Disclaimer: Hajime Isayama, este manga/anime no me pertenece, bla bla bla.

Primero que nada, hoy es el cumple de una fiel lectora y amiga mía, Lolam2, así que empiezo con un ¡feliz cumple! para ella. Y espero que tanto ella como todos los demás lectores les guste y les emocione este capítulo tanto como a mí ;)

Vulnerable

Capítulo 9

Desde ese día, las cosas entre nosotros cambiaron aún más. Me descubrí pensando en Levi cada vez con mayor frecuencia. Más de una vez acabé añorando estar con él, sobre todo después de una discusión con mi familia o una misión donde algún amigo o conocido había muerto. Se convirtió en algo así como un confidente, alguien a quien podía contarle realmente todo porque sabía que él siempre me escucharía. Antes de que me diera cuenta, Levi ya sabía todo acerca de mi personalidad y forma de ser y viceversa (excepto que yo aún no sabía su razón de ser como era, pero en el fondo, no me importaba). Cuando estaba con él me sentía vulnerable en el buen sentido, porque ahora confiaba plena y genuinamente en él, y no era capaz de mentirle aunque se me fuera la vida en ello.

Por otro lado, desde que vislumbré ese atisbo de sonrisa, Levi ya no me parecía el soldado frío, arisco e imperturbable que había visto en mis primeros días. Empecé a verlo cada vez más vulnerable, no tanto en el sentido de la lucha contra los titanes, sino en el aspecto emocional, porque ahora sabía que él era, ante todo, un humano. Y como todo humano, Levi no era invencible en ningún sentido. Cada vez conocía más detalles acerca de él, no precisamente agradables, como su manía por la limpieza, su forma de cocinar (creo que estuve a punto de enfermar del estómago cuando comí algo cocinado por él) y por supuesto su absoluta falta de tacto. Pero a pesar de eso, yo no podía huir de él ni mentirle por más que lo intentara, y él nunca me evitaba ni me rechazaba abiertamente como lo hacía con otros. No sé cómo explicarlo de otra manera: me hacía sentir única, y Levi era único para mí.

Sin embargo, no admití esto para mí misma hasta mi sexta expedición, trece meses después de mi llegada a la Legión de Reconocimiento. Mierda, la maldita sexta expedición. Hasta hoy, no sé si definirla como uno de los mejores o peores días de mi existencia. Eso sí, uno de los más extraordinarios.

Ese día, teníamos una misión en el bosque, el mismo de la primera vez que salimos. A juzgar por lo que pasó esos dos días, los titanes de ese lugar tenían algo en mi contra… y ahora que lo pienso, también a mi favor, aunque me tomaría un tiempo darme cuenta de eso último.

Las primeras horas transcurrieron con relativa normalidad, la rutina a la que ya estábamos acostumbrados. Ya me sentía bastante más confiada y ya había aceptado la posibilidad de mi muerte, aunque por supuesto, rezaba para que no se hiciera realidad y no podía esperar tener más suerte que otros, por lo cual había aprendido a ser más precavida y prudente.

Sin embargo, todo mi progreso durante el año anterior se esfumó cuando vi a un titán de 14 metros acercarse por detrás de Judson y extendiendo la mano para atraparlo, mientras él se encontraba distraído eliminando a otro. No había nadie más cerca de él que yo, y yo me encontraba a varios metros. No lo pensé: grité su nombre para alertarlo y disparé los ganchos de mi equipo en esa dirección para matar al titán.

De nuevo, fue craso error. En mi frenesí por salvar a mi amigo, no había visto otro titán de igual estatura que se aproximaba por la izquierda, cortándome el paso. De todas formas, no creo que me habría importado mucho si lo hubiera sabido; lo único que me importaba era Judson, y siempre fui bastante precipitada en situaciones límite (otra razón por la cual quedé segunda en vez de primera en el entrenamiento).

El caso es que me precipité hacia él sin ninguna prudencia y el otro titán apareció de repente en mi camino. No miento cuando digo que mi cara estuvo a menos de tres metros de la del titán. Pude apreciar de primera mano su apariencia estúpida pero letal y sus terribles dientes, los cuales sin duda alguna habían devorado a muchos otros soldados antes que a mí. Todavía lo recuerdo con una espantosa nitidez.

Me detuve en seco, completamente paralizada por la conmoción y el terror, sin ser capaz de moverme, ni siquiera gritar por ayuda. Otra vez vi mi vida pasar por delante de mis ojos. El único pensamiento coherente que se me pasó por la cabeza fue "Hasta aquí llegué, al menos disfruté de 21 años en este mundo". Pero un instante después, una figura pasó volando a toda velocidad detrás del titán – el cual ya se preparaba para atraparme y la boca se le hacía agua ante la proximidad de su almuerzo – y le asestó un rápido tajo en la nuca que lo hizo caer muerto en el acto. Fue tan veloz que no vi del todo al soldado.

Sin embargo, yo todavía no estaba a salvo, sino todo lo contrario: aquello había sucedido tan rápido que aún no lograba reaccionar y mucho menos razonar que lo más sensato hubiera sido desplazarme a un lado para evitar ser aplastada por un reciente cadáver de titán de 14 metros, los cuales aún son pesados y por lo tanto peligrosos, ya que tardan en evaporarse; una muerte muy poco digna. Sencillamente no pude.

Por más que me duela en el orgullo admitirlo, sólo me quedé allí, suspendida en el aire, como esperando estúpidamente mi fin. En ese momento, oí una palabrota y la misma persona que había matado al titán dio un giro brusco y se lanzó hacia mí a toda velocidad. Se podía notar que estaba utilizando mucho más gas del que normalmente se usa para evitar desperdicios.

Reaccioné demasiado tarde, justo cuando una de las enormes extremidades del titán caía sobre mí, y entonces no pude hacer más que gritar mientras sentía un remesón en todo el cuerpo que me rompió unos cuantos huesos y me desplomaba en picado, con los cables del equipo enredados, lo que me dejaba completamente incapaz de recuperar la estabilidad y evitar la caída.

Fue entonces cuando sentí unos brazos humanos, delgados pero fuertes, que me atraparon por el torso y me estrecharon contra el cuerpo del soldado. Ese acto salvó mi vida justo a tiempo, aunque de todas formas ambos aterrizamos duramente en el suelo. Lo último que vi antes de que todo se volviera negro fue un rostro familiar a pocos centímetros del mío. Una cara usualmente inexpresiva que ahora reflejaba auténtica preocupación y – palabra de honor – cierta desesperación en esos inolvidables ojos grises: Levi.


Cuando desperté horas más tarde en una cama de un cuarto en la enfermería, la primera sensación que mi cerebro aturdido registró fue dolor en todo mi cuerpo resentido. Ni siquiera podía mover un músculo sin que algo me doliera. Era la primera vez que me lastimaba tan gravemente, y me hizo sentir bastante avergonzada. Sin embargo, apenas abrí un poco los ojos, me recibió un coro con una palabra en común.

– ¡KAYLA! – Las voces aliviadas de mis amigos me perforaron los oídos, lo cuales ya de por sí estaban zumbando, pero no me importó. Al contrario, me hizo sentir mucho mejor saber que estaban allí. Algunos de ellos tenían unas cuantas heridas menores.

– Demonios, Kayla, sí que nos diste un buen susto – dijo Will con tono serio, pero con su característico dejo pícaro y alegre.

– ¡Por favor, nunca más vuelvas a hacer eso! – exclamó Breck. Su alivio de que yo estuviera bien opacaba su ligero enojo conmigo por casi haber muerto.

– Te abrazaría, pero no quiero lastimarte – dijo Samantha mientras sujetaba mi mano, medio sonriendo y medio llorando.

– Al diablo, Sam. Si ya estoy así, un poco más da igual – contesté feliz a pesar del dolor, e inmediatamente ella me abrazó, no sin cuidado. Efectivamente, me hizo doler un poco el torso y los brazos; sin embargo, el abrazo de mi mejor amiga fue más que suficiente compensación.

– Kayla, yo… lo siento. No sabes cuánto – Judson empezó a disculparse –. Si tan sólo hubiera notado a ese maldito titán…

Su mejor amigo, Terry, lo rodeó con el brazo, y Judson dejó escapar una lágrima. Yo odiaba ver cómo sus experiencias recientes lo estaban destrozando. Había estado emocionalmente inestable desde la muerte de su novia, Hazel, en la segunda expedición; a veces se ponía realmente intratable, pero no podíamos culparlo.

– Judson, ya basta – dijo Bess –. Esas cosas pasan todo el tiempo, a cualquiera. No fuiste ningún caso especial.

– Lo que importa es que los dos están vivos – puntualizó Maia.

– Deja de torturarte, hombre. Hazel quiere que vivas, y nosotros también. No hay ninguna razón para morir todavía – Terry intentó animarlo.

– No estoy tan mal, en serio. Es preferible a que hubieras muerto. No me arrepiento de nada – dije con sinceridad, esperando consolarlo.

– Tienes casi todas las costillas rotas, una fisura en el antebrazo izquierdo y las dos piernas con esguinces, sin contar los miles de moretones – me informó Maia con su voz de enfermera. Definitivamente, ella tenía ese don. Un segundo después sonrió y Will la rodeó con el brazo –. Pero todos sabíamos que lo lograrías, aunque otros dijeran lo contrario. Eres Kayla Nakamura, después de todo.

– Muchas veces me pregunto si hay algo que no puedas hacer – comentó Samantha, haciéndome sonreír de nuevo.

Entonces recordé lo último que había visto antes de caer en la inconsciencia. Levi me había salvado, por segunda vez. Pero, ¿dónde estaba?

Justo cuando iba a preguntar por él, la puerta de la enfermería se abrió y me debatí entre alegrarme o inquietarme. El tercer comandante en persona, tan impasible como siempre. No tenía heridas visibles a excepción de una muñeca vendada. Sin embargo, algo en su actitud y en él en general era diferente ahora.

Por unos segundos, no estuve segura de qué hacer. Mis amigos también estaban sorprendidos de verlo allí, algunos visiblemente intimidados por él, pero no se fueron. Lo cual no supe si agradecer o lamentar.

– Levi – eventualmente conseguí romper el silencio –, sé que fuiste tú quien mató al titán y me quitó del camino, así que gracias. Sé que…

– Eres una idiota suicida, Kayla Nakamura – el mejor soldado de la humanidad interrumpió mis disculpas fría y cortantemente. No obstante, noté auténtico enojo en su voz –. No has cambiado nada en un año. Te dije que tienes que estar dispuesta a hacer sacrificios, y sin embargo cometiste una tontería propia de una novata estúpida. Igual que cuando lo eras.

– ¿¡Cómo la llamaste, maldito…!? – rugió Breck, pero Will lo detuvo y el primero se conformó con maldecir para sus adentros; sabia decisión.

Rechiné los dientes. Así como Levi era capaz de consolarme y calmarme como nadie más podía, a veces también tenía una habilidad única para sacarme de mis casillas. Nunca me había insultado de esa manera delante de mis amigos. Me sentí como un año atrás, cuando me llamó idiota suicida por primera vez: débil, tonta, indefensa, frágil… vulnerable.

Sólo que ahora había una pequeña diferencia: yo ya lo conocía. Había hablado con él de verdad, y había descubierto que él era tan vulnerable como yo y como cualquiera. Sabía que yo podía plantarle cara. Y en un instante dejé de sentirme débil. De hecho, pocas veces me sentía tan determinada. Para demostrarlo, a pesar de mis lesiones me incorporé para adquirir una postura más digna y lo miré a la cara. Estaba dispuesta a callarlo en presencia de soldados de rango inferior.

– No nos insultes a los dos – respondí en mi tono más mordaz, clavándole la mirada. Él me lo devolvió, pero ahora sus ojos fríos, duros y afilados no me amedrentaban en lo más mínimo –. Vi claramente cómo te lanzaste a salvarme. Volaste más rápido que el rayo para apartarme del peligro. Tú también pudiste haberte matado. Y no estuviste dispuesto a aceptar mi muerte.

– Porque no era un sacrificio, Kayla Nakamura. Ibas a morir por nada. Ni siquiera ibas a lograr hacer nada por tu amigo, así que decidí evitar una baja sin sentido.

– En parte, quizá sí, pero creo que los dos sabemos la razón principal, Levi, y es porque te importo. Una vez te dije que confiaba en ti y que arriesgarte por tus seres queridos es una de las características más básicas de la humanidad, y no te atreviste a defraudarme. Porque ya no soy sólo una soldado más para ti.

– Por si no lo sabías, los muertos no pueden defraudarse.

– Pero los vivos sí. Te hubieras decepcionado a ti mismo. Eso te hubiera pesado en la consciencia por el resto de tu vida.

– Igual que todos los soldados que he visto caer. Es algo con lo que aprendes a lidiar, si no quieres acabar sufriendo un colapso mental.

– ¿Entonces por qué no simplemente me dejaste morir? Si para ti es tan fácil superar una pérdida en combate, ¿por qué te esforzaste tanto en salvar mi vida?

– ¿Quién dijo que es fácil? Hasta un niño sabe que no lo es. Pero tampoco es motivo para suicidarte.

– Vi tu cara cuando me salvaste, Levi – dije en tono cínico, buscando hacerlo perder su habitual calma y frialdad –. La recuerdo con claridad cristalina. Estabas preocupado. No puedes mentirme. Te importo, y no lo niego, tú también me importas. Lo que hice por mi amigo, tú lo hiciste por mí y yo lo hubiera hecho por ti. No podemos luchar contra ese impulso de nuestra naturaleza.

– ¿Y qué me dices de quienes lo hacen y se resignan a sacrificar algo para obtener la victoria por el bien mayor?

– ¿Como tú? – terminé por estallar –. Sí, lo has hecho muchas veces, y a decir verdad, admiro tu capacidad para ser menos humano, o al menos aparentar serlo. Sólo explícame, ¿por qué no tuviste esa actitud conmigo?

– ¿Qué te hace pensar que no fue así?

– ¡El hecho de que estés aquí y que te hayas arriesgado para salvarme! Sabes que no te tengo miedo, Levi. No me rendiré sin importar lo que me digas.

– ¿Rendirte en qué? ¿Qué es lo que quieres? – preguntó, frunciendo el ceño ligeramente y levantando un poco la voz. Eso probablemente significaba que yo lo estaba volviendo loco.

– ¡Que admitas que tienes humanidad, Levi! – contesté a gritos, sin poder contener mi enojo por más tiempo –. Yo he visto que sí la tienes y que sólo la ocultas, por razones más allá de mi comprensión, pero en algunos momentos, incluyendo éste, si no te conociera mejor pensaría lo mismo de ti que antes. ¡Quiero que me demuestres que no me equivoqué al concluir que podías sentir!

Hubo un silencio cargado de una tensión insoportable en el ambiente que me pareció una eternidad. Mis amigos no se atrevían a decir una palabra, ni siquiera Breck y Judson, quienes se habían enfurecido por lo que Levi me había dicho.

– Sí. Me importas, Kayla Nakamura. Y no fue así contigo porque nunca he conocido a una persona tan obstinada e insolente. Tu memoria me habría jodido hasta el fin de los tiempos – El tercer comandante reconoció finalmente antes de irse.

Respiré agotada física y mentalmente, y me derrumbé en la cama con la ayuda de Samantha y Maia, sintiéndome como si acabara de ganar una batalla. Pero descubrí algo más: el hecho de que Levi admitiera que yo era importante para él me hacía sentir extrañamente bien. En otras palabras, especial.


*gritito* OK, debo admitir que éste es uno de los capítulos que más disfruté escribiendo. No se imaginan, lo escribí de golpe en un ataque de inspiración y me desvelé hasta las 2 de la mañana trabajando, pero espero que eso y la espera hayan valido la pena. Si así fue, ¡no se olviden de dejar reviews, se los ruego! El lunes tengo que volver al cole (T-T), así que colgaré el 10mo capítulo ¡en cuanto los profes nos dejen tiempo para parpadear!

Lolam2, feliz cumple de nuevo y espero que te haya gustado.

Los quiere,

Audrey-chan