Inuyasha le pertenece a Rumiko Takahashi

Capítulo 9: Reuniones

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En el amplio y lujoso comedor no se percibían más sonidos que los producidos por los cubiertos al chocar con la loza. Los manjares ofrecidos eran los más exquisitos, cocinados y presentados a la perfección y sin embargo, de los cinco ocupantes de la mesa, solo dos disfrutaban plenamente de la comida.

El conde Hakudoshi y el general Naraku ingerían sus alimentos con gusto y diligencia, guardándose de iniciar una conversación. Aún ellos entendían que debían actuar con prudencia bajo las condiciones del momento. La reina apenas había tocado su comida y permanecía en un estado constante de nerviosismo. Si no fuera por que el rey exigía que los habitantes de palacio continuaran realizando sus actividades en forma normal, la dama no se molestaría en salir de su habitación en todo el día.

El rey, por su parte, estaba furibundo y aún la menor falta, lo hacía arder en ira, tanto así, que se había visto obligado a suspender las visitas diarias de los nobles al castillo. Sobraba decir que los acaudalados caballeros y sus esposas no estaban complacidos con esa decisión, se sentían ofendidos y hasta habían surgido rumores de que el monarca no estaba cumpliendo con sus obligaciones de la forma en que debiera y que egoístamente estaba anteponiendo sus problemas personales por sobre los del reino.

Y esos rumores, contribuían a aumentar la creciente angustia de la madre. Le daba tristeza darse cuenta de que para sus súbditos, la princesa Kagome era alguien sin importancia, dispensable, pues con la heredera al trono casada con un hombre fuerte y capaz de dirigir la nación cuando el momento lo requiriera, la relevancia de las otras dos princesas en la vida del pueblo era nula.

Finalmente, la última ocupante de la mesa se entretenía en contar los granos que su mazorca de maíz contenía. Rin ya había comido su porción de la noche y solo estaba esperando a que la cena terminara para escuchar las palabras de costumbre 'Rin puedes retirarte'. Como le gustaría que la dejaran quedarse con ellos un rato más.

Como de costumbre, llegado el final de la comida, la chiquilla fue enviada a sus habitaciones tras lo cual el conde y el general se excusaron, yendo cada uno por su camino. No bien dejaron la habitación, Hiromi encaró a su marido.

"¿Que hace ese hombre aquí todavía?"

Jirou volvió su mirada hacia su esposa y reparó en la apariencia de ella, con su cabello perfectamente sujeto en un moño, su maquillaje correctamente colocado y su limpio y elegante vestido, y sin embargo, todos esos adornos no lograban ocultar las ojeras producidas por incontables noches sin dormir y la evidente pérdida de peso. El rey suprimió un suspiro. No hacía falta preguntar a que hombre se refería su mujer.

"Al igual que nosotros, está esperando noticias del paradero de nuestra hija" contestó en la forma más impersonal que pudo lograr

"¿A sí? ¿No podría esperar esas noticias en su mansión?"

"¿Qué es lo que te pasa?" Era una pregunta tonta. Él sabía lo que pasaba. La reina estaba sufriendo y no quería extraños que atestiguaran la desdicha que la tragedia le causaba

"No lo quiero aquí"

"No pienso sacarlo de Palacio. ¿No te parece suficiente la humillación que hemos sufrido hasta ahora? No puedo empeorar las cosas sacando al conde Hakudoshi de aquí" El rey sentía que había perdido demasiada presencia con lo ocurrido y deseaba conservar algo de dignidad ante sus súbditos.

"No me importan la humillación ni lo que los nobles del país piensen de nosotros. No quiero a ese hombre aquí" Por supuesto, la reina no veía las cosas de la misma forma que su marido.

"El conde ha sido un perfecto caballero todo este tiempo, nos ha mostrado completo apoyo durante este trance ¿Qué tienes contra él?"

"¡Solo está aquí esperando la boda! ¡A él no le interesa nuestra hija! ¡Lo único que quiere es que le entregues las riquezas que le prometiste al arreglar el matrimonio!" La dama sabía que estaba siendo atrevida al cuestionar al hombre escogido por su esposo para marido de su hija, pero no le importaba.

"Estás hablando tonterías, mujer. De hecho, últimamente no has sido más que un dolor de cabeza"

"¿Dolor de cabeza? Nuestra hija lleva casi veinte días desaparecida ¿CÓMO QUIERES QUE ESTÉ TRANQUILA?"

"Estas histérica"

"¡SI ESTOY HISTÉRICA! ¡Y NO ME IMPORTA! ¡¿Qué vas a hacer?! ¡¿Encerrarme en una torre?! ¡Nuestra hija podría estar muerta!" La reina rompió en llanto una vez más.

"Estoy seguro de que Kagome está bien. Toda la guardia está buscándola. Naraku ha capturado a varios sospechosos y los está interrogando. Pronto nos tendrá noticias" trataba de calmarla el rey.

"Eso es lo que dices todos los días"

"Pero es la verdad. Kagome volverá muy pronto y cuando lo haga te vas a sentir como una tonta por haber causado tanto escándalo. Ya lo verás" Jirou realmente esperaba que sus palabras se volvieran realidad, porque sin importar cuantos problemas le causara, la princesa Kagome era su hija.

"¿Me dices la verdad?"

"Sí. Créeme. Si alguien puede encontrarla, ese es el general Naraku"

Hiromi se abrazó a su esposo en un intento fútil de encontrar consuelo. Ella no confiaba en el general, pero no tenía más remedio que dejar en manos de su yerno el destino de su segunda hija, pues, lamentablemente, el comandante Hojou, hombre en el que la reina confiaba plenamente, no había tenido éxito en sus pesquisas. Solo le quedaba esperar y rogar por lo mejor. Pero cada minuto que pasaba, esperar se volvía más difícil.

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"Otra vez están peleando" dijo en un susurro una tierna voz

"Y tú otra vez estás escuchando lo que no debes" dijo otra voz más tosca, también en un susurro

Después de ser despedida de la mesa, Rin convenció a Jaken de que la dejara quedarse cerca del salón del comedor por unos minutos más. Últimamente, la chispa que caracterizaba a la niña, se había visto reducida, y si durante tiempos normales, le era difícil al diminuto hombre negarle sus peticiones a la princesa, lo era mucho más en esos momentos en los que la chiquilla parecía estar a punto de llorar a toda hora. Así que, estando junto al comedor, fue imposible para ambos no escuchar la discusión que los señores de la casa sostenían.

"Pero Jaken, me asusta que mis papás se peleen. Mi mamá cada día se ve más pálida y ya van seis días que mi papá no me sonríe para nada y no me han dejado entrar a la habitación de Kikyo desde que todo esto empezó y yo sé que su salud está muy mal" a pesar de las lágrimas que estaba derramando, Rin había mantenido su tono de voz bajo en todo momento "Tengo mucho miedo Jaken"

"Rin," suspiró el hombrecito "me gustaría poder decir algo que te haga sentir bien, pero, ya eres una niña grande que comprende la seriedad de este asunto y cualquier cosa que diga no te servirá de consuelo. Lo único que puedes hacer por ahora es orar por que tus hermanas salgan con bien de todo esto y debes tratar de ser una hija obediente para tus padres, no dándoles motivos de que se preocupen por ti, además"

Rin se limpió las lágrimas y trató de sonreír. Ya no podía más con el secreto, ha esas alturas, Kagome ya tendría que haber llegado al lugar que iba. O al menos, eso era lo que ella creía. No podía saberlo con seguridad. Nunca se enteró de hasta donde tendría su hermana que viajar. ¿Y si algo malo le había pasado? Tenía que decirle a alguien lo que sabía

"Jaken. . ."

"Rin" una voz aburrida la interrumpió "¿No habías sido despachada a tus habitaciones?"

"La princesa Rin," habló Jaken, haciendo énfasis en 'princesa' a la vez que se movía frente a la niña y miraba a Naraku en forma desafiante "estaba en camino hacia allá cuando se dio cuenta de que había olvidado algo, general"

"¿Y que fue lo que olvidaste, Rin?" preguntó el general directamente a Rin, ignorando al hombrecillo frente a él, y notando la forma en que el sirviente se había molestado ante su violación del protocolo real, a propósito omitió una vez más el título de la pequeña.

"No importa" contestó el guardián en lugar de Rin, no molestándose en ocultar su disgusto hacia la persona frente a él ¿Qué se creía Naraku? El ser general del ejercito y estar casado con la heredera al trono no lo ponían por encima de ninguna de las hijas del rey, o al menos, no debería, pensaba el guardián, y sin embargo, el hombrecito había descubierto a Naraku faltándole el respeto a las princesas menores, aún antes de haber pedido la mano de Kikyo ¿En qué había estado pensando el rey cuando lo aceptó como yerno?

Y para colmo, a parte de las faltas de respeto, últimamente Jaken había tenido la sensación de que Naraku observaba a Rin de forma inadecuada y eso realmente le hacía hervir la sangre "La princesa se confundió y lo que olvidó no está aquí. Buenas noches general. Princesa, seguramente encontraremos su prendedor en la habitación. Vamos allá"

Rin no contestó, se limitó a obedecer a Jaken, obligándose a retirar su mirada la cual había permanecido clavada en Naraku. Él y el conde Hakudoshi habían estado pasando demasiado tiempo juntos. No le agradaba Naraku. Su hermana Kagome estaba convencida de que él era el culpable de la enfermedad de Kikyo y eso era suficiente para que ella también desconfiara de él. No le agradaba Hakudoshi. Su hermana Kagome los había abandonado por causa de él. Y el que los dos parecieran tan buenos amigos, le agradaba mucho menos. Dos hombres malos juntos, no podrían estar tramando nada bueno.

Jaken dirigió el camino con pasos rígidos hasta llegar a la habitación de Rin. Abrió la puerta para que la niña entrara primero, y una vez que hubo cerrado, encaró a la princesa en forma seria "Rin, tengo que pedirte que te mantengas alejada de Naraku"

"¿Por qué? ¿Ha hecho algo malo?" Rin rogaba porque la respuesta fuera sí. Así podría ir a contarle a su padre y el rey lanzaría a su cuñado a los calabozos y su hermana mayor quedaría libre de él.

"No confío en él" dijo simplemente Jaken

"¿Por qué?"

"No lo sé" el guardián no se sentía cómodo explicándole a la princesa sus razones. Rin era todavía una niña inocente y él quería mantener las cosas de esa forma por el mayor tiempo posible "Simplemente siento algo desagradable cuando él está cerca. Y lo mismo va para ese albino que siempre está con él"

"Tú también lo notaste" la chiquilla se sentía aliviada de saber que no era la única a la que los dos tipos le inspiraran desconfianza. "Siempre que los veo juntos, están hablando en voz baja y cuando alguien se acerca demasiado a ellos, se callan. Creo que están tramando algo"

Jaken se sentía tentado a discutir sus temores de una conspiración orquestada por Naraku con la pequeña, pero sabía que no era lo más prudente. Rin era muy joven y lo más probable era que él mismo estaba dejándose llevar por sus sentimientos de antipatía hacia el general para imaginar cosas que no eran reales. Rogaba que esas miradas insistentes de Naraku hacia la niña fueran solo producto de su imaginación.

"Rin, no creo que estén tramando nada. Simplemente no me agradan y no quiero que te les acerques. Por favor, prométeme solemnemente que te mantendrás alejada de esos hombres" Cuando la niña no contestó de inmediato, Jaken insistió "Promételo con toda honestidad"

"Lo prometo" dijo Rin sin convicción ¿Cómo iba a averiguar lo que estaban tramando si no se acercaba a ellos? Ya se le ocurriría una forma

"Bien" habló Jaken en un suspiro, convenciéndose de que podía confiar en las promesas de Rin "Te dejo ahora. Iré en busca de tu doncella para que te ayude a meterte en la cama".

"No es necesario. Yo puedo hacerlo sola"

"Rin, es lo que se acostumbra y lo sabes"

"No entiendo porque debo seguir esas costumbres. Cada vez que Arisa me ayuda a vestirme o peinarme me siento como una bebé inútil. ¿Cómo voy a aprender a hacer las cosas por mi misma si no me dejan?"

"Eres una princesa, Rin. No tienes que aprender a hacer las cosas por ti misma"

La niña hizo un puchero y se tiró en la cama de espaldas fijando su mirada en el techo "¿Qué tal si un día termino perdida en un camino sin guardián y sin doncella y me veo en la necesidad de cocinar mi comida y no puedo? Me moriré de hambre"

"Rin, eso no va a pasar"

"¿Cómo lo sabes?" saltó la niña, sentándose al borde de la cama "Por ejemplo, nadie creyó que Kagome se iría algún día por su cuenta y. . ." la niña se obligó a detenerse. Cerro la boca y bajó la mirada ¡Había delatado a su hermana! Bueno, sí había pensado contarle a Jaken antes, pero luego de que la angustia cesara un poco, había pensado que tal vez a Kagome simplemente le estaba tomando más tiempo el llegar a su destino y como buena hermana, era su deber proveer el apoyo necesario, que, en este caso, significaba guardar el secreto.

La corrida de pensamientos de Rin se interrumpieron cuando notó a Jaken sacudiendo la cabeza tristemente "Rin, tu hermana no se fue a dar un paseo, fue secuestrada"

Rin bajó la mirada de nuevo. No quería ceder a la tentación de revelar lo que sabía "Eso fue lo que quise decir" trató de disculparse.

"Iré por la doncella. Buenas noches"

Jaken salió cerrando la puerta suavemente. Rin miró la puerta fijamente por varios segundos, tras los cuales corrió hacia la misma y pegó su oreja a la madera, confirmando que Jaken se había marchado cuando ya no pudo escuchar sus pasos. Rápidamente, echó el seguro y corrió al otro lado de la habitación.

No tengo mucho tiempo antes de que la doncella venga.

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El día estaba brillante y cálido, perfecto para un día de relajamiento en el campo, pero Kagome no tenía tiempo para relajarse. El trabajo con los enfermos había sido particularmente pesado los últimos dos días, tanto así que la princesa apenas si había tenido tiempo para realizar las labores básicas del hogar. Inuyasha había demostrado una vez más que no era tan incomprensivo como generalmente parecía, pues sin quejarse, había hecho la casa y lavado la ropa. Si tan solo se hubiese animado a cocinar. . ., pero en fin, dos de tres, era una verdadera ganancia.

En la diminuta cabaña de Kaede, Kagome se ocupaba en inventariar los vendajes, ungüentos y brebajes, para asegurarse de que no estuviesen escaseando. Sin embargo, su mente no estaba enfocada por completo en su tarea actual. Durante los pasados dos días, había estado buscando una oportunidad para plantearle a Kaede el problema de Sango, sin tener éxito. Había pensado conversar con Izayoi al respecto, pero temía que el contenido a tratar despertara en su suegra la curiosidad de saber cuando ella e Inuyasha le darían un nieto. Le daba escalofríos el solo pensarlo.

Pero, en ese momento en que las cosas parecían más tranquilas, la princesa se debatía en como abordar el tema. Un asunto tan delicado debía ser tratado con prudencia. ¿Quién diría que, la una vez despistada princesa Kagome, se dedicaría a resolver los problemas más íntimos de otras personas?

"¿Todo bien, pequeña?" interrumpió sus pensamientos la cansada voz de Kaede.

La princesa detuvo lo que estaba haciendo, y se movió a sentarse junto a Kaede. Si iban a hablar del asunto, ese era la ocasión "Estoy preocupada por Sango. Ella no. . . . Ella tiene miedo de la maternidad"

La señora adoptó una expresión solemne "Sí, ya lo sé"

"¿Ya lo sabe? Y ¿No ha hecho nada para ayudarla?" la aparente falta de acción de la señora mayor intrigaba a Kagome.

"Ya he intentado hablar con ella. Izayoi también al igual que otra docena de madres, pero Sango no quiere escuchar razones. Lo peor, es que no nos ha dicho la verdadera razón de su temor"

"¡Su madre murió dando a luz! ¿No le parece motivo suficiente para tener miedo?" Kagome casi gritó exasperada por la indiferencia de la dama mayor. Kaede le parecía una mujer muy sabia, por lo que no comprendía su ceguera ante la situación de su amiga.

"¿De qué estás hablando, niña? Natsuko no murió dando a luz"

"¿No? Pero Sango me dijo. . ." Kagome estaba confundida y por su expresión, era obvio que Kaede también.

"¿Sango te dijo que su madre murió dando a luz? ¿De donde sacó eso?"

Kagome no tenía palabras para explicar "¿Cómo murió, entonces?"

Kaede suspiró agotada. Ya su cuerpo no estaba en condiciones de continuar con la carga de trabajo que llevaba sobre sus hombros, pero mientras la aldea la necesitara, ella estaría lista para ayudar. Aunque con Kagome viviendo en Himeshi y siendo tan hábil en el trabajo médico, ya podía fantasear con retirarse de su profesión y entregársela a la jovencita. Pero eso sería en el futuro. Por ahora, tenía un problema en manos que atender.

"Natsuko pescó una infección durante uno de los viajes a la ciudad. Otra madre y su hijo que fueron al mismo viaje, también cayeron en cama. El niño se repuso, pero perdimos a su madre"

"Una infección no tiene relación con un embarazo" consideró la princesa en voz alta, tratando de hallarle sentido al asunto. Las palabras de la jovencita parecieron despertar un recuerdo en Kaede.

"Ahora que lo mencionas, Natsuko sí estaba embarazada. Pero se supone que soy la única que lo sabe"

La princesa se interesó mucho con la revelación y urgió a la anciana a contarle toda la historia. Kaede no estaba segura de que revelar lo que sabía estuviera bien, pero si lo sucedido hacía tantos años era la causa de los temores de Sango, tendría que arriesgarse.

"Natsuko volvió enferma de ese viaje, y le ordené permanecer en cama. Pero teniendo seis hijos y un marido que atender, nunca me hacía caso. Pasaron varios días desde que la infección empezara y por más intentos que hacía, no lograba bajarle la fiebre. Toda la familia decidió ayudarla a guardar reposos. Los pequeños se dividían las tareas sencillas mientras que los mayores realizaban las más complicadas. Ryu trabajaba a veces hasta el triple para tener siempre comida fresca que ofrecerle a su esposa. Se esforzaron tanto" la anciana volvió a suspirar.

"Pero la fiebre no cedía y una tarde que pasé a su casa a hacer mi revisión de rutina, la encontré sola – todos los niños estaban fuera haciendo algo – tenía la expresión más desolada que le había visto en toda su vida. Cuando le hablé, me miró y comenzó a llorar. Entre lágrimas me dijo que esa mañana, cuando se levantó al sanitario, encontró su ropa intima manchada de sangre. Hice una rápida revisión, no queriendo que sus hijos nos encontraran en medio de eso y confirmé sus sospechas. Había perdido un bebé de tan solo un par de semanas de engendrado. Pocos días después de eso, la fiebre le quitó la vida"

"¿Estaba embarazada de un séptimo hijo? ¿Y nadie en la familia lo sabía?" la anciana negó con la cabeza.

"Natsuko misma se enteró esa mañana. Su cuerpo debilitado por la fiebre no pudo mantener al bebé dentro de ella"

Kagome comenzaba a sentir su sangre hervir ¿Un séptimo hijo? ¿Qué pensaba Ryu? ¿Qué su esposa era una fabrica de muchachitos? "Los hombres son tan desconsiderados"

"¿Disculpa?" habló Kaede no entendiendo a que se debía el cambio de tema

"Los hombres son unos animales. Ya tenía seis hijos. Cinco varones y una mujer ¿No eran suficientes? ¿Por qué tuvo que embarazarla de un séptimo?"

Kaede percibía claramente la agitación de la muchacha. Ya había notado con anterioridad como la chica tendía a culpar a los hombres de todos los males de las mujeres y esa tendencia podía convertirse en un problema dentro de su matrimonio.

"Vamos, Kagome, cálmate. Ryu no es responsable de la muerte de su esposa. Precisamente fue por eso que Natsuko me pidió que no le dijera nada acerca del embarazo. Ella no quería que él se sintiera culpable. No más de lo que ya se sentía. Ryu consideraba que si no hubiese estado tan ocupado con la cosecha de esa temporada, él habría ido en lugar de ella a la ciudad y Natsuko no se habría enfermado. Ryu no es el culpable"

"¡Pero ella estaba embarazada!"

"Pero esa no fue la razón de su muerte. Además que la idea de tener tantos hijos fue de ella, no de él"

"¿Por qué una mujer iba a ser tan estúpida de tener tantos hijos sabiendo que había riesgos?" Kagome sabía que estaba siendo irrespetuosa pero no le importaba. Una mujer había muerto para que un egoísta pudiera presumir de su virilidad.

"Porque ella no tuvo hermanos" dijo Kaede con calma. La señora sabía que debía ser paciente con la jovencita frente a ella. Su labor como doctora incluía más que curar las heridas del cuerpo, también debía dedicarle tiempo a las heridas del alma y en esa área, Sango no era la única que sufría.

"¿Qué tiene que ver que no tuviera hermanos?"

"Tiene que ver, porque cuando sus padres murieron, ella se quedó sola"

Kagome guardó silencio.

Satisfecha de que la joven por fin le pondría atención, Kaede continuó "Cuando salimos de Ciudad Real, Natsuko era una niña de cuatro años. Sus padres la adoraban y la cuidaban como al más precioso tesoro. El viaje no fue sencillo. Hicimos muchas paradas. Cada vez que creíamos encontrar el lugar perfecto para iniciar nuestra nueva vida, algo pasaba, ya fuera un fenómeno natural o provocado por el hombre. Por esta razón, los padres de ella decidieron que no tendrían más hijos. Querían estar libres para proporcionarle a su hija toda la atención y cuidado necesarios y sabían que si decidían tener otro bebé, esa atención sobre la pequeña se vería disminuida"

"Y así lo hicieron. Después de cinco años de viaje, las cosas seguían igual con nuestra búsqueda. En todo ese tiempo, habíamos habitado en tres lugares diferentes y ya habíamos llegado al cuarto. Era a las faldas de una colina. La tierra era fértil, el camino de comercio principal estaba cerca y la aldea más cercana se encontraba a un día de distancia. Aparentemente, era el lugar perfecto para cimentar nuestros hogares así que comenzamos los trabajos. Vivimos allí por poco más de seis años y entonces ocurrió otra tragedia más.

Una noche, un grupo de delincuentes que huía de la guardia pasó por nuestra aldea. En un intento de distraer a sus perseguidores, provocaron un incendio, utilizando como antorcha una de las casas. Como el espacio era reducido, las cabañas estaban construidas una junto a la otra, lo que provocó que el fuego se expandiera casi de inmediato. Lo que empeoró las cosas es que a esa hora todos dormíamos y aunque la mayoría se despertó rápidamente, no fue el caso de todos. Muchos murieron esa noche, los padres de Natsuko entre ellos. Algunos valientes se atrevieron a meterse a las casas en llamas para tratar de encontrar sobrevivientes. Así fue como la madre de Sango logró vivir"

"No hay consuelo posible cuando muere un ser querido, pero en algunos casos, tan solo saber que no estás sola es suficiente. Natsuko estaba sola. Por supuesto que cuidábamos de ella, como tomamos por costumbre hacer con todos los huérfanos o los ancianos que habían perdido a sus familiares durante el transcurso de nuestra travesía. Pero, Natsuko ya tenía uso de razón y no fue sencillo para ella aceptar que ya no tenía a nadie a quien pudiera llamar familia. A pesar de las pérdidas humanas, siempre había algún tío, o primo, o abuelo que tomara bajo su cuidado a quien se había quedado sin padres, pero ella no tenía a nadie así. Es por eso que cuando se casó, decidió tener una familia grande. De esa forma si uno o ambos padres faltaban, sus hijos se tendrían unos a otros y seguirían siendo una familia"

"Natsuko era una mujer muy fuerte y sana. De no ser por esa infección, seguro andaría por ahí con un bebé en brazos y al menos dos chiquitines más pegados a las faldas" sonrió Kaede con añoranza

"Eso haría nueve hijos. . ." dijo Kagome fríamente. La historia le había parecido impactante, pero eso no le quitaba la sensación de que tener tantos hijos era algo irresponsable y peligroso.

"Una vez asistí a una mujer en su quinceavo parto" Kaede contuvo la risa al ver que a Kagome casi se le salían los ojos de la impresión "Fue en una de nuestras paradas momentáneas. Las parteras estaban ocupadas con otros casos, así que me tocó a mí ayudarla. Fue su noveno varón"

"¿Tantos?" preguntó Kagome horrorizada.

"Esa aldea ha prosperado mucho y ahora es una de las paradas en la ruta comercial. Por lo que los viajeros que va a esa zona me han contado, sé que esa mujer tuvo cuatro hijos más después de eso y ahora en lugar de criar a sus hijos, cría a sus nietos y bisnietos" la expresión de Kaede se puso seria cuando agregó "Por supuesto que no aconsejo que una mujer tenga tantos hijos. El cuerpo se desgasta y pierde sus fuerzas. Las mujeres envejecen más rápido y cuando llegan a cierta edad son más propensas a las infecciones. Y antes de que digas que eso le pasó a Natsuko, debo informarte que la otra mujer que sufrió de la misma enfermedad solo tenía un hijo y no pasaba de los veinticinco años. La muerte de Natsuko no tuvo nada que ver con su condición de madre"

Kagome guardó silencio. La información que acaba de conseguir no le iba a servir de mucho para ayudar a Sango. ¿Cómo iba a hacerle entender que el dar a luz no era peligroso si ella misma comenzaba a tener temores al respecto?

Kaede notó que Kagome no estaba convencida y comenzaba a temer que la pequeña charla que habían tenido, en lugar de aliviar cualquier temor que Kagome tuviera, solo había servido para aumentarlos.

"Kagome," habló pausadamente la anciana "tú has visto a las madres de la aldea. Algunas veces lucen cansadas porque tuvieron que quedarse despiertas toda la noche a causa de que uno de sus niños tenía pesadillas y no podía dormir, otras veces están furiosas porque por más que lo intentan, no logran que sus hijos las obedezcan, otras les gritan a sus niños, y otras más hasta los castigan sin razón y sin embargo, cuando uno de los pequeños enferma, ellas vienen corriendo suplicándome que haga algo para mejorar la salud de sus hijos y están dispuestas a hacer lo que sea por mantenerlos a salvo. ¿Realmente crees que harían todos esos sacrificios si no valiera la pena?"

Kagome negó lentamente con la cabeza. Ella sabía lo importante que eran los niños. A pesar de lamentar que su madre hubiese tenido que sufrir tantos partos para complacer al rey y al concejo, no podía evitar sentir una punzada en el corazón al imaginar que la reina se hubiera negado a pasar por el embarazo una tercera vez, lo que hubiese derivado en que Rin no habría llegado al mundo. Un mundo sin Rin, habría sido desolado.

"Entiendo que vale la pena, pero es peligroso y Sango tiene razón de tener miedo"

"Yo no sabía el motivo tras el miedo de Sango, pero ahora que lo sé, puedo tratar de explicarle que la muerte de su madre fue por una razón totalmente diferente"

"Tal vez la tranquilizaría un poco, pero," La princesa suspiró "pero, ella me contó de otros casos. Mencionó unas dificultades de Yuri y también a la hija de un Saru y. . . la esposa de Sesshoumaru"

Kaede también suspiro "¿Sabes que en esta aldea tenemos la tasa más baja de muertes durante el parto? Eso es porque todos nos esforzamos en que las niñas crezcan bien alimentadas y sanas, pero algunas veces, aunque tomes todos las precauciones, Dios decide las cosas diferentes. Estando en su octavo mes, Yuri sufrió un mareo cuando caminaba por una empinada, cayó y rodó. Eso provocó una hemorragia y la llegada prematura del bebe. Tanto madre como hijo tuvieron que pasar las siguientes semanas en constante vigilancia. Finalmente, ambos se repusieron, pero Yuri corrió gran riesgo de morir. La hija de Saru, Mitzuko, pasó casi dos días en labor. Cuando finalmente estuvo lista para dar a luz, estaba demasiado agotada y para colmo en lugar de ser un niño, fueron tres. Apenas logramos sacar al último con vida, pero Mitzuko no resistió"

"Fue muy triste. Saru quedó destrozado y convenció al padre de los niños para que se fueran a vivir a la ciudad con unos familiares bien acomodados que tenía por allá. Y como ya sabrás, Kanna fue muy enfermiza desde pequeña y su condición no mejoró cuando se convirtió en mujer. Sesshoumaru era tan sobre protector. Me temo que ha estas alturas todavía no se perdona por la muerte de su esposa. Tal como tú lo dijiste antes, se sintió como un animal egoísta al poner en riesgo a su mujer solo porque él quería un hijo"

"No fue culpa de él" habló la jovencita en un susurro.

"No" afirmó Kaede "Así como no fue culpa de Ryu que su esposa muriera y mucho menos fue culpa de ese bebé que ni siquiera llegó a formarse"

"No sé si todo esto me sirva para ayudar a Sango"

"Sango ama a los niños. Solo necesita entender que, auque duela mucho y hallan riesgos, nada se compara a la dicha que siente en tu corazón cuando tienes a tu hijo en brazos. Especialmente si es el hijo del hombre al que amas"

Kagome notó el brillo juguetón en la mirada de Kaede y no pudo evitar sonreír "Me temo entonces que el problema es más grande. Sango definitivamente no siente amor por ningún hombre y por el momento, lo último que quiere es que le recuerden la propuesta que le hizo el predicador"

"Lo acaba de conocer. Dale tiempo. Después de todo, el predicador es bastante encantador"

"Inuyasha cree que es demasiado encantador para su bien"

"Sí. He notado cuanto se agradan"

Ambas rieron divertidas. Kaede se sintió aliviada. Todo parecía indicar que Kagome sí había entendido lo que le quiso decir

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Para que Sango venza su miedo, es necesario que primero aprenda a confiar en el posible padre de sus hijos. Y para que aprenda a confiar en él, tiene que conocerlo. Sí creo que lo mejor es crear las condiciones adecuadas para que se encuentren y puedan conversar sin presiones.

Así pensaba Kagome mientras batía con paciencia una bebida dulce a base de arroz que estaba preparando. Una vecina le había dado la receta y estaba ansiosa por probarla. Inuyasha otra vez había vuelto temprano. Al perecer su ausencia en el trabajo el día anterior había causado problemas con su hermano, lo que llevó a una pelea verbal que terminó en puñetazos. Shippo había venido corriendo a contarle y ella de inmediato emprendió carrera al lugar de los hechos. Lo que vio, no se comparaba en nada a lo que había imaginado.

En medio de un gran círculo de mirones, se encontraban los dos hermanos parados. Estaban sucios, sus ropas hechas jirones y totalmente despeinados – era la primera vez que veía a Sesshoumaru con el cabello desordenado. Pero no era eso lo que la impresionó. Lo impresionante era que ambos mantenían la mirada baja, mientras se encogían constantemente ante los regaños de su progenitora. Cuando Izayoi hubo terminado su letanía, envió a ambos a darse un baño bajo amenaza de que si volvían a hacer algo parecido, los iba a enviar a ambos a pasar una semana solos en la caverna que se encontraba cerca del lago y que iba a ordenar que colocaran una piedra en la entrada para que no se pudieran escapar.

Horrorizados, ambos hermanos prometieron no volverlo a hacer. Bueno, Inuyasha se mostró horrorizado. Sesshoumaru simplemente levantó una ceja.

Luego del baño, Inuyasha, con la ayuda de Shippo, se había dedicado a estorbarle en los quehaceres de la casa, por lo que la princesa decidió darles algo que hacer. Les entregó un charola con galletas que le regalaran en la aldea y los envió al pórtico a comerlas.

¿Para que hizo eso?

La bebida que estaba preparando exigía toda su atención. Si dejaba de batir por un minuto antes de que el líquido hirviera, la mezcla se pegaría al fondo de la olla, volviéndola inservible. Por lo que con cada nueva queja de los dos chiquillos en el pórtico, Kagome estaba más cerca del colapso nervioso

Un poco más. Ya casi hier. . .

"¡Kagome! ¡Inuyasha no comparte!"

"¡Inuyasha, comparte con Shippo!"

No debo dejar de batir. Un poquito más y. . .

"¡Kagome! ¡Shippo me está mordiendo!"

"¡Shippo no muerdas a Inuyasha!"

La paciencia se le estaba acabando con gran rapidez. Afortunadamente, en ese momento la bebida rompió en hervor y Kagome soltó un respiro de. . .

"¡Kagome!"

Kagome tomó la olla, la depositó con fuerza sobre la mesa y se giró sobre sus talones, totalmente exasperada con los dos intrusos que acababan de entrar.

"¡¿Y ahora que demonios pasa?!"

El muchacho y el muchachito se quedaron de una pieza. Kagome no solo les había gritado – Bueno, Inuyasha estaba acostumbrado a los gritos – sino que también había utilizado una palabra grosera. Shippo corrió a esconderse detrás de las piernas de Inuyasha, mientras que el joven reunía todo el valor que le quedaba y extendiendo la charola que llevaba en las manos, decía:

"Se acabaron las galletas"

"Ah. Bueno. Ya no hay más" dijo la princesa desviando la mirada. Se sentía avergonzada por su arrebato enfrente de Shippo. Ella se la pasaba regañando a Inuyasha por utilizar un mal vocabulario, y ella acababa de hacer lo mismo. Su mirada se paseó por la cocina y se detuvo sobre la olla que acababa de sacar del fuego "Pero, ¿Sabes qué? Acabo de prepara está bebida dulce y necesito tu opinión" Llenó hasta la mitad un tazón con el líquido humeante y se lo ofreció a su esposo con la esperanza de que eso los distrajera de su desliz de lengua.

Inuyasha tomó el tazón dubitativamente, como temiendo que decidiera arrojarle encima el líquido caliente y se llevó el recipiente a la boca. Tomó un sorbo de prueba, parpadeó un par de veces. Tomó otro sorbo y volvió a parpadear y finalmente, se empinó el tazón y a pesar de que estaba caliente, se acabó la bebida en unos segundos. Se limpió los labios con la lengua, extendió el tazón hacia Kagome y demandó

"Dame más"

"¿Te gustó?" preguntó encantada la princesa

"Me lo terminé ¿No?"

Kagome contuvo un bufido. Eso era lo más cercano a un 'me gusta' que había recibido de Inuyasha. Felizmente, le sirvió otra ración la cual el joven consumió con la misma rapidez.

"¡Yo también quiero! ¡Dame! ¡Dame!" pidió Shippo que había salido de su escondite para trepar a la mesa y tomar la olla por sí mismo.

"Calma. Ya voy. Bájate de ahí" amonestó suavemente Kagome mientras le servía un poco al pequeño

"¡Que rico! ¡Kagome esto esta muy rico!"

"Que bueno que les gusta" decía Kagome feliz, mientras le servía a Inuyasha una tercera taza "Creo que sí usaré esto como postre"

"¿Postre?"

"Sí. Para la cena"

"Tú nunca haces postre para la cena"

"Pero está será una cena especial" Inuyasha alzó una ceja inquisitivamente, por lo que Kagome continuó "He estado pensando, que Sango debería al menos intentar conocer al predicador un poco antes de rechazar su propuesta por completo, y se me ocurrió que la mejor forma de romper el hielo es con una exquisita cena. Así que voy a preparar una. Por supuesto, toda la familia de Sango será invitada. También le pediré a tu madre y a tu hermano que vengan"

"¿Yo también puedo venir?" saltó excitado Shippo

"Por supuesto que sí"

La expresión de Inuyasha pasó de inquisitiva a incrédula "No creo que esa idea funcione"

"¿Por qué no? No hay nada mejor que compartir una buena comida para que dos personas se conozcan"

"Pues esa es la primera razón por la que no funcionará" Kagome hizo un gesto de confusión, Inuyasha alzó una mano extendiendo un dedo "Número uno: dices 'una buena comida', pero tú no sabes preparar una buena comida" La princesa entrecerró los ojos, Inuyasha alzó un segundo dedo "Número dos: el pervertido ya compartió una comida con la familia de Sango, y por lo que oí, por poco lo dejan incapacitado para ser padre" Kagome hizo un gesto de que no entendía, Inuyasha la ignoró y alzó un tercer dedo "Número tres: estas loca si piensas que voy a dejar que ese depravado ponga un pie dentro de mi casa"

"Inuyasha, primero, ya cocino mucho mejor. Te terminaste la bebida ¿No?" él se encogió de hombros, ella siguió "Segundo, el papá de Sango la tomó por sorpresa al llevar al predicador a comer con él. Ella se puso nerviosa y actuó sin pensar" Inuyasha se rió ante el comentario, Kagome lo ignoró "Tercero, no sé por que tienes tan mal concepto del predicador. A mí me parece un hombre muy inteligente y amable"

"En serio ¿Qué le pasa a la gente de este pueblo que se deja engañar tan fácilmente por ese farsante? Al menos no son todos"

"No me digas que hay otros malpensados como tú en la aldea"

"Por supuesto que sí. No todos pueden ser tan estúpidos" dijo en forma arrogante el muchacho "Es más, tarde o temprano, Ryu o alguien de su familia va a ver al pervertido por lo que realmente es y se va a deshacer de él definitivamente. He hecho una apuesta y hay tres opciones. Myoga dice que será uno de los hermanos, más probablemente Bankotsu porque es quien tiene el peor temperamento, la vieja Tsubaki cree que será Ryu. Yo por supuesto voté por Sango. Ella es más peligrosa y más lista que todos sus hermanos juntos. En un par de días, habrá descubierto lo que ese predicador de quinta realmente es"

"¿El señor Myoga y la señora Tsubaki se han prestado a tu juego? Y yo que creí que la vejes implicaba sabiduría"

"Yo aposté por la cuarta opción" anunció Shippo, relamiéndose los labios por la deliciosa bebida que acababa de tomar

"¿Cuál cuarta opción, baboso? Nadie me dijo que había una cuarta opción" demandó Inuyasha

Kagome interrumpió el reclamo porque ella tenía uno propio "¡Shippo! Los niños buenos no andan por ahí apostando. Y menos sobre la vida de alguien"

El niño hizo un puchero "Pero Miroku se lo merece"

"Shippo. Apostar es una costumbre practicada solamente por personas de dudosa ocupación" al decir esto, Kagome veía a Inuyasha. Él solo se limitó a cruzarse de brazos y mirar a otro lado

"Además," continuó la joven, dirigiéndose al niño "No lo llames por su nombre así nada más, es una falta de respeto. Llámalo predicador Miroku. Después de todo, por su ocupación, es una persona muy importante"

Shippo e Inuyasha le dieron idénticas miradas que transmitían su desacuerdo con ella. Kagome prosiguió amonestando al chiquillo "Así que por favor, de ahora en adelante, lo tratarás con toda cortesía y ya deja de escuchar los comentarios mal intencionados que algunos aldeanos andan esparciendo por ahí. El predicador Miroku es un hombre honesto, amable y virtuoso"

Shippo e Inuyasha seguían dándole la misma mirada. Finalmente Shippo cerró los ojos y sacudió lentamente la cabeza "La ignorancia es una bendición" dijo solemnemente.

Ambos adultos, volvieron sus miradas al niño "Tarado, ¿De donde sacaste esa frase?"

El niño miró a Inuyasha indignado por el sobrenombre con el que lo llamó, pero de todas formas contesto "Miroku," hizo énfasis en el nombre. Kagome suspiró resignada "estuvo toda la mañana en la clase con nosotros y habló mucho de cosas que ninguno de nosotros entendía, pero esa frase de la ignorancia, sí la entendí"

"¿De verdad estuvo con ustedes? Lo ven, el predicador es un hombre sensible. Se tomó tiempo para compartir sus conocimientos con los más pequeños"

"No creo que quisiera compartir con nosotros. Lo que yo creo, es que habló de todas esas cosas raras para que nosotros le hiciéramos muchas preguntas y así poder pasar más tiempo en el salón viéndole los pechos a la profesora" dijo Shippo casualmente. Muy casualmente.

Kagome se horrorizó "¡Shippo! ¿Cómo sabes tú que el predicador estaba. . . estaba. . . estaba haciendo lo que dijiste?"

"Por que sus ojos nunca se movieron para mirarnos a nosotros o para mirarla a ella a la cara. La señora Susume no se dio cuenta porque estaba ocupada revisando nuestras tareas"

Inuyasha la estaba mirando con ojos de 'te lo dije'. Kagome estaba desesperada por encontrarle una explicación al asunto "Shippo, seguramente viste mal"

"No" dijo el niño sencillamente "Después que terminó la escuela, Kato y yo lo seguimos para ver que hacia y a toda mujer que pasaba cerca de él, le miraba los pechos" Kagome estaba roja de vergüenza ajena. Shippo continuo hablando, mientras con una cucharilla trataba de limpiar su tazón de cualquier remanente que hubiera quedado de la bebida "Kato me preguntó porque a algunos hombres grandes les gustan los pechos de las mujeres, pero yo no sé. ¿Tu sabes?" El pequeño abrió sus bellos ojos lo más que pudo al hacer la pregunta. Los dos adultos en la vivienda casi se atragantan por la pena.

"Pues yo tampoco sé" dijo con duda Kagome, mirando a Inuyasha por ayuda. El joven fingía estar sacudiendo la mesa junto a la cual estaba parado.

"También te miró a ti" anunció Shippo "Y no solo te vio los pechos" Kagome se puso más roja. Inuyasha entrecerró los ojos.

"¿Ah, sí?" preguntó fríamente el muchacho.

El pequeño hizo un sonido afirmativo con la garganta en tanto se llevaba la taza ya vacía a los labios. Quería estar seguro de no dejar ni una gota. "Y más tarde, se topó con tu mamá, Inuyasha. Creo que ella le gustó más que las otras porque pasó mucho tiempo hablando con ella"

"¡Es suficiente!" bramó Inuyasha "¡Ese pervertido es hombre muerto!" y salió disparado de la casa con un aura asesina rodeándolo por completo.

Espantada, Kagome corrió tras de él "¡Inuyasha! ¡Espera! ¡No lo puedes matar! ¡Me arruinarías los planes para la cena!"

Shippo parpadeó en dirección a la puerta por la que los dos adultos habían salido. Unos segundos después, la más traviesa de las sonrisas se abrió paso en sus labios. La cuarta opción de la apuesta, era que Miroku moriría a manos de Inuyasha.

Tarareando una cancioncilla, el pequeño se dirigió a la olla con la bebida dulce y se dispuso a acabársela toda.

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"¡Inuyasha! ¡Estas siendo irracional! ¡Espera!"

Inuyasha caminaba por el sendero en dirección a la aldea ignorando por completo a Kagome, quien tras de él hacía grandes esfuerzos para mantenerle el paso y no quedarse rezagada.

"¡Inuyasha, por favor! Seguro que Shippo se imaginó cosas. Últimamente ha pasado mucho tiempo contigo y es obvio que se le están pegando tus malos hábitos. Es imposible que el predicador hiciera las cosas que él dijo y en especial con tu madre. La señora Izayoi inspira tanto respeto"

"Ese tipo no sabe nada de respeto. Cuando lo conocimos, tuvo el descaro de verte en forma indecente estando yo junto a ti"

"Insisto en que lo mal interpretaste"

"Insisto en que estas ciega"

"¡Inuyasha!"

El joven redobló el paso, con el fin de alejarse de su perseguidora, cuando por el sendero, su hermano mayor le salió al paso. Kagome agradeció que apareciera alguien para ayudarla a calmar a su enfurecido esposo.

"Sesshoumaru, que bueno que apareces. A Inuyasha se le ha metido en la cabeza matar al predicador Miroku y no escucha razones ¿Podrías, por favor, decirle que deje de ser tan infantil?"

Sesshoumaru miró a su cuñada un momento para luego dirigir su atención a su hermano, quien mantenía una posición desafiante, "Inuyasha, sé que tu cerebro no funciona como el de nosotros, personas normales, lo hace, pero te agradecería que de vez en cuando al menos intentaras no ponerme en vergüenza. Es una desgracia estar emparentado contigo"

Inuyasha entrecerró los ojos y acto seguido una corriente de palabras groseras salió de sus labios. Kagome cerró los ojos y suspiró. Tenía que recordar que la próxima vez que quisiera calmar a Inuyasha, de ninguna manera debería solicitar la ayuda de Sesshoumaru.

"Inuyasha, Sesshoumaru ¿Qué están haciendo?"

Kagome abrió sus ojos para ver a Izayoi dirigirse a sus hijos con una expresión adusta poco común en ella. Los muchachos detuvieron su discusión en el momento, recordando la amenaza que recibieran unas horas antes.

"Solo estábamos hablando, madre"

Izayoi clavó sus ojos en el mayor de sus hijos, como queriendo deducir si el joven le decía la verdad. Sesshoumaru sostenía la mirada de su madre con una expresión controlada. Izayoi elevó una ceja dubitativa y luego miró a su hijo menor. El muchacho había vuelto su rostro a un lado y cruzado los brazos. Izayoi suspiró.

"Inuyasha ¿Qué pasa ahora?"

"Nada"

"¿Nada?"

El oven sacudió la cabeza en forma negativa.

"¿Estas seguro?"

El muchacho miró a su madre de reojo, sin volver su rostro hacia ella. Izayoi inclinó su cabeza como invitándolo a hablar. Inuyasha descruzó los brazos, giró su cabeza hasta conectar su mirada con la de su madre y en tono acusatorio se quejó "Quiero ir a darle una paliza al charlatán y estos dos no me dejan"

Kagome se llevó una mano a la frente y Sesshoumaru le dio una mirada reprobatoria a su hermano menor. El pensamiento de ambos era el mismo Que tonto

"¿Qué charlatán?" preguntó Izayoi confundida

"Miroku" contestó simplemente su hijo

"¿El predicador?"

"Sí, ese"

"Inuyasha, no puedes darle una paliza al predicador" la madre estaba sorprendida por lo que su hijo pretendía

"¿Por qué no?" Inuyasha no entendía la renuencia de su familia en dejarlo hacer lo que él sabia que era correcto.

"Porque yo digo que no"

"Pero mamá. . ."

"Nada de peros. Tienes prohibido pegarle a los visitantes de Himeshi, en especial a los predicadores"

"Pero él es un farsante" insistió el chico

"No importa. No es correcto que andes por ahí maltratando a los visitantes que nos llegan"

"Pero Miroku es el primero en años ¿No puedo golpearlo aunque sea un poquito?" suplicó

"No"

"Pero. . ."

"¡No!" la firme voz de la madre no daba lugar a discusiones "Además tenemos que asistir a la reunión que Fujita convocó con urgencia"

"¿Qué reunión?" Inuyasha se rascó la cabeza sin comprender

Izayoi se volvió incrédula hacia su otro hijo "¿No le dijiste de la reunión?"

"Iba a hacerlo, madre" comenzó a disculparse Sesshoumaru "Pero Inuyasha no me dio oportunidad"

"Ya. No importa. Mejor vamos con los otros" La dama comenzó a liderar el camino, con Sesshoumaru justo detrás de ella. Inuyasha había cruzado los brazos nuevamente, notoriamente disgustado por haber sido detenido de su propósito, pero de todas formas, siguió al resto de su familia.

Cuando hubo dado unos pasos, se dio cuenta de que Kagome se había quedado de pie en el mismo lugar que estuviera antes "Oye, mujer ¿No vienes?"

"¿Puedo ir a la reunión?" preguntó la chica, sorprendida. Durante su corta estadía en Himeshi, había escuchado que semanalmente se celebraban reuniones generales con todos los habitantes de la aldea, pero hasta ese día, Inuyasha siempre había asistido sin ella.

"Te estoy diciendo que vengas ¿No?"

Kagome mostró una de sus mejores sonrisas y en un segundo ya estaba caminando junto a Inuyasha. El joven la miró de reojo, y, no por la primera vez, se preguntó por que su esposa era tan extraña. ¿Quién se emocionaba tanto por asistir a una reunión? Él prefería evitarlas. De hecho, cada vez que se celebraba una, él se escabullía minutos después de su inicio y regresaba cuando calculaba que ya iba a terminar. Su madre lo había regañado incontables veces por esa situación, pero finalmente se había dado por vencida. Ni siquiera ella podía igualar la terquedad de su hijo menor.

Kagome tardó unos momentos en reparar que habían tomado el sendero de vuelta a la casa que compartía con Inuyasha ¿a dónde iban? Ella nunca se había enterado de en que lugar se celebraban las juntas. Ninguna de las casa en la aldea era lo bastante grande como par albergar a más de quince personas a la vez. Pasaron de largo la pequeña casa y tomaron el sendero que seguía hacia arriba y a la izquierda de la casa de Izayoi.

Kagome notó a una buena cantidad de aldeanos que iba delante de ellos y poco a poco se incorporaban al sendero otros más. La multitud estaba constituida en su mayoría por las personas más adultas. Venían también varios jóvenes pero ninguno menor que ella. De hecho, de los jóvenes que alcanzaba a ver, ella podía asegurar que Sango, quien caminaba rígidamente junto a su padre, era la única soltera del grupo.

Caminaron por varios minutos y el angosto sendero comenzó a ensancharse. A preguntar cuanto faltaba por llegar iba la princesa, cuando ante su mirada, apareció el lugar al que iban.

Kagome se quedó sin palabras. Frente a ella y levantándose en toda su gloria estaba una de las más bellas estructuras que la princesa había visto en su vida. La casa de tres pisos de alto era casi un palacio, pero sus paredes, en lugar de estar hechas de piedra, estaban forjadas con madera. Hermosa madera. Poseía inmensos ventanales en cada pared decorados con postigos finamente tallados. El pórtico era amplio con columnas fuertemente construidas y la puerta principal era casi dos veces más alta que ella y en el umbral tenia grabados de flores y árboles ¿Cómo es que no había visto este lugar antes?

"¿Dónde estamos?" preguntó tímidamente. Sentía que era un crimen el no haberse enterado antes de la existencia de semejante obra de arte.

"En la casa grande ¿No habías venido antes?"

"Es la primera vez que me traes a una reunión. Y además todos insisten en que no me adentre sola al bosque y como en esta área hay muchos árboles. . ."

"Bueno, no importa. Es solo una casa"

"No es solo una casa, Inuyasha. Este lugar es hermoso" la princesa se quedó sin aire cuando algo más llamó su atención "¡Mira ese jardín!" Aun costado de la propiedad, había un jardín armoniosamente distribuido, mostrando una gama de colores y texturas que la princesa solo había visto en palacio. La jovencita se separó de su marido y se movió a contemplar la belleza exhibida delante de ella.

"Esto es precioso ¿Quién vive aquí?" preguntó cuando notó que Inuyasha la había seguido

"Nadie"

"¿Cómo que nadie? El lugar está en perfectas condiciones y un jardín como este no se mantiene tan hermoso por sí solo"

"El jardín es de mi mamá" La princesa se volvió hacia él, pidiendo mayor explicación con la mirada "ya viste su cabaña, no tiene espacio suficiente para plantar un jardín. Al menos no como a ella le gusta. Así que para compensar esa falta, ella cuida de este"

"Pues hace un excelente trabajo" expresó fascinada la jovencita.

"Supongo. Ven, sigamos"

"Oye, ¿En serio no vive nadie en esta casa?"

"Ya viste el tamaño que tiene. Es demasiado grande. Es necesario el trabajo de diez personas para limpiarla en un día y créeme, hay cosas más importantes que hacer que estar limpiando las ventanas de este lugar"

Kagome apreció una vez más la suntuosidad del lugar y tuvo que estar de acuerdo. Lo más seguro era que una sola de las habitaciones de esa gran casa era más grande que la cabaña en la que ella vivía y aún así, le tomaba cerca de dos horas dejar limpia la vivienda "Sí, tienes razón. sería muchísimo trabajo. Pero, ¿Dónde vive el dueño, entonces?"

"Ya te dije que el viejo murió"

"Pero también dijiste que dejó un heredero"

"Sí, pero. . ."

"Inuyasha" interrumpió la voz de Sesshoumaru "No vamos a esperarte todo el día"

"Ya voy" contestó molesto el muchacho "Nunca me dejan en paz. Vamos Kagome" Inuyasha acortó la distancia entre el jardín y la puerta principal de la casa rápidamente, con su esposa justo tras de él. La princesa tendría que esperar un poco más para satisfacer su curiosidad.

Cuando atravesaron el umbral, Kagome se encontró dentro de uno de los salones más relucientes y bien alumbrados que había visitado. Su mente voló a un tiempo en el que ese bello salón habría sido utilizado para ofrecer las más refinadas fiestas. Pudo imaginar a las mujeres luciendo su vestidos más llamativos, a los caballeros con sus trajes elegantes invitándolas a bailar y por un segundo, deseó estar de vuelta en palacio, donde podía disfrutar de semejantes celebraciones, resguardada de toda la violencia y tristeza que existía fuera de las puertas del castillo.

"Oye, ¿Otra vez se te apagó el cerebro?"

Kagome volvió a la realidad para encontrar a Inuyasha viéndola extrañado. Miró a su alrededor con melancolía. Últimamente había comenzado a extrañar algunos aspectos de la vida de palacio. Se miró las manos, antes suaves y delicadas, estaban llenas de callosidades por las labores de aseo y cocina. Miró su vestido viejo y desgastado y extrañó las sedas suaves de sus antiguas ropas de diario. Miró a Inuyasha, con sus ropas de campesino, el cabello desordenado y la piel bronceada por el sol. Tan diferente al elegante, frío y extremadamente rico conde Hakudoshi. Sonrió.

Tal vez había perdido todas las comodidades y lujos a los que estaba acostumbrada, pero al menos había conservado su libertad y de paso había adquirido conocimientos y habilidades que de otra forma nunca habría conocido. Pronto estaría lista para irse de Himeshi y muy cerca de conseguir su felicidad.

"Estoy bien. Solo sentí un poquito de nostalgia"

El joven se encogió de hombros y le indicó que lo siguiera a tomar asiento. El salón no tenía ningún mobiliario, pero estaba lleno de personas, sentadas en el piso, formando un círculo. Sesshoumaru estaba sentado en uno de los primeros peldaños de la amplia escalinata situada al centro de la pared del fondo. Izayoi se había acomodado en uno de los peldaños a la derecha de su hijo, otras personas mayores situadas cerca de ellos, sobre la escalinata.

Kagome supuso que Inuyasha la dirigiría a sentarse junto a su familia, pero el chico escogió un lugar al final de la sección izquierda del círculo. La joven preguntó la razón de permanecer tan lejos de los demás y el muchacho simplemente contestó que quedándose lejos de ellos, tenía más libertad de expresar sus pensamientos y opiniones libremente.

"Y ¿Qué asuntos tratan en estas reuniones?"

"De cualquier cosa. Generalmente de dinero: cuanto subió el valor del trigo, a como se están vendiendo los animales de corral, cuan grande es la demanda de hortalizas, cosas por el estilo. Aunque eso generalmente se trata en la reunión semanal. Lo que sea que Fujita averiguó debe ser importante"

Kagome miró hacia donde Fujita estaba sentado. Era un hombre de poco más de treinta años, alto, moreno y fornido. Sentado junto a su esposa, parecía inquieto. Cerca de él, se habían reunido los otros tres hombres que lo acompañaron en su recorrido comercial por las ciudades del norte. Los otros hombres eran Kazuma, Koji y Jinenji, Aunque Jinenji no podía ser descrito exactamente como hombre.

A pesar de ser ya un adulto de más de veinte años, su comportamiento era muy infantil - no en la misma forma infantil de Inuyasha, quien simplemente demostraba falta de madurez – Era muy inocente, tenía dificultad para entender algunas cosas de la vida que los adolescentes comprendían de inmediato y disfrutaba los juegos de los más pequeños, esto último a pesar de que su tamaño era descomunal - Fácilmente le sacaba una cabeza a Kyo, el hermano de Sango – En resumen, era un niño atrapado en el cuerpo de un muy grande adulto, y esto era lo que lo hacía tan dependiente de su madre, Yume, una mujer bastante anciana.

Kaede le había explicado que algunas veces, cuando una mujer da a luz siendo ya mayor, los bebés nacían siendo algo diferentes al resto de niños. Sus mentes se desarrollaban en forma más lenta y eso constituía un problema, tanto para los padres como para el hijo. De hecho, Yume había tenido muchos problemas en su anterior aldea por las burlas y menosprecios de los que era objeto su hijo. Afortunadamente para ambos, en Himeshi encontraron un solaz para su desdicha. Los niños adoraban a Jinenji y los adultos eran comprensivos y pacientes con él. Aún Inuyasha.

Kagome, entonces, buscó a Yume con la mirada y como de costumbre, la anciana estaba justo al lado de su muchacho. En el rostro de la anciana se reflejaban los años de lucha y sufrimiento por los que había tenido que pasar, el último golpe fue la destrucción de su aldea por una banda de desconocidos. Los perpetradores incluso secuestraron a varios de los habitantes, asesinando al resto.

Irónicamente, ella y su hijo sobrevivieron gracias a una de las muchas bromas pesadas dirigidas a Jinenji. El día de la masacre, unos adolescentes le habían dicho a su hijo que habían descubierto una fuente milagrosa que hacía que las plantas florecieran de la noche a la mañana y debido a su ingenuidad, Jinenji les creyó y le rogó a su madre que fueran a verla.

La señora no tuvo corazón para romper las ilusiones de su hijo y decidió acompañarlo, pensando en el camino la explicación que le daría al no encontrar la fuente milagrosa. Cuando regresaron a la aldea, se encontraron con el lugar hecho un caos y cuerpos por todas partes ¿Quién diría que las malas intenciones de un grupo de niños malcriados les salvarían la vida? Gracias a Dios, poco después de la tragedia un comitiva de comerciantes de Himeshi pasó por el lugar y los invitó a acompañarlos.

Yume y Jinenji se habían adaptado muy bien a la vida en Himeshi. Ella era buena costurera y con la ayuda de otras mujeres lograba confeccionar bonitas prendas que luego eran llevadas a las ciudades para venderlas, pero lo que más feliz hacía a la anciana, era que su hijo había encontrado algo en que ocuparse también. El joven Jinenji, a pesar de su deficiencia, tenía una capacidad increíble para memorizar los nombres de todas las plantas decorativas, medicinales y ornamentales que se le cruzaban en el camino, junto con sus características y propiedades. En resumen, el muchacho era una enciclopedia ambulante de plantas y flores.

Eso había sido de mucha utilidad para los mercaderes que no eran expertos en el tema, pues en incontables ocasiones habían sido timados por vendedores inescrupulosos, en especial al comprar hierbas medicinales para Kaede y plantas ornamentales para las aldeanas que realizaban con ellas trabajos manuales. Así que con frecuencia, el muchacho se unía a los grupos que salían de Himeshi como asesor de compras botánicas.

Sesshoumaru se aclaró la garganta para llamar la atención de todos los presentes y así dar comienzo a la reunión.

"De acuerdo, Fujita, ¿Qué es eso tan importante que tienes que decirnos?"

El aludido, se levantó de su lugar en el piso y se puso de pié en medio del círculo de oyentes "Nos topamos con algo. . . interesante, mientras estábamos en la ciudad. A Jinenji se le escapó una de las gallinas y fue tras de ella y, pues, el animal terminó adentrándose en la zona sucia de la ciudad."

"¿Qué parte sucia?" preguntó Kagome en un susurro, para no interrumpir al que hablaba. Inuyasha le hizo un gesto de que guardara silencio, sin distraerse del reporte que se estaba recibiendo

"Jinenji sabe muy bien que nunca debe ir allí" continuaba hablando Fujita "Todos los demás pensamos que él solo atraparía a la gallina y volvería inmediatamente, pero, luego de varios minutos sin que él apareciera, decidimos ir a buscarlo" El joven hizo una pausa para asegurarse de que todos los oyentes habían entendido hasta esa parte. Podía ver en los rostros de algunos de los más mayores el gesto de desaprobación ante el atrevimiento de los hombres de adentrarse a los lugares de mal nombre a los que tenían expresamente prohibido acercarse.

"Buscamos a Jinenji, teniendo cuidado de no distraernos con las mujeres en exhibición. . ."

"¿Qué mujeres en exhibición?" volvió a susurrar Kagome. Inuyasha le dio una mirada de disgusto. La chica entendió el mensaje

" . . .finalmente lo encontramos, de pie frente a una ventana donde había una mujer haciendo gestos bastante obscenos, tratamos de que Jinenji se alejara de allí, pero él nisiquiera estaba viendo a la mujer frente a nosotros, sino que veía más allá de ella. Cuando logramos que nos pusiera atención, nos dijo que acababa de ver en el negocio a alguien a quien conocía de su antigua aldea"

"Sí, era Ibuki" dijo animado Jinenji

"¿Y quien es Ibuki?"

"Ibuki era la hija del carpintero. Ella era muy buena conmigo. Nunca se burlaba de mí" recordó con alegría el muchacho, luego su rostro se ensombreció un poco "Todos los demás me trataban muy mal"

"Bueno, a parte de que es una pena que algunas mujeres recurran a la prostitucón como forma de vida, no veo la relevancia de este asunto"

"¿Prostitución?"se alarmó Kagome. Inuyasha apretó los puños para obligarse a no perder la calma. Para variar, él estaba interesado en la historia y no dejaría que su esposa lo distrajera.

"Lo relevante," terció otro de los recién llegados "es que Ibuki es una niña de trece años"

Se armó un alboroto debido a que gran parte de los asistentes a la reunión mostraban su asombro y repudio ante la noticia. Kagome estaba muda. Las palabras niña y prostitución de ninguna manera deberían utilizarse en una misma frase, nunca.

"¡Silencio!" La autoridad en la voz de Sesshoumaru, hizo callar a todos los presentes en el acto. Satisfecho de haber captado la atención de la congregación, el joven jefe vocalizó la pregunta que todos se estaban haciendo "¿Se sabe si esta niña fue obligada a realizar tal oficio?"

"Precisamente, es lo que quiero explicar a continuación" habló Fujita nuevamente. Era obvio que el hombre estaba nervioso, pues no sostenía la mirada de nadie y se apretaba las manos "Pero antes, quiero dejar constancia de que lo que hice, fue por el bien de la pequeña"

"Nadie va a juzgarte, Fujita" la calma voz de Izayoi pareció tranquilizar al hombre "Por favor, habla"

"Bien, Jinenji insistía en que no quería dejar a Ibuki allí, pues el sabía que no era un lugar bueno y seguía diciendo que los hombres malos se la habían llevado a la fuerza. Cuando dijo eso, decidimos, entre los cuatro que era mejor ir allí dentro y averiguar. Echamos suertes y me tocó a mí"

"¿Entraste a un prostíbulo?" preguntó alarmada una mujer que se puso de pie abruptamente

"Tuve que hacerlo, Ikiko. Era la única forma de averiguar que le había sucedido a esa niña" se defendió en forma apremiante Fujita.

"Ikiko, conserva la calma" volvió a hablar Izayoi "Estoy segura que tu marido no ha hecho nada incorrecto. Déjalo que termine" Ikiko no pareció convencida, pero aún así, volvió a sentarse. Izayoi le sonrió aprobatoriamente y animó a Fujita a continuar con su relato.

"Entré y el propietario se acercó a mí, preguntando por mis preferencias, yo solo le pedí que me enviara con la chica joven que había estado cerca de la ventana. El hombre se rió y dijo que tenía que ser más específico porque en el lugar había muchas chicas jóvenes" Fujita suspiró con fuerza "Juro que si no hubiese estado tratando de ayudar a Ibuki, habría golpeado a ese mal nacido hasta destrozarle la cara por completo"

Kagome finalmente había dejado de hacer preguntas, interesada como estaba por el relato, se preocuparía de aclarar sus dudas más tarde, a su lado, pudo distinguir a Inuyasha diciendo en un murmullo 'Yo en tu lugar, lo habría matado y luego habría sacado a esa mocosa de ahí, aunque fuera a rastras'

"Yo no pude describir a Ibuki muy bien, así que el tipo simplemente solucionó el problema trayéndome a todas las muchachitas de esa edad que estaban disponibles para los clientes. No puedo describir como me sentí en ese momento" la voz de Fujita se escuchaba realmente alterada "Ese maldito me presentó ocho niñas. ¡Ocho! ¡Y todas más jóvenes que mi hija! Sentí asco de mí mismo, solo por estar parado allí"

"¿Reconociste a Ibuki?" volvió a hablar Izayoi. Al parecer, un tema tan delicado como el que estaban tratando, no era el más adecuado para ser manejado por un hombre, por lo que Izayoi había tomado la dirección de la reunión sin que su hijo o nadie más protestara. Era mejor así. La dulce voz y el aura de cordialidad que Izayoi emanaba en ese momento, parecía ser un calmante para los alterados nervios de Fujita

"Sí. Había podido verla por un segundo a través de la ventana, así que pude reconocerla. Pagué por ella una. . . una gran cantidad" las últimas frases parecieron salir de sus labios con un dejo de culpa.

"No te preocupes por el dinero, eso lo resolveremos después. Continúa" Indicó una vez más Izayoi

"Nos asignaron un cuarto, aunque la diminuta habitación solo estaba separada de las demás por paredes hechas como de papel. Se podía escuchar claramente lo que sucedía con los otros clientes" varios rostros se sonrojaron en ese momento, y no solo eran rostros de mujeres.

A Kagome se le vino a la mente una de las conversaciones en el cuarto de costura de palacio en la cual las cortesanas se habían dado a la tarea de mostrarle a la princesa los sonidos que se podían esperar de un compañero de cama y los sonidos que ese compañero podría esperar de ella. En esa ocasión, la jovencita se había sentido abochornada, pero había hecho un esfuerzo de mostrarse interesada en la lección. En el momento actual, en medio de una discusión tan seria, Kagome sentía verdadera vergüenza. Su madre, la reina, tenía razón. Las cosas que pasan en el dormitorio, deberían quedarse dentro de él.

"En fin, Ibuki parecía ya haberse acostumbrado al trabajo, porque de inmediato comenzó a remover sus ropas. Por supuesto, le pedí que se detuviera y ante su asombro le dije que solo quería hablar. La pobre criatura se puso tan nerviosa. Me dijo que les estaba prohibido hablar con los clientes. Le aseguré que yo no diría nada al respecto, pero ella no parecía convencida. Al fin, le dije que Jinenji me había enviado. Por un segundo, su rostro pálido pareció iluminarse con su sonrisa y entonces me di cuenta de lo delgada que estaba"

"La chiquilla esta en los puros huesos. Luego de que acordamos en hablar quedamente para que nadie sospechara, me contó que apenas les dan de comer, las mantienen trabajando hasta la madrugada, las dejan dormir unas pocas horas, tras lo cual deben levantarse a limpiar todo el local y las ropas y así se pasan la mañana hasta que después de la comida es hora de abrir nuevamente"

Muchos murmullos volvieron a escucharse. Fujita esperó a que disminuyeran las comentarios para proseguir "Hasta ese punto de su relato, la chiquilla había permanecido impávida, como si fuera algo normal. Le pedí me contara como había llegado a trabajar en ese lugar y me dijo parte de lo que Jinenji y su madre nos contaron: que unos hombres vestidos con ropas de la guardia llegaron una noche, incendiaron la aldea, mataron a todos los que se les opusieron y se llevaron consigo a las mujeres jóvenes y los niños. Y así fue como ella terminó en ese lugar junto a varias mujeres y niñas. Algunas. . ." tragó grueso "Algunas niñas son más chicas que ella"

Sesshoumaru hizo sonar su voz por sobre los murmullos que se habían desencadenado una vez más "Esos hombres que se las llevaron, ¿Eran soldados de la guardia o solo iban vestidos como tales?"

"Ibuki está segura que era la guardia real. Ella me aseguró que, un soldado que había pasado por la aldea unas semanas antes del ataque buscando traidores en los alrededores, fue el mismo hombre que capturó a su hermana mayor"

Esa vez, ya no fueron murmullos los que se desencadenaron, sino reclamos a voz viva.

"¿Cómo pueden hacer eso?"

"¡Salvajes! ¡Deberíamos encender una fogata y quemarlos vivos a todos!"

"¡Esos malditos! ¡La próxima vez que vea a uno, le clavaré mi espada en el pecho!"

"¡¿Qué esperamos?! ¡Vamos ahora mismo a darles una lección a esos perversos!"

"¡BASTA!" Sesshoumaru se vio obligado a gritar para ser escuchado por la turba furiosa. Todos y cada uno de los presentes parecía listo a emprender la marcha contra las guardias del rey "¡Todos cálmense ahora!"

"Pero Sesshoumaru," habló una mujer de mediana edad "¿Cómo podemos calmarnos después de que esos animales. . .?" una mirada del jefe de la aldea hizo callar a la mujer de inmediato.

"Fujita" demandó el joven líder "¿Por qué no sacaste a esa niña de ese lugar?"

"Porque el maldito gobernador mantiene guardias por todas partes de esa zona" Todos los rostros se volvieron a Inuyasha, quien sentado en su lugar, le había quitado las palabras de la boca a Fujita "Esa parte de la ciudad, es la que más dinero produce y ese remedo de gobernador no esta dispuesto a permitir que nadie se interponga en el 'progreso' de su ciudad"

Kagome le dio una mirada a su esposo. Ella quería preguntarle como sabía eso. Al parecer, Inuyasha le leyó la mente porque volviéndola a ver, habló "Una vez, cuando estaba haciendo un trueque en las afueras del mercado, una mujer pasó corriendo aterrorizada y tras de ella venían tres soldados, creí que sería una ladrona, así que no me entrometí. Al rato, los soldados volvieron, uno de ellos traía a la mujer del cabello. El comerciante con el que estaba haciendo el trato sacudió la cabeza y dijo: pobre mujer"

"Cuando le pregunte a que se refería, me contó que la mayoría de las empleadas de los prostíbulos son obligadas a trabajar en esos lugares y que al menos antes, cuando trataban de huir, muchas tenían éxito, pero después de varias pérdidas de personal, el gobernador mandó poner guardias en cada establecimiento para evitar que más mujeres se escaparan"

"Eso es horrible"

"¿Tu crees?" preguntó sarcástico el muchacho.

"¡Debemos hacer algo!" demandó alguien más en la multitud "Ahora ya tenemos confirmación de que sí es la guardia real la que está tras los saqueos de las aldeas más pequeñas. Tenemos que actuar antes de que decidan venir por nosotros"

"No hay nada que podamos hacer" habló con voz gélida el mayor de los hermanos de cabello plateado.

"¡No podemos quedarnos cruzados de brazos!"

"¿Han tratado de pedir audiencia con el rey?" Kagome no podía creer que se hubiese atrevido a hacer esa pregunta, especialmente, por las diversas expresiones que los presentes tenían en sus rostros, las cuales iban desde incredulidad, pasando por resignación, enojo, y en algunos casos, burla

"El rey está muy ocupado asistiendo a los banquetes con los nobles " Como era de esperarse, el de la burla era Inuyasha

Aún cuando Kagome sabía que Inuyasha estaba en lo cierto, al menos en parte, no pudo evitar sentirse mal de que la reputación de su padre fuera tan mala dentro del pensamiento de los aldeanos "Tal vez la reina, entonces" La princesa quería golpearse a sí misma ¿Cómo se le ocurría hacer semejantes sugerencias?

"No" volvió a hablar Inuyasha "Ella esta muy ocupada organizando esos banquetes para el rey"

"O buscándole marido a sus hijas" terció desde algún lugar la voz de Bankotsu

"Además, si alguien está enterado de las cosas que hace la guardia, ese debe ser el rey" habló fríamente el jefe de la aldea "Él dicta las leyes, incluyendo las que dicen que la guardia puede ir a aldeas indefensas y tomar a las mujeres y niños para ponerlos a trabajar en los prostíbulos. Y si en algún muy remoto caso no está enterado de la situación, entonces, es peor rey de lo que todos creemos"

Kagome tenía ganas de llorar. Ella sabía que su padre no era el mejor rey y que definitivamente era el peor padre del mundo, pero no se lo imaginaba llegando tan lejos solo para hacer el reino más rico.

"Sesshoumaru," volvió a tomar la palabra Fujita "todos estamos alterados, sin embargo, creo que es tu deber transmitir las otras noticias que ya te dimos"

"¿Y ahora que diablos?" se quejó Inuyasha.

Sesshoumaru suspiró tan suavemente que ni siquiera se notó "Me temo, que nos volvieron a subir los impuestos"

"¿QUÉ? ¿PERO QUE DEMONIOS?"

Ni todo el ruido que la congregación hizo a la vez, fue suficiente para acallar los gritos de Inuyasha.

"¡Apenas hace dos meses que nos los subieron la última vez!"

"Ya sé eso, hermano"

"Si ya lo sabes, dime querido hermano ¡¿Qué demonios vamos a hacer?! ¡Apenas lográbamos sacar la cuota anterior!"

"Seguramente," habló Kaede "su intención es llevarnos al límite. Asegurarse de que no podamos pagar los impuestos para sacarnos de aquí. Todos sabemos que esta tierra es muy próspera y el gobernador la ha deseado por largo tiempo"

"Pues que trate de venir a quitárnosla" varias voces apoyaron el reto de Inuyasha.

"¿Están conscientes de que no tenemos poder militar para combatir a la guardia?" preguntó casualmente Sesshoumaru

"¿Eso que importa? ¡Con nuestra fuerza tenemos suficiente!" habló otro hombre. Varios de los presentes confirmaron la declaración.

"Están actuando como niños caprichosos" afirmó en forma simple el líder "dejándose llevar por sus emociones sin pensar en las consecuencias"

"¿Qué hay de las consecuencias de no hacer nada? ¿Vamos a esperar a que la guardia venga y decida llevarse a nuestras mujeres e hijas en pago por los impuestos que no podremos pagar?" Ante la incitación de otro aldeano, la multitud insistía en dar el primer golpe.

"De acuerdo," Todos volvieron su atención a Sesshoumaru, pensando que al fin había entrado en razón "Supongamos que reunimos a los hombres más fuertes y marchamos contra Ciudad Real. Llegamos a las puertas de la ciudad ¿Y luego qué? ¿Esperamos que los guardias de las puertas simplemente dejen pasar a un puñado de hombres armados? Y si nos escabullimos y llegamos a la casa del gobernador y logramos acabar con el bastardo y parte de su guardia ¿Qué seguiría? ¿Marchar a Palacio para derrocar al rey?"

Muchas voces sonaron, haciendo notar que estaban de acuerdo con ese plan. Sesshoumaru los miraba impasiblemente. Estudiaba los rostros con detenimiento. Muchos lucían excitados con la idea de entablar una lucha por la justicia mientras otros parecían renuentes a esa línea de pensamiento. Sus ojos se detuvieron en su hermano.

El muchacho ya no parecía tan entusiasmado acerca de darle una paliza a los mal nacidos como al principio. El joven jefe sonrió para sus adentros. Su hermano menor era impulsivo y con un temperamento fogoso, pero no era tan estúpido como parecía. Hasta su arrebatado hermano menor comprendía los verdaderos riesgos de iniciar una confrontación y como jefe de la aldea su deber era lograr que el resto de habitantes de Himeshi también lo comprendieran.

"¿Alguien tiene idea de cuantos soldados tiene a su disposición solo el gobernador?" habló el mayor de los ojidorados, no esperando respuesta. No había forma de que alguno de sus vecinos supiera esa información cuando ni siquiera él estaba seguro de cuan grande era el regimiento del gobernador. Haciendo números en el aire, él diría que serían alrededor de 500 hombres, casi el doble de los hombres fuertes de Himeshi.

Como lo esperaba, nadie contestó, por lo que Sesshoumaru se dispuso a seguir, sin embargo, una voz aún desconocida por la mayoría, se hizo escuchar.

"Son quinientos cincuenta y seis"

Con interés, el jefe de la aldea se volvió hacia la voz, y al reconocer a su portador, se dirigió a él de la forma más inexpresiva "Predicador, esta es una reunión exclusiva para los aldeanos de Himeshi"

"Eso me dijeron" habló calmadamente el predicador "Pero considerando que mi compromiso con la señorita Sango pronto será concretado, pensé que ya podía sentirme como parte de esta maravillosa comunidad"

Sesshoumaru lo observó con detenimiento. Él compartía la desconfianza que su hermano sentía por el predicador y honestamente dudaba que ese compromiso fuera a hacerse realidad, pero ese no era su problema. Si Ryu estaba tan desesperado como para arrojar a su única hija en brazos de un hombre de dudosa reputación, allá él. Sin embargo, el estoico joven no podía cerrar sus oídos a la pieza de información que el extranjero quería compartir.

"Pero si mi presencia les molesta, ruego sus disculpas" seguía hablando Miroku "Me retiraré en este momento"

"Predicador" llamó Sesshoumaru "Si nadie tiene inconveniente, puede quedarse"

Miroku esperó por alguna objeción, pero nadie rechazó su presencia, al menos, no verbalmente. El joven viajero pudo sentir dos miradas perforándolo por ambos costados. Era fácil imaginar a quienes pertenecían esas miradas, la primera debía ser de su flamante prometida y la segunda, sin lugar a dudas, era la del violento hermano del jefe de la aldea. No le quedaba más remedio que acostumbrarse.

Pausadamente, Miroku tomó asiento cerca de un grupo de hombres mayores y se acomodó lo mejor que pudo sobre el duro piso. Sesshoumaru esperó hasta que estuviera situado para reiniciar la discusión.

"A ver, predicador, ¿Qué fue lo que dijo acerca de los soldados?"

"Oh, sí. Dije que el regimiento del gobernador esta formado por 556 soldados, divididos en tres secciones: los guardias de la ciudad, los guardias rurales y los cobradores de impuestos. Y a parte de ellos, hay quince soldados más que sirven como guardas de la cárcel"

"¿Y puede decirnos como obtuvo esa información?"

"Pues verán, mis estimados vecinos, sucedió que un día, durante mi estadía en nuestra amada capital, decidí entrar a una cantina, con el fin de tratar de rescatar a las pobres almas que ven en el licor la salida a sus problemas. . ."

"Já. Seguro entró a ponerse borracho" susurró Inuyasha. A su lado, Kagome lo golpeó levemente con el hombro, para hacerlo callar.

". . . y mientras conversaba con dos buenos hombres, me llamó la atención un joven que estaba bebiendo sin compañía. El pobre hombre se veía tan desdichado que no pude evitar sentir compasión por él. Me acerque con la intención de ayudarlo en cualquier trance que tuviera y mis sabias palabras debieron llegar a su corazón, pues en cuestión de segundos, el muchacho me estaba confiando sus problemas. . ."

"¿Podría acortar la anécdota e ir directo al punto?" preguntó secamente Sesshoumaru. A diferencia de la mayoría de los presentes, a él no le impresionaba el 'buen corazón' del predicador. De hecho, todo el cuento le resultaba tan falso. Si no fuera porque una de las reglas de Himeshi era mostrarse cordial con los extranjeros, él mismo habría sacado al predicador de la aldea en el primer momento.

"Perdón, joven Sesshoumaru. Es solo que quiero dejar en claro la razón de mi visita a la cantina. No quiero que vayan a haber malos entendidos en cuanto a mi devoción por el rescate de las almas perdidas. Dios sabe que el buscar a sus ovejas descarriadas es la única razón por la que yo pondría un pie en semejante lugar" Una risa estrenduosa interrumpió a Miroku, cortando a la vez los sonidos de admiración por el predicador que varios de los oyentes estaban haciendo.

Kaede meneó la cabeza, Izayoi se llevó una mano a la frente, a la vez que suspiraba y Sesshoumaru tamborileó los dedos esperando a que Inuyasha terminara de reírse.

Kagome enrojeció abochornada. Todas las miradas estaban centradas en ella y su esposo. La princesa tiró discretamente de un mechón de Inuyasha a la vez que en un murmullo le rogaba que dejara de burlarse del predicador. El joven se inclinó levemente hacia ella para decirle en el mismo tono bajo que no se estaba riendo del pervertido sino de los torpes aldeanos que se tragaban tan fácilmente ese cuento del 'rescate de las ovejas descarriadas'

"Hermano" habló el jefe de la aldea, llamando la atención de los esposos "Si no te molesta, nos gustaría continuar con esta reunión"

"No me molesta, hermano. La verdad, me estoy divirtiendo mucho"

Sesshoumaru cerró los ojos por un segundo ¿Por qué los hermanos menores tenían que ser tan molestos? "Continúe, predicador"

Miroku no se dio por aludido ante la burla de Inuyasha, por el contrario, mostrando la más amable de sus sonrisas, resumió su relato. Esta vez, yendo directo al grano. "El joven resultó ser miembro de la guardia del gobernador, influenciado por su estado de embriaguez, él me dio la información que acabo de compartir con ustedes"

"Ya veo. 556 hombres. Eso es más del doble de nuestros hombres fuertes" declaró Sesshoumaru "¿podemos tomar como verídica esa información? Después de todo, esa 'alma perdida' estaba bajo los efectos del licor"

"Es información real. El guardia resultó ser miembro del contingente de cobradores de impuestos y ellos están encargados de llevar el control de los egresos del dinero destinado para uso público, incluyendo, el pago a sus camaradas"

"Bueno, ya lo escucharon" habló el líder, poniéndose en pie "Solo el gobernador cuenta con una fuerza armada por mucho superior a la que nosotros podríamos formar ¿Aún así creen que sería buena idea arrojarnos en contra de él?"

La excitación que embargara a la mayoría minutos antes, se había disipado. Tímidamente, una mujer alzó su voz para preguntar que iban a hacer entonces ¿Esperar y quedarse de brazos cruzados cuando el gobernador decidiera deshacerse de ellos?

"Cuando llegue el momento, haremos lo que tengamos que hacer. Pero si la situación llega a tales extremos, tengan por seguro que yo seré el primero en la línea de defensa. No estoy de acuerdo en arrojarnos de cabeza a una batalla sin sentido, pero por defender lo que es nuestro, estoy dispuesto a morir y sé que todos los que están aquí, también"

"Les aconsejo, amigos, que aquellos que tengan hijos entrando a la adolescencia, redoblen el entrenamiento en el manejo de armas que les estén dando y también debemos instruir a conciencia a los más pequeños y a los ancianos sobre las rutas de escape que tenemos a disposición en caso de que surja una confrontación con los soldados. Y señoras, aquellas que nunca han tomado en serio el aprendizaje de técnicas de combate, es necesario que retomen esas lecciones. No iremos en busca de una pelea, pero estaremos listos cuando esa pelea venga en busca de nosotros"

Los aldeanos estuvieron de acuerdo con las palabras de su líder. Era mejor prepararse y estar listos para cualquier eventualidad. No perderían Himeshi sin dar una buena pelea.

La convención fue disuelta y cada cual tomó camino a su respectiva casa.

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Kagome mantenía su mirada fija en el blanco mientras se ocupaba de tensar el arco con la fuerza necesaria para hacer llegar la flecha a su destino. El entrenamiento estaba yendo particularmente mal esa mañana y no solo se debía a que Inuyasha había decidido introducirla en el disparo a blancos móviles.

El muchacho había tomado el tablón sobre el cual Kagome practicaba y con unas cuerdas lo había amarrado a la rama de un árbol, dejándolo suficientemente suelto como para permitirle moverlo de derecha a izquierda. Sobraba decir que la princesa no había logrado atinar ni una tan sola vez. Ella se había quejado al principio de lo poco práctica que la nueva modalidad le resultaba a lo cual Inuyasha respondió que los ladrones tenían la costumbre de moverse constantemente cuando asaltaban a alguien y que dudaba mucho que alguno de ellos tuviera la cortesía de quedarse quieto el tiempo suficiente para que su víctima tomara su arco, le apuntara y le disparara.

La princesa tuvo la gracia de sonrojarse. Realmente esperaba nunca tener que usar su arma. Ni siquiera era capaz de matar una gallina y cuando el otro día, Inuyasha le ofreció que lo acompañara a cazar, ella se negó rotundamente. No toleraba ver muerte.

Pero no era la dificultad de su ejercicio lo que la estaba molestando. Era lo discutido en la reunión de la tarde anterior. En verdad que le resultaba insoportable pensar que su padre fuera capaz de condonar las atroces actividades del gobernador. Y no lo entendía. Se suponía que Naraku mantenía a sus fuerzas patrullando la nación con el fin de evitar una invasión extranjera y sin embargo, los invasores que debería estar combatiendo pertenecían a las mismas fuerzas del rey. Era muy confuso y humillante.

Al principio, había querido ocultar su identidad para proteger a los inocentes con los que se había topado en el camino, pero ahora, después de lo aprendido, su decisión se basaba en un aspecto muy diferente: de ninguna forma quería que la relacionaran con el avaricioso y canalla rey de Irasshai.

"Oye, una persona ciega tiene mejor puntería que tú"

La princesa le dirigió una gélida mirada a su marido. No tenía ánimos de entablar una discusión con él. El muchacho percibió la hostilidad de la chica. De hecho, desde el día anterior había estado actuando distraídamente y eso no era normal en ella. En el corto tiempo que habían pasado juntos, Inuyasha había aprendido que Kagome era una mujer de humor cambiante: Un momento estaba feliz, al siguiente enojada y luego volvía a ser feliz. Pero no era el tipo de persona que adoptaba actitudes reflexivas.

El día anterior la chica le había dicho que se sentía nostálgica. Eso debía ser. Ya había pasado mucho tiempo desde que ella llegara a Himeshi. Seguramente extrañaba su vida de antes y también a ese tipo que la había dejado. Debía ser difícil. Un día estaba en una casa elegante bebiendo té con una anciana moribunda y al siguiente estaba agachada frente a un arroyo fregando prendas de vestir. Definitivamente, un gran cambio en el estilo de vida.

No le gustaba verla decaída ¿Por qué? Él no tenía ni idea. Ya hacía un rato que la idea de vengarse de ella se le había salido de la mente. No solo eso. La estaba ayudando a volverse fuerte e independiente. A ser una mujer con capacidad de cuidar de sí misma. Y Kagome era fuerte por naturaleza. Lo había demostrado al cuidar de los enfermos, al adoptar las labores de la casa con determinación, al tomar como suyos los problemas de otros.

"¿Viste, Inuyasha? Esa flecha pasó muy cerca de la tabla"

Cuando la escuchó hablar, el joven se dio cuenta de que en lugar de observar el progreso de la chica en su tiro, había estado observándola a ella.

"Pues todavía no sirve" dijo en forma ruda, tratando de ocultar su incomodidad "Cuando un ladrón te ataque, tu disparo solo será bueno cuando dé en el blanco, de lo contrario, tú estarás muerta"

La chica exhaló con fuerza pero no replicó. A Inuyasha eso no le gustó. Había esperado que ella respondiera airadamente, como acostumbraba cada vez que él decía algo que a ella no le gustaba.

El joven acortó la distancia entre ellos dos. Quería preguntarle si tenía algún problema, si se sentía enferma o si simplemente no quería hablar con él. Se descubrió esperando que la respuesta fuera negativa a la última opción.

"¿Sigues pensando en hacer esa estúpida cena?" No era la forma correcta de iniciar una conversación, pero, extrañamente, funcionó.

Kagome se volvió hacia él y casualmente respondió "No es estúpida. Es una oportunidad para acercar lazos entre las personas" La princesa tomó agradecida la oportunidad de desviar sus pensamientos de los problemas con el rey, al menos por el momento.

"Como digas" El joven sintió alivio al comprobar que cualquiera que fuera el problema de Kagome, no era con él. ¿Y por qué rayos siento alivio?

"De todas formas no sé si la voy a hacer. Primero debo preguntarle a Sango si está de acuerdo, pero no he tenido oportunidad. Siento que me está rehuyendo"

"Seguramente, presiente tus malas intenciones"

"¿Qué malas intenciones?"

"Las de emparejarla con ese idiota"

"No estoy tratando de emparejarla" se defendió la chica, colocando su arco contra una roca y sentándose en otra.

Inuyasha quedó de pie frente a ella en su pose acostumbrada de brazos cruzados "Sí que lo estás haciendo. Mira que crear las condiciones para que se conozcan mejor. Si eso no es emparejar, dime que es, por que Sango lo último que quiere es acercarse a ese tipo"

"No quiero emparejarla. Solo quiero evitar que algún día se arrepienta de haberle cerrado las puertas al matrimonio por la razón equivocada"

Inuyasha la miró incrédulo "¿Qué hay de ese cuento de que las mujeres tienen derechos? Sango tiene derecho a quedarse soltera para toda la vida, si eso es lo que quiere"

"¡Eso ya lo sé! Y Mira que tú no deberías hablar. Shippo me contó que tú fuiste uno de los que evitó que el predicador dejara Himeshi después de que Sango lo rechazara"

"Eso lo hice porque me cae mal y quería torturarlo" objetó el muchacho

Kagome entornó los ojos y suspiró. Nadie podía ser más infantil "No importa. De todas formas quiero organizar esa velada. El predicador se merece la oportunidad de luchar por su amor"

"¿Amor?" bufó el joven

"Sí amor. El amor lo vence todo, por si no lo sabías"

"¿Cómo sabes que el farsante siente amor por Sango?"

"Le propuso matrimonio ¿Qué más pruebas necesitas?" la chica pensaba que su razonamiento era el más lógico.

Inuyasha no pensaba igual "No sé porque ese imbécil le propuso matrimonio, pero acababa de conocerla. Es imposible que se haya enamorado de ella después de dos segundos"

"Fue amor a primera vista" afirmó Kagome. Inuyasha le dio una mirada suspicaz "¿No me digas que no crees en el amor a primera vista?"

"Por supuesto que no. Solo un descerebrado se enamoraría de alguien a quien no conoce"

Kagome lo miró indignada "Pues para tu información, yo me enamoré a primera vista"

"Exacto. Solo a un descerebrado le puede pasar eso"

"Eres tan cínico. ¿Nunca has sentido atracción por una muchacha al verla por primera vez?"

"¿Estamos hablando de amor o de atracción? Por que no es lo mismo"

"Claro que no, pero toda relación romántica empieza con la atracción. A ver, ¿No hay ninguna chica en la aldea que haga que las manos te suden y sientas mariposas en el estómago?"

"Mariposas en el estómago y manos sudorosas me suenan a indigestión"

"¡Nunca lo has sentido! Es imposible. ¿Qué tal Sango? Ella es una de las mujeres más bonitas que he visto en mi vida ¿Nunca te provocó nada?"

"¡No gracias! Me gusta vivir. Sango tiene un carácter casi tan malo como el tuyo"

"¡Yo no tengo mal carácter! Toda la gente de la aldea asegura que soy muy dulce y gentil"

"Eso es porque ellos no viven contigo"

Kagome abrió la boca para replicar, pero no supo como contestar a eso. Inuyasha resumió la conversación "Es por eso que te digo que eso de amor a primera vista no es lógico. Cuando vez a alguien por primera vez, solo lo vez por fuera. No sabes como es, ni que le gusta, ni que le molesta. No sabes si tendrás la paciencia para soportarlo ¿Cómo puedes enamorarte en esas condiciones?"

Inuyasha tenía un punto en su razonamiento, pero él no podía opinar en un tema del cual no tenía experiencia "Pues Kouga me dijo que después de verme la primera vez, no me pudo sacar de su mente, y por eso volvió a buscarme. . ."

"Y luego te dejó"

"¡Que no me dejó! Seguro anda por ahí buscándome"

"¿Cómo lo sabes?"

"Él me ama" la seguridad en su voz era indiscutible

Inuyasha entrecerró los ojos. Por alguna razón, la convicción de Kagome en cuanto a la devoción de ese tipo, le molestaba mucho.

"Como digas" el muchacho se dio la vuelta y tomó el camino de regreso a su casa "Recoge tu arco. Se terminó la práctica"

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Jaken estaba a punto de sufrir un ataque. Rin había desaparecido nuevamente y todas sus esperanzas de encontrarla antes de que la reina convocara la presencia de la niña se habían venido abajo. Hacía unos minutos una criada había venido a informarle que la princesa Rin era requerida en la sala del trono.

¿Qué voy a hacer? Como están las cosas, no puedo ir y decirle a Su Majestad que su hija se ha escondido. La pobre mujer está hecha un manojo de nervios. Entrará en pánico si Rin no se presenta ante ella de inmediato

El guardián había buscado a su protegida por todos los rincones posibles: la cocina, los corrales, la caballeriza. Nada. El hombrecito comenzaba a temer que la princesita también hubiese sido secuestrada

¡No pienses eso! Rin está bien. Simplemente se ha escondido.

El niñero real incluso se las había arreglado para ingresar al ala donde las habitaciones de la princesa Kikyo se encontraban, pero la chiquilla no había dado señales de vida en esa área tampoco. Desesperado, Jaken se encaminó hacia la habitación de la niña. Tal vez, y con un poco de suerte, ella ya habría vuelto.

El guardián se paró frente a la puerta del cuarto de Rin, aspiró profundamente y dio unos golpecitos a la madera a la vez que decía con su voz más adusta "Princesa Rin, ¿Esta usted ahí dentro?"

Solo recibió por respuesta un absoluto silencio. El hombrecillo decidió entrar y dar un vistazo. Giró el picaporte y se asombró de que la puerta tuviera el seguro puesto. Un escalofrío le recorrió la espalda. Si la puerta tenía el seguro, eso significaba que Rin se encontraba dentro de su habitación, pero si era así, ¿Por qué no contestaba? El guardián llamó a la puerta varias veces más, repitiendo el nombre de la pequeña y rogándole que se dejara de juegos y lo dejara pasar. Siguió sin tener respuesta.

Frenéticamente, buscó dentro de su túnica por las llaves de emergencia que siempre llevaba consigo. Al encontrarlas se apresuró a abrir la puerta, rogando porque nada le hubiese pasado a su amiguita

Dios, que esté bien. Por favor, que esté bien

Irrumpió dentro de la habitación, llamando a la pequeña con premura. No había rastro de ella. Revisó los armarios, miró debajo de la cama, mesas y sillas, recogió las cortinas para asegurarse que Rin no se hubiese enredado con ellas y perdido el conocimiento. Cuando estuvo seguro de que en efecto, Rin no se encontraba en su habitación, primero agradeció que su temor de que algo le hubiese pasado a la pequeña dentro de su recamara, hubiese sido en vano, segundo, se permitió que su otro temor se apoderara de su corazón por completo ¡No puede ser! Realmente no está dentro del palacio. Rin ¿Qué te pasó?

Renuente a aceptar la realidad que se temía, el guardián se encaminó fuera de la habitación con la intención de ir directo a la sala del trono a informarles a sus majestades que todo parecía indicar que su hija menor también había sido secuestrada.

Salió de la recamara, cerrando la puerta tras de sí con suavidad. Se apoyó sobre el umbral tratando de darse valor para cumplir la tarea que tenía por delante, pero sobre todo, tratando de evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas. Cerró los ojos con fuerza y dio un suspiro, incorporándose. Se acomodó la túnica y dio un paso hacia delante. De pronto, percibió ruidos dentro de la habitación de la pequeña y sin detenerse a pensarlo, abrió la puerta de un golpe y se quedó petrificado ante lo que vio.

Por poco se pone a llorar a lágrima viva cuando vio a su princesa de pie, al otro lado de la recamara, perfectamente sana y salva.

"¿Jaken?" la voz trémula de Rin, lo devolvió a la realidad. ¿Cómo era posible que Rin estuviera ahí frente a él en ese momento, cuando solo instantes antes él personalmente había revisado minuciosamente cada rincón de la habitación? ¿Y por qué la voz de Rin sonaba trémula?

El guardián abrió sus ojos desmesuradamente cuando finalmente notó el lugar en el que Rin estaba parada. O más bien, juntó a que estaba parada.

La niña estaba de pie junto a una compuerta a medio cerrar. El hombrecillo podía ver con claridad, desde donde estaba, que más allá de esa compuerta había un espacio oscuro. El guardián entró a la habitación, cerró la puerta tras de él, cruzó a toda velocidad la estancia y se paró frente a Rin. La niña tenía sus ojos muy abiertos y movía los labios incesantemente, como queriendo decir algo. Jaken la miró fijamente y le hizo unos gestos con la mano, señalándole que se hiciera a un lado. La chiquilla no quería obedecer. Jaken endureció su mirada y volvió a hacer el gesto. Rin bajó sus ojos y se movió para darle a su amigo el espacio que necesitaba.

Ahora que tenía el camino libre, Jaken pudo ver mejor el espacio oscuro. Dio unos pasos, adentrándose al lugar, mirando a ambos lados. El espacio oscuro no era un cuarto como él había sospechado al inicio, era un pasadizo que se extendía en dos direcciones. Jaken giró lentamente sobre sus talones, para quedar de frente a Rin. La princesa era la viva imagen de alguien descubierto cometiendo un crimen. Jaken puso los brazos en jarras y entrecerró los ojos.

"Muy bien, jovencita, tienes mucho que explicarme"

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N/A: ¿Gustó? ¿No gustó? ¿Muy largo? ¿Aburrido? ¿Incomprensible? ¿Buenísimo? (lo dudo)

Cualquiera que sea su opinión, háganmela saber.

Megu-chan1 hizo una observación acerca de porque Miroku anda por ahí pidiéndole a las mujeres que le den un hijo, pues en esta historia, a diferencia de la original, el monje (aquí predicador) no tiene una maldición que amenace con quitarle la vida y ese era el pretexto que el pervertido ponía a la hora de hacer sus propuestas indecentes. Me pareció apropiado aclarar eso con todos los lectores y tal como se lo respondí a Megu-chan1, les informo que en esta historia, a Miroku no le interesa tener hijos, su interés se centra en el proceso que lleva a la fecundización y bueno, me pareció que la frase "quiere tener un hijo mío" de hecho suena bastante inocente, pues le da énfasis al producto final y no al proceso y definitivamente suena mejor que "¿vamos a la cama?"

Este fue mi razonamiento desde el principio, pero luego de estarlo pensando, me di cuenta de que, el Miroku del manga, tampoco hablaba en serio a la hora de pedir un hijo. Habría sido totalmente contrario a su carácter el haber engendrado un hijo que posiblemente tendría que crecer sin padre y para colmo con una maldición que le acortaría la vida. Y antes de conocer a Inuyasha y Kagome, él estaba decidido a vivir y luchar solo y sin ayuda de nadie. Por lo tanto, mi veredicto es que Miroku estaba decidido a morir sin dejar descendencia. Afortunadamente se encontró con Inuyasha y compañía y ahora puede fantasear con tener una familia en verdad. Eso si el miasma de Naraku no lo mata primero.

No sé cuantos estén de acuerdo conmigo, pero está es solo mi opinión personal.

Y para terminar, feliz día de la madre a todas aquellas que son mamás y también a todos aquellos que cuentan con la bendición de tener mamá (no importa si es la abuela, la tía o la hermana mayor)

Gracias por leer. Déjenme críticas constructivas.

Ciao.

Susy