante posible, fuese el dueño de esa auténtica tartana.

–¿Qué ocurre?–preguntó Han, todavía sujetando la puerta del copiloto para que ella entrase–¿Te estás riendo de mi coche?

–No, claro que no–respondió ella al instante, mordiéndose las mejillas por dentro para no echarse a reír.

–Sí–dijo Han, cruzándose de brazos–. Te estás riendo.

–No, no...Está muy...bien conservado–contestó, buscando las palabras correctas.

–Leia.

–¿Cuándo lo compraste?¿En los ochenta?–no pudo evitarlo.

–Entra o te suspenderé a propósito.

A Leia se le escapó la risa mientras se acomodaba en el asiento. Han dio la vuelta al coche y se sentó frente al volante con cara de indignado. Sacó unas gafas de sol y se las puso antes de arrancar, sin decir nada. Leia observó a la multitud de alumnos por el retrovisor hasta que solo eran un pequeño borrón en la distancia.

–Para tu información, sí es de finales de los ochenta–dijo Han, tras un rato conduciendo en silencio–, pero no lo compré yo.

–¿Fue un regalo?–preguntó ella, curiosa.

El profesor asintió con la cabeza, pero no dijo nada más. Leia se quedó observando su perfil mientras él estaba concentrado en la carretera hasta que pararon en un semáforo y Han giró la cabeza para mirarla. Apartó la vista y miró hacia el frente, consciente de que ahora era él quien la observaba.

–Yo todavía no tengo la licencia para conducir–comentó, abrumada por la necesidad de romper el silencio.

–Gracias a Dios–respondió Han.

–¡Hey!–Leia lo miró de nuevo y vio que estaba sonriendo. El semáforo cambió y Han volvió la vista a la carretera mientras ella seguía hablando–. Para tu información, se me da bastante bien conducir. Pero aún no he tenido tiempo de apuntarme al examen.

–Seguro...–continuó bromeando él.

–Ugh–Leia se puso a mirar por la ventanilla, irritada–, si no fueras mi profesor, te diría que a veces eres insoportable–escuchó a Han reír pero siguió con la vista fija en las calles.

–Nunca me habían llamado insoportable. Y menos una alumna que se está jugando el curso.

Leia suspiró y trató de controlar sus respuestas, sabiendo que aunque Han era algo así como un amigo ahora, no debía pasarse de la raya.

–Ya hemos llegado–anunció el profesor, mientras aparcaba frente a la entrada de una nueva urbanización.

La joven volvió a sentir su preocupación inicial. Había estado muy pocas veces sola en casa de un chico. Y por supuesto, nunca había ido a la casa de un profesor. Y mucho menos de uno como Han Solo.

...

A simple vista, el apartamento de Han parecía más ordenado de lo que había imaginado. No era muy grande, pero teniendo en cuenta que vivía solo, era suficiente. Leia intentó no alegrarse demasiado por el hecho de que viviera solo.

–Espera aquí un momento, tengo que abrirle a Chewie o se pondrá nervioso–le dijo Han cuando llegaron a una pequeña sala que Leia supuso era la que usaba para trabajar.

–¿Chewie?–preguntó ella, pero el hombre ya había desaparecido por la puerta.

Había tres estanterías repletas de libros, dos sillones, un escritorio lleno de papeles y un ordenador encendido. Parecía un completo desastre, pero Leia sabía que Han era uno de los mejores profesores que había conocido y que se organizaba perfectamente, aunque por el camino dejase líos como aquel. Se dio cuenta de que no había visto ninguna foto en la casa, aunque no había visto todas las habitaciones, pero le pareció extraño. Se preguntó por un momento por la familia de Han, pero eso la llevó a pensar en la suya y en lo que pensaría, sobre todo su madre, de que ella estuviese a solas con un profesor en su casa.

Un roce en sus piernas la sacó de sus pensamiento de golpe. Miró hacia abajo para encontrarse a un gracioso y peludo perrito que la miraba curioso, agitando la cola. Leia sonrió y se agachó para acariciar al can.

–Así que tú eres Chewie...

–No sé si te molestan los perros–dijo Han, volviendo a entrar a la sala–, pero si sigue encerrado en mi habitación mientras yo estoy en casa, se vengará en mi cama.

–No me molestan–su sonrisa se ensanchó mientras el perro daba vueltas entre sus pies, contento por la atención–. De hecho, me encantan, pero mis padres no quieren tener ninguno en casa–suspiró, incorporándose y Chewie fue a los pies de Han en busca de más atención–. No sabía que a ti te gustaban.

–En realidad–dijo Han, inclinándose para rascar la cabeza a su pequeño amigo–, nunca me gustaron los perros, pero me encontré a Chewie un día en el que me sentía un poco raro. Ya sabes, todos tenemos esos días...

"¿Se refiere a solitarios?"

–...Y él parecía necesitar un compañero, así que lo acogí.

Ella asintió, dándose cuenta de que Han se había quitado la corbata y había cambiado de pantalones. Al parecer, no le gustaba tanto eso de vestir formal. Leia sintió unas ganas irremediables de conocerle más fuera de clase. Pero sabía que no podía y que, de todos modos, él no estaba interesado en ella de esa forma. Volvió a suspirar mientras Han le ofrecía asiento en el escritorio.

Las dos horas que normalmente pasaban lentas en la biblioteca, se hicieron tristemente cortas en su apartamento. Sin alumnas que se entrometían ni alumnos o profesores que se acercaban a saludar a Han, Leia se encontraba extrañamente cómoda. A solas podían hablarse de tú, sin necesidad de que alguien los mirase mal. Además, él parecía mucho más relajado allí, trabajando con su portátil mientras Chewie dormía a sus pies.

Ya hacía media hora que deberían de haber recogido, pero Han seguía corrigiendo una redacción que ella acababa de hacer. Se tomó su tiempo y cuando Leia ya creía que había escrito algo realmente mal y que le iba a echar una bronca, él se la devolvió, diciendo que estaba perfecta. "Quizá él tampoco quiere despedirse todavía...No. No seas tonta, Leia, ¿por qué no iba a querer despedirse? Él no quiere nada contigo, probablemente está buscando una forma educada de echarte."

Empezó a recoger sus libros y meterlos en su bolso mientras Han desconectaba su ordenador. Cuando terminaron, ambos se miraron en silencio sin saber qué hacer. "Dios, ha ido bien toda la tarde, pero si no salgo de aquí ahora mismo voy a besarle de nuevo..."

–Bueno–empezó ella–...Creo que ya he abusado suficiente de tu tiempo por hoy, es hora de irme–sonrió, intentando que no se notase lo nerviosa que se había puesto.

Han no le devolvió la sonrisa. En su lugar, solo la miró y dijo:

–¿Quieres quedarte a tomar algo?

Continuará.