Capitulo 9:

El coche de Paolo paró frente al hotel Nusfjord Rorbuer, donde Hermione había reservado dos habitaciones individuales. Mientras que Draco se bajó de un salto del coche y enseguida fue hacia el maletero para sacar su equipaje, Hermione se quedó unos segundos más en el interior.

-Muchísimas gracias por traernos, Paolo.

-No hay de qué-sonrió él- Ha sido un placer ayudaros a tu marido y a ti.

-No es mi…. -empezó a decir Hermione cuando Paolo la interrumpió.

-Yo soy de los que opinan que lo que hagas por los demás la vida te lo devuelve multiplicado por mil- dijo, sonriente.

-Es una filosofía muy bonita- dijo Hermione, sonriendo- Supongo que te lo enseñó tu mujer, que es filosofa ¿no?

-Sí, Carla me lo enseñó- corroboró él.

En ese momento sonó el cristal de la ventanilla de Hermione. Era Draco, que lo golpeaba para darle prisa y que saliera del coche, con cara de muy enfadado, por cierto.

- ¿Él no era fan mío, verdad? - preguntó Paolo. Hermione negó con la cabeza- ¿Y sabe que estoy casado?

Hermione volvió a negar.

-Que Dios te coja confesada- rio Paolo.

Hermione le guiñó un ojo y salió del coche para encontrarse con Draco, que la esperaba en la acera con los dos maletines.

-Bueno, chicos, pasad buena noche. Nos vemos- sonrió Paolo antes de arrancar de nuevo el coche.

Draco gruñó mientras el coche de Paolo se perdía por las calles de Nusfjord.

- ¿Se puede saber qué te ocurre? - preguntó la chica. Draco la miró ceñudo.

-Nada.

Hermione suspiró cansinamente.

-Bueno, ¿entramos? - preguntó Draco.

Cuando entraron al hotel vieron que el vestíbulo era muy amplio y lujosamente decorado. Se notaba que era un buen hotel y que el servicio era exquisito. Aparte de ellos había como diez clientes más en el vestíbulo, pero ellos estaban caminando hacia el comedor para la cena. Draco y Hermione se acercaron la recepcionista.

-Buenas noches, señores- dijo ella con una cálida sonrisa- Bienvenidos al Nusfjord Rorbuer. ¿Tienen hecha una reserva?

-Sí- contestó Hermione- Dos habitaciones a nombre de Draco Malfoy y Hermione Granger.

La muchacha hojeó el libro de registro unos segundos hasta que dio con la información.

-Ah, sí, aquí está- dijo- Un botones les acompañará a sus habitaciones.

-Perfecto, muchas gracias- sonrió Hermione.

Un hombre de mediana edad vestido de uniforme les acompañó a un ascensor.

-Sus habitaciones están en la tercera planta, señores. Las habitaciones 356 y 357.

Cuando salieron del ascensor el botones echó a andar por el pasillo y ellos le siguieron. Al llegar a la habitación 356 el hombre abrió la puerta y les hizo entrar. La habitación era grande y espaciosa con un enorme jacucci en el baño.

-Quédate tú con este cuarto, Hermione- ofreció Draco. Ella lo miró sorprendida mientras él salía de la habitación con el botones.

Una vez sola se sentó sobre la cama y se quitó los zapatos con un suspiro. Se dispuso a deshacer la maleta-bolso después de eso, pero lo primero que apareció en su mano al meterla en el bolso fue uno de los juguetes preferidos de Zack: un avioncillo que ella le compró una de las veces que tuvo que viajar a Italia por trabajo. Sin poder evitarlo se echó a llorar, de frustración, de pena, de rabia al pensar que su pobre hijo estaba lejos de ella.

Draco despidió al botones con una generosa propina. Una vez que el hombre se fue más contento que unas castañuelas, Draco se volvió al interior de la habitación. Era igual que la que ocupaba Hermione, así que no había salido perdiendo en el cambio. Bueno, en algo sí: la mujer que estaba en la habitación de al lado ya no era suya. Draco sacudió la cabeza de frustración al recordar el viaje en coche hacia Nusfjord cuando Pablo (se negaba a llamarlo Paolo) y Hermione habían pasado esa media hora más larga de la vida del rubio hablando de un tema y de otro sin parar. Es verdad que intentaron hacerle entrar en la conversación, pero él se negó a hablar: se refugió en un silencio hosco y de ahí no le sacaron.

¿Por qué se comportaba así? Hermione le había dejado las cosas muy claras aquel día.

Flashback.

Draco llamó a la puerta de la casa de Hermione. Bueno, casa. Del piso donde vivía con la hermana de la comadreja Weasley. El lugar donde se encontraban a veces, el lugar donde había conocido a Hermione Granger, el lugar donde creyó que podía haber algo entre ellos.

La puerta se abrió poco a poco y le mostró a una Hermione en camisón corto de color azul zafiro, la melena revuelta y los ojos llorosos. Nunca antes la había visto tan hermosa.

- ¿Qué te ocurre? - preguntó una vez tragó saliva.

-Ay, Draco- susurró ella antes de echarse a llorar y lanzarse a sus brazos.

Draco la abrazó en un gesto mecánico. Con delicadeza la condujo hacia el sofá del comedor y la sentó. Hermione aún lloraba, pero quedamente, soltando de vez en cuando algún hipido.

-Cuéntame que ocurre, me estás asustando- pidió el rubio.

Hermione alzó la vista hacia él y susurró.

-Estoy embarazada.

Las palabras eran muy sencillas, pero Draco al principio no las comprendió. Luego, a medida que su mente se iba haciendo a la idea un torbellino de emociones surgieron de su interior: alegría, ternura, amor, miedo, protección, vértigo, júbilo…

-Pero, pero… eso no puede ser, tomamos precauciones- consiguió balbucear.

-Está visto que no eran eficaces- dijo Hermione sirviéndose un vaso de agua con manos temblorosas.

Draco la miró fijamente. Aun estando llorando asustada, Hermione era la mujer más hermosa que había tenido la suerte de conocer, y saber que estaba esperando un hijo suyo lo llenó de alegría. Madre mía, tenían que comprar tantas cosas… la cuna, ropa, organizar el bautizo…

-Draco… yo… no sé cómo decirte esto, pero… quiero tenerlo- dijo Hermione, mirándolo a los ojos- Tú no tendrías ninguna responsabilidad, yo me haré cargo de él.

- ¿¡CÓMO?!- gritó Draco.

-No grites- pidió ella con gesto cansado.

-Me estás diciendo que no quieres que vea a mi hijo ¿Y ME DICES QUE NO GRITE?

-No estoy diciendo eso, te estoy diciendo que, aunque los dos tomamos parte en ello, la decisión de tenerlo es mía. Yo sé que entre tus planes no estaba ser padre, así que…

- ¿Me estás diciendo que crees que yo no quiero tener este bebé? - preguntó Draco, incrédulo- ¿en serio?

- ¿Tú quieres tenerlo? - preguntó Hermione, estupefacta.

Draco le tomó de las manos y la miró fijamente a los ojos.

-Por supuesto.

El rubio se fijó en que Hermione tenía los ojos llenos de lágrimas al decir él aquello y que se iba a echar a llorar otra vez. Antes de que él pudiera decir algo la mirada de Hermione se oscureció y cerró los ojos en un gesto de dolor.

-No llores, anda- susurró él.

-No voy a llorar- contraatacó ella, soltándose de las manos de Draco- Pero quiero dejar algo claro.

-Tú dirás- dijo Draco.

Hermione se puso en pie y se alejó unos pasos del sofá. Estuvo mirando por la ventana por unos segundos y, tomando aire, se volvió de nuevo hacia él. Tenía una mano sobre su vientre y lucía una expresión serena en su rostro. La imagen de Hermione junto a él y un bebé en los brazos llenó su mente y sonrió tontamente.

-Draco, eres un hombre estupendo y los meses que nos hemos estado viendo han estado bien- Draco frunció el ceño ¿Bien? Él lo habría calificado de maravilloso, sublime, pero ¿bien? - Pero tú y yo teníamos claro desde el principio que lo nuestro no podía ser y que solo iba a ser una aventura pasajera, tú mismo lo dijiste…

-Sí, pero eso era…- interrumpió Draco, pero Hermione lo paró alzando una mano.

-Déjame acabar. Lo nuestro ha sido una aventura que ha acabado de forma un poco sorprendente, pero se acabó, Draco. Te pedí que vinieras porque quería dejarlo claro.

Draco sintió como si un cuchillo se le clavase en las entrañas. ¿Lo estaba dejando? No podía ser. La imagen de él con Hermione y un pequeñín que se formó en su mente desapareció de inmediato ante esto.

- ¿Esto es porque te dije que no quería nada serio? - preguntó y se sorprendió de que su voz saliera firme.

Hermione soltó una risotada que hizo que el vello de Draco se pusiera de punta.

-Draco, no soy una ingenua. Sabía tan bien como tú que lo nuestro iba a acabar tarde o temprano. Lo único duradero que quedará de esa… relación es este bebé.

Draco asintió y alzó la mirada con gesto orgulloso, como todo un Malfoy.

- ¿O sea, que has jugado conmigo?

-Como tú conmigo- dijo ella.

Draco apretó los dientes con rabia. Esa imagen fría de Hermione lo sorprendía, ella nunca había sido así delante de él. Echó a andar por la habitación para poner las ideas en orden: había perdido a Hermione y Merlín sabía lo que le dolía, pero no iba a permitir que le quitara el bebé. Su bebé.

-De acuerdo- dijo Draco- Pero quiero implicarme con el bebé. Quiero que lleve mi apellido, estar con él, verlo crecer. Es mi hijo y lo voy a querer y cuidar.

Vio por el rabillo del ojo que Hermione temblaba, pero cuando miró la vio normal. ¿se lo había imaginado?

-Me parece bien. Pero hay que establecer ciertas reglas entre nosotros.

-Cierto.

-De cara al niño nos llevaremos bien, pero no habrá más que una relación de amistad (y si eso) entre nosotros. Cada uno puede ser libre de rehacer su vida amorosa sin que el otro tenga nada que decir al respecto.

La idea de imaginar a Hermione con otro hombre le daba ganas de propinar un puñetazo a algo, pero asintió rígidamente.

-Me parece bien- contestó.

Fin del flashback.

Draco volvió a sacudir la cabeza. Era un estúpido al permitir que los recuerdos de lo que podía haber sido llenaran su mente. Con un suspiro decidió ir a relajarse al bar del hotel cuando, al pasar por la puerta de la habitación de Hermione oyó un sollozo. Draco se alarmó de inmediato ¿Qué había ocurrido? Aporreó la puerta.

- ¿Hermione? Hermione, abre la puerta, ¿Qué ocurre?

La puerta se abrió para franquearle el paso. Draco se escabulló dentro y encontró a Hermione tras la puerta con los ojos hinchados y un juguete de Zack en la mano. El corazón se le encogió.

- ¿Hermione?

La chica empezó a llorar y lo abrazó fuertemente. Como aquella vez, Draco la abrazó de vuelta.

-Lo echo tanto de menos- sollozó Hermione.

-Ya pasó, tranquila- murmuró Draco en su pelo- Ya estamos aquí y mañana seguramente tendremos la pista que nos llevará al Marid. Dentro de nada lo tendremos con nosotros otra vez.

-Como le pase algo, yo…- dijo Hermione.

-Shhh- siseó Draco- Tranquila, todo saldrá bien, te lo prometo.